Martes, Pebrero 25, 2014

Les Claypool's Duo De Twang - Four foot shack (2014)

Les Claypool ha vuelto a dar en la diana, y ha puesto en circulación otro de mis discos favoritos de este año recién nacido. Tras informarnos recientemente de que Primus sigue vivo, ahora se alía con el guitarrista Marc Haggard para ejecutar un puñado de versiones (de Alice In Chains, Bee Gees, The Chantays, Jerry Reed y hasta un himno de mediados de siglo pasado sobre la Batalla de Nueva Orleans) y sobre todo viejas composiciones de Claypool (Wynona’s Big Brown Beaver o Jerry Was A Race Car Driver, y también de pasados discos en solitario o con Frog Brigade) adaptadas para bajo-eléctrico-en-loop y guitarra, voces engoladas y algo de maravilloso stompin' contra el suelo. La ausencia de percusión ortodoxa y de otros instrumentos o arreglos, convierte esto en un experimento de country paleto, crudo, desnudo, un homenaje delicioso a las raíces de esa música blanca del Sur de EEUU que se improvisa bajo el porche compartiendo mazorcas y bebiendo a morro. Todo ello apuntalado por la voz juguetona de Claypool y su bajo machacón: un jubiloso sonido con el que muchos de mi generación nos hemos hecho mayores. Stayin' alive a lo hillbilly es un clásico instantáneo, y todo el disco una gozada.

Henry Miller - "Trópico de Cáncer", "Primavera Negra" y "Trópico de Capricornio" (1934-1939)

A lo tonto, con el paso de los años he juntado 17 libros de Henry Miller (además de los 7 tomos de los "Diarios" de Anäis Nin, que casi forman parte de la cole), y leí y releí solo algunos retazos, en realidad, desde la adolescencia hasta ahora. Así que durante el tiempo que he tenido sin actualizar el blog una de las cosas que he estado haciendo ha sido leer aquí y allá esta trilogía iniciática y autobiográfica suya, repleta de imágenes fascinantes, mugre y bofetadas al establishment que me resulta siempre tan estimulante. Al contrario que Bukowski o de los alumnos beat más crudos, acres e insolentes que tomaron su relevo, la prosa poética de Miller es un ejercicio literario de magnitud que siempre he defendido. Especialista en resaltar la elegancia de las heces, los pijos, los retretes públicos o las putas baratas, sus textos rezuman una belleza y un lirismo al que ni se aproximan sus predecesores. Esta lectura compulsiva (y mi rendición y enaltecimiento de la obra que poseo de Miller) me ha asaltado además en mitad de un momento complicado y lleno de incómodos episodios a altas horas de la madrugada, que no me han hecho mucho bien: el repertorio más misántropo, nihilista, pernicioso, apocalíptico, autodestructivo, cínico de Miller me estaba afeando tanto las ideas que he decidido posponer el resto de la lectura cronológica hasta que pase el mal tiempo.