Martes, Setyembre 24, 2013

El médico detective (Berton Roueché, 1980) y Guía de casas embrujadas del mundo (Francesco Dimitri, 2004)

La colección Freak de Alba Editorial parece que no crece, pero sus ejemplares son fáciles de encontrar y todos son interesantísimos. Yo me he leído unos cuantos, y en este mismo blog he recomendado sus glosarios de torpezas ilustres, constructores bizarros y camposantos del mundo, y también he leído y me entusiasma la impresionante historia del mundo a través de sus mugshots y el del maravilloso mundo de los laberintos, porque son tremendos. Estos días me estuve leyendo otros dos que tenía por casa, y gozándolo igualmente.

"El médico detective" recoge 14 de los casos clínicos curiosos glosados por Berton Roueché (entre 1947 y 1988), que fue un columnista del New Yorker durante casi cincuenta años, y es famoso por hacerse eco de los casos de medicina más rocambolescos e importantes de la medicina contemporánea. Abre el libro el caso de los once hombres con la piel azul que llegan juntos a la consulta, afectados de la misma enfermedad cardio-respiratoria. En otros de los capítulos nos hablan de enfermedades rarísimas relacionadas con la picadura de una garrapata muy concreta, de un incidente de histeria colectiva en un colegio, de la supuesta depresión terminal de una mujer que resultó tener un virus absurdo, del tipo con la piel color Risketo y en definitiva de un puñado de enfermedades minoritarias o casos curiosos que no eran lo que parecían. El autor narra estas historias de manera magistral, hermosísima y adictiva, pese a la omnipresencia de una terminología específica y de un lenguaje muy cerrado (olé también por la traducción), y reflexiona sobre los grande errores y aciertos que hacen avanzar la historia médica del siglo XX. Y sobre todo, pone su mira en esos médicos que nunca dan nada por sentado ni se dan por vencidos. Los artículos de Roueché inspiraron la serie del Dr. House, e igual que en la serie los casos avanzan por derroteros inesperados y cada capítulo se hace un poco largo (me hubiera gustado que hubiera cien artículos en lugar de catorce; aunque ya digo que es un placer leerlos).

"Guía de casas embrujadas del mundo (Y de todos los lugares donde (no) te gustaría pasar la noche)" fue el primer libro que publicó la editorial Alba en su colección Freak, y ofrece exactamente lo que promete. Un paseo por los "lugares de poder" y de leyenda negra o parapsicológica más famosos del mundo, ordenados geográfica y temáticamente. Aparte de los capítulos en los que glosa ordenadamente cada lugar, con mucho cachondeo y al más puro estilo de una Lonely Planet bizarra, el autor también incluye un diccionario de términos y una serie de capítulos al margen en los que reflexiona sobre el papel del "cazafantasmas", todo el rato, como digo, con mucho sentido del humor y una enorme dosis de escepticismo: conste que esto no es un tocho de divulgación magufa. Del autor extraje una enseñanza muy importante: siempre se dice de ciertas casas que están marcadas y en las que suceden supuestos fenómenos paranormales, que todos sus previos habitantes o bien murieron en la casa, o bien huyeron de allí... ¡pues como en todas las casas del mundo, sus propietarios o mueren allí o se van! ¿No?

L.A. Noire (Rockstar games, 2011)

Si una de las últimas semanas me la pasé entera sumido en el mundo de la mega-historieta negra Monster, la pasada le dediqué casi todos mis ratos libres a otra obra monumental del noir clásico, absorto y muy concentrado en el desarrollo de los acontecimientos dramáticos y tremebundos de un tiempo pretérito. En este caso, siendo partícipe de ellos, protagonizando la película desde el controller. Siempre digo lo mismo: que en el tema videojuego estoy muy verde, que no es lo mío. Pero un día fui a comer con la familia, y como un yonki desesperado que se lleva electrodomésticos para vender en Las Barranquillas me traje debajo del brazo la XBOX 360 de mi hermano pequeño, qué majo él que me la ha prestado porque ya no la usa, y porque ahora tiene un ordenador de última generación y una pantalla como la mampara del despacho de un ejecutivo, que por lo visto tiene mejor motor gráfico y procesador que cualquiera de las videoconsolas actuales y por venir. Mi hermano ha tenido todas las consolas que han existido, perfil altísimo, estanterías llenas de cartuchos de estos, y está tratando de vender sin prisa su colección. Me traje a casa el equipo (he tenido que quitar la Nespresso del salón para instalarlo), diez o doce juegos y el set de guitarra bajo batería del Beatles Band no, porque me vine en bus, pero me lo traeré también. La semana pasada no tenía gran cosa que hacer, no tenía dinero y me da un poco de envidia que millones de personas estén estos días disfrutando el GTA V, y yo que aún no me he pasado el Commando. Siempre llego tarde a todo, el hype pasa a través de mí como si fuese un ectoplasma, pero cuando salió L.A. Noire me juré que algún día, algún día, lo jugaría en casa en gayumbos, aunque tuviese que esperar a que la realidad virtual estuviese obsoleta y las XBOX las regalaran en las bolsas de pipas. No he tenido que esperar tanto. Y ya me lo he pasado, en tres o cuatro noches insomnes.

Como soy tan cásual, tanto que ni cuento en la estadística, tanto que no me entretiene ni el Solitario ni el Candy Crush, jugar al L.A. Noire me hacía recordar todo el rato mis tiempos jugando al Police Quest de Sierra allá por los primeros noventa. Básicamente (para quien esté igual de verde que yo y le suene aquello), es lo mismo. A primera hora de la mañana te llaman al briefing en la comisaría, te cuentan el caso del día y te vas por ahí a resolverlo, a base de preguntar a los transeúntes. Primero eres un mero peoncito de tráfico, y si lo haces bien asciendes a homicidios o antivicio. Puedes caminar libremente por las pantallas o bien coger el coche. Mirar el mapa de la ciudad, leer los carteles y los periódicos que te encuentras, y charlar con cualquiera por ahí. Y todo el rato estás investigando en los bares (ninguno se llama Lefty's, qué desagradecidos...) y en los callejones. En algunas escenas tienes que correr y pegar tiros mientras te cubre tu compañero, y en otras tienes que esperar pacientemente sentado en un banco del parque disimulando con un periódico sin que te vean. Todo igualito, igualito que en el Police Quest. E igual que allí, solo si sigues los pasos correctos que han predispuesto los programadores del juego, podrás avanzar correctamente y pasártelo. En este caso, la elección correcta la tomarás a la hora de entrevistar a los sospechosos e implicados, donde tienes que juzgar si dicen la verdad, mienten o dudan. Según lo que respondas, te darán más o menos información, podrás avanzar o no. Mientras les entrevistas, aparecen sus rostros en primer plano, y debes decidir si te fías o no de su palabra.

La mecánica, así, la pillé enseguida, y no me costó avanzar. Esto es como el Police Quest 9832. De hecho, hay que decir que esto es sencillísimo. Es de sota, caballo y rey. Si te pierdes un poco, enseguida tu compañero de patrulla te indica qué hacer a continuación, o si no miras el mapa a ver dónde te mandan. Si te matan durante una intervención armada (lo cual es difícil porque puedes encajar seis o siete tiros sin despeinarte), la repites y listo. Si persigues a un sospechoso que corre más que tú, siempre acaba chocándose y rindiéndose. Si conduces mal y atropellas a mucha gente (que a priori es lo que mola de la saga GTA o del Carmageddon: hacer el mal a troche y a moche), tampoco pasa nada, te dan una estrellita menos al resolver el caso. Pero la calidad de los gráficos (como se decía antiguamente; probablemente ya no), la jugabilidad (jarl), los diseños, el hiperrealismo, la libertad de movimientos... es todo tan apabullante y tan bonito, que lo de menos es lo sencillo que es todo. Esto es un Police Quest "de carne y hueso", en el que puedes conducir casi 100 coches distintos con todo lujo de detalles, te cruzas con centenares de personas diferentes con un nivel de detalle en los pliegues de la cara que da hasta miedo, el sonido es mejor que en el cine y casi casi igual que en la vida, y las posibilidades de hacer cosas son casi infinitas: pero pasártelo es muy fácil, el Police Quest era mucho más difícil e ingenioso. Y te descojonabas de risa. L.A. Noire está muy bien, pero solo contiene un chiste entre horas y horas de diálogos y fanfarronadas: cuando el comisario jefe le dice a Cole Phelps (el protagonista, tú), cuando planea acusar al líder inmobiliario de Los Angeles, que si también va a sugerir que Nixon es corrupto...

Supongo que es habitual en los juegos de ahora (no estoy seguro) que la cosa consiste en ver una película interactiva. A mí me ha gustado esto, que conste, y me gustan estas películas largas interactivas, las pocas que he jugado. La comparación con SQ es inevitable (no solo para mí), y es de coña; pero este tipo de juegos me gustan, me entretienen. Estaría bien que se complicase algo más, que llegase a desesperar un poco, o que te matasen más facilmente (solo una prueba tuve que repetirla más de dos veces para superarla), pero a mí me vale lo de ver una larga película, con cuyo protagonista empatizas por santos cojones, y a ratos dejar el mando encima de la mesa y todo. Es solo que pensaba que esto sería más complicado. Igual que la técnica y los gráficos avanzan a pasos de gigante, di por hecho que si dejas de jugar una temporada, te será más difícil retomarlo, habrás perdido práctica. Pero ya veo que no. Ya me lo advirtió mi hermano, que cada vez los videojuegos, con excepciones, son más y más fáciles. Para que juegue desde el bebé a la abuela, supongo.

En cuanto a la "película", en "L.A. Noire" suceden en realidad tres películas: primero, la misteriosa historia de intereses creados, mad doctors y chanchullos políticos que se cuenta (en escenas animadas) a través de los periódicos que te encuentras por el camino; en segundo lugar, otra misteriosa historia, en forma de flashback y en tonos sepia, que abre los diferentes capítulos, que remite a la juventud del protagonista y su intervención como jefe de escuadrón durante la Segunda Guerra Mundial. Y finalmente, claro, está la historia central, protagonizada por el oficial Cole Phelps (tú), un agente de policía sereno, parsimonioso, terriblemente sensato, recto y flanders, que comienza enfrentándose a pequeños casos rutinarios en la división de tráfico (un atropello, un coche abandonado...). Y lo hace tan bien, que pronto va trepando en el cuerpo, y se verá enfrentado a un caso de asesinatos en serie. Comienzan a aparecer mujeres desnudas y mutiladas en distintos lugares de Los Angeles, en una trama magnífica, homenaje diáfano, constante e indisimulado a James Ellroy, que te lleva a los recovecos más oscuros y pestilentes de Hollywood. Los férreos y chocantes diálogos a lo Ellroy, Elmore Leonard o Horace McCoy se entrecruzan con las leyendas reales de "Hollywood Babylonia", que desembocan en un festín sangriento con un loco suelto que recuerda a los de Thomas Harris o al serial killer posterior tipo "Seven" o el del Zodíaco. La resolución de este caso de asesinatos en serie se produce después de haber detenido y encarcelado a un puñado de inocentes, con lo cual la jefatura decide no sacarlo a la luz, por evitar la humillación y el escándalo públicos. Cole Phelps goza de gran prestigio en el cuerpo y en las calles, y pronto pasará a antivicio, donde otra serie de pesquisas le llevan a investigar muertes de músicos negros de jazz (no abandonamos la idea de otras obras de Leonard o Ellroy) adictos a la morfina; una morfina proveniente de restos del ejército, y que parece que está siendo filtrada en la sociedad a través de una misteriosa fábrica de hielo y un médico-de-los-famosos...

Al final, las tres historias (la de los periódicos, los flashbacks bélicos y la trama principal), obviamente confluyen, y se relacionan las muertes, las drogas, los experimentos, los políticos y empresarios corruptos y su madre montada en moto con el escuadrón de jóvenes soldados y lo que les sucedió en su particular Colina de la Hamburguesa. Una trama estupenda, ambientada de manera magistral, inmejorable, en el otoño de 1947 en una soleada y putrefacta California. Puede que vuelva en otro rato a conducir cadillacs y empujar a las viejas por las aceras hasta el infinito.

Wilco - Solid Sound Festival (2013)

La banda de Jeff Tweedy siempre me gustaron bastante pero, sin que les haya seguido demasiado estrechamente (Calexico les adelantaron por la derecha a ochocientos por hora hace tres discos y perdí un poco el interés, o al menos liberé peso emocional), me parece que les está pasando un poco como a R.E.M.: quizá sobrepasaron su cénit y se han aflojado, descuidado su identidad, convertido en un despiece AOR para incondicionales. Su último disco lo escuché una vez con los hombros y los ojos caídos, y no me habían vuelto a decir nada hasta este verano, cuando se filtró por ahí este concierto en Massachusetts, en un Solid Sound Festival que ellos mismos organizan, invitan a sus amigos (Neko Case, Marc Ribot, Yo La Tengo, Dream Syndicate) y se ponen de cabeza de cartel desde hace cuatro temporadas. Este año dejaron de lado su repertorio, y se dedicaron a tocar casi una treintena de sus canciones favoritas, ante su audiencia más fiel, lo cual tiene que ser una gozada. El concierto, así, es un regocijo, una colección de cortes que forman parte de la educación sentimental de cualquiera: Beatles, Rolling, Dylan, ABBA, Thin Lizzy, Cheap Trick, The Band, Grateful Dead, The Velvet Underground, The Kinks, Television, Big Star, Replacements, una de/con Yo La Tengo, otra de Uncle Tupelo... y hasta el himno generacional Cut your hair de Pavement. Un coleccionable de repertorio ajeno muy guay, muy intenso, muy pachanguero y cercano, como si Wilco fuesen la choni al frente de la discomóvil en las fiestas de tu pueblo.

"Wolverine XXX" (Axel Braun, 2013)

Axel Braun es el responsable (con permiso de New Sensations) del fenómeno actual de las películas para adultos inspiradas en la más ferviente actualidad cultural. Braun se ha especializado en el monopolio del porno para friquis aficionados al cine de superhéroes, más de moda que nunca. Ha despachado versiones de Batman, Spiderman, los Vengadores, Hulk o Iron Man, además de una larga serie de parodias sobre todas las sitcoms imaginables, de ayer y hoy. Como fiel seguidor del personaje, le eché un vistazo a ésta gilichorrez de sexo explícito en (poco) espándex de porno aséptico, gélido, ario, chirriante, de plasticurri y sin argumento (5 escenas a cascoporro con diálogos de butanero entre medias), sin quitar ambas manos del teclado siquiera, y salen Pícara montándoselo con Spiderman y Masacre, Dientes de Sable vs. Dama Mortal, Lobezno y Jean Grey y no me acuerdo de qué más, todos con sus trajes noventeros de colorines que no hay huevos a que les pongan en Hollywood.

Guano Padano - "Guano Padano" (2009)

Guano Padano tienen un nombre estupendo, terriblemente sugerente: mierda lista para gratinar, caca gourmet. En fin. Les descubro a través de una colaboración reciente de Mike Patton, en su segundo disco ("2", 2012, co-editado por Ipecac, el sello de Patton), en una de sus pocas canciones con letra, recitada curiosamente en inglés por el de California. El resto del universo de Guana Padano es un homenaje (hipster pero inteligente y muy decente) a la música instrumental italiana del siglo XX, con especial atención a los inmortales acompañamientos cinematográficos de monstruos como Morricone, Bakalov, Ortolani, Rota, Cipriani etc., pasada por un filtro de surf-rock instrumental.

Últimamente se hace mucho esto de actualizar la herencia popular más ignota y menos reivindicada, e integrarla en la Modernidad (ahí están, que me vengan ahora a la cabeza, y pensando solo en pequeños grupos españoles, proyectos como Variedades Azafrán, Racalmuto, Ben Gunn Mento Band, Crudo Pimento, Dead Capo, Los Hermanos Cubero, Dwomo, El Autognomo, el inevitable cover de una folclórica rancia que hace todo indie barbudo que se precie...). Pues esto, entiendo, viene a ser lo mismo. Pero es que Morricone es mucho Morricone, y estos tipos (trío clásico: guitarra, bajo, batería) son unos musicazos. Y además se juntan con la crema del avant-garde local e internacional (Chris Speed, Marc Ribot, Patton...), dando forma a un divertimento que cruza el spaghetti western, la canzone, el instro-surf secular, el bluegrass, el punk o el country, con efluvios de Nino Rota, Guido y Maurizio de Angelis, Tarantino, David Lynch, Fellini, Ray Cooder, John Zorn, theremines, banjos, maquinitas antiguas, acordeones... Todo bueno y bonito.

Martes, Setyembre 17, 2013

"The godfathers of mondo" (David Gregory, 2003)

Este documental gira en torno al estreno de "Mondo cane" en 1962 y su influencia posterior. Una de las cosas que más me interesan del mundo de la imagen animada. Se estructura en las declaraciones de cuatro de sus máximos responsables (Gualtiero Jacopetti —qepd—, Franco Prosperi, Riz Ortolani y Benito Frattari), así como de algunos guruses del cine más marginal, escatológico y exótico. Entrevistas salpicadas de imágenes de las pocas películas que hizo posteriormente Jacopetti, así como de las docenas de sobre-explotaciones y homenajes más o menos rastreros que surgieron como hongos en los años venideros (y que me las he visto todas: Mondo cannibale, Mondo Freudo, Mondo pazzo, Mondo Topless, I malamondo, The killing of America, la serie Faces of death, Europa di notte, Addio Zio Tom, Hombres salvajes bestias salvajes, etc.). Lo más interesante del documental son las declaraciones y curiosidades en primera persona de sus propios autores. Lo horripilante del rodaje de "Adiós, África" en aquellos tiempos en los que no creíamos que todos los negros llevaban un hueso en el moño y una lanza y te echaban en una olla. Impagables también las declaraciones del Maestro Ortolani, explicando cómo aplicó las enseñanzas del cine de Walt Disney a las escenas de "Affrica addio", apuntalando los acribillamientos de civiles y las matanzas de elefantes con sus acordes musicales al estilo de "Dumbo" y "Fantasía". En fin, un estudio somero de todo esto tan fascinante del falso documental, el mondo, el morbo puro y duro disfrazado de advertencia disuasoria y las películas que muestran el lado más perverso y salvaje del hombre. Cuánto hizo Jacopetti por la globalización, el mix-tape bizarro, la telerrealidad, Ruggero Deodato, Russ Meyer, John Waters, Lazarov, Berlusconi y el que a día de hoy nos desayunemos viendo masacres y guerras en directo.

"Lobezno: Inmortal" (James Mangold, 2013)

Se me había olvidado que fui al cine a ver ésta, con amigo-de-ir-a-ver-pelis-de-superhéroes. Cada mega-hype pijamero es una excusa perfecta para vernos un rato, comer o cenar por ahí, y así desde hace muchísimos años, y que dure. Soy muy fan de Lobezno, nunca he dejado de leer sus tebeos desde los ochenta hasta ayer, así que me atraen estas otras versiones. Aunque en el tebeo sea feo, canijo y cascarrabias y en el cine nos lo han desvirtuado un poco, al menos no le han puesto una sotana negra ni le interpreta un 1Directioner: Hugh Jackman me parece correctísimo, doy mi visto bueno, ya que Clint Eastwood sí envejece. Fuimos a Príncipe Pío, y no caímos en la cuenta de que estaba doblada (eso sí, en 2-D como está mandado); pero casi no hablan, no pasa nada. La película es una acertada mezcla de varios argumentos y etapas del personaje: la limited de Chris Claremont y Frank Miller (1982), que sienta las bases de su relación con Mariko y Yukio; un par de apariciones del Samurái de Plata en los tebeos de Lobezno (en la etapa de Claremont/John Buscema de los noventa, y hasta su muerte reciente, ya con Jason Aaron en 2010); la relación con Víbora/Madame Hydra, que no se hizo intensa hasta finales de los noventa (ya en este siglo se sacaron de la manga que, de repente, estaban casados); las garras de hueso bajo el adamántium, un concepto que no existía hasta la miniserie Origin de Jemas, Quesada y Jenkins, muy del siglo XXI también, y en la que se basan también para su desmemoria, su nombre real, etc.; y por ahí también aparece su tormento con la memoria de Jean Grey, todo muy Claremontiano. La historia, pese al revoltijo, es coherente y respetuosa con el tebeo, y con el fan de toda la vida, al mismo tiempo que (por supuesto) no deja de ser una excusa para que las cosas exploten y la gente se raje mientras los críos devoran palomitas y dan patadas al asiento de delante. No sé si será porque ultimamente voy poquísimo al cine, y esto se convierte así en un acontecimiento entrañable; pero aunque al parecer la peli no ha gustado mucho a la Masa a mí me ha parecido correcta y acertada. Demasiado seria, pero vaya.

"Now you see me..." (Louis Leterrier, 2013)

No estoy para nada al día de los estrenos, y tan solo había escuchado de pasada el argumento de esta película: un grupo de magos que se reúnen para robar a su audiencia. En mi cabeza la idea funcionaba como un thriller romántico, repleto de ilusionismo y ocultismo. No sabía que lo protagonizaban el papanatas de Jesse Eisenberg (un actor tan pusilánime y flojo que parece que hubier salido de Al salir de clase), el peor Woody Harrelson imaginable o unos cuantos cougars en olvidables papeles alimenticios (Michael Caine, Morgan "Aceptotodoslospapelesquemeproponen" Freeman, Mark Ruffalo), en un revoltijo de acción frenética, explosiones, persecuciones, tiros, bravuconadas, soplapolleces y efectos especiales gualtrapas para la generación del déficit de atención. Una soberana mierda ampulosa, inverosímil y repleta de fallos de guión, a medio camino entre la peor peli de superhéroes imaginable y una de superterroristas al azar. El final me dio ganas de matar.

"The brass teapot" (Ramaa Mosley, 2012)

Le estoy cogiendo el gusto a lo de llegar los fines de semana a casa de madrugada y sobrio, y verme una peli hasta que ya clarea, si no tengo quehaceres al día siguiente. A esas horas mi tele (Roxy C) y yo estamos solos en el universo, y he vuelto a ver unas cuantas de mis películas favoritas, cositas de miedo o producciones aleatorias con muchas sedes y muchas leches en el torrent, como ésta, a la que me enfrenté desconociéndolo todo y que me entretuvo bastante. La tetera metálica del título es un objeto milenario, que ha aparecido de pronto en manos de una joven pareja de recién casados (Juno Temple, ¡guapa!, y Michael Angarano) después de haber formado parte de multitud de dinastías y malogrados jefes de estado (había sido vista por última vez en manos de Hitler) arrastrando una maldición. Ésta consiste en que la tetera escupe dinero, un montón de dinero, a medida que su propietario se hace daño, a sí mismo y a quienes le rodean. Dolor a cambio de dinero, en una escalada de codicia y tortura ilimitadas. La historia es simpática y original, y pronto derivará en una aventura surreal, salpicada de personajes caricaturescos y situaciones rimbombantes al estilo de la cositas de los Coen. Salvando las distancias. Entretenida, sin más.

Lunes, Setyembre 16, 2013

"Monster" (Naoki Urasawa, 1994-2002)

He dejado pasar una semana entre mi lectura completa de "Monster" y estas letras. Una semana que he dedicado a paladear y reflexionar en torno a la catedralicia obra de Naoki Urasawa, que... Vale, en realidad simplemente he dejado el blog abandonado, como siempre, y no he encontrado el momento de ponerme con esto: con la tarea de resumir y emitir algún juicio al respecto. Voy a intentarlo ahora.

"Monster" es un manga en blanco y negro, publicado en Japón a una cadencia de 20 páginas quincenales, en alguno de esos mamotretos recopilatorios inabarcables que leen los japoneses que se te caen en un pie y te desgracian. Cuando Urasawa publicó esta historia (entre 1994 y 2002), al mismo tiempo publicaba otra (primero Happy, después 20th century boys), es decir, que el chico se calzaba 80 páginas mensuales de historieta. Escribía los guiones y también dibujaba las viñetas, con un trazo realista y minucioso, casi fotográfico, impresionante. Este es un dato que me tuvo muy pensativo a lo largo de toda la lectura. No solo estaba ante una obra muy poderosa, interesante y adictiva, sino también ante algo que había creado un portento, un verdadero monstruo. O un esclavo de la cultura popular japonesa, probablemente, ya que parece que eso es lo que son realmente los mangakas: estrellas del fandom atados a una mesa de dibujo 15 horas diarias. Sea como fuere, hay varios elementos que hacen que esta trepidante aventura te fascine enseguida: está muy, muy bien dibujada. Los objetos, los paisajes y la arquitectura que salen del lápiz de Urasawa son perfectos, alucinantes, y supongo que requieren una enorme documentación y material gráfico (además del talento, claro); los personajes, igualmente, son hiperrealistas y sobrios, excepto por los rostros, ligeramente caricaturescos para acentuar los rasgos. Uno se acostumbra al tebeo norteamericano, y a que todos los personajes sean exactamente iguales, con esos rostros y esos cuerpos perfectos como hechos en una sandwichera, y le llama la atención la enorme variedad de facciones que muestra Urasawa, con esos pequeños detalles en cada personaje que hace que en seguida recuerdes a un secundario que hacía 400 páginas que no salía; sorprende también lo voluminoso de todo esto: estamos hablando de una historia que ronda las 4.000 páginas. Cuatro mil páginas deliciosamente dibujadas, con un nivel de detalle absurdo. Una verdadera monstruosidad. En España lo publicó por primera vez Planeta en 36 tomos de ciento y pico páginas cada uno, en orden de lectura occidental (con todas las páginas al revés de manera que todos los personajes salen zurdos e invertidos), antes de que se desatara la fiebre por los mangas que se leen de derecha a izquierda y saturan el mercado editorial. Por supuesto, me descargué la serie alegalmente y la estuve leyendo en el tablet, porque si no iba a tener que acampar delante de mi biblioteca y no es plan. Y conste que yo estoy contentísimo con esta vieja edición de la que seguro que se burlan los otakus, porque está muy bien traducida y se lee como Dios manda, coño, a mí que me dejen de bobadas. Aunque las portadas son lo más feo del mundo y las sinopsis de contraportada, por alguna razón, te destripaban asuntos importantes del interior. Creo que "Monster" es un tebeo (tebeazo) ideal para los que no sabemos nada de cómic japonés y nos gusta el tebeo en general. También es importante destacar que su lectura requiere paciencia, atención, fidelidad y aptitud memorística (como cualquier serie de televisión moderna sin ir más lejos), pero aunque asuste su voluminosidad es una historia lineal y nada complicada (su complejidad proviene de la variedad de personajes, lugares, nombres, etc., pero a mí no me costó nada seguir el hilo, y soy bastante cenutrio para esto), y sobre todo que engancha muchísimo. Yo empecé a leerlo un lunes y terminé ese domingo, y os aseguro que hice muchas más cosas esa semana. Porque es un vicio, una barbaridad y todo lo que pasa en todo momento mola muchísimo y es importantísimo.

Yendo al argumento, se trata de una larga novela negra ilustrada. La acción transcurre en la Alemania recién reunificada, a mediados de 1995, con un par de escapadas a Austria y Suiza. La ambientación y la documentación es magistral, y todos los carteles están en bávaro, así como los productos que se consumen o los periódicos que se leen son geográfica e históricamente correctos. Sin embargo (cuestión de chauvinismo o de marketing) el protagonista absoluto de esto es un japonés, un reputado neurocirujano japonés de nombre Kenzo Tenma que trabaja en el hospital más importante de Düsseldorf. Debido a su extraordinario e incomparable talento (ya sabemos, por las series animadas de la tele, que los japoneses son los mejores futbolistas, tenistas, ninjas, caballeros del zodíaco, etc.), su futuro está más que asegurado, es el ojito derecho del director del hospitl y encima se lo monta con la hija de éste. Goza de una reputación y una situación excelentes, pues, hasta que un día desobedece las órdenes de sus superiores, y decide pasar del accidentado alcalde de la ciudad en favor de un niño pequeño que entró en su quirófano con minutos de ventaja. Por dedicarse al nene, el alcalde muere y desde ese momento deciden hacerle la vida imposible al nipón: su novia le abandona, sus jefes le ningunean, su perro se va con su mejor amigo, etc. Pero hete aquí que el niño al que salva la vida, y que ingresó con una bala recién alojada en el cerebro, resulta ser alguien muy especial. Alguien que tal vez hubiera sido mejor que hubiera muerto, porque de pronto alrededor del Dr. Tenma empiezan a aparecer cadáveres como setas, y se convierte en el principal sospechoso del caso de asesinatos en serie más gordo conocido jamás en Europa.

No quiero revelar mucho más de la trama, pero conste que el niño tiene una hermana gemela, ambos arios, monísimos, y de oscuro pasado. Un pasado que podría o no estar relacionado con un misterioso orfanato, en el que durante los años ochenta tuvieron lugar horripilantes experimentos que dejarían en chiquilladas a los de los campos de concentración nazis. Por estas miles de páginas circulan tías buenas, policías secretos (impresionante el personaje de Heinrich Lunge, némesis de Tenma, el inspector de la BKA que teclea todo el rato un teclado imaginario para rebuscar en los archivos de su infalible memoria), psiquiatras, psicólogos y criminólogos surtidos, agentes dobles, ex-nazis, neonazis y bizarros sectarios de ultraderecha, dibujantes de cuentos para niños, matones a sueldo, gitanos, mafiosos, periodistas demasiado curiosos, asesinos rituales, putas, huérfanos, neurocirujanos amateur, titiriteros, ladrones barriobajeros, y montones de tipejos más que se van uniendo poco a poco a la fiesta. Y muchos de ellos, claro, muriendo violentamente; aunque siempre el mangaka les hace morir con muchísima elegancia y poca explicitud, conste. Tenma persigue desesperadamente al Monstruo del título, a la bestia que, al parecer, ha tenido la culpa de todo lo más terrible y mezquino que ha sucedido en los últimos tiempos. A menudo los capítulos comienzan en una situación y con unos personajes totalmente ajenos a la trama principal (e incuso el protagonista, el Dr. Tenma, no reaparece hasta varias docenas de páginas más tarde), y somos testigos de historias que aparentemente no tienen nada que ver con el asunto. Viajamos, por ejemplo, a una pequeña aldea sajona para conocer a dos anicanitos encantadores aficionados a coleccionar muebles de época, que protagonizan la historia durante un largo trecho, hasta que finalmente su historia confluye con la del Monstruos, y por lo tanto con la de Tenma, y con la de Lunge, la hermosa Nina Fortner, el pequeño Dieter, etc. Esta larguísima historia está tejida a partir de docenas de retales, de capítulos que no se conectan hasta sus últimas puntadas, pero todo lo que acontece en todo momento es interesante, apasionante y adictivo. Al final, todos los caminos llevan al Monstruo, a los terribles experimentos del orfanato, a los cuentos infantiles que se leían en la Casa de las Rosas Rojas o a la memoria de aquella prostituta turca que cambia tanto de nombre... "Monster" es una delicada maquinaria de relojero, una escrupulosa amalgama de historias a un ritmo trepidante, un culebrón noire abrumador, genial, repleto de acción y con un poso filosófico, patafísico, sobrenatural y demoníaco.

Miyerkules, Setyembre 4, 2013

The United States Of America - S/T (1968)

Mi descubrimiento de la semana, totalmente fortuito, ha sido este disco grabado en 1968, en pleno apogeo del hippismo, el rock progresivo y la psicodelia. The United States Of America fue una banda compuesta por Joseph Byrd, Dorothy Moskowitz, Rand Forbes y Craig Woodson, que unicamente publicaron este disco y un par de singles extraídos del mismo. Posteriormente, Byrd siguió publicando alguna cosa, en solitario o como Joe Byrd & The Field Hippies; Dorothy grabó puntualmente con Country Joe, y está retirada del mundanal ruido (fue entrevistada hace poco por un fanzine, para hablar de su experiencia en TUSoA); igualmente, poco más se supo del resto de miembros, que no pasaron a la historia tras grabar este disco; que tampoco es que tuviera un gran impacto (181 en el Billboard). Sin embargo, "The United States Of America" es una delicia que me ha enamorado. Con una clarísima influencia del sonido de Jefferson Airplane, del "Sargent Pepper's..." (o su reverso tenebroso y anti-jipi, "We're only in it for the money" de Zappa, publicado el mismo año) y de los acontecimientos de la isla de Wight o Woodstock, "The United States of America" es una de las primeras muestras de la aplicación de la música electrónica al rock n' roll. Por aquel entonces, apenas se acababa de patentar el primer sintetizador portátil, el moog, y los músicos sesudos que investigaban y desarrollaban música electrónica y electroacústica de vanguardia (docenas, claro) no se acercaban al rock o la música popular ni con un palo de tres metros (excepción hecha del chiflado de Brian Wilson o de los Beatles, que tenían a su disposición, talonario mediante, todo lo que su imaginación pudiera concebir). Además, parece ser que el uso del moog les hubiera costado unos veinte mil dólares a estos jóvenes piesnegros, por lo que el productor, David Rubinson, contrató a Richard Durrett para que construyera sus propios artilugios sintetizadores. A lo largo del disco, que como ya digo, en una primera escucha se asemeja mucho al rollo de "Surrealistic pillow" o "Sargent Pepper", podemos escuchar diferentes remezclas, bandas marciales, retales de dixie jazz de principio de siglo, ¡un calíope!, loops, samplers y todo tipo de oscilaciones y modulaciones electrónicas. Un disco extraño, fascinante y pionero de poderoso e hipnótico avant-garde comeflores.

Amazing Monsters nº 9 (2013)

Parece que el fanzine temático sobre cine de terror y monstruos vive una edad de plata: Exhumed Movies, Horrorvision, 2000 maníacos, Monster World, El Buque Maldito... Todos parece que gozan de buena salud. Y hasta tenemos en los kiosos una revista de género, ScifiWorld, que creo que es bastante más completa y trata a sus temas con más cariño incluso que las viejas revistas de cifi y terror españolas de los 80 y 90 que tanto se echan de menos... Todo se debe al velo de la nostalgia, porque ScifiWorld no tiene nada que envidiarle a aquellas, y si acaso mucho que enseñar. Pero me estoy desviando...

Amazing Monsters la hacen en Barcelona Dani Moreno y su marca Chaparra Entertainment, unos fricazos de tomo y lomo que ruedan cortos y videoclips con todo el amor del mundo hacia la sangre, la caspa y el cine de terror de los ochenta de toda la vida. También han hecho curiosos proyectos para televisión (Amazing Mask), tienen una banda de horror-rock, venden tebeos, merch, et. Lo que a mí más me interesa es su fanzín, un cuadernito precioso, con portadas muy chulas, y en sobrio blanco y negro por dentro. Le caracteriza que en las primeras páginas suelen meter bastante entrevistas y reportajes sobre lo que ellos llaman "videotrash", es decir, cortos nacionales de sangre y monstruos rodados con calderilla, de su propia factura o de amigos y allegados, generalmente redactados por sus propios autores (a destacar el fantástico "Molecular zombi" de Pablo Llorens, que a ver cuándo se puede ver de una vez; y la cuarta parte de "Class of nuke 'em high" que preparan los de Chaparra, codo a codo con Lloyd Kaufman, también tiene buena pinta). Personalmente me interesan más los artículos de revival, estupendos, como el dedicado a Cannon Films, a Fred Dekker, a la cutrísima "Oblivion" (un texto de Adrián Encinas) o a Beyond Infinity (el sello de Charles Band para el que rodaron mierdas DeCoteau, Fred Olen Ray, Linnea Quigley, etc. en los 80); las cuatro páginas (nunca son suficientes) para glosar las mil y una virtudes de "Matinée", que nunca se le ha hecho justicia del todo; y estupendo artículo también el dedicado al "Dracula, Sovereign of the Damned" (1984), el animé nipón a partir del tebeo de Marvel (donde también se habla del Supadaiman de la Toei, que casualmente estoy viendo estos días). El fanzine es bien bonito, maquetado con mucho gusto y profesionalidad, y los contenidos muy satisfactorios (incluídos los tebeítos). Lo que pasa es que tiene tantas, tantísimas faltas de ortografía, que en algún momento llegué a desesperarme. Si alguna vez leéis esto alguien cercano a sus autores, por dios, decidles que se busquen un corrector. Que yo mismo se lo reviso gratis... porque no puede ser. Que vale que es muy bonito, pero pensad que hay gente que se lo va a leer :)

The details (Jacob Aaron Estes, 2011)

Me puse a ver esta película el viernes rondando las cuatro de la mañana, que no podía pegar ojo, y me contagió el poder de esta historia tremebunda, de la que es mejor no saber nada para disfrutarla. Y además, tiene que gustarte Tobey Maguire, que sé que a mucha gente le pone nervioso. A mí me encanta. La cosa va sobre esos pequeños detalles de los que no nos damos cuenta, que pueden destrozarte la vida: un bote de veneno para mapaches, una llamada a una línea erótica, una flor que le regalas a la vecina... Una serie de decisiones sin importancia que toma un buen día el pobre de Tobey, ponen patas arriba su idílica y colorista vida en el chalet residencial, y desencadenan la tragedia. Ray Liotta tiene un papel pequeño, pero que él solo merece que valga la pena ver esto. Qué mal ha tratado Hollywood a este monstruo de la interpretación.

And now a word from our sponsor (Zack Bernbaum, 2013)

Una producción indie bastante simpática. En realidad no sé si es independiente o quién está detrás, ni lo he mirado, pero sale Parker Posey y eso es suficiente. Además, está tremenda a sus 45, con esas gafitas y ese poso de MILF despistada. La película se abre con el famoso anuncio rubegoldbergiano de Honda, casi entero, y toda la secuencia de créditos son una sucesión de buena publicidad contemporánea, todo muy bonito. A continuación conocemos a Adan (Bruce Greenwood, impresionante), un maduro publicista responsable de algunos de los eslóganes recientes de más éxito. Resulta que despierta en un hospital, y solo es capaz de comunicarse a través de eslóganes publicitarios ("Got milk?" le es muy útil por las mañanas). La premisa de la peli es ésta: un ex-publicista que vuelve del coma locatis, y solo puede decir eslóganes de anuncios. En realidad, es todo lo que tiene la historia. Buenos actores y una trama curiosa. A partir de ahí construyen una comedieta que no va a ningún lado, sobre un publicista malo que quiere que declaren incapaz a Adan para quedarse su fortuna y su empresa, y la Posey que tiene problemas con su hija. El ex-publicista y sus frases de brainwashing capitalista pondrá orden en la vida de todos, sin proponérselo siquiera.