Huwebes, Mayo 22, 2014

Jan & Dan - "Nelvana", 2009

Hay miles de versiones de canciones de Nirvana. ¡O cientos! A mí me gustaban Nirvana de verdad, de verdad de la buena, aunque está feo decirlo. El día que se murieron yo llevaba una camiseta de Nirvana y el pelo largo, y tenía un póster de Nirvana en mi cuarto. Y me enteré de la noticia casi en directo. Al día siguiente mi clase era un velatorio, y un colega y yo no llevamos nuestras camisetas de Nirvana y nos reíamos de todos los chavales del curso inferior que en el recreo sí las llevaban, para hacerse las víctimas. Me acuerdo de ese momento como si acabase de suceder. Me acuerdo de esa confusión, de esa incertidumbre y ese angst truncado de pronto. Quedaban vivos otros ídolos pero no eran tan ídolos. Todavía no me he repuesto de la pena, porque en estos tiempos, desde hace mucho, hay que escuchar a Nirvana en secreto. Yo lo hago además subrepticiamente, buscando versiones de Nirvana hechas por gente viva. Hay miles. En Youtube no pasa un día sin que alguien cante una versión de Nirvana horrorosa. Tengo algunas versiones favoritas, muy pocas, como para armar un disco. Pero ha sido ahora, en esta noche rara que he salido solo, todo digno, a emborracharme al lado de casa, cuando al llegar a casa he buscado versiones de Nirvana y me he encontrado con esta cosa tan rara y tan bonita y me ha removido algo. Me suena como si el Drain you de Nirvana fuese una versión de esto. Por fin, como si alguien hubiese entendido algo, le hace un homenaje a Drain you desde la misma raíz, como si fuesen los Vasolines o el colega creativo de Curt Kirkwood que le prestaba casetes de Bowie a Mark Arm al lado del halfpipe y se escribía "Fugazi" en los nudillos y escupía al suelo todo el rato. Pero me cago en Kirk Hammett... ¿no es un theremin eso que suena? ¿O es un bebé llorando desde el fondo de una piscina a punto de morir ahogado? Estoy bastante pedo pero creo que no es por eso que esta versión de Nirvana se me ha metido dentro. Me asusta, me desespera, me están entrando ganas de llorar como no hice entonces. Bueno, esto sí es por el alcohol, por los acontecimientos recientes, que hace que no lloro por lo menos por lo menos una semana y cuarto. De verdad, estaría escuchando esta versión de Drain you todo el día, pagando. Como no tenía a quién ponérsela y escucharla abrazados y sentados en un rincón de la habitación mientras la casa arde, me he acordado de este blog y he venido a escribir esto. Me ha costado mucho poner el html, la foto y escribir estas palabras sin faltas de hortografía. Bueno, eso no porque soy un hacha, escribo como un rapero y mejor todavía pedo. "This song used to gross me out when I was 12 because it made me think of anthropomorphic genitals".

Martes, Mayo 20, 2014

Il Sogno Del Marinaio - "La busta gialla" (2014)

Mike Watt, la dinamo humana superviviente del punk de los ochenta (fIREHOSE, Minutemen, Stooges...), tiene nueva banda, un trío surgido a partir de una gira por Italia junto con el guitarrista Stefano Pilia y el batería Andrea Belfi, ambos de la escena punk italiana. Es curioso cómo muchos de los músicos norteamericanos que admiro terminan de alguna manera relacionándose con la música italiana, y flirteando con la musica leggera, las bandas sonoras de Morricone o Nino Rota, o hasta la música barroca (como aquel extraño proyecto de Francesco Zappa... es broma; pero sí estoy pensando en proyectos como Naked City o "The big gundown" de John Zorn, Mondo Cane, Guano Padano, etc.). En este caso no sé hasta qué punto Mike Watt y sus nuevos amigos europeos homenajean a los grandes maestros italianos, sino más bien han hecho evolucionar y dado forma a una serie de improvisaciones entre el jazz, el prog-rock y el ambient, a partir de la alegre base melódica del bajo, que de alguna manera suenan mediterráneos como tomarse una Amstel servida en la calavera de Ferran Adrià. Un disco casi instrumental, con apenas un par de cortes cantados, y eso sí mucho balbuceo y susurro (The tiger princess), tarareos (Punkinhed ahoy!, Zoom) y coros mesiánicos. Tranquilo pero intenso, de impecable calidad en la ejecución y que no se desvía de la trayectoria del entrañable ciudadano de Pedro y sus inconfundibles fraseos de bajo. En su casilla de Twitter no para de anunciar (en este mismo momento que escribo esto, por ejemplo) el segundo disco de la banda para este verano.

Martes, Mayo 13, 2014

Los libros de El Butano Popular

Recomiendo, aunque sea tan tarde, los cuatro primeros libros que se autoeditaron El Butano Popular, un espacio de refocile literario con pretensión de hacer gremio en torno a algo concreto, por parte de un grupo de amigos de Barcelona que se conocen (nos conocemos) desde hace ya demasiados años como para no echarse de una vez el petate encima y ponerse a escribir juntos, a montar la liga de la justicia literaria, a ver qué salía. Alrededor de este grupo de colegas ya prácticamente de toda la vida haciendo calçotadas, afición, tragos y audiocomentarios (Lardín, absence, Hijo Tonto, C. Rancio, Minchinela, Lindyhomer, Mike Ibáñez, Pérez Andújar, Eunice, etc.) se fueron asentando otros talentos afines (Ripollès, Padial, Pere Montaner, Sergi Puertas, Trashorras, e incluso no barceloneses como John Tones, Santiago Lorenzo, Borja Crespo, Grace Morales, Miguel Noguera, Vigalondo, Jorge de Cascante, Jimina Sabadú, Julián Hernández y también algunos a los que no conozco de nada), y ya son más de tres años y medio los que llevan ofreciendo (alguno solo de forma testimonial) algo que podría definirse como columnas de prensa aisladas sobre cualquier cosa que no sea la actualidad periodística (de mierda). Un barco de colegas, una verdadera cofradía de gente más o menos de la misma generación y amamantados por los mismos productos culturales, arrejuntados y disparando en la misma dirección.

De momento, tras unos cuantos altibajos, incorporaciones, reuniones, el Butano Popular sigue siendo un lugar de opinión para lectores con formación, paciencia y sensatez, estricto negro sobre blanco con una bombonita naranja torcida encima, que ha cristalizado y se ha ennoblecido con la publicación de una avanzadilla de 4 libros como dios manda, encolados, para poner en una estantería o llevarlos en el Metro. El diseño es precioso, bellísimo ese hueso gotelé con esas tipografías, pero conste que yo ya tengo dos con manchas de chocolate, y no son lavables. Los tengo leídos desde hace tiempo, pero me he dado cuenta de que no había hablado aquí de ellos.

"Creaciones Madrid" de Grace Morales, lo leía ya quincenalmente online, con mucho gusto, porque no conocía yo otra columna periódica sobre la ciudad de Madrid escrita desde la trinchera desde los buenos tiempos de Moncho Alpuente, y en internet sí que no hay quien te calle y tampoco hace falta dar palos siempre a los gobernantes para satisfacer al que ha pagado su euro y pico por el diario. Estas crónicas de Grace me gustan mucho, el libro es estupendo y ya lo había dicho alguna vez, aunque no las tenga todas conmigo con la autora.

"Mentiré si es necesario" traslada a formato noble los hermosos y nostálgicos cuentos de autobiografía-ficción que lleva todo este tiempo desgranando el entrañable agitador cultural Daniel Ausente en "El corro de la patata", su rincón en el Butano. Un coladero de recuerdos de infancia y adolescencia asilvestrada entre tebeos, niñas, drogas, conciertos de punk ochentero, sesiones continuas en festivales de serie B y una familia que parece de la Editorial Bruguera. Un ejercicio de honestidad calibrada y maquillada por la distancia y el ingenio que se devora con placer y que se apropia de uno sin darse cuenta.

"Corazón conejo" y "Detrás de ti en el museo del traje", de Rubén Lardín y Jorge de Cascante, son las dos piezas inéditas del lote, no rescatadas del ciberespacio sino escritas para la ocasión, un detalle para con el fan de su RSS. Lardín se recrea igualmente en la introspección y aflora recuerdos de su iniciación sentimental y marcial a través de la exposición a, y la asunción de Hitchcock, Mario Bava, Conan el bárbaro, Rambo, Black Sabbath, Polanski, Morricone o Sergio Leone como padres adoptivos, en un menjurge literario-periodístico que se lee del tirón y que continúa y noveliza las cápsulas de tiempo que el escritor y amigo Lardín lleva décadas enviando al espacio, hacia la misma galaxia inhabitada en la que flotan "El misterio de los intervalos de silencio" e "Imbécil y desnudo".

Jorge de Cascante es el diletante más joven, florido y contemporizador de esta talentosa generación innombrada de post-fanzineros y bruttos mecánicos (con perdón), y su libro es una colección de post-cuentos divertidos y refrigerantes, pero que se regocijan más en la forma y en el flow que en el contenido y, desde luego, en la reflexión personal. Una lectura interesante y complementaria para hacer escalera de color.

"La zona muerta" (Stephen King, 1979)

No había leído antes "La zona muerta", y creo que tampoco he visto la película. De hecho, el título me evocaba algo muy diferente, creo que porque lo confundía con "La mitad oscura", que sí lo hice mío de joven, y me sugería también un trasunto más de ci-fi, por La zona crepuscular. "La zona muerta" en realidad va sobre un tipo que tuvo un golpe en la cabeza de pequeño, y un segundo accidente ya bastante más grave al límite de la treintena, que a poco lo mata y en cambio lo devuelve del coma, cuatro años más tarde, con una habilidad profética. Un extraño poder psíquico que le permite predecir acontecimientos futuros en los demás con solo tocarlos. Esto le convierte en un monstruito, y en un ser miserable tocado por una maldición repelente. La cosa acabará enloqueciéndole, imbuído además de los consejos de su madre, una fanática religiosa (para no variar).

Stephen King ha comentado alguna vez (por ejemplo, en un documental del Canal de Historia sobre su vida que vi el otro día) que esta novela es la más autobiográfica. Cuando le llegó de sopetón la fama, y la gente le acosaba, le pedía favores y dinero, le iba a buscar a su casa para ofrecerle cosas absurdas, sintió la necesidad de extirparse todo aquel maremágnum de alguna manera, y de ahí fue que fue armando esta historia sobre un tipo (John Smith; el nombre no podría evocar mayor anhelo de anonimato) con un don especial, pero que solo quiere que le dejen en paz e irse a vivir con la tía que le gusta. En este sentido, la novela es angustiosa y asfixiante, de lo miserable que se siente el protagonista. Y otro de los puntos fuertes es la enorme carga histórica con la que cuenta, ya que transcurre a través de unos tres lustros y Stephen mezcla realidad y ficción de una manera magistral, a través de los chanchullos políticos, los mítines, el tufo de los tabloides, la corrupción y la decadencia moral norteamericana de la época inmediatamente posterior a la Guerra de Vietnam.

La zona muerta a la que refiere el título es la manera como define el protagonista a un lugar que asume disfuncional en su cerebro, en el que se alojan determinados recuerdos y de donde no reflotan determinadas predicciones. Un lugar entre las sombras de su recovecos racionales, maldito, que acabará por consumirle. Como este blog pasa por ser una especie de dietario de crítica sentimental, siempre asociado con mi experiencia personal, añadiré que me estuve leyendo esta novela durante unos días que pasé en la playa, tratando de alejarme de mi vida sin demasiado éxito, y reflexionando continuamente sobre mi propia "zona muerta", una inquietante sensación que tengo desde hace un par de años de que algo también se me apaga cada vez más a menudo dentro de mi cabeza, y que empiezo a explicarme como una especie de psicosis de Korsakoff que me tiene enormemente preocupado, y más después de leer esta novela y algunas entradas de la Wikipedia a las que nunca debería haberme asomado.

Miyerkules, Mayo 7, 2014

VVAA - Mississippi Records Tape Series #28: Classical music for & by the people

Tengo un concuñado (creo que se dice así; en cualquier caso, un familiar político lejano) aficionado al noise y la música industrial, que de hecho tuvo un programa de radio de cobertura nacional hace muchos años, en la época en que las bandas de vanguardia española eran la élite mundial, y conoce a toda esta gente. He coincidido con él en varias comidas familiares, y en concreto en una de ellas nos apartamos del resto de la gente y nos encerramos a charlar varias horas sobre música. Me jacto de haber dado a conocer a semejante eminencia un par de bandas de ruidistas subnormales (mi especialidad) como Pertti Kurikan Nimipäivät o Reynols. El caso es que me sorprendió muchísimo que, entrado el siglo XXI, su gran afición por la música le ha llevado a cavernosos lugares de Soulseek, donde cuarentones nostálgicos del mundo entero digitalizan casetes ignominiosas, las comparten a través de la Red, y luego cada uno en su casa se las baja... y se las vuelve a grabar en casete. Mi con-colega éste colecciona casetes, tiene cientos de casetes recién comprados y sobre todo grabados a partir de archivos informáticos. Esto me lo contaba hará dos o tres años.

El casete ha vuelto oficialmente. La nostalgia por el VHS es notable, y quién más quién menos conoce a un colega que se aventura semanalmente buscando cintas de video grumosas en mercadillos, y se piden precios astronómicos por algunas cosas en e-Bay, pero cuando ya parece que casi nadie se acordaba del casete, se reivindica a lo loco. Durante el pasado Día de las Tiendas de Discos (una cosa de los ingleses y americanos, que están chiflados y aún tienen de esto) se pusieron a la venta novedades en K7 de bandas de la talla de Green Day; el gigantesco emporio japonés Sony va a comercializar un K7 con capacidad para 80 millones canciones; en el chino de la esquina (lugares ideales para medir tendencias) venden como churros los adaptadores de CD y USB a K7 para el coche (un invento maravilloso), el boli Bic se vende más que nunca... y en fin, que ahora que se acaba la gilipollez de reivindicar el casete como objeto de culto ochentero asqueroso, para hacer lámparas kitsch y comprarse una funda de móvil guachi en el Popland, volvemos a lo serio y en las pocas tiendas especializadas que quedan (o que reabren y/o se reinventan) vuelve a haber un espacio para casetes cerquita del de los vinilos.

Y viene a cuento esto de que he descubierto hace poco el sello Mississippi Records. Un sello de Portland especializado en reediciones de material ignoto. No exento de polémica (por aquello de los derechos de autor), su responsable, Eric Isaacson, se dedica a rescatar de la oscuridad viejos vinilos de todo el mundo y venderlos por correo. Bandas de rembetika asentadas en Nueva York en los años cuarenta, música vocal hindustaní 30-50's, grupettes de chicas yeyés vietnamitas, calypso y ska primordial... Un catálogo irresistible para el melómano sin complejos, y envuelto todo en una atractiva estética DIY de corta y pega. Descubrí toda esta historia en un fanzine del año pasado (el nº 7 y último hasta ahora de Chilena Comando), donde entrevistaban a Isaacson, quien (además de contar que tuvo una banda punk local con un cantante de 10 añitos en los noventa, The Illegal Guardians; con lo que me gustan estos experimentos niñófilos) me ponía sobre la pista de la deliciosa Tape Series de Mississippi Records, de la cual me he acordado estos días. Una colección de cintas magnéticas que venden por correo bajo suscripción, y que ya va por más de la centena. En la entrevista contaba, humildemente, que practicamente vive de eso, de grabar recopilatorios en cinta de material que se encuentra (libre de derechos, o cuyos beneficios trata de hacer llegar a los herederos cuando esto es posible) a unos 300 suscriptores. Sería bonito, eso de que tu mayor fuente de ingresos venga de grabar cintas a los colegas.

En un polvoriento cajón virtual me he encontrado unas treinta de esas cintas que graba Isaacson, pero en forma de emepetreses, con sus cutres portadas DIY escaneadas. Y llevo un par de días escuchándolas. No solo contienen material exótico (samba, músicos callejeros de Yogyakarta, Irán, Turquía, Marruecos, flamenco, dub de Oregón) sino también caras B de llenapistas de Northern Soul y viejo rock americano, canciones desconocidas de one-hit-wonders como Bunker Hill, Maurice Williams & The Zodiacs, Carl Perkins, Hasil Adkins y demás rock primitivo (en esto se centraban las primeras entregas de la serie). Estoy muy inmerso últimamente en este cajón de sastre magnético pergeñado por el melómano portlandés, esta especie de huevos sorpresa llenos de música hermosa e inaccesible. Como botón de muestra, he dado buena cuenta, al azar, del volumen 28, "Classical music for & by the people", un mixtape centrado en la música sinfónica que no puede ser más heterodoxo: una brass band de iglesia, Clara Rockmore reinventando clásicos al theremin, vasos musicales, Moondog, Erik Satie o el Ave Maria de Schubert en versión gospel africano.