Miyerkules, Setyembre 26, 2012

Lunes, Setyembre 24, 2012

Y en este momento está colándose dentro mi cabeza y pudriéndola...

10 años esperando a tenerlo en mis manos, y aquí lo tengo ahora. Abandono toda esperanza, y me pongo a ello, en la nueva terraza de mi casa, sorbiendo té helado del interior de una cabeza abierta de mono araña con una pajita.

Miyerkules, Setyembre 19, 2012

"Son of Rambow" (Garth Jennings, 2007)

Hace algunas semanas descubrí que tengo al menos un lector en este blog, se presentó y de paso me recomendó esta película maravillosa (¡gracias!), que me vi esa misma tarde y me hizo pasar un rato extraordinario, disfrutando como hacía mucho que no disfrutaba. Me he acordado ahora de ella, en esta etapa en la que casi no actualizo esto porque nada de lo que veo me dice gran cosa; y tenía que venir a extender la palabra, a aconsejar a todo el mundo que no haya visto "Son of Rambow" que deje todo lo que está haciendo y que la vea, que es imposible que esto decepcione.

Una magistral, tierna, rabiosa, sorprendente epopeya sobre un niño cabrón y sinvergüenza que se hace amigo de rebote del pringao de la clase: un buenazo, un desgraciado niño pera fruto del seno de una familia de la secta Plymouth Brethren (rama hardcore de la Iglesia Evangélica británica). Estamos en Irlanda, y asistimos pues al nacimiento de una amistad preadolescente imposible y desigual, una relación infantil viciada (en la línea de "El buen hijo", "Los 400 golpes", "El señor de las moscas", "Rebeldes"... o el episodio de los Simpson "La cita de Lisa con lo espeso"), en una buddy movie sobre el despertar a la vida de quien ha sido privado de infancia, y que además de ser iniciado en los placeres del hedonismo y el vandalismo, se sumerge de lleno en la Fantasía a través de la violencia audiovisual, cuando se ve expuesto accidentalmente, por primera vez en su vida, a las imágenes que salen de un "demoníaco" televisor; y éstas no son otras que la película "Rambo: Acorralado". Rambo se convierte en su primer y único referente cultural, algo hace boom en su cabeza y le despierta todo tipo de sentimientos y subversiones disciplinarias. Acostumbrado como estaba a garabatear cientos de personajes imaginarios a escondidas en sus libros de texto, como única vía de escape de su creatividad, a partir de ahora no le importará nada más en el mundo salvo suecar "Rambo" junto con su nuevo colega el rebelde huérfano gamberro. Por su parte, este otro protagonista, el díscolo, recibirá también por primera vez ciertas dosis de afecto y respeto, en una catarsis pubescente colorida, llena de aventuras, emociones y artesanía al estilo de su amigo Wes Anderson o de Gondry, con quienes comparte algo más que el imaginario visual. Durante la epopeya asistiremos también a la llegada al cole de un hipster en miniatura, gabacho y bastante repelente, que viene a representar y reivindicar el revuelo sexual de patio de colegio propio de estas edades en las que uno es el centro del mundo aunque nadie se de cuenta. Una joya.

Carrie (Stephen King, 1974)

No resulta fácil a estas alturas, no al menos en el mercado en el que yo me manejo (el de segunda mano, el saldo, la pulga, la indigencia) encontrar las primeras novelas de King, las de los setenta, los clásicos, y eso que en todas las tiendas del ramo tienen su propio apartado para el Rey (de la McLiteratura). Esta la encontré en una tienda de las afueras de Madrid, y he dado cuenta de ella durante mis tres primeros días de trayecto ida y vuelta del dentista, que va a ser uno de mis trepidantes planes para los próximos meses.

No había leído nunca esta novela, la primera novela completa que le publicaron a Stephen. Y si bien sabía que la obra maestra de De Palma (que volví a ver hace poco) no le había sido del todo fiel, no imaginaba hasta qué punto. Resulta inevitable el impacto visual que supone la película, y mi lectura estuvo trufada de destellos rojizos, pantallas partidas, zooms setenteros y pseudo-giallo. Imposible también no imaginar al personaje de Tommy como el Gran Héroe Americano, que además le viene como anillo al dedo. Sin embargo, ni Nancy Allen ni Travolta se parecen nada a los adolescentes white trash que putean a Carrie White en la novela. Si bien Sissy Spaceck está tremenda, inolvidable, la propia Carrie es descrita en el libro como una chica acomplejada por su cuerpo (mucho más que Sissy, a la que toda la escuela y cualquiera de nosotros noslafo), fofa y por su comportamiento casi autista yo me la imaginaba más bien como una mezcla perfecta entre Carol Seaver y Genie, la niña salvaje.

Al margen del reparto, la lectura de los terribles acontecimientos que asolaron Chamberlain (Maine, claro), y que son comparados (por alguno de los que intervienen en la narración, de forma epistolar, para dar fe del suceso), en cuanto al nivel de conmoción internacional, con el asesinato de Kennedy o los desastres naturales más sonados, en la novela resultan un verdadero hito. Debido a la relativa brevedad de la historia (300 paginillas, una mierda al lado de las descalabrantes losas de mármol a las que nos tiene acostumbrados), la trama queda un poco abrupta. La reacción de Carrie durante el baile resulta un poco exagerada, dado que la única burla a la que es sometida durante la historia es la de la regla en las duchas. El resto de su calvario estudiantil hay que imaginárselo. Se entiende que el blitzkrieg, el legendario y paranormal "columbine" que organiza durante el largo desenlace, se debe más a la ida de olla de su mamá chiflada que al sometimiento. Sobre todo, con lo majos que estaban siendo sus compis durante la fiesta. Da la impresión de que a King le faltaba callo o páginas para ahondar un poco más en los sucesos, concentrado como estaba en ser fiel y estar a la altura con su visión de la psicología femenina; en este último aspecto, la novela es extraordinaria.

Como "monstruo moderno", Carrie resulta fascinante, y su influencia en la literatura posterior es abrumadora (que se lo digan a Chris Claremont). Algo que tampoco aparece en la película (sí en la que llevan siglos diciendo que se supone que van a remakear) son las cartas, los documentos y los extractos de libros que se escribieron en los años posteriores, que van dando forma a la historia, y es uno de sus grandes logros. Al margen de la narración principal y lineal, los documentos, que hacen las veces de elipsis, no solo aportan verosimilitud y solemnidad al acontecimiento (y al fenómeno TK en su totalidad), que también, sino que son un juego metalingüístico imprescindible. Como siempre, y aún pecando de la juventud e inexperiencia con la que siempre se justifica (innecesariamente) el autor, es una novela de terror moderno tremendísima, incómoda y atemporal.

Y aquí están ya todos esos elementos de King que a mí me molan tanto: la noche húmeda y viscosa, los bares de carretera, la América Profunda, las diferencias sociales, la estratificación escolar, el fanatismo religioso, la incorrección política y en definitiva el reverso tenebroso del Sueño Americano y de la Humanidad toda.

Sabado, Setyembre 15, 2012

Le Bon Vivant nº 5: Bellos y poderosos. La biografía (por Caroline Waxter)

El fanzine Le Bon Vivant fue una de mis publicaciones favoritas del comienzo de siglo actual. Fue una época gloriosa para el fanzine fotocopiado, y casi todas las semanas me pasaba por la tienda de tebeos a pillar el nuevo material. Ora un Mondo Brutto, ora un 2000 Maníacos, ora un Jo, tía!, un Sickfun, Mudhoney, un one hit wonder fotocopiado malamente a mayor gloria del hardcore filipino... Yo viví aquel desideratum previo a la explosión bloguera, mis estanterías dan fe, y lo disfruté mucho. En concreto, LBV debía mucho al Mondo Brutto, al menos tanto como éste al Reader's digest. Los contenidos eran artículos sui generis, ácidos y de cachondeo, bizarretes, de considerable extensión, ilustrados y con una clara línea editorial marginal, por decirlo de alguna manera. La sigularidad del fanzín de Oswaldo Cornelius y Caasi Masivo, en este caso, era que sus textos giraban en torno al savoir faire, al dolce fare niente, el "haz del ocio tu negocio y del relajo tu trabajo", el cansadamismo, duermemocismo, pichabravismo y papichulismo, la hagiografía hinchadísima de personajes inolvidables del mundo de la farra extrema. Maravillosos y mil veces releídos fueron sus tratados sobre personajes como Maradona, Keith Moon, Rabelais, Ricardo Boffill Jr., y sobre asuntos tan importantes como el doping, firmeros, vividores, sibaritas, gandallas, pranksters, faranduleros, osos hormigueros humanos, titanes de la resaca y todas esas cosas. Otra de las características de LBV era la lengua viperina de sus autores, y su afición por el juego de palabras, el calambur, la cacofonía, un cachondeo letrado y rítmico que ya quisieran Cuarteto De Nos, el retruécano de trueno cano díscolo y cool olskool (cosas parecidas a esta última frase, pero con gracia y con sentido, era una de sus señas de identidad), sentencias y textos plagados de anglicismos, neologismos y transformaciones de anglicismos en términos cazurramente españolísimos. El talento de LBV para encadenar chascarrillos y charadas rumberas y resonantes era algo de lo que se hablaba por las calles. Después de su primer número, el de la portada de Frank Sinatra y en tierno fotocopiado con portada a dos tintas, publicaron un segundo número más ególatra y disparatado todavía, ya de imprenta, con Maradona puesto hasta las trancas mirando desde la tapa; el tercer número era un poco más lujoso, con aquella inolvidable portada de Devon (que me acabo de dar cuenta de que no está en mi casa, me cago en todo). El nº 4 de Le Bon Vivant rompía la tónica, el "estilo brutto", y es un verdadero hito en la historia del fanzinismo español, creo yo: un tocho de 200 páginas repletas de letras pequeñitas y juegos de palabras por todas partes, que avanzaba en forma de top 40 destacando para la posteridad las figuras más señeras de la historia del loserismo, en un "Especial Fracaso" espectacular, para enmarcar. Y entonces, ya en 2006, llegó su número 5.

Aqui, Oswaldo y Caasi tiraron la mansión por la ventana, y nos obsequiaron con un tomo de ciento y la madre de páginas formato "moleskine", que nos venia a presentar la historia nunca antes contada de los verdaderos Oswaldo Cornelius y Caasi Masivo, así como de su escudero Farnsworth y el tercer Vivant, el apuesto Gianni Farniente. Esto ya no era un fanzine, sino una novela. Mejor dicho, el comienzo de una novela-río, la primera parte de lo que finalmente fue una trilogia. Firmada por Caroline Waxter, abandonábamos la complicidad de la lectura de las cosas de Oswaldo y Masivo, sus articulitos de risa sobre vividores, bakalas y farloperos, sus consejos para estirar el meñique al sostener copas de Martini o cómo hacer las pistolitas para saludar a la peña en la disco, y nos adentrábamos en un mundo de ficción, en una distopía extrañísima, en la que Oswaldo, Masivo y Farniente son unos supermodelos nacidos en Sealand, con todo el dinero imaginable, que le van a contar a la periodista de The fabulous life of... de la VH1 (la tal Caroline), en primera persona e in situ, lo astronómicamente increíbles y desfasadas que son sus existencias. A velocidad absurda, sin frenos.

La primera parte de la trilogia recuerdo que me la compré el mismo día que llegó a las tiendas, a pesar de su abultado precio (no es fácil esto de la autopublicación marginal a todo lujo). Me la leí, me reí mucho, me gustó a pesar de ese regusto de "¿pero qué hago leyendo esto?" que acompaña toda la lectura de algo tan desmesurado y singular, y por qué no, me quedé esperando a la segunda parte. Lo que pasó fue que, meses después, lo que llegó a las (pocas) tiendas en que se podia encontrar fue la trilogía completa. Envuelta en una faja muy cutre, y con una reedición del nº 1 de LBV de regalo, en plan centenario del Diario de Burgos. Y yo ya tenía la primera parte de la trilogía, y también el número 1, y soy muy pobre, y aquello me pareció un desembolso inadmisible. Así que me olvidé del tema.

Hasta que hace unas pocas semanas, me volví a encontrar con "Bellos y poderosos", la trilogía, al mismo elevado precio total, pero sin aplicar la inflación, y yo qué sé, estaría imbuído de nuevo del espíritu fanzineril, tras encarar la también reconversión del viejo Jo, tía! en Otra Cosa Engrandecida Y Extraña, y venga, me tiré al foso, me compré los tres tomos, y esta semana me los he leído. La sensación de estar ante una novela rara de cojones, un egotrip exagerado y sin parangón, ese "¿pero qué hago leyendo esto?", y además acentuado por el paso de los años, de la desaparición de Cornelius de la Red, etc. Una lectura extraña. Pero aceptados los prolegómenos, una vez que congeniamos con lo que se nos quiere contar, la experiencia es minoritaria, hay que ser rarete y tener mucho tiempo libre, pero esto es muy divertido. Y la prosa de los autores no ha hecho sino reforzarse. El espíritu de LBV, lo que ya estaba en el número 1, sigue ahí, y solo ha cambiado de apariencia. La lectura, una vez más, está sobrecargada de juegos de palabras, giros y neologismos. Y avanza el reportaje de Caroline Waxter a golpe de manuscritos encontrados y lecturas-dentro-de-la-lectura, de tal manera que además de la trama principal, asistimos a unos cuantos nuevos artículos fanzineros sobre estrellas del farradom como Dennis Hopper, Don Simpson, Robert Evans, Espartaco Santoni, Kraftwerk, Chevy Chase, el sultán de Brunei, Charlie Sheen y muchos otros adinerados tragaldabas de la vida real, cuyo anecdotario se entremezcla con la ficción. En un juego malabar que recuerda a la vida de Forest Gump, Oswaldo y Caasi estuvieron en la fundación del Studio 54, juerguearon con la crême de Hollywood, se pusieron como las Grecas con todo el que ha sido alguien en el mundo de las drogas, la buena vida y el despilfarro, y nos llevan de la mano a través de una historia alternativa de la Gente Increíblemente Adinerada.

El principal hándicap con el que contamos, es que todo esto recuerda mucho, muchísimo, demasiado, a "Zoolander". Quien ha visto "Zoolander" y disfrutó con "Zoolander", ya se puede hacer una idea de por dónde van los tiros. Aquí vamos a exprimir el cachondeo a costa del escaso celebro de los modelis y las modernis, y del estilo de vida del rico idiota y farruquitero, hasta la extenuación. De eso va todo esto. Va demasiado de esto. Porque las referencias a y los chistes de "Zoolander" (sin disimulo, y a menudo acreditados) están absolutamente todos. Las caritas que ensaya Derek, las fiestas absurdas en lugares absurdos, la adicción a las compras y a la tecnología carísima, la frivolidad llevada al extremo, la dicotomía Derek (barra) Hansel Ecto (Oswaldo vs. Caasi), escenas enteras de "Zoolander" vuelven a nuestra memoria. Ahí está de hecho la periodista que lleva todo el hilo de la trama, y ahí está el intento de asesinato que tendrán que evitar los modelis idiotas. Si es que está todo, demonios...

Esta larga historia (más de 350 páginas) es una mezcla, en una coctelera absurda, de "Zoolander" (sobre todo; esto es basicamente un homenaje novelado a la película), los Simpson (la coña de Mickey Rooney desplegando la escalera de un helicóptero para llevarse a Oswaldo, o el estilo de vida del Sr. Burns), los programas de ricos, famosos y gilipollas perdidos de la MTV (Cribs a la cabeza), el humor SNL (el auge y caída de Chevy Chase), la frialdad burocrática de "American psycho", los tabloides u opulentas películas ochenteras como "El gran despilfarro", "Entre pillos anda el juego" o "El príncipe de Zamunda".

La trilogía, compuesta por "Visiones del supramundo", "Brut and Charisma" y "La pirámide de Visas de adamantio", peca también de ser, más que una novela, la novelización de una especie de reality (no olvidemos que estamos ante el diario de una periodista de The fabulous life of...), por lo que la trama apenas existe. La narración es una excusa para ir desgranando, en bloques, cada uno de los desopilantes episodios, lecturas que encuentra y comparte la protagonista en su camino y biografías de muchos personajes. Es una no-novela, un contenedor de divertidas ocurrencias y disparates que avanza a machamartillo, un verdadero compendio de cultura popular, y como tal hay que tomárselo, porque no es hasta el final cuando resulta que encontramos que todo esto sí que tenía un sentido. Y el final, algo atropellado, es lo que menos me ha gustado. Una cosa por tanto curiosísima y única en su especie, que tenía ganas de devorar de una vez.

Ah, me olvidaba de una cosa: los libritos vienen firmados de puño y letra, respectivamente, por Gianni, Caasi y Oswaldo (un detalle bien majo), y hay unas cuantas ilustraciones a lo largo de la historia. Unas ilustraciones feísimas, grotescas, desagradables, y que en mi opinión sobraban.

Miyerkules, Setyembre 12, 2012

The women (Diane English, 2008)

Últimamente he visto muchas películas, siempre tengo puesto el Paramount Channel (se repiten tanto que creo que ya las he visto todas) o laSexta3. Las veo y las olvido, y no sé por qué hoy me he acordado de que vi esta y vengo aquí como poseído por la rabia.
Había un viejo running-gag de adolescencia en mi pandilla que consistía en lanzarse unos a otros frases cacofónicas y reiterativas, del tipo "tómate el tomate", "estira la esterilla", "saca el saco", "¿me cedes el mercedes?", "estoy más escocido que un escocés", "peor que Bruce Willis hueles", etc. Una de ellas no me gustaba mucho, porque hacía referencia a la protagonista de esta película, Meg Ryan, por entonces una guapísima estrella del cine romántico que todos queríamos como madre. O para follar, que éramos jóvenes, pero tampoco éramos bobos. "Me rayas más que Meg Ryan", sin embargo, se está convirtiendo en toda una realidad, con esa sarta de ridículos dramas en los que se está sumergiendo últimamente. Y sobre todo, porque la cara se le está derritiendo y la nariz achatando de una manera alarmante, que la pones al lado de Latoya Jackson y ya no sabes quién es quién. Es una pena, hacerse mayor así y elegir al cirujano equivocado. Meg Ryan, estás horrible, das grima. En esta película, un remake de una obra clásica de George Cukor, la otrora apetecible Meg hace de una esposa cornuda, cuyo acaudalado marido, obviamente, puede permitirse montárselo con esculturales dependientas a sus espaldas (en este caso, Eva Mendes es de la que tenemos constancia). A Meg le acompañan en el reparto un grupo de arpías, que pronto se enteran de la cornamenta y quieren ayudarla. Meg terminará afrontando el asunto a base de encontrarse a sí misma, ponerse trascendental y cambiar totalmente de vida. Entretanto, asistimos a escenas del intrascendente proceder de la MILF pija conservadora, chistes horribles sobre tampones, frases lamentables que bien podrían convertirse en grupos de Facebook para feministas, y monumentales soplapolleces moralistas unisex.

Así como, en su momento, se rodaron películas cuyo reparto estaba compuesto exclusivamente por actores horriblemente malos (casi todas), enanos ("The terror of Tiny town", "Even dwarfs started small", "Midget orgy mania XVII"), satanistas ("Invocation of my Demon brother"), hipnotizados ("Heart of glass"), discapacitados mentales ("What is it?", de Crispin Glover), menores de edad (destacando "Emperor tomato ketchup", pero hay muchas), una sola persona interpretando a todas (las de Eddie Murphy), etc., en esta película (también en la original de Cukor) se han empeñado en que no salga ningún hombre, y todo, absolutamente todo el metraje está monopolizado por menopáusicas que se comportan como gays. Una cosa horrorosa, no recomendable ni siquiera para amas de casa apaleadas.

Miyerkules, Setyembre 5, 2012

Prussian Blue - Fragment of the future (2004) / The path we chose (2005)

Por alguna razón, se me había escapado por completo la historia de Prussian Blue, un dúo de teen-pop norteamericano que en el año 2005 saltó a la fama internacional. Las tiernas blonditas white trash Lamb y Lynx Gaede empezaron a cantar y a grabar en 2003, la una aprendió a tocar la guitarra y la otra el violín. Debido a su pizpireta apariencia y lo refrescante de su propuesta, no tardaron en hacerse famosas, participar en festivales y programas de televisión y coleccionar fans, tanto niños como niñófilos, por todo el país. Lo más llamativo de su propuesta está en que sus canciones rezuman una diáfana y sentida pasión por la supremacía de la raza aria, Hitler, los vehículos de la Panzerdivisionen y el negacionismo del Holocausto. Detrás de estas tiernas onceañeras de ojos azules y brackets, estaban en realidad el promotor musical neo-nazi Willian Pierce y la propia madre de las niñas, que fabricaron un producto a la medida de miles de jóvenes racistas norteamericanos. La historia de las gemelas Gaede es bastante flipante (y de su hermanita pequeña no-cantante, ¡Dresden!). No solo por ser un dúo de folk-h8core preadolescente, descafeinado pero de letras envenenadas e inmorales, sino especialmente por su rehabilitación y reconversión, a día de hoy, en liberales activistas pro-marihuana y el negacionismo, esta vez, de su propio pasado, y el rechazo a la sobreprotección de su mamá nazi.

En fin, su historia se puede encontrar en muchos sitios. Y sus discos (así como varios documentales, videoclips, clubes de fans, etc.) no son tampoco difíciles de encontrar en la Red. Estos dos LPs (y un par de singles posteriores) componen toda su carrera discográfica, y son dos piezas muy diferentes. "The path we chose" (2005), su disco póstumo, es un pastiche de pop chicloso prefabricado totalmente insufrible, que bien podrían haber firmado The Corrs cuando niños o unos Hanson aún más femeninos. Canciones de amor y desamor, melosas y con una permanente base de guitarra rítmica eucarística. En este segundo disco, la fama de las niñas las llevó a diversificar su mensaje, y apenas encontramos un par de cortes supremacistas light, como el himno Ocean of warriors o una edulcorada versión de Green fields of France, un viejo estándar folk dedicado a un "soldado desconocido" de la IWW.

Muchísimo más interesante resulta "Fragment of the future" (2004), su puesta de largo, que muestra las evoluciones crudas de unas marionetas víctima de la mente calenturienta de una madre nazi enferma y una maquinaria manipuladora. Desde la fascinante portada, y todas y cada una de las canciones (Road to Valhalla, Victory day, Panzerlied, Aryan man awake, Skinhead boy, Hate for hate...) son rendidos homenajes al Führer, la opresión fascista y la victoria de la estirpe WASP. Lynx y Lamb cantan como gatos apaleados, con la voz temblorosa e insegura, sorteando incluso el menor atisbo de armonía, sobre una base minimal de guitarra de campamento y ocasionales solos de un violín tristérrimo y desinflado como el de Charlie Rivel. La fuerza de estas grabaciones, pese a todo (sin rozar, ni mucho menos, la belleza inocente y casual de otros extraños productos infantiles como The Shaggs o The Langleys Schools Project), es fascinante de puro bizarro, naïf y bochornoso, especialmente cuando ambas se lanzan a cantar a coro la misma melodía desafinada y pocha, o incluso se atreven a chapurrear tonadillas para saltar a la comba en alemán.

Linggo, Setyembre 2, 2012