viernes, 6 de abril de 2018

Juliana Hatfield - Juliana Hatfield sings Olivia Newton-John (2018)


Juliana Hatfield ha sacado un disco adaptando el cancionero de Olivia Newton-John. Al primer vistazo, cuando me encontré con esta portada, creía que era una broma, como esas portadas de discos de los Beatles que hacen con piezas de Lego; o que "Weird Al" Yankovic había sacado disco conceptual. Luego me puse a escucharlo, y la Primavera entró en mi casa, los pajaritos cantan, la vida vuelve a tener sentido, tiré el veneno por el retrete. Y no escucho otra cosa. A mí de chaval me gustaba más que PJ Harvey, y mira que me gustaba PJ Harvey, tenía dos casetes con un disco de cada una en una cara y otro de cada otra en la otra, y los escuchaba muchísimo, y de alguna manera se fundieron en una sola persona en mi cabeza; lo que pasa es que Juliana Hatfield me gustaba más (y por ella odio a Evan Dando).


Y de Olivia Newton-John... Pues hombre, a mí me gustaba "Grease", pero las canciones que menos me gustaban eran las de ella, y el resto de su repertorio, Xanadú, Physical, me parecían un pestiño para que ni para Eurovisión. De repente, esas canciones (también la de "Grease" que siempre me saltaba) ya no me parecen una horterada, música de Misa plana y ofensivamente vulgar, sino que se han sobredimensionado, porque suenan como si viajasen desde los años noventa hasta mis oídos, con esa vocecita de Juliana que parece que no llega a las notas, parece que está sufriendo muchísimo en cada nota. Y ahora todas las canciones de Olivia Newton-John son perfectas, me están creciendo calentadores en las espinillas y pienso mucho en la última tarde que pasé con Sandy-Sue en la heladería del puerto y le pedí que me acompañara al baile. Estoy obsesionado con este disco, aunque a veces me despierto en mitad de la noche y creo que sigue siendo una broma.

martes, 3 de abril de 2018

CICLO: Noche de Lobos


Estoy cumpliendo mi sueño de vivir como un jubilado. Practicamente no tengo nada que hacer. Se murió una gran amiga hace poco, y de rebote me quedé sin trabajo. Estoy aprovechando mucho el tiempo para escribir, salir un poquito y tener la casa limpia. Estoy zen. Me doy paseos, a la Rosaleda o al Conde Duque, organizo a los albañiles con señas. Apenas hago mucho más que sacar y devolver libros de la biblioteca, ir al banco, comprar fruta, fregar los cacharros. Hoy tenía que ir a trabajar a un sitio, pero fue un error, un malentendido, y me he vuelto a casa. Y ahora no tengo planes. Bueno, voy a seguir escribiendo un poco, pero como tengo tanto libre, he decidido hacerme en casa un ciclo de cine. Como no se me ocurría nada y estoy hasta el nacle del Netflix, y me apetece ver cine de género, me voy a ir bajando todas las películas del ciclo Noche de lobos que echaron en la tele. Son más o menos 200 películas, y ya me he descargado las 20 primeras, que me caben en un pendrive. Empecé a ver la primera ayer, y ya he visto dos. Voy a actualizar este post con las que vaya viendo, si me dicen algo, y si me apetece, hasta que me canse, que seguramente me canse esta misma semana o la que viene. Hasta ver hasta cuál llego.


001. LA CASA ENCANTADA ["The Haunting". Robert Wise, 1963]
Esta fue una peli de terror gótico que hizo Robert Wise después de "West side story" y antes de "Sonrisas y lágrimas", dos de las películas que más vi de niño (junto a "Chitty chitty bang bang"). También había dirigido "Ultimátum a la Tierra", pero creo que era su primera de terror. Un clásico instantáneo para mí, con una ambientación impresionante. Todo transcurre dentro de un caserón en el que se reúnen tres sensitivos, en plan Grupo HEPTA, para ver si descubren de una maldita vez si hay por allí, o no, fantasmas. Y todo da bastante mal rollo en esa casa con las paredes y los objetos torcidos, desde el ama de llaves hasta los ruidos nocturnos, los impromptus de transcomunicación instrumental a través del arpa, la morena beatnik tirándole los trastos sutilmente a la rubia, lo dramático y elocuente que es todo. Y encima, hablan de la Tierra Plana, que es lo que me dio más susto al principio.



002. DRÁCULA Y LAS MELLIZAS ["Twins of Evil". John Hough, 1971]
Nunca fui demasiado fan del expresionismo trágico de la Hammer, igual que el giallo, que me impone demasiado, con lo hermosas que eran las pelis de monstruos de la Universal, los Munster y La dimensión desconocida... Donde estén Lon Chaney, Bela Lugosi y Vincent Price, que se quiten Christopher Reeves y Peter Cushing. Bueno, pero para eso quiero ver todas estas pelis, que hay mucho Hammer y mucho giallo (al haberse emitido el ciclo en los primeros noventa, hay mucho de eso), para aprender. Me fascinó esta película, increíblemente bien hecha, otra vez la ambientación es poderosísima. Se abre con la quema de una bruja, luego unos créditos psicodélicos y luego un sacrificio ritual satánico. Cushing, con su rostro calavérico, en vez de hacer del vampiro (que no tiene nada que ver con Drácula) interpreta al líder de La Hermandad, una orden de inquisidores en busca de brujas, que tiene que acoger en su casa a sus sobrinas, las dos mellizas del título, Mary y Frida. Ambas de carácter opuesto, mientras que Mary es un solete, la otra se siente atraída desde el primer minuto por el vampiro, y desprecia a su tío y se cisca en su religión y sus supersticiones. Tremendo Euro-terror, que me mantuvo en vilo a pesar de que había varios detalles que me estaban sacando de la peli todo el rato: primero, que el Conde Karnstein se me parecía muchísimo, pero muchísimo, a Jimmy Fallon, y todo el rato me parecía que estaba de cachondeo; y luego, que las gemelas, guapísimas, son exactamente iguales que Inés Arrimadas. Pero iluso de mí que me senté a echar una siesta cuando la puse...



003. MIEDO EN LA NOCHE ["Fear in the night", Jimmy Sangster, 1971]
Otra de la Hammer. Con escenarios y paisajes preciosos. El comienzo me gustó mucho, es sobre una muchacha, Judy Geeson, que se va a trasladar de ciudad, para irse a vivir con su nuevo novio, un profesor que ha encontrado trabajo en una escuela perdida del mundo. Nada más empezar, antes de los créditos, está haciendo las maletas y es atacada repentinamente por alguien que se ha colado en su dormitorio: un señor de negro enguantado, al que no vemos, pero sabemos que uno de sus brazos es protésico. También sabemos, por los comentarios de su casera al doctor cuando la chica despierta, que tiene un largo historial de delirios y episodios de ansiedad; así que no sabemos si esto va a ser un slasher o un falso slasher en el que Judy se imagina las cosas. La siguiente hora se me hizo un poco pesada, ya que solo vuelve a ser atacada una vez, y conocemos a Peter Cushing, que es el director del colegio, y a su mujer, Joan Collins, que está impresionante. Pero no pasan demasiadas cosas hasta el desenlace, realmente potente, con carreritas por el colegio abandonado y escopetas. Final a lo Scooby Doo, aquí no hay nada paranormal ni seres de ultratumba, ni vampiros, ni nada parecido, todo terror psicológico, gritos y sustos. No reconocí a Judy Geeson, que tiene un ojo verde y otro azul, y por lo visto es la de "Inseminoid" y sale también en la última de Rob Zombie.



004. TENEBRE [Darío Argento, 1982]
Estupendo whodonnit sangriento, sobre una serie de asesinatos en Roma a partir de la llegada de un exitoso escritor policíaco norteamericano. En lo que dura su gira promocional y es entrevistado en la televisión italiana, comienzan a sucederse los decesos, a imitación (por supuesto) de lo narrado en "Tinieblas", su nueva novela. Consiguió mantenerme en vilo todo el metraje, y dudar hasta del apuntador, como buena historia que homenajea abiertamente a "Estudio en escarlata". Todo sucede en unos cuantos interiores elegantísimos como un anuncio de Martini, y alrededor de un chalet igualmente hermoso. Lo mejor de todo, la larga escena de la persecución del perro rabioso a la niña por toda la urbanización, absolutamente impresionante. Dario Argento convierte también los asesinatos en anuncios de Martini, salvo cuando comienzan los hachazos. Grande.



005. LOS HORRORES DEL MUSEO NEGRO ["Horrors of the black museum", Arthur Crabtree, 1959]
Estupenda e incorrecta serie B disfrazada de clásico, que vuelve a tener a un escritor como protagonista. En este caso, un periodista de sucesos especializado en crímenes, que se interesa por una serie de asesinatos que están sucediendo en Londres. El periodista-estrella (Michael Gough) es igualito a Mario Vargas Llosa, con las sienes plateadas como Reed Richards, y el tío es tan morboso que tiene una colección de armas ocultas en una especie de laboratorio, donde tiene a un sicario chiquitín a su servicio para mantenérsela; y claro, es el sospechoso nº 1. Además, cometí el error de buscar la peli en IMDb nada más ponerme a verla, y la descripción es un spoiler tremendo, porque sí, él es el asesino, y actúa hipnotizando a su ayudante, como se sabe al cabo de unos minutos. Por lo visto, en la versión original eso queda más claro, debido a una introducción de 12 minutos, que venía cortada en este ripeo español; pero como se ve en el cartel, eso de "Hypn-O-Vista" dejaba las cosas claras. Parte de la introducción se ve también en el trailer. Y de paso, era una llamada de atención respecto a que esta fue la primera peli de la salchichera AIP en Cinemascope, y a color. La escena de la jamona rubia, que parece un tío, bailando en el bar cinco minutos sin venir a cuento, me hipnotizó a mí.


006. EL ESTRANGULADOR DE VIENA ["Lo strangolatore di Vienna", Guido Zurli, 1971]
Curiosísima comedia negra italiana, con personajes caricaturescos, una Viena de los años 30 estereotipada y con una cancioncita de vals un poco brasas todo el rato, centrada en un carnicero (Otto Lehman) que acaba de salir del manicomio, tras tres años allí encerrado, con un papelito que dice "No está loco", como Homer Simpson; pero tampoco está para que le tosan, y a la mínima se dedica a hacer salchichas con la peña. que además parece que están riquísimas. Bastante poco original y sin nada de gore, pero efectiva y entretenida.



007. DEMONS ["Demoni", Lamberto Bava, 1975]
Hace poco más de un año que vi esta (por segunda vez), y tomé unos pocos apuntes en el "diario personal" de visionados que llevaba por entonces. Así que me la salto alegremente, porque no me apetece volver a verla otra vez, sobre todo porque no me gusta mucho, aunque parezca un pecado decirlo.


008. NO QUIERO NACER ["I don't want to be born / The Devil within her", Peter Sasdy, 1975]

lunes, 5 de febrero de 2018

"Libritos Jenkins (Un compendio de conocimiento pop)" (Libritos Jenkins, 2018)


Para este 2018 que acaba de comenzar, me he propuesto darle bastante caña a mi (no-)editorial Libritos Jenkins. Tengo muchos planes en mente, varios frentes abiertos y archivos a medias, muchas notas por ahí, ideas locas... Y entre otras cosas, quería celebrar de alguna manera los 10 años de historia de este pasatiempo, a lo largo de los cuales he dejado atrás un total de 11 lanzamientos. Al margen del tebeo que Pedro Villarejo quiso autoeditar bajo mi sello, y del recopilatorio de contenidos de los primeros 64 programas de Reunión de Majorettes que reuní con ánimo de darlo a conocer (sin éxito) en otras emisoras, han sido nueve densos ensayos nueve, hasta ahora, los que he publicado en papel barato sobre diferentes aspectos del renglón torcido de la Cultura Pop, en este tiempo. Tratando temáticamente, de manera transversal y tan exhaustivamente como me fue posible, nueve fenómenos que me interesaban mucho a mí sobre la baja cultura minoritaria, el cine, la música, los tebeos, la tele de culto, la conspiranoia extrema, la política bizarra, la vida misma. Y para inaugurar el calendario, tengo ya listo, y en este momento materializándose en la imprenta, el volumen "LIBRITOS JENKINS (Un compendio de conocimiento pop)", que recoge 7 de ellos. Ya está en preventa, al ridículo precio de 20 EUROS DE NADA.

Precedido de una introducción ad hoc, y envuelto en esta hermosa y esquizofrénica portada de tapa blanda con solapas, "Libritos Jenkins" (el compendio) reúne todos esos ensayos en edición facsímil, por primera vez juntos en un retapado de 540 apretadas páginas que dará lustre a toda librería que se precie. Concretamente, he decidido rescatar (y espero que así dejar de reeditar definitivamente de manera individual; ¡aunque no renuncio a seguir explorando el formato grapa!), los siguientes títulos: "Hipnotismo pop" (2009), "Santos y Demonios sobre la pista de baile" (2014), "La loca historia del Ejército Simbiótico de Liberación y el secuestro de Patty Hearst contada a los niños" (2014), "Homer-Visión" (2015), "Búscate la vida. Guía 2000 de la serie más demente de los 90" (2016), "Bicefalia Pop" (2016) y "Máquinas de Rube Goldberg" (2017).

Con sus virtudes y sus defectos, este tocho es un pedazo de historia, y creo que una lectura estimulante y entretenida. Quienes conozcáis mis fanzines, ya sabéis de qué va esto; y para quien no, pues por un desembolso claramente minúsculo por un libro de semejante tamaño, es una gran oportunidad de descubrirlo, o de regalarlo a vuestro amigo de gustos raros. Creo que va ha quedado muy bonito, y sospecho que va a funcionar bien en las tiendas. Durante los próximos meses, mientras termino lo nuevo que tengo en mente, trataré de dar a conocer el pasado de la editorial, y quién sabe si consolidarla o ponerla en el mapa. Espero que os guste, y que quede legible e interesante. Podéis pedírmelo por aquí o por allá, pinchando en el siguiente botón, o pronto en algunas tiendas selectas de Madrid y Barcelona.



domingo, 21 de enero de 2018

The Guy Under The Seats y otras colaboraciones de Chris Elliott (1982-1988)


Hablando de cómicos de stand-up y de mi norteamericanofilia, una de mis rutinas habituales es encender el Youtube y dejarlo ahí toda la tarde en mi tele gigante escupiendo entrevistas y actuaciones de los talk-shows nocturnos americanos. Ayer sábado tenía una resaca considerable, y después de unos recados y de pillar cena basura, asumí que no iba a ser capaz de hacer nada productiv. Rendido a la evidencia, perdí por completo el interés en el mundo real, apagué el móvil y me parapeté en el salón con una manta. El algoritmo satánico y caprichoso me estuvo ofreciendo, siguiendo, imagino, visionados anteriores, algunos dibujos animados muy raros. Entre otras cosas, me llevó a esta maravillosa colección que recoge los 100 y pico cortos de Spy vs. Spy, esa obra cumbre de la revista MAD, llevados al mundo de la animación. Creados por el dibujante cubano Antonio Prohias, como una parodia de la Guerra Fría, y casi con tantas entregas como revistas MAD salieron al kiosko (debutó en el nº 60, allá por 1961), siempre me ha fascinado esta loca historieta minimalista en la que el Espía Negro y el Espía Blanco se matan eternamente el uno al otro de las maneras más imaginativas y disparatadas. Tengo algún recopilatorio de bolsillo en inglés, y mencioné a esta joya trash en mi fanzine sobre las Máquinas de Rube Goldberg, por su constante abuso de la cacharrería marca Acme y las máquinas de reacción en cadena; y conocía esta serie de pocos segundos de duración, pero no que se habían hecho tantos, y que la gran mayoría eran una obra maestra de la stop-motion (a partir de la segunda temporada, y desde la tercera, todos):


Después estuve viendo, por enésima vez, episodios uno tras otro de Celebrity Deathmatch y de Action League Now!, que nunca me canso ni me cansaré jamás, y pronto la Inteligencia Artificial, por sí sola, se sumergió en el extraordinario asunto de las actuaciones musicales en los talk-shows. Reconozco que me dormí y desperté hasta cuatro veces a lo largo de la tarde, y entre la vigilia y el sueño disfruté de increíbles actuaciones y entrevistas de Iggy Pop, Frank Zappa, Wendy O. Williams, los Ramones y mil más, que no había visto nunca antes. Fue como un viaje astral en el tiempo, a esas noches delante de la parabólica cuando me quedaba solo en casa de mis padres, siendo adolescente. Desde la última vez que miré, ha debido de liberarse en algún lugar todo el archivo de Johnny Carson y David Letterman, porque la cantidad de programas completos en óptima calidad que hay por la red es abrumadora. Y en estas que llegué, sin querer, a un vídeo que recogía todas las apariciones de mi ídolo Chris Elliott en el show de Letterman, ordenadas por temas. Elliott comenzó su carrera como guionista de Letterman, siendo muy, muy joven. El 15 de marzo de 1982, por azar, David le sacó ante las cámaras disfrazado de montaña de basura:


A Letterman le hizo mucha gracia, y repitió al día siguiente. A partir de entonces, empezó a tener papelitos cada vez más habitualmente, hasta el punto de convertirse en su colaborador más carismático de finales de los 80s, con diferentes running gags e intervenciones absurdas que interrumpían el programa (eso que copiaron en los 80s Chicho Ibáñez Serrador o Emilio Aragón y que le aportaba al programa un ritmo y una sensación de imprevisibilidad muy estimulantes), con personajes idiotas como The Panicky Guy (ante cualquier sonido inesperado, Chris aparecía dando voces de entre el público, entraba en pánico, salía del estudio y era atropellado por un tipo de mantenimiento manejando una enceradora), The Regulator Guy (una parodia de Terminator, a la que acudiría en el episodio "Repartidor 2000" de Get a Life), The Conspiracy Guy (un genial tarado conspiranoico que igualmente interrumpía desde el público para acusar a Letterman de todo tipo de cosas), The Fugitive Guy (Roger Campbell, un "nuevo" tramoyista del equipo que continuamente era perseguido por la CIA) y sobre todo The Guy Under The Seats (literalmente, un tipo que vivía debajo de las gradas y aparecía de pronto por una trampilla). Jordi Évole, con su personaje de El Follonero, comenzó su carrera en el talk-show de Buenafuente con una copia de uno de estos espontáneos habituales de los programas americanos, que tan bien llevó Elliott al extremo (de hecho, en los pocos talk-shows que ha habido en España, casi todo está copiado, hasta la genial Niña de Shrek no es más que una copia del SNL). También comenzó a aparecer a menudo interpretando a un impersonator de Marlon Brando. Durante esta época, Chris llegó a convertir algunas de sus parodias en proyectos de series, que se quedaron en extraños mediometrajes, como Action family y FDR: A one man show, de los que hablé hace mucho en este blog. En 1989, Chris abandonaría definitivamente el programa, para iniciar su carrera como estrella total en Búscate la vida, mi comedia favorita de todos los tiempos, que le llevaría a estatus de cómico de culto. En mi fanzine sobre Chris y su serie, ya hablé de todos esos personajes, y había visto bastantes de estas actuaciones, con estos personajes u otros (era muy recurrente casi a diario durante sus 5 años en Late Night with David Letterman, y siguió apareciendo en muchos talk-shows hasta el día de hoy). Pero por primera vez, anoche me dieron las cien mil viendo TODAS sus apariciones clásicas como colaborador, en vídeos de hasta hora y media, que conformaban una especie de anti-sitcoms marcianas, absurdas, reiterativas, punk, repletas de frases capciosas y actuaciones fascinantes. El usuario de Youtube Don Giller, al que descubrí anoche, por lo visto lleva algún tiempo subiendo mil y una piezas (sobre todo) de Letterman, y organizándolas en colecciones completas. Hubo algunos otros personajes (como el Skink Bounty Hunter, ya en los 90s, o maravillosas parodias como los Mummenschanz, William Shatner y mil y una otras imitaciones o apariciones as himself), pero en esas colecciones está lo más épico, y lo que forjó a Chris Peterson. Así, anoche estuve viéndome (y guardándome para volver a verlo) todo esto, sintiendo un extraña mezcla de felicidad y nostalgia, una nostalgia bastante gilipollas, ya que de alguna manera enferma echo de menos una televisión y un pasado que no viví y que no me corresponden para nada. Aquí en España a la gente se le llevan los demonios hablando de Frigopiés, del Un, dos, tres y de La bola de cristal, pero en este tipo de atracones, me siento como el redneck de Wyoming que llevo dentro, o el Homer Simpson que nunca fui. Por si hubiese más fanáticos de esto, dejo por aquí los enlaces, y me retiro discretamente a mi apartamento encima del garaje de mis padres.








Comedians in cars getting coffee


Mi principal ocupación, esta semana que termina, ha sido ver esta serie que han subido recientemente a Netflix. Había visto algún episodio suelto en su día, como el de Jim Carrey, pero ha sido empezar a verlo a la carta, y no poder parar. La maratón ha sido apoteósica, no me enganchaba tanto a una cosa desde que probé por primera vez la Nocilla.

Cómicos en coche yendo a por café es el último invento de Jerry Seinfeld, el creador, escritor y protagonista de los 180 episodios de la segunda sitcom más vista de todos tiempos. Mi relación con Seinfeld fue bastante agridulce, el tipo reconozco que me caía un poco mal, porque le consideraba responsable de haber convertido el arte de la comedia en esa estúpida colección de observaciones rancias sobre la vida real; esos «¿os habéis fijado en las cacas de perro...?», esos «cuando venía hacia aquí me he cruzado con un amigo que...», esa actitud marisabidilla y condescendiente de todo supuesto cómico contemporáneo, eso que resumió Homer Simpson en la máxima «hay que reírse porque es verdad», esa transformación del cómico físico, sofisticado, trabajador, con cualidades interpretativas, con gracejo natural, en que un pringao cualquiera se pueda subir a un escenario a hablar sobre nada ante un micro durante horas con las manos en el bolsillo. De hecho, en un vistazo superficial, Seinfeld representaba el triunfo de la nada, la quintaesencia del hablar por hablar, la desactivación del talento, el esfuerzo, el método, la escritura virtuosa, en favor del humor de oficina. El desembarco de esos cientos de tipos que se creían el más gracioso de su grupito de amigos, que de un día para otro consideraron que eran dignos de subirse al escenario de un estadio a decir ocurrencias, no hubiera sucedido jamás, al menos en España, de no ser por Seinfeld, que aportó a los stand-up comedians un elevado estatus para siempre. En el mundo del espectáculo y el entretenimiento, nada volvió a ser lo mismo después de Seinfeld. Por eso, le tenía bastante manía al tipo, a la "nueva comedia" y el post-humor de los cojones que trajo consigo, y a su serie aparente y consuetudinariamente insustancial.

Este prejuicio que tenía se me curó, claro, en cuanto vi Seinfeld completa, hará unos 6 años. Entonces lo comprendí. Porque fue una seria importantísima, repleta de un riquísimo todo soterrado bajo esa nada; de hecho, ahí estaba el personaje de Kramer, y en menor medida el de George Costanza, para rendir tributo a esa comedia física y al slapstick contra los que, al menos en mi cabeza, se enfrentaba. Sigo siendo más fan del humor de pisar rastrillos y subirse a taburetes rotos, prefiero Búscate la vida, Primos lejanos, Frasier o Matrimonio con hijos, pero amo a Seinfeld. La existencia de la serie, además, era muy necesaria para la cultura popular norteamericana, donde esta profesión es algo muy cercano a la del músico de punk; y probablemente Larry David y él eran los más indicados para transformar el stand-up en una meta-ficción. Es un género más, dignísimo él, del mundo del espectáculo, y sus rutinas poco o nada tienen que envidiarle, en su inherencia en el Arte, al de la música de autor o la prestidigitación. Que en España la cosa se desparramase de aquella manera, que asociemos el "club de la comedia" al de famosos recitando un guión de chistecitos de taberna, o que existan tipos tan irritantes como Antonio Castelo, Manel Fuentes o Luis Piedrahita (en su faceta de cómico; me parece un gran comunicador e ilusionista, aunque si me lo cruzo por la calle le escupo en la cara y salgo corriendo), fue un efecto secundario. El tiempo puso las cosas en su sitio, y aunque en laSexta sigan empeñados en normalizar el monólogo recitado por modelis, toreros y presentadores de concursos, finalmente se ha generado una auténtica escena, digna y con brillantes cómicos en nuestro país con pátina de estrellas del rock (cosa que, por otra parte, apenas tenemos); en Sudamérica, por ejemplo, me consta que el asunto es mucho peor, y el humor estandupero está estancado en el tardofranquismo ideológico, el caca culo pis, los mariquitas y los gangosos.

Como sea, Comedians in cars... es una importantísima reflexión en torno al humor, y un homenaje a toda la historia de los grandes cómicos norteamericanos. Desde los tiempos de los Hermanos Marx o Jack Benny, pasando por Bill Cosby, George Carlin, Johnny Carson, Richard Pryor, Andy Kaufman, Bill Hicks, Robin Williams, Lenny Bruce y los demás buques insignia difuntos, todos ellos están presentes entre las conversaciones de los vivos que, de dos en dos (Jerry y otro), se producen en los coches y en las cafeterías que eligen al azar para tomarla. Porque el formato no podía ser más simple y más brillante: Jerry Seinfeld se sube a un coche (impresionante, clásico, de colección), va a casa o al trabajo del invitado, y conducen un rato hasta encontrar un garito en el que seguir charlando antes de devolverle a su casa. Queriendo o sin querer, este docu-reality de improvisación total conjuga todos los elementos que triunfan en la televisión del siglo XXI: los shows de coches antiguos tipo Top Gear; los reportajes de viajes a lo Gilipollas por el mundo; los espacios de pornografía gastronómica y recetas (aunque en este caso las escenas en slow-motion y cámara superlenta de alimentos turgentes y perfectos siendo preparados, se reducen casi siempre al café, salvo cuando también almuerzan o toman alguna otra cosa); y los propios programas de convivencia, como... los miles que hay. Los dos protagonistas se dedican a mostrar más o menos su vida privada durante unas horas, y visitar "rincones con encanto", totalmente al azar, allá donde les lleve el vehículo y el ritmo del programa. Una charla informal, comandada por maestros de la palabra y la retórica, salpicada de chistes, anécdotas e incluso momentos realmente emocionantes, cuando rememoran a sus ídolos caídos.

Para mí este es de esos casos en los que, gracias al anfitrión, da lo mismo quién sea el invitado. De hecho, a algunos de los invitados no les conocía de nada, y en principio pensaba verme solo aquellos en los que aparecían figuras muy conocidas (Carrey, Steve Martin, Will Ferrell, Ricky Gervais, David Letterman, Louis C.K., Jimmy Fallon, Chris Rock, Jay Leno, Tina Fey, Howard Stern, mi novia Kristen Wiig, ¡Barack Obama!...), y en plan mitómano, los cuatro en los que aparecieron sus viejos compañeros en Seinfeld: Jason Alexander, Michael Richards, Larry David y Julia Louis-Dreyfus, que a priori serían especialmente emotivos. Pero al final me he visto todos, y pocos me decepcionaron, aunque en algunos (poquísimos) la química entre ambos no funcionara demasiado. De hecho, con alguno casi me muero de la risa, como la tarde que pasaron juntos Jerry y un tal Brian Regan, al que no tenía el gusto y que tuve que pararlo un par de veces porque se me iba a salir el bofe de las carcajadas. El episodio con Kramer, el gran Michael Richards, también fue especialmente brillante, y en el rato que estuvieron por ahí les pasaron cosas increíbles y divertidísimas, hasta el punto de que tuvieron que poner un aviso al principio, indicando que nada estaba preparado. Qué tío más grande, y a ver si remonta pronto, supera el bache y podemos volver a disfrutarle en alguna otra sitcom. Yo soy muy mitómano de la televisión americana, y esta colección de (60, hasta la fecha) sencillos paseos entre colegas rodeados de cámaras, es un auténtico canto al género, una delicia. Todos los encuentros, o casi todos, acaban teniendo algún elemento que los hace especiales, y terriblemente adictivos, por aquello de la anticipación, porque no se sabe qué va a pasar... aunque, en efecto, casi nunca pasa nada. Pero es que de eso trata la vida, para quienes somos vulgares tomacafeses con alma de jubilado.

Hay muchos momentos gloriosos. Personalmente, me gustaría quedarme a vivir para siempre en el episodio de Kristen Wiig, porque estoy psicóticamente obsesionado con ella, pero el día que queda con Carl Reiner y acaba en casa de Mel Brooks es también muy especial. El del gran Fred Armisen paseando por Portlandia está muy bien también. O los de Don Rickles, Leno o Letterman porque menudos personajes, esa gente con tantísimas tablas que tiene tanto que contar, que sueltan unas anécdotas increíbles sobre estar con Frank Sinatra o con Liberace hasta el amanecer en Las Vegas, y ese tipo de cosas. Todo muy guay. Echo de menos a bastantes, sobre todo me encantaría ver a Jerry con Chris Elliott, mi cómico favorito del mundo, mi ídolo. Y con Bill Murray, y con Ben Stiller, y con Bruce Campbell, y con Trey Parker y Matt Stone, y con José Mota... Sospecho que con Conan O'Brien y Craig Ferguson no se debe llevar muy allá (no sé, creo que hay varios sectores un poco enfrentados en este gremio; es la sensación que da seguir los talk-shows americanos, debe haber piques y vetos), y tipos como Eddie Murphy o Woody Allen no deben ser muy accesibles. A ver con quién sigue. Este tipo de shows de judíos charlando sobre naderías, relajadamente, diciendo estupideces, es muy de mi rollo y no me canso nunca. Ojalá dure para siempre.

lunes, 15 de enero de 2018

Marvel Knights: Daredevil (2005-2009)



Hola. He leído muchas cosas en los últimos meses, y escuchado y visto también muchas cosas (como todo el mundo), pero no sé por qué no actualizo esto. Voy a romper el hielo con tebeos, porque sigo obsesionado con los personajes del Universo Marvel, son para mí más importantes que los evangelios. Pura liturgia, un alimento espiritual. Bueno, no es para tanto. Que sigo enganchado, vamos, desde niño. En este blog estoy desgranando (también en apuntes apresurados, sueltos y desordenados) mi lectura continua de todos los tebeos de Spiderman que en la historia han sido, porque es mi personaje favorito desde toda la vida; leo tebeos de Spiderman desde antes de saber leer, y hasta hoy mismo. Y después de Spiderman, probablemente mi personaje favorito es Daredevil. Así, hace ya algún tiempo decidí comenzar a leer también todos los tebeos de Daredevil, desde el principio. Me llevé una poderosa decepción, y lo abandoné pronto para releer la etapa de Frank Miller (que apenas la recordaba desde pequeño), la más laureada de todos los tiempos, no solo de Daredevil sino del tebeo americano en general. Estoy en ello, lo llevo a medias y aún no he llegado a los números realmente importantes (ya sabéis, Elektra Asesina y Born again); supongo que lo contaré también tarde o temprano. Pero mientras tanto, decidí dar un salto, aparcar de momento, el "volumen 1" (que llega hasta el número 380), para irme al que se conoce como "volumen 2" de Daredevil. Es decir, la etapa titulada Marvel Knights: Daredevil, en la que se conjugaron dos artistas de enorme prestigio, allá por 1998: el director de cine Kevin Smith, y el espectacular dibujante Joe Quesada, actual editor de Marvel Comics. En su día compré las grapas de esta colección, que solo tuvieron a Kevin Smith durante 8 números, para ser pronto relevado por David Mack, un extravagante autor indie que tengo entendido que fue quien introdujo a Brian Michael Bendis en el mainstream.


La etapa de Smith y Quesada no me marcó demasiado, me pareció demasiado tremenda y dramática hace 20 años. Releída hoy, me ha gustado muchísimo, los diálogos del cineasta son trepidantes y salpicados de chistes tontos ocultos en la tragedia, que le aporta muy buen ritmo; y el barroquismo de Quesada, menos estomagante que entonces. Y es una etapa importante, que no solo se llevó la vida de la pesada de Karen Page, sino que también devolvió al personaje a la senda adulta y milleriana que tanto se echaba de menos, por lo visto, en la colección. Fue una gran jugada esto de Marvel Knights. En su día, abandoné la grapa tras unos cuantos números escritos o dibujados por el citado David Mack. Junto a su amigo Bendis, dejaron un arco bastante majo (nº 16-19 USA), en el que tomaba protagonismo el periodista Ben Urich, uno de los personajes con los que más simpatizo de todo Marvel, en un homenaje precioso a la importantísima "El niño que coleccionaba Spider-Man" (1984). Después hubo baile de artistas, hasta que finalmente Bendis y Alex Maleev se hicieron con la serie durante varios años (nos. 26-81 USA). Entre los fill-ins, una serie de historietas curiosas, con mayor o menor gloria, como la simpática saga a lo Ally McBeal que hicieron Bob Gale y Mark Pennington; o la miniserie de Daredevil y Spider-Man dibujada por un tipo llamado Vatche Mavlian, que se suponía que iba a ser el nuevo McFarlane, y del que no se acuerdan ni en su casa. Yo reconozco que me gustó mucho, con esas curvas humanas a lo Botero y esas posturas y composiciones deudoras de Sam Kieth. No sé qué habrá sido del tipo, que dibujó otro par de cositas para Marvel y le vetaron para siempre... Pues no era tan malo. Lo que sí me pareció completamente insoportable fue el arco (51-55 USA) que se hizo enterito David Mack, escribiendo y pintando esos collages horribles, que tardé como una semana entera en leerme. Con los años, he aprendido a apreciar (y de hecho, a amar) a artistas que se me atragantaban de niño, me molestaban, como Bill Sienkiewicz, Klaus Janson o Al Milgrom. Pero lo de David Mack, para mí, no tiene nombre. No debido a su curioso dibujo experimental, sino a esa historia infumable sobre la sordita Eco, que parece que retrocede en lugar de avanzar. De no ser porque para entonces Bendis y Maleev ya llevaban una temporada en la cole, y se sabía que volverían tras Mack, creo que la serie se habría hundido del todo, porque es de un hipster y de un snob que asusta.


De lo que no tenía ni idea, era de lo increíblemente maravillosa que fue la etapa de Bendis y Maleev. Lo reconozco: se me había pasado por completo, no tenía ni idea de que esto había existido. Bendis es uno de mis guionistas favoritos desde siempre, me vuelve loco, es un narrador poderosísimo, con unos diálogos que te atrapan y unas situaciones maravillosas, te da siempre más de lo que esperas, y lleva a los personajes a situaciones en las que siempre quisieras haberles visto. Pero no sabía que esto era tan, tan delicioso. La larga etapa de Bendis y Maleev en Daredevil es, en mi opinión (y a falta de reeler aquélla), superior a la de Frank Miller. He pasado una semana absorto en estas historias, en esta maravillosa película en viñetas contada en exactamente 50 números que te dejan sin respiro. El estilo de Maleev en aquella época abusa del montaje estilo "fotonovela", con fondos reales y personajes copiados del natural, pero "cada maestrillo etc.", nada que objetar, porque el resultado es absolutamente increíble, y te transporta a una Cocina del Infierno más realista y jodida que nunca. Practicamente estás mirando una película, pero con ese lenguaje que tanto amamos de la narración gráfica, los globos de texto y las onomatopeyas flotantes. El resultado, a menudo, pone los pelos de punta.


Las aproximadamente 1.000 páginas que se marcaron estas dos bestias en esos 50 números, básicamente cuentan una sola historia: la prensa amarilla desvelando que Matt Murdock es Daredevil. Esto, de hecho, es una constante en toda la carrera del "Cuernecitos" (como decía el entrañable Prof. Loki), sus problemas con la identidad secreta. Es mucho más habitual que en los otros superhéroes, ya que el temita de la dichosa ceguera no siempre es la mejor excusa; pero sobre todo, porque el hecho de que un abogado tenga una doble vida como vigilante nocturno, es obviamente inmoral y despreciable, pese a todo lo que la ciudad ama a Daredevil. No era la primera vez, por tanto, que se planteaba esta cuestión, ni mucho menos (en el mismo fill-inn de Bob Gale que mencionaba antes, volvía a suceder por segunda o tercera vez en su carrera; y se resolvía llevando a un doble disfrazado de DD al juicio, que desactivaba esa máxima superheroica de "nadie les ha visto juntos nunca"). Pero Bendis lleva esto al extremo, hundiendo la premisa en paletadas de realismo y verosimilitud, contemplando todas las posibilidades, mostrando a la prensa como lo que es (el Globe y el Bugle son esos Telecinco y Antena 3 peleando en el barro por los huesos de Diana Quer), y ofreciendo una imagen de Matt Murdock como un tramposo, mentirosa hijo de perra... por los motivos correctos. Esta etapa es, cayendo en el tópico más maniqueo, "el El Padrino" o "el Los Soprano" del cómic de superhéroes.


La Maggia de los tebeítos de antaño, con ese Kingpin gordinflón y esos Cabeza de Martillo o Cabello de Plata fumando puros detrás de una mesas, quedan pulverizados y ridiculizados para siempre, y a partir de ahora es, más aún que en tiempos de Miller, una auténtica Mafia contemporánea, que lo infecta todo a través de las cañerías de la ciudad. Después de un asfixiante periplo, lo único que puede hacer Daredevil es quitarse la máscara y dar un puñetazo en la mesa (y en innumerables caras) para auto-proclamarse el Kingpin de Hell's Kitchen. Es que es absolutamente brillante todo lo que sucede. En ocasiones, Bendis y Maleev me han tenido leyendo de pie, dando vueltas por la casa, largas escenas de señores con corbata hablando en interiores, en comisarías, en apartamentos o en bares; eso lo consiguen muy pocos cómics, conmigo. La escena en la que el detective del FBI le dibuja cuernos con rotu rojo al retrato de Murdock es, algo tan aparentemente sencillo como eso, me transmitió tanto escalofrío como media temporada de una de estas series de HBO. Pero no es exactamente una serie de señores charlando: los ninjas vuelan por todas partes, y las peleas épicas van a dos por episodio. El ritmo que tiene esta etapa parece estudiado por un equipo de publicistas. Y encima, Bendis acude a los villanos más cutres y estúpidos de la trayectoria de Daredevil; sí, todos esos caricatos que me hicieron abandonar y desconfiar del personaje en sus primeros números, como el Bufón, el Búho, ¡el mismísimo Matador!, reaparecen en toda su gloria, y en media página Bendis y Maleev nos les devuelven con esa misma pátina de HBO incontestable y fascinante. Lo que hizo Frank Miller con el Gladiador en su día (de ser un pringado dependiente de una tienda de disfraces que va a una fiesta y se china con Daredevil por una discusión boba, a convertirse en un asesino letal esquizofrénico; tres cuartos de lo mismo con Bullseye), Bendis consigue hacerlo con los villanos más estúpidos, irrelevantes y caricaturescos de la Edad de Oro de Stan Lee y Bill Everett/Wally Wood, transformados como por arte de magia en epatantes secundarios de un film de Tarantino o de Scorsese.


Otra de las constantes desde el número 1 de Daredevil, es la de los problemas de Matt con las mujeres. Si en aquellos primeros números solo era una chirigota, un estúpido triángulo amoroso entre Foggy Nelson, Karen Page y Matt Murdock, al más puro estilo de los tebeos de Archie, con los años se ha ido convirtiendo, por pura inercia, en una tragedia griega, una auténtica maldición. Bendis ha abusado de este asunto, y no solo ha hecho desfilar a todos los fantasmas de sus ex (la asesinada Karen o la suicidada Heather Glenn) y a las que quedan vivas (Elektra, la Viuda Negra, María Tifoidea, Eco), sino que se trae a otra moza compleja y existencial (Milla Donovan), y van y se casan . Por supuesto, cada vez que aparece se masca la tragedia, y Bendis no decepciona. Cuando menos te lo esperas. Como siempre al voltear la página. A mí siempre me han molestado las novias de los superhéroes (entiéndase el comentario patriarcal: es que soy un niño con pito leyendo esto desde los 8 años y que apenas ha crecido, cuando regresa a estas cosas), pero Bendis las sitúa en el lugar y el momento perfectos en esta larga y abrumadora partida de ajedrez.


Foggy Nelson es también el mejor Foggy Nelson que recuerdo (bueno, en la serie de Netflix también han hecho una construcción de personajes apabullante), y también dan lo mejor de sí Ben Urich, las secretarias intercambiables del despacho Nelson & Murdock, la detective Angela del Toro, la encantadora Enfermera de Noche, el plantel de secundarios del cuerpo de policía, de los apartamentos cercanos o de la tertulia de "afectados por Daredevil anónimos" que se saca de la manga, y por supuesto el aura que envuelve a Kingpin o a Bullseye, es maravilloso. Y tal y como el propio Bendis contaba en la despedida, lo dejaron en el mejor momento posible, antes de que perdieran la pasión y aquello se enquistara. Insisto: no tenía ni idea de la existencia de esta obra maestra (merecidamente premiada), y lo he disfrutado como una temporada inédita de Breaking Bad, entiéndase de nuevo el recurso fácil, pero llena de superhéroes en pijama: Spiderman, el Capitán América, los Héroes de Alquiler, Los 4 Fantásticos o mi novia Jessica Jones también aparecen todo el rato por este Canción triste de Hell's Kitchen, con su colorinchi un poco apagado.


Y no, [spoiler], no, Bendis no se acobarda, y no devuelve todo a la idílica zona de confort que todos amamos, con ese Foggy con bombín trabajando en un nuevo caso: Matt Murdock, medio muerto, sigue siendo Daredevil para todo el mundo, y la prensa lo sigue acosando, y de hecho el hijo de puta de Kingpin consigue que lo metan en la [spoiler] de máxima seguridad de Ryker's. Y cuando Bendis y Maleev se despiden (Bendis se fue a los Nuevos Vengadores para el siglo XXI, que esto sí lo leí en su día, y juntos hicieron luego una etapa de Spider-Woman agente de S.H.I.E.L.D. que ya tengo en la mesilla de noche), y son sustituidos por Ed Brubaker y Michael Lark, la cosa parece que va a seguir por los mismos derroteros, no sé hasta cuándo. Estoy cerca de alcanzar el número 500 de Daredevil, y ya lo contaré en este lugar cuando la alcance, y seguiré con la lectura más allá. Y me sumergiré de nuevo, con mis arrugas, en lo de Frank Miller y tal vez en los huecos que me faltan del volumen 1. De momento, lo de Brubaker y Lark no es lo mismo, pero se le parece un poco. Se echan de menos los diálogos brillantes y la gloria bendita, pero a ver qué leches pasa con mi amigo Matt el ciego que ve mejor que nadie.


domingo, 19 de noviembre de 2017

Mike Judge presents... Tales from the tour bus (2017)


Mike Judge es uno de mis autores favoritos. El creador de Beavis & Butthead, "Trabajo basura", "Idiocracia" o Silicon valley lleva tres décadas generando algunos de mis momentos televisivos favoritos, a través de un discurso certero y crítico en torno al concepto de "Amerrika", al que pocos se han acercado (tal vez, solo sus amigos Trey Parker y Matt Stone le acompañan en esa estela destructora del Jodido Sueño Americano). La sola mención de Beavis y Butthead me trae a la memoria bonitos recuerdos de madrugada durante mi adolescencia viendo la MTV, pero mi producto favorito de Judge es la maravillosa serie King of the Hill. Mi sitcom favorita, un auténtico catálogo del estilo de vida del norteamericano medio, de la que solo había visto un par de temporadas y me he propuesto ver entera en los próximos días. Voy por la tercera temporada de trece. Este es el tipo de series que me enganchan, mucho más que cualquier otra novedad de las que ve La Gente. De hecho, no estoy siguiendo ninguna serie actual. Intento ponerme al día con todas las series de Marvel, que las tengo todas a medias (Daredevil, Iron Fist, Power Man, Defenders, Punisher, Marvel's Agents of S.H.I.E.L.D., Marvel Spider-Man...), que satisfacen mi Marvelmanía, pero temo que jamás me pondré al día ni acabaré ninguna. Sigo con mi manía de mirar todo el tiempo series clásicas de dibujos animados de las que tengo en el disco duro conectado a la tele, y me da bastante pereza mirar cosas que no estén dibujadas. Las únicas series actuales a las que sigo siendo fiel son The Big Bang Theory (no conozco a nadie que siga viéndola, o que lo reconozca; entre el fandom parece que da vergüenza confesar que te gusta esta serie, mientras se reivindica Quién quiere casarse con mi granjero... yo no entiendo nada), y también voy a ver su hermosa y tierna precuela, Young Sheldon, que me está gustando mucho. Veo poquísimas películas, antes soy capaz de ver entera Rick & Morty (que la tuve puesta a todas horas durante mi larga vigilia en los estertores finales de Fredi, tratando de que aliviara el dolor, así que el visionado fue terriblemente agridulce) o hasta Friends (me vi los miles de episodios hace unos meses, para poder afirmar con propiedad que menuda memez conservadora y dañina, pero qué bonita queda de fondo). Y hace unos minutos acabo de ver el último episodio de la primera temporada de Tales from the tour bus, emitido esta misma semana.


TftTB es uno de mis productos televisivos favoritos en años. Judge regresa a sus raíces, al retrato hiperrealista de la vida de los gañanes, hillbillies y pecadores de la pradera que comenzó con los subnormales de Beavis y Butthead (y sobre todo con los maravillosos Dale Gribble, Bill Dauterive y Jeff Boomhauer), pero en este caso centrándose en el mundo real: es una serie documental, centrada en la vida y milagros de un puñado de artistas del outlaw country, músicos cuyas salvajes hazañas no tienen nada que envidiar a las de G.G. Allin, Sid Vicious o Mötley Crüe. pero todos ellos ligados a la música tradicional de la basura blanca de su país. En definitiva, historias de sexo, drogas, banjos, espuelas, rifles, caballos, farlopa y honky tonks. Como la mayoría de los documentales de música, la narración avanza a base de entrevistas a los allegados y familiares de los homenajeados, sentaditos mirando a cámara, combinadas con fragmentos musicales, actuaciones e imágenes de archivo.


Cada capítulo, de casi media hora, repasa la trayectoria de uno de esas grandes estrellas de la música rural norteamericana que aquí apenas nos suenan, pero todo ello está editado en forma de dibujos animados: los entrevistados fueron grabados pero después sometidos al estilo de animación cruda y cercana al comix underground de Judge, y esta técnica le permite también reproducir y ficcionar las anécdotas en forma de escenas animadas. Hasta donde yo sé, se trata de la primera serie documental que mezcla imágenes reales y animación, y que en cada capítulo cuenta alucinantes historias de esta pandilla de cuatreros con guitarras que fueron Johnny Paycheck, Jerry Lee Lewis (su época menos rockabilly y más hillbilly), George Jones (mira que parecía un angelito, el hijo de puta), Billy Joe Shaver, Tammy Wynette o Waylon Jennings, y cerrando con la efigie del vaquero sin hogar Blaze Foley, el único del lote que no alcanzó fama sino que se quedó realmente en los márgenes de la industria. Y también, el único probablemente de toda la serie que no le pegó un tiro a alguien sino que fue asesinado a tiros (aunque sí pasó por la cárcel como todos los demás, por otros asuntos). Una serie imprescindible para todo amante de la divulgación musical, las anécdotas de los montaraces de la América Profunda y/o los trapos sucios de la Industria.