Miyerkules, Oktubre 31, 2012

Dramáticas AventurasTrimestrales Ilustradas nº 4

Ya está a la venta en un par de tiendas y locales de alterne el nuevo número de Dramáticas Aventuras Trimestrales Ilustradas, el fanzine loco que siempre reseño aquí basicamente porque formo parte del staff. Contiene un nuevo capítulo de la extraordinaria fotonovela del Ligre, que ya está llegando a su recto final; se puede leer también un magnífico dossier de paraciencia exobiologica sobre todo lo que sabe el ser humano acerca de los Hombres-Peces de Sirio, que conecta los dogones con Ummo; en otro artículo se nos lleva de la mano por el interior del cuartel general de los Protectores (donde tienen lugar las tiras cómicas de Cuartel General Para 3, que yo guionizo), se incluyen las respuestas a las cartas de los lectores de siempre y un par de anuncios y fill-ins como una portada del Daily Bugle firmada por JJJ y también por mí; mi artículo más largo esta vez es un experimento de fan-fiction, concretamente de gay fan-fiction al estilo de lo que se puede leer en bizarrísimas páginas como literotica.com, donde un fan de El Ligre y Tequila Vásquez ha imaginado como sería un encuentro en el ring entre ambos archirrivales que se torna en una encarnizada batalla pugilística por borrarse el cerito y meterse para dentro la caca el uno al otro. No exento de polémica y a punto de causar un cisma interno entre los autores de la publicación, estoy a la espera de que la amplia audiencia "que entiende" me aclare si es gracioso y gay-friendly o si por el contrario ha salido mi vena nazi homófoba y pueril. A mí me hace gracia, y una vez impreso y tan hermosamente ilustrado por Scari, me encanta. Solo en un fanzine como este puede uno desarrollar su curiosidad internándose en las subculturas literarias más extrañas e imbéciles.

Sabado, Oktubre 20, 2012

Dos películas horribles que vi y prefiero olvidar

La primera es un slasher insultante con sustitos basados en subir el volumen a toda hostia cada vez que alguien se gira, que va sobre una leyenda de 4Chan y Chatroulette, rodada por un nerd de 20 años. La segunda es como uno de los cortos de Manuel Romo para Cuarto Milenio alargado y con muertes de Photoshop. SyFy Channel meets American horror story, nada menos.

A fantastic fear of everything (Crispian Mills, Chris Hopewell, 2012)

"Shaun of the dead", "Hot fuzz" y "Paul" son tres de las películas que más me han gustado en los últimos años, especialmente la segunda, que me chifla y vuelvo a ella una y otra vez: un risa-thriller en un pueblucho británico tenebroso y podrido, con un Simon Pegg impresionante como ampuloso y disciplinado agente de la ley. La noticia de un nuevo artefacto de Simon Pegg (que no sale de plano ni un segundo en toda la película practicamente, construída ésta casi en forma de monólogo), y además con nueva inmersión en el misterio, me tenía entusiasmado, y ha acabado decepcionándome bastante. El comienzo es apoteósico: Simon Pegg/Jack es un escritor infantil en horas bajas que vive encerrado, paranoico y aquejado de acojone crónico, en un piso rodeado de apuntes, retratos y parafernalia de la gloriosa época de los asesinos en serie victorianos. Está empeñado en levantar su carrera con un estudio sobre su reciente obsesión, pero su editora le insiste en que siga con sus sagas de personajes infantiles. Las obsesiones, las fobias y la mala pata desencadenarán una jornada trágica y tremebunda, trufada de referencias freudianas y tonterías surtidas que convierte lo que pensaba que iba a ser una aventura de risa truculenta, en un entremés costumbrista de humor tuno. Bastante más floja que un episodio de Spaced. Lo mejor, la atmósfera, los títulos de crédito, el comienzo y el derroche de excentricidades del protagonista. Pero el guión muy mal. Ni siquiera me gustó el cuento en stop-motion, y eso ya es jodido.

Huwebes, Oktubre 18, 2012

The Electro Swingers - "Steampunk" (2012)

El otro día en uno de mis ataques consumistas con consiguiente visita a tienda de viejo para seguir acumulando más libros de los que tendré tiempo de leer antes de morir, me encontré con una selección de ci-fi española titulada "Steampunk: antología retrofuturista" (Fábulas de Albión, 2012), que apenas he comenzado pero que tiene muy buena pinta, una intro estupenda y un staff de altura. Todo lo que huele a steampunk me fascina, como a toda persona con capacidad de soñar y tal, y no sé cómo me dio por echar un ojo a ver si había grupos musicales que habían hecho suyo eso del steampunk como género musical. Aunque fuera por el confuso y equívoco uso del "punk". Y vaya si lo hay. En EEUU sobre todo, claro, proliferan las bandas y los solistas de amantes del subgénero, que gustan de salir al escenario disfrazados, con los instrumentos tuneados (aunque sin demasiada originalidad en cuanto a su variedad, hasta cuanto he visto) y hacer como si vinieran de un futuropasado imposible pero que custodia una buena dosis de nostalgia. Muchos, montones de grupos cuyos nombres o títulos de temas hacen alusión a la absenta, las máquinas de vapor y artefactos de relojero, los mandamientos de Verne, Wells o Jack, célebres robots eólicos, freaks, mad doctors, inventores, etc. Parece que sí existe un género musical que explorar al fin y al cabo, sin los límites demasiado definidos y sin demasiados nexos en común, salvo la supuesta afición por el steampunk literario/estético, y las ganas de pretender que se pertenece a otro lugar; por las pintas, básicamente.

Por tratar de concretar, ciñéndome a lo que dice la Steampunk Wiki sobre lo que debe tener un músico o banda para ser considerado steampunk, el ideario es el siguiente: 1. Que se llamen a sí mismos steampunk; 2. Estilo o trajes anticuados; 3. Instrumentos clásicos; 4. Una biografía fiticia que remita a la Era Victoriana; 5. Letras que hagan referencia al steampunk (ya sea histórico o literario).

Por ejemplo, me han hecho cierta gracia una banda londinense llamada The Men That Will Not Be Blamed For Nothing. Su acento cockney y su imaginario visual remiten indudablemente a la era victoriana, así como cada uno de sus mensajes, loas a Tesla, Boilerplate, Stevenson, etc. En lo musical, andan a medio camino entre el folk pseudo-celta, con fiddlers y guitarras acústicas, y el grindmetal más oscuro y gutural. Molan sus portadas, su rollo en general, y que tengan un EP navideño, que esas bobadas me encantan.

Steam Powered Giraffe me están gustando mucho. Para empezar, los miembros de este trío de San Diego salen al escenario ¡disfrazados de autómatas! De hecho, pasan por ser tres robots (con esporádica ayuda de dos seres humanos en escena... que pronto también serán autómatas, si pasan a la formación definitiva del grupo), con su característico background personal, como los Kiss, En su web se declaran una Musical Pantomime Troupe, y juguetean con el rollo de estar ellos mismos accionados por un mecanismo de relojería o con dieselpunk. Musicalmente, al margen de la temática (Brass goggles, Electricity is in my soul, Captain Albert Alexander —nombre del primer paciente tratado con penicilina por Fleming—, Pirates, Clockwork vaudeville, Automatonic electronic harmonics, Circuitry...) desarrollan un pop acústico, vocal y cromático muy de mi gusto, no demasiado lejano de los maravillosos They Might Be Giants, con perdón, y con espacio para melodías intercaladas de finales del XIX.

Abney Park o The Cog Is Dead son otras dos referencias ineludibles en esta subcultura musical, por ser los que parece que se toman más en serio su papel en esto. Disfrazados, muy rígidos y solemnes, me dan bastante más igual porque se dedican a un goth-industrial a medio camino entre Marilyn Manson y Front 242 que me traen al pairo. Y son feos. En esta misma línea steam-electrónico-heavy-gótico-banda sonora gutural para leer 20,000 leguas de viaje submarino-punk podemos citar a grupos como KK & The Steampunk Orchestra, The Hellblinki Sisters, Deadly Nightshade Botanical Society, Vernian Process, Ghostfire, Drachenflug, Wolfenmond, Unextraordinary Gentlemen, AtOmsk, los noruegos Kaizers Orchestra, Retard-O-Bot, The Absinthe Drinkers y toda una serie de bucaneros oscuros disfrazados, que idolatran por igual a Kraftwerk que a Black Sabbath y lo aderezan con lo victoriano y eso suyo.

Prefiero quedarme con esas bandas que aman lo steampunk, pero que andan a la búsqueda de un sonido propio alejado de las maquinitas y el ruido (gutural o industrial). The Jane Austen Argument son un dúo de pop de Melbourne, que pretenden adentrarse en eso tan moderno y tan indie del anti-folk, a través del cabaret y de su pasión por la Era Victoriana.

Sus vecinos Mikelangelo & The Black Sea Gentlemen aúnan la idéntica pasión por el dark cabaret de los Dresden Dolls con una instrumentación folk que les acerca a la música celta.

El Doctor Phineas Waldolf Steel, aka Dr. Steel, es todo un personaje de dibujos animados steampunk viviente, mucho más interesante como quintaesencia de todo esto, que como músico (rock duro de vanguardia en la línea de Nine Inch Nails o Fantômas). Se trata de un patético mad doctor decimonónico en toda regla, un supervillano con planes de dominación mundial, que construye robots accionados por vapor (The Army of Steel Soldiers, como también se conoce a su club de fans), y en sus actuaciones utiliza marionetas y efectos especiales. Se hizo famoso en la red (primero en Youtube y luego en iTunes) a comienzos de (este) siglo, narrando sus hazañas como villano, protagonizando un Dr. Steel Show que más tarde fue centro de la polémica cuando Joss Whedon estrenó su web-serie Dr. Horrible's Sing-Along Blog, siendo acusado de plagio por el mismísimo The Guardian.

Armitage Shanks: The Carny Preacher son otro interesante proyecto reciente que reúne todas las condiciones, y además del sonido cabaretero utilizan sierras rasgadas y sonidos jazzísticos propios del Nueva Orleans profundo, por lo que les doy mi sello de aprobación. Igualmente jazzísticos, divertidos y sin la flema propia del oscurantismo previo tenemos a los texanos The Aeronauts, que además llevan sección de vientos.

Resulta inevitable citar también al veterano Dave Sixx, un músico infumable y que abraza abiertamente el hair-metal más clásico, pero desde una perspectiva steampunk: desde que iniciara su carrera en solitario (tras su paso como bajista en numerosas bandas jebis de finales de los ochenta que no conoce nadie), decidió labrarse a machamartillo un perfil de remedo de Alice Cooper venido del siglo XIX. Con sus goggles en el sombrero de copa y sus atuendos victorianos, en su web narra cómo en diversas etapas fue adalid del industrial, del rock ocultista, la opereta obscura, etc., hasta llegar a "Steampunk or Tales from the Sixxteria Manor" (2010), y su definitiva conversión en dueño y señor del Altar del Sonido Steampunk (según sus propias palabras, claro). Toda la parafernalia está ahí, pero el resultado es bastante decepcionante.

¿Alguien se acuerda de Jive Bunny & The Mastermixers? Siempre que puedo reivindico los discos ochenteros de este conjunto, que no eran sino unos DJs británicos que recuperaron la música swing de los años 20 bajo una pátina de electrónica; algo así como lo que hizo el infame Luis Cobos con la música sinfónica, pero con mucha más gracia, devolviendo temas casi olvidados de Glenn Miller o Bill Halley a las pistas de baile. The Electro Swingers es un extraño y misterioso proyecto (que al parecer tiene algo que ver con los también gurús del electro-swing The Correspondents) que trata precisamente de revitalizar viejas grabaciones de comienzos del XX (algunas de las cuales aparecen, por cierto, en el recopilatorio "The roots of steampunk (1903-1929)"), y disfrazarlo de música retrofuturista. El disco "Steampunk" (2012), con temas como Retro electric hoochie coochie, Tesla is knockin' at my door, Victorian dream o Steampunk in the rain son un hortera juguete electrónico llenapistas que no podía faltar en esta colección.

A Thomas Truax le sigo desde hace mucho tiempo (ya alabé su trabajo en "La música más rara del mundo"), y parece que también se le etiqueta dentro de este asunto tan sui generis. Este neoyorkino también sondea similares referencias góticas, y hay que archivarle cerca de las cosas raras y deprimentes de Barry Adamson o Badalamenti (indispensable echar una oreja a su "Songs from the films of David Lynch"), y su música se me hace un poco cuesta arriba. Pero lo destacado de Truax es que es un one-man-band, inventor y ejecutor de sus propios y extraños instrumentos, como el Cadillac beatspinner wheel, el stringaling o el hornicator con el que suele retratarse. Y estas cosas me fascinan.

A nadie se le escapa ya que este supuesto y poco definido infragénero musical (o expresión musical de una subcultura especulativa más o menos definida) tiene bastante que ver con la performance, el vaudeville y el cabaret. Todos los músicos citados, y los venideros (pese a que su abanico sonoro oscile entre el industrial, el punk, el folk, el synth o la ópera), tienen una puesta en escena teatral muy poderosa. Es aquí donde las fronteras del asunto se difuminan, y por un lado podemos rastrear referencias, estéticas o declaraciones de principios cercanas al steampunk en bandas como mis adorados Tiger Lillies (muchos de sus espectáculos han girado en torno a los grandes hallazgos culturales y sociales de la era victoriana), The Dresden Dolls y otros adoradores del cabaret alemán, la pesada de Tori Amos, Tom Waits cuando se pone experimental (especialmente en "Real gone") o así lo que queramos estirar el chicle. Ya digo que el steampunk musical, en relidad, no existe; salvo porque lo reivindican para sí cinco o seis que a cada uno le sopla el aire desde un flanco distinto.

Pero puestos a etiquetar así intentando dar en la diana, muy cerca del sonido de Amanda Palmer o los Tiger Lillies, pero emanando referencias que bien pudieran pasar por los estertores del siglo XIX, tenemos a las damas steam Emilie Autumn y a Rasputina. La primera fue una niña prodigio californiana, que se dice que aprendió a leer música, tocar el piano o el violín antes que a chapurrear, y que pronto le dio por llenar sus composiciones de referencias victorianas, barrocas y renacentistas. De cantarle a la absenta, las muñecas, el suicidio (no falta en su repertorio una versión en violín de Gloomy Sunday) o la Revolución Industrial. Y de llevar esas pintas tan informales. Rasputina por su parte es en realidad el nombre de un trío, liderado por una chelista polaca del mismo nombre que se viste como una lolita gótica steampunk vintage y que viene a hacer lo mismo que Amanda Palmer o Rasputina, pero con menos talento. En este mismo bloque llega el momento de hablar de los alucinantes Evelyn Evelyn, que no son sino un reciente proyecto de la propia Amanda Palmer de Dresden Dolls, que junto con Jason Webley llevan al extremo el jugueteo con la estética victoriana y sus freaks de feria, tipo Joseph Merrick y sobre todo las mellizas unidas por el costado Daisy y Violet Hilton. Evelyn Evelyn no son otra cosa que dos mellizas que nacieron unidas, y así permanecen en el escenario, canturreando operetas dedicadas a los cabarets, los espectáculos de feria ambulante y tocando el piano a cuatro manos. Todo muy steampunk y políticamente incorrecto.

Abordando de lleno las ferias ambulantes de fenómenos, entramos en otro terreno que podría alejarse peligrosamente de lo estrictamente steampunk, y toparnos con personajes como Marilyn Manson, Slipknot y hasta el circo de Jim Rose, y muchos otros que probablemente ni sepan qué es el steampunk. Quedémonos al menos en los límites de ejercicios de puro revival victoriano como el que supone el dark cabaret, que es el terreno por el que se mueven muchas de estas bandas citadas recientemente, y que se pueden encontrar por ejemplo en el recopilatorio (y show ambulante) "Twisted cabaret vol. 1" (Volvox music, 2010).

Para terminar esta somera introducción, remito al aficionado a Clockwork Cabaret y Steampunk after dark, un par de podcasts de radio steampunk muy abiertos de miras, que pretenden dar forma a esta subcultura musical nacida al auspicio de esas fantásticas historias del tráfico de zepelines sobrevolando edificios mecánicos sobre Whitechapel.

P.D. Ah, y también hice una lista de Spotify.

Dolores Claiborne (Stephen King, 1992)

Ésta me la recomendó Á., al verme todos los días amorrado a este lado de la barra con un King diferente, me dijo que era la que más le había gustado, y lo apunté para que fuese la siguiente. Y si bien me parece una gran novela, como novela-de-Stephen-King me ha decepcionado un poco. Le falta género, sustitos, atmósfera. Le sobra introspección psicológica, una vez más, en el mundo de lo femenino (ay, cuántas mujeres que ahora han añadido a su outfit para el suburbano un "Cincuenta sombras de Grey de los cojones" no saben lo que se están perdiendo sin acercarse a las observaciones de tito King sobre la idiosincrasia de la MILF), y ahí está otro rincón fabuloso de Maine, esta vez la isla de Little Tall, un guisante en el Atlántico, con sus propias fábulas, personajes asfixiantes y americoprofundos, y por supuesto ahí está El Eclipse, como maravilloso tercer ojo, para aportarle al conjunto toda la dosis de malditismo y misterio sin la cual esto me hubiese parecido un coñazo. Pero el caso es que de las que he releído/leído estos días es la que me ha dejado más frío. Como ejercicio de estilo (la novela está enteramente narrada en primera persona por la Dolores; se trata de la transcripción completísima y literal de su confusión, con los giros lingüísticos yankees propios de la región y las espléndidas pausas para referirse directamente a los interlocutores, que pautan la estructura y la trama), como ejercicio de estilo, decía, resulta muy original y brillante. Pero eso de que en la página 1 Dolores ya haga su confesión (que a Vera no la mató pero a Joe sí), le quita, digo yo, bastante intríngulis. Las otras 300 páginas son una hermosa y profunda descripción de la vida de Dolores, su marido alcohólico y violento y su familia, a caballo entre la casa de la gruñona Vera y sus quehaceres en la isla, una bonita historia de mediados del siglo XX, que apenas cobra intensidad cuando llega el momento de narrar los 59 segundos del eclipse total y lo que acaeció en los alrededores del pozo. En ese momento sí que estamos ante el King que más me gusta, el del autocine, el lado oscuro y el mal rollo.

Miyerkules, Oktubre 17, 2012

Efectivamente, tal y como creía recordar, la versión cinematográfica de "The running man" no tiene absolutamente nada que ver con la novela de Stephen King. Como suele pasar en estos casos, la adaptación (obra de Steven E. de Souza, escritor y screenplayer de todas las pelis de acción de los ochenta y noventa imaginables) es tan libre que apenas se parece tangencialmente a la obra original. Allí donde Stephen había imaginado un 2025 post-apocalíptico y una persecución a través de todo EEUU de la maquinaria estatal/televisiva (que culmina con un vuelo rasante con avión de pasajeros tratando de ocupar el mismo espacio que el edificio de la empresa audiovisual), "Perseguido" sucede en 2017 (¿?) y se reduce utilizar a los dos personajes principales (Ben Richards y el malvado jerifalte/magnate/presentador Killian) la idea de un tipo acosado por toda la maquinaria para reducirlo a un tv-show en plató en el que los cazadores son una especie de superhéroes jaleados por toda la población que se van sucediendo para tratar de ajusticiar a Arnold Schwarzennegger, y poco más. En la novela, el prota era un desgraciado moribundo, que decide participar en The running man, desesperado, para juntar algo de pasta y que su esposa pueda dejar de prostituirse para llegar a fin de mes. En la peli, al fornido y sanísimo Arnold no se le conocen familiares, y ha sido acusado falsamente de asesinato, por lo que cumple cadena perpetua y la participación en el concurso se le sugiere como alternativa a la prisión incondicional (esa escena inicial, con Arnold en trabajos forzosos y los collares que explotan si se aleja del perímetro, me ha devuelto muchos recuerdos).
A mitad de película, a Arnie le ofrecen convertirse en cazador-estrella, cosa que sucede en la novela al final del todo. La peli recuerda mucho más a un videojuego (de ahí que yo pensase tan férreamente en Flashback), con sus decorados brillantes y sus final bosses, que a la novela, a la que se parece como un huevo a una castaña. Sin embargo, por supuesto, la de Arnie con mono amarillo, los cazadores, la gente enfervorecida mirando la tele, jaleando y posicionándose poco a poco de parte del fugitivo, a lo "El show de Truman", hacen de "Perseguido" una peli memorable. Con ese tufillo impregnado e inherente que llevan todas las películas supuestamente futuristas de los ochenta, que dan un poco de cosa (la idea ochentera del entretenimiento del futuro era llevar mallas plateadas y calentadores, bailando a ritmo de un casiotone).

Martes, Oktubre 16, 2012

HeavySaurios - HeavySaurios (2012)

El otro día descubrí a HeavySaurios, y el pelo se me puso blanco. Me volví completamente loco. Algo hizo clic dentro de mi cabezota podrida. El sueño de mi vida sería tocar en los HeavySaurios. El theremín jurásico, a ser posible.

HeavySaurios lo tienen todo. Son un grupo para niños, que le cantan al chicle, a las momias, los barcos vikingos o los dragones. Sus letras son más o menos educativas, o al menos indudablemente recomendables por cualquier maestro que se vista por los pies. Por ejemplo, en Quiero leche le cantan a las bondades de esta secreción de la ubre. En Glotón explican los peligros de la gula y el sobrepeso. Hoy es mi cumpleaños es una alegre exaltación de la amistad. Y en Policía rezongón le dejan claro a los niños que algunos maderos son unos vagos zampadonuts y unos violentos, como los de Springfield. Las letras de HeavySaurios son absolutamente increíbles, y la música es poderosa y vertiginosa como la de Gigatrón, o más. Los HeavySaurios, como su propio nombre indica, hacen heavy-metal. Con triple bombo, falsetes, su balada jebi a mitad del disco para ondear el mechero y todo, todo el tinglado al completo. El más clásico y ramplante power-hair-metal ochentero de toda la vida, para bailar con la cabeza desencajada y haciendo los cuernecitos. Y como su nombre indica también, sus miembros no son seres humanos, sino dinosaurios personificados que se desgañitan, posan, se enfadan y llevan chupas de cuero. Su historia la encontramos en su web oficial:
Hace 65 millones de años, un gran meteorito se estrelló contra el planeta Tierra, destruyendo a los dinosaurios y casi... extinguiéndolos. En medio de esta tragedia ocasionada por el Big Bang, cinco huevos púrpura gigantes, fueron escondidos en el corazón de la Montaña de los Hechiceros para ser protegidos.
Cierta noche tormentosa de 2012, un grupo de brujas se volvió a encontrar en la misma Montaña, para realizar sus conjuros. Las nubes se volvieron más negras, comenzó a tronar, y a diluviar intensamente. El cielo se abrió en dos y un furioso rayo cayó sobre una piedra, convirtiéndola en cenizas y dejando al descubierto un misterioso resplandor. Las brujas, al remover la tierra, liberaron los 5 huevos metálicos púrpura y comenzaron una loca sesión de espiritismo, durante la cual, los huevos comenzaron a resquebrajarse y a estallar, hasta que se abrieron explosivamente.
Algo realmente mágico y extraño surgió de ellos: 5 dinosaurios Jurásicos, amantes del Heavy Metal, jamás antes vistos. Les fueron designados los siguientes nombres: MILLI PILLI, MUFFI-PUFFI, RIFFI-RAFFI, KOMPPI MOMPPI y MR. HEAVYSAURIO, quién se convirtió en su líder. Nacía así la leyenda de esta banda, compuesta por dinosaurios y una nueva era de Heavy Metal Jurásico, había comenzado...

En YouTube se pueden encontrar videos de la banda, por ejemplo, actuando en directo ante un puñado de bebés que, aunque apenas se tienen en pie, dominan el headbanger y flipan cantidubi. Y entrevistas, y un videoclip oficial, etc. Yo ya hace tiempo que les sigo en Twitter y en Facebook, y en Tuenti deben estar arrasando. Otra cosa que me parece deslumbrante de HeavySaurios es que en realidad son una franquicia, la versión argentina de una banda finlandesa (por supuesto, el único rincón del mundo que se toma en serio a los Lordi) llamada HeviSaurus, cuyos componentes son los mismos, con los mismos nombres y las mismas letras de canciones adaptadas. Allí lo llevan petando desde hace 65 millones de años 2009, y ahora han dado el paso siguiente, clonándose y traduciendo sus mensajes al platense. Me parece alucinante, mágico, que exista un grupo como HeavySaurios, este cruce entre Gwar y Mägo de Oz para (aún más) críos, ya sea su historia cierta o no (sospecho que debajo de esos trajes haya personas de carne y hueso haciendo playback, o quizá no), y les deseo toda la suerte del universo.

Big Bad Voodoo Daddy - Rattle them bones (2012)

Ya que estamos con retro-swing y revivalismo, me he acordado de que Big Bad Voodoo Daddy, otra monstruosa big-band famosa en el mundo entero, han sacado nuevo disco. Y en este caso, lo que me ha pasado en estas semanas, que lo he estado trillando bastante, es que me cuesta pasar del primer corte; o más bien el segundo: el disco se abre con un intro cinematográfico en el que escuchamos unos compases de orquesta lejana, unos disparos y un "grito Wilhelm" que remite a una proyección de un western ajado antes de dar paso a la imparable colección de swing acelerado y chiripitifláutico. Pues ese primerosegundo corte es una versión de Diga diga do, un standar de 1928 suecado aquí por los BBVD que hace imposible no volver a él una y otra vez. Que BBVD, o cualquiera de las otras megabigbands con estrella en esto de revitalizar los sonidos añejos de su país para petarlo en tu noche de bodas en el Tropicana durante el siglo XXI (Royal Crown Revue, Cherry Poppin' Daddies, Brian Setzer Orchestra, Atomic Fireballs, Squirrel Nut Zippers, Cigar Store Indians, White Ghost Shivers...), saquen disco nuevo siempre es una gran alegría. Lo que da rabia es que estos se ciñan casi exclusivamente a los covers, y hay que reconocer que más de media hora de sección de vientos desatada a toda leche, pues cansa.

White Ghost Shivers - Everyone's got 'em (2006)

La pista de Andrew Bird's Bowl Of Fire y mi particular revivalismo del revival folk norteamericano me llevó también estas semanas atrás a descubrir a White Ghost Shivers, otra banda ecléctica y nostálgica que se da baños de western swing, pre-war blues y etc., con una querencia muy clara por el cabaret y el vaudeville cachondos y una puesta en escena retro muy lograda. A destacar la voz extraña y poderosísima de su cantante Shorty Stump, que en algunos temas parece Tom Waits cabreado y en otros un marinero austríaco borracho. Tienen que yo sepa tres discos, y éste es el que más me ha acompañado y convencido, sobre todo por sus divertidísimas declaraciones de intenciones (Shiver's stomp, The ghost song, el charlestón loco Everyone's got 'em) y sobre todo por esa versión de Weed smoker's dream (Why don't you do right) con Cella Blue a la voz que me pone los pelos de punta. Inmejorable. Sus otros dos discos, Hokum if you gottem (2003) y Nobody loves you like we do (2011) son igualmente recomendables, y sigo con ellos estos días.

Andrew Bird's Bowl of Fire - Thrills (1997)

Squirrel Nut Zippers es uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos. A cualquiera que le guste la música norteamericana, a la fuerza le tiene que fascinar la música que se hacía allí en los años 20. Y entre los cientos de bandas de revival y neo-swing que recuperan estándares de entonces (con Royal Crown Revue, probablemente los más famosos internacionalmente del gremio, a la cabeza), me quedo con los desaparecidos SNZ, que supieron aunar lo mejor de los sonidos de los ballrooms de principios de siglo, actualizarlo y, además, transformarlo, sin abusar del bandatributismo sino ciñéndose sobre todo a anacrónicos y deliciosos temas propios. Una mezcla perfecta de swing, dixieland, boogie, ragtime, jazz, folk rural, Delta blues, big-bandismo y ciertos arrebatos de rockabilly; pues no en vano en alma de SNZ, James "Jimbo" Mathus, es un tarado con un pasado en el garage más sucio (aunque su último disco, "Blue light" (2012), es pausado y hasta aburrido, entre el blues y el country ortodoxo). Supongo que el secreto estaba precisamente en "Jimbo" Mathus, que basta verle las pintas o en acción un minuto para presuponer que pudiera tener más cabida en una banda de costroso punk californiano que en aquel finísimo combo de revival de Carolina del Norte. "Jimbo" aportaba una frescura, un exotismo y una mala leche que hace que le de mil vueltas a cualquier otra banda similar de su generación, y coloque a SNZ en las antípodas de las miles de bandas de fiestas de pueblo o bar de carretera que se dedican a estos menesteres. Si "Jimbo" era el alma del grupo, Katharine Whalen aportaba la dulzura y la elegancia. Y mucha gente no sabe que el violinista residente y miembro honorífico de la banda durante mucho tiempo, fue Andrew Bird. Él es quien toca ese violín desatado, o quien hace los coros por ejemplo en una de sus obras maestras, Ghost of Stephen Foster, buen ejemplo de lo que era capaz esta poderosa banda (aunque siempre que pienso en ellos vuelvo una y otra vez a la extrañísima atmósfera de ese blues ancestral perfecto que es St. Louis Cemetary blues).

Pues se conoce que Bird tenía muy dentro el gusanillo de sus cameos entre los chicos de la superbanda SNZ, y en los descansos, así como después de su disolución, se convirtió en frontman de su propia banda de revival del folk americano de comienzos del siglo XX, esta vez desde Chicago, nada más comenzar su (insulsa) carrera como solista, que le ha llevado a ser considerado hoy una estrella internacional del folk. Por más que lo he intentado, yo no he conseguido verle la gracia a las docenas de discos de Andrew Bird en solitario. Y hace poco me enteré (dónde estaría mirando) de la existencia de los tres discos de Andrew Bird's Bowl Of Fire, y llevo una buena temporada escuchándolos una y otra vez. La carrera de Bird no me interesa, pero siempre tiene en la recámara este maravilloso proyecto, como si se negase a aceptar la idea de que SNZ ya no existen. Y yo que se lo agradezco. Porque creo que AB'sBOF me gustan lo mismo, o más.

En "Thrills", de hecho, Bird acude a "Jimbo" Mathus durante todo el álbum (ya sea tocando la guitarra como el banjo, el piano o el trombón), y en tres de los cortes invita a cantar a la deliciosa Katharine Whalen. Y el resultado es ni más ni menos que una extensión de SNZ, con menos vientos y alboroto y más variedad dentro del espectro del folk. Y con la característica voz y las peliagudas letras de Bird. Canciones como Eugene, Gris-gris o Ides of swing bien podrían estar entre el repertorio de los Squirrel.
Un año después, en los estertores de SNZ (1998), publica "Oh! The grandeur", que incide en el swing y el novelty jazz sin estridencias (maravilloso Candy shop que abre el CD, con diseño de portada de Chris Ware), aunque abusa un poco de los medios tiempos y la pose de crooner.
El tercer disco de este proyecto hasta la fecha es "The swimming hour" (2001), y parece que el estricto revival folk ha dado paso a otra cosa. Mucho más divertido que Andrew Bird, dónde va a parar; pero estos temas, sin dejar de ser maravillosos ni de incidir en los sonidos marca de la casa (Two way action o 11-11 me vuelven loco) no te transportan tanto a los años 20 y 30, que era la gracia. Esto es más pop grandilocuente con violines y batería con escobillas, pero pop contemporáneo al fin y al cabo. ¡Yo quiero más del ABBOF SNZ-esco!

Lutherapia (Les Luthiers, 2012)

No suelo hacer reseñas aquí de los (pocos) conciertos a los que voy, pero me apetece dejar constancia de esta tarde que estuve viendo a Les Luthiers y divagar un poco. Soy un fan (moderado, pero completo) de LL, cuyo magnetismo es innegable. Genios de la música, del calambur y del teatro, el otro día (para enlazárselo a un par de personas) recuperé un largo artículo introductorio que hice sobre ellos hace ¡7 años! Demonios, cómo pasa el tiempo. Son adorables, entrañables y la ocasión de asistir a cada nuevo espectáculo es un honor. Sobre todo, si todo resulta tan imprevisto y maravilloso como en esta ocasión. Verás:

Hace un par de semanas, estaba yo a punto de cerrar el chiringuito, el bar donde trabajo, que me había tocado ir a abrir a mediodía, cosa que odio. El resto del fin de semana lo tendría libre, porque me habían regalado una entrada para ir a ver a Bad Religion y a Extremoduro (vi poco más) a uno de esos macrofestivales de extrarradio. Pues estaba como digo ya con la chaqueta en la mano como quien dice, e iba a agarrar el cierre para marcharme felizmente a mi casa a preparar la mochila y el instrumental de pogo, cuando se acerca un señor y me dice que si se puede tomar algo o ya estoy cerrando. Como soy de natural servil, decidí decirle que venga, que total me daba igual, que pasara. Al tipo le pareció un detalle lo mío, y debía estar especialmente desprendido, así que de pronto se presentó, me dijo que era el manager de Les Luthiers, y que si quería dos entradas VIP para este "Lutherapia", que escogiera el día. Sé que así contada la anécdota desluce un poco, pero es que en los días siguientes la conté como unas treinta veces a todo dios con el que me cruzaba: ¿qué posibilidades hay de que venga a tu curro un tipo, que simplemente por tener el detalle de atenderle a última hora, quiera compensarte, y sea el manager de Les Luthiers? Fue bastante alucinante. Yo le regalé una copia de mi fanzine de música, donde por supuesto mencionaba a LL; y es que ya digo que, sin ser un fanático de base (como un colega que yo me sé, que ahorra durante meses y ha perdido la cuenta de las veces que les ha visto), para mí no son un grupo cualquiera, sino unos genios, unos tipos muy especiales, a los que seguiría puntualmente como un deadluthierhead si yo no fuese tan miserable. Solo les había visto otra vez, creo que fue con "Los premios Mastropiero", y también fue gratis aquella, regalo de familia.

Sea como fuere, le estaré muy agradecido a este hombre y a la Bendita Contingencia durante muchos años. La doble invitación, además de las dos butacas (centradas y en la fila 7 nada menos), incluía un paseo previo por el backstage, donde tenían montada una breve exposición de algunos de sus instrumentos más característicos: el genial nomeolbídet, un latín, una reproducción del mítico bass-pipe a vara, la mandocleta o la estrella del nuevo show, el bolarmonio, un complejo y aparatoso conglomerado de vientos afinados como dos escalas de piano, que se accionan apretando unas pelotas naranjas de goma. Luego nos dieron un ágape y una barra libre a toda leche, un poco raquítico todo, y un obsequio también un poco pobre (lo que más ilusión me hizo fue una reproducción en plasticurri de todo un premio Mastropiero, que tengo aquí delante en un estante). Amén de la privilegiada localidad (que es lo que cuenta, claro), la verdad es que el dineral que habían pagado los fans VIP no sé yo si merecía la pena (creo que rondaba los 150€). Pero nosotros estábamos tan felices con nuestra pulsera especial, talmente como los anormales de "Wayne's world" con el pase de prensa para el concierto de los Kiss al cuello.
La cuestión, que no lo había dicho (a quién le importa) es que había invitado a venir conmigo a una persona muy importante en mi vida ahora mismo... de aquella manera. Así que entre la inmejorable compañía, toda la trama de la obtención de las entradas, la francachela y las dos cervezas por minuto previas, estaba tan obnubilado que se me había olvidado el espectáculo en sí; que empezó de repente cuando estaba pensando en otra cosa. Y también lo vi, claro.

Sucede que estos señores llevan más de 45 años sobre los escenarios, llenando por cierto al 100% un teatro mediano durante sesenta días cada vez que vienen a Madrid, por ejemplo. La audiencia de esta troupe de culto, en serio, no tiene mucho que envidiar a los grupos más grandes del mundo. Pero debido precisamente a su dilatada trayectoria y a su edad, me da la sensación de que los mejores gags de LL ya los han hecho en sus primeros discos (los que escuchaba en casette de chaval, que son una obra maestra). Y "Lutherapia", en algunos momentos puntuales, con esos señores tan mayores haciendo gala de un humor tan blanco (o peor aún cuando se internaban en sus dobles sentidos picantes), resultaba ligeramente geriátrico. No se me entienda mal: es por poner alguna pega. LL son unos genios indiscutibles, unos músicos de primerísima fila y "Lutherapia" una maravilla que no decepciona a nadie. Solo trato de ser visceralmente sincero y ceñirme a las sensaciones que me produjo ver a Mundstock correteando por el escenario como un niño o a Núñez abriéndose de piernas para llegar a la nota más alta del bolarmonio, que levantaban carcajadas condescendientes. Es notable, o será que yo estoy en mitad de alguna crisis extraña, que las avanzadas edades de los miembros de LL se han convertido en una parte ineludible de su idiosincrasia, para bien o para mal. Por lo demás, observar a este puñado de virtuosos al piano o al latín es un privilegio, una maravilla. Y aunque la estructura del nuevo espectáculo no me volvió loco (me gustaba más el formato "carpeta roja" con Mundstock desgranando la caótica vida de Johan Sebastian Mastropiero que este invento tan argentinísimo y ligeramente pedante de la psicoterapia para introducir cada número), los números nuevos, como siempre, son de una brillantez mayúscula.

Mi número favorito, sin duda, fue Rhapsody in balls (Handball blues). Un magistral boogie-woogie para piano y bolarmonio que daba ganas de levantarse de la butaca, quemar cosas y lanzar sostenes. Como escarpias. También me parecieron geniales Paz en la campiña (Balada mugida y relinchada), Aria agraria (Tarareo conceptual) y El flautista y las ratas (Orratorio), donde echan el resto en lo que a juegos de palabras y cacofónicos se refiere, y un descojono Dilema de Amor (Cumbia epistemológica). El número final (antes del bis "fuera de programa", que fue el grandísimo Ya no te amo Raúl (Bolera)) quedó un poco raro y alargado, con una historia de exorcismo y herejía pero en la que estrenaron otro instrumento informal maravilloso e inolvidable, la exorcítara, una gigantesca lira con luces fluorescentes y sonidos de ultratumba. Una tarde inolvidable.

El fugitivo (Stephen King [como Richard Bachman], 1982)

A estas alturas, lo confieso, yo no tenía ni pajolera idea de que la película "Perseguido" (1987), protagonizada por Schwarzenneger, que recuerdo haber disfrutado un montón en un pase familiar de videoclub hace muchos años (y que tengo muchas ganas de volver a ver), era la adaptación de una novela de Stephen King (de su etapa diarreica bajo seudónimo). Ésta, "The running man", que me encontré el otro día en una increíble librería gratuita-solidaria-cumbayá que acaba de abrir muy cerca de mi casa. Me la leí estos días en tres sesiones delante de sendos cafés negrísimos en mi barra favorita, y no se parece nada al vago recuerdo que tengo de la película; recuerdo probablemente muy embarullado después de las miles de horas que pasé en su día jugando al Flashback, esa especie de Prince of Persia 2.0, suecado, futurista y fosforescente, y uno de esos pocos videojuegos a los que me he enganchado muy fuerte alguna vez.

Pero a lo que iba. Stephen King, definitivamente, no vale un pimiento como escritor de anticipación, y es que este 2025 que imagina se parece más a 1993. Lo de los pobres encerrados en guetos es talmente la imagen que nos dice la tele de Río o del DF (o de Madrid 2014); la nueva moneda la tenemos aquí hace mucho y no sería raro que los pobretes volvamos a la peseta y el euro se lo metan por el ojal los políticos y sus familias; la tele ya solo la ve la tercera edad, los analfabetos y esa minoría de graciosetes tróspidos de Twitter que lo hace una vez a la semana; y aunque los coches no vuelan a un palmo del suelo (¿para qué?), los medios de comunicación han avanzado definitivamente muchísimo más de como lo imaginaba King: eso de que el concursante de ese GH letal tenga que ir enviando cada día los videos de su escabullida grabados en casette, y por correo ordinario... Queda un poco risible. Pero, al margen del desarrollo de la distopía futurista (en la que no se ceba, no juega casi nada al demiurguismo barato, lo cual se agradece), la historia es todo lo trepidante que se espera de ella, y como novela de acción resulta entretenidísima.

Lo que sí me dejó boquiabierto y algo acojonado, fue la última página, con esa escena en la que interactúan un avión de pasajeros y un edificio...

Cementerio de animales (Stephen King, 1983)

Avanzo poco a poco en la lectura/relectura del rejón de novelas de Stephen que tengo por casa, que me ha dado por ahí. "Cementerio de animales" no la recordaba tan sofocante y tan extrema, y lo mejor de todo es que no me acordaba apenas de qué iba la cosa; salvo de lo obvio, que uno se imagina durante los primeros capítulos, y no falla. La descripción de, una vez más, la América Profunda, con su bosque sobrenatural, la horrorondorosa carretera, los lugareños que jamás se han alejado a un par de kilómetros a la redonda bebiendo Duff en el porche todo el día con la escopeta cerca, me han satisfecho sobremanera. Igual que los sucesos acaecidos cada vez que Louis Creed visita el viejo cementerio de los indios micmac, o incluso cada vez que se le menta; que por alguna razón lo visualizaba yo mentalmente como el mismísimo corazón natural palpitante y fantástico en el que tiene lugar la escena final de "La princesa Mononoke". Tampoco recordaba que en la novela se menciona hasta tres veces a los Ramones, así que el préstamo no fue solo a la inversa. El grueso central de la novela (el final de la 1ª y el comienzo de la 2ª parte), olvidado ya el asunto del gatito a lo Frankenweenie y entrando en materia (cuando se precipitan los hechos y estamos temiendo la segunda e inminente visita de Louis al pet sematary), es absolutamente conmovedor, terrible, claustrofóbico y tristísimo. Ese King humanista, introspectivo, espiritual, genial al que me da pena que sepulte su fama de autor de terror y sea ninguneado por los mascachapas de siempre. Una pequeña delicia, que te deja como con un ancestral cementerio indio dentro del pecho.

Lunes, Oktubre 1, 2012

Punk rock Jesus (Sean Murphy, 2012)

Punk rock Jesus es una nueva serie del sello Vertigo, en principio limitada a 12 números; aunque esto tiene potencial suficiente como para convertirse en una regular. Solo han salido 3 ejemplares, pero estoy absolutamente fascinado con esto. El trabajo de Sean Murphy (Teen Titans, Hellblazer, Joe the Barbarian, Off Road) es impresionante, tanto en los textos como a cargo de la agobiante tinta negra. La historia es simple pero efectiva: en el año 2019 triunfa en todo el mundo un reality show protagonizado por Chris, alias J2, que no es otra cosa que un clon de Jesucristo, fecundado artificialmente en el vientre de una aspirante, Gwen, a partir del ADN del Sudario de Turín. El reality se graba desde una isla privada e ignota, y está orquestado, además de por un puñado de técnicos, por el líder de todo este proyecto (Slate), una mad doctora jamona (Sarah Epstein) y su oso polar clonado, y un héroe de acción, ex-terrorista del IRA de turbio pasado (Thomas McKael), que ejerce de guardaespaldas del Mesías de palo y de encargado de la seguridad en general. Un cruce muy loco de "El show de Truman", la secta real CloneJesus y el Proyecto del Segundo Advenimiento, la locura del fanatismo, el sindiós de las guerras de audiencia, el IRA, y encima hay cosas por ahí que se van quedando como cabos pendientes de atar muy gordos, como el ¡hermano mellizo de J2 supuestamente asesinado! o el tema de los Ángeles guardianes, muy reales. Un disparate ciberpunk absolutamente maravilloso.