Lunes, Hunyo 27, 2011

Midnight in Paris (Woody Allen, 2011)


Pospuse hasta hoy, estertores de un junio infernal, mi oblación anual ante Woody en los Ideal. Me entretuve revolcándome en los chorros de agua de Tirso de Molina como un yonki terminal más y haciendo compras en el súper, mientras esperaba a mi acompañante, que llegó con el pitido del árbitro y me puso muy nervioso, porque había obras en el Metro, contra todo pronóstico. Así que cuando entré en la sala descubrí que a) llevaba en la bolsa una horchata fría y salami; b) el aire acondicionado era gloria bendita, en su medida justa, aislándonos de la realidad; c) mi asiento era el mejor posible; d) solo había 4 personas más en la sala, y la que estaba justo en mi campo de visión estaba bastante buena... y entre unas cosas y otras la sesión ha sido inolvidable.
No puedo decir nada que no haya dicho todo el mundo ya de esta (y de cada) nueva película de Woody Allen, de ahí el preámbulo inane. Para mi ir a verlas es un ritual, me gusta toda su filmografía sin excepción, porque me encantan los cuentos que cuenta, cómo los cuenta, con quién cuenta para contarlos, y los rodeos extraordinarios que da para dar buena cuenta de esos cuentos. Me parece muy bonito, me sublima todo lo que enseña y también lo que sugiere. Pocas cosas le puedo pedir más a una película que lo que me ofrece este hombre a cambio de tan poco. Qué genio. No suelo leer nada de lo que se escribe sobre sus películas (y desde luego nunca jamás antes de verlas), procuro acomodarme para ver cada nueva o vieja emisión suya, relajarme, buscar el momento perfecto porque sé que voy a disfrutar sin ambajes.
Sí, coño sí, ya sabía que en esta saldrían la torre Eiffel, Maxim's y mimos con baguettes cruzando el Sena. Mucha gente errada se queja en todas partes, agitando un báculo, de que el judiíto chiflado nos enseña fotos de sus viajes como si fuese la suegra brasas a la vuelta de vacaciones. Pues a mí eso no me molesta en absoluto. Siempre ha sido así, desde "Annie Hall" por lo menos, pero la mente colmena paleta española pensaba hasta ahora que el Nueva York de sus películas era realmente así, y no entiende que sin esos decorados idílicos con clarinetes de fondo no sería Woody Allen. Ese muestrario de tomavistas de National Geographic ha estado ahí siempre, y es necesario, es hermoso, viene con el conjunto, te transporta a su escenario de una manera impecable. Yo tengo razón y punto.
No tengo nada más que decir. No sabía nada de la película, y en cuanto me la he visto venir me he hundido en el asiento con una sonrisa de bobo, con las pupilas como platos. Todo ha ido sobre ruedas. Suavecito, me ha ido entrando por los ojos y los poros la dosis, me ha exfoliado y he salido de allí como de un spa. Resplandeciente, dando saltos por la calle, chocando los tacones en el aire, abrazando las farolas. Owen Allen Wilson estaba perfecto, es mi amigo. La bruja mala y sus padres fetén, y el padre en concreto un cachondo (en esta había poco chascarrillo, esto lo eché un pelín de menos, la verdad sea dicha), Adrien Brody asombroso, como el resto de doppelgangers. Con Adriana yo ya habia soñado antes. Planos de culos femeninos en pompa, con caderas como para traer trillizos al mundo. La horchata estaba un poco caliente, esto también tengo que decirlo. Comí perdices.

Linggo, Hunyo 26, 2011

Robo-Hunter: The filby case (2000AD progs 266-272; 1982)


A todo esto, Sam Slade sigue alojado en una suite del Savoy, pero empiezan a criarse telarañas en su oficina de Baker Street. Hasta que por fin un día llaman a la puerta, y resultan ser dos andoides gigantones que le pegan una paliza amenazante, para disuadirle del caso Filby. Desorientado, Slade sale a la calle y es secuestrado por dos robo-gabardinas ambulantes, que igualmente le meten de hostias para que no acepte el caso Filby. Un rato más tarde, unos pandilleros se lo llevan en volandas, y le descuelgan peligrosamente de un costado del Hoverstreak hacia la ciudad allá abajo, amenazadoramente. Slade da por hecho que quieren que se aleje de ese caso Filby del que no sabe absolutamente nada, y sin embargo, estos tipos lo que quieren es que acepte el caso Filby, o le matan. Hasta que por cuarta vez en un mismo día, un anciano enjuto con gafotas llama a su puerta, y Slade le pega un par de hostias por si acaso... antes de que el pobre hombre le aclare que se llama Filby, y que necesita ayuda.
El señor Filby tenía un robot ayudante llamado Ronald, que lleva algún tiempo comportándose de una forma bastante extraña, ha desaparecido y está dispuesto a pagar lo que sea por recuperarlo. Es una antigualla, pero lleva muchos años a su lado, era su mejor amigo y le echa de menos. Slade acepta el caso, y a lo largo de la historia descubrirá que Ronald es un caso excepcional, puesto que de alguna extraña manera ha evolucionado, ha adquirido poderes mentales, y es capaz de leer las mentes de los demás. Algo inaudito en una máquina (aunque no para las personas del siglo XXII: ahí tenemos sin ir más lejos a la Jueza Anderson), lo que convierte al destartalado Ronald en un botín que conspiran por obtener todo tipo de organizaciones tecnológicas. Sin embargo, pronto sabremos que Ronald, simplemente, se ha marchado por su propio pie, y se ha unido a una secta robótica, los Robo Goonie. A partir de aquí tenemos a tres bandas rivales persiguiendo a Ronald y atizando a Robo-Hunter por todo Brit-Cit, mientras Hoagy se cuela en la secta y le comen el coco tanto como a Ron. Una divertida aventura de 35 páginas, obra de Alan Grant y el cada vez más brillante Ian Gibson, con sectas de roboces, robo-mafia, robo-pilinguis y otros elementos de un gran episodio de Futurama, pero concebido quince años antes.

"Mariachill-out: Queen" (2007)


Tiene gracia que exista toda una serie de discos bizarros dedicada al mariachill-out, como una respuesta mexicana a los insufribles discos navideños de inframúsica cumbayá para hacer yoga o checarse los chakras; toda esa avalancha de flamenco-chill, gregoriano-out, techno-lavapiés o villancicos-trance, que en este caso sí, dejaron de hacer gracia a mediados de los noventa y los siguen anunciando en televisión, y las personas se los escuchan muy serios o incluso se los ponen para follar, quizá, o vete a saber. Dentro de este infragénero para paletos, como digo, me hizo gracia descubrir este arrebato de rancheras al casiotone como homenaje a los grandes clásicos de Queen. El problema está cuando descubren que no es una broma aislada o una ocurrencia oportunista, sino que existe un inmenso catálogo de folklore musical mexicano de tributo paleto. Al menos una docena de discos tengo localizados, con versiones instrumentales de los jodidos Beatles (absolutamente todas sus canciones repartidas en hasta 6 CDs), de los Rolling, ABBA, Bee-Gees y lo que te rondaré. Además de varios artefactos de insoportables instrumentales con trompetas, vihuela y guitarrón de clásicos charros de los de toda la vida, pero silenciando al gran José Alfredo y sustituyéndolo con una dolorosa cadencia de violincito digital. Y el problema se acentúa cuando uno, como hice yo, se decide a sentarse a escucharlo, no solo a reírse de su existencia y correr a hacer un chiste en FB. Le di más cancha a "Mariacho rock-o: sonidos de Jalisco", un compilado de temas apasodoblados de Radiohead, Michael Jackson, Hotel California, The Cure, Bunbury o Nacha Pop (lo juro por dios), donde al menos en algunos cortes un menda canta, y se respetan arreglos originales de guitarra eléctrica; aquí la vergüenza ajena estaba más contenida que por ejemplo en el tributo a Queen, donde las recreaciones de Bohemian rhapsody o Killer queen (o cualquiera de las demás en realidad) suenan aproximadamente como si una banda de narcotraficantes de Albuquerque le golpearan a Freddie Mercury en la cabeza con el guitarrón hasta morir desangrado. Entrar en un ascensor y que esté sonando Who wants to live forever al casiotone modo corrido, es motivo sobrado para desear que el ascensor se descuelgue y mueran todos.

Jackass 3.5 (Jeff Tremaine, 2011)


Hace unos días estuve viendo esta nueva entrega de las idioteces del elenco de Jackass en pantalla grande. En este caso se trata de descartes de "Jackass 3D", curiosidades, entrevistas y sobre todo, por supuesto, originales topetazos, tantarantanes y cabriolas. No he visto la versión tridimensional, y quizá por eso esta entrega me supo a poco. Disfruté con algunas de las gilipolleces expuestas, pero a esto le falta un hilo conductor, un poco de épica o algo más de gracia. Sabiendo que se trata de una especie de making of o colección de descartes, supongo que la cosa queda aclarada. Porque no me explicaba a qué tanto viaje por el mundo sin explicación. Durante los créditos iniciales vemos al combo de freaks atravesando la Plaza Mayor de Madrid, y corriendo hacia el escenario que montó la MTV hace unos meses en la Puerta de Alcalá, y es un buen comienzo, que entendí como un punto de partida de una narración que les llevaría a viajar por el mundo disfrazados de diferentes personajes en busca de una causa, por imbécil que fuera. Pero a continuación se suceden las hostias, y van desglosando ocurrencias intercaladas con entrevistas breves y subnormales. Y es como si hubiesen tratado de contar alguna historia entre medias, pero se les olvidara por el camino. Supongo, insisto, que el cuerpo estaría en la versión para cine, y que al no verla me dejó pensativo. Esto en conjunto, salvo un par de memeces simpáticas de Chris Pontius puteando su pene de continuidad, o la arrolladora presencia de Steve-O llevando al extremo cualquier idea fugaz, me pareció bastante flojo. Muy por debajo de cualquier vieja emisión de la MTV, de Viva la Bam! o incluso de un potpurrí cualquiera de Youtube. Me supo a un extra del DVD para ver una mañana de resaca.

Tropa de élite 2 (José Padilha, 2010)


"Tropa de élite" es un tesoro brasileño, un film plagado de estrellas que se atrevió a poner sobre la mesa una polémica que provocó controversia nacional y poco menos que una revolución: la realidad de la corrupción policial en las favelas de Rio de Janeiro. En esta segunda parte, el director apunta más bajo, mucho más abajo, y se sumerge en las cloacas de esa corrupción, señalando a otro estrato inferior de infrapersonas responsables de la deplorable situación socio-económica del país: el propio Gobierno de Río. Tenemos a los mismos personajes (los que sobrevivieron) de la primera entrega. El protagonismo recae de nuevo sobre el Coronel Nascimento, cuyo hijo ha crecido y trabaja como becario para el diputado Diogo Fraga, un izquierdista famoso por su presión al gobierno en asuntos de derechos civiles. Y tenemos también de vuelta al capitán André Matías. Durante un motín en la prisión, mientras Fraga trata de dialogar con los presos, André, desobedeciendo a Nascimento, abre fuego contra estos para liberar a los rehenes, provocando un escándalo nacional. Esto desencadena un reajuste de puestos, que lleva tres años después a Fraga al Parlamento, a Nascimento a un despacho y a André a un pequeño comando que patrulla las favelas a las órdenes del hijoputa de Sandro Rocha y del teniente coronel Fábio, dos policías corruptos hasta el tuétano con múltiples conexiones con el gobierno regional. El enlace entre ellos es una popular estrella de la televisión, que arenga a las masas contra la izquierda y a favor del gobernador. Una cuadrilla que se reparte extorsiones y comete asesinatos encubiertos, una mafia organizada que tiene atemorizada a las favelas y majeta el narco-cotarro. A partir de estos personajes, las fichas se van moviendo y los acontecimientos se suceden de forma vertiginosa. Se echa de menos más acción callejera y las inenarrables escenas de batalla en las favelas, puesto que aquí estamos ante una guerra abierta en los despachos. Pero lo han vuelto a hacer, y "Tropa de élite 2" está a la altura de su antecedente, te agarra de los bajos y te lleva hasta lo más sicalíptico de la política brasileira entre golpes de efecto, tiroteos y ajustes de cuentas, en un escenario donde todo funciona como una peligrosa partida de ajedrez para controlar el poder.

Huwebes, Hunyo 23, 2011

Robo-Hunter: The beast of Blackheart Manor (2000AD progs 259-265; 1982)


Al final del todo de "Day of the droids", el arco argumental anterior, Sam Slade había salvado la ciudad (una ciudad que no se menciona; pero se da por hecho que estamos en algún lugar de los Estados Unidos en el año 2141) de la amenaza de cientos de miles de robots descontrolados y hambrientos de sangre humana. Pero la ayuda de Molotov, un robotito camarero con carisma de líder sindical, fue crucial. Así que el alcalde de la gran ciudad decide otorgarle a Slade un simbólico premio en metálico (algo es algo: en la primera aventura solo recibió una estúpida medalla), y a Molotov le concede su principal reivindicación: la prohibición de todos los robo-hunters. Así que a Slade no le queda más remedio que huir de allí, y comprar un billete a Brit-Cit. Así, en este tercer arco tenemos a Sam Slade, Robo-Hunter extraordinaire, instalado en una Gran Bretaña futurista.
Esta tercera aventura es bastante más breve, apenas consta de unas 40 páginas. Y además, los dos primeros progs son una introducción, retomada la historia desde el mismo momento en el que lo habíamos dejado. Aunque esta vez es el guionista estrella Alan Grant quien toma el relevo, y nos cuenta que Slade le da la patada al bobo de Hoagy y se embarca rumbo a Brit-Cit. Por supuesto, Hoagy, convertido ya en secundario cómico fijo para los restos, se cuela (mal disfrazado) entre el pasaje.
Brit-Cit es una ciudad totalmente tomada por los androides, que han asumido todas las labores de los humes (humanos). Así que a Slade no le costará demasiado tomar el pelo a las máquinas, ocupar una suite presidencial en el Savoy, el mejor hotel de la ciudad (no en vano está completamente desocupado), montar rapidamente una oficina de cara al público, e incluso engañar al conserje del hotel para que reparta tarjetas de visita a todos los humanos que se pasean por la zona. Pronto, alguien llama a su puerta, y le contrata para resolver el caso de la Bestia de la Mansión de Blackheart, un extraño ser que está liquidando huéspedes desde hace décadas en una casa rural victoriana. La Mansión Blackheart se ha convertido desde hace años en un foco de turismo para todos esos miles de británicos desocupados, que acuden a la llamada del misterio y participan en las cenas temáticas, excitados ante la posibilidad de engrosar la lista de los casi 400 asesinatos que ya han tenido lugar en la finca. La historieta es un precioso homenaje tebeístico a "Un cadáver a los postres", en un entorno victoriano que contiene todos los elementos de la literatura de suspense. Alrededor de la mansión hay un gran parque de atracciones, así como un zoológico de mutantes, Mutari Park, donde conviven cocodrilos con cabeza de tigre, bichos metamorfos y la mismísima Bestia misteriosa, que supuestamente lleva años y años eliminando turistas. Al cabo de unas pocas páginas, ya sabemos que el misterio es ajeno al pobre monstruito mutante de la laguna, y que algo huele a chamusquina entre los empleados de la mansión, liderados por el capullo del mayordomo metálico, Talbot, y el androide cocinero, Cook.
El estilo de Ian Gibson ha evolucionado y se ha retorcido sobremanera, y directamente estamos ante un tebeo humorístico, donde no faltan misterios, desapariciones sobrenaturales y robots medievales. Aunque se echa de menos el surrealismo de John Wagner, y la brevedad de la historia y escasez de personajes le resta algunos puntos. Esta es la historia que tenía grabada en la memoria desde niño, y su relectura me ha sabido a poco. Pero sigue siendo un clásico instantáneo.

Country Beat - "The best of Country Beat" (1972)


Uno de los aspectos que más me interesa de la producción musical mundial, son los discos extraños centroeuropeos que adaptaron o fusilaron géneros musicales ajenos y exóticos. Así como es bien conocido que durante los años setenta (y en realidad, aún hoy en día) la filmografía turca se plagó de películas imposibles de creer, que se limitaban a copiar y suecar lo que venía de Hollywood a su parapléjica manera (ahí están las versiones turcas de Superman, Star Wars, "Rambo", "El exorcista", etc.), otro de los casos más curiosos e increíbles de préstamo y adaptación de fenómenos exóticos tuvo lugar, en esos mismos años (y, de nuevo, con ramificaciones que llegan a nuestros días) en los países eslavos y balcánicos. Resulta difícil de creer si uno no lo escucha directamente, que en la ex-Yugoslavia surgiese un verdadero fenómeno de masas alrededor de un puñado de cantantes que abrazaron el espíritu de los mariachis mexicanos, y se dedicaron a componer y versionar sus propias rancheras, con productos tan jacarandosos como "Meksiko" de Djordje Masalovič, "Milic Ljubomir i Paloma" de Razvod Braka o "Divna Gvadalahara" de Slavko Perovič, y así un buen montón de vinilos de mucho alborozo. Supuestamente, los balcánicos (ya desde los años 50), fijaron su punto de mira en América Central a la hora de importar un exótico estilo superventas, simplemente porque México era una dictadura comunista, como la suya, y sus rancheras suficientemente atractivas para Zentropa o más como pudiera ser el beat liverpuliano. Pero la cultura de EEUU o la Europa occidental no era plato de buen gusto político en la Europa Oriental.
Sin embargo, de forma casi soterrada, y ya entrados en los años 70, sí que surgió otro fenómeno de usurpamiento similar al Yu-Mex, pero puestas sus miras un poco más hacia el norte: el Yu-Tex. A través de la red se pueden localizar incongruentes y fantásticos ejemplos de artistas balcánicos grabando discos disfrazados de cowboys, como la estrella Rafko Irgolič y su llenapistas "Oh, Susana" (1973).
Aterrizando, por fin, en este recopilatorio, nos encontramos ante los grandes éxitos de Country Beat, una superbanda de homenaje al country norteamericano más ortodoxo, desde el cénit de todo este fenómeno comentado, aunque en este caso desde Checoslovaquia. En este caso, todas las versiones están cantadas en estricto inglés, por lo que, sin prestar demasiada atencion, podría pasar por un aburrido compilado de estándars vaqueros. Sin embargo, la voz de Ladislav Vodička, Nad'a Urbanková, Karel Kahovec y los Lubomír Pánek Singers, con ese acento cerrado de vampiros transalpinos, recuerda más, como decían en WFMU, a Benny Hill que a Johnny Cash. A destacar la versión checa de Ring of fire, correcta y flemática pero que en mi cabeza no deja de sonar tan estrambótica como si la hicieran Dinamita Pa Los Pollos.

Martes, Hunyo 21, 2011

Ron Lalá - Time al tiempo (2011)


Ron Lalá son un grupo de teatro madrileño habituales del Alfil, que esta misma noche pre-estrenaron allí su nueva obra, Time al tiempo. Quien les conozca no necesita leer una letra sobre ellos, pues seguramente haya acudido una y otra vez a sus actuaciones, les recomendará continuamente y tendrá todos sus discos, cuadros y camisetas; para quien no, lo primero que hay que aclarar es que no solo son grandes actores cómicos, sino además cantantes y multiinstrumentistas todos ellos. Sus obras son herederas del show televisivo al estilo americano, con números musicales, improvisaciones, chistes sobre la ferviente actualidad, saltos fuera del escenario, audience participation y todo lo que haga falta para aderezar un cóctel irresistible, cuesta abajo y sin frenos. Los cinco cantan, gritan, hacen reír y tocan canciones a varias voces, con letras de mucha risa. Sus actuaciones se componen de sketches, en este caso con el hilo conductor del transcurrir del tiempo y de cómo éste transforma las cosas. Reflexiones acerca de la patraña del pasado y el futuro como excusa para todo lo que nos acontece en el presente; sobre lo efímero de la vida de plantas e insectos; sobre la velocidad a la que circulan ante nuestros ojos las nuevas tecnologías; o sobre el paso de la infancia a la senectud, a toda leche. No da tiempo a reflexionar, en realidad, solo a reir, a dar palmas o a asombrarse con el desarrollo de los actores, que en un escenario casi vacío van dejándose llevar y repartiendo su enorme talento. Probablemente este mismo espectáculo sea completamente diferente dentro de un mes, y esa es parte de la gracia para sus fans, que les acompañan durante toda la temporada como los deadheads, pero con gafotas.

Robo-Hunter: Day of the droids (2000AD progs 152-174; 1980)


El segundo arco argumental de la serie, de 23 episodios (casi 120 páginas) gira en torno al "Día de los androides", una fecha marcada por el nuevo rey del hampa de la ciudad, God-Droid, un poderoso robot que ha secuestrado a todos los peces gordos de la ciudad, tanto mafiosos como políticos y personajes influyentes, y los ha confinado en RoboLand, un parque temático donde la gente acude a besar a estrellas de cine robóticas, a participar en una Guerra de Troya con androides o visitar la Pre-Historia y hacerse fotos entre enormes triceratops mecánicos. John Wagner e Ian Gibson construyen otra disparatada aventura, un caso que solo Sam Slade parece capaz de resolver. Esta vez contará con la ayuda de dos nuevos personajes que aparecen en la vida de Robo-Hunter de forma decisiva: Hoagy, el sidekick estúpido, aprendiz de cazador de robots. Un secundario cómico torpe e idiota, que no hace sino agregar nuevos problemas a la vida de Slade, dispararle por error o llamar la atención de los villanos; y Stogie (nombre completo, Carlos Sanchez Robo-Stogie), un puro habano electrónico, que supuestamente ayudará a Sam (contra su voluntad) a dejar de fumar, y sobre todo le sacará de sus casillas con sus comentarios latinos absurdos. Después de la huida de Slade de la prisión robótica a la que había sido confinado junto con el resto de caza-robots de la ciudad (otra etapa del plan de God-Droid), casi todo el tebeo transcurre en RoboLand, la impresionante ciudad/parque temático. Asistiremos a la batalla de Slade contra sus propios clones robóticos, ya que casualmente se celebra la semana de Sam Slade (que ya es una celebridad tras el caso Verdus); un Clark Gable robótico se enamora de nuestro protagonista, y le retrasará en su faena; otros personajes disparatados que desfilan por la aventura: los Hermanos Marx, Tarzán, King-Kong, los monstruos de la Universal, los vikingos... y otras celebridades y estrellas de Hollywood animatrónicas. Mientras tanto, las huestes de God-Droid, formadas por miles de robotitos enanos tipo Pac-Man (los Teeny Meks) y otros tantos hampones cibernéticos, además de todos los peces gordos suplantados, provocarán el caos en la ciudad, y la cosa terminará, como en el arco anterior, con una bizarra batalla y páginas repletas de cientos e androides de todos los tamaños enfrentados entre sí en una guerra sin cuartel que Slade tendrá que solucionar de forma drástica.

VVAA - "Cazumbi: African sixties garage vol. 1 y 2" (2009)


A la búsqueda de sonidos guitarreros ignotos del mundo entero, me sumergí en este recopilatorio de garage, rock, surf y psicodelia provinente del Africa profunda; aunque más correcto sería decir de sus colonizadores. Jóvenes portugueses, franceses, italianos y latinos emulando a sus ídolos norteamericanos, en mi opinión sin demasiado esfuerzo (y un sonido deplorable pese al remasterizado). Al margen de algunos conatos de fusión fuzz-voodoo y curiosos ritmos tribales que adornan el clásico sonido crudo de rock sesentero (Conjunto Night Stars, The Gonks), y de las curiosas versiones contenidas (genial la reconstrucción del Venus de Shocking Blue/Bananarama al congoleño de Orquestre Veve o el I Put A Spell On You que hacen Os Rocks, y otras piezas poco conocidas de The Prunes o un parsimonioso Lucille), nada me ha parecido demasiado destacable en las primeras escuchas. Salvo dos bandas: Docteur Nico & African Fiesta, de Congo, con el tal galeno dándolo todo como un Little Richard o un Parypa asilvestrado (tienen por ahí otros discos de música africana bastante insufribles), y Vum Vum, con un corte llamado Xe Xe Xe Kangrima que da un poco de miedo, funky desatado zulú y con carcajadas de monstruo, como si James Brown hubiese pisado un pez globo.

Robo-Hunter: Verdus (2000AD progs 076-084 y 100-112; 1978)


Robo-Hunter es un cómic de ciencia-ficción seriado, nacido en las páginas de la revista británica 2000ad el lunes 5 de agosto de 1978 (yo nací ese miércoles; quizá por eso le tengo tanto cariño), de la mano de John Wagner y Alan Grant (bajo su seudónimo conjunto de T.B. Grover, como guionistas, es decir, como script robot) los dos más grandes escritores de la Casa (con permiso de Alan Moore), y Ian Gibson (art robot). En esta primera aventura, Robo-Hunter viaja al planeta Verdus, donde vive una millonaria colonia de robots autosuficientes a la espera de la llegada del hombre, para cubrir todas sus necesidades. Sam Slade, Robo-Hunter, viaja como avanzadilla para asegurarse de que el ser humano ya puede habitar el planeta. Pero se encuentra un lugar hostil, puesto que las máquinas, abandonadas durante décadas a su suerte, no se pueden creer que los humanos existan y toman a Slade por un sim, es decir, un humano simulado. La misión se convertirá en una lucha por la supervivencia, en busca de SJI (apodado Smokin' Joe), un androide estufa con chimenea que regala caramelos, y que es el único habitante de Verdus que ha visto alguna vez a un humano, y puede distinguirlos de los sims. Efectivamente, SJI reconoce en Slade a un humano, pero esto no es suficiente y se ve obligado a buscar a Big Brain, el líder del planeta robot. Cuando Slade llega ante Big Brain, a pesar de su insoslayable inteligencia y capacidad mental, éste se bloquea ante la posibilidad de estar ante un humano, y le explota la cabeza. Lo cual desatará una guerra mundial en Verdus: los robots a favor del humano, y los que están en contra. Una guerra que solo Sam Slade puede llevar a su fin.
A lo largo de estos 22 capítulos originales publicados en 2000ad, Sam Slade no estará solo. Al cinto lleva a su fiel detector de robots Cutie, un cacharrito muy mono y que recuerda vagamente las curvas femeninas, y a la sazón es el único amigo que Slade ha tenido nunca. Además, al salir de la Tierra le fue asignado un piloto para esta misión, Kidd. Pero al alcanzar la velocidad de la luz a bordo de la nave, ambos se ven rejuvenecidos por el efecto paradoja, y Kidd será a partir de entonces un bebé de un año, malhablado y fumador.
El bebé malhablado y fumador se adelantó una década al de "¿Quién engañó? a Roger Rabbit". El planeta robot, atestado de máquinas parlantes, autosuficientes y bastante existencialistas (máquinas de café que no han vendido nada en 30 años, que deambulan de un lado a otro ofreciendo bebidas a robots que les rechazan, incansablemente durante 30 años...), y ese humor adulto y cabroncete, se adelantó un par de décadas a Futurama. No faltan referencias al cine negro (el nombre de pila del personaje central es un claro homenaje), ni acción descontrolada, ni drama (la "muerte" de Cutie). Pero lo más alucinante de esta serie, y del espíritu 2000ad en general, es su disparatada originalidad. En su primer periplo asistiremos a una partida de Robopoly, donde pequeñas robofichas se zancadillean y fichas-policía hacen uso de mini-robo-brutalidad policial; conoceremos a Botas, un simpático robot accesorio, que no es sino unas piernas robóticas con un asa al que aferrarse mientras te lleva corriendo por todas partes; visitaremos las alcantarillas de la ciudad, donde un robot funcionario de limpieza ha perdido por completo la cabeza debido a la soledad, y habla con su propio culo; conoceremos también el sistema político de la ciudad, y una asamblea donde el Partido Super Tonto no se acuerda ni qué hace allí, el Partido Enfadado quiere montar gresca, el Partido Irónico hace comentarios afilados, el Partido Excéntrico propone ideas absurdas... Y se pasan así las 24 horas del día, todos los días, sin que sirva para nada, porque ahí está Big Brain que es quien toma todas las decisiones. También desfilan por las páginas otra serie de personajes asombrosos y visionarios, como los robots religiosos, los militares enfrentados, los taxis existencialistas, el gargantuesco cocodrilo devorador de impurezas del alcantarillado... Y así un frenético etcétera de androides bizarros que en la pluma de Ian Gibson son retorcidos, grotescos y caricaturescos, con ese estilo suyo que en ocasiones me recuerda al mejor Marc Silvestri y en otras a la Escuela Bruguera.
El dibujo de Ian Gibson es lo más atractivo de estas historias que me he propuesto revisitar en orden. El diseño de personajes, la arquitectura, los gestos de los humanos, las mujeres... El mundo futurista inventado por Wagner y Gibson recuerda a Futurama, a Moebius, a Blade Runner... Incluso los edificios de los Astrosnicks me vienen a la cabeza. Una obra maestra de ciencia-ficción paródica adelantada a su tiempo, única y difícil de creer, una maravilla sin igual.

Lunes, Hunyo 20, 2011

Lo mejor de AlvarOrtega (2011)


El último TMEO aparecido (nº 113) incluye de regalo un suplemento de 16 páginas, que recopila algunas de las historietas dobles que viene haciendo AlvarOrtega para la revista. Su estilo fotográfico-pop es una golosina para los ojos, y una rara avis entre los autores feístas habituales; leer una tira de Furillo, lavarse las manos, pasar página y encontrarse con AlvarOrtega sorprende y es muy de agradecer esta variedad. También su humor es más blanco e inocente, y se hecha de menos un poco de mala leche. Sus historias muchas veces se limitan a glosar curiosidades o a parodiar actos sociales como las cenas navideñas o mirar la Eurocopa. En cualquier caso, la vista se recrea, yo suelo quedarme bastante rato mirando cualquiera de sus viñetas. Sigo anhelando al otro AlvarOrtega, y soñando con tener entre mis manos una edición digna de Los Revillos, pero mientras espero sentado, bueno es cualquier muestra de su trabajo actual, sofisticado e infográfico.

Linggo, Hunyo 19, 2011

Hobo with a shotgun (Jason Eisener, 2011)


Esta es la historia de un vagabundo armado y hasta los cojones. Un concepto bellísimo, visceral y necesario. Tenía muchas ganas de verla, y esperaba una orgía de sangre y violencia, mala hostia institucional, cerebros de yuppies volando en cachitos por los aires y un festín de tripas a las puertas del Parlament. Para empezar, me he encontrado algo de mucha más calidad de lo que esperaba. Esto es uno de esos productos contemporáneos destinado exclusivamente a amantes del jolgorio psicotrónico y la serie Z, que probablemente careará a quien busque una superproducción al más puro estilo mainstream, pero que sin embargo viene disfrazado de oropel.
Me sorprendió, en primer lugar, la calidad del producto. Parece que no se cortaron en la producción y los efectos especiales, y que esto no es un divertimento de fin de semana. Sin embargo, los guiños al público al que va esto dirigido están ahí: villanos planos, cabezas que explotan como si fueran de terracota, sangre que sale de los cuellos como de un aspersor, frases lapidarias, ceños fruncidos... Esto es como un fumetti italiano de los setenta para adultos, pero a gran escala. Y con una premisa extraordinaria. Lo que sucede es que en el desarrollo de esa idea de una sola línea, ese "sintecho con una escopeta", se decidió meter al personaje en una sórdida ciudad ficticia, poblada exclusivamente de vagabundos, asesinos de vagabundos y policías corruptos que odian a los vagabundos. Y furcias. Un escenario ideal, exento de otra identificación social que no sea la metáfora del crimen sin sentido ni sensibilidad. Como los extras que habitan "Carmageddon", por ejemplo, que no da pena que nadie viva ni muera, que uno no se plantea nada y todos son despreciables. Una Ciudad del Pecado como territorio de caza. Donde yo esperaba una carga dramática y social espeluznante, se optó por la parodia grotesca y exagerada, por el vale todo. Pero estupendo, ¿eh? Mucho más divertido así. Aunque no se echan de menos los momentos frívolamente reflexivos, como el discurso del hobo en la sala de partos o la arenga de la puta co-protagonista ante la masa enfurecida.
Y luego está Rutger Hauer. Con sus ojos lechosos, su rostro crujiente y pétreo, su voz desde la cripta, su presencia abrumadora. Imposible haber elegido a un actor mejor. Rutger Hauer es el vagabundo airado, abofeteado y humillado por esa pandilla de malnacidos que habitan la ciudad ficticia, que funciona como metáfora de la sociedad real, igual de violenta y desagradecida, que se burla y le pisotea. Rutger quiere salir de la indigencia, y ahorra para comprarse un cortacésped. Cuando por fin consigue un puñado de monedas, de la forma más humillante posible, y está en la ferretería a punto de hacerse con la herramienta, otra vez la sinrazón actúa, unos criminales se interponen en su causa, y esta vez ya no puede más, y se convierte en el vagabundo vengador revienta-cabezas que todos estábamos esperando. Una delicia.

¡Caramba! #1 (2011)


Manuel Bartual decidió volver a la autoedición con un fanzine, quién sabe si el primero o el único, impecable, precioso y facturado por algunos de los mejores dibujantes cómicos del momento, habituales la mayoría de la revista El Jueves. Porque esto es un fanzine en el que participan estrellones como Monteys, Fontdevila, Mauro o Alcázar o David Sánchez, y cuyo video de presentación aparece en la web de TVE. Es inevitable tener la sensación de que este pro-zine (así se le llamaba antes a esto: un fanzine hecho por profesionales; vete a saber cómo se le llama ahora) es un divertimento de los profesionales de El Jueves, que se agradece, que es una golosina para los fans, pero que no deja de recordar demasiado a El Jueves. Aunque aquí no tenemos a los personajes habituales de los autores, sino a un desfile de chistes malos ilustrados y reflexiones de toda índole alrededor del humor, el humor español, el de leperos, Jaimito y moscas en la sopa. Se agradece mucho ver a algunos de estos maestros en otras facetas nuevas, y la inclusión en el invento de textos, pasatiempos, cromos y hasta un mosca de plástico; aunque algún autor se ha limitado a hacer exactamente lo mismo de siempre, unas páginas perfectamente intercambiables con la revista El Jueves, otros experimentos, como lo de Rubén Fdez., el glosario de ilustraciones a partir del chiste de la mosca en la sopa, la entrevista chiflada a Alcázar, los "reportajes" ilustrados con carácter reflexivo e informativo... En general todo sorprende y está a la altura de lo que se esperaba de sus autores. Muy simpático todo. Destaco también la portada de Monteys, la historieta apaisada de Carlos de Diego o el artículo de Tones y Guitián, entre mis favoritos.

Martes, Hunyo 14, 2011

La legendaria rebelión de los fumadores (Julio Fuertes, 2011)


Paseaba por el Centro esta tarde con muchísima urgencia de sentarme en una terraza a tomar una horchata y leer al sol, pero no llevaba papel encima; así que entré en una tienda y compré algo ligero y barato, esto, con un envoltorio además muy simpático. Cometo el error de mirar la foto del autor, y me encuentro con un muchacho con perilla y pendientín, evitando la cámara, nacido hace veinte años y pico. Pero ya no hay marcha atrás, y llevo un rato leído de esto. Consulto a ver quién es éste, y descubro que lo que he comprado se vende en el C.S.A. La Tabacalera, y que el vivaracho autor se relaciona con quien yo me temía. Pero no haré sangre. La novelita, formato serie blanca de Barco de Vapor, va sobre un canallita de ventipocos que fuma y el resto se la suda; que le ponen sms las chavalas con tetas grandes y le roban besis, quiere dejar a su novia, que se fuma las clases de la Facul y a veces queda a fumar algo por Malasaña, y a veces no, porque pasa. Si total... Se lee en dos caladas y te quedas igual, menciona a Bill Hicks, a Bolaño, a Kurt Cobain y a Bukowski con desgana, porque mola, porque psché. Y así. Un panfletín post-romántico con más o menos las letras en su sitio, con correcciones ortográficas, sin ideas, y muchísimo menos interesante que mi diario de cuando tenía 22 años, al menos para mí. Pero bien canallita todo, claro que sí.

Snuff (Chuck Palahniuk, 2010)


Estaba esperando a que saliese "Snuff" en bolsillo, porque cada nuevo desembolso por material de Palahniuk se me hace más absurdo y doloroso. Pero al menos aquí está breve, directo y obsesionado con las imágenes mentales feas y truculentas, y me ha entretenido bastante. Aquí Chuck nos sumerge en la trastienda del porno, a través de cuatro personajes que comparten sudores en un viejo almacén en el que está teniendo lugar el rodaje de un gang-bang que pretende batir el récord mundial: 600 maromos pasándose por la piedra a la estrella para adultos de capa caída Cassie Wright. La narración avanza a trompicones, incómoda, con los cuatro protagonistas y narradores pasándose la patata cada pocas páginas: una es Sheila, la coordinadora de actores del evento, fría, cínica y experta en el arte de recoger condones chorreantes del suelo y lidiar con seres ciclados de otros sexos; Número 52 acude a la llamada de la mega-corrida como joven mitómano confeso, convencido de que la meretriz es su madre, que lo dio en adopción al nacer; de Número 137 iremos sabiendo cosas según avanza la historia, pero a priori es un tímido y atlético fan que lleva un perrito de peluche repleto de firmas de estrellas del cine, que terminará también empapado en pises y restos anaranjados del catering; y Número 600 espera su turno para rememorar viejos tiempos junto a Cassie, mientras se observa copular en cientos de viejas películas con la homenajeada, en las pantallas que animan a los presentes. Un almacén lleno de locos en calzoncillos medio empalmados, cuatro personajes tratando de encontrar su lugar en la fila y los rumores acerca de la maternidad secreta de Cassie, van haciendo avanzar la trama, salpicada de rumorología, ingente información tonta sobre la industria del porno, el cine y los actores muertos en acto de servicio. Una obra claustrofóbica y purulenta, cargada de la mala leche y el humor negro habituales.

Lunes, Hunyo 13, 2011

Mars needs moms (Simon Wells, 2011)


Fantástica superproducción de la Disney que insiste en esa técnica de animación extravagante de la captura de movimientos. Un paso más allá del viejo rotoscopiado que daba tanto miedo y era al mismo tiempo tan fascinante (ahí quedan para la posteridad las obras maestras de Ralph Bakshi o los Fleischer, o fallidos experimentos recientes como "A scanner darkly"), la captura de movimientos es eso que nos explicaron en los Simpson, que consiste en ponerle a Homer un traje y ver cómo un simpático perrito digital realiza todos sus movimientos, convirtiéndose en algo así como un dibujo animado en tiempo real. En esta ocasión han perfeccionado el asunto, llevándolo un paso más allá de la fría "Polar express" y acercándolo a los pitufines de "Avatar", pero en un estilo cartoon y puesto al servicio de una historia fanta-científica excelente. Los fans de "Monster house" estamos de enhorabuena, porque esto es un "Monster house" trans-galáctico, ciencia-ficticio y maravilloso. La historia es muy sencilla: Milo es un chaval quejica y respondón, y una noche manda a su madre a freír gárgaras, y de pronto la Providencia (en un giro que recuerda a "Solo en casa"), en forma de marcianos, hace que ésta es abducida por los extraterrestres. Milo se cuela sin querer en la nave, y llega al Planeta Rojo, donde conocerá a otro humano que viajó años atrás para salvar a su madre, que ha hecho suya la avanzadísima tecnología marciana, y que ayudará al crío a rescatar a la vieja. Como esto es Disney, es inevitable que hasta cosas tan jodidamente perfectas como "Wall·E" tengan un lado malo, y que todo parezca un vehículo de una iglesia baptista para reeducar a los niños con corrección política, y descuidando la diversión en muchos momentos. Aquí el mensaje está en que hay que querer mucho a mamá y ser bueno y tal, no sea que te arrepientas de cualquier cosa que le digas (lo cual es una verdad como un templo, y a mi mamá yo la quiero mucho y espero poder decírselo en MI lecho de muerte). Pero el resultado es mágico, sorprendente, brutal, incluso visto en 2-D, en tele pequeña y subtitulado por un mandril. Lo mejor, sin duda, las caras de los personajes, que creo que son las mejores facciones, gestos y movimientos que recuerdo haber visto en la animación (aunque sea un poco tramposa; de hecho hay una guerra abierta en La Academia para ver si esto es o no animación), los diálogos son magníficos, el colega humano del niño es simplemente perfecto, los marcianos también molan, y ya que seguimos vivos a esta altura del Progreso, al menos que nos den golosinas como ésta de vez en cuando y parezca que haya valido la pena.

Barbie's washday (Woody Williams, 2011)


Como fan fatal de la stop-motion, y especialmente de obras maestras de la fantasía con muñecajos para adultos como Robot Chicken, Twisted ToyFare Theatre o Action League Now!, me ha hecho ilusión encontrarme esta tarde con esta producción reciente, un divertimento absurdo que narra una escena fogosa entre Barbie, su amiga Cindy y Ken durante el rato de la colada. Stop-motion pura y dura, con un poco de kamasutra de plástico delante de un diorama. Es una pieza para captar audiencia en una web erótica de pago de la productora Cinema Erotique, animada para la ocasión por una productora supongo que inexistente, que ha elegido el simpático nombre paródico de Haardman. Dura menos de tres minutos (ya sabemos que la animación fotograma-a-fotograma es trabajo de titanes), y no va a ningún lado, pero como transgresión está simpático.

The Rocky porno video show (Loretta Sterling, 1986)


Más curiosa que la anterior me ha resultado esta otra pornoparodia de "Rocky Horror picture show", de cuya existencia tampoco sabía hasta esta tarde, y que también he estado mirando un poco por encima. Para empezar, estamos a mediados de los ochenta, paraíso del video desvergonzado. Y (insisto, no sé demasiado del tema) el humor en el cine obsceno de entonces era mucho más sano. Y había más pelo, menos silicona, más ritmo, menos pose, más hombres, menos hipsters ambiguos, más grumo y menos bronceados y artificialidad en general. En esta parodia, la fidelidad con el original brilla por su ausencia. Da lo mismo que los personajes no se parezcan en nada, ni exista maquillaje ni vestuario ni decoración alguna. Tommy y Tammy, que así se llaman aquí los recién casados, naufragan en la tormenta y entran por la puerta de lo que parece ser un bungalow de una zona residencial. Allí les recibe un jorobado con pelucón amarillo que no dice su nombre (tampoco he prestado toda mi atención), y un poco más tarde conocerán a la supuesta mad doctor libertina dueña de la casa, que haría las veces de Frank N Furter, y que aquí se llama Mistress Tantala y tiene dos ubres bien grandes. En la cena conocen también a dos troncos y dos troncas, con nombres tipo Euphoria, Pandora y así, y se van sucediendo escenas en las que se lo van montando en todas las combinaciones y permutaciones posibles, con todo el pelo, grumo y guarrería que corresponde a la época (están por ahí por cierto Tom Byron, Peter North y Marc Wallice, estrellones de la historia del cine para adultos). Hay incluso una escena en la que la Tantala se bebe el jugo vital que el jorobado deposita en una copa, hay anales, juguetes y cosas así. El parecido con el original se limita al cartel, a ciertos detalles minúsculos del argumento y... ¡a la música! Esto sí que me ha encantado de la parodia (y es de las cosas que más gracia me hacen del poco porno ochentero que conozco). La película porno, dentro de lo que cabe, tiene varios números musicales, y la música que suena durante las escenas de acción, en lugar de ceñirse a un deprimente wah-wah sobre casiotone, sigue la melodía de las canciones de RHPS o de los Munster. Y la cachonda canción inicial (que en realidad adapta Sweet transvestite, la quinta o sexta que suena en el original) es realmente simpática. Alguien debería hacer un recopilatorio con todas estas canciones, con letra y música, compuestas expresamente para el cine porno ochentero. Ah, y todo termina en una alocada orgía.

The Rocki Whore picture show (Brad Armstrong, 2011)


No entiendo nada de porno, ni es un asunto en el que piense más de veinte minutos semanales, pero intuyo que la Red, las descargas, el marketing viral, el usuario medio de la tecnología moderna y la creciente friquicracia (el zeitgeist ése dichoso), han hecho que las únicas producciones que mantienen a flote la industria son las pornoparodias. Algo de eso debe haber, porque casi cada día me topo con una nueva versión hardcore para adultos de algún producto de consumo masivo. La última ocasión la he tenido esta tarde, y me he tomado unos minutos para revisar esta reciente versión sicalíptica del clásico inmortal "The Rocky Horror picture show". Es de este mismo año, y no se diferencia mucho del resto de parodias contemporáneas con las que me cruzo: larga duración (esto pasa de las dos horas y media), humor subnormal, mujeres de plástico, escenas sin desnudos más largas de lo normal (para poder fabricar y distribuir material sfw en todas las redes sociales, supongo) y sobre todo un afán mimético que tira de espaldas. En esta versión tenemos al narrador, desde su despacho en algún lugar del mundo real, desde el que nos enseñará, por ejemplo, los pasos del Time warp (en la versión original, claro). Tenemos al jorbado de voz cavernosa, que aquí se llama Stiff Staff. A Frank N Beans (tremendo, imitando igualmente la voz y la mirada de Tim Curry de forma brillante) y a Rocki, la criatura. El propio director hace de Freddie, el remedo de Meatloaf motorizado y que toca el saxo, que aparece faenando ya casi desde el principio. Y hay un montón de freaks bailongos, una tormenta, un castillo en mitad de la nada, y unos decorados y vestuario clavados, dentro de lo que cabe, de la versión original. Pero, por supuesto, todo es una excusa para colar largas escenas de mete-saca. El argumento, por supuesto, da lo mismo. El propio argumento del original es suficientemente lujurioso como para que la excusa explícita surja sola. Aquí hay un polvo incluso antes de que Brad y Janet se bajen del coche. Y todo termina en una alocada orgía. Sin sorpresas.

Linggo, Hunyo 12, 2011

Red Hot Skate Rock ( Robert S. Douglas, 1987)


Si hay alguien en este mundo que merece que le escupan en la cara el bartsimpsoniano "tú antes molabas", son (con permiso de Aerosmith) los dichosos Red Hot Chili Peppers. Convertidos desde hace 10 años en una parodia de los Carpenters que reniegan de todo su glorioso legado anterior a "Blood sugar sex magik", es importante recordar de vez en cuando que en su rebelde juventud estos cuatro locatis eran una trituradora sexy que recogía lo mejor de Funkadelic, la Sly Family, Bo Diddley o Motörhead, y lo vomitaba en versión arrolladora, berserker y cachonda. Aquellos tiempos sepultados en el olvido de Fight like a brave, True men don't kill coyotes, Organic anti beat-box band, Out in L.A. o Love trilogy, uno de mis recuerdos felices. El abismo entre Me and my friends y My friends es insondable, incomprensible, triste. Incluso Aerosmith, desde el pozo hediondo en el que llevan décadas enterrados, tuvieron los santos cojones de publicar "Honkin' on bobo"; pero estos nada, ahí siguen (¿siguen?) venga a hacer el ridículo disco tras disco. Vale que entre medias están la heroína o el cadáver de Hilell Slovak. Que tuvieron nenes, empezaron a compartir escenarios con INXS o quien fuera, pero qué manera de abandonarse, de insultar a sus fans de los primeros años. Este VHS, recuperado en 2002 en forma de DVD, recupera una de las primeras filmaciones que existen de RHCP sobre las tablas. Todavía estaba Slovak ahí. Flea está completamente loco. El antiguo batería, como se llamase, en su correcto papel de batería ni siquiera sale en las imágenes. Y Kiedis ya era un mito sexual y artístico, pero por suerte aún no lo sabía. Aquí está contenido lo mejor de los RHCP, lo que nunca debieron dejar de ser. Con 8 cortes de su mejor repertorio ochentero, sin pausas, incluídos homenajes a AC/DC, Hendrix o los propios Funkadelic. Antes de aprender a fingirse a sí mismos. Parte de la gracia del concierto, además, está en que el show fue organizado por Vision Streetwear, y tuvo lugar durante una exhibición de skate, con el propio Tony Hawk a la cabeza patinando en un doble half-pipe montado justo delante del escenario, un lejano antecedente del Vans Warped Tour. Si algo valió la pena de los 80, fue este concierto y no los Chiripitifláuticos de los cojones.

Todo por una chica (Nick Hornby, 2007)


Lo más sorprendente y brillante de esta novela, es que Hornby la escribe, en primera persona, a través de un skater de 16 años, que vive en una ciudad satélite de Londres soñando con emular algún día a su ídolo Tony Hawk. Sam tiene 16 años, una madre soltera de 32, un monopatín y un póster de Hawk, al que habla por las noches y le pide consejo. Una tarde, su madre le lleva a una fiesta, y le presenta a la hija de un compañero de trabajo, Alicia, de la que se enamora profundamente, como solo un adolescente granulento se apasiona por algo; se introducen mutuamente en el trepidante mundo del sexo, y al cabo de unos meses se separan y Sam sigue a lo suyo, con el patinete. A partir de este momento, a Alicia le crece en el útero un pequeño problema para los dos chavales y sus respectivas familias, y el asunto se transforma en un cruce perfecto entre "Juno", Little Britain y un conmovedor cuentecito de Paulo Coelho para niñas pijas. El talento de Hornby para desarrollar una novela supuestamente escrita por y para adolescentes es admirable, y los diálogos son contundentes e hiperrealistas. Las metáforas, las reacciones y algunos de los secundarios alejan la historia, sorprendentemente, del plano disuasorio que cabría esperar en una novela de embarazo adolescente, y la sumerge en la de la reflexión cínica e inteligente. Y también se agradece y te atrapa el recurso fanta-científico (el póster de Tony Hawk, en un par de ocasiones, transporta al protagonista al futuro, donde se ve atrapado en su propio cuerpo en una situación que desconoce y le abruma). Lo que le pasa a esta novela es que este chaval está tan bien traído y se parece tanto a los chavales de su edad del mundo real... es tan pazguato, pusilánime, irresponsable, pasota, inútil, que dan ganas de espabilarle con el cinto, y seguir sus disgresiones desespera bastante. Pero al mismo tiempo engancha. Me quedé con ganas de más, la verdad. Bien bonita.

Biyernes, Hunyo 10, 2011

Rage Against The Machine - Live PinkPop Festival 1993


Rage Against The Machine son una banda tan grande que a veces me parece increíble que existiesen. Me torturo cada vez que pienso que nunca fui a verles en directo, me torturo como si hubiese hecho algo malo al excusarme las dos veces que me pasaron una entrada por delante de las narices. Va a hacer 20 años desde que se publicó el primer disco, homónimo, de RATM, el del monje Thích Quảng Đức prendiéndose fuego en la portada, y los libros prohibidos y el enorme "Fuck the P.M.R.C" en la contra. El de "Freedom", que me voló la cabeza. Un disco inclasificable, a años luz del chándal-metal, del hip-hop combativo y de todo, un disco que inventó un género que no se ha vuelto a explorar. Filosofía, política, bofetadas en la cara, anarquía, terrorismo, desobediencia, funk, folk, punk, hardcore, hip-hop, electrónica, el espíritu de Víctor Jara, de Nietzsche, de Al Qaeda, del Che Guevara, de Goebbels, de Springsteen, de Dylan, de Proudhon, de Bakunin, de Woody Gurhrie, de Unabomber, de Toro Sentado, de Emiliano Zapata, de Hendrix, del Ejército de los Sintecho, está todo ahí dento. Y con una contundencia como no se había visto jamás. Me parece increíble que este grupo existiera, decía, porque no te imaginas a estos cuatro monstruos, agitando a cien mil personas como un tsunami balancea una brizna de hierba, con esos espasmos y esa violencia sonora, ensayando con 16 años en un local de su barrio, o componiendo sus canciones sentados en una acera. Yo fantaseaba con la idea de que Zack de la Rocha y Tom Morello fueran un producto de la experimentación humana, diseñados por un activista loco y entrenados en campamentos de la CIA. Desde los 14 años, cada vez que escucho su primer disco, o cualquiera de los otros, me dan ganas de matar eurodiputados a puñetazos en la cabeza, con los nudillos, de entrar en un plató de Telecinco en directo con una recortada. Me limito a hacer el imbécil en calzoncillos por toda la casa, y ponerlo una y otra vez, muy enfadado y despilfarrando adrenalina.
En cuanto al concierto en sí, uno cualquiera de sus performances perfectas, mecánicas, con un Zack de la Rocha desquiciado arengando al Pueblo, Tom Morello haciendo sus cosas de androide con su máquina de matar fascistas eléctrica, y Brad Wilk echando humo por la espalda como un semidiós de lava acelerando el ritmo de rotación planetaria.

Huwebes, Hunyo 9, 2011

Paul (Greg Mottola, 2011)


El dúo de orfebres del entretenimiento formado por Simon Pegg y Nick Frost acaban de regalarme otro momento mágico delante de la gran pantalla del Roxy C. En este caso, la cosa va de nerds, literatura de ci-fi, Roswell, un marciano cachondo de cgi, rednecks, hombres de negro y kilómetros y más kilómetros de carretera a través del desierto, desde la Comic-Con de San Diego hasta la Torre del Diablo de Wyoming en una autocaravana. Si "Shawn of the dead" se convirtió al instante en mi comedia de terror favorita de todos los tiempos (con permiso de Fronkonstin y la Noche de guardia de Chris Peterson), y "Hot fuzz" en la mejor comedia de suspense jamás rodada (desbancando a "Un cadáver a los postres"), debido al cóctel de referencias, gags y escenas de acción en paraíso fílmico-sentimental ideal, "Paul" está a la altura, y se pone a la cabeza del subgénero de parodias de alienígenas y conspiraciones. Clive y Graeme (Nick y Simon) son respectivamente un escritor de ciencia-ficción británico y su mejor amigo e ilustrador, que están de visita en la Comic-Con, y aprovechan para saciar su curiosidad dándose una vuelta por el Área 51. Y de pronto se topan con Paul (le pone la voz Seth Rogen), un simpático marcianito que lleva 60 años en la Tierra escondiéndose de los humanos, está hasta los huevos y necesita ayuda para alcanzar el punto de recogida para volver a su planeta, antes de que le agarren los Hombres de Negro y se le cepillen. A partir de tan simple argumento, a la road-movie se van sumando personajes, como una fanática religiosa tuerta (¡Kristen Wiig!), su padre el paleto de gatillo fácil, una pareja de peones de la CIA, un pez gordo a su cargo, una vendedora de souvenirs marcianos local, dos marrulleros de bar de carretera, una anciana testigo de la llegada de Paul hace 60 años y tomada por loca... Pegg y Frost cuentan para esta aventura con la complicidad de un buen puñado de cómicos yanquis de última hornada, del SNL o alrededores, como el propio Rogen, Bill Hader, Kristen Wiig, el gran David Koechner o Jason Bateman. Y de paso se zambullen en una catarsis de guiños, roles secundarios y cameos de astros norteamericanos del fandom, de Spielberg a Sigourney Weaver, entre otros. Como siempre, las mejores bazas de la pareja creativa/protagonista son su propia vis cómica y la arrolladora química entre ambos, y un goteo incesante de humor inglés, college humor, acción, ternura, tensión, armas de fuego y explosiones. Qué ganas tenía de verla, y qué a gusto me he quedado.

Bad Brains: My picture at the movies, baby (Nicola Lanzenberg)


Los Bad Brains son una de las bandas de hardcore-punk más interesantes de la historia, principalmente debido al hecho de que eran cuatro elegantes negracos meando fuera de tiesto, haciendo rock rebelde, político, guitarrero, sucio, en lugar de ceñirse al funky o al gospel como marcaba el guión. Con el paso de los años, de hecho, los Bad Brains se fueron sumergiendo poco a poco en el terreno del reggae hasta morir asfixiados en su propio pastiche jamaico-metalero infumable. Pero en los primerísimos años de su carrera eran pura energía purulenta e indomable, que llevaban a escena vestidos de manera impecable, con tuxedos y pantalones de tweed. Como refleja este documento de su paso por el CBGB en 1979, donde vemos a Paul Hudson con unos espasmos dignos de James Brown. El video tiene una calidad bastante decente, y el conjunto es muy hermoso, intercalando, entre canción y canción, breves filmaciones callejeras de la época, de los alrededores del CBGB o del asqueroso metro subterráneo del Nueva York de los años setenta, escenas que le dan al conjunto un toque de sitcom muy acogedor.

Botinada. A origem do punk no Brazil (Gastão Moreira, 2006)


Impresionante documental que narra la explosión punk en los barrios de São Paulo y alrededores a finales de los años 70. A la sombra de la figura de Sid, los Ramones y pelícuas como "The Warriors", entre la juventud brasileña surgieron como setas bandas de salvajes promulgando el caos y o fim do mondo. M-19, Restos De Nada, Ulster, Condutores De Cadáver, Cólera, Passeatas, AI-5, Psykóze, Camisa De Vênus, Raimundos, Garotos Podres, Joelho De Porco, Banda Do Lixo, Olho Seco, Dust, Ratos de Porão, Anarkólatras, Hangar 110, Fogo Cruzado, Inocentes, Replicantes, Espermogramix o Pupilas Dilatadas son solo algunos de los grupos de punk sucio, a imagen de las bandas británicas, que surgieron en torno a las favelas. Con una sucesión interminable de imágenes de archivo, que muestran tanto a las bandas en acción como impagables escenas de altercados o aglutinamientos de punkinhos alrededor de los grandes eventos (históricamente se recuerdan el concierto en el Gallery y el macrofestival en el SESC de Pompeia que terminó con fuertes disturbios, ambos en 1982), subrayados por intervenciones de todos los implicados imaginables, a un ritmo frenético, y adornado puntualmente con efectos e infografía de lo más punk. Los gurús del movimiento, los primeros discos colectivos ("Grito Sub", "Lixomania"), publicaciones, los barrios más agitados (Vila Carolina), los pioneros de la radio punk... Un paseo asombroso y completamente desconocido, que he recibido alborozado y haciendo anotaciones, como si asistiera a la radiografía de una tribu urbana de Saturno.

Billy the Kid vs. Dracula (William Beaudine, 1967)


Un imponente y elegante europeo con barbita de chivo (John Carradine) acaba de llegar a la aldea de Rocksberg. La caravana en la que viajaba ha sido asaltada por los indios, pero el misterioso y desgarbado forastero consigue escapar en mitad de la refriega transformándose en murciélago y agitando sus alas de cartón piedra, portando, de paso, la documentación robada a uno de sus compañeros de viaje: un terrateniente tío de la hermosa Betty, a la sazón novia de un adulto y reformado Billy el Niño. No lleva ni media jornada en la pensión local, cuando aparece el primer cadáver, una guapa jovencita también de origen eslavo. No es de extrañar que sus padres desconfíen del recién llegado, y extiendan por el pueblo supersticiones relacionadas con chupasangres, espejos, estacas y ajos. Billy no tiene más remedio que trabajar a las órdenes del sospechoso de vampirismo, de quien desconfía, como practicamente todo el mundo menos Betty, encantada de la vida de conocer por fin a su tío. Hasta que la pobre joven no amanece con cuatro agujeros en el cuello parece que ni se plantea que todo lo que sucede alrededor de este tío tan raro pueda estar relacionado con él. Una historia estupenda, de apenas hora y cuarto, llena de misterio, puñetazos, tiros, persecuciones a caballo, indios, vaqueros y efectos especiales salchicheros. Me esperaba una cosa infumable, y sin embargo tiene un ritmo endiablado, es muy entretenida y recomendable para un sábado por la mañana.

Miyerkules, Hunyo 8, 2011

I'm not there (Todd Haynes, 2007)


Profundamente decepcionado ante este biopic artie y ambicioso, que recrea los episodios más conocidos de la(s) vida(s) de Dylan, que ya hemos visto y conocemos de memoria (y quien no, que se empape de la obra maestra de Scorsese, y no se acerque a esto ni con un palo); pero en lugar de acudir a los originales, son remedados por actores, en ocasiones calcando exactamente las imágenes de archivo. A través de 6 actores diferentes que dan vida al personaje de Dylan en diferentes periodos, el director juguetea con la realidad y una realidad ficcionada, enfatizando mediante símbolos y nombres diferentes de los personajes el carácter huidizo y poliédrico del supuestamente homenajeado. El resultado me ha parecido una pantomima innecesaria y bastante absurda. Al margen de la historia narrada, que como digo me parece bastante bobo recrearla como si fuese un finde de re-enacting, y que casi todos los dylans son estomagantes y estúpidos, en el fondo entiendo que lo único que pretende esta película es multiplicar la leyenda, la confusión y no dar respuestas, sino disfrazarlas y adornarlas con mucha payasada. Me ha dado un montón de rabia. Lo único que salvo es a Cate Blanchett, y el hecho de que sean los propios actores los que interpretan las canciones, con resultados diversos; porque los biopics en los que el actor mueve la boca y suena el original me dan todavía más rabia, y algunas versiones, aquí, son curiosas y valientes. Pero sigo sin entender nada de esto. Esnobismo puro y tontada. Y encima mi copia estaba doblada, con lo que el disparate era incluso ofensivo. Un abrazo, Boyero, que seguro que estás conmigo, abuelo.

Las huellas de Dylan (Fernando Merinero, 2006)


Reviso este estupendo documental en La2, que lo emiten celebrando los fastos del 70º cumpleaños de Bob Dylan. Es una película muy sencilla, construida a partir de declaraciones de un puñado de fans anónimos o famosos (Sabina, Carbonell, Aute, Moncho, Mercader, Manrique, Ordovás, la Rosenvinge, los teleñecos de Amaral, y así unos cuantos más), con un montaje mínimo, alternando las entrevistas con el ambiente de un inminente concierto del astro de Minesotta en Granada. Dylan no sale en este documental de Dylan (bueno, siendo ecuánime, se le ve de espaldas durante un par de segundos, con un sombrero de cowboy, entrando en lo que parece la roulotte de catering), apenas se muestran un puñado de fotos y suenan cinco o seis canciones. Sin embargo, a no ser que uno no soporte el entorno cansautoril español (o a alguno de los entrevistados que salen todo el rato) y las canciones protesta que cambiaron el mundo para siempre, resulta interesante, creo, incluso para el aficionado casual. Los interceptos rajan por secciones sobre su carácter, anécdotas y lo poco que se sabe de su vida pública o privada, dando forma a una radiografía sentimental aproximada tanto del fandom dylanita como del propio interfecto. Muy entretenido y emocionante todo.

Martes, Hunyo 7, 2011

The best of FVA compilation (2011)


FVA (Funny Videos Archives, no confundir con la Federación Valenciana de Airsoft) es un rincón en Youtube dedicado a recopilar, obviamente, videos graciosos. Concretamente, hostias espontáneas capturadas por lo que antiguamente se llamaba "videoaficionado", y ahora somos todos. Ver piezas breves, o mejor aún largos recopilatorios de gente chocando, cayendo, sufriendo, es uno de mis pasatiempos favoritos, y el de Homer Simpson. Es algo muy viejo, y ya desde antes de la llegada de las cadenas privadas teníamos programas en la tele nacional dedicados a coleccionar, mostrar e incluso premiar a aquellos intrépidos reporteros amateur que capturaban los mejores topetazos y momentos vergonzosos en bodas. Los tiempos avanzan, y aparte del hecho de que ahora en todos los rincones del mundo, palmo a palmo, hay permanentemente diez o doce microcámaras enfocando al mismo tiempo, es también el pan nuestro de cada día grabarse cada uno a si mismo en casa, o tener la webcam encendida 24/7. También se ha abierto el espectro de accidentes posibles. Ya no solo hay leches en monopatín contra bordillos o bebés que tropiezan al ir a coger una pelota, sino que se han puesto de moda disciplinas tan propicias al slapstick involuntario como el parkour, la Wii, los concursos de emborracharse salvajemente y hacer el cafre, o directamente emular a ídolos televisivos post-11S como Jackass o Dirty Sanchez. Y cada día se inventan disciplinas nuevas. Otra cosa que ha traído la globalización es que hasta un chaval de 8 años tiene acceso a una cámara para grabarse a si mismo tratando de atravesar una pared con los dientes sin éxito. Este tipo de pasatiempos solitarios son los más divertidos, mis favoritos, porque la cámara queda impertérrita, y además del hostión asistimos a la reacción siguiente, a la impotencia y desesperación del joven idiota.
Pero lo mejor de todo de este tipo de recopilatorios es cuando están en crudo, exentas de toda música o efecto de sonido. Los programas de máxima audiencia tradicionalmente acompañaban los trastazos con yaketi-sax, claxons, sirenas y sonido de muelles, como para amortiguar y eludir el hecho de que probablemente ese chaval que "se fue por el barranquillo" pasó después varios meses en coma y su familia quedó completamente destruida. Como si el hecho de que una caída en bici desde el tejado de un edificio sobre una pila de cristales, al culminar con una bocina y repetirse tres veces, la convirtiera en un dibujo animado. En crudo, sin argucias, estos recopilatorios se convierten a veces en pruebas de fuego para el espectador, son a prueba de amas de casa. Aunque en este caso concreto las hostias son en general para todos los públicos.
FVA recopila en este video 20 minutos de gloriosa basura blanca norteamericana haciendo el gilipollas en sus zonas residenciales. Me gusta observar no solo la acción, sino el entorno, e imaginar las consecuencias de cada accidente. Y el nivel de lo que aquí tenemos es fabuloso, una criba excelente, y no hay un solo segundo de metraje que no merezca haber sido grabado. Diversión asegurada. Por cada hueso ajeno pulverizado se me escaparon dos o tres carcajadas, que dicen que es muy sano.
Por favor, por lo que más quieran, sí intenten hacer esto en casa, grábenlo y me lo pasan.

Ultimate Avengers (2006) / Ultimate Avengers 2 (2008)


Cómo todo entusiasta del tebeo de superhéroes, miro con recelo, con terror casi, todo intento de traslación a otras disciplinas. En los últimos 100 años, apenas ha habido un par de adaptaciones de cómic a dibujos animados que fueran más o menos dignas, que tuviesen un planteamiento original y sorprendente: el Batman de Paul Dini y Bruce Timm, y el Superman de los Estudios Fleischer en los 40. Esto ya lo sabemos todos. Otra cosa es que a mi me guste el saturday morning cartoon estándar, y disfrute con la serie animada de X-Men de la Fox de los primeros noventa, aunque solo sea por su influjo pop y por ver moverse por primera vez a Lobezno, Gambito o Longshot. Y lo mismo con la de Spider-man de esa misma época, que aún siendo clásica animación intercambiable, le tengo cariño. Pero, por alguna razón, no existe practicamente ninuna diferencia entre los dibujos animados de trazo realista de los sesenta y los de ahora. Estas dos películas, basadas en el reseteo de la franquicia vengadora llevado a cabo por Mark Millar, no se diferencian visualmente en nada de la serie y película de G.I. Joe: A real American hero que veía de pequeño, por ejemplo, a la que no paraba de remitirme. En nada. Incluso, sale perdiendo, sin el doblaje sudacastellano. No sólo los dibujines y los movimientos son exactos, como si los llevase haciendo el mismo equipo de chinorris esclavos atados al mismo pupitre en el mismo almacén clandestino de Macao, que no han parado desde Birdman and the Galaxy Trio. Además, no soy nada fan de los Ultimates, incluso les tengo un poco de rabia, así que ni siquiera entiendo por qué estuve viendo estas dos películas seguidas y se impusieron a mi siesta, con esa orquestación estándar y la biblioteca de efectos de sonido de los años veinte.

Fleet Foxes - "Helplessness blues" (2011)


A veces me empapo un poco de actualidad musical, para poder burlarme con conocimiento de causa de lo ignorantes y lamentables que son los grupos modernos, las bobadas que hacen los jóvenes. Del más reciente atracón, entre lo poquísimo que ha llamado mi atención están estos Fleet Foxes, que acaban de sacar un segundo disco y les llueven los laureles, después de su estupendo estreno self-titulado, que era muy divertido y mirando a los Apalaches (White winter hymnal es el tipo de canciones que me obsesionan). Han pasado mi primera criba, y he escuchado su disco más de una vez. Hacen una especie de folk renacentista a varias voces, con guitarras acústicas y percusión minimal, y alguna frase de viento exótico (Bedouin dress) e incluso enloquecido (The shrine/An arguement, donde casi rozan el free-jazz lisérgico), muchos ecos gregorianos y textos poderosos. Son cinco jipis barbudos de ventipocos, y el frontman presume de chifladito, con lo que ya tienen un poco de background con el que alimentar a la prensa. Su referencia más cercana es su idolatrado Neil Young (son de Seattle), aunque carecen de su genio, el registro vocal es muy cercano a éste. Aunque a ratos me recuerdan a Jefferson Airplane (The plains/Bitter dancer) o a Simon & Garfunkel (Sim sala bim, Blue spotted tail). En fin, una banda simpática, al menos alejada del post-rock post-noise post-pose tan desagradable del indie. Ese bosque mitológico al que me han arrastrado me ha dado ganas de escuchar a Gorky's Zygotic Mynci, que me gustaban más. Porque eran de mi época. Si es que esta juventud no tiene ni idea, bla bla...

Lunes, Hunyo 6, 2011

Eddie Vedder - "Ukulele songs" (2011)


El truhán de Pearl Jam sacó la semana pasada al mercado un disco en solitario, pero en solitario solitario, forever alone Eddie y un ukelele, una guitarra de juguete (¿roto?), dándolo todo. Con su voz desgarrada y emocionada, sin que falten sus característicos gorgoritos y ecos prolongando el quejío. Pero esta vez sin electricidad, ni percusión, ni nada. Eddie aferrado al microinstrumento, va dando cuenta una tras otra de 16 canciones. Y a estas alturas de la vida, perdida toda esperanza en todo, de pronto con este disco Vedder me ha convertido en su fan número 1.
Al principio me daba un poco de risa el asunto, porque a Pearl Jam nunca me los tomé en serio y Eddie es como un colega pesao al que evitas, tiene un poco cara de pánfilo. En el colegio contábamos cosas muy graciosos sobre él, era como un chiste recurrente, porque éramos más de Nirvana y todo eso, pero en fin, ahí están sus discos, un cacho de década en rebanadas. Y no había vuelto a saberse nada practicamente de Pearl Jam, su tren pasó hace quince años. Pues ahora parece que PJ quieren volver con fuerza y echar unas meadas territoriales, y como anticipo Vedder edita esto: un disco de canciones varoniles con guitarrica. Anonadado y emocionado me hallo. Hay que tenerlos cuadrados. Y la verdad es que engancha. Es honesto de cojones, te imaginas a Eddie Vedder pidiendo en una esquina y dan ganas de echarle unas monedas, por majo. No, en serio, me ha gustado mucho esto. Claro que yo me puedo tragar horas y horas de Tiny Tim, a lo mejor no es plato de buen gusto para todos.
Empieza además con un tema cafre (es un decir, porque todo el ruido que se puede sacar de un ukelele es nada), versión de un corte de uno de los últimos discos de los propios Pearl Jam, y tiene por ahí a la deliciosa Cat Power cantando en un tema, una versión de Sleepless nights de los Everly Brothers a dos voces y otra de Dream a little dream of me para cerrar elegantemente. Solo algún pequeño arreglo de cuerdas y voces, el resto es puro minimalismo que a mi no me remite exactamente ni a Hawaii ni a Seattle, sino a un sitio muy raro, porque me he quedado como el de la portada.

The Oprah Winfrey Show finale


El pasado 25 de mayo (Santa Opulenta) se despidió de todas las amas de casa analfabetas del mundo Oprah Winfrey, después de 25 años erre que erre dando lecciones a la peña todas y cada una de las sobremesas del año y arbitrando peleas ficticias. Y yo no quería perderme semejante acontecimiento. Lo he ido dejando pasar, me he hecho el loco e ignorado largamente el .avi que tenía en el disco duro desde entonces, pero por fin esta tarde he decidido ser testigo de este importante episodio en la Historia de mi país... euh... esto...
Pues el gargantuesco farewell spectacular ha sido una decepción tan grande como el pandero de la über-suripanta. Esperaba un carrusel de números musicales, un desfile de majorettes negritas en cueros sobre elefantes, tragasables, carcajadas y sorpresas inconmensurables. Pero la señorona ésta, tan henchida y conservadora que el Cinturón de la Biblia no le abarcaba la cintura, se ha dedicado a rajar, y rajar, y rajar, imperturbable ante una audiencia de milfs clónicas, formales, sonrosadas y aplaudiendo cuando les decían, como un solo ente. Oprah se presentó sola en un plató que ofrecía imágenes de sí misma detrás todo el rato, y se limitó a disciplinar a la audiencia. A enviar fuerzas, a recordarnos que todos tenemos una luz interior y que hemos sido llamados por el Creador para hacer algo grande en este mundo, y mensajes así por el estilo. Sin un coro de gospel detrás ni nada, sin un solo "¡hallellujah!" espontáneo del público, bajo un silencio sepulcral solo roto por el aplauso y un arpegio de guitarra que cada tres minutos daba paso a los anuncios, Oprah daba su catequesis con un vestido rosa. Solo de vez en cuando, muy de vez en cuando, echaron algún clip antiguo con los mejores éxitos de sí misma dando la brasa en flashback a un transexual o un handicapado. Brevísimas imágenes del archivo de 25 años que no sumarían ni un minuto en total. El resto, Oprah en la palestra.
—¿Puedo ir a hacer pis, seño? —interrumpe de pronto una espectadora del profundo Wisconsin.
—¡¡¡NoooOOOOOOOORRRRRGH!!! ¡¡¡¿¿Con quién crees que estás hablando, hija de mil putas??!!! —responde Oprah Winfrey, lanzándose al cuello de la hereje...
No, es coña, esto no pasó. Ojalá. No pasó nada. Bueno, exactamente en el minuto 30 de emisión, la voz de Oprah se quiebra por primera y única vez, y le sale uno de esos Gemiditos de Oprah ensayados a diario durante 25 larguísimos años. Y en el minuto 40 baja del escenario, y se pasea entre los espectadores besando solo a un selecto grupo de negritos. Fin. Suerte que mi archivo no traía anuncios, porque estos 45 minutos de insulsa brasa de la Black Rottenmeier debieron durar aproximadamente tres horas y media.
En fin, me he tragado esto con el corazón compungidito y acariciando un Rosario. Hubiera jurado que leí en algún sitio que en este especial salían Michael Jordan, Eddie Murphy y Chris Rock a hacer un numerito, y resucitaba Richard Pryor para orbitar alrededor del culo de Oprah, pero se ve que todo esto, como las actuaciones musicales, tuvieron lugar en las semanas previas. Así que lo del último día consistió solo en el recitado de ese insufrible panegírico de 45 minutos; no pienso comprobarlo. Lo que sí tengo que decir es que esperaba más lágrimas, más carnaza, y la Condoleeza hinchada ha estado muy comedida, de verdad, eso hay que agradecérselo. Pucheritos, sólo uno. Y yo que había comprado una caja de pañuelos con motivos florales para la ocasión.

Four Color Fear (2011)


Que Diábolo Ediciones esté recopilando (vía Fantagraphics) y traduciendo historietas de terror pre-Code de los años 50 (obviando a la EC que ya la pudimos saborear hace unos cuantos años en formato pobretón), en tomos lujosos a todo color y con un extraordinario dossier al final comentando cada una de las 40 terror tales contenidas, galería de portadas, quién es quién... es para tirar cohetes. Estoy feliz como un bebé con un pianito Playschool. Lo transporto de un lado a otro, lo acaricio, lo huelo, me lo llevo a la cama cada noche y le hago el amor poco a poco, bajo la sábana con una linterna. Planeo construir una casa en el árbol solo para subirme allí en las tardes tormentosas a pasar las páginas y enloquecer poco a poco con estos cuentos ilustrados en vivos colores sobre hombres del saco, sacaojos, zombies, vampiros, crímenes esotéricos y doctores locos. En esta máquina del tiempo en papel y quatricomía están algunas de las primerísimas viñetas sangrientas que se hicieron nunca, salvajemente pintadas por el Estudio Iger, Jack Cole, Wally Wood, Frank Frazetta, Basil Wolverton, Bob Powell, Dick Beck, Al Williamson... Todos esos señores pervertidos con corbata, mayormente judíos, escribiendo desde pulcras oficinas de Brooklyn estos manuales para asesinos en serie y brujas pirujas. Menuda maravilla.

Mindundi (Sergi Puertas, 2005)


Me terminé "Mindundi" un poco como quien se acaba un plato de guisantes fríos, por no dejar cabos sueltos pero sin demasiado interés. Está lleno de imágenes hermosas y frases brillantes, esas mismas perlas que despertaron mi entusiasmo en "Subnormal", pero la trama me pareció insustancial y no podía interesarme menos todo lo que acontece en torno al protagonista. Otro tipo hastiado, conformista y cínico que pasa por la vida como la bola de un fipper, pero esta vez un treintañero con un trabajo idiota que tiene a su madre como insoportable inquilino y que una noche se encuentra con un viejo compañero de trabajo y se van de fiesta, tantean a las adolescentes, se ponen de eme, cuernos, resacas y así, poco más. Demasiado cercano al espíritu "Historias del Kronen", todo demasiado melifluo y vago, avanzando lenta y atropelladamente aunque, insisto, a partir de un buen puñado de imágenes hermosas y verdades que te entran dentro como una pelota de béisbol por la uretra.

Extremoduro - "Material defectuoso" (2011)


Ni siquiera yo mismo concibo por qué me gusta Extremoduro, les tengo un respeto infinito y sigo su carrera con atención. Me desligo por completo de cualquiera de los grupos que se consideran afines, o que surgieron a su sombra. No me interesa el rock radikal vasko, no me vuelve loco ningún grupo que haya escuchado de rock duro español, rock transgresivo dése, ninguno de su quinta (Porretas, SA, Platero, Reincidentes... me son indiferentes) ni nada por el estilo. Y no me acerco ni con un palo a menos de un kilómetro de las charangas de vagos y maleantes que amenizan los botellones y que supuestamente beben de las mismas garrafas que lo hicieran estos, sean rumberos o piesnegros; Delinqüentes y los de su cuerda, todos unos hijos de puta indocumentados. Supongo que todo, sólo, tiene que ver con mi educación sentimental, y el hecho de que mi adolescencia tuvo en "Agila" una especie de revulsivo. Vi a Extremoduro tres o cuatro veces en directo por entonces, e incluso una vez nos encontramos a Robe y a Fito en la cafetería de una gasolinera a la salida de Gernika, y estuvimos charlando un rato con ellos afablemente, porque mis amigos y amigas de toda la vida son muy fans. Visualizo a Extremoduro en algún punto intermedio entre Leño, Albert Plá, AC/DC y Hüsker Dü. Además, tengo comprobado que al margen de sus fans indignados y su lírica de alcantarillado, de desamor, condenas y carretillas de droga, la música de Extremoduro es uno de nuestros productos más exportables, y para un francés escuchar un disco de Extremoduro es tan refrescante como para nosotros escuchar a Louise Attaque, por un buscar un símil que no sé si es del todo válido. Y luego está la clase y el nivel que tienen como instrumentistas, sobre todo ese Iñaki Uoho todoterreno que es inconfundible y de lo mejor que tenemos. Y está Plasencia, y el parque natural de Monfragüe, y mi amiga K. Lo dicho, afinidad sentimental.
Pero basta de justificaciones. Buscando una luna me desarma, y el último disco va de eso, poderoso y enrabietado como siempre, pero también agridulce y melancólico. Son 6 canciones largas (a la espera del nuevo elepé el año que viene), auténticas sinfonías, para las que han enterrado el doble bombo, la cazalla y los berridos pro-amnistía, han sacado otra vez los saxos, los coros, la poesía intensa, y han logrado una producción impecable y hecho uso de una sensibilidad acojonante. Robe Iniesta es de verdad el último poeta maldito, como dicen en la Rolling, un canallita genial al que aprecio y me creo todo lo que me cuenta. No me canso de escuchar estos días este disco a solas o en compañía, me tiene atolondrado y muy contento.

Linggo, Hunyo 5, 2011

Anuncio Videoclip Estrella Damm: el Bulli (2011)


Me tiene sulibeyado, hipnotizado, el último anuncio de Estrella Damm (que es una cerveza española que no le gusta a nadie). Una obra maestra del videoarte. Acompañado de música indie, asistimos a escenas de la vida de tres jóvenes cocineros del mejor restaurante del mundo de España de Catalunya, durante su tiempo libre. Tres apuestos pinches privilegiados y refrescantes, que han accedido a mostrar sus vidas privadas y respondernos a esas preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez: ¿cómo será la vida de un cocinero del Elbulli cuando deja su sufrido puesto de trabajo deconstruyendo zanahorias? ¿Los cocineros del Elbulli sangran cuando les pinchas, cagan, se pajean? Y sobre todo, ¿cuál coño será la marca de cerveza de beberán esos semidioses? Gracias a esta campaña con la que nos están bombardeando esta primavera, hemos tenido acceso, por fin, a todas las respuestas y muchas más. A lo largo de tres trepidantes minutos, les vemos chapotear alocadamente en el Mediterráneo, olfatear rododendros, sacarse el abono del Primavera Sound desinteresadamente, hacer guerras de tartas, compartir algodón de azúcar, fotografiar castellers, cantar al corro de la patata deconstruida en un patio floral de Chaouen, hacer ollies sobre un arcoiris, pasear sin complejos por un mercado de la Boquería lleno de productos alimenticios de primerísima calidad, darse guiños y codazos, diseñar páginas web, ir de compras en Triball, chequearse las Constelaciones Familiares, conducir segways sobre la cresta de una ola del Mediterráneo, darse de comer socarrat unos a otros entrecruzando los brazos entre risotadas, asistir a un evento de Bimba Bosé, implementar y desarrollar ideas, deconstruir informalmente un brunch de comercio justo mientras se pone el sol sobre el Mediterráneo, equilibrarse los chakras, abrazar al director de una financiera tras firmar una hipoteca en cómodos plazos, construir un Jrdunsnsnsngul de Ikea en dos minutos, encabezar una manifa de la AVT, adoptar a un senegalés... Todo es asombrosamente bucólico, indie, mediterráneo y deconstruido. Cada vez que veo el anuncio se me hincha la caja torácica y me abro otra Estrella Duff. Un par de planos, entre una deconstrucción y la siguiente o justo antes del salto de puenting en el Algarve, cuelan alguna escena de la laboriosa, ceñuda e importantísima labor que ejercen los preparados y mediterráneos jóvenes durante su jornada laboral, nada menos que entre los fogones, los tubos de ensayo y los matraces de Erlenmeyer de la cocina del mismísimo elBully, esa Utopía hecha realidad de nuestra rica gastronomía. El mismísimo San Ferrá Adriá tiene un modesto cameo al final de la pieza, descorchando una Duff en dirección a la cuarta pared, y acariciando condescendientemente a uno de sus atribulados aprendices de nigromante cuinario. El anuncio es como el ciclo de la vida, una deliciosa vida virgen extra junto al Mediterráneo, lejos de acampadas de indignados y de las cervezas con sabor a algo. Una obra maestra.

Embrujada (Nora Ephron, 2005)


Observar a Nicole Kidman en silencio es un pasatiempo estupendo. Aquí sale de frente, de espaldas, de perfiles y desde arriba. Sale mucho, todo el rato, y está espléndida, radiante, y luce unos tocados y unos estilismos cheesecake fabulosos y que la hacen parecer cada vez más joven. Observar a Nicole Kidman es lo único que me confirma que no he estado del todo perdiendo el tiempo mientras miraba esto, aunque fuera de reojo. En cuanto a Will Ferrell, siempre digo lo mismo: me gusta más el actor, la persona, que sus personajes. Me quedo sin oxígeno de tanto reír cuando aparece, mensualmente más o menos, en los talk-shows nocturnos, pero de sus papeles cinematográficos solo disfruté, honestamente, con Ron Burgundy y Mugatu. Aunque en casi todas sus películas tiene algunas escenas de lucimiento muy dignas, que a mi me da la impresión de que son morcillas o que se las inventó sobre la marcha en alguna revisión del guión. Creo que la vis cómica de este hombre se agiganta en directo. Me estoy acordando (ya estoy divagando) del reciente evento #beardpocalypse en Conan, cuando Ferrell comentaba una y otra vez, de manera viral, en otros lugares, que la barba de Conan era espantosa, y le retaba a afeitársela en directo. Cuando por fin Ferrell acudió al plató de Conan O'Brien, pasando de hacer promoción de lo que tocara y obsesionado con mondar al panochita, y finalmente cuando le afeita ante todo el mundo del cable... aquella emisión fue un ejemplo de manual de entretenimiento televisivo yanqui al doscientos por ciento. Y divagando un poco más, recuerdo que el día que lo vi, dio la casualidad de que el gag de Ferrell bebiéndose el líquido aséptico azul de barbero, lo volví a ver otras dos veces en pocas horas: en un episodio de los Simpson, y en no recuerdo qué otra serie o película vieja. Por cierto, leo ahora que ese líquido azul bacterizida, es un producto patentado llamado Barbicide, inventado por un brooklynita en los años cuarenta, tan popular y tan americano como el Cool-Aid y que contó con una exposición-homenaje en el Smithsonian en 1997.
En cuanto a "Embrujada" (ya no me acordaba), me ha parecido una comediarromántica boba, predecible, pacata y conservadora hasta la náusea, uno de esos productos audiovisuales que sólo Nora Ephron o Ana Rosa Quintana son capaces de pergeñar. La he seguido en versión original sin mirar mucho a la pantalla, mientras navegaba por la Red (me resultaba bastante más apasionante la conspiración Furby), y solo destacaría la escenografía, esa cuidadísima reproducción de la sitcom clásica norteamericana. Y al menos la trama no se limitaba a un remake actualizado, sino que se nos narra cómo una cadena está tratando de hacer un remake de "Embrujada", y para ello el actor principal se fija en una rubita guapísima en un café, que resulta ser una bruja. Un poco de metalenguaje que es lo único original de la astracanada.

Sabado, Hunyo 4, 2011

Cisne negro (Darren Arronofsky, 2010)


Vi "Cisne negro". Por principios, huyo de todo lo que ahora llaman hype, y me banco las ganas de lanzarme a eso de lo que todo el mundo habla, aunque me apetezca. Me castigo de esa manera, por higiene, porque el mundo va mucho más deprisa que yo y siempre hay una o mil piezas culturales antiguas que no he visto y que llevan años, décadas esperando a que las vea. La prisa mata, la efervescente actualidad me agobia. Solo cuando la película de los mil Óscares y los abrazos de crítica y público es sustituida por la siguiente, me aproximo a aquélla, y así ha sido y será siempre. Y ya todo el mundo ha hablado de esta película. Ya mi opinión no me importa ni siquiera a mí, y no sé ni qué decir. Pero vamos allá a pesar de todo.
Peliculón. Visualmente inmaculado, formalmente macanudo, simbólicamente perfecto (demasiado), actoralmente brillante. Pero: argumentalmente predecible como el melón con jamón. Y en cierto modo me pareció tramposo. Utilizar "El lago de los cisnes" no solo como zénit, sino casi como coprotagonista, y exprimir de esa manera una Obra Maestra devastadora, es como colar a un tullido en un concurso de lástima. Era inevitable, y al fin y al cabo el cine no es sino embuste, pero el efecto dramático, al menos a mí, se me fue al traste, no me creía nada, me cortó la paja en el mejor momento. No podía evitar pensar en la verdadera bailarina de ballet ninguneada detrás de las cámaras mirando con odio a la Portman, y sobre todo en el jodido brasas de Arronofsky frotándose las manos en cada plano, el autor de ese espanto disuasorio de sobremesa con ínfulas que fue "Requiem por un sueño" tratando de colárnosla otra vez con la lágrima, la pose, la cámara con Párkinson y el soniquete de Clint Mansell, pero esta vez, encima, mancillando la memoria del mismísimo Piotr Ilich Tchaikovski. Estas cosas me dan un poco de rabia y me cortan el rollo, no sé si me explico. Más respeto tuvieron La Trinca descojonándose de Strauss que Arronofsky sirviendo en bandeja una paletada de lágrimas a todas los ancianas que acuden, casi en exclusiva, a los cines del mundo a escuchar "El lago de los cisnes", con un nudo en la garganta y aplaudiendo con las orejas cuando la pobre y esforzada chica mona (hace como que baila) y encima se rompe los tendones por el camino y se transforma en cisne. Más honesto me pareció Paul Verhoeven al rodar "Showgirls", que era poco menos que esto, con la única excusa de mostrarnos las tetas de la Berkeley. Un cóctel de esforzada superación humana, ballet, chicas malas de instituto y sobredosis de música clásica que sale por el lagrimal, que te pone pedo pero deja mala resaca. No pude dejar de ver en "Cisne negro" una historia vista mil veces, con la madre sobreprotectora, el partido de fútbol que se gana en el último segundo, la chica maltratada, la envidiosa, la escena del hospital, el despertar sexual... Que lo tiene todo, vamos.
Pero, no nos engañemos, insisto: me gustó mucho "Black swan", no me puedo engañar; aunque solo sea porque es lo que hay, y algunas tardes al cine le pedimos exactamente lo que aquí se nos da. Y me sabe hasta feo hablar mal de esta película, nacida para ser tildada de "magistral" sí o sí, porque lo dice Hollywood. Me gustó muchísimo Vincent "Vinz" Cassell, me puso berraco Mila Kunis y me creí bastante a Natalie Portman, aunque debiera compartir sus premios con su doble de cuerpo (a quien no podía dejar de vislumbrar entre bambalinas) y no me interesa nada de lo que hizo después de "León". Pero a) "Mis problemas con" Arronofsky vienen de lejos; b) las buenas historias de sacrificio las ha hecho todas ya la Disney; c) cuando me insisten en que llore y me emocione, y encima a base de sobredosis de música clásica, me siento como si me metieran el dedo en el ojo; y d) el ballet es de maricas, quien quiera emocionarse viendo el ballet, que vaya al ballet a ver "El lago de los cisnes". Y es todo lo que se me ocurre.
Bueno, una cosa más por el mismo precio: el mismo día que vi ésta echaron en televisión "Teen Wolf (De pelo en pecho)", y creo haber descubierto que se trata de la misma película, cambiando dispciplina deportiva, pluma por pelo y Tchaikovsky por Beach Boys.