Miyerkules, Pebrero 15, 2012

The Tiger Lillies - The Gorey end (2003)


Bueno, pues ha llegado el momento de hablar de los Tiger Lillies. El grupo con el que llevo obsesionado las últimas semanas.

A los Tiger Lillies les conocí al principio del todo de su carrera, una tarde de fin de semana de 1994, a través de Radio 3, por supuesto. Concretamente, presentó su disco el gran Paco Pérez Bryan, en el tantas veces rememorado De 4 a 3. Cuántas bandas me descubrió este hombre, cuántas cintas no llené yo de canciones maravillosas, manipulando el radiocasete, con su programa. Alguien debería hacerle un monumento, o por lo menos un blog retrospectivo, al De 4 a 3 (ah, no, que ya existe, claro :) ).

El primer disco de los Lillies, "Births, marriages and deaths" (1994), me impresionó una barbaridad. Por aquel entonces me importaba y me afectaba muchísimo (más que ahora) lo que decían las canciones, y ya he dicho alguna vez en algún sitio que tenía montañas y montañas de folios con lyrics encuadernados, iba siempre por la calle con mi carpeta de lyrics y enchufado al walkman (gracias ello, puedo poner sin rubor "nivel medio-alto de inglés" en mi ridiculum vitae). Y el efecto de la voz de Martyn Jacques, apitufada, circense, amarga y dulce a la vez, narrando esas barbaridades (el marinero que enloquece al ver un cadáver en Boatman; la amenaza ceniza y terrible de Hell; el himno apologético Heroin and cocaine; la prostituta lacia Jacky; la devastadora, negra y terrorífica balada a la prostitución legal de las modelos, Open your legs; sus cantos a la muerte, la guerra, la destrucción, el dolor...) y apuntalada con esa instrumentación mística y minimalista, es como mínimo desconcertante, e imposible que te deje indiferente. A mí el primer disco de los Tiger Lillies me llegó al alma, a mis tiernos 16 años, gracias a Radio 3.

Pero confieso que les había perdido la pista, como a tantas otras bandas que descubrí en la radio, de las que me hice fan absoluto, pero hasta que llega internet no se te ocurre, o no tienes la posibilidad de comprobar qué ha sido de sus carreras (¿qué habrá sido de Geraldine Fibbers, Dan Bern, The Lyres, Collective Soul, Skeleton Key, etc., todas esas bandas de los noventa que me chiflaron, y que asocio al De 4 a 3?). Y los Tiger Lillies son una banda que no sale habitualmente en la prensa musical española. Tengo la sensación de que aquí han sido bastante ignorados. Supongo que esto se debe a su condición de banda de culto, profundamente British, que en lugar de giras hace espectáculos de vaudeville (locales) y que cuidan mucho su promocion y lo que se dice de ellos. Supongo que nunca se han propuesto conquistar el norte de África, y aquí sus fans no abundan. Para comprender a fondo a este grupo, hay que entrar por el aro de muchas cosas. Hay que tener un buen nivel de inglés, porque sus letras son importantísimas. Hay que aceptar que, aunque en una primera escucha pueda parecer una oronda mujer negra, son tres cincuentones feos jugando a la operetta bufa bizarra y tremendista, y además con el rostro maquillado y mucha pantomima; usan instrumentos informales, parece que están de cachondeo pero sus letras son terribles... No son un plato muy apetecible, a la primera. Son de esos grupos cuyo sonido, principalmente la voz, o te obsesiona o te espanta. Que se lo digan a Manos De Topo o a Tom Waits sin ir más lejos.

Lo que hacen, ellos mismos lo definen como "cabaret psicótico", y esto efectivamente les sienta como un guante. Su sonido, y su puesta en escena les encajona en el mundo de la sátira, el vaudeville, el cabaret lisérgico, el grand-guignol, la operetta bizarra. Y sus letras, siempre polémicas y extremas (asesinos, pederastas, muertos, freaks de feria, fábulas para adultos, sexo, muerte, soledad, locura) les convierten en una banda de culto, bastante complicada de entender y amar. Pero a mí me han llegado.

La comparación con Tom Waits no es azarosa. Muchos de los temas de su discografía son intercambiables con la etapa "filibustera" de Waits, sus canciones barriobajeras desde "Swordfishtrombones", si hacemos un esfuerzo de imaginación y sustituimos la voz de castratti de Jacques y le metemos el cavernoso atronar de las cuerdas del de California, creo que tienen bastantes puntos en común. No en vano, recientemente los londinenses han homenajeado y revisitado un par de temas clásicos de Tom (1, 2) para la televisión francesa. Los préstamos y los homenajes son bastante claros.

Pues como decía al principio, a los Tiger Lillies les había perdido la pista, no me había vuelto a encontrar con ellos en ningún sitio, cosa inaudita. Hasta que hace unas cuantas semanas vi el episodio en curso de los Simpson ("The d'ohcial network"), que termina con un corto (no relacionado con el episodio) en el que se homenajea a los primerísimos cortometrajes de Tim Burton (con la narración inconfundible de Vincent Price), que a su vez se inspiraban en el imaginario visual del dibujante "emo" Edward Gorey (el corto se puede ver, malamente, aquí. Se titula A shows too short, dando a entender que el episodio quedó demasiado corto, y colaron esto tan bonito al final para rellenar; tal y como hacen otras veces, alargando hasta lo ridículo el "gag del sofá" cuando el timing se queda corto o eliminan alguna escena a última hora). Pues bien, durante los créditos finales de este mismo episodio, justo antes del corto edardgoreyano, la clásica sintonía de cierre de los Simpson se la encargaron a The Tiger Lillies (como se puede escuchar aquí). Y esta curiosa combinación, casual o no, hizo que mi amigo HT me animara vía Twitter a escuchar "The Gorey end" (2003), el disco que sacaron los Lillies en homenaje precisamente a las historietas y personajes de Edward Gorey. Y fue irme a buscar este disco, y encontrarme con que TL no sólo habían sacado más discos después de su maravilloso debut, sino que a fecha de hoy figuran en su estupenda web nada menos que 33 discos oficiales. Pues todos ellos han pasado a formar parte de mi colección en este último mes, y me los he estado escuchando compulsivamente. Psicóticamente obsesionado con el cabaret psicótico.

"The Gorey end" es un disco precioso. Como la mayoría de su discografía, es un disco temático, de principio a fin dedicado a un único artista o concepto. Además, en este disco les acompaña la incansable banda de cámara especializada en cóctel/easy-listening The Kronos Quartet (que no son santo de mi devoción; y apenas se nota, solo aportaron arreglos preciosistas, un poco barrocos, pero sigue mandando la instrumentación habitual y la voz de Martyn), con lo que el conjunto queda algo más arreglado y menos crudo que sus habituales piezas minimalistas. Como banda sonora para acompañar la lectura de Gorey es absolutamente perfecto, por supuesto. The Hipdeep family abre y cierra el disco, y hace las veces de show opening / reprise. No solo se centran en sus personajes sórdidos y el terror gótico de Gorey (Hertha Strubb, Histoire de Kay), sino que también juguetean y ponen sonido al famoso alfabeto ilustrado "infantil" de Gorey (ABC, QRV), y bajo la catarata de cuerdas, sierras rasgadas y percusión marciana repasan el universo de Gorey de forma detallada y hermosa. Sin duda, los dibujos de Gorey se amoldan al sonido macabro y poético de TTG como un cadáver a un sarcófago.

De cuanto llevo escuchado (casi todo, atropellada o minuciosamente), el primer disco, el citado "Births, marriages and deaths" sigue siendo el que más me gusta y escucho una y otra vez; supongo que porque además de a la pureza y honestidad de todo debut, tengo que añadir la dosis de nostalgia personal. Pero otro disco absolutamente recomendable, por ejemplo, es la ópera bufa "Shockheaded Peter" (1998). Una bellísima historia extraña y truculenta, con pasajes en los que se arremolinan disparos, gritos, golpes y maullidos (The dreadful story about Harriet and the matches me pone los pelos de punta), que tengo entendido que fue su primera apuesta por el espectáculo completo, esto es, que el disco no era sino la banda sonora de un show itinerante. Una ópera-rock como dios manda, en la que se va narrando la historia de una serie de personajes inadaptados, macabros, disparatados (Cruel Frederick, Augustus, Fidgety Philip, Johnny Head-In-Air, Flying Robert o los aclamados Bully boys, probablemente el tema más conocido del trío). Una auténtica maravilla de álbum, envolvente, extraño, perfecto de principio a fin.

Avanzando en su discografía, nos encontramos muchos otros discos temáticos que nos introducen en mundos grotescos y que merecían un repaso por parte de los de Londres. "Circus songs" (1999) nos transporta a una pista de circo entrañable y al mismo tiempo enferma, donde se nos narra la vida de una serie de fenómenos ("Albino dwarfs & dancing bears & midgets with full body hair. A girl who has a fishes tail, a boy the body of a snail. A man with the head of a bird, a girl who shits bricks as turds. Siamese twins joined at the head, a girl who though alive is dead. A man who bleeds through hands and eyes, a girl who has a donkeys thighs...", de Freakshow; en la línea de Send in the clowns, Circus clown o Bearded lady) que habitan un lugar sórdido en el que desarrollan un oficio decadente ("It's the cheapest show you've ever seen, with drunks drug addicts & old queens. It's garish gaudy & obscene. Half the staff are pimps & whores, too old to do it anymore, they're all old, ugly, stupid, poor", cantan desgarradoramente en Cheapest show).

No se debieron quedar del todo a gusto, y ya en 2010 repiten temática con el impecable doble álbum "Freakshow", a mayor gloria de un afligido y lamentable "pasen y vean": Snake woman, Matchstick man, Bleeding lady, Three-legged lady, Three pairs of arms, Hairy man o Rosa with three hearts comparten infortunios y bambalinas, sufren, son víctimas de escarnio, miedo e incomprensión hasta el final de los tiempos ("Forever we will be together beyond the grave", en Forever together).

Otro disco redondito y hermoso es "Death and the Bible" (2004), con más pochez y sordidez a costa esta vez de los iconos religiosos y los pasajes bíblicos (tremenda, no hay otra palabra, Bleeding hands of Jesus, angustiosa Satan, cachonda y sexy Mary Magdalena), que me trae a la memoria otro disco de adolescencia, el maravilloso, oscuro y conceptual "Wormwood" (1998) de los Residents.

Rendidos a los discos conceptuales casi desde sus comienzos, como digo, en "Die Weberischen" (2006) se atrevieron a meter la punta de los dedos en la música sinfónica, con otra operetta bufa en torno a la biografía de un inadaptado obsesionado con Wolfgang Amadeus Mozart, acompañados, de nuevo, por una orquesta de cámara e incluso recreando y trillando pasajes musicales del de Salzburgo, sin apartarse de las letras patéticas (Life's a bitch, Abort the child, Screw you, Death song).

En 2006 se atrevieron con el universo lovecraftiano (que les viene que ni pintado) y los Mitos de Cthulhu, para mezclarlos con el ruido conceptual enfermizo y la voz de Alexander Hacke (ex-Einstürzende Neubauten), así como la personal visión del mundo del fotógrafo Danielle de Picciotto, para fabricar un menjurge devastador y terrorífico (The Tiger Lillies + Dunwich = ¡el horror, el horror!); dos años después editaron "7 deadly sins" (2008), con un puñado de temas menores inspirados en los pecados capitales; en "Huinya" (2005) invitan a cantar y ornamentar sus composiciones a la banda soviética Leningrad, inundarlo todo de cirílico y marchas militares; "2 penny opera" (2001), grabado en directo, sería algo así como un musical de Broadway corrupto y pestilente (Bastard, Bitch, Your suicides o Piss on your grave son alguna de sus piedras de toque); y su penúltima entrega, que están presentando estos días en directo (sin acercarse a Sudeuropa ni con un palo, los cabrones) es "Woyzeck" (2011), una obra teatral oscura y siniestra, inconclusa, compuesta en 1836 por Georg Büchner, que han finalizado y adaptado al cabaret bizarro psicótico; el doble álbum "Sinderella" (2009) adaptó la fábula (erróneamente aceptada como infantil) de Perrault con los barrios bajos portuarios y la cruda realidad de la prostitución, la violencia y la muerte...

Y así podría estar horas, tantas como me he pasado escuchándolos últimamente, recomendando discos de The Tiger Lillies, una banda única, imprescindible, inabarcable. Me temo que mi relación con ellos no ha hecho nada más que empezar. Ultimamente las cosas me van bastante bien en el plano sentimental (gracias por preguntar), pero aún así, casi todas las noches, antes de acostarme, me da por escuchar la que probablemente sea la canción más triste de todos los tiempos. Del álbum "The brothel to the cemetary" (1998), os dejo con una píldora: Alone with the moon, y yo me voy a la calle con mi walkman reproductor de MP3 portátil a leer lo que dicen los Tiger Lillies con mi cuaderno de letras impresas archivo .pdf en el tablet.

Corto Maltés: Bajo el signo de Capricornio (Hugo Pratt, 1970)


Ayer, tarde de San Valentín, me llevé una decepción bastante gorda: Jacinto no se presentó a nuestra cita en el CaixaForum para la charla sobre Corto Maltés y la aventura épica en el arte secuencial. Acudí a la conferencia sin aire, casi corriendo cuesta abajo por Huertas junto a mi amiga la brasileira, a la sazón periodista de El País y tan fan de Jacinto como yo desde el día que le presté "Pilotos, caimanes y otras aventuras extraordinarias", uno de mis libros de cabecera. Tuvieron el detalle de anunciarnos, antes de entrar en el auditorio, que el ponente previsto estaba enfermo y la charleta la iba a dar el comisario del ciclo. Nos miramos, y decidimos pasar. Que mira que es majo y habla bien, pero a ella Corto Maltés se la repampinfla, y habíamos asistido en tan romántica velada para conocer a nuestro Jacin en directo. Una pena. Nos fuimos a la planta cuarta, a la cafetería del CF, que tiene un mirador impresionante. Nos sentamos en unos sillones modernistas violetas, nos tomamos unos cafés y nos pusimos un poco al día, porque ya no nos vemos tanto como antes. Fue un San Valentín bonito, tonteamos con lo de estar en una cita y esas cosas, pero nos despedimos pronto.
En cualquier caso, yo he seguido leyendo, y seguiré haciéndolo, las OOCC de Corto Maltés, y hago acuse de la deglución del segundo tomo de sus aventuras, "Bajo el signo de Capricornio", donde Pratt ya ha definido completamente a nuestro protagonista y lo pinta como todos lo recordamos, con su pelo ensortijado, su traje raído de contramaestre, su gorra marinera, el pendiente, la nariz picuda y la cicatriz que le sale cada dos por tres bajo el párpado izquierdo. "Bajo el..." incluye unas 6 historias de cerca de 40 páginas. La acción se traslada al Pacífico y a América Central, donde volverá a encontrarse con el sinvergüenza de Rasputín, con la familia de Pandora, con la leyenda negra de los no-muertos tahitianos, la magia negra y los dictadores fulleros. Magnífica la historia de los cuatro naipes esculpidos en hueso de elefante, que indican el lugar del tesoro, la calavera con el catalejo atravesando su cráneo y el barco de coral. Hugo Pratt escribía historias, cortitas, que bien podrían servir para grandes producciones de aventuras en Hollywood.

Lunes, Pebrero 13, 2012

Fables: El último castillo (Bill Willingham, Craig Hamilton, P. Craig Russell, 2004)


Este número especial (annual) tiene lugar a continuación de "Una historia de amor", y por fin se nos pone oficialmente en antecedentes sobre la invasión de El Adversario a la Tierra de los Cuentos, que provocó la huída, hace varios siglos, de las fábulas supervivientes a nuestro mundo. El narrador es Azulejo, actual mano derecha de Blancanieves, y con todo lujo de detalles (brillante y minucioso el trabajo de Hamilton y la leyenda viviente P. Craig Russell) nos adentran en la vieja Tierra de los Cuentos, en su relación amorosa con Caperucita (qepd), y en el ataque de los millones de trolls y duendes malvados al último resorte, la Fortaleza del Fin de los Mundos. El asedio al castillo terminó con la muerte de miles de fábulas, y unos cuantos cientos consiguieron escapar a través de un portal espacio-temporal hasta el Nueva York del siglo XVII (cuando aún se llamaba New Amsterdam). Una vez más, un colorido cuento de hadas, esta vez histórico, repleto de gore, tetas y cabrones a punta de pala.

Fables 11-18: Una historia de amor (Willingham, Buckingham, Medina, Bryan Talbot, Linda Medley, 2003)


Sigo avanzando en la lectura de Fables, el penúltimo gran éxito de Vertigo. Destaco en la parte gráfica la soberbia imaginación e iconoclasta narración, una vez más, del monstruoso Mark Buckingham, frente a las decepcionantes páginas de Bryan "Nunca debí salir de 2000AD" Talbot y los horribles caricatos de la tal Linda Medley.
En cuanto a la historia: gloria bendita: al cabrón con ínfulas de Barbazul se le han hinchado las pelotas, y quiere hacerse con el control de Villa Fábula. Para ello, recurre a la proscrita Ricitos de Oro (principal acusada del feo asunto de la "Rebelión en la Granja", que se encontraba en paradero desconocido). Barbazul droga mediante un conjuro a la Encargada de Villa Fábula y al sheriff (Blancanieves y el Lobo Feroz), que provoca que se vayan lejos de la ciudad y acampen en mitad del campo, y contrata a Ricitos como asesina, para que los fría a balazos lejos de la mirada del resto de fábulas y mundanos. El grueso de la historia es una trepidante persecución de alta montaña que quita el hipo, con Ricitos motorizada y armada hasta los dientes, Blancanieves herida y enamorándose poco a poco del Lobo Feroz, y éste haciendo uso de algunos de sus superpoderes, como el de "soplaré y soplaré, y la casa derribaré" (en serio, el pastiche de coger los cuentos clásicos —supuestamente— infantiles y llevarlos al terreno del cómic adulto, en mis palabras, puede sonar una idiotez como un campanario, pero Willingham lo hace con enorme destreza, y verdaderamente funciona, lo juro). Mientras tanto, en Villa Fábula, un estúpido mono alado se ha quedado al cargo de todo, y el Príncipe Encantado sospecha de Barbazul y le compra la parcelita, después de una batalla de esgrima. Se nos presenta también a los policías liliputienses, que Azulejo está utilizando en secreto para espiar a los conspiradores de Villa Fábula.
Otra de las impresionantes tramas contenidas en esta historia, es la que nos cuenta cómo un periodista mundano cree saber el secreto de la inmortalidad de las fábulas: ¡vampiros! La élite de las fábulas decide tomar cartas en el asunto, y acojonar al periodista para que desista en su idea de dar a conocer su historia. Para ello, llevan a la Bella Durmiente al edificio donde vive el periodista. Al dormirse, provoca que crezcan enredaderas por todas partes, y también que se duerman todos los que están cerca. Una vez dormidos todos, secuestran al periodista, le sacan fotos comprometidas de alto cariz sexual acompañado de un menor (el pobre Pinocho, que anda jodido porque la puta hada se tomó demasiado en serio aquello de "quiero ser un niño de verdad", y nunca crece, con las ganas de follar que tiene...), le disuaden de sus planes... y finalmente le taladran el entrecejo con una bala. Así se las gastan en Villa Fábula.

We jam econo: the story of The Minutemen (Tim Irwin, 2005)


Llevo diez días escuchando sin parar viejos discos de mi admirado Mike Watt con Minutemen y fIREHOSE, así como otros artefactos recientes que se me habían pasado por alto. Principalmente, están sonando en mis altavoces 4x4 del salón a todas horas dos productos del pasado 2011: su último disco en solitario, "Hyphenated-Man", y la cuarta entrega larga de Dos, "dos y dos".



Y por fin, ayer pude disfrutar del documental sobre The Minutemen. Va todo en una misma entrada.

Watt es una leyenda viva del hardcore californiano, y su historia, así como buena parte de su discografía, me las sé de memoria. Para mí siempre será un humilde currante de San Pedro, CA, un funcionario de las cuatro cuerdas con una presencia imponente, altísimo, de rostro curtido y voz cavernosa y poderosa, convertido, a base de esfuerzo, en una leyenda viva del rock n' roll norteamericano a la altura de todo un Iggy Pop. Y por supuesto, es el mejor bajista eléctrico del mundo.
El origen de la leyenda, según este documental, se establece en mitad de un bosque de las afueras de San Pedro, cuando Watt conoce a D. Boon, un gordo cabrón hiperactivo, y se ponen a tocar juntos. Ambos tenían 13 años. Pronto conocerán a George Hurley, uno de los mejores bateristas del mundo, y forman una banda llamada The Reactionaries (junto con un vocalista que no pinta nada en esta historia). Una tarde, en el dormitorio de un miembro de Saccharine Trust, deciden limitarse a power trio clásico, porque tanto Boon como Watt tienen aspiraciones vocales. Les gusta calzarse el micrófono, arengar al público, gritar barrabasadas. Este grupo, The Minutemen, se formó oficialmente en 1980, cuando los tres eran viscerales veinteañeros. Llegaron a sacar 4 discos y 8 EPs (posteriormente reeditados también como colección de largos), y a dar montones de conciertos por toda california. La historia de los impresionantes, imparables Minutemen, se trunca en 1985, cuando D. Boon fallece en un accidente de tráfico.
El documental "We jam econo" ("tocamos barato") se estructura básicamente en 4 tramas: por un lado, las docenas de actuaciones de los primerísimos años ochenta que salpican el resto de intervenciones; una segunda historia nos la cuentan sus protagonistas, tres imberbes y rebeldes angelinos entrevistados en mitad de un parque en 1984, hablando de sus primeros pasitos y toda la ilusión y emoción que les corroe por dentro; la tercera línea argumental son las declaraciones de Mike Watt, ya rozando la cincuentena, paseándose con su SUV por las principales calles de su amada San Pedro, con lágrimas en los ojos, hablando de D. Boon, de los locales de ensayo, las tiendas de discos de su adolescencia y toda una juventud rendida a los pies del punk; y finalmente, las docenas de voces rendidas a coro a lo que pudo ser el germen de una de las bandas de hardcore más importantes de todos los tiempos. Por ahí desfilan las devotas declaraciones de Flea (un bajista que, para mí, siempre estará unos pasos por detrás de Watt), de toda la alineación en pleno de Black Flag, el brasas straight-edge (y no menos legendario adalid indie-hardcoreta) Ian McKaye, Henry Rollins, Jello Biafra, miembros de Meat Puppets, Saccharine Trust, X, Hüsker Dü, Dinosaur Jr., Sonic Youth (estos están en todos los putos documentales de música del mundo), Descendents, etc. Todo cristo. Un documental soberbio, tierno y melancólico en lo que respecta a la muerte de D. Boon y lo que pudo haber sido, e imprescindible en cuanto a las montañas de actuaciones en alta calidad.

Lo que fue, más o menos es lo siguiente: al fallecer D. Boon, el pobre de Watt entró en una crisis y una depresión galopante. Pero lejos de quedarse quieto, su carrera apenas acababa de empezar. Sonic Youth se lo llevaron a Ciccone Youth, y colaboró también en el imprescindible "Evol" (1986). Y conoció a Kira Roessler (por entonces bajista de Black Flag), con la que inició una relación sentimental, y a Ed Crawford, un fan de la banda, que con el tiempo sustituyó al insustituible Boon como guitarrista y cantante, formando junto a Hurley y Watt el trío fIREHOSE.
Tengo que reconocer que yo descubrí antes a Firehose que a Minutemen (en mi tierna post-adolescencia, mediados de los noventa), y me gustan más los discos de aquellos que de estos. Probablemente, el casette al que más friegas he dado con mi walkman fue el que alojaba completos los discos "If'n" (1987) y "Mr. Machinery operator" (1993), y forman una parte importantísima de mi educación musical. Temas como From one cums one los sigo escuchando periódicamente, y me siguen pareciendo la mejor muestra de virtuosismo punk imaginable, la mejor base rítmica posible, son temas catárticos, que me marcaron tanto como el primero de Rage Against The Machine o el "Red medicine" de Fugazi, auténticos revulsivos para mi impresionable carácter.
Además de The Reactionaries, Minutemen, Firehose y Sonic Youth, Watt ha colaborado en docenas de proyectos: lo poco bueno que hicieron Porno For Pyros, la superbanda AOR Banyan, The Crew Of The Flying Saucer, The Missingmen, los Iggy & The Stooges del siglo XXI, Anywhere, Unknown Instructors, The Real Oh Mine, Wilco, The Black Gang, The Second Men... e incluso ha figurado como bajista de estudio para trabajos alimenticios junto a gentuza como Kelly Clarkson. Un carrerón imparable. Un currela. Y allá donde mete mano, salen verdaderas joyas, y siempre rodeado de los más grandes músicos. A destacar su primer disco en solitario, "Ball-hog or tugboat?" (1995, otra de las cintas que más destrocé en aquellos años), donde contó con semejante lista de colaboradores que no vale la pena ni empezar. Basta decir que es un auténtico catálogo, un resumen de dos décadas enteras de mi música favorita.

Total, que soy un ferviente admirador de este hombre. Que además de su fuerza, de sus tremendas composiciones, de su mala hostia a las cuatro cuerdas, de su innegable talento, me transmite una ternura difícil de explicar.
Y como decía, entre las cosas que nos ha regalado en 2011 está su cuarto disco en solitario, en la línea salvaje y sin miramientos de "Contemplating the engine room" (dedicado a la memoria de su difunto padre), y lo nuevo junto a su ex-mujer Kira Roessler, "dos y dos".
Dos son un grupo inaudito. Mira que hay combinaciones y permutaciones al clásico guitarra+bajo+batería en el mundo del rock "alternativo" (grupos con dos baterías, grupos de saxo+bajo modificado+batería como Morphine, grupos con cuatro guitarras, con contrabajo clásico, grupos cuyo frontman toca el violín eléctrico y sin guitarra, etc.), pero un dúo compuesto exclusivamente por dos bajistas/cantantes, yo creo que es único en el género. Además, Dos, lejos de ser un vehículo de expresión vanguardista o de experimentación, le sirvió a Mike, en sus primeros años, para componer la base de los primeros temas de fIREHOSE. Temas inmortales como Political song for Madonna to sing o la propia (y versionada en mil y una formaciones) Drove up from Pedro (y muchas más) tuvieron su origen y su esqueleto, en Dos. Las atmósferas que recrea el ex-matrimonio, jugueteando con la escala de graves (añadiendo puntualmente sonidos pregrabados, como retazos de conversaciones u olas marinas), son enigmáticas y atractivas... Pero para un rato. Ni yo mismo tengo paciencia para escucharme entero atentamente los discos de dos, porque echo de menos las voces. Este nuevo "dos y dos" es crudo, experimental e instrumental, y para quien tenga curiosidad le remito a su disco post-divorcio, el magnífico "Justamente tres" (1996).

Ah, sí: y este año 2012 será recordado porque fIREHOSE vuelven.

Fables 06-10: Rebelión en la granja (Bill Willingham, Mark Buckingham, 2002)


El primer arco de Fables me había parecido bastante flojo. Lo absurdo y ridículo del planteamiento de estas historias (Blancanieves, la Bruja Piruja y el Lobo Feroz habitando Nueva York del siglo XXI...) parecía a priori una vuelta de tuerca un poco innecesaria, una memez oportunista, un volcado de los conceptos de "Shreck" para las nuevas generaciones de lectores de cómic adulto. Sin embargo, enseguida queda claro que el sello Vertigo lo ha vuelto a hacer, y lo que se ha sacado de la manga es un concepto ditirámbico, pero genial. Y el ridículo inicial queda completamente difuminado en cuanto empiezan a imponerse las tramas, las ideas absolutamente locas y extremas de Willingham. Este segundo arco me ha parecido magistral. Primero, por la presentación de La Granja, de la magnífica hija de puta de Ricitos de Oro, o del brutal asesinato y decapitación de los Tres Cerditos. Los gigantes dormidos sobre las cumbres... La historia mezcla docenas de personajes y conceptos clásicos, con el argumento de la rebelión animal, cuando las fábulas sin aspecto humano, forzadas a la clandestinidad desde hace siglos, deciden tomarse la justicia por su mano y asaltar Nueva York. Una verdadera y sangrienta batalla resuelta de forma precisa y hermosa.
Pero lo más impresionante de este arco, lo que me dejó sin aliento, fue el dibujo de Mark Buckingham. Descubrí a Bucky casi al principio, desde que entró a sustituir a todo un Chris Bachalo al frente de Generación-X allá por 1997 (esto ni siquiera figura en su página de la Wikipedia, y mira que lo recuerdo con amor). Bucky consiguió que no sólo no echásemos de menos al increíble Bachalo, sino que mimetizó su estilo perfectamente e hizo crecer a los personajes. Aquí Buckingham ha evolucionado hasta convertirse en un auténtico genio de los lápices. Sus personajes se mueven sobre el papel, los animales tienen vida, y la composición de página, barroca, llena de filigranas y detalles como los iconos en los números de página, los objetos flotantes separando elipsis o marcando los márgenes (esto siempre lo asociaré a los primeros trabajos de Todd McFarlane en Infinity Inc., que me dejaron bastante tocado), las viñetas con forma de escudo, las escenas silvestres, las dobles páginas... Una gozada.

Fables 01-05 (Bill Willingham, Lan Medina, 2002)


Por fin, he decidido adentrarme en el universo de las Fábulas que ha creado Bill Willingham para el sello Vertigo, uno de los tebeos cntemporáneos de los que más vengo escuchando en los últimos años. Vertigo siempre es una garantía, y uno sabe que lo que se va a encontrar difícilmente le decepcionará. Transmetropolitan, Y, el último hombre o 100 balas son algunos de los productos con los que más he disfrutado jamás, y no había querido saber en qué consistía esta bizarra colección hasta que abriera finalmente sus páginas. No sabía de qué iba esto, no quería saberlo, y me quedó muy claro en las primeras páginas: Blancanieves, el Príncipe Azul, Jack el Matagigantes, el Lobo Feroz, los Tres Cerditos, etc., existen en el mundo real, puesto que el hombre los ha creado, hace muchos siglos. Pero no existen en un plano etéreo, virtual, del consciente colectivo, sino que habitan una parcela de Nueva York, un edificio, al que llaman Villa Fábula. Eso, las fábulas que tienen aspecto humano. Los animales parlantes, los dragones, gigantes, liliputienses, liebres, tortugas, etc., están confinados en un lugar alejado de la civilización, oculto por un conjuro para que los mundanos no les descubran, llamado La Granja.
En Nueva York, las inmortales Fábulas han firmado una especie de acuerdo para no andar matándose ni persiguiéndose eternamente. Barbazul es un ladrón hijo de puta al que sólo le interesa su propio beneficio, el Príncipe Azul es un putero y un mantenido, la Bruja Piruja una golfa del quince, y todos se aguantan con el fin común de no delatar su existencia a los mundanos, desde que, hace varios siglos, tuvieron que huír a nuestro mundo desde que El Adversario arrasara la Tierra de los Cuentos. Cada pocos números de esta colección abierta (que hace pocos meses superó la primera centena de números) componen un arco argumental cerrado, y el protagonismo se lo van intercambiando. Pero lo que está claro es que esto es Vertigo, así que estos cuentos de hadas modernos protagonizados por Caperucita, Ricitos de Oro o Pinocho, están repletos de mala hostia, sexo y violencia.
Este primer arco, además de presentar a los principales personajes y ponernos sobre aviso de lo que ha pasado, por qué estas fábulas habitan entre nosotros para quedarse y mediante hechizos permanecen ocultos, narra la historia de un asesinato brutal: el sheriff Lobo Feroz investiga el destripamiento de Rosa Roja, la novia de Jack of Fables, cuya sangre ha aparecido esparcido hasta el último rincón de su apartamento de Villa Fábula. Con la ayuda de Azulejo y Blancanieves, llegará hasta el final de este crimen que no es lo que parece. Esta historia me dejó bastante frío, puesto que la trama no tiene absolutamente nada que ver con los cuentos en sí, sino que es una novelita negra con crimen pasional narrada a través de estos personajes, como podría haber estado contada con personajes reales. Pero llevo leídos unos cuantos números más y la serie me tiene encandilado.

Huwebes, Pebrero 9, 2012

Corto Maltés: La balada del mar salado (Hugo Pratt, 1967)


En el auditorio del CaixaForum está teniendo lugar una serie de conferencias relacionadas con el cómic. Asistí a la segunda de ellas (el teorizador italiano Gino Frezza, hablando un ratito sobre filosofía, jungismo y melancolía a partir de los tebeos de superhéroes; con traducción simultánea, lo que fue muy gracioso, me sentí como en un pleno de la ONU), y espero no perderme ninguna de las siguientes. El próximo martes el conferenciante será mi ídolo Jacinto Antón, y su charla se titula "Línea de fuga: Corto Maltés y la aventura". Y ayer caí en la cuenta de que no he leído nunca jamás un tebeo de Corto Maltés.
Desde niño he estado rodeado de tebeos serios. Crepax, Caniff, Altuna, Manara, Breccia, Moebius, Bilal, Lauzier, incluso el propio Hergé, todos esos incuestionables adalides de la historieta encuadernable me son familiares, pero los he pospuesto desde la tierna infancia, al considerarles, con desprecio, lectura paterna. Ahora me están apeteciendo muchos de ellos. No he leído nunca un tebeo de Tintín. Ni El Eternauta. De Moebius, solo leí El garaje hermético, y no me acuerdo de nada. Jamás he abierto una página de Juan Giménez (de Carlos sí, bastante) ni el resto de lo que en mi cabeza es el "entorno Cimoc", el cómic para adultos que siempre lo sentí bastante ajeno. Y demonios, vale que no reniegue, a mi edad, de la Escuela Bruguera, de la "línea tremenda", de la Fleetway o los superhéroes, que no hay por qué hacerlo, que todo es compatible; pero lo que es innegable es que ya soy adulto... Pues nada, que he empezado con Corto Maltés. Y por supuesto, estoy encantado.
No hay nada que yo pueda decir sobre Corto que no hayan dicho ya tantos mucho mejor. Yo lo concibo como una mezcla entre "Casablanca" y "En busca del arca perdida". Desde ese prisma me he acercado a su obra, después de leer un artículo estupendo de Umberto Eco que ampliaba un poco mi horizonte visual sobre lo que significa Corto Maltés: los libros que manejan sus personajes, las aventuras clásicas en Los Mares del Sur, lo fino que hila Pratt al desarrollar el carácter de los personajes, a medida que avanza la trama, la valentía al plantear determinados asuntos en los años sesenta. En este primer tomo de Corto, el propio protagonista no está muy bien dibujado; es decir, no se parece al Corto Maltés de siempre. Aquí está todo lo que vendrá después: piratas, tesoros, chicas monas (en este caso, una deliciosa Pandora, una niña en realidad, que los tiene locos a todos...), mahoríes, rufianes, náufragos, contramaestres; uniformes militares y atuendos folclóricos, embarcaciones, armas e incluso coordenadas realistas y fieles hasta el menor detalle. Aventuras clásicas, épicas, alrededor de un sinvergüenza pero noble buscavidas en los Mares del Sur.
Este primer tomo es en color. Pratt colorea con colores cartográficos, la historieta tiene finas pinceladas en tonos ocres, amarillentos, como un mapa viejo. Y como decía, está todo pero es algo diferente, desde el propio aspecto del de Malta. El trazo de Pratt, sobre todo a partir del siguiente tomo, ya en el blanco y negro que se recordará por siempre, es absolutamente magistral. Es lo que me pasaba de pequeño: que me ponía leer al Capitán América pegándole a Constrictor, sin disfrutar en realidad de la calidad gráfica de Byrne, por ejemplo. Ahora sí que tengo algo más de capacidad para valorar el dibujo de Hugo Pratt, y estoy completamente fascinado, con cómo retrata a los personajes con cuatro trazos aparentemente caóticos, cómo ambienta las historias, cómo te hace viajar por el mundo sin apenas decorados, sólo cuando es necesario. Hugo Pratt es algo así como el Howard Hawks del tebeo (no creo que lo de "maltés" sea casual, aunque en realidad no lo sé), y sus extraordinarias aventuras me tienen fuera de este mundo.

Linggo, Pebrero 5, 2012

Álvaro GNR - Obras completas en Internet (2011)


Algún benefactor montó un .pdf de 700 páginas con casi toda la producción del gran Álvaro Diógenes Bambi, tanto su clásico blog Me Tenéis Contento como varios años de artículos para La Página Definitiva.
Me Tenéis Contento es uno de los primeros blogs que conocí y a los que me hice asiduo, allá por los primeros años de la lista de Mondo Brutto. Era un rincón apacible y estrambótico, con formato de robotito de juguete ascii, una columna pequeñaja con el resto de la pantalla en blanco, en fin, un formato gracioso y raro, de lectura ágil en la oficina en aquella época. No recuerdo si Álvaro estaba o no en la Lista, yo creía que sí, porque además en su blog mencionaba a gente de aquélla. Como fuera, era uno de los sitios que más me gustaba leer. Poco después vino el blog de Vico, el de Lardín (entre medias me metí yo a bloguear como si no hubiera un mañana, como si hacerlo fuese superimportante), el de Xabi Benputa y así otra serie de espacios virtuales y cataratas de mensajes de esta y otras listas, que yo me imprimía en el trabajo y conservo en buena parte por ahí entre montañas de papeles y polvo, como tesoros, como un recuerdo de la literatura underground de la 1 y medio.0. El blog de Álvaro, concretamente, no lo tenía, así que mira que bien. En estos días me he estado releyendo o leyendo por primera vez las setecientas páginas largas de este archivo (en letra grande y con páginas vacías entre artículos, eso sí, que yo como lector entregado no doy mucho de sí), y me he estado riendo como un idiota bastante rato en mi sofá o en la barra del café donde últimamente paso más horas que en el retrete.
Algunos de los artículos reconozco que los he leído por completismo, porque al fin y al cabo se iban a terminar pronto; pero aunque Álvaro escribe entre bien y muy bien siempre, sólo es absolutamente brillante y desternillante en algunos de ellos. Sobre todo al principio, cuando la temática giraba en torno a su persona, sus recuerdos de salvajismo burgalés (valga la redundancia) y anécdotas deliciosas como aquella de "Viejo de mierda goes to Treblinka", la sordidez de su descripción de esta dichosa ciudad de la que casi nunca salgo, la inolvidable cuestión del les coprophages, y en definitiva, todo el profundo y descojonante sentir del autor hacia lo que le rodea y asquea y lo que hacía, es maravilloso. Pero a medida que avanzan los artículos, y aterriza en LPD, a mí se me hace un poco más tedioso. Sobre todo, mucho menos gracioso, con bastante menos mala hostia (con excepciones) y centrándose casi exclusivamente en la actualidad política, la actualidad futbolística y las peores películas de estreno posibles. En estos últimos años Álvaro parece ser que trabaja en Telecinco, y sus reader's digest de los realities más pintones sí que tienen bastante gracia (aunque no he visto nada de lo que habla, me lo imagino), o artículos grandísimos como el profundo análisis del culebrón Norte y Sur. Su prosa futbolística es extraordinaria, probablemente las únicas letras que leo después de los grandes cruces de liga y copa, son las suyas. Aunque a años vista, pierden para mí bastante interés, ahí está. Es un titán. Un columnista under de cabecera. Lástima que parece que se ha perdido definitivamente su blog RBBE (aunque no sé yo si me leería eso entero ahora; pero es el único blog de fútbol al que he estado suscrito jamás), que ya solo escriba sobre el Real Madrid, UPyD y estrenos que me importan tres cojones. La crónica del Madrid de los dos mil que hacía Álvaro es una lectura imprescindible.

Sabado, Pebrero 4, 2012

The other f-word (Andrea Blaugrund Nevins, 2011)


La "palabra con f", como dicen eufemísticamente los nenes americanos arrepentidos de blasfemar es, obviamente, "fuck". La "otra" palabra del título es "father". Una losa como un castillo cuando uno ha sido un bala perdida y un cierrabares, un titán del punk-rock. Cuando uno renegó de sus padres y huyó de casa para instalarse en una okupa a los quince, montó una banda kostrosa con cuyos bolos en garitos tumefactos poder financiarse los porros, y pasado el tiempo no le ha quedado más remedio que procrear, a menudo de penalti. De eso va este entrañable documental. De hacerse mayor siendo punk en California. De compaginar las giras por el mundo frente a miríadas de chavales escupiéndote al jeto durante el día, y de noche cambiar pañales y decirle a tus churumbeles que "eso no se dice, eso no se hace". El grueso protagónico lo acarrea aquí el líder de Pennywise, un cuarentón que cohabita un dúplex impresionante en Hermosa Beach, junto al pibón de su esposa y tres dulces y primorosas rubitas white trash, con lo que él ha sido. Al menos, Jim Lindberg tiene una pinta estupenda, se cuida y sigue estando en plena forma; porque lo de tener por papá al desequilibrado de Fat Mike, cuando su nena tenga uso de razón, no se lo va a perdonar nunca. El frontman de los maravillosos NoFX tiene por casa una pocilga en mitad de una nube de THC, y vive en una siesta continua frente a la tele, tirándose pedos continuamente para tratar sin éxito de sacar a su pequeñita de un sopor perenne. El que se lleva la palma en cuanto al efecto visual más logrado es Lars Federiksen, el bajista de Rancid, los últimos punks con pintas peligrosas que nacieron en Los Angeles. Cuarenta y tantos, panza incipiente, pantalones de payaso, camisetas raídas con mensajes agresivos, toda la cara tatuada, y paseando por el parque a un bebito de dos años, no es de extrañar que los columpios se vacíen en cuanto aparezca, y que varias veces a la semana alguien llame a la policía. O Duane Peters, un tipo que hace hermoso a Shane McGowan, qué pesadillas no provocará en sus vástagos. Curiosamente, algunas de las cosas más inteligentes al respecto las dice el pijopunk imbécil e imberbe de Mark Hoppus (Blink 182, los Pignoise angelinos), al admitir que al formar parte de esas bandas de macarras rebeldes anti-sistema, el público tiene el listón moral sobre ellos por los suelos, y así es fácil ser un padre decente, porque cualquier cosita que hagas sorprenderá a propios y extraños.
El documental no es un Quién vive ahí de la flor y nata del punk melódico de los noventa (que también), sino además un catálogo nostálgico, un recorrido por la adolescencia de estos músicos hoy progenitores (Lindberg, de adolescente, trabajaba a cinco minutos de la comuna hippie de Black Flag, cómo no iba a interesarse por el movimiento) y un tremendo documento multimedia acerca de la humildad y el abandono incondicional lde la pose pérfida y el esputo, en el ámbito privado, cuando uno se hace mayor. La muerte del angst y la asunción del "ains, mi niño, qué mono es!", cuando te haces millonario, en definitiva. A destacar también los momentos en los que sale papá Flea, tocando a Beethoven al piano a cuatro manos con su hija post-adolescente (melafo) y haciéndole el faquiu de chichinabo a la cámara, y es que Flea es mucho Flea. La música, el ritmo y la estética, por supuesto, también están muy logrados, que parece uno que está mirando un reality a lo MTV Cribs de 1994. Muy entrañable.

Huwebes, Pebrero 2, 2012

Ozric Tentacles - Pungent effulgent (1985)


Ozric Tentacles es otro grupo que no escuchaba, ni ganas desde la tierna adolescencia. Alguien les sacó a flote en mi FS, y como soy de natural curioso me fui a hacer una búsqueda, a ver qué había sido de esta gente, si se dedicaban ahora a vender teléfonos de ducha que curan mediante imanes o qué. Y resulta que no, que siguen erre que erre con lo suyo, y al parecer sin apenas cambios en la formación, veintiún mil discos después. No me interesa mucho la música que hace esta gente, y es más, me parecen un poco tunos y flipadetes, pero su existencia me resulta del todo necesaria, imprescindible, como concepto.
De toda la vida de dios, viendo un documental en La2 sobre peces abisales, por ejemplo, me preguntaba a menudo "¿quién demonios hace esta música tan extraña, esos sonidos tubulares burbujeantes que parecen cantos marcianos, para acompañar las evoluciones de esos pejesapos en celo?". Pues alguien tiene que dedicar su carrera a hacer música para documentales de peces abisales, de delfines o de megaconstrucciones, porque no puede valer Moby para todo. ¿Qué música escuchará un grupo que juegue al Cyberpunk 2020 sobre la loma de una montaña cada sábado? ¿Y la música oficial para recibir a futuros visitantes de otros planetas? ¿Habrá quien esté pensando en ello? Sin duda, lo habrá. Y cuando a alguien le apetezca ponerse en gayumbos, zamparse tres mitsubishis e irse a jugar al pinball en el mismo centro de Stonehenge, con alguna música deberá cargar su iPod. Los Ozric son la respuesta. Cuando el mago Merlín conduzca a toda leche su furgoneta Volkswägen tuneada por la ladera del monte más allá de Dunwich hasta el culo de ácido, algún casete tiene que tener puesto. Y ahí están los Ozric. Esas reuniones de aficionados al re-enacting, representando la clásica batalla entre marines espaciales y eldars oscuros sobre la superficie de Neptuno durante la medianoche del equinoccio de otoño, necesita una banda sonora potente, marchosa y futurista (del futuro de los ochenta). Ozric Tentacles no fallan. Qué sería de los canales de televisión new-age 24/7 y de los recopilatorios de saltos de snowboard a cámara lenta desde Berchtesgaden sin Los Ozric.

The Travelling Wilburys - The ultimate best of (2011)


No estoy seguro de que este recopilatorio (refinitivo) sea un disco oficial; creo que no. Pero lo encontré en algún sitio, y me lo he estado pinchando en vena mucho estos días. Siempre, a cualquier hora y en cualquier lugar, es un placer, una revelación, escuchar la liturgia de Petty y Dylan, en cualquier formato.
A los TW le gustaba mucho mi hermano mayor (digo, al revés), el que ahora de vez en cuando me pone al día de las novedades del indie-rock más revientaitunes; pero cuando éramos chavales, mi hermano escuchaba practicamente en exclusiva a Dire Straits y Pink Floyd, y yo me burlaba de él uniformado con mis camisetas raídas de Sonic Youth, Haven Automation, Dwarves o Ned's Atomic Dustbin. Y llegué a cogerle una tirria espantosa a todo esto del highway AOR. Mi hermano se fue sumergiendo poco a poco en terrenos angostos y cada vez más tumefactos: Jeff Beck, Supertramp, ZZ-Top, ¡Chicago!, cosas que uno aprecia cuando a los cuarenta años tiene una banda de revival y se lo ponen en su garito favorito, en un momento determinante de una partida de snooker en la que está desplumando a cuatro Hell's Angels. Pero el resto del tiempo, en el tránsito de la adolescencia a la madurez, creo yo, creía, que no te pueden gustar cosas como esas que me llegaban a todas horas desde su habitación cerrada, ELO, Camel, Toto, ¿pero qué demonios le pasaría por la cabeza? Hoy en día mi hermano es un arquitecto de éxito y vive en familia en un formidable apartamento ajardinado en un PAU desde hace unos cuantos años, faltaría más; y yo, un año y medio más joven que él, todavía no sé qué voy a ser de mayor y esta mañana he llegado a fin de hace dos meses (gracias a que me pasé la última semana consumiendo a morro exclusivamente un brick de caldo de verdura del economato). No sé si tendrá esto algo que ver o no con la formación de uno, o si es que las estructuras mentales ya están adaptadas para escuchar y disfrutar de una mierda o de otra. De lo que sí puedo dar fe, es de que allá por los 13-14 años de ambos, sí coincidíamos en un par de referencias: el "Greatest hits" de Tom Petty y el primer disco de Los Travelling Wilburys.
A mí me daban un poco de risa, en realidad, ver a estas señoras mayores dando palmas a coro en el videoclip. Era como ver a los Vengadores de George Perez jugando al Cluedo en el salón: una sensación extraña, incómoda, desasosegante. Pero al mismo tiempo, la música que hacían me gustaba, y me sigue gustando mucho. Jeff Lynne, Roy Orbison, Bob Dylan, Tom Petty y George Harrison juntándose en secreto para componer y cantar villancicos en secreto. Aquello tuvo que ser apoteósico, alguna supernova debió aparecer sobre el firmamento en ese momento; que una cosa es que te burles de las barbucias y las coreografías de ZZ-Top de joven, del cartón y la porra que luce el pobre Mark Knopfler, de las poses de Elvis, cuando lo que te gusta es el punk californiano. Pero otra cosa muy distintas es no reconocer que eso que está sonando tiene una calidad insoslayable. Algo que caracteriza a los TW, además, es que todas sus canciones son alegres, son himnos de autopista (Handle with care, End of the line), de un emeochentismo que tira de espaldas, pero que da gusto de escuchar de vez en cuando. He pensado muchas veces que sin Petty probablemente nunca me hubiese fijado en los Wilburys, más allá de como una parodia, un USA for Africa de sobremesa para entretenerse en el asilo; pero es que lo mío con Tom Petty roza la homosexualidad. Y Bob Dylan es mi Pastor.
En fin, que en esas estoy, me pongo este nuevo doble álbum de Los Wilburys y me dan ganas de subirme al Cadillac y hacer trompos durante toda la mañana por una rotonda, y matar la tarde recolectando basura en la Metralleta con una yonkilata de Duff en cada mano.

Miyerkules, Pebrero 1, 2012

Fishbone - Crazy glue (2011)


Estoy enfermo. De momento creo que no tengo mucha fiebre, porque no llego a estar tan embotado y jodido, pero ando arrastrando los pies por la casa cubierto por siete capas y estornudando como un tigre dientes de sable. Pero tarde o temprano tengo que actualizar esto. Estos días estoy escuchando muchísimo a The Tiger Lillies, completamente obsesionado y rebuscando en cada rincón de su discografía. Ya les dedicaré una serie de posts, o probablemente uno solo (porque me consta que la gente no tiene mucho interés en este grupo de culto tan extraño). Pero ahora mismo me ha dado por mencionar el nuevo disco de Fishbone, que he estuve escuchando atentamente un par de veces el lunes, antesdeayer. Yo era fan de Fishbone de chaval, tenía una camiseta suya y unos boxers con su logo muy chulis que me compré en el Discoplay. Eran un poco peores que los Red Hot Chili Peppers, hasta que estos se convirtieron en una especie de parodia de los Carpenters, y Fishbone han pasado a ser lo que RHCP podrían haber sido... pero en peor. Porque son negratas, y porque del charme noventero no les quedó nada. Los Redhot bebían de George Clinton, pero también de los Clash, de Iggy Pop o de Mötorhead; y los de la raspa se quedaron en el funk ochentero, y apenas han evolucionado desde ahí hacia el reggae (¡el horror!) o el metal más blandito (esto es, el cesio).
Estuve escuchando este disco el lunes, vivo a duras penas, durante algunas de las 24 horas que pasé subido en la cama. Me coloqué el portátil sobre la panza, y con el ratón a modo de palanca de cambios conduje a través de toda Nueva Inglaterra montado imaginariamente en el renqueante cocherito de Google Street View. Fue un viaje maravilloso, que me llevó por todo el extremo nororiental de EEUU, visitando pueblitos desolados de Maine, en busca de localizaciones de las novelas de Stephen King. De vez en cuando me adelantaba alguna ranchera (con el maletero sin duda abarrotado de cadáveres de cheerleaders) o algún adiabolado Buick. También estuve correteando y haciendo trompos en Xenia, OH, en Centralia y lugares aún peores, dejándome llevar y disparando mentalmente a las latas. Fishbone me hicieron compañía durante todo ese rato.