Martes, Setyembre 16, 2014

Lunes, Setyembre 15, 2014

"Rancho Drácula" (Col. Kansas, Nº 115; Silver Kane, 1960 / 2014)

A finales de los 50s, el Maestro Francisco González Ledesma se atrevió a mezclar el misterio sobrenatural de la Vieja Europa con el popular género de pistoleros del Lejano Oeste. La novela tenía en vilo a varios cazatesoros, que por fin hemos podido gozarla gracias al blog BolsiLibros, y su digitalización a petición del autor. Se trata de una novelita de casi 250 páginas, que en realidad, tengo que decirlo, decepcionaría al aficionado raso a los chupasangres, ya que los sustos y el folklore transilvano escasean; sin embargo, como western de entretenimiento es una delicia, la prosa de Kane es apasionada, y la acción trepidante. Todo gira en torno a la adquisición del auténtico ataúd del Conde Drácula por parte de un acaudalado terrateniente, que colecciona objetos curiosos en su rancho en mitad del desierto de Nevada. No hay un protagonista claro en la historia, sino una sucesión de encontronazos entre forajidos y cazarrecompensas, que nos lleva de Carson City a Little Sun y al Rancho Diamond, donde tiene lugar el cénit. Hay por ahí un desgraciado disfrazado de vampiro y un aficionado a los desmodontinae, mucho tiroteo, extraordinarias punchlines e imágenes dignas de Leone, pero poca agua bendita.

El texto anterior lo publiqué en el efímero blog colectivo Microcritic el pasado 4 de mayo de 2011. Hacía algún tiempo ya que yo era uno de esos cazadores de bolsilibros, obsesionado con la leyenda de "Rancho Drácula", esa magnífica e inconcebible novela de a duro de temática paranormal. Mi búsqueda de "Rancho Drácula" terminó de manera fortuita e inesperada casi dos años más tarde, el 12 de febrero de 2013. Un par de semanas después, redacté el siguiente texto, para un blog de reflexión personal que tenía por ahí:

En los últimos meses han venido a mí tres objetos de poder, tres libros, que deseaba con mucha fuerza, cuando ya había dejado de buscarlos.

El primero fue
"Cementerio de animales" de Stephen King, que no es un libro difícil de encontrar (hoy mismo lo he visto en una tienda de segunda mano, en la misma versión de Plaza y Janés de tapa negra). Lo que sucedió fue que lo estaba leyendo, lo perdí y una hora después lo volví a encontrar de manera fortuita: vino a mí. Fue hace unos seis meses. Estaba leyendo "Cementerio de animales" con mucha atención. Recuerdo que llevaba la lectura muy avanzada; buena parte lo leí una tarde en una sucursal de FresCo. Es una cadena de restaurantes autoservicio, en la que por un precio módico puedes comer cuanto quieras, hasta hartarte; todo sabe igual, es bufé libre frío y plasticoso, pero en mis días de resaca antes de mudarme, iba allí bastante, a eso de las seis de la tarde, porque no cierran. Estuve solo allí, en el que hay en la calle Carranza, un par de horas, levantándome a por otro café a cada rato. Seguí leyéndolo de noche, y al día siguiente me quedaban pocas páginas para terminarlo. Por la mañana cogí un autobús hasta Cuatro Caminos, porque iba a hacer unos recados, y cuando caminaba por Bravo Murillo me di cuenta de que lo había perdido, lo había olvidado en el autobús. Me dio bastante rabia, aunque tampoco era un objeto muy valioso aunque llevase muchos años conmigo. La putada, claro, era que no podía dejar de leerlo mucho tiempo o perdería el hilo. Fui al Hiper Cómic de Tetuán, que me pillaba de paso, y pregunté por el libro. Tenían varios de Stephen King, pero no este; no recuerdo qué compré, pero seguro que compré algo. Y después de pagar, cuando ya iba a salir, eché un vistazo en la pila de tebeos que tienen para regalar. Tienen tanto género, que hay una columna de revistas, tebeos y libros junto a la caja que te puedes llevar gratis. Pues ahí estaba, otro ejemplar de "Cementerio de animales" de la misma edición que hace un rato estaba leyendo. Gratis.

El segundo artículo que me vino a buscar fue el número 3 del fanzine
Le bon vivant, revista underground de actualidad para vividores y sibaritas que editaban Oswaldo Cornelius y Caasi Masivo a principios de siglo. Yo tenía todos los ejemplares, y hace muchos años vino a mi casa mi colega F., en un momento dado se fue a cagar y pilló esto, al azar, de una estantería. Le hizo gracia, así que se lo presté para que acabara de leerlo. F. es geólogo e ingeniero de minas, se dedica a explotar el paisaje en busca de silicio, así que en Madrid no tenía futuro laboral. Se fue a vivir a la Sierra, al casoplón familiar. Luego, a Castellón, después huyó a Santiago, de ahí a París, y ahora mismo lleva 4 años en China. Nos vemos poquísimo, ,así que me da vergüenza recordarle que soy un maníaco extravagante, y que echo tanto de menos tener mi colección completa de Le Bon Vivant como a él. Así que lo di por perdido. Un día, hará también unos 6 meses, decidí buscar ese ejemplar en Todocolección. Encontré una tienda que lo vendía, y estaría en mi casa por 14 euros. En un apretón, fui, y me lo compré. Pues al día siguiente, AL DÍA SIGUIENTE, después de más de 10 años echando de menos mi ejemplar, estaba con mi colega JF de tiendas, y en una librería de viejo de la calle Santa Engracia, trasegando entre tebeos antiguos, encontré una copia de Le Bon Vivant número 3. Me quedé loco. Lo compré por 50 céntimos, y obviamente a la vendedora de Todocolección le parecería un impresentable cuando rompí nuestro trato comercial, pero para qué quería dos, y encima desembolsar ese dinero… La semana pasada estuve visitando a F., que aunque sigue en China ya planea volver, se ha comprado con su esposa un chalet adosado precioso en Manzanares. Cuando nos despedíamos, me dio una bolsa que su madre había guardado para mí: mi colección de grapa de Bone (ni me acordaba), unos cuantos tebeos y revistas más (no todos eran míos) y mi genuíno LBV3. Esa misma tarde lo regalé.

El encuentro fortuito más gordo fue el pasado 12 de febrero. Estaba de nuevo con JF, y ambos, como miembros fundadores de The Bolsilibro Appreciation Society, estábamos rastreando librerías y almonedas de segunda mano de Madrid. Sin objetivo alguno: pillar novelitas de ci-fi y terror baratas. Mi búsqueda de
"Rancho Drácula" la había abandonado hacía tiempo, consciente de que era totalmente imposible encontrar un ejemplar, ni siquiera en tiendas de subastas de internet. "Rancho Drácula" es una novelita de bolsillo de la colección Kansas (número 115, publicada en 1960), escrita por Silver Kane (don Francisco González Ledesma), que goza de la categoría de mito: son muchos los aficionados a esto de los bolsilibros, probablemente todos, quienes quieren poseerla. Ojo, porque ni siquiera el autor tiene un ejemplar. El Santo Grial de las novelas de kiosko, o uno de ellos. Una historia sobrenatural, con Drácula visitando el Salvaje Oeste, escondida entre miles de ejemplares de novelitas vulgares de vaqueros no sobrenaturales. Una joya. En varios blogs de cazadores de novelas se suspira, se lloriquea por poseerla. Un afortunado coleccionista la encontró hace un par de años, y con permiso (más bien, a petición) del propio Silver Kane, la puso a disposición de todos nosotros en formato .pdf hace dos años. Mi búsqueda había terminado, en cierta manera: la imprimi y la leí. Siempre que salía "de caza", seguía buscándola, era mi excusa para echar un vistazo entre las montañas de novelas del Oeste, que nunca me han interesado (aunque descubrí que el pastiche de western sobrenatural, gracias a la leyenda de Rancho Drácula, tuvo una segunda oportunidad en los noventa, cuando el mismísimo Curtis Garland se dedicó a introducir personajes como Jack el Destripador, fantasmas o el propio Conde Drácula en sus novelitas de vaqueros para la editorial Astri). La colección Kansas es más antigua y de un formato ligeramente mayor (y con más páginas) que el resto de las que se encuentran a centenares en cualquier tienda, así que no me costaba nada seguir buscando. Encontré más novelas de Kansas, que son difíciles de pillar, pero no me interesan: yo quería tener mi Rancho Drácula. Pues aquella mañana, The Bolsilibro Appreciation Society seguimos a nuestro instinto hasta la cuesta de Moyano después de visitar un museo bastante imbécil. Y en el segundo o tercer puesto según se baja la cuesta, mientras rebuscaba entre un montoncito de novelas cualesquiera, de "una a dos euros tres por cinco euros"… apareció un ejemplar de "Rancho Drácula". En muy buen estado. El librero, sonriendo maliciosamente, me dijo que le había llegado esa misma mañana. Todavía miro con recelo mi copia de "Rancho Drácula", temeroso de que su adquisición, su entrada en mi casa por su propia voluntad, haya desencadenado alguna maldición.

Recuerdo que de vuelta a casa, me hice una foto con mi amigo JF, sosteniendo mi copia de "Rancho Drácula" con cara de bobo. Pues bien, ha pasado el tiempo. Ya releí mi ejemplar físico de RD, e incluso y resulta que hace un par de meses la editorial Darkland ha reeditado el texto original de Silver Kane, y RD puede ser adquirida y disfrutada por las generaciones venideras. En estos años, he conocido a algunos otros madrileños aficionados a los bolsilibros. Sigo rebuscando de vez en cuando tiendas de viejo, chamarilerías, mercadillos de pulgas y mierdulerías de todo tipo en busca de más bolsilibros de mis colecciones fetiche: Indiana James de Astri, Selección Terror, ¡Kiai!, Tam tam y La conquista del espacio de Bruguera, bolsilibros eróticos de editoriales ignotas, noveluchas policíacas o del Oeste que aparentemente contengan pastiche, zombies, vampiros o licántropos, weird western, los bolsilibros prohibidos, los que escribieron Julen Madariaga, Rafael Azcona o Primo de Rivera bajo seudónimo, etc. Incluso ¡di una charla sobre bolsilibros en la Central de Callao! (estuvo muy guay, llevamos mucho material, proyectamos portadas y como colofón habíamos invitado al Vaquero del Rastro).

De hecho, los bolsilibros están de moda. Hoy mismo, 15 de septiembre de 2014, he ido a dar un paseo, a cazar libros escondidos en alguno de mis cotos de caza no-tan-secretos de la ciudad. Entre otras cosas, he encontrado, por 1 puñetero euro, una copia impecable de "Salón Kitty - Burdel SS" de Karl Von Vereiter (1976), y un Curtis Garland de 1985, de esas reediciones de terror para Ediciones Forum. Después he ido a Estudio En Escarlata, un lugar hermosísimo, y he comprado, por fin, "Sherlock Holmes en España", una obra con una pinta extraordinaria de 628 páginas, que espero reseñar pronto, obra del Maestro Alberto López Aroca. En este mismo blog ya reseñé hace más de un año el fanzine de mitología creativa de Aroca "Sherlock Holmes en Rancho Drácula", una gozada; pues para cerrar el círculo, me he pillado esta tarde también la reedición moderna, de la citada editorial Darkland, de "Rancho Drácula", cuyo prólogo, obra del propio Maestro López Aroca, se abre citando parcialmente mi texto sobre libros que te encuentran y serendipias literarias que puse íntegro arriba:

Y de vuelta a casa, cargado con una pila de libros viejos y nuevos y unas pechugas de pollo, venía pensando en todo esto. En la Bolsilibro Appreciation Society y nuestras reuniones clandestinas, las tertulias holmesianas y las visitas guiadas por el Madrid de segunda mano; en la tarde que pude saludar a Curtis Garland y Frank Caudett en el Café Comercial; en el día que conocí a José Luis Macías, portadista de la colección Luchadores del Espacio de los años 50, y me firmó un póster que tengo colgado en el salón; en aquella novelita de J.B. de 1966 que pocos saben que oculta mensajes de auxilio desesperados de un auténtico contactado por UMMO; en ese desván de una casita de campo de un pueblo de Asturias donde estuve hace años, y que aún guardaba extraños bolsilibros de ciencia-ficción de los sesenta que olían a nuevo; en esa inocente novelita de kiosko de 1973 escrita por un gris funcionario de Bruguera, que anticipó el advenimiento de Internet, la que se adelantó 20 años al argumento de "Terminator 2" o aquella otra que predijo el 11-S; y en que algunos moriremos sepultados y consumidos por el pulp.

Linggo, Setyembre 14, 2014

VVAA - A new kind of mambo vol. 1 - 42

Twilightzone sigue siendo un lugar de ensueño, y en estas últimas semanas están subiendo uno por uno las docenas de recopilatorios que un tal Johnny Q está elaborando bajo el epígrafe común de "A new kind of mambo". Hasta la fecha han colgado ya 42 volúmenes de discos virtuales recopilatorios de música retro no-garagera con cierto regusto exotica, que es en lo que consiste todo esto. Con títulos individuales como "Tequila slammers", "Hey senorita!", "Shufflin' Hungarians", "Showstoppin' bugaloo", "Me gusto", "¡¡¡Ritmo caliente!!!", "Blues for Cuba", "Egyptian cha-cha", etc., y unas portadas y contras bien bonitas que está fabricando el muchacho (mi favorita, por pura mitomanía, es la del vol. 13, esa perversión del "Garagepunk cha-cha-cha unknowns" tan poco sofisticada), esta inabarcable colección desentierra viejas curiosidades de la música popular principalmente norte y suramericana, así como algunas delicias orientales, europeas o del África marrón. Cercanos al espíritu de las Melodías Pizarras Edición Terráquea (que no todo va a ser garage, chicharra y raca-raca), aquí se aglutinan sin complejos (y sin mucho orden) rompepistas salseros, merengue bizarro, boogaloo eléctrico, crepitantes bollywood delights, góspel underground, oscuras baladas africanas, alaridos de la palpitante jungla o novelty rockabilly, de esos tiempos en que el pop-rock lo hacían las orquestas e iba de la mano del mento, el mambo, la samba, la rumba, el dengue y el tango. Estoy descubriendo verdaderas maravillas en este cajón de sastre y haciendo mi propia criba; porque yo también pincho de vez en cuando en algunos bares, como todo el mundo.

Miyerkules, Setyembre 10, 2014

Fem Dom #0, 1 y 2 / Rattenkönig #1, 2 y 3

Descubrí este fanzine el otro día tirado en el sofá navegando por las etiquetas de Instagram; a través de una foto que algún cliente satisfecho había hecho. Me puse en contacto con ellos después de curiosear un rato por el trabajo de ambos responsables de Psyclops Graphix (Dr. Chainsaw y Mistress Ratt, novios, DIY's y residentes en Barcelona), y les pedí los 3 números que han sacado hasta la fecha de cada uno de sus respectivos fanzines, Rattenkönig y Fem Dom. Me llegó el paquete el lunes, y además de los fanzines tuvieron el detalle de incluirme un par de fliers, un par de stickers, un marcapáginas y una ilustración brutal a color en A5, con un dibujo a mano dedicado por Dr. Chainsaw en la parte de atrás, que es la leche. Todo fantástico, todo tenía muy buena pinta y rezumaba una fragancia a underground añejo de toda la vida que tiraba de espaldas. Me faltaba leerlos, y una vez hecho estos panfletillos de Psyclops Graphix se han convertido instantáneamente en una de mis publicaciones favoritas del momento. Estaré muy pendiente, porque el último número salió en junio de este año.

Tanto Fem Dom como Rattenkönig son dos fanzines de corte clásico (folios impresos en blanco y negro, la portada en negro sobre folio de color, doblados y con dos grapas, como Dios manda) centrados en el maravilloso mundo del comix underground, el weirdo, el hot rod, la línea tremenda, la ponzoña y en general la pintura purulenta y el mal gusto. El espíritu de Basil Wolverton, Ed "Big Daddy" Roth, Rob't Williams, Robert Crumb, Boris Artzybasheff, Gilbert Shelton, Kim Deitch, Coop, el fanzine Weirdo, MAD Magazine, las ratas gigantes mutantes y llenas de mierda y los dibujos animados de Disney mutilados y pestilentes inspiran cada una de sus páginas, por las que desfilan ilustraciones exclusivas de Dr. Chainsaw y Misstress Ratt, pero también de almas afines como José Tomás, Naxo Fiol, Ladrón, Mik Baro, Chico Félix, Sergio Zuñiga, David Guell, Javi Godoy y otros, además de algunos colegas internacionales.

Al margen de las ilustraciones a toda página (A5 en general, y alguna splash o póster central en todos los números), a mí lo que me gustan de los fanzines son las letras, devorar textos sobre asuntos de los que solo es posible leer en artículos autoeditados como éste. En cada número de Fem Dom incluyen un par o tres relatos (de la editora, de Cristina Monteserín, o los asquerosos y cachondísimos cuentos de Antonio Giménez Román), mientras que en Rattenkönig han optado por la información bizarra, incluyendo en cada número entrevistas exclusivas (Darren Merinuk, Luis "Herpe", Stephen Blinkenstaff, Dennis Worden, Pat Moriarity), apologías (Douglas Bagge, prólogos de Wau el de los Arrrghs! o Bone el de los Anomalys), sección de recomendaciones de viejos discos de garage y la sección "El Vertedero", un cajón de sastre de asquerosidades al mejor estilo del "Planeta Enfermo" que hacía Manolo Valencia en El Víbora. Todo fantástico. En estos textos he descubierto a personajes como Steve Fiorilla o a los italianos savajes The Bone Machine, que ando escuchando ahora mismo.

En definitiva, un fanzine precioso, baratísimo, repleto de contenidos y dibujos para enmarcar, especializado en una de las subculturas artísticas más fétidas y chachis del mundo. Larga vida al Rey de las Rat Finks y a los fanzines churretosos y hermosos.

Martes, Setyembre 9, 2014

"The Lego movie" (Phil Lord, Christopher Miller, 2014)

No le tengo mucho cariño a Lego, al juguete de Lego (aquí éramos más de Tente), a las piezas, al cuadriculado sistema de ordenamiento universal de la Infancia. No me gustaba jugar al Lego. Pero siempre me obsesionaron las minifigs. Esto que parece una obviedad, a lo mejor no lo es tanto. Las figuritas de Lego han estado desaprovechadas durante décadas, y más aún la posibilidad de darles vida gracias a la stop-motion. Fueron los fans quienes empezaron a rendirles culto, a hacerles películas extrañas, y por fin a juntarse, en la prórroga del s. XX, en lugares como Brickfilms. Aquella página me volvía loco. Me he visto cientos de miles de cortos en stop-motion, que son como sueños húmedos filmados. Pero el emporio oficial no se daba por aludido. No es hasta los últimos tiempos que han empezado a hacer videojuegos y películas protagonizados por los maravillosos mini-seres levemente articulados. Y todo para promocionar las franquicias más poderosas, de superhéroes de Marvel y DC, de Harry Potter, Star Wars o lo que sea. Y finalmente, este año estrenaron el definitivo súper-blockbuster de Lego, protagonizado por sus fichitas y personajitos de plástico. Durante meses mantuve los dedos cruzados, deseando que la peli fuese de stop-motion. Por supuesto que no. Aunque el trabajo de Phil Lord nunca decepciona, y la animación es asombrosa, en todo momento podía imaginarme que manejaba a esos personajitos y ladrillitos con mis manos. Y además, tuvieron el detalle de homenajear a la animación clásica en stop-motion en los increíbles créditos finales, y de darle a la película una dimensión mágica al romper la cuarta pared, con todo el rollo de Will Ferrell y todo eso, que no me esperaba para nada. El guión es soberbio, majísimo, muy disparatado y brillante. La película es pura pornografía juguetística, además de una plataforma para crear (y vender merchandising sobre) nuevos personajes, por primera vez (con la excepción de Clutch Powers) no-anónimos y no-franquiciados. Me sigue costando entender para qué animar una película en la que los personajes parecen muñecos semi-rígidos y que caminan torpemente sobre lo que parecen pezones de plástico corporativo de Lego; que se mueven como muñecos de Lego y cuyas expresiones son tan escasas como los muñecos de Lego. Para eso, que rueden stop-motion con muñecos de Lego. Supongo que debe ser más trabajoso y más caro, y menos atractivo para los niños (algo tiene la stop-motion que extraña a los niños). Pero yo quisiera ver una gran superproducción utilizando exclusivamente muñequitos. Mientras tanto, esta definitiva película (y el episodio "Brick like me" de los Simpsons) dignifica y pone sobre el mapa, por fin, los Lego Films (porque las tropecientas pelis de Batman y Star Wars de Lego, los videojuegos, etc., no me interesan mucho), abriendo un melón interesante y bastante dulce. Vi esto en el cine hace ya algunos meses, y la disfruté muchísimo.

Lunes, Setyembre 8, 2014

"Spanish exploitation" / "Sesión sangrienta" / "Gun crazy. Serie negra se escribe con B"

En el TopBooks de la calle Luchana descargó hace unos días un helitransporte lleno de saldos de la colección Cinemitos de T&B Editores, ensayos pop sobre cine de género de todo pelaje. En un par de visitas me compré nada menos que 12 de los que me faltaban, y he estado ojeando o leyendo completos varios de ellos. Algunos son libros de consulta, otros requieren lectura minuciosa. Al margen de los primeros, de momento he estado dando cuenta de estos tres.

"Spanish exploitation", de Victor Matellano, supone una decepción terrible y dolorosa. Una bonita portada, con el nombre de la ignorante novia de Vaqueriza bien visible, para embutir unas cuantas palabras deslabazadas, repetitivas y mal puestas al tun tún. El libro no contiene mensaje alguno, ni aclara nada, ni apenas presenta películas (italianas, mexicanas o francesas incluidas) que puedan considerarse explotación de algo. Es un recorrido volátil, sin ningún rigor ni cuerpo, por unas cuantas películas (ora una de destape, ora un Naschy, un Berlanga, un Summers...) salpicado de unas pocas fotos y montones de listas de pelis, que ocupan mucho. El libro se abre con la estúpida palmadita de Alaska; luego una introducción; luego otra; luego una perorata sobre "La momia nacional" (?) a modo de prefacio; después una intro; luego una disertación sobre tal actor; después una lista... Y así va la cosa, sin que nada tenga sentido ni concierto.

En las antípodas, el trabajo de Jesús Palacios y Antonio Weinrichter en "Gun crazy. Serie negra se escribe con B" son palabras mayores. Es una colección de ensayos imprescindibles que orbitan alrededor de las dos décadas (1941-1959) de existencia del noir clásico americano según los cánones de la crítica francesa de la época, que desentrañan todos los aspectos de este género indefinible: la influencia de la literatura pulp en su lenguaje, y sus portadas en su aspecto; el papel del expresionismo alemán, el asunto de los presupuestos; la música del noir (uno de mis capítulos favoritos), cine negro y satanismo, actores, directores... Un tocho importantísimo.

Y mi última lectura, también gozosísima, está siendo "Sesión sangrienta", un ensayo novelizado, algo así como "la historia oral del nuevo terror americano". Partiendo de cintas seminales como los primeros zombies de Romero o los primeros trabajos casi universitarios de Carpenter, Craven, Polanski, Spielberg, Bogdanovich, O'Bannon, etc., se relata aquí un cuento fascinante sobre cómo a la humanidad dejó de importarle el maquillaje de Boris Karloff y empezó a abrazar el arte de los asesinos en serie sin motivación ni coartada, y como aquel paradigma y aaquellas pelis de los setenta han influido todo el cine de género hasta la actualidad y más allá.

"La plaga de perros" (Martin Rosen, 1982)

No conocía de nada esta película, con la que me topé el otro día por casualidad trasteando en el vidYOUTclub, y que me dejó perplejo y boquiabierto. Se trata de una buddy movie de dibujos animados (con un estilo realista que recuerda al rotoscopiado añejo de Max Fleischer o Ralph Bakhsi), protagonizada por dos perritos parlantes al estilo Disney, que viven una aventura juntos trotando por el monte huyendo de los malos. Pero lejos del mensaje timorato y maniqueo del gran emporio mágico de la animación, aquí los perros escapan de un terrible laboratorio clandestino en el que se experimenta la vivisección con perros, primates y otros inocentes animales. Y durante su peligrosa escapada, son perseguidos por crueles hombres que intentan asesinarles por todos los medios, debido a que se cree que son portadores de una enfermedad contagiosa, y porque además provocan la muerte de varios humanos durante la búsqueda. En su periplo salvaje, el terrier con el cerebro abierto, Snitter y el labrador que ha sido llevado varias veces al borde de la muerte en un tanque lleno de agua, Rowf, se encontrarán con el astuto zorro Tod, quien les enseña a cazar a sangre fría y a enfrentarse al feroz ser humano. Sobrevivirán al ataque aéreo de varios helicópteros del ejército, al acoso de los pastores, periodistas y otras alimañas, y reforzarán su amistad anteponiéndola continuamente a la extenuación y la misma muerte. Una barbaridad jodida, salvaje y sin embargo tiernísima.

"El hombre de la cuarta dimensión" (Irvin S. Yeaworth Jr, 1959)

Esta tarde me acerqué dando un paseo al videoclub churretoso de la esquina, y alquilé una copia restaurada en aviHS de esta cinta de terror disuasorio de la era atómica. Existe también una copia en precioso 3D de los cincuenta (no esa estupidez para débiles mentales de los multicines de ahora, que no he usado nunca jamás...; me siento a veces, hablando de estas cosas, como El Abuelito Maníaco), pero al final me decanté por la peli con subtítulos, porque no encontraba mis gafas bicolor de cartón del Fantastic Magazine...

"4D man" es una bonita historia de desamor y venganza, sobre dos mad doctors hermanos (Scott y Tony Nelson) que aman a la misma mujer (la secretaria del laboratorio, hechizante Lee "Catwoman" Meriwether). Scott trabaja en el desarrollo de un potente material nuevo, la carlgonita, que pronto sustituirá al resto de metales en la fabricación de armamento y seguridad. Por su parte, el brillante pero caótico Tony está experimentando con electrodos la manera de que dos materiales se fusionen a nivel subatómico, de tal forma que un lapicero pueda atravesar el acero. Tony acaba de prender fuego accidentalmente a su propio laboratorio, de tanto juguetear con la máquina, entra a trabajar en el laboratorio de su hermano y se lo empieza a montar con la secretaria. Los celos de Scott le llevarán hasta el extremo de probar en sus propias carnes el experimento de Tony, y después de una hora de líos de faldas, picnics y aburridas citas dobles, Scott adquiere por fin la capacidad para entrar en fase como Kitty Pride, y atravesar todo tipo de objetos y también personas. Al hacer esto último, les chupa la energía a sus víctimas, que en cuestión de segundos envejecen y mueren, mientras que su cuerpo se perpetúa.

La peli es simpática y terriblemente geek, pero no pasa nada interesante ni fantástico hasta que ya casi se me agotaba la paciencia. Los decorados son muy coloridos y todo es bastante camp. Los efectos cuando el protagonista "entra en fase", así como los maquillajes de las víctimas envejeciendo en stop-motion o mismamente las maquinitas de corchopán con las que juguetean los científicos, son deliciosamente cutres, y todo en general tiene una pinta amateur y lastimosa, pero se deja ver y tiene algún momento delirante.