viernes, 31 de agosto de 2012

"Mad monster party?" (Jules Bass, 1967)

Esta fue una de las primeras películas, si no la primera, que descargué de internet. En cuantito esto fue posible, hará 7 años. Nunca había sabido de su existencia hasta la llegada de La 2.0, y no me podía creer que existiese una cosa tan hermosa hasta que la vi por primera vez. Ayer estuve grabándole unas cuantas series y películas en stop-motion a Á., y al toparme con ésta me senté a verla otra vez cómodamente en mi Roxy C, ahora que las pelis en mi salón cobran una nueva dimensión. "Mad monster party?", con todas sus carencias técnicas (han pasado más de cuarenta años desde su estreno), es una virguería, pura magia, con muñequitos en movimiento de Drácula, la Momia, el Hombre Lobo, Jeckyl/Hyde, el Hombre Invisible, la Criatura de la Laguna Negra, King-Kong, etc., que al estilo de "Un cadáver a los postres" (estrenada en 1967... pero con varios antecedentes: "La cena de los acusados" de 1934, "La mansión de los horrores" de 1959 o las clásicas novelas de Doyle o Christie) son reunidos en una mansión por un excéntrico millonario, en este caso el mad doctor Boris "Flankin" Frankenstein (Boris Karloff, claro). El motivo: avejentado y cansado, ha decidido claudicar y ceder a su sobrino tanto el castillo como sus últimos inventos. El inútil miope del sobrino es ajeno a la conspiración de todos los monstruos clásicos de la Universal en plastilina, que pretenden liquidarle para repartirse las valiosas posesiones del Dr. Frankenstein.

Uno de los primeros largos en stop-motion no exclusivamente para niños, que peca si acaso de un ritmo algo pocho (acostumbrados a la efervescencia de epopeyas televisivas para la generación con déficit de atención como Celebrity deathmatch, Robot Chicken o su más directa heredera temática para el siglo XXI, Mary Shelley's Frankenhole) y de esos escenarios estáticos (aunque esto a mí me gusta mucho: los dioramas dinámicos y en perpetuo movimiento de las obras maestras recientes de Tim Burton, Henry Selick o Aardman me asustan un poco, y hay mucho CGI ahí) e incluso errores de continuidad entre un fotograma y el siguiente (se le perdona todo, que la técnica estaba en pañales), pero que supone un revulsivo tanto para la stop-motion (el animagic del estudio Rankin/Bass es una de las mayores aportaciones de la Industria a la imaginación del ser humano) como para la consagración del pastiche cinematográfico de monstruos como espectáculo para las masas (con mucha más pasión y acierto que las patochadas de Abbott y Costello en los cuarenta).

Coincide además mi nuevo visionado con la defunción de la quieridísima Phyllis Diller, que aquí hace de la Mujer del Monstruo, a quien se lo dedico (??¿?¿). Entre mis escenas favoritas, me quedo con el apoteósico final, y con la actuación de Little Tibia & The Fibias.

Found Footage Festival vol. 2

Hoy me he tragado otro prontuario de piezas audiovisuales, un collage más de videos curiosos, en este caso provenientes todos de la vasta colección de VHS de los responsables de la web Found Footage Festival, dedicada enteramente a compartir grabaciones caseras inéditas. Además de compartir estos increíbles videos en su web, armar DVDs temáticos y escribir libros sobre lo suyo, Joe Pickett y Nick Prueher, sus responsables, se pasan todo el año de gira representando en grandes cines y teatros norteamericanos esas joyas abisales del despropósito doméstico, y graban el resultado en nuevos DVDs que comercializan igualmente. A día de hoy están promocionando el volumen 6. Esta segunda entrega, por tanto, es la reproducción de la puesta de largo en directo de una de esas baterías de videos. El resultado es una especie de Trash entre amigos, con Nick y Joe micro en mano comentando las piezas. El montaje resultante es infinitamente menos divertido e interesante que obras maestras de la video-mixtura como "The Whore Church", pero como exhibición de atrocidades está relativamente simpático. En la hora y media de metraje, destaca un largo clip con los grandes éxitos de Jack Rebney, el famoso Winnebago Man, the angriest man in the world (una historia fascinante la de este video encontrado, que tiene incluso todo un documental en su honor), descacharrantes actuaciones en un cutre-show de los años ochenta de una tele local llamado Stairway to stardom, fragmentos musicales temáticos (penosos raps ochenteros, rutinas de ejercicio domésticas...) y, especialmente gracioso, el montaje dedicado a videos disuasorios y consejos para niños de famosos de los ochenta, como ese Mr. T enseñando a los críos a disimular en lugar de llorar cuando se meten una hostia, o Alvin y las Ardillas junto a Alf demonizando la marihuana. El conjunto es arrítmico y muchos de los videos están en Youtube desde hace siglos, pero uno es adicto a esto y lo volvería a ver.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Tom Bruno & Sabir Mateen - "Getting away with murder" (1998)

Ahora mismo, en la maravillosa emisora WFMU, en el show nocturno de John Allen (miércoles a mediodía en España), está terminando de sonar entero "Getting away with murder", un disco que pillé hace mucho tras escucharlo, igualmente entero, en algún otro recóndito programa de la misma emisora libre sindicada. Se trata de la grabación en crudo, de una menos cuarto a una y media, una mañana cualquiera de febrero de 1995. Dos desconocidos músicos callejeros, captados en directo en el subway de Nueva York. Una improvisación de 45 minutos de jazz en estado puro. Saxo y percusión desatadas. De fondo, de cuando en cuando suena un tren llegando a Grand Central Station, las aclamaciones del público o una voz neutra anunciando algo por la megafonía. Tom y Sabir despliegan una lección del mejor free-jazz posible, absolutamente arrebatador y energético. En las antípodas de la Industria, del tejemaneje discográfico, es una filigrana imprescindible y una muestra maravillosa de lo que la música debería ser siempre.

lunes, 27 de agosto de 2012

"Los secretos del Universo" (Jo, tía!, 2012)

Hace algunas semanas que terminé de despachar "Los secretos del Universo", el nuevo proyecto titánico del JoTío. En realidad tengo pendiente el último artículo, que es una guía de episodios de una serie que me he propuesto ver estos días, porque se ha cruzado demasiadas veces en mi camino ultimamente y por fin la he encontrado, aunque sea en versión original. Pero voy a hacer la reseñita, y recomendar este fanzine deslumbrante y único en su especie, por si alguien no lo conociera, que se anime, que la literatura marginal es una cosa muy efímera, y o mete uno la cabeza ahora o se arrepentirá para los restos.

No puedo ser objetivo al hablar de esta obra, puesto que conozco al autor. No porque por ello tenga que medir más mis palabras, o eludir la crítica más personal y sincera (que a lo mejor un poco también, aún no lo sé), sino porque el hecho de conocer al autor siempre hace que comprendas mejor su intencionalidad, su lenguaje, su tono, sus bromas privadas. Si no conociera a Martin Tupper y a la Chica Explosiva (autores del primer artículo), por ejemplo, no sé qué idea habría sacado de esa brillante pero airada, arrebatada, vehemente, intransigente lectura de La Realidad, de cómo podrían ser las cosas y cómo sin embargo "los 4 hijos de puta de siempre" han decidido que sean. Un repaso filosófico-ideológico, sociológico, metacontracultural, basado casi totalmente, como confiesa humildemente Tupper, en una obra ajena que recomienda vigorosamente ("Lenguaje, mente y sociedad" de José María Chamorro) a casi todo, intentando abarcar demasiado y revolver demasiado las mentes. Yo, que estoy más acostumbrado a leer las peripecias de Peter Parker o los desvaríos surreales de Steve Aylett, no estoy muy hecho a este tipo de textos, por muy simpificado que se me haya dado, y he creído comprenderlo solo a medias. Un segunda y tercera lecturas serán más aclaratorias. Después de una primera, creo que hay algo gordó ahí, aunque la prosa del JoTío resulta un tanto amedrentadora, creo, para quien no conozca el origen del fanzine. Creo que este va a ser el hándicap general de toda la obra: el tono de sus autores, acostumbrados a un público fanzinero versado en la ironía, el sarcasmo y la inmodestia brutta. Un público, el de esta penúltima encarnación de Jo, Tía, que probablemente (ojalá) no tenga nada que ver con aquél que nos tronchábamos con las entrevistas a Jesús Vázquez o los artículos sobre la regla o los tebeos de los Simpson.

Porque Jo, Tía empezó siendo, allá por el año 2000 (como se puede comprabar en mi viejo blog abandonado Frunoflickr) un frívolo y ameno panfleto fotocopiado de teenage (angst) exploitation, y lo que aquí se nos ofrece es un tractatum contracultural muy ambicioso y trascendente.

Por cierto, que mi copia de "Los secretos del Universo" se me fue de las manos. Durante los primeros cinco o seis días la llevaba siempre encima, y cierta madrugada de domingo se la regalé a un mexicano al que conocí este verano. Fue un encuentro casual, de rebote, a medio camino entre un bar de Malasaña y el siguiete. Mis amigos me esperaban en un bar, y habían hecho amistad, al salir de una pequeña sala de teatro, con un matrimonio mexicano de visita a la ciudad. Él es un prestigioso escritor y filósofo americano, profesor de filosofía de la UNAM, con 14 libros publicados y experiencia audiovisual en la docencia, más allá de las aulas. Una verdadera eminencia intelectual, y trabamos amistad durante varios días de su estancia. Un hombre asombroso, con una inteligencia, una capacidad de atención, de asombro y de respeto a su interlocutor como pocas veces se encuentra uno. Al sentirse atraído por el tocho que llevaba entre las manos, no pude evitar regalárselo. Y días después, tras otro encuentro fortuito (desayunaba junto a la ventana de una cafetería y yo eché un vistazo a través de ella mientras paseaba haciendo un recado) me contó que ya se había leído el volumen, y me estuvo transmitiendo sus impresiones durante largo rato. Es por eso que al afrontar yo la crítica de este texto, no puedo evitar plantearme la idea que puede generar en alguien totalmente ajeno al fanzinismo, criado con la literatura underground madrileña de los noventa, ajeno por completo a la idiosincrasia y al contexto de un producto, creo yo, con unas miras tan concretas. Su impresión era muy positiva, pero estaba realmente contrariado por la forma y el léxico, tan antagónico de los textos a los que está acostumbrado un catedrático. Y por la intención del autor de querer abarcar tanto, tantísimo.

Como sea, yo he disfrutado mucho de su lectura. Al margen, como digo, de que no estaba preparado para el primer ensayo introductorio (insisto, sobre "cómo podrían ser las cosas y cómo sin embargo los 4 hijos de puta de siempre han decidido que sean"), durante el resto de la lectura me he sumergido en un universo que me es completamente desconocido pero que me interesa muchísimo: el de los enteógenos. Esta primera entrega de 3 de "Los secretos del Universo", pese a lo que pudiera parecer, no tiene nada que ver con asuntos que se tratan habitualmente en Cuarto Milenio, ni con los rincones inexplorados del Cosmos. Aquí lo que vamos a saber es que hay alternativas a la hora de enfrentarse a la vida. Que nuestra percepción de lo que nos rodea no es la única, y que de hecho probablemente es la peor posible. A través de un viaje por la contracultura y la experiencia de los estados alterados de conciencia. El segundo artículo, como post-introducción disuasoria, se le da un palito a la subcultura straight edge, aquello del veganismo ultrarradical y el desprecio a todo tipo de sustancias, por la vía violenta si es necesario. Yo creo que eso no eran exactamente (lo de la violencia) los preceptos de Ian MacKaye, a quien yo adoraba de niño, pero sí que es irrebatible la tontuna del fanatismo anti-consumo. A partir de aquí, vamos a bucear a fondo a la búsqueda de la verdad sobre la vida a través de la psicodelia, los hongos mágicos, las sociedades micófilas y micófobas, el culto a las plantas alucinógenas, los sueños lúcidos (sorprendente artículo WTF FTW), una clasificación de sustancias y efectos, el culto a las seticas, etc. En una serie de interesantes artículos (uno de ellos reproducido tal cual a partir de la versión mexicana de Life) y entrevistas. En cuanto a estas últimas, probablemente lo más sustancioso del cuerpo de un volumen que pretende ser heterodoxo como éste, conocemos y charlamos con la lúcida y deseable Krystle Cole, youtube personality, jamona y gurú del consumo de enteógenos 2.0. El larguísimo monólogo deslavazado de Pau Riba, desde la España Profunda Proto-Post-Hippie, confieso que se me atragantó como un adoquín de caramelo de canto (supongo que porque yo no me pongo). Con Fernando Sánchez-Dragó la charla es muchísimo más divertida y alucinógena siempre. El artículo sobre la cultura Huichole y la visita a la Montaña Mágica de Montserrat (con sus mad doctors, intraterrestres, curas exploradores y nazis) son una maravilla. Y el artículo final, el que decía hace un rato que lo tengo en barbecho, es sobre la serie Sigue soñando, aquella "sitcom con tetas" que echaban en el Plus cuando éramos pequeño y que muchos no nos hemos podido quitar de la cabeza, pese a no haberla vuelto a ver hasta ayer mismo. Personalmente, estoy esperando la segunda parte más que la emersión de los Hombres Topo que pronto nos arrancarán los ojos.

viernes, 24 de agosto de 2012

Permanezca en sintonía (Peter Hyams, 1992)

Otra pequeña pieza de culto del fantástico finisecular que me he tragado estos días, con ansia, para disfrutar en mi pedrazo de tele HD de aquello que había visto en cine hace demasiado tiempo, o que solo había tenido ocasión de mirar a través de purulento VHS. Esta la recordaba muchísimo más arriba en mi molómetro de cuando era moñeco, supongo que por la escena de dibujos animados, que me parecería pura magia; y aún siendo un poco moñas, me ha entretenido bastante. Vista de nuevo ahora, lo que me ha parecido más destacable es la vis cómica de John Ritter, el cargante mindundi de Apartamento para tres, que me ha hecho reír muchísimo todo el rato. Un poco como en "Pleasantville", esto va sobre un señor misterioso y malvado (Jeffrey "Gurruchaga" Jones en este caso), que llega al chalecito de los Knable haciéndose pasar por comercial y le ofrece a Ritter/Roy Knable una oferta imposible de rechazar para un teladicto como él: un mando a distancia mágico, una tele gigantesquísima y acceso ininterrumpido a 666 canales. El futurista mando a distancia se convertirá en un portal que se lleva al matrimonio Knable (a la esposa la interpreta otro rostro televisivo de la tele americana, Pam Dawber, la que hacía de Minder en Mork y Minder, la psicotrónica sitcom que dio a conocer al marcianito Robin Williams) a un plató de televisión que hace las veces de Purgatorio. Satanás se entretiene mirando esos 666 canales, en los que tienen lugar concursos y peligrosas escenas de teleseries donde se pone al límite la vida de los elegidos. Rememorando aquí la sustancia de "The running man", los teleadictos tienen que sobrevivir 20 horas a las tele-perrerías, o si no se mueren y van al infierno. Mientras los hijos de los Knable se vuelven locos en casa tratando de sacar a sus papis de la tele, los protagonistas tienen que sobrevivir a todo tipo de aventuras que parodian mil y un programas y películas ochenteras (escenas de western, peplums y duelos con florete, dibujos animados, concursos de citas amañados, videoclips y hasta, por supuesto, un cameo por Apartamento para tres), un zapping a base de spoofs con fecha de caducidad que se hace un poco pesado. El conjunto está simpática aunque se ha quedado un poco obsoleta. Y lo más sorprendente, insisto, lo que me he podido reír con el insulso de Ritter, que a priori temía que iba a ser como ver de soslayo a mi aburrido tío en el video de aquella boda, y sin embargo está estupendo, sobre todo travestido en el video de Salt n' Pepa o emulando a Clint Eastwood vía Leone.

Los Muppets (James Bobin, 2011)

He cometido el imperdonable error de ver la resurrección de la franquicia de los Teleñecos en su versión doblada. Y siendo esto un producto navideño, vía Disney para todos los públicos, en español tradujeron y adaptaron también las canciones. El resultado es una cosa extraña, minusválida, bochornosa. El tipejo que dobla al teleñeco protagonista, un humanoide de felpa creado para la ocasión (que hace del hermanito de Jason Siegel que nunca creció) es ese señor o señora que dobla a todo cristo ahora, el que hace de Jimbo Jones en los Simpson; y también sale el que hace de Barney Stinson, o el mismísimo Homer moderno, un grupo de actores gangosos y sin carisma alguna que han devaluado la profesión hasta la periferia del esperpento. Pero debajo de ese sindiós, de la desvirtuación absoluta del Regreso, he creído comprender y creo que valorar el espíritu inicial de la puesta a punto de los maravillosos Teleñecos. Pecando a veces de ñoña, y ajena al gamberrismo formal y argumental de los sketches del Muppet Show de los setenta (aunque no faltan unos pocos, contados, momentos muy simpáticos y brillantes), la película es bastante digna, y verdaderamente Jason Siegel (absoluto protagonista humano, guionista y productor) se ha dejado la piel por revitalizar algo de todo aquello, aunque sea bajo la inevitable pátina de corrección y puerilidad que exige la Disney y los tiempos que corren. No estoy seguro de que un show semanal como el de los Muppets, que en sus mejores momentos no era sino un SNL psicodélico y surreal, tuviera cabida en la televisión actual (creo que rotundamente no), pero todo homenaje a las creaciones de Jim Henson y Frank Oz (quien, por cierto, no ha tenido nada que ver con esto) lo recibo con alborozo. Y desde luego, se podría haber hecho mucho peor. Incluso en vida de Henson se hicieron cosas más atroces.

jueves, 23 de agosto de 2012

La pesca del salmón en Yemen (Lasse Hallström, 2011)

El Dr. Alfred Jones, interpretado por Ewan McGregor, es un Experto En Pesca (no en vano inventor del señuelo llamado "la mosca Jones"). Por un requiebro del destino, se las ve trabajando como consultor para un proyecto del Gobierno Británico que consiste en convertir un árido terreno yemení en un frondoso río repleto de salmones, para satisfacer el capricho de un bondadoso jeque, guapetón, con turbante y una cimitarra al cinto, que está dispuesto a invertir cincuenta millones de libras en la bobada. El Dr. Alfred Jones, con esa carita de niño bueno, ese tipín de sedentario y lelo oficinista y esos ojitos picaruelos, incomprensiblemente está casado con una fea y huraña imbécil que no le hace caso y que se pasa todo el día fuera de casa, probablemente poniéndole los chuflos. Mientras, a la expedición al Yemen se unirá una guapísima y sensible asistente, llamada Harriet (Emily Blunt), quien a su vez está también pillada, en este caso con un apuesto soldadito. Todo apunta a que el amor entre Ewan y Emily no va a ser posible, pues, ya que ambos tienen su vida sentimental programada. A pesar de que la vieja arpía del Dr. Jones se nota mazo que no le quiere y sobra en esta historia, y de que el soldadito (que, recordemos, no era novio, novio, solo se conocen desde hace unos findes) es destinado a Afganistán y se le da por muerto a la media hora de metraje.

Pero hete aquí que el Destino y el Amor son más poderosos que la Razón, y así como miles de salmones remontan el río y pelean por su vida a contracorriente para desovar en el nacimiento de los ríos, de igual forma Ewan conseguirá introducir su ario pene y por consiguiente sus pequeños huevecillos en el receptáculo de Emily, contra viento y marea, pese a la oposición de las parejas de ambos, de los asesores del proyecto, de la Madre Naturaleza, la corriente de Río de la Vida y el Gobierno de Su Distinguida Majestad La Reina, que tiene supervisando todo el asunto a una Cruella De Vil, una inhumana burócrata sin sentimientos que bien podría haber sido interpretada por Francisco Marhuenda.

La razón de ser de esta increíble historia es, pues, si los salmones remontan, y si los pusilánimes se montan. Hasta en tres ocasiones el proyecto morisco-piscifactoril peligra, y los enamorados protagonistas se ven obligados a separarse. La malvada burócrata gubernamental, que es que hay que verla cómo se comporta que parece Gargamel con celular, hace todo lo posible por que se partan peras económica y sentimentalmente. Y encima, al loro, hay un misterioso comando terrorista (lo menos Al-Qaeda) que atenta primero contra el bondadoso jeque (aquí Ewan McGregor le salva la vida con un ágil movimiento de caña, clavándole el anzuelo al terrorista en un moflete, lo juro por mi vida que esto pasa), y luego contra la mismísima presa. Pero al final creo que se besan, y deciden quedarse a vivir entre salmones. Calculo que para 2017 llegan a tercera base y de paso los salmones crían.

Otra decepcionante comediarromántica para débiles mentales. Sigo buscando una buena, no desespero. Tendría que haberme informado, antes de sentarme a ver esta mamarrachada, sobre que el guionista de ésta es el mismo que concibió "Slumdog millionaire". Ese hijo de puta...

miércoles, 22 de agosto de 2012

Noche de miedo (Tom Holland, 1985)

A riesgo de que esto empiece a parecerse al blog del brasas de James Wallestein, hoy me he estado viendo esto tomando un café tras otro y allá va. Ésta no la había visto nunca, creo, pese a ser un clásico del videoclub de mi barrio (y de tu barrio), siempre bien situada entre los best sellers de terror. Es la clásica historia sobre un adolescente de barrio residencial que mira por la ventana y cree que algo raro está pasando con los vecinos de al lado (como en "Neighbors", "No matarás... al vecino", "La ventana indiscreta" o, mejor aún en "Bart de oscuridad"), que manipulan cadáveres, trasnochan y visten raro. Desesperado, y acosado por el malvado vecino, quien por supuesto sí que resultará ser un criminal, y de paso un vampiro (clásico, de los que odian los ajos y el agua bendita), el protagonista (William Ragsdale) decide pedir ayuda a Peter Vincent (genial Roddy McDowall), un cazador de vampiros que hace de horror host en un famoso programa de televisión local. Vincent sí que no resultará ser lo que parece, y obviamente solo es un torpe actor aficionado al vampirismo. Junto con su amigo friqui "Evil" Ed Thompson (Stephen Geoffreys, una leyenda del fantástico ochentero que pasó de estrella juvenil a estrella del porno gay) y su novia Amy (la inconfundible Amanda Bearse, que crecerá para convertirse en la maravillosa vecina sexy pero timorata de los Bundy en Matrimonio con hijos), deciden adentrarse en el caserón del vampiro. Allí tendrán lugar todos los tópicos imaginables e intransferibles del delicioso cine de género de la década de los ochenta: carreras, licantropía en stop-motion, sangre, sustos al cabo de la puerta, conversiones, humaredas, feas dentaduras postizas y un final abierto. Es curioso como tantas de estas películas de supuesto terror de los ochenta son en realidad comedias encubiertas, cuyas carátulas eran un clarísimo mensaje disuasorio para los menores, y una vez que las ves con cierta edad y pasado algún tiempo, descubres pequeñas joyas de un cine de entretenimiento que ya no se hace así de bien.

Screaming in high heels: The rise and fall of the scream queen era (Jason Paul Collum, 2011)

A la búsqueda del viernes noche palomitero perfecto, buscando alguna joya kitsch de terror sexy de bajo presupuesto que no hubiera visto, me encuentro con este documental, que retrata una época y un fenómeno muy concretos, sobre el que se han escrito literalmente toneladas de fanzines y que ha dado origen a cientos de entusiastas, directores en ciernes, revistas, convenciones de fans y descargas biológicas nocturnas: las pelis de Brinke, Michelle y Linnea. Principalmente, aquellas joyas trash de señoritas gritonas en peligro de desnudo fácil, motosierras y monstruitos de látex y cartón pluma, que fueran dirigidas sobre todo por los incombustibles David DeCoteau, Fred Olen Ray y Jim Wynorski. Discípulos de Roger Corman y Russ Meyer, y abanderados de toda una nueva generación de cineastas descerebrados (Troma, Full Moon, etc), a caballo entre los ochenta y los noventa esta panda de desarrapados facturaron, como si fueran churros, una inabarcable cantidad de películas, secuelas, explotaciones, secuelas de explotaciones, sagas y telefilmes de ridículo presupuesto, que tenían, muchas de ellas, un ingrediente común: chicas con muchas curvas y mucho carácter que gritaban como arpías en el matadero. De todo aquello probablemente solo se salven un puñado de títulos: "Hollywood chainsaw hookers", "Vampiro del espacio", "Creepozoides", "Nightmare sisters", "Sorority Babes in the Slimeball Bowl-O-Rama", "Bad girls from Mars", "Evil toons", entre las que estoy seguro de haber visto, y del resto me da menos pereza enfrentarme al trailer o leer en el 2000 maníacos que sentarme a verlas pacientemente. Puede que esté equivocado. La verdad es que la enorme cantidad de material de archivo que muestra el documental pone los dientes largos. El documental avanza a base de entrevistas con los protagonistas del fenómeno (resulta muy curioso que el director sea uno de los que más participan en las declaraciones, entrevistándose a sí mismo...), y se convierte en una reivindicación, no solo innecesaria sino directamente penosa, de la carrera actual de estos imparables salchicheros del celuloide. Yo la verdad es que no me acerco a las carreras actuales de estas scream queens ni con un palo. Ya lo intenté en su día con las musas de Russ Meyer o Andy Sidaris, me sentí atraído por saber qué hacían en la actualidad Kitten Natividad, Julie Strain o Raven De La Croix, y me dio una pena enorme. Supongo que son tiempos irrepetibles, por más que se empeñen, y por más que ahí sigan los tres, peleándose para sacar adelante sobreexplotaciones de lo mismo una vez más, con nuevas chicas o con las mismas avejentadas starlettes de entonces, ora con la Asylum, ora haciendo una mierda para el SyFy o el Canal Playboy. Desde luego, no soy su público. Mi viernes noche perfecto delante de la tele exige una buena dosis de nostalgia, y por mí se podrían dejar de hacer películas ya.

Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981) / "Matinee" (Joe Dante, 1993)

La imponente presencia de mi nuevo televisor gigante colgado de la pared, en HD con sonido meteoroscópico, me anima a recuperar algunas de mis películas favoritas estos días. El lunes (los lunes son mis sábados) me estuve preparando minuciosamente para enfrentarme a una sesión continua perfecta, nostálgica, infalible, con dos obras maestras del fántástico que hacía muchos, muchos años que no veía, el suficiente para apenas recordar muchas de sus escenas: "Un hombre lobo americano en Londres", seguida de "Matinee".

No me siento hoy en la tesitura idónea para explicar cuánto significa para mí el cine de John Landis, director de comedias perfectas como "Desmadre a la americana" (¡toga, toga!), "Granujas a todo ritmo", "Entre pillos anda el juego", "The three amigos" o "Superdetective en Hollywood 3", alma de la serie Dream on o responsable del mejor videoclip de toda la historia de la Humanidad; y menos aún para expresar lo que sólo el nombre de su amigo Joe Dante ("Gremlins", "Aullidos", "No matarás... al vecino", "Exploradores", "El chip prodigioso"...) me evoca. El espíritu del National Lampoon, el Saturday Night Live, el pop de los ochenta, el toque mágico del superdotado Spielberg, se canalizaron a través de Landis y de Dante (y de John Hughes, Harold Ramis, Frank Oz, John G. Avildsen, Tobe Hooper y pocos más) en algunos de los mejores momentos de la historia del cine norteamericano (valga la redundancia).

"An American..." fue la primera inmersión de Landis en la comedia fanta-terrorífica ochentera para todos los públicos (después de su inencontrable estreno tras las cámaras), pero no pudo reprimir que sobre el impecable background seleccionado (la campiña londinense, con sus pubs, sus leyendas, sus extras tomando té todo el rato; y el Metro de Londres, con sus bobbies y sus punks) y el angst adolescente planeara una abusiva dosis de incorrección y sordidez, sangre a raudales y tetas. Cuando era niño, esta película me dio un miedo terrible. Era la época en la que íbamos al cine con los papás a ver los "Goonies", los "Gremlins", "Big", los "Cazafantasmas", como mucho los "Ghoulies", comedietas fantásticas para toda la familia. Pues en esta película probablemente vi las primeras tetas en pantalla grande de mi vida (quizá se adelantaron las de Joan Severance en "No me chilles que no te veo", que ésta sí que estoy seguro de que la vi en cine, con 10 añitos), las escenas más explícitas y probablemente más aún las de "terror invisible" (la persecución del yuppie en el Metro), me traumatizaron durante muchísimo tiempo. De alguna manera, este título y su influjo sobrevolaron toda mi infancia, y me convirtió en un fan irredento del cine de género. La repentina transformación de David en licántropo, mientras lee la novelita en casa de la enfermera, no ha perdido ni un ápice de su fuerza. Sigue siendo una de las escenas más efectistas de la historia del fantástico, una obra maestra de la orfebrería que impresiona muchísimo más que miles de millones de CGI invertidos en las producciones posteriores que sean. Por supuesto, esa fue la escena que llevó a Landis a conocer a Michael Jackson, y a Spielberg, y lo convirtió en leyenda para siempre. Pero ahí está también la presencia onírica del Jack zombie putrefacto, la escena del cine porno, la propia película porno que Landis se encaprichó de dirigir y anunciar por todas las calles de Londres ("See you next wednesday", protagonizada por Linzi Drew), la hilarante escena en Picadilly Circus con David animando al policía a que lo detenga («¡Thatcher es un marimacho! ¡Churchill era un maricón! ¡Shakespeare era francés!»), la presencia constante de la luna llena... No recordaba todos estos momentos absolutamente perfectos, y confirmo que esta obra maestra no hace sino consolidarse y ganar solera con el paso del tiempo.

"Matinee" es otra de mis películas fetiche. El actor de culto John Goodman, que sigue seleccionando sus películas con un buen gusto exquisito (el año pasado estuvo nada menos que en "Red state" y "The artist"), está aquí impecable como ese director de cine inasequible, cutre, soñador, infantil, maravilloso, que ama el séptimo arte por encima de todas las cosas. Un personaje que se apoya sobre todo en William Castle, pero en el que se encuentran también ecos de Hitchcock, de Corman, de Ed Wood o, por qué no, de directores como Landis, Dante o la factoría de Charles Band. Artesano del cine de género, quintaesencia de esas películas de terror en las que lo que menos importa es el argumento y lo que prima son el dinero rápido, las caretas y los gimmicks, Goodman/Lawrence Woolsey llega al pequeño y plácido pueblecito de Key West, Florida a estrenar su última monster-movie en blanco y negro, en 1962, coincidiendo con la Crisis de los Misiles cubanos. Durante toda la película e leitmotiv es el espeluznante terror generalizado alrededor del puñado de misiles que apuntan a los EEUU, las frases reales de Kennedy y sus asesores intercaladas en el metraje, y el barco de la Marina secuestrado en alta mar, en el que se encuentra el padre del adolescente protagonista, Gene Loomis, un chaval aficionado al cine de bajo presupuesto que anda como loco por la llegada de Woolsey al cine de su pueblo. El estreno de la película, repleta de esos efectos en la platea (las butacas con descargas eléctricas, el sucedáneo de terremoto durante el ataque del monstruo, el "percepto", el supuestamente terrorífico "hombriga" correteando entre el público...), termina convirtiéndose en un remedo del fin del mundo, con toda la sociedad norteamericana pendiente del descalabro nuclear. Dentro del cine se produce un auténtico holocausto a pequeña escala, a través del cual se germina la perfecta historia de amor entre adolescentes nerds. Los mil y un guiños al cine de monstruos viejuno ("Mant", la pelicula-dentro-de-la-película, es un claro homenaje tanto a "La mosca" original como a "Them! (La humanidad en peligro)"; Dante contó con actores de la época para participar tanto en "Mant" como en el reparto normal, destacando a Dick Miller, actor fetiche de varias generaciones de amantes del fantástico, Corman a la cabeza; el ya citado homenaje permanente a William Castle o a la AIP; las parodias de las cutres películas de acción real de Disney que se ven la jornada previa en el cine de Key West, destacando "El carrito de la compra viviente"...), los guiños también al cine ochentero (igualmente, el uso de actores imprescindibles en este concepto, homenajes a "Robocop" o "La mosca"...) y la inabarcable pasión que exhuda "Matinée" hacia una profesión en desuso, la convierten en otra pieza de culto que no me cabe en la cabeza que no sea mil y una veces reivindicada y reestrenada en los autocines.

Regreso a Japón / Putrefacción (Wolverine 300-309)

La serie regular de Lobezno llega a su 300ª entrega, y recupera la numeración original, con el último arco de Jason Aaron, que se despide aquí pero se queda en Wolverine & The X-Men. Se despide con una historia en 5 partes en la que se limita a poner orden en la relación de Lobezno con sus enemigos más ilustres. En Japón se ha desatado una guerra de mafias, Yakuza vs. La Mano. Vemos ninjas de todos los colores y sabores, y exóticos japoneses tatuados hasta el colodrillo conduciendo motos vintage con sierras mecánicas. Mucha acción, mucho trote. Nos vienen a contar, basicamente, que Yukio y Amiko están bien; que hay un nuevo Silver Samurai, hijo del original; que Mística está viva (bien, Aaron, la mataste no hace ni diez números); Lord y Lady Deathstrike también se apuntan a la fiés; y Dientes de Sable aprovecha la coyuntura para autoproclamarse Jefazo del Mal en Asia. Lobezno aparece por allí de cabeza, en mitad del encuentro de supermalos, y raja que te raja les deja claro quién manda aquí.

En el arco siguiente damos la bienvenida al que tengo entendido que va a ser el nuevo guionista regular, Cullen Bunn. Y se estrena con una historia ("Putrefacción") en cuatro partes, domeñada por Dr. "Rot" Rottwell, un mad doctor  creado para la serie Wolverine: Weapon-X. La acción se desplaza hasta la América Profunda, nada menos que hasta Dunwich (¡el horror, el horror!). El malvado es un loco calvo que se dedica a abrir cuidadosamente la cabeza a la gente y jugar con sus cerebros. Viste un traje confeccionado con las pieles de sus víctimas, y se rodea de una troupe de redneck zombies muy simpática: un grandullón peludo con motosierras en las manos (Charlie Chainsaw), un par de pibones sádicas (Baylee Ann y la Enfermera Fester), un soldadito maníaco (Tatter), su propia madre y su tatara tatara abuelo psicotizados. Un remedo de los Manson o de la tierna familia de Caracuero, y en un entorno similar, para una historia predecible, correctita pero visualmente deliciosa, que aparte de homenajear a "La matanza de Texas" y a Rob Zombie sirve para reconciliar a Lobezno con Melita, pero de paso dejar a Lobezno sin algunos de sus recuerdos recientes.

lunes, 20 de agosto de 2012

vhs (1)

Esta mañana he ido al piso de Ríos Rosas de mis amigos a regarles la Planta de la Alegría por última vez. Me ha llamado uno, desde algún punto indeterminado de Cáceres en el que estaban repostando camino de Madrid, y me ha confirmado que llegan esta noche. Que gracias. Y que mañana nos vemos para devolverles las llaves y me invitan a algo. La planta esá bien erecta. Le he cantado y recitado cada día. No entiendo por qué a estas alturas no le han brotado aún los porros, ni siquiera la puntita, pero debe ser que le quedan aún algunas semanas de crecimiento. Mi último paseo rutinario lo he hecho especialmente relajado hoy, después de un fin de semana agotador que casi termina conmigo. Siguiendo mi instinto, me desvié por calles diferentes para no repetir el mismo horizonte visual de cada día. En realidad siempre lo hago, casi todos los días he trazado rutas diferentes, ampliando así mi conocimiento de las calles y establecimientos al norte de mi casa, que lo tengo menos trillado que el sur. He descubierto el parque de Canal, que yo pensaba que lo conocía y tan solo había visto algo así como el cinco por ciento. Pasada la primera placita de la entrada principal, no solamente está el gigantesco campo de entrenamiento de golf privado que se le puso a Santa Esperanza Aguirre en sus santos cojones toledanos construir sobre el tercero de los embalses subterráneos del Canal de Isabel II, sino que siguiendo el caminito de poliuretano para deportistas (que en mi sano juicio nunca se me hubiera ocurrido seguir) se adentra el paseante en una inmensa zona ajardinada con una cafetería con terraza, un precioso edén botánico con muestras de especies del mundo, mesas a la sombra de esas que tanto me cuesta encontrar en mis paseos e incluso un pequeño lago con aspersores y saltos de agua flanqueado por docenas de jóvenes en bikini. A menos de diez minutos de mi casa.

Decía que era mi instinto lo que me guiaba esta mañana, y no mi juicio. Mi instinto me hizo encaminarme al interior de una tienda de decomisos por Islas Filipinas, con una puerta minúscula al exterior pero que albergaba una de las superficies pequeño-comerciales más grandes que yo haya visto en mi vida. La tienda ocupa la planta baja de toda una manzana, sin ninguna columna estructural, desafiando todas las leyes arquitectónicas. Todos los productos del universo, sin excepción, incluídos flambochos con o sin ñueca, se exponen allí dentro a la venta. Mi instinto me llevó a la zona de juguetería, y me obligó a adquirir un tiranosaurio de plástico duro con franjas blanquiamarillas en el lomo, como las de un tigre, y un reloj de pulsera imitación de los Casio de los ochenta de toda la vida, de color azul cielo. No sé por qué lo hice. Fue un impulso. El mismo impulso irrefrenable me obligó a dirigir mis pasos erráticos hacia una papelera que había en una esquina, al fondo de la tienda, y echar un vistazo antes de dirigirme hacia la caja. En esa papelera, junto a una puerta que daba a lo que debe ser un almacén de material o alguna estancia o vivienda privada, había algunos recortes, periódicos viejos, algún resto orgánicos indiscernible y, encima de todo ello, una cinta de video VHS. Sin caja, sin envoltorio ni señales externas de ninguna clase. Sin pensármelo dos veces, sin mirar a mi alrededor, como si tirase algo, recogí la cinta y la guardé en un bolsillo trasero de mi pantalón. A la hora de pasar por caja no parecí levantar ninguna sospecha ante mi hurto sin importancia. Disimulé mi nerviosismo, porque no he robado nada en la vida, y tenía preparada una inocente respuesta en caso de que me hubieran observado a través del circuito cerrado de video. Quería llevarme esa cinta, ¿qué más les daría a ellos, si estaba en la basura? Abandoné el lugar caminando practicamente de espaldas a la puerta, porque un casete metido en el bolsillo trasero te llega casi hasta el omoplato...

Al volver a casa, he desempolvado el viejo reproductor de VHS, que lo tenía olvidado en el altillo del hall de entrada. Bueno, llamar a eso "hall" es un eufemismo. Al entrar en mi casa hay un espacio pequeño, no mayor que el cubículo de un ascensor de mancomunidad del casco viejo, que separa el acceso al wc y a la cocina del resto del apartamento. Hace algunos años que coloqué unos listones a un metro del techo, y sobre ellos un tablón, creando así un falso techo, un pequeño espacio que cubrí con una cortina corredera a juego con las paredes, que hace las veces de trastero. Allí tengo el transportín del gato, mi caña y mi red de pescar, un Monopoly de los Simpson, un casco de moto, un disfraz de astronauta, un globo terráqueo roto, mantas, una pequeña tienda de campaña modelo igloo plegable. El video analógico. Todavía no repuesto del sofoco del paseo bajo este sol abrasador, que está pegando estos días como si una bomba atómica hubiese estallado en el centro de la ciudad liberando en forma de hongo su carga nuclear, me dispuse a ver la cinta, muy nervioso por la emoción. En realidad sabía que la cinta no contendría nada interesante: horas de absurdas grabaciones del circuito cerrado de la tienda, un blockbuster del Lejano Oriente, un Real Madrid-Bayer Leverkusen, la final de Gran Hermano 27, o cualquier otra tontería. Pero la incertidumbre, la infinidad de posibilidades que se abrían, alimentaba el hormigueo en mi estómago. Me hice unas palomitas, me preparé un vaso de café con hielo del tamaño del Madison Square Garden, y me senté en mi sillón favorito (el sillón, vamos) a resolver de una vez el enigma.

Por supuesto, algo en el enrevesado sistema de cableado (cable de red del video, cable de red de la tele, euroconector video-tele) fallaba, y aunque escuchaba con nitidez unas voces insondables provinentes sin duda de la cinta, la imagen no se mostraba. Del cabreo, golpeé con el mando de la televisión en los brazos del sillón, y cayó hecho trizas al suelo. Me arrodillé de nuevo a manipular el complejo sistema de conexiones, con el ímpetu, la determinación y la actitud del mecánico que se arrastra debajo de un SUV a comprobar el diferencial autoblocante. Uno de los pins del euroconector estaba mutilado. Pero al apretarlo con todas mis fuerzas y darle unos golpes con el canto de la mano con todas mis fuerzas con el ímpetu, la determinación y la actitud de un ninja de fuego, por fin el televisor parecía recibir la señal del video. La imagen estaba detenida en un fotograma ininteligible. Ahora me tocó buscar el mando a distancia del video, pelearme con la pestaña que hace encajar la tapa de las pilas, encontrar una pila del mismo tipo que las que habían desaparecido a otra dimensión a través de un pórtico espacio-temporal bajo el sillón, pelearme con el celo, darle a la cajeta de las pilas unos cuantos golpes de ninjitsu más contra el brazo de madera imitación ébano del sillón...

En fin, no me extenderé más. Solucioné todos estos asuntos. El reproductor de video renqueaba y se quejaba de los achaques propios de la edad, pero funcionó correctamente. No hubo más sobresaltos. Solo era el Destino trabajándose un poco la escena, jugando con mis nervios. Pero al final he podido ver la cinta misteriosa. Y resolveré, pues, sin más dilación, a continuación, el asunto: ¿qué habría en la cinta? ¿"Los albóndigas en remojo"? ¿Un Informe semanal de 1997? ¿Sería una cinta virgen? Nada de esto. Había algo. Ahí hay ALGO. Esta cinta de video es lo más importante que me he encontrado en mi vida desde aquella mañana que localicé la salida del útero.

La primera imagen de la película es el rostro de una niña. Es una niña bonita, sonrosada. De unos diez años. Se la nota muy feliz pero muestra cierto desdén hacia quien la está grabando. Todo indica que está a punto de participar en el momento más importante de su vida: lleva puesto un traje de Primera Comunión. Lleva un ramo de flores en la mano derecha. Lleva unos zapatos negros muy brillantes. Hay mucho ruido a su alrededor. El granulado y el tostado de las imágenes revela que, así a ojo, estamos a mediados de los años ochenta. Detrás de la niña hay otras niñas uniformadas para comerse a Dios por vez primera, hay muchos árboles, bancos de piedra y una jardinera con flores blancas y rojas. Un niño vestido con un jersey de lana roja se cruza delante de la cámara, y saluda varias veces, haciendo cucamonas y aspavientos. Quien sujeta la cámara es un hombre. Habla lentamente y en voz muy alta, pero de una forma difícil de entender. Da la sensación de que es debido a que tiene los labios muy arrugados o encorvados. Calculo que está guiñando un ojo con mucha fuerza para concentrar la atención del otro a través del objetivo, o bien que está fumando un puro. "Quita, coño", grita, creo, cuando el niño pequeño, que lleva unas gafotas muy grandes, va a pasar por tercera vez para fastidiar a su hermana. Se oyen algunas voces nítidas de fondo, entre el griterío. Nombres de niñas gritados a porfía, piropos. Se escucha el piar insistente de un gorrión, tan alto durante un momento que se diría que se ha apoyado sobre el objetivo de la cámara. De pronto, al cabo de dos minutos y medio, la señal se pierde.

Durante un instante, que se me hizo eterno, aparece la señal del efecto de radiación electromagnética. Por algún motivo, estoy muy intrigado en este video. No es mucho más de un segundo lo que dura la pausa estática, pero es suficiente para que mi mano se haya lanzado sola hacia el mando a distancia que descansa a mi lado, con la destreza de un cowboy en duelo, y el dedo corazón haya pulsado el botón de avance rápido, desesperado ante la sola idea de que no haya más contenido en la cinta. Pero vaya si lo hay...

Tengo que volver hacia atrás para no perderme un instante de la película, aunque he conseguido atisbar la imagen que viene a continuación: una habitación vacía. Mi corazón, por algún motivo, se acelera. Pero el video ha retrocedido. Vuelta al plano de la niña. El primer plano con el que termina la escena que ya he visto, seguido de las centésimas de segundo de estática, y tengo de nuevo ante mí la habitación vacía. Es un salón. La imagen está tomada desde un rincón. Se observa en primer plano una mesa de centro de cristal, ante un sofá verde de tela sin cobertura ni estampado. Hay un periódico abierto sobre la mesa. Al fondo hay un gran comedor. Apenas hay decoración en las paredes o sobre el escaso mobiliario, pero es suficiente como para darme una idea de una casa grande y lujosa, muy luminosa. La imagen está en picado, desde una esquina, a media altura. Cierto efecto de abombamiento a los lados de la pantalla indican que se trata de una cámara oculta, o eso parece. La imagen no se mueve durante bastante tiempo. Transcurren los segundos. Una cortina se mueve a la izquierda de la imagen, desde donde entra el principal foco de luz. No se escucha nada. El silencio es total en la pantalla, y también en mi casa, donde estoy sentado mirando la cinta misteriosa. Intuitivamente, carraspeo para asegurarme de que no me he quedado sordo, pero no soy capaz de parpadear. La imagen es muy buena en mi televisor de plasma gigante, a pesar del tiempo que pueda haber transcurrido desde que esto fue grabado. Observo con nitidez la imagen fija del salón, y puedo advertir todos los detalles de la minimalista estancia. Pero no sucede nada, y empiezo a perder la paciencia.

Mi mano ya se iba sola hacia el mando a distancia a mi derecha, cuando, de repente, la imagen comienza a avanzar sola, a acelerarse. Unos dígitos blancos aparecen en el rincón derecho inferior, que indican que el tiempo está transcurriendo a toda velocidad, allá en el pasado. Sobre el minutaje, aparece también una fecha, o lo que parece una fecha: 83/07/12. Al principio, me desconcierta el avance rápido automático, y me sobresalto ligeramente, pero pronto comprendo que la persona que grabó esta cinta estaba adelantando la grabación original de la videocámara VHS-C. La imagen avanza mucho, cada vez más deprisa. Ahora se escucha un cierto ronroneo. A toda velocidad, desfilan de repente algunos bultos indescifrables por la pantalla, que está cubierta de varias cortinillas superpuestas, efecto de la velocidad de rotación de los cabezales. Acerco la nariz todo lo que puedo a la televisión, pero no se distingue nada. Juraría que es un hombre el que ha pasado por delante del sofá y de la mesa de centro, y se ha alejado de nuevo hacia el comedor del fondo, antes de desaparecer al fondo a la derecha.

Al cabo de un rato, la imagen se ralentiza de nuevo, y el minutaje se va acercando lentamente a las dos horas. Ahora la imagen se ha detenido de nuevo. El plano fijo es el mismo, pero las sombras han cambiado ligeramente. Hay más luz en la habitación que antes. Han transcurrido tan solo 12 minutos del tiempo real, en el presente, en mi vida real mirando esta cinta casera. Y por fin parece que llego a algo: por el lado derecho de la imagen, en primer plano, aparece una mujer. Ahora, a velocidad normal.

Es una mujer joven, morena, con el pelo suelto. Lleva un vestido completamente blanco, con una falda muy corta. Se mueve de espaldas a la cámara, toqueteando algo encima de la mesa de cristal de centro. Ahora me doy cuenta de que hay algún objeto más en la mesa, además del periódico. Creo que es un cenicero. La chica está recogiendo cosas, lentamente, y menea mucho las caderas. Tiene muy buena figura. Debajo de la falda se aprecian unas medias de encaje, también de color blanco, con ligueros. La chica se agacha ligeramente hacia la mesa de centro, y por un momento se le ven los muslos, muy arriba, debajo de la falda. la chica entonces se gira, y después de salir del plano durante un instante, se acerca distraídamente hacia el rincón donde está la cámara. Sin duda, está concentrada en lo que hace: limpiar la habitación. Ahora la veo con claridad. Es una mujer de piel muy blanca y el cabello muy negro, liso, que se vierte en cascada por delante y por detrás de los hombros, y con un simpático y desordenado flequillo que le cubre casi hasta el centro de las pupilas. Es una mujer muy hermosa. No parece que tenga más de veinticinco años. Por delante, el vestido es claramente de faena. Lo lleva abotonado apenas un poco por encima del vientre, y el amplio escote me permite contemplar que no lleva sostén; sobre todo, debido al punto de vista de la cámara, tan alta. La muchacha está ahora muy cerca de la cámara. Es muy bonita, tiene rasgos ligeramente felinos, no sé si por los pómulos tan marcados, por la nariz pequeña o porque tiene los ojos muy cerca el uno del otro. Definitivamente, es algo en sus ojos, en su mirada distraída, desinteresada. Y las cejas, las cejas están perfiladas, son muy finas y angulosas. Los labios son gruesos y colorados, de un rojo natural brillante. Ahora está tan cerca del objetivo, que puedo ver la diastema en sus incisivos centrales superiores. "Dientes de mentirosa", se le dice. Es una dentadura preciosa. Le da un aire infantil. No me recuerda a nadie, no sé con quién compararla, se da un aire a una jovencísima Katharine Hepburn, pero el peinado tan moderno, moderno incluso para 1983, y las paletas tan separadas, sin duda alejan esa imagen cinematográfica prefabricada. Hay algo familiar en esa chica. Mentalmente calculo que ahora, en 2012, ya habrá pasado de los cincuenta, y siento cierta desazón. Una desazón ridícula, absurda. No tiene sentido: hace solo cinco minutos que conozco a esta persona, a una vieja imagen silenciosa de esta persona que no sabía ni que existía, y de alguna manera extraña la estoy echando muchísimo de menos. No necesito mirar el mando a distancia para localizar el botón de avance a cámara lenta. Quiero observar detenidamente esa imagen, ese primer plano de la chica que acaba de entrar en mi vida, en forma de ondas herzianas a través de un ignoto casete encontrado entre la basura. Es un plano demasiado perfecto, un encuadre que no parece casual, el que observo ahora, la cintura, el torso, la prominente delantera, el fino cuello y el delicado y exótico rostro de esa chica, moviéndose acompasadamente, a trompicones, a sesenta fotogramas por minuto, alrededor de la cámara oculta. Por un instante, ahora parece mirar fijamente a la cámara. Sus ojos y sus labios están apenas entreabiertos. Detengo la imagen en el instante exacto en el que mira de frente hacia mi sillón. El rostro está en el centro exacto de mi pantalla gigante. Acerco de nuevo la cabeza hacia la pantalla. Es un rostro radiante. La chica parece susurrarme algo, pese a que la imagen está detenida.

Durante un largo rato, estuve mirando ese plano, ese momento exacto a los 14 minutos de metraje. De algún modo, me siento culpable por estar mirando esto, disfrutándolo lentamente, y albergando dentro de mí esta confianza, este ensueño tan extraño. De alguna manera, siento que poseo a esta chica desconocida, me entusiasmo con la remota casualidad de haber encontrado esta cinta tirada en la calle. Esto es algo. Es algo. El metraje de mi televisor, el actual, indica que han transcurrido 14 minutos y 34 segundos. En ese instante exacto de la cinta, la chica misteriosa del pelo negro liso que limpia ese remoto salón, me ha mirado desde 1983, ha sonreído tímidamente a través del tiempo. Me he estremecido y el mundo se ha detenido a mi alrededor. El verano ha terminado para mí. Esto es algo. Es algo esto que me está pasando. Necesito conocer a esa chica. De pronto, he perdido por completo el interés en el resto de mi vida, en todo lo que hay a este lado de la pantalla.

La imagen de la chica del pelo liso ha estado congelada un buen rato en mi enorme televisor de 42 pulgadas, mientras me levantaba a prepararme algo fresco. He cerrado las ventanas y he encendido el ventilador, instalándolo a unos pocos palmos de mi cara. He recogido algunas cosas que había por la mesa, todavía había un envoltorio de una barrita energética que comí esta mañana. Durante toda esta actividad, no he podido practicamente apartar la vista de esos ojos de gata.

Me siento de nuevo en el sillón, y reanudo el visionado de la cinta, mi objeto favorito en el universo ahora. Si ahora mismo alguien me llamase por teléfono y me ofreciese canjeármelo por todos los blurays del mercado, por el bolso de Mary Poppins, por el Santo Grial o por el tesoro de Tutankamon, colgaría airadamente el auricular, indignado. Apago la luz, y me vuelvo a sentar en mi trono, con los pies en alto sobre un pequeño banquito de IKEA que normalmente está pegado al mueble de la televisión. Me repantingo durante un rato, busco la postura más cómoda posible sin quitar la vista de la pantalla. Quiero ver qué le pasa a esta chica, cómo limpia, por qué alguien lo ha grabado, quién lo grabó, para qué...

Un momento... La niña de la Primera Comunión. La primera escena del video, truncada a los pocos minutos. Me acabo de dar cuenta, ahora mientras escribo, de que no se trata de la misma persona. En absoluto. Aquella niña no es esta ninfa que ahora me miraba desde su mundo. No solo porque es imposible, porque no son la misma persona, físicamente no computa la cosa, sino porque no han transcurrido unos 15 años entre una escena y la otra. Mi conclusión inicial, parcial, a falta de más información, es que el autor, el responsable de ambas grabaciones es el mismo hombre, el que gritara "Quita coño" en algún momento de aquella comunión de comienzos de los ochenta. Ese señor misterioso que ha perdido esta cinta y que el Destino y mi instinto han traído a mis brazos... Apostaría a que ese tipo, ese hijo de puta, grabó a esta chica que limpia su casa con una cámara oculta sobre la cinta VHS en la que conservaba la comunión de su hija. Esta idea cobra sentido de golpe en mi cabeza. Menudo hijo de puta. Cierta desazón me asalta. Lucho para quitar de mi cabeza cualquier pensamiento relacionado con un voyeur videoaficcionado de la Transición, quiero toda mi atención puesta en estas imágenes, por el momento. Necesito seguir contemplando este video.

La escena de Chica Increíblemente Hermosa Y Voluptuosa Que Limpia cuidadosamente lo que haya alrededor de la cámara oculta dura unos tres minutos. Cuando mi chica está de espaldas de nuevo, descubro que la minifalda es de un blanco casi transparente. La braga es bien visible ahora a través de la falda, y también bajo la falda, ahora, mientras acomoda los cojines del sofá verde de tres plazas. Sufro un repentino ataque de decencia y remordimiento por estar aquí, a oscuras, observando minuciosamente bajo la minifalda de Demudada Y Portentosamente Escultural Dríade Del Pasado, siento el impulso de desviar la mirada, pero no puedo.

Transcurren un par de minutos más. Mi Ninfa Del Pelo Liso pasa cuidadosamente la aspiradora al fondo de la imagen, en el comedor, y al aplicar el efecto del zoom con el mando de mi televisión digital de penúltima generación, la imagen se cuadricula y se difumina y distorsiona. Es inútil, Mi Ninfa se aleja de mi vista por momentos.

El marcador del video anuncia los dieciocho minutos de metraje. La habitación se ha quedado vacía otra vez. Hago cálculos mentales, cábalas y permutaciones de toda clase, jugueteando con mi edad y con la que tendrá Pelo Liso a día de hoy. ¿Pero qué estoy haciendo? Pelo Liso solo es unos minutos de metraje. ¿Qué me está pasando? ¿Acaso tengo el cerebro tan putrefacto tras años y años de exposición audiovisual, que la mera visión momentánea de una chica bonita a través de un video apócrifo, la convierte en un icono? ¿O es que este video tiene algo más? ¿De qué va todo esto? La habitación sigue vacía. Algo dentro de mi caja torácica también se ha desvanecido. Mi cabeza, sin embargo, se está llenando de todo tipo de pensamientos extraños. De alguna manera, ya nada más me pertenece, nada que no esté en esa cinta. La niña... La niña de la Primera Comunión, ella no tendrá ahora muchos años más que yo. Con ella sí que puedo tomar contacto... pero... ¿para qué? ¿Qué me está pasando?

···

La lujosa habitación se fundió a negro hace un momento, luego hubo unos pocos segundos de estática, y ahora estoy contemplando otra habitación vacía, una diferente. Es un cuarto de baño. Hay una cámara oculta en un cuarto de baño. Enfocando desde lo que parece la pila. Lo primero que se ve es un grifo, bastante desenfocado. En segundo plano hay un retrete, una taza de váter; y más allá, una bañera. De loza, de obra. Hay más cosas en la estancia. Como antes, la imagen es de muy buena calidad, por tratarse, supongo, de una copia maestra que parece que no ha sufrido demasiado uso; y unido eso a la tecnología de mi televisión de quinientos euros, observo la escena con todo detalle, y tomo conciencia: ¿qué hago aquí mirando, a través de una cámara oculta en algún lugar de 1983, hacia uno de los rincones más íntimos que puede haber en una casa? Esto no me parece que esté muy bien. Pero tampoco pienso dejar de hacer esto. Es más, no pierdo detalle. No hay absolutamente nada que quiera aprender respecto al interiorismo de cuartos de baño de los años ochenta, pero cualquier alteración lumínica en la imagen me puede provocar un soplo al corazón ahora mismo, cualquier sombra proyectada desde el lado izquierdo de la imagen, donde parece que está situada la puerta de acceso al cuarto de baño... Estoy nerviosísimo, mirando hacia eso que parece el pomo de una puerta que sobresale a la izquierda de mi televisión panorámica.

Casi veinticinco minutos de metraje. Ni rastro de Belleza De Pelo Liso. ¿Cuánto dura esta cinta? ¿Cómo no me fijé? En un suspiro, me tiro de rodillas al suelo, extraigo el casete del reproductor, y vuelvo a introducirlo. Se pone en marcha automáticamente, en el mismo punto en el que lo había dejado: esperando a que entre La Mujer De Mi Vida a darse una ducha, ¡o a bailar desnuda frente a un espejo!... o probablemente a limpiar la turca. Es lo de menos. Yo esto no me lo pierdo. Ah, la cinta es de, ¡sólo!, 240 minutos.

Belleza De Pelo Liso no se hace esperar demasiado. Casi me pongo de pie de un salto cuando entra en el aseo. Se acerca hacia mí. Ahora me hundo en el sillón, ladeo la cara y aprieto las cejas, invadido momentáneamente por el temor a que pueda verme. Se está lavando las manos. Tiene las uñas blancas y muy cortas, antes no me había podido fijar en eso. No viste reloj, ni ningún tipo de pulsera, ni ornamento alguno en realidad. Está muy, muy cerca de mí, otra vez. Creo que es la chica más bonita que he visto en mi vida. Ahora se agacha hacia el grifo, con los ojos cerrados y la boca muy abierta. Impulsivamente, detengo la reproducción en un plano en el que se agacha tanto hacia la cámara, para beber directamente del grifo, que la blusa se abre por completo y puedo contemplar con toda claridad su pecho izquierdo. Siento un cosquilleo de felicidad, que extermina al de culpabilidad. Yo no he pedido esto, seamos sensatos, yo no buscaba esto, esto ha venido a mí.

···

Algo ha cambiado. Ha cambiado completamente. Mi Chica lleva una ropa diferente: una camiseta de tirantes con el logo de los Rolling Stones, y un pantalón azul marino, muy corto y holgado. Quizá sea una prenda de ropa íntima, no sé mucho de moda. Camina sobre unos gruesos calcetines rosas. Tiene una actitud más jovial, con respecto a las otras escenas en las que se dedicaba a limpiar. No sabría cómo explicarlo, no está menos seria: no está seria mientras limpia; pero ahora está resplandeciente, está claramente más relajada. O quizá sea porque no lleva la ropa de faena. Hoy también está preciosa. Suponiendo que esta grabación sea de un día diferente. No sé qué es esto, no entiendo nada. Mi instinto y mi lógica me dicen que esto son cortes aleatorios, de cámara oculta. Si volviera a salir la fecha de la grabación, podría quizá obtener algo más de información. Como mínimo, el día de la semana en la que nos encontramos. Pero ya no hay saltos hacia adelante, no han vuelto a salir sobreimpresionados los dígitos originales de la videocámara en ningún momento desde aquella vez al principio de la película. Los cortes se suceden con más agilidad. Alguien (el pervertido que grabó todo esto, supongo) se ha dedicado a seleccionar el material, y ya solo aparecen los minutos en los que Mi Chica es la protagonista absoluta. Unos brevísimos instantes de estática blanquinegra, y a continuación el plano fijo del salón o del cuarto de baño, justo antes de que entre Ella. Normalmente lo hace vestida de blanco, y limpia o coloca las cosas, y se agacha o se acerca mucho a la cámara de tal manera que en casi todos los cortes deja ver, sin intención, más carne de la debida. En una escena, durante un instante, en el minuto 43 de la película (voy por el minuto 74:13 en este momento), Ella se detuvo en mitad del cuarto baño y se quitó la blusa blanca de trabajo y la minifalda. Se desnudó por completo, salvo por las bragas blancas, y se estuvo lavando minuciosamente con el agua del grifo, antes de volver a vestirse.

Seguro que para el hijo de puta pervertido que grabó a Mi Amada, aquello debió de ser toda una proeza. El momento más feliz de toda su vida. El hijo de puta... Espiando a La Muchacha Más Bonita Del Universo de esa manera, con esa impunidad, utilizando cobarde tecnologia audiovisual en minuatura. Qué vergüenza. Yo tuve una pausa biológica, lo reconozco.¡Pero esto ha venido a mí! ¡¡Yo no soy responsable de nada de esto!!

De cualquier forma, Mi Vida, Mi Amor lleva ahora ropa de calle, y el peinado algo más claro. La camiseta de los Rolling Stones es muy ancha, un tirante le cuelga casi hasta el codo, y puedo contemplar perfectamente el nacimiento de sus senos. Pero la habitación es la misma. Es el salón de la casa de Pervertido Hijo De Puta. Está anocheciendo. La cámara está en el mismo lugar. Con un ágil movimiento, Ella salta hacia el sofá verde de tres plazas, coge un mando a distancia del tamaño de media barra de pan y lo apunta casi hacia mí, hacia un poco más abajo del lugar donde está la cámara. Daría la vida por saber qué está mirando. Por qué sonríe.

Cómo sonríe. Enciende un cigarro y bebe de una botella de Fanta naranja de cristal. Es un Ángel. Esto se ha tenido que grabar en el Cielo.

Aquí la imagen da un salto (una fracción de segundo de fritura electromagnética, suficiente para que me invada la inquietud, el desasosiego, el desamor), y cuando vuelve la imagen Ella está practicamente tumbada, con la cabeza apoyada en uno de los cojines, que abraza delicadamente. Es completamente de noche, pero la imagen sigue siendo muy clara, porque hay varios focos de luz en la estancia. Entre otros, el relampagueo de la televisión, que pinta a coloridos lametones discontinuos sus brazos y piernas desnudos.

Minuto 75:47. Mi Ángel da un respingo sobre el sofá que a punto está de acabar con mi vida. Aquí, en 2012, me he puesto también ropa cómoda, y también es noche cerrada. Mi Ángel se pone en pie de un salto, con la elegancia de un gato siamés. Desaparece más allá del comedor del fondo de la imagen durante casi un minuto, y vuelve a aparecer entonces. Arrastra a alguien de la mano con Ella, y ambos se dirigen de vuelta hacia el sofá. Es un chico joven, un gilipollas que parece seleccionado de entre los secundarios sin frase de "Jóvenes ocultos". El hijodeputa no para de sobarla. Ambos ríen y mueven mucho las manos. Juguetean, con las manos de él entrelazadas entre las de Ella. Ahora él frota los pechos de Ella, y se avalanza sobre Ella. Se besan. Ese punk está besando a La Mujer Perfecta Que Vino Del Pasado, y no lo hace con pasión, sino con lujuria. Está muy borracho. Tiene los ojos entrecerrados, y ni siquiera Le mira a Ella a los ojos, Le está comiendo las tetas, levantando la camiseta de Ella, ahora le está quitando también el pantaloncito, a tirones, con mucha fuerza. Con movimientos torpes, con los ojos cerrados, Hijoputa tira los cojines al suelo y tumba a la fuerza a Lo Más Bonito De La Década Prodigiosa. Ella ahora no sonríe. Estoy seguro de que forcejean, Ella no quiere a Hijodeputa, no es posible.

···

Llevo ya vistos 230 minutos de la cinta, esto está terminando, y creo haber comprendido. Al menos, me siento invadido por la necesidad de expresar una primera conjetura. Vamos a ver. 1983. Eso está claro, eso vi en los números sobreimpresionados al principio, y tiene toda la pinta. Yo viví en 1983, y las cosas eran, más o menos, tal y como las producciones del cine y la televisión españoles actuales retratan la vida en los años setenta. Porque en los años ochenta, las casas mantenían la decoración de los años previos, esto es así. En todas las series y películas españolas que pretenden recrear los años ochenta, todo el mundo lleva camisetas de Naranjito y lleva el pelo cardado, maquillaje negro y pendientes de crucifijos hasta en la ducha. Mis recuerdos de 1986 se parecen más a esta cinta: casas normales, muebles normales, como los que hubo, en casa de mis padres concretamente, entre 1972 y 1990, aproximadamente, antes de una gran reforma que acometieron. Pero toda la memorabilia ochentera, el colorín, el atrezzo que usa Almodóvar... Pues en mi casa no había nada de eso. Si acaso, en mi armario de los juguetes, o en la nevera, había cosas que no se habían visto en la década de los setenta, pero sólo ahí. En fin, no sé cómo explicarlo, pero esto está grabado, sin duda alguna, a mediados de los ochenta, no ha sido recreado después, y no tengo ningún motivo para dudar de que la fecha que vi al comienzo (doce de julio) sea la correcta.

Al margen del asunto de la procedencia, de la autenticidad de las grabaciones y de la ignorancia por parte de La Más Bella de que está siendo grabada, en cuanto al contenido, creo poder asegurar a estas alturas que el responsable de las grabaciones fue quien grababa a la niña de la Comunión, y que también era el dueño de la casa. Por cierto, que en otros dos momentos de la película, entre manchurrones de estática, se han vuelto a ver imágenes de la Comunión y del banquete post-Comunión. Definitivamente, el tipo era muy torpe, o borró intencionadamente el video de la Comunión de su hija, por alguna razón (puede haber múltiples razones). Pero de que es la misma persona, ahora estoy seguro. Enseguida sabréis por qué. A lo que iba ahora, es a que puedo conjeturar también que colocó ahí las cámaras porque sospechaba que Ella, La Chica Perfecta que iba a limpiar a su casa todas las mañanas, hacía algo indebido durante los fines de semana, en secreto: utilizaba la casa para follar. Follaba con chicos diferentes todas las veces. Chicos borrachos a los que Ella no importaba nada en absoluto. Chicos a los que primero atendía por teléfono, y que a continuación iban al piso, a fornicar con Mi Náyade con el mismo interés y entusiasmo que quien martillea las paredes para colgar estanterías. Los Cerdo Hijos De Puta, los llamo. Estoy llegando al final de la cinta, y ya he visto a La Más Bella follar con treinta y siete tíos diferentes. El primero que vi era más o menos atractivo, parecía un punk británico. Podría haber llegado a admitir que incluso, en una realidad paralela, hubiera llegado a hacer buena pareja con Ella. Pero después hubo más, y más. Tipos horribles, sudorosos, harapientos, tipos de una delgadez enfermiza o con un sobrepeso gargantuesco, esperpéntico. Ancianos, viejos verdes que mientras se follaban a Ella parecían horripilantes monstruitos alienígenas tratando de devorarla. Un cincuentón calvo y panzón que repitió hasta cinco veces, ni siquiera terminaba de quitarse el traje antes de follarse a Ella en la habitación de la niña.

Porque follan en el salón y en un dormitorio infantil decorado como el de una preadolescente (que ubico mentalmente, no sé exactamente por qué porque no hay pruebas fehacientes, en una planta distinta de la casa; estoy casi seguro de que se trata de una casa de dos plantas, y no de un piso. Digamos que es, de nuevo, "intuición de video-adicto").

Pero hay algo más, algo que no encaja en todo este asunto. Asumo que Mi Ninfa no es precisamente inocente en todo esto. Allá por 1983, había encontrado un trabajo (supongo que mal remunerado) en una lujosa casa ajena, y aprovechó que tenía las llaves para armar un negocio clandestino de sexo. Él sospechó por algún motivo, y decidió poner cámaras ocultas. Hasta ahí, comprendido. Pero una vez que descubrió la verdad, debería haber despedido a La Chica De Pelo Liso, no debió haber seguido grabando y grabando. Ella, estaba claro que no disfrutaba de la situación. En estas cuatro horas, a base de cortes de entre pocos segundos y diez minutos, la he visto llorar, la he visto sufrir, la he visto vomitar después de fornicar con un Cerdo Hijo De Puta. Pero él sigue grabando. Y en los últimos cortes, ella ya no limpia, ya solo hay escenas de sexo. Y las cámaras han cambiado de lugar. Ahora las sesiones de sexo siempre tienen lugar en la habitación infantil, y hay varias cámaras ocultas grabando la escena. Y Ella mira hacia la cámara, estoy seguro de que me mira a mí en varios momentos. Mira con los ojos cargados de emoción y de dolor, mira con los ojos vacíos, y otra vez cargados de lágrimas. Estoy seguro de que está pidiendo ayuda con estas imágenes en las que es forzada a hacer cosas horribles con Su Cuerpo.

(continuará)

miércoles, 15 de agosto de 2012

Futurama Comics #57 (Jesse McCann / John Delaney)

Este abyecto y miserable mes de agosto, supongo que lo recordaré en el futuro porque me ha sido encomendada la tarea de acercarme a casa de un amigo, a una media hora caminando ida y vuelta, a regarle diariamente La Plantita. Esta tarde me acerqué hacia allí despacito, leyendo tebeos digitales. La tarde era sorprendentemente agradable. Casi podría decirse que fresca, sin que soplara ese viento ígneo como aliento de Belcebú que ha estado soplando estos últimos días, que me ha tenido racaneando sombra durante el camino, aprendiéndome los grados de proyección de sombra de cada edificio sobre el asfalto abrasador, para irlos calculando y explorando en mi rutina diaria. En la nevera de mi colega había un Red Bull y unas barritas Kinder; normalmente no toco absolutamente nada, no curioseo nada, ya me sé su librería y no me interesa nada: llego, riego y me voy, sin apartar la vista del tablet o de lo que vaya leyendo. Pero hoy estuve un rato esperando a que La Plantita se rehiciera un poco, verla enhiesta antes de irme, porque ultimamente estaba un poco jodida y me tenía preocupado. Parece que es época de muda, y también es normal que a las 24 horas se pongan las puntas un poco fláccidas. Pero quería comprobar el efecto revitalizante del agua filtrada y de su equivalente del Red Bull, que le tocaba hoy. Sea como fuere, un paseo estupendo por un Chamberí un 50% libre de detestables chamberileros en estas fechas. Hice otra parada en un bar que he descubierto a medio camino y que me gusta, cañas a un euro, prensa no ultraliberal, señor con bigote en la tragaperras, ensaladilla rusa elaborada en el mesolítico tardío, tdt anclada en el canal Energy.

A lo que iba es a que en mi tablet había tebeos y novelas viejas y variadas, como si estuvieran tiradas al azar por el suelo de un piso compartido. Y he cogido y leído este ejemplar de Futurama Comics de hace unos cuantos meses, y me ha gustado mucho. El dibujante estrella de la serie, John Delaney, aquí se relaja y recrea, a base de splash-pages preciosas, un escenario steampunk fabuloso, cuando Fry sueña que se queda dormido y despierta de pronto, otra vez, en la Nochevieja de 1999. Sopla el matasuegras, cae hacia la cámara criogénica y... esta vez, es trasladado a una versión alternativa de 1899, donde naves espaciales, robots y todo tipo de ingenios mecánicos funcionan con vapor. Una realidad steampunk de toda la vida, vamos. En ese Old Old York conoce a una versión tuneada de todos los habitantes de Planet Express, incluído un brillante (no tanto su mecánico culo) Benderplate (homenaje al popular hoax victoriano Boilerplate), amigo de Jack el Destripador y Lizzie Borden. El final del episodio es un poco losserranesco, con ese guiño al programa Punk'd de la MTV (el Inocente, inocente de estos atroces tiempos que corren), pues no en vano este capítulo en papel digital de Futurama Comics se titula Steampunk'd. He llegado a casa y le he dado cuerda a mi máquina de descargar cosas a vapor, y ahora me dispongo a ver una doble sesión de grindhouse, a ver si hay suerte y me despierto en otra época, porque he perdido el interés por completo por el siglo XXI.

Goodbye, Chinatown (Wolverine vol. 4, 16-20)

Aprovecho el día feriado para ponerme al día con las aventuras en solitario del astro canadiense de la franquiciamutante, a partir del punto en que lo dejé. Sigo la colección de Lobezno desde el número 1, y creo que no me he perdido, desde entonces, ni un 5% de sus apariciones en otras colecciones. En este volumen 4 (el vol. 1 fue la inolvidable y altamente influyente miniserie de Frank Miller; a partir de ahí, la colección regular ha sufrido varios reseteos en la numeración), alcanzamos el 300º ejemplar de la serie, que a partir de lo que debiera ser el número 21 del vol. 4 (el que voy a leer ahora mismo) recupera la numeración original, como tanto les gusta hacer a los de Marvel para que la gente no olvide la longevidad de sus personajes estrella. Antes de llegar a ese número 300, Jason Aaron va allanando el camino, hacia lo que será una guerra de bandas entre La Mano y la Yakuza. Vuelta a Japón. Vuelta a las premisas de Miller. Recuperamos a Yukio, a Amiko y al nuevo Samurai de Plata (que parece que va a ser su hijo, pero eso se descubre en el nº 300).

Olvidada la estupidez de la Red Right Hand, Aaron regresa pues al camino correcto, y a un Lobezno, ya como nuevo director de la Escuela Jane Grey para la Enseñanza Superior, viviendo aventuras de violencia pura y dura, con momentos brillantes, que de nuevo consiguen que no eche de menos a Larry Hama.

El número 16 es de mera transición. En el arco anterior, teníamos a Lobezno rendido a su animalidad, vagando por los bosques del Yukón, en plena crisis existencial. Se une a una manada de lobos, y se dedica a perseguir fieras más débiles para sobrevivir, esperando su turno para deshuesar la carroña, como buena bestia vieja y hundida que es. Repentinamente, aparece un grupo de hijos de puta que se dedican a cazar lobos, y a enfrentarles a niños en un circo "romano" por mera diversión. Lobi pone orden, se carga a los degenerados y además recibe la visita, en pleno bosque, de todos sus amigos superheroicos de siempre, y de su novia Melita, que le echan de menos. De esa manera vuelve al redil.

El siguiente arco, 17-20, conforma una pequeña historia genial, con el portentoso Ron Garney a los lápices (éste, a su vez, consigue que no eche de menos a Marc Silvestri; tan feliz). De vuelta en San Francisco, aclara las cosas con Melita (y de paso la enchufa en el Daily Bugle), y descubre, persiguiendo a unos ninjas que han asaltado la mugrienta taberna en la que escondía toda su fortuna ahorrada durante sus imprecisas muchas décadas de vida, un gigantesco túnel que une San Francisco con Japón a través del Pacífico, por el que transitan traficantes de droga hong-koneses, liderados por Jade Claw (una vieja gloria de la Marvel de los cincuenta, enemiga de Iron Fist o Shang-Chi) y que a lomos de gigantescos dragones se dedican a plantar amapolas y otras drogaínas en gigantescos huertos subterráneos y dirigir todo el cotarro del narcotráfico mundial. Con la ayuda del Maestro Po (su mentor durante algunos episodios recientes en los bajos fondos de Frisco), de su ayudante Yuen Yee (un niño chinorris que hace las veces de "Tapón" en esta historia), de Gorilla Man y Fat Cobra (a Aaron le encanta recuperar secundarios de los rincones más recónditos del MU), Logan desbaratará los planes de Jade Claw y sus curiosísimos secuaces, y a lomos de enormes dragones rojos emergerán de nuevo en San Francisco, con todo su dinero recuperado, a tiempo para reinaugurar la escuela y retomar el Sueño de Xavier, entroncando con la nueva y flamante colección Wolverine & The X-Men (que la sigo al día, a ver si me pongo y la comento, que estos apuntes me sirven más que nada para organizarme yo mismo mentalmente todo este guirigay).

Green Day - On the radio (2012)

En mitad de esta encarnizada, violenta, vergonzosa merienda de negros en que se ha convertido la Industria Musical, que Green Day publiquen un álbum grabado en directo en 1992 en la WFMU (la emisora independiente sindicada más importante y valiente del mundo), no sé si les honra o les hace motivo de desprecio. En realidad, parece que lo publicó algo llamado Smokin' Records, y aunque se reconoce como disco oficial, no tiene pinta de que haya sido un movimiento lucrativo, al estilo de los otros doscientos cincuenta mil discos en directo que llevan publicados desde que son más famosos que Jesucristo. En cualquier caso, este disco recoge material de sus primeros años, hasta "Kerplunk" (del que se cumplen 20 años), y yo recurro cada dos por tres a ese repertorio, sobre todo al que compone "1039/Smoothed out slappy hours", uno de mis discos de adolescencia. Qué tiempos aquellos, cuando escuché por primera vez a GD en Radio 3 desde una casa okupa barcelonesa, cuando vomitaban sobre el público y animaban a la rebelión a través de la mierda y la maría. Que no renuncien a su pasado, en estos tiempos que traspasan, de vivir entre la basura a vender (merecidamente) millones, grabar discos conceptuales y protagonizar musicales en Broadway, creo que sí les honra, aunque sea un poco. Sigue siendo la suya una trayectoria coherente y bien aprovechada, pese a todo el daño que, en mi opinión, hizo Wake me up when september ends y la consiguiente avalancha de baladas heavies para fans de Hannah Montana. Y que animen a sus millones de nuevos seguidores a echar un vistazo a sus raíces desde el iPod, me parece algo bonito. Espero con ganas su inminente nuevo disco, a ver si salen de esa espiral de oropel o se convierten definitivamente en los Scorpions de la década.

Deer Tick - War elephant (2007)

Mi hermano mayor, que está muy al día de todas esas bandas americanas modernas que tan poco me estimulan, me recomendó a estos Deer Tick, e incluso me guardó una entrada para un reciente concierto, que decliné porque soy un desgraciado y nunca pude ir. Tampoco es que me arrepienta, que no soy ya animal de directos, ahora que estos se han convertido en un ocio similar a los musicales de la Gran Vía, y solo acude la gente pudiente para pasar el rato, guiándose por lo que les dice LastFM o Atrápalo sin importarles una mierda la banda, sin saberse las canciones ni realmente disfrutar de ello. Los últimos conciertos a los que he ido han sido un bajón, rodeado de gente extraña impertérrita que venía de la Casa Encendida y no tenía nada mejor que hacer. Al público, creo yo, le falta pasión, y este devenir de la música en directo en una opción de participar de la música mucho más habitual que antes, ha hecho, insisto, que las salas se masifiquen de gente apática, que la única razón que tienen para ir a ver a una banda es que se lo pueden permitir económicamente y alguien se lo whatsappea. Hay que saber estar en los conciertos, coño, que no estás mirando la tele, idiota. En fin. Sólo he escuchado el debut de Deer Tick, cientos de veces, suena mucho en el bar y me chifla la voz de John McCauley. Lejos de la obsesión por el ruido y hacer el mongolo de muchos de sus coetáneos (sobre todo de todas las jóvenes promesas británicas, que parece que les adiestran en el arte de hacer el imbécil y salir en los tabloides), en el centro-sur de EEUU hay montones de nuevas bandas de post-americana (o como se llame esto) que están llevando el folk rural a una dimensión nueva muy interesante. Tomando el relevo de Crosby, Stills, Nash & Young o Petty, en la línea de Lambchop, Calexico, Kings Of Leon, transformando poco a poco el country en algo cool y que guste hasta a los japoneses con pintas.

VVAA - Intermezzo - Juanita Banana!

Una nueva incursión en los recopilatorios que factura el paladín al mando del blog de emepetreses 60's mostly uncomped, que además este verano ha vuelto a subir todos los enlaces, y ahora funcionan perfectamente (mi carpeta de 3 Gb de "material sesenterio mayormente nunca antes compilado" así lo atestiguan). "Fuera de colección" (el patrón habitual en el blog es la selección geográfica), ha pergeñado este recopilatorio tan simpático con 26 recreaciones de Juanita Banana grabadas en todos los rincones del mundo. Un tema clásico del novelty originalmente dado a conocer por The Peels, que cuenta la historia de la hija de un bananero con ambiciones artísticas, que al más puro estilo Foster-Jenkins decide dejar su hogar y dedicarse a la ópera. El estribillo del tema parodia un pasaje de Rigoletto de Verdi, y al final del tema el padre sale en busca de su niña y acaba uniéndose en la función, y ambos canturrean malamente Rigoletto a ritmo beat. Una tontería de canción, horrible, pero que escuchada en loop multinacional interlingua sui generis se convierte en toda una experiencia. Las versiones sudamericanas van de lo digno y chiripitifláutico a lo bochornosos, mientras que las eslavas, germanas o finesa sientan como recibir collejas en las orejas. El conjunto es muy recomendable, para escuchar no más de una vez en la vida. Si acaso, se echa de menos algo de disparate exótico del cercano o lejano Oriente, que seguro que lo hay. Cuando me encuentro con mixtapes así, hechas con tanto cariño, con su pdf de información detallada y portadas de maxis, su propia carátula exclusiva, etc., me acuerdo del difunto blog Dr. Forrest's Cheeze Factory, que era muy amigo de este tipo de experimentos: compartir carpetas gigantes con las peores versiones posibles de Yellow submarine, de Caravan, de Los Pajaritos, cientos de canciones sobre gatos, sobre payasos, focas, elefantes rosas... Las tengo por alguna parte, y alguna vez debería recuperar todo eso.

Carmina o revienta (Paco León, 2012)

Se ha hablado mucho de esta película, por su decisión del estreno simultáneo en cines e internet. Lo que supone, obviamente, no solo un plante a las salas de proyección, que algunas decidieron boicotear a Paco por una cuestión política, como artista de izquierdas (valga la redundancia); sino su instantánea exposición a la piratería: esta película estaba en el torrent el mismo día de su estreno, y en HD, nada de screener. Y la cuestión es que se ha hablado mucho, porque es una película de Paco León, una estrella mediática... Que si no, de qué iba a saber la gente de la existencia de esta cosa tan indiscutiblemente mediocre. La publicidad le ha venido de maravilla para que hasta el último mono se enterase de que Paco León había dirigido una película, en homenaje a su antiestética madre, y con la jamona de su hermana como co-protagonista. Y la masa se ha lanzado a mirar, por el medio que fuera, la primera incursión técnica del Luisma, a echar unas risas con el Luisma. A mí esto me ha parecido (la vi hace tiempo ya, pero lo había olvidado) una tontería abrumadora, un dramoncín inocuo, flojito, con actuaciones flojas y con una historia sin interés alguno.

martes, 14 de agosto de 2012

Biblioteca CRG/Marvel ROM

Voy a hacer un poco de trampa en mi dietario de lecturas, porque no he leído los 33 tomos digitales que componen esta colección. Apenas los he descargado y los he estado ojeando. Nunca fui muy fan de las sagas cósmicas en los cómics de Marvel. No me gustaba cuando la Patrulla-X iba al Espacio, no me interesaba e Nido, los Kree, los Skrull ni los Shi'Ar, ni la saga de Fénix, etc. Galactus y sus Heraldos, los Inhumanos, Quasar, son lecturas que tendré eternamente pendientes, igual que, supongo, a este ROM. Cuando los superhéroes se iban a pasar una temporada rodeados de extraña tecnología futurista (normalmente) pobremente dibujada, o simplemente a flotar por viñetas sin fondo en medio de largos diálogos, yo les echaba de menos y estaba deseando que volviesen a la Tierra a protegerme. A recuperar sus identidades privadas y tomarla en el Coffee Bean, y hacer frente a la nueva invasión alienígena. El factor doméstico era determinante en mi elección de lecturas. Será por eso, o qué se yo. Porque intuía que allá afuera habría demasiadas razas hostiles, infinitas, y todo funcionaba de una manera dejasiado ajena, todas las leyes de la física y todos los aspectos, sin límite para el guionista. Ojo, que todo mi respeto a esos artistas clásicos, eternamente intergalácticos, tipo Jim Starlin, Ron Lim, George Perez o el nunca suficientemente laureado Bill Mantlo, el creador este ROM, de los Micronautas, de mis adorados Capa y Puñal y guardián como pocos del Marvel Comics way of life, icono de la Marvel de los 80 y confinado e impedido desde 1992. Algo habrá en este ROM que a mí se me escapa, y de Nova sí que me enamoré en los noventa, así que no descarto sumergirme en sus aventuras un día de estos.

De momento, lo que me ha traído aquí ha sido pasarme un buen rato contemplando y hojeando esta primera edición de toda la producción inédita de ROM en castellano, por obra y gracia de la gente del CRG, una edición que nunca podrá ver la luz y que recientemente ha terminado de ser traducida y maquetada, con un cariño inabarcable, exlusivamente en versión digital. ROM fue un personaje concebido como juguete, un robotito antropomórfico que quería vender la compañía Parker (hoy Hasbro) en las Navidades de 1979, en comandita con la Marvel. ROM, el juguete, llegó a aparecer en un rincón de la portada de la revista TIME, tal fue el éxito inicial de este muñeco hoy inencontrable. Pero la dura competencia de la industria juguetera acabó relegando a ROM, el muñeco, al olvido, y solo perduraria en nuestra memoria colectiva como efímero personaje de los tebeos de Marvel, durante 75 números. En España solo vieron la luz los primeros 22 ejemplares, en las viejas colecciones de Surco y Vértice. Posteriormente, Forum lo recuperó como complemento en la vieja colección de los Transformers, pero durante casi treinta años habían quedado inéditos en castellano una cuarentena de tebeos de ROM, así como apariciones estelares en otras colecciones. Hoy, estos magnánimos curris del CRG han montado esto, que son 33 tomos de unas 50 páginas, en las que recogen todo el material inédito, junto con fichas de personajes, artículos, introducciones, resúmenes, portadas originales y hasta anuncios originales USA tradu-maquetados, en una edición deliciosa que pretende emular y homenajear a la Biblioteca Marvel de la línea Excelsior creada durante la etapa en Planeta de Alejandro Viturtia, que a mí me apasiona. Y encima, en este caso están las páginas, obra de dos Titanes como Sal Buscema y Steve Ditko, a todo color. Y es gratis. Una delicia que pongo en la cola de lectura, que al fin y al cabo esto es historia de la mítica Marvel Comics, que a mí pocas veces me ha decepcionado; en realidad ni siquiera cuando se marchan a otras galaxias dejándome huérfano.

lunes, 13 de agosto de 2012

Wacky world of X-rated bloopers

A veces miro porno, por una mera cuestión de instinto y supervivencia. No sabría citar más de cuatro o cinco actrices de todos los tiempos. Solo sé que me inquietan y entretienen los crossovers de terror y sexo explícito, me fascinan las pornoparodias y de una forma especial me atraen las outtakes de las películas, esos cortes en los que de pronto la actriz en escena se tira un pedo o se rompe la silla desde la que declama. Y hay muchos ejemplos en cuanto a lo que rodea a una grabación erótica. Videos de este tipo, que quedan registrados por el director aunque no aparecen en la versión final, muestran el otro lado de la profesión. Felatrices canturreando o contando chistes mientras hacen tiempo en porretas, camarógrafos accidentados, carcajadas espontáneas que obligan a cortar en pleno clímax, o ya en más grumoso, arcadas o llantos de las primerizas. Lo que no sabía es que existía toda una cinta dedicada a recopilar este tipo de tomas falsas o bloopers, y que además es un clásico del campy porno ochentero. Durante más de una hora, asistimos a ese tipo de escenas descartadas (caídas, tropiezos, risas, tiempo muerto entre escenas jugando al billar picante, pornstars limándose las uñas mientras se caldea el ambiente, la oscura labor de las mamporreras...), en versión bigotona y peluda. Pues conste que esto existe y el otro día salía por mi tele.

Atomic Shock party tape

Otro modelo de mixtapes (o "party tapes", que en este contexto es un concepto intercambiable, aunque también se aplica, literalmente, a grabaciones caseras de aburridísimas fiestas familiares, que también hay quien las encuentras y las sube a YouTube y son igualmente fascinantes, más cuanto más viejas sean las imágenes y más aburridos sean los participantes en la fiesta), son aquellos que consisten igualmente en colecciones de retazos audiovisuales ajenos, pero con un presentador, una "youtube personality" de esas que tienen su canal repleto de videos propios haciendo el canelo (hay gente que vive de esto, y que vive realmente bien) como hilo conductor. En este caso, los señores de Atomic Shock Theatre son un par de aficionados al cine de género que, disfrazados y desde un plató casero con telarañas y calaveras, en homenaje a Vampira, Zacherley, Ghoulardi, Elvira, el Doctor Repronto y el resto de horror hosts de prestigio, dan la cara para comentar la batería de videos que viene a continuación. En este caso, sobre todo, trailers de viejos seriales de superhéroes y enmascarados, un par de videos de heavy metal y algo de cine zetoso. La pasión y la parafernalia que le ponen a la labor los tipos es encomiable, pero la selección de piezas es bastante floja, y el conjunto final una tontería.

Suppressive, aggressive, depressive mixtape

El principal problema de haber sido contagiado de nuevo con la fiebre del video-mixtape, es que una sesión de ondas alfa alucinógenas deja con ganas de más, y uno comienza a hurgar otra vez en la basura (con permiso del ayuntamiento) a ver si encuentra algo decente. Y es entonces cuando se enfrenta al visionado de cosas que no quiere ver. Es algo de lo que he hablado con otros aficionados, cuando hace un tiempo (va para tres años) compartíamos enlaces de este tipo de infraproductos, con la pasión de quien intercambiaba en los noventa copias piratas en VHS: el afán ecuménico de sorprender, de epatar y destacar con estos fan-video-menjurges, le lleva a pasar de la sana risotada con unos chavales haciendo el idiota en casa con el monopa, a ir subiendo el tono y ofrecer primero porno, luego gore desagradable, luego extractos de los mondos más abyectos y acabar con el pseudo-snuff, las autopsias explícitas, etc. Todo esto está en el P2P, a un click de distancia. "Retard-O-Tron" o "The Whore Church" son un producto sibilino, que maneja material complicado con mano izquierda. En la saga "Faces of death" y los cientos de cintas semi-profesionalos similares ya nos encontramos con material más desagradable. Tengo acceso a todo eso y mucho más entre mis rodajas. He visto, más o menos, los "Mongoloid", todos los "Los & found video night", "Forbidden transmission", "Ultra gash Inferno", "Evil night", "TV carnage", "Deep fried sack dreams", y me alejo con un palo de todo lo que se parezca a "The sickest video on Earth" y similares. Y éste es de ese jaez: un sentido homenaje, en forma de megamix crudo de piezas largas, a los asesinos en serie más populares del siglo XX y los aficionados a los cadáveres y la automutilación, salpicado de videos de J-Pop. Una cosa desagradabilísima que me ha dejado muy mal cuerpo.

The whore church vol. 1 (2012)

No concibo cómo es posible que, en estos tiempos que corren, dominados por la generación del déficit de atención, la MTV, el Youtube, los videojuegos violentos y los jodidos anuncios de cerveza con limón para imbéciles, el video-mixtape no se haya convertido en la pieza reina del audiovisual, desplazando al cine y a las series. Resulta inconcebible que haya tan pocos refritos de videos decentes, y que sea tan difícil encontrarlos. En la televisión norteamericana (y también en Antena 3, ese ridículo canal especialista en refritos, que de no ser por Los Simpson hubiera seguido un destino similar al Canal 7), sí que son habituales los programas de recopilaciones en batería de docenas de imágenes curiosas, por bloques. Especialmente, imágenes de videoaficionados, bebés hostiándose en un columpio, chavales que se caen por el barranquillo, etc. En España tenemos las matinales de domingo de Antena 3, donde podemos asistir semanalmente, por millonésima vez, a momentos inolvidables de la videograbación profesional como a Cela amenazando con sorber agua de una palangana con el ojo del culo, o a Mercedes Milá haciendo el ridículo como sólo ella sabe. Youtube es la herramienta ideal, y separando el grano de la paja se puede uno pasar la vida entera viendo recopilaciones de demoliciones de edificios, caídas en skate, videos disuasorios de los más graves accidentes de coche en el cuarto mundo (el entretenimiento favorito de Homer Simpson) o maravillosos maratones de fails, spots incorrectos, trailers de películas insondables y saltos de monster trucks. Pero, insisto, es muy difícil encontrar este tipo de recopilatorios decentes, entretenidos, que no estén manipulados para débiles mentales o que no sean siempre lo mismo, y no comprendo cómo la gente no se lanza en masa a elaborarlos. Sobre todo, porque la "subcultura" del video-mixtape está íntimamente ligada con la del plagiarismo y el pirateo, y se anima en todos ellos a que cada uno fabrique su propio compendio de piezas breves. En la vastedad infinita de internet, es difícil encontrar video-remezclas de calidad. El recientemente aparecido "The whore church vol. 1", distribuido libremente vía P2P por sus responsables (los Vulture Bros. de thewhorechurch.com; también disponible completo en YouTube desde el miércoles pasado), recoge el testigo lanzado por los dos impresionantes volúmenes de "Retard-O-Tron", pergeñando un megamix de tres cuartos de hora de videos curiosos y sorprendentes, retazos de trailers, videoclips, publicidad nocturna, tetas, violencia y vísceras; pero esto no se limita (como tantos otros mixtapes que hay por ahí) a adicionar cortes audiovisuales con el Windows Movie Maker: los Vulture Brothers son el Fatboy Slim del video-mixtape. A una media de veinte o treinta fragmentos por minuto, utilizando recursos de VJ curtido, repitiendo imágenes en hilarantes loops, sobreimpresionando textos, manipulando el mensaje, manejando con destreza el ritmo, la música y los bloques temáticos, esto es un zapping suicida, una especie de Alguna pregunta més? incorrectísimo agitado por un Queridoantonio puesto de enteógenos, que volvería loco a Beavis & Butthead. Monstruos de corchopán, toneladas de sangre y vísceras de serie Z, dibujos animados locos, clips de porno bizarro, teletienda subnormal y gente que baila ardiendo. Un megamix audiovisual de mal gusto de un buen gusto extraordinario.