Miyerkules, Agosto 31, 2011

Paco Alcázar - Daño gratuito (2010)


No había leído ninguno de los primeros trabajos de Paco Alcázar, no con suficiente atención, sólo cuando me encontraba una tira suya en fanzines (creo que tengo en el ala oeste de la biblioteca todos los fanzines que se mencionan en las notas finales). Y como siempre sucede, releyendo la obra de un artista del tirón, uno se enamora de los personajes y encaja el mensaje, los tics del artista, su esencia, y reconoce la intención y el talento en su justa medida. Alcázar me resultaba indiferente, lo confieso, hasta su llegada a El Jueves. Su trazo tremendo de su época fanzinera sigue pareciéndome feo y abigarrado, y entiendo que esa era parte de la gracia, pero no se la había pillado hasta ahora. Sentado en el sillón orejero me agarré este tomo y no lo pude soltar hasta que se me había colado ya entero por los ojos e instalado en la entrepierna. Fue una tarde de carcajadas con las docenas de historietas cotidianas sobre pederastas, asesinos, caníbales, coprófagos, chiflados de todo pelaje, salvajes, inadaptados, gamberros, tunantes, imbéciles, violadores en serie, coleccionistas de miembros amputados, mujeriegos, borrachos y delincuentes habituales. Escarba, escarba son historietas autoconclusivas del lado más animal y pordiosero de todos nosotros, contadas a partir de muy diferentes personajes, buscando el gag a través de la náusea y el mal rollo extremo, jugueteando al borde de la Cultura del Apocalipsis y el espíritu de Miguel Ángel Martín, que es lo que se llevaba en el tebeo under y fanzinero español de los noventa. En Porque te gusta seguimos en la misma tónica, pero la historieta se centra en los quehaceres y el día a día de Raúl, un personaje maravilloso, avejentado, asocial, aficionado a follarse a su hija pequeña, que en muchos momentos recuerda al entrañable Silvio José. Y luego Moho te deja, sin salir de la temática, encima, un poso reflexivo y crítico, dentro del malsano cachondeo. Se incluye una historieta inacabada que da mucha rabia que no acabe, y algunos trabajos sueltos de esa misma primera época. Me quedo con Silvio José, uno de los personajes más asombrosos de la historia del cómic español, para mi gusto, pero ha sido un placer palpar sus orígenes y me descubro ante el Paco Alcázar más cabrón y salchichero, al que no tenía ningún respeto, por pura ignorancia.

Martes, Agosto 30, 2011

Richard Cheese - Live at the Royal Wedding / A lounge premiere


El hombre que cogió el testigo de Mike Flowers' Pop o Paul Anka y ya no lo soltó, el californiano que revolucionó el lounge y lo llevó a la 2.0, con su creciente catálogo de versiones de pop-rock contemporáneo tamizadas y disfrazadas para ser interpretadas en 1945 en el Copacabana... Richard Cheese, junto con su banda Lounge Against The Machine (Bobby Ricotta, Frank Feta y Billy Bleu) ha publicado dos discos nuevos este año (y ya ha anunciado al menos uno más, dedicado a versiones de hard rock y rap; y otro exclusivo del repertorio de los Beatles, probablemente para 2012).
Hace sólo unos días colocó en el (extrañísimo) mercado discográfico actual "A lounge supreme", un disco tranquilo en el que vuelve al smooth swing y la música de ascensor de cachondeo, a partir de temas de los dos mil, de géneros diversos y letras explícitas. Su anterior trabajo fue el extraordinario "Lavapalooza" (2010), publicado bajo el seudónimo-de-seudónimo Johnny Aloha, el disco perfecto para una fiesta tiki. Éste se abre con Killing in the name of, Lounge Against The Machine rindiéndose a Rage Against The Machine cambiando los ramalazos de violencia de Tom Morello por pianos y trompetas, y fabricando un calypso que pasa por ser lo mejor del album. El resto me ha decepcionado un poco. Versiones correctas de los Smiths, Wham!, Scorpions, Jimmy Buffett pero también de Ke$ha, Black Eyed Peas, Far East Movement o Rebecca Black, adaptaciones jazzísticas de (tonti)pop post-MTV completamente innecesarias, y sin mucha gracia. Me ha gustado especialmente la recreación de Hello de Lionel Richie, hermosa y revientapistas. La decepción más grande viene cuando se dispone a cantar Love shack de los legendarios B-52's, nada menos que con Fred Schneider como invitado. Pero la cosa se limita a una conversación telefónica con Fred, que decide cantar a distancia porque está en un atasco. Y a los treinta segundos todo acaba en una broma y Fred cuelga cuando apenas habían empezado. Como bromas marca de la casa, se incluye también una nueva versión del Cumpleaños feliz compuesta por Cheese para hacerse tan rico como los herederos del tema original, así como unos créditos del disco recitados con un piano de fondo.
"Live at the Royal Wedding", publicado tan solo unos pocos días después de la jodida Boda Real (por lo visto se casaron dos mendas de sangre azul británica la pasada primavera), y es un falso directo, supuestamente grabado ante los asistentes a la boda, con comentarios entre canción y canción y algunos tímidos aplausos de la sofisticada y flemática audiencia (solo se me ocurre ahora un experimento similar previo de falso directo, el Veintegenarios en Alburquerque de Albert Plá). Me ha gustado mucho. Todas las canciones son enérgicas, casi todas muy conocidas, la banda que le acompaña es más grande de lo habitual. Los comentarios son brillantes, como cuando busca al príncipe Harry para dedicarle Rehab de la Winehouse, o se codea con la realeza británica y le dedica Anarchy in the UK. Versiones de Prodigy, The Cure, Beatles, Queen, Radiohead, Nirvana, Prince o Dead Kennedys, nuevas o repes pero todas simpáticas, elegantes, divertidas y con su puntito de incorrección. Al comienzo del disco, a Cheese lo presenta un mayordomo al que hay que imaginarse con báculo y monóculo; y al final se despide con un Ya s'han casao (Here comes the bride) completamente tajado, como debía ser, y todo muy estupendo.

Koby Israelite - Dance of the idiots (2003)


Otro disco del sello Tzadik que me tiene obsesionado este verano. Koby Israelite es un judío (¿como su propio nombre indica?) inquieto habitual de la comandita de John Zorn, pianista, guitarrista, clarinetista, acordeonista, baterista, ex-niño prodigio, amante del free-jazz y del hard-core, cabeza visible del movimiento de la Cultura Judía Radical (RJC). "Dance of the idiots" fue su primer disco en solitario, y es un recorrido fascinante a través de la nueva música judía instrumental, que parte de partituras clásicas y escalas árabes, jugueteando con vientos, acordeones, violines y percusión oriental clásica, bellas composiciones oníricas, delicadas, cercanas al klezmer tradicional... Pero que poco a poco se va cabreando y golpeándote en la cara. El primer corte (Saints and dates) podría pasar casi por música religiosa. Ya en Toledo five four se va asalvajando, y la percusión exótica deja paso a una batería metalera y un danzable que no da respiro (con ritmo, obviamente, de cinco por cuatro). Y al tercer tema, If that makes any sense, que comienza como un mantra lejano que pudiera sonar desde el fondo de una mezquita, de pronto le crece una base electrónica y surgen riffs de guitarra eléctrica, coros celestiales, triple bombo y mala baba. A partir de aquí la batería, la guitarra eléctrica, el caos y la atonalidad se adueñan del conjunto, más que arropar aporrean al dulce clarinete, el acordeón y las misteriosas voces yiddish presentes hasta el final del disco. Llamar a esto klezmer progresivo o klezmer-metal es quedarse corto, pues se exploran, dentro de cada uno de los temas, docenas de ritmos, estilos, registros y sentires, del smooth jazz al grindcore, sin que se extinga nunca el efluvio árabe ni se resienta el conjunto. Un disco brillante, entretenido, trepidante y loco. Por si esto fuera poco, el penúltimo tema, breve y divertidísimo (el himno que titula el disco), incluye un fraseo nada menos que de la sintonía de The Simpsons creada por Danny Elfman, lo que ha terminado de ganarse mi amor incondicional para siempre.

Linggo, Agosto 28, 2011

The pigkeeper's daughter (Bethel Buckalew, 1972)


Creo que este nudie tiene más de dos escenas, pero jamás he pasado de la segunda, una escena sicalíptica rodada directamente en el escenario de mis sueños. La asombrosa y lujuriosa hija del cuidador de cerdos yace junto a una cerca de la granja; un cerdito juguetea torpón a sus pies; escondida en el tejado, la otra hermanita mira, se toca y se derrite mientras el peludo semental se acerca a la hija del cuidador de cerdos, la acaricia, la cuida, la frota... Erotismo paleto, hillbilly, cachondeo, tetillas gelatinosas, lolitas redneck pecosas, Russ Meyer presente. Mi añeja fascinación con esta peli va mucho más allá del culto a Onán (es broma que no la haya visto entera), es fetichismo por la América Profunda, las mujerazas del campo, los trotones años setenta, la sencillez de la vida rural.

Super (James Gunn, 2010)


Una maravilla. El loser de Rainn Wilson está soberbio, escalofriante. Liv Tyler in mistress, como en mis sueños. Kevin Bacon haciendo de malo parece que no pero era imprescindible. Y Ellen Page... no sé ni qué decir del personaje y la interpretación de Ellen Page, desatada y felina. Todo es correcto, todo el engranaje está listo para funcionar, y entonces empieza este bellísimo y colorido canto a la esperanza, al orgullo pajero y a la ultraviolencia. Un escupitajo en la cara de "Kick ass" (que a mí no me pareció tan, tan mal), probablemente esta es mi película de superhéroes favorita de todos los tiempos. La voy a ver otra vez esta tarde. No, no estoy precisamente locuaz. ¿Se puede morir de resaca?

Cujo (Lewis Teague, 1983)


Recordaba ésta como un pasatiempo ochentero menor, una traslación rutinaria de la novela de Stephen King, que no pude terminar, que se me hizo muy cuesta arriba. Y encima, una peli con animal amaestrado. Pero me ha gustado muchísimo, la transformación del entrañable San Bernardo en un jodido monstruo sediento de sangre. La escena del coche, que acapara la mitad de la película, es aterradora, poderosísima y verdaderamente acojonante.

Mark Feldman & Silvye Corbusier - Malphas (2006)


El matrimonio formado por el violinista de Bar Kokhba y la pianista de John Zorn's Cobra haciendo manitas con el repertorio del Masada Libro 2 tiene momentos sublimes. Obsesionado como sigo estos días con el volumen 10, "Malphas" (volumen 3 de la serie) suena apocado y a ratos desinflado, pero los dedos de Mark Feldman y sus largos solos agudos y temblorosos son motivo más que suficiente para amar este disco. Solemne, clásico, delicado con arrebatos de enajenación, atonalidad y caos (Basus, Paschal), auténtico caos ensordecedor el que sale de ese violín desaforado y el piano aporreado.

It (Eso) (Nicole Wilcox, 1990)


Reviso la versión cinematográfica de "It" en plena fiebre King, porque no la recordaba. Me dio mucho miedo de chiquitín, y efectivamente es imposible que esto le de miedo a nadie con más de 15 años. Terror teen con niños aventureros, demasiado influída por "Pesadilla en Elm Street" y la propia "Cuenta conmigo". Me ha entretenido mucho, aunque las breves escenas de los adultos (todos ellos flojísimos descartes televisivos) anteriores al clímax me provocaban somnolencia. Pennywise me ha dado más risa que otra cosa, pero me siento reflejado en esa dentadura, eso sí me ha dado pavor.

Jamie Saft Trio - Trouble (2006)


El pianista loco de Tzadik decidió homenajear a Bob Dylan en 2006, a través de ocho de sus canciones menos conocidas interpretadas al piano (Saft), batería (Ben Perowsky) y bajo acústico (Greg Cohen, quién si no). Jazz clásico, poderoso aunque en ocasiones demasiado lounge. Si no fuese por las idas de olla de Perowsky, el funk desatado que aporta Cohen y los momentos de prístina demencia improvisada de Jamie Saft, esto a ratos se quedaría en hilo de ascensor o pista de karaoke; lo siento, pero es que uno es dylanófilo, y las canciones de Dylan sin voz se me quedan un poco muertas. He escuchado un montón de veces este disco, y las piezas suenan tremendas, con ramalazos de free-jazz, pero insisto: me suena demasiado a evoluciones huecas a partir de melodías preestablecidas (algunas bastante flojas, el fuerte de Dylan era el mensaje), y echo de menos las voces. No puedo evitar pensar que el órgano o el piano de Saft como sustituto de la voz quebrada y nasal de Dylan, cojea, se resiente y remite, ineludiblemente, a otros experimentos flojeras (tirando a repugnantes) de bandas como String Quartet Tribute o Dylan for babies. La música de Dylan no sólo me cuesta asimilarla sin mensaje, sino que armónicamente no destaca demasiado (e incluso, en ocasiones, estaba orquestado y sobreproducido de forma mucho más poderosa del petróleo que puede llegar a sacar el trío de jazz más curtido). Todo está pensado y armonizado para ser berreado y declamado por un monótono, limitado, a menudo impedido genio del folk rural.
Sé que son manías. Este disco es espectacular. Pero me falta la voz, está desinflado, herido. Faltan las letras.
Pero sucede que el propio Jamie Saft pensó en esto, y se trajo al disco dos invitados de excepción. Así que olvidarse de todo lo dicho anteriormente: dos de los ocho cortes de este disco están cantados, y convierten al conjunto en una verdadera obra maestra. Para Ballad of a thin man Jamie Saft se trajo nada menos que a Mike Patton, la voz más interesante de la música contemporánea. Mike Patton desgarra a lo largo de ocho minutos la surrealista historia de un misterioso Mr. Jones que recorre un pasillo repleto de freaks de feria, poco menos que gritando "one of us" a los cuatro vientos, haciendo historia con una de las mejores versiones de Bob Dylan que se han grabado jamás, incluso, en mi opinión, superando al original. Y esto son palabras mayores. Con la excusa de la voz de Patton, Saft se olvida de seguir la monótona melodía y se dedica a arropar, laurear de verdad al tema, el bajo lo llena todo de pasión y lujuria, la base rítmica se desmelena y crece, crece hasta la catarsis. Uno de esos cortes que justifican un disco y todo un proyecto.
Y el otro tema cantado es el penúltimo, el más conocido del conjunto, un Living the blues con la cabeza puesta en Las Vegas, interpretado por Antony Hegarthy, Antoñita la de los Johnsons, otra de las voces más características y asombrosas del panorama, aquí prestando su voz atiplada a de crooner glam para redondear un disco que, insisto, sin estos momentos vocales hubiese quedado deslucido y pasado desapercibido, pero que escuchado del tirón se hace imprescindible. Pese a todo lo dicho, una obra maestra del jazz neoyorkino de vanguardia.

The taint (Drew Bolduc 2011)


"The taint" es una de esas películas caseras de gore, tetas y desenfreno, donde un Juan Palomo junta a sus amigos un fin de semana en el campo y juegan a rodar tabúes estúpidos, a ver si se lo pasan tan bien como el que hizo "El Vengador Tóxico" o "Bad taste". Una de esas miles de películas que surgen cada vez que le das una patada a una piedra, que en España tuvieron su esplendor en los primeros noventa, en Alemania a finales, en los Balcanes hace un par de años y en EEUU cada veinte minutos. Pero en este caso, y ya que se ponían a hacer el cafre, Drew Bolduc y Dan Nelson decidieron echar el resto y aliñar la orgía de sangre vísceras y chorradas con todo lo que se les ocurriera: mad doctors, pollas de plástico, arrobas de semen, cabezas que explotan, nazis, tetas, violaciones en masa, monstruitos enmascarados, agua contaminada, un mundo post-nuclear, zombies e infectados, chistes gruesos, nerds revanchistas, mujeres armadas, explosiones, frases lapidarias... Lo que más sorprende es el ritmo frenético de la película, que suele ser la principal carencia de estos experimentos, cuando cuatro colegas se ponen a hacer unas risas sin pensar en que lo pueda ver alguien más. A los diez minutos de cinta ya hemos visto un plano principal de un par tetas, damiselas en peligro corriendo por el bosque, un asesino con una guadaña que se caga de pie mientras corre y escupe semen, un protagonista hipster y pasado de vueltas que no sabe dónde está pero tiene una pistola, vómitos, sangre a raudales, flashbacks, y a través de los fantásticos títulos de crédito (footage de archivo en blanco y negro delicadamente coloreado, que muestra la progresiva contaminación del agua en todo el mundo, que más adelante se nos explicará) y una música más que decente, se nos pone en antecedentes. Y el ritmo no decae. Al menos, yo no me aburrí en ningún momento y permanecí interesado todo el metraje. Lo peor, sin duda, el brasas del protagonista, guionista, director, etc., que aprovecha su condición para aparecer muchísimo mostrando su pelazo, sus cabriolas al monopa, sus mil y un novias y su habitación llena de cosas guays. Lo mejor, los efectos especiales. Digitales, probablemente retocando cinco o seis fotogramas con Photoshop, nada de gadgets y artesanía que sale muy cara. Pero efectivos y brillantes. Vemos docenas de muertes estupendas a lo largo de la película, cabezas que se hacen trizas con solo pisarlas, como si estuviésemos hechos de cartón, que quedan muy graciosas. Vemos un Monstruo de Espagueti Volador rebanar cuidadosamente un cráneo, extraer su correspondiente cerebro, retocarlo y volverlo a meter, ideas valientes, obviamente baratas pero sorprendentes y funcionales. Olvidarse de "Troma meets John Waters", ni mierdas de ésas, esto es entretenido y se ve en un rato muerto, y ya. Yo me lo he pasado bien y se la recomiendo al aficionado al gore y la basurilla de ésta.

Biyernes, Agosto 26, 2011

French Frith Kaiser Thompson - Invisible means (1990)


French Frith Kaiser Thompson es una superbanda de jazz progresivo, anclado en los primeros noventa. Fred Frith no necesita presentación. Multiinstrumentista inglés, miembro en el banquillo de los Residents, compañero de aventuras de Brian Eno, John Zorn o Bill Laswell; John French es el batería estrella de Captain Beefheart (qedp), ahí es nada; Richard Thompson es otro guitarrista de sesión que ha trabajado con todo quisque, líder de Fairport Convention, se puede leer su nombre en discos de REM, Elvis Costello, Hüsker Dü, The Corrs, Robert Plant...; y el visionario Henry Kaiser es otro monstruo del jazz de vanguardia que ha formado parte de mil y un aventuras y eventos de primera línea, esa clase de guitarristas que te encuentras cada dos por tres en La 2 de madrugada.
Este disco es un manual de progresivo AOR ochentero, con la vista puesta en la última etapa grupal de Frank Zappa, un puñado de composiciones que podrían haber formado parte perfectamente de "Broadway the hard way", incluídas las letras críticas y cachondas y los guiños musicales, con préstamos de clásicos y juegos armónicos. En realidad esto se aleja del jazz, y suena más cerca del blues y el rock sureño de toda la vida. Llegué a este disco por recomendación de HT y me ha devuelto al universo zappiano. Demasiado taciturno para mi gusto, un poco trasnochado, pero esto es rock con palabras mayores, rock peleado con la radiofórmula, cuatro músicos con mayúsculas insuflando prestigio al rock norteamericano, devolviéndoselo a Love, a King Crimson, a Zappa o a Pink Floyd, a quienes en realidad pertenece.
Aunque cada tema es de su padre y de su madre (los cuatro componen, cantan y se intercambian instrumentos) lo largo del disco nos sumergimos en una suerte de ópera-rock tremendista (en March of the cosmetic surgeons incluso invitan a una mezzo-soprano), lisérgica y cachonda (Loch Lomond, The evening news, Now that I am dead), con arreglos clásicos y también exóticos y las dosis necesarias de free-improvisación.

Fountains of Wayne - Sky full of holes (2011)


Me encantan Fountains Of Wayne, nunca me fallan la voz de Adam Schlesinger, sus melodías facilonas y pegadizas, beatleianas y beachboyanas, hace décadas que encontraron un sonido chicloso y poderoso, y ahí siguen sacando disco cada tres o cuatro años. El nuevo es más de lo mismo, un catálogo de temas saltarines y alegres, repetitivos, correctos, que hablan sobre bares, superhéroes, relaciones sentimentales y el eterno verano. El single, el tema más pegadizo, Richie and Ruben, por ejemplo, es puro 1992.

Everything must go (Dan Rush, 2010)


Inspirado en un cuento del Maestro Raymond Carver, "Everything must go" es una tragedia de producción independiente sobre un hombre que se va hundiendo poco a poco en el pozo del alcohol, un adicto a la cerveza, probablemente la droga más jodida del mundo. Nick Halsey (el cachondo de Will Ferrell en el mejor papel dramático de su vida) es despedido fulminantemente de la empresa para la que llevaba trabajando como comercial 16 años, debido a su bajo rendimiento y sus continuos problemas con el alcohol. Y cuando llega a casa se encuentra con que su esposa le ha abandonado, ha cambiado las cerraduras y sacado todas sus pertenencias al jardín. Será cuestión de minutos que Ferrell se quede sin tarjetas de crédito, sin teléfono móvil, sin coche ni documentos. Ferrell se debatirá entonces entre enterrar su existencia bajo una montaña de latas de Bud vacías, o tratar de rehacerse, pedir disculpas y empezar de cero. Una peli tremenda, escalofriante y hermosísima.

Rocket science (Jeffrey Blitz, 2007)


Miedo me da el cine indie americano, las comedias under de autor, con actores desconocidos. Pero esto es una joya. Una comedia de instituto americano donde en realidad apenas hay personajes ni estereotipos, sino que la cosa se centra en el bizarro contexto de los concursos inter-college de debate político. Virginia "Ginny" Ryerson es la guapísima quinceañera líder del equipo de debate, de la que Hal Hefner, el joven y anodino protagonista, se prenda enseguida. Ginny es guapa, talentosa y verborreica. Hal, sin embargo, es un pobre tartaja del que se burlan un poco en clase, y a quien su hermano, un outsider extraordinario como personaje, se dirige siempre de mala hostia y empleando nombres femeninos. "Deborah, imbécil, deja libre el retrete", o "Penelope, ponte al teléfono, que es para tí", y así. Ginny se acerca una buena mañana a Hal en el autobús escolar, y le propone entrar en el equipo de debate. Confía en su potencial, a pesar de que es incapaz de encadenar dos palabras seguidas en público, y está dispuesta a prepararle para los campeonatos interescolares, para que sea su pareja de debate. La relación entre Hal y Ginny se estrecha, quedan después de clase, Hal conocerá el universo femenino, su habitación, sus deliciosas manías. Pero resultará que las tías son unas cabronas, los planes de Ginny son de lo más retorcido y Hal tendrá que bancársela y organizar por su cuenta una dulce venganza. Una comedia dramática sorprendente, brillante, tierna, sensacional, de las que ya no se hacen, alrededor de un puñado de personajes tullidos, mediocres y fascinantes todos ellos.
Como aliciente, por si hiciera falta, toda la banda sonora está salpicada de clásicos de Violent Femmes, ya sea en versión original enlatada, o bien versionados al piano y cello durante las sesiones de musicoterapia que tienen lugar en la casa de enfrente del hogar de Ginny.

Huwebes, Agosto 25, 2011

Two lovers (James Gray, 2008)


Vengo raudo a hacer acuse de visionado de esta chorrada, con desgana, y me voy. Está siendo un mes agitado, y ando buscando comendias románticas decentes, no sé si se nota. Me recomendaron ésta, y pienso devolvérsela con creces, oh sí, recomendando "...Y que le gusten los perros" a quien me recomendó ésta, para que sufra. Esto es inaceptable, improcedente. El personaje principal resulta inverosímil y todo muy forzado. Se agradece que no exista el buen rollo chiripitifláutico habitual del género, pero sólo despertó mi interés levemente cuando la Paltrow enseña un pechín.

Moscú-Petushkí (Venedikt Eroféiev, 1968)


Mi ejemplar de esta novela es la versión de Alfaguara de 1992, con una portada pintada por Helena Kriúkova (a la sazón, uno de los dos traductores) que representa a un colorido andrógino trajeado, con la cabeza flotando sobre el cuello inexistente, pimplando vino ante una mesa. Por encima revolotean angelitos y lo que parecen bolas de Navidad. No he encontrado esta portada en la red, y he tenido que elegir la de la versión recién editada por Marbot, con una portada fea y estúpida en la que se reproduce la advertencia original del autor.
Ésta es una novela inusual, absurda y terriblemente poética. Difícil de describir. Eroféiev, empleado del tendido eléctrico (a esto se dedicaba en la vida real mientras escribió "Moscú-Petushkí") lleva toda su vida viviendo en Moscú, pero jamás ha visto el Kremlin. Por más vueltas que da por la ciudad, nunca se ha topado con el Kremlin. Una buena mañana, después de calentarse con la dosis habitual de vodkas surtidas, decide tomar un tren para visitar a su zorra en Petushkí. Por el camino, ideará nuevas recetas de cócteles con vodkas, esencias, perfumes y ungüentos, charlará con los ángeles, con el lector y con transeúntes imaginados. El tren atraviesa las distintas pedanias en su recorrido, desde la estación de Kursk, pasando por Karachárovo, Novoguiréievo, Saltikóvskaia, Oriéjovo-Zúevo, Usad... sin detenerse nunca en Ésino, y desembocando en un delirium tremens del tamaño de la Plaza Roja. Eroféiev discute afablemente con los demás usuarios del tren a Petushkí sobre lo divino y lo humano, sobre los grandes y los más pequeños y miserables literatos y políticos bolcheviques, sobre las mujeres y sobre las conveniencias sociales. Y sobre todo, se pone como Las Grecas. Elabora recetas de cócteles, gráficas sobre sus estados alterados de conciencia, fantasea sobre volver a nacer y beber desde niño, dejando breves espacios para la mesura y la sobriedad. Un disparate cósmico, un viaje a la locura y la embriaguez sin salir de la estación de Kursk, sin mirar hacia el Kremlin.
Un poema en prosa lisérgico, surreal, "Moscú-Petushkí" es la quintaesencia del samizdat, la literatura soterrada que circulaba bajo mano durante la dictadura comunista. Literatura lisérgica y beoda, sardónica, pero opuesta a una flatulencia de Bukowski; es Eroféiev quien todo el rato reflexiona en palabras de Eroféiev, a través del filtro de toneladas de vodka de todos colores y sabores. Un disparate brillante, hilarante y desconcertante, que acabo de descubrir que tiene una versión audiovisual, con robo-audiocomentarios del autor en sus estertores (que me guardo para un día de estos), y también representaciones teatrales a la altura de las circunstancias.

Martes, Agosto 23, 2011

Condones.com (Abraham Mancilla, 2009)


Quiero pensar que el cine mexicano ha evolucionado desde Pedro Infante. Yo no he visto más, pero tiene que haber películas mexicanas modernas mejores que "Condones.com", una película discapacitada, molesta. Imbécil. Gilipollas. Una supuesta comediarromántica gamberra tan mala que casi parece española. Va sobre tres cuarentones que están en el insti con la mochila y unas birras y tal, y uno de ellos le pone los cuernos a su pibita, y cuando ésta se entera el protagonista acude a una web de consejos sentimentales. Al otro lado de la pantalla del ordenador le confiesa a un chulo de putas sentado en una silla de playa las cosas que le pasan, y éste le da consejos para recuperar a su amada. Por supuesto, todo le sale mal, se suceden tres enredos catastróficos a ritmo de sketch moranco, la novia se frustra tanto que se lía con la única persona del mundo más idiota que su ex y al final, si no he entendido mal, vuelven juntos. Los actores son tan amateur que parece una filmación de una actuación en un fuego de campamento de los boy-scouts, y la producción tan pobre que los decorados recuerdan al fondo de las viñetas de Zipi y Zape. El elemento más sorprendente es el recurso del "diablillo y angelito" que se le aparecen al protagonista sobre los hombros y también le dan malos consejos (el mismo actor disfrazado), recurso que cuenta con unos efectos especiales dignos de un videoclip de Baccara dirigido por Valerio Lazarov en los sesenta. Unos diálogos, unos silencios, unas cosas... El menjurje resultante es tan raro y tan cochambroso que te descojonas. No podía dejar de mirar, el tiempo se ha detenido a mi alrededor viendo esto, y se me escapaba todo el rato una risa nerviosa espasmódica, de soslayo, como si la tele expulsara anhídrido nitroso.

Awkward (TV series) (MTV, 2011)


Este mes de agosto espantoso se está estirando, estirando y estirando como un moco pegajoso de esos que se enganchan a una terminación nerviosa que asoma de la espina nasal, que cuando tiras para sacarlo te hace lagrimar. Para sobrellevar un poco mejor esta canícula, me he enganchado a esta estúpida serie para adolescentes. Sólo estoy siguiendo estos días Breaking Bad y Futurama, y con tanto tiempo que matar y tanta resaca mortal solapándose una detrás de otra, necesitaba más dosis herziana, cualquier mierda refrescante que llevarme a los ojos. Me enganché, de inmediato, antes siquiera de ver el primer capítulo, a Camp Playboy, una telecomedia magistral del Canal Playboy, cuya única línea de guión reza: "chicas, despelotaos y hacer cosas típicas de campamento cristiano americano, anda". Muchachas desnudistas en un bosque pasándoselo pirata, dándose chapuzones, peleando con mangueras, pescando peces y pezones, dándose de comer unas a otras marshmellows gordos con venas, todo esto a cámara lenta a ritmo de saxos sexys. Una obra maestra. Pero resultó que lo de primer capítulo era broma, y no existen más, sólo nos regalaron esa primera entrega. Justo cuando la conejita japonesa de cabellos níveos, la japonesa con las tetas más gordas de Asia, se enfadaba con la de Milwaukee y prometía no volver a compartir la cantimplora...
Pero estoy divagando. Awkward es una serie de ese Canal Playboy aún-más-soft en que se ha convertido la MTV, protagonizada por una quinceañera que habita un instituto yanqui sin tener un papel muy claro en él: ni es jefa de animadoras, ni zorra, ni empollona, ni friqui de mierda, ni negra de mierda, ni hispana de mierda... No es nada. Y está loca por los huesos del quarterback, faltaría más. El punto de partida de la serie es el siguiente: la niña mona a la que (incomprensiblemente, porque todas las personas de mi clase estaríamos trempando por ella) nadie hace ni puto caso, tiene una jaqueca y cuando llega a casa del insti se encierra en el baño, saca un bote de aspirinas y en ese momento resbala y se mete un hostión que la deja inconsciente y con el brazo en cabestrillo. El cuarto de baño queda sembrado de pastillas, el secador de pelo ha caído estratégicamente en la bañera llena de agua, hay algo de sangre por el suelo... Por supuesto, nadie en el mundo cree que Jenna, que así se llama la loli, haya tenido un accidente, sino que se convierte en una suicide girl y en la tía más popular del instituto. Tiene un blog, tiene un par de stalkers, unas amigas idiotas y unas enemigas estratosféricamente idiotas. Sobre todo está muy graciosa una animadora gorda, que recuerda bastante al personaje de Kim Kelly/Busy Phillips en Freaks & geeks, pero en fondona. Las reminiscencias a F&G no van mucho más allá, aunque es inevitable acordarse de Apatow, del furor ochentero, de la estratificación social en la escuela americana documentada en mil y una películas americanas. Pero esto tiene formato de sitcom de 20 minutillos, lo cual se agradece mucho. Sin dejar de ser una bobada para el adolescente americano pijo medio, me ha atrapado incomprensiblemente, y me interesa muchísimo todo lo que le pasa a esta chica, que se parece a mi Bea o a una Winona Ryder prepubescente. Me he reído un par de veces en los seis episodios vistos. Está exenta de mojigatería, pero tampoco peca de incorrección gilipuertas, y desde luego a priori no parece un producto destinado a la misma audiencia subnormal que Padres al control o Madre adolescente. Me ha sorprendido bastante y hala, así van pasando las semanas, que qué largo que es esto.

El origen del Planeta de los Simios (Rupert Wyatt, 2011)


Fui a ver esto con las expectativas por los suelos, incluso con un poco de mal rollo, porque el precedente se las trae. Si algún encanto tiene esta saga, es el primogénito sesentero. Aquellos trajes, aquel aura, aquellos iconos pop, molan. Pero la manera como han actualizado esto en el siglo XXI, solo de pensarlo, me pone de mala leche. No me apetecía nada ver más monicacos armados y metrosexuales con el ceño fruncido. Como siempre, iba sin saber nada sobre esta película, ni haber visto un trailer, ni una imagen ni nada. Y es un pasote. Aquí los protagonistas únicos son miles de chimpancés en CGI. ¿Y hay algo más gracioso y que mole más que ver monitos haciendo monerías? Sobre todo hay un mono protagonista, César se llama, que pone los pelos de punta, que acojona y emociona. Hay largas escenas de monos dibujados mirándose y haciendo cucamonas, monísimos chimpancés adolescentes moneando en silencio, escenas epatantes que remiten al (dichoso) comienzo de "2001", y que me hicieron estremecer casi casi en la misma medida que la primera mitad de "Wall·E". Dibujos animados de monos épicos, hermosos, metafóricos, violentos y silenciosos en pantalla grande, es el recuerdo que me llevo de esto. James Franco me encanta también, muy fan desde Freaks & geeks, y aquí tiene un papel amable y de antihéroe perfecto que le viene estupendamente.
No es una precuela ni una secuela, sino una "enmediosecuela", donde nos narran lo que sucede desde que Charlton Heston y su cuadrilla parten hacia Marte, y un porrón de años antes de que regresen. Los guiños al original son brillantes y justos (y necesarios); los monos, como siempre, hacen vibrar, reír, temer y patalear en el asiento; la historia no tiene fisuras, y el poso que te deja la que se avecina es devastador. Me lo pasé teta, pese al bonobo que tenía delante, tan cabezón que a punto me tuvo de sentarme en el pasillo para poder ver la pantalla entera.

Capitán América: El primer Vengador (Joe Johnston, 2011)


Me pasó una cosa terrible, terrible, viendo esto: me quedé plácidamente dormido durante la proyección. Tengo por costumbre ir con un amigo a ver blockbusters a algun multisala del centro o de al lado de su casa, en día del espectador a media tarde. Y cuando se apaga la luz de la sala, nos arrastramos a la fila VIP, por el precio NIP (no entiendo cómo no hace esto todo el mundo). Ha sido un mes agitado, habría dormido poco, o vete a saber, pero estaba bastante metido en la película, emocionado esperando a que la gigantesca pantalla ante mis ojos se llenase de puñetazos, nazis volando, barras y estrellas. Y sin embargo, me dormí a la media hora. Es terrible.
El primer tebeo de Marvel que recuerdo haber leído, y la primera colección que empecé, era precisamente del Capitán América. Chuloputas, superatlético, un poco llorica, guapete, quintaesencia del superhéroe de pijama y pescozón. Lo justo de salvapatrias, dependiendo del guionista, el Capi siempre ha sido un personaje interesantísimo, con un background delicioso, un líder nato. Siempre le tuve mucho cariño. Qué ganas tenía de ver ésta.
Pero qué cómodo estaba en aquel asiento de Príncipe Pío. Joder, jamás me había sentado en una butaca tan cómoda. Tan fresco en agosto, practicamente tumbado sobre aquel trono, aquel escaño enorme, suave, esponjoso, practicamente lechoso, con un fresisuís gigante en cada mano... Por eso no voy mucho al cine, a) porque me da asco escuchar ejércitos masticando estruendosamente, b) porque lo mismo te toca detrás a un troll-del-cine que jalea o lanza tuercas desde la platea... y sobre todo, c) porque me duermo. No recuerdo haberme dormido mucho en el cine. La vez anterior fue viendo "Transformers", la primera parte. Me quedé frito en el mismo instante en que comenzó la primera escena, y me despertaron a la hora de abandonar la sala. Y joder, mi sueño estoy seguro de que fue infinitamente mejor que la película. Es imposible que se haya rodado, ni hasta hoy ni en los próximos cien años, una película tan realista, trepidante, acojonante como lo que soñé acunado por los demoledores efectos especiales, sonidos metálicos y banda sonora de "Transformers". Fue un sueño absolutamente insuperable, una experiencia multimedia espectacular. A la salida fui dando la mano y felicitando uno por uno a todos los acomodadores, a azafatas y vendedores de jodida mierda masticable. Me fui de allí muy, muy, muy feliz. Escribí una carta a la productora de Hollywood para felicitarles por el extraordinario orgasmo multisensorial que acababan de proporcionarme sin querer, y que acababa de protagonizar yo, con la pista sonora envolvente de "Transformers" a mi alrededor.
El mejor sueño que he tenido en mi vida, por tanto, y sin duda alguna, tuvo lugar en aquella sala de cine. Aquella jornada fui un pionero del cine del futuro: el cine paranormal, metafísico o vete a saber cómo lo llaman (seguramente con algunas siglas de mierda), locales en los que el espectador se sentará en un sofá parecido a aquel, o bien dentro de una burbuja de aislamiento sensorial, y se colocará unos electrodos en el cráneo, que le harán protagonista, en seis dimensiones, de la película. Siempre he pensado que probablemente fui seleccionado por Hollywood en persona (?) o por la CIA para protagonizar un experimento de este tipo, cuando me dormí viendo "Transformers" de principio a fin.
En fin. Esta vez, durante la media hora (aprox) que me dormí a mitad de "Capitán América", también soñé algo magnífico. Pero no lo recuerdo. Más o menos me dormí cuando Steve Rogers ya es cachas y le dicen que la avanzadilla aquella que se había internado en terreno de HYDRA ha sido capturada, y que no hay tutía, pero él decide, vive Dios, ir por su cuenta a sacarles de allí y darles para el pelo a los übernazis. Soñé con algo guay, y lo seguí ensoñando durante más de media hora, pero al mismo tiempo luchaba por imponer la vigilia, en lugar de rendirme definitivamente a las caricias de ese sillón maravilloso (...qué sillón...) y a mis fantasías. O sea, que no tuve una experiencia onírica suficientemente satisfactoria, y encima me perdí la peli y no había manera de rebobinar aquello, así que estuve el resto del tiempo fastidiado, parpadeando mucho y bostezando, tratando de enterarme de qué pasaba. Y me gustó, conste. Pero joder, que me dormí y no lo disfruté casi nada.

Biyernes, Agosto 12, 2011

Bar Kokhba Sextet - Lucifer (2010)


Poniéndome al día (si es que esto fuese posible) con la descomunal discografía de John Zorn, me detuve hace una semana en el volumen 10 de la serie Book of angels, una colección abierta de partituras de Zorn para diferentes intérpretes y pequeñas orquestas (acaba de salir el volumen 17), trabajando en cada una de las páginas de lo que será el Masada Book Two. Es decir, el segundo tomo de esa enciclopedia de free-jazz exótico que viene tejiendo desde mediados de década. Entiendo que el Libro Uno es la discografía propia de Masada y Electric Masada, donde se encuentran sus mejores composiciones y algunas de las piezas más alucinantes de la música contemporánea, y en esta aventura, cancionero compuesto por Zorn en 2004, enfunda su saxo trotón y pone su música al servicio de la Comunidad de Artistas de Tzadik.
Por la serie Book of angels están desfilando algunos de los músicos judíos o judiófilos más interesantes del mundo: Jamie Saft, Sylvie Courvoisier, Ben Goldberg, Joe Lovano, Koby Israelite, The Cracow Klezmer Band (éste disco, volumen 5 de la serie, es una pasada, y añade a la compota un irresistible aliño de klezmer y gitaneo balcánico), Cyro Baptista, Kaiser Chiefs 3 (las ruinas de los increíbles Mr. Bungle; vinieron a tocar el otro día a un barcito al lado de mi casa y me enteré tarde...), los indies eléctricos Medeski, Martin & Wood o los propios Masada, en forma de trío o quinteto. Este volumen 10 está interpretado por Bar Kokhba, un sexteto de ensueño formado por Cyro Baptista a la percusión, Marc Ribot a la rycooderiana guitarra, Greg Cohen al contrabajo, el monstruoso Joey Baron (baterista curtido a espaldas de gente como Bowie o Michael Jackson antes de ser atraído por el influjo de Tzadik) y Mark Feldman y Erik Friedlander a las cuerdas, violín y chelo principalmente. No soy capaz de distinguir a Feldman de Friedlander, pero estoy completamente obsesionado con todo lo que tocan estos dos, descubriéndome últimamente escuchando interminables discos de solos de violín y viajando mentalmente a una Granja San Francisco en mitad del Sinaí.
De John Zorn se puede uno esperar cualquier cosa. Rabiosos arrebatos de free-death-metal-grindcore-jazz vocal con homenajes al ruido y el caos como Naked City, Cobra, Buck Jam Tonic o Moonchild, a través de las cuerdas vocales-trituradora de Mike Patton o Yamatsuka Eye; el amor a la ortodoxia de sus homenajes a Ennio Morricone, Ornette Coleman, Eugene Chadbourne, John Barry, Carl Stalling, Raymond Scott, etc.; las collejas al gilipuertas de Kenny G (y al smooth jazz "de ascensor" en general); su imaginario visual, que abarca desde el Talmud a las fotos macabras de Weegee pasando por las monstruosidades de Suehiro Maruo o la crueldad y negrura literaria de los pulps de Mike Spillane; las bandas sonoras imaginarias de la serie Filmworks (24 entregas lleva, dedicadas a tipos peculiares como Walter Hill, Maya Deren, Marie Menken, Ray Bandar, el cine tradicional asiático, los dibujos animados, el sadomaso, el snuff...)... Y luego está su lado más atractivo, dulce y apreciado en el circuito de festivales: el proyecto (o como él dice, la familia) Masada.
Masada no es en realidad una banda, no exactamente, sino un "cancionero". John Zorn, incansable, lleva escritas más de 500 composiciones breves, que ejecuta (con amplia libertad de exploración para cada ejecutante, que esto es free-jazz) con diferentes alineaciones, llevando la batuta y el saxo, o presta a equipos de cámara como estos mismos Bar Kokhba. La música de Masada está compuesta siguiendo reglas tonales autoimpuestas, y atendiendo a armonías y escalas de la música árabe, hebrea, judía tradicional. La intención de Zorn es fabricar una nueva música judía, la música de la juventud judía contemporánea. En Masada caben vientos, percusión, piano, armonía y caos, y sobre todo cuerda, con los maestros Friedlander y Feldman al frente. En Bar Kokhba la alineación (de momento) está cerrada, compuesta por los seis titanes citados, y se formó en 1996 en el álbum doble del mismo título; repitieron alineación dos años después en el CD2 de "The circle maker" (el primero eran evoluciones de Masada String Trio); y en 2005 acudieron raudos a los fastos del llamado "50th birthday celebration", otra fiesta del orgullo Tzadik, en su volumen 11 concretamente. Aquí es raro que Zorn nos lleve por el camino de Mal, del Ruido y del Desorden al que nos tiene acostumbrados. Bar Kokhba nos regala música celestial, maravillosa, de belleza resplandeciente y ritmo infeccioso, melodías que remiten a mil y una noches árabes, instrumentos que se persiguen en espiral y juegos armónicos y fraseos que se repiten ora al escalofriante violín ora a la impecable guitarra de Ribot, sobre un manto de percusión smooth (con algún despunte energético de Joey Baron de cuando en cuando). Esto es, en palabras de Zorn, sephardic exotica for young moderns. Y no escucho otra cosa estos días, ni mis vecinos tampoco.
El tema que me escucho estas últimas semanas al menos diez veces diarias es el que abre el disco, Sother, un trepidante himno de pop sefardí para las masas, donde Feldman/Friedlander/Ribot improvisan frases y melodías exhuberantes de ocho en ocho compases, se dejan llevar y se contestan en un jugueteo armónico ardiente, insuperable. Qué difícil es hablar de estas cosas. El segundo corte, Dalquiel (los títulos de este álbum no tengo ni pajolera idea de qué significan, probablemente sean princesas y héroes judíos o mártires de alguna batalla entre moros y cristianos), donde Ribot lleva la base rítmica y los violines se pierden en una parsimoniosa y hermosa melodía recurrente, me hace pensar en un spaghetti-western rodado en Chaoen. Zazel es más de lo mismo, una cadencia juguetona de cuerdas sufíes que se repite y se persigue en círculos. En Gediel es donde más peso tiene, contenido, ese caos formal habitual en Zorn, e incluye cierto alboroto de batería e incluso riffs de guitarra, los seis dejándose llevar y yendo y viniendo de la calma al caos una y otra vez. Azbugah es un medio tiempo de cinco por ocho / seis por ocho saltarín y romántico que me recuerda a los himnos de Vivaldi, pero un Vivaldi moruno y sin salirse de la escala árabe y el exotismo con el que impregna Bar Kokhba todo lo que toca. Con Mehalalei (éste sí, me dice Google que es tataranieto del mismísimo Adán) volvemos al free-jazz alocado y aparentemente caótico, pero calmo, habitual de la carrera de Zorn. Quelamia es el tema más tranquilo del disco, que da paso al cierre, Abdiel, otra fiesta judía ideal para un banquete mirando la kaaba o un sacrificio humano en honor de Alah, después de Sother el tema más animado y poderoso. Diez cortes que no me quito de la cabeza y me tienen al borde de dejarme guedejas y abrazar el Islam.

Huwebes, Agosto 11, 2011

Guía de arquitectura insólita (Natalia Tubau, 2009)


La coleccion Freak de Editorial Alba no tiene desperdicio. Concretamente esta guía de arquitectura outsider es lo que a mi me hubiera gustado publicar alguna vez, previa visita a todos esos lugares increíbles fabricados manualmente por tipos a los que les falta un tornillo, fanáticos religiosos o vagabundos inquietos. Catedrales de basura, castillos de conchas, parques temáticos de la Biblia tallados en las rocas, historias increíbles sobre cientos de personas que dedicaron cada uno de los días de su vida a decorar el interior y el exterior de sus humildes hogares con vajilla rota, conchas marinas o desperdicios de toda clase. La guía es exhaustiva, y no se limita a una enumeración, sino que detrás de cada edificio glosado hay abundante investigación e información sobre horarios de visita, situación actual de los pseudoinmuebles, datos de contacto, etc. Más allá de Don Justo, la mansión Picassiette o el movimiento grotto del cinturón bíblico, encontramos un recorrido mundial por jardines de ensueño y parques de esculturas de toda clase de los que nunca había oído hablar, y todo es fascinante e increíble. Se echan de menos más imágenes, y las que hay (aunque se agradecen) no me han parecido demasiado ilustrativas, pero es lo que tiene el mundo de la edición y los derechos de autor. Supongo que me queda otro repaso al libro delante del Google Earth, pero esto es una joya.

El asombroso viaje de Pomponio Flato (Eduardo Mendoza, 2008)


La penúltima novelita de Eduardo Mendoza, ya convertido en escritor de la corte de Prisa para los restos, es como todas las demás: surrealista, urgente, sucinta y de mucho cachondeo. En este caso la acción se traslada al año 1 de nuestra era, y está narrada en primera persona por un centurión con diarrea que, dando vueltas por ahí desafiando a la épica, se ve envuelto en diversas elipsis del Nuevo Testamento, cuando se dispone a echar una mano a un tal niño Jesús a cuyo padre, el carpintero José, están a punto de ajusticiar. Como quien no quiere la cosa irá desfaciendo entuertos y evocando lo mismo al Evangelio que a Esopo o a Homero y formando parte de la historia, al más puro estilo de "La vida de Brian". Esta novelita breve fue un regalo de cumpleaños una amiga, que dice que mis mails le recuerdan a la prosa de Mendoza, y a ver si es verdad que me hago millonario un día yo también.

¿Acaso no matan a los caballos? (Horace McCoy, 1935)


Horace McCoy figura en IMDB como guionista, asistente de guión y escritor de diálogos en casi 50 películas (entre ellas, sin acreditar, el "King Kong" original de Cooper/Schoedsack), y en otros lugares como destacado autor pulp. Escritor, periodista y mercenario oscuro, cínico, veterano de guerra, frustrado, que nunca vio en la pantalla ninguno de sus guiones propios, y que murió de ataque cardíaco en 1955. Ésta es su novela más conocida, y fue llevada al cine ya en 1969 (titulada en España "Danzad, danzad, malditos"). No he visto la película, pero esta novela breve, negra como el tizón y que encabrona como leer la factura de la luz, me tuvo alterado y mirando la solapa cada dos por tres, a ver si era cierto que fue escrita en 1935. En plena depresión norteamericana, una sala de fiestas organiza un maratón de baile en el que docenas de parejas tienen que moverse sin parar durante casi cuarenta días, siendo eliminados en duras pruebas de resistencia para contentar a la creciente y entusiasmada audiencia. El baile solo se puede interrumpir cada hora y media, y por un periodo de diez minutos, en el que los participantes deben aprovechar para hacer sus necesidades fisiológicas, sexuales y alimentarias. A lo largo del concurso, y adelantándose en setenta años a los realities de Telecirco, la audiencia asistirá a un matrimonio en directo, a la detención de un contendiente por asesinato, a multitud de desfallecimientos, peleas, derramamientos de sangre y caídas en el pozo de la locura. Todo por la audiencia. Al protagonista, Robert Syverten, le ha tocado bailar con la más insufrible: Gloria Beatty, una hermosa joven que solo piensa en morirse y dejar este mundo hipócrita de una santa vez. ¿Acaso no sacrifican a los caballos que sufren?, se pregunta Robert, dispuesto a aliviar el sufrimiento de su compañera. A un ritmo frenético, sin dejar de mover los pies para no ser descalificado, McCoy nos presenta un desfile de lunáticos, pervertidos, asesinos y fundamentalistas reformistas, y aprovecha para mandarles a todos a la mierda, mientras los demás bailan y la jet-set y los famosos del Hollywood que le cerró las puertas asiste a la cabalgata de freaks en movimiento perpetuo.