Huwebes, Disyembre 24, 2015

"Las claves esotéricas del III Reich" (José Lesta)


Continúo esta ráfaga de posts rápidos poniéndome al día con algunas lecturas recientes y olvidadas de 2015. Hace un par de meses, estaba yo sumido en una compulsiva (re)lectura de la obra de RAW. Tengo en el tablet todo el Evangelio discordiano con sus evangelios apócrifos discordianos, el bhagavad-gita discordiano, el libro del mormón discordiano y el corán discordiano, gracias a un blog de no creérselo que está traduciendo por amor al arte toda la obra de RAW y alrededores, que nadie se ha atrevido nunca a publicar en formato noble en España. Pero, en realidad, solo he leído el "Principia discordia" y la primera parte de la "Trilogía ¡Illuminatus!". Pero no es momento de hablar de esto, no hasta que realmente sea un converso completo al discordianismo y empiece a ver al revés. Pero sí recuerdo que por ese mismo tiempo me llevé de una mierdulería otro libro de la Colección Iker Jiménez, que tengo muchos, éste de aquí arriba, y leerlo fue la única actividad que hice en todo el día. Estos ladrillitos de divulgación pop me gustan mucho, aunque me gustarían aún más si los vendiera un vagabundo al fondo de un callejón en formato fotocopias grapadas, pero tienen su aquél. Y yo en realidad de nazismo sé muy poco, y menos aún de nazismo de risa, paranormal, conspirulero y sensacionalista. Como digo, fue un día muy entretenido, alucinando con cómo Hitler y sus amigos recorrían el mundo en plan Willy Fog buscando la Atlántida, Lemuria, Oz, Nibiru, el Cetro de Al-Khaddib, la Dragonlance, mjolnires, el tercer cuerno de María Estuardo, esqueletos de venusiano, oop-arts bizarros y la fuente de la eterna juventud. Tan divertido como un episodio de Agentes de S.H.I.E.L.D. zurrándole a Hydra en otra dimensión.

"La pesca de la trucha en América" (Richard Brautigan)


En este Nuevo Orden en el que estoy inmerso, por cuestiones que no vienen al caso, mi rutina de los lunes consiste en darme largos paseos recorriendo el barrio de Salamanca. Y descubrí que allí han abierto una sucursal de Libros Libres (que ahora se llama Tuuu Librería), esa no-tienda gestionada por una ONG en la que te puedes llevar libros por la voluntad y que, lo siento por el gremio, a mí me ha sulibeyado. Siempre que paso por allí encuentro algo interesante, y en una de esas tardes de lunes contemplativas encontré ¡3! nuevos ejemplares de la colección ochentera Star Books, que son unos de mis objetos-fetiche más buscados, y una copia de éste "La pesca de la trucha en América" de Brautigan. Le tengo mucha, muchísima manía a Blackie Books, no me gustan nada sus ediciones, ni la pátina de hipsterismo hedonista con que envuelven todo lo que tocan, ya lo he dicho alguna que otra vez. Pero bueno, por ese precio, le di una oportunidad, y me entretuvo bastante esta recopilación de narraciones obsesivas, lisérgicas y ultra-hippies, lanzadas desde la orilla en una botella vacía de whisky. Desde el epicentro de a Contracultura norteamericana, el tal Brautigan se hizo muy famoso con esta especie de prosa poética, samizdat post-industrial a medio camino entre un Bukowski de picnic y un Eroféiev recién llegado de la Guerra de Vietnam.

"Cómo ser grosero e influir a los demás" (Lenny Bruce, 2015)


Otra lectura refrescante y edificante de estas últimas semanas del año, una recopilación de textos semi-autobiográficos de Lenny Bruce para Playboy, que ha editado Malpaso. Tantos años después, su prosa sigue resultando picante y compleja, aunque demasiado cargada de sexo y guarrerías consuetudinarias (claro). Además, recuerdo que me influyó mucho durante su lectura, y lo sigue haciendo, cómo fue la presentación del libro, a la que acudí. Magnífico el trabajo de los encargados de la misma, 3 primeras espadas del humor madrileño "de izquierdas" contemporáneo, y todo muy bien, hasta que llegó el turno de preguntas, y aquello se transformó en un sainete extraño e incómodo, que prefiero ni rememorar. Lenny Bruce fue un genio, del que apenas tenía algunas nociones, y me temo que el espacio que debería ocupar en mi corazón está ocupado por Bill Hicks, pero este libro es un hito importante para todo fan de la comedia estandupera (como dicen en México, ¡argh!) norteamericana.

"Sangre americana" (Benjamin Marra, 2015)


Sucumbí yo también a la fiebre Benjamin Marra, autor del delicioso tomo "Sangre americana", que recopila algunos de sus tebeos de grapa. Marra es un tío interesantísimo, un tipo obsesionado con la Historia, la formación académica y los tebeos malos. Su concepto del cómic está a las antípodas del de gente como Chris Ware o, yo qué sé, Moebius, y para él el tebeo es una cosa de usar y tirar, un divertimento efímero que debe estar repleto de divertimento, sexo y violencia gratuita. Marra copa un género tebeístico inédito, y vendría a ser al medio lo que Andy Sidaris o Joseph Zito eran al cine. En sus historietas, que a ratos parecen dibujadas por un Howard Chaykin veinteañero y escritas por un Quentin Tarantino de ácido, mezcla aventuras de gangsta-rappers armados en el Los Angeles de los primeros 90s, con fábulas de espada y brujería y rayos láser y tanques y tetas, o salvajadas de sectas terroristas racistas con tetas. La edición, así como la pasión que pone Autsaider Comics en todo lo que hace, son maravillosas.

"Atlantis ataca" (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


He actualizado muy poco este blog últimamente, porque mi relación con el ordenador se ha ceñido a preparar programas de radio y sesiones musicales, a intentar terminar los 3 ó 4 larguísimos documentos que tengo empezados, o bien a preparar el Apocalipsis. Por no hablar de que Netflix. Y además, sigo inmerso en la relectura de TODOS los tebeos de Spider-Man que jamás ha publicado la editorial Marvel. Me estoy adentrando lentamente en los años 90s, ya he llegado a la etapa de David Michelinie y Todd McFarlane en Amazing, y con 20 años más descubro que ese primer y jovencísimo McFarlane pre-Image dibuja horriblemente mal. Mucho espectáculo, mucha tela de araña entrelazada y sorprendentes composiciones góticas, pero las caras que dibuja dan un poco de asco, y en algunas perspectivas le sale Spider-Man con unas cachas que parecen las de Vicente Belda, o en otras Mary Jane tiene unas piernecitas como las de un ruiseñor herido. Los primeros planos de perfiles que hace McFarlane revuelven el estómago, y su obsesión por las capas churiguerescas de los malos y los cuerpos caricaturescos resulta vergonzoso. Aprendió muy deprisa, eso sí, y pronto todo deja paso a simple espectacularidad y lo molón, pero con las ganas que tenía de alcanzar esta etapa, ahora me da repeluco. Además, mientras tanto en las otras dos colecciones, Web of y Spectacular, estoy redescubriendo algunos momentos gloriosos, con unos Peter David/Alex Saviuk y Gerry Conway/Sal Buscema absolutamente pletóricos, y unas tramas y diálogos soberbios de los que Michelinie está a años luz (que también me está pareciendo muy flojito; sin duda sus textos eran ideales para mi yo de 13 años). Sabía que pasaría esto, y estoy asombrado asumiendo ahora que ese fenómeno que me marcó tanto a comienzos de los 90, con el aterrizaje de dibujantes brillantes y refrescantes que nos atraparon a los jóvenes excitables (Lee, McFarlane, Portaccio, Liefeld, etc.), soterró el magnífico trabajo de la generación anterior, que estaba en su máximo esplendor. Me estoy reconciliando con artistas a los que menospreciaba, como Ron Lim, Jim Fern, Mike Zeck, etc. Y también me hace mucha gracia contemplar los primeros pasitos de Mark Bagley, un artista que siempre me ha entusiasmado (New Warriors o Thunderbolts forman parte de mi Olimpo personal) y me ha parecido correctísimo, un más que digno heredero de la Marvel clásica de los 60s y 70s. Sin ruido, sin estridencias, el chaval dibujaba exactamente igual en 1988 que en 2015. Me chifla.

Aparte de algunos fill-ins o annuals, para poco a poco irse apoderando del personaje en el futuro, Mark Bagley se calza 84 páginas, serializadas en todos los annuals de 1989, que conforman la historia de "La Saga de la Corona Serpiente". Conocía perfectamente esta historia, y la ideificación de la corona con el SLA, pero nunca había leído estos complementos completos. Con guiones de Peter Sanderson, el fricazo que se hizo él solo todas las fichas de personajes de Marvel y DC en los 80s y 90s, la Saga de la Corona Serpiente es un homenaje y puesta a punto de todo el Universo Marvel, con guiños a la obra de Lovecraft o Robert E. Howard, a la pre-Marvel de Namor y los dioses asgardianos y a la Marvel más hippie y cósmica de los 60s/70s, en la que incluso fusiona el mundo de Conan con el de sus superhéroes. Una epopeya fantástica que ni siquiera conocía. Por lo demás, sí que recordaba algunos momentos de ¡Atlantis ataca!, como las peleas de los mutantes contra esa deliciosa colección de hombres-serpiente de todo tipo, drogas-serpiente, edificaciones-serpiente, etc.

Justo antes de ¡AA! también me tocó releer la saga de "La guerra de la Evolución", que también tenía enfangada en la memoria. Todo aquello de los lemurianos, los hombres-topo, los Desviantes, los Nuevos Dioses... También disfruté, con la boca abierta todo el rato, de "La última cacería de Kraven", una Obra Maestra de la era del nacimiento de la novelagráfica moderna y lo sellos indies. Y en breve me enfrento, otra vez, con Inferno. Las sagas modestas pero grandilocuentes de los 80s que conformaron el "Marvel way of life". Aquellas guerras tierra-mar, superficie-intratierra, cielo-infierno, etc., que plagaron el MU de dioses, seres extraños, razas y mitología épica, construidas con esmero y dedicación por guionistas y dibujantes que eran grandísimos y yo despreciaba, en la prórroga previa a convertirse en pasto de fan-favorites que lo llenaron todo de rayitas, dientes, rifles futuristas gigantescos y testosterona. Y estoy disfrutando mucho con todas estas niñerías de colorines para niños, desde una perspectiva adulta.

"Mr. Mercedes", Stephen King (2015)


Una de mis últimas lecturas del año 2015 ha sido una decepción considerable. Stephen King estira y estira una historia simple y absolutamente predecible, sobre un policía jubilado que investiga por su cuenta uno de los casos sin resolver que quedaron en la comisaría, en torno a un misterioso asesino de masas, que hace un par de años asesinó a 8 personas atropellándoles con un coche y dándose a la fuga. Alternando entre los quehaceres del policía y del chiflado delincuente, la historia apenas avanza mientras se nos presentan a los otros cuatro o cinco personajes que conforman la historia. Una página web de contactos, a través de la cual intercambian información, y bastante palabrería informática, y la historia de amor del protagonista con la acaudalada heredera de una de las víctimas, llevan el peso del parsimonioso desarrollo. Lo único que me sacó del tedio y me hizo sobrecoger y alimentar mis pesadillas, es el episodio en el que nos cuenta el pasado de Mr. Mercedes, todo lo que sucedió con su hermanito pequeño y cómo su desgracia va dando forma a la relación platónica del asesino con su madre. Por lo demás, es como un capitulito de una serie procedimental alargado y bastante desaprovechado.

Biyernes, Disyembre 11, 2015

Miyerkules, Nobyembre 18, 2015

"Fatso" (Arild Fröhlich, 2008) / "I love you, man" (John Hamburg, 2009)


En todo este tiempo que llevo sin actualizar, me he instalado el Netflix; así que como todo quisque, como toda parejita modosa, como todo dios en estas fechas del desembarco, me he pasado mis buenas horas de "Netflix y cuchara". Vi unas cuantas películas muy conocidas. Me sorprendieron gratamente "Red" y "Red 2", inspiradas en el cómic de Warren Ellis y protagonizadas por Bruce Willis, Helen Mirren, Morgan "Jamás he rechazado un guión" Freeman y otros sesentones de Hollywood, que hacen de superagentes de la CIA retirados que una y otra vez se ven obligados a intervenir para salvar el mundo. Tengo muchos, muchísimos, una gargantuesca catarata de prejuicios hacia el cine de acción norteamericano, al que miro apenas de reojo, pero no sé cómo llegué a estas dos y me entretuvieron bastante. También vi, entera, la última sitcom de Ricky Gervais, Derek, que en realidad es carnaza sensiblera, nada de humor negro ni gamberradas. De hecho, es increíble que de una cabeza tan podrida y curtida en la incorrección como la de Gervais, salgan tramas tan insoportablemente tiernas y emocionantes. Bastante curiosa. Y luego he visto otras muchas mierdas, como todo el mundo, e incluso, como al Netflix lo carga el Diablo, una vez después de largos minutos buscando algo que me entretuviera, me puse a ver Águila Roja. Porque no puede ser que toda la ficcón española sea tan mala como la que he visto; tiene que haber alguien haciendo un trabajo decente. De esta serie de La Primera se habla tanto, está durando tanto y tiene un planteamiento tan loco (una especie de superhéroe/ninja del medioevo que lucha contra un Siglo de Oro corrupto) que tal vez hasta era decente. Lamentablemente, descubrí que adolece de los mismos clichés y complejos que toda la ficción televisiva española de gran audiencia. Los pobres guionistas intentan hacer nuestro Juego de tronos, pero los que ponen la pasta quieren que la serie enganche por igual a la abuela, al niño, al matrimonio gay, al ama de casa, al alto ejecutivo, al albañil y al gato, y les quedan unas mierdas políticamente correctas, simplonas, lentas e indescriptiblemente sosas. Y que, pase lo que pase, tienen que durar todo el primetime y parte del día siguiente. Después de aguantar unos cuantos chistes de Arévalo, dos o tres triángulos amorosos, llantinas constantes, gente que habla como Ramoncín en el siglo XVII, tener que darle al rewind cada dos por tres porque no entendía a los actores, y unas tramas absurdas que suceden todas por casualidad, porque sí, en el mismo callejón de Madrid en el que todo confluye y las cosas y la gente se encuentran por casualidad en el suelo, decidí tirar la toalla después de ver este plano de LA FOSA COMÚN, y confirmar que, efectivamente, todo era una tomadura de pelo:


Y sí que un día me vi dos comediarrománticas anómalas seguidas, que me entretuvieron bastante, dos comediarrománticas alejadas del estereotipo y el estándar americano. "Fatso" es un reciente éxito del cine noruego, realmente oscuro y salvaje. Cuenta la historia de un gordo freak, adicto al porno y que dibuja tebeos guarros, que vive solo en un enorme piso familiar, hasta que su padre decide obtener algo de pasta extra alquilando una de las habitaciones. Concretamente, a una prima lejana que está bastante buena, y que por supuesto viene a revolucionar la vida del zampabollos, que se enamora desesperadamente de ella y odia a su novio surfero. Pronto, su relación se convierte en la del clásico pagafantas que hace lo que sea por la chica, pensando que conseguirá su amor, sin ser consciente de que eso solo sucedería si estuviese en una película norteamericana, y no en esta crudísima fábula noruega, más cercana al espíruto de Harvey Pekar o Todd Solondz. El corazón desbocado de Fatso le lleva a una espiral de prostitución, onanismo, alcohol, violencia y desesperación, terrible y dolorosamente realista, con escenas de puro neorrealismo, una fotografía bellísima, unos secundarios inenarrables que harían buenas migas con Napoleon Dynamite o el dependiente de la tienda de cómics de Big Bang Theory, y por si fuera poco unas cuantas escenas oníricas de cómic underground y weird art animado.

Por otro lado, el Netflix me sugería todo el rato que me viera todas las comedias protagonizadas por Jason Segel (creo que solo me queda por ver el vídeo de su comunión), y a ciegas llegué hasta "Te quiero, tío", que no me sonaba de nada y que me pareció muy simpática. El protagonista es Paul Rudd, que es un treintañero que lleva tantos años con pareja, que no se relaciona con ningún tío y no tiene ningún amigote. Un perfil muy acertado, y que no había visto reflejado antes en el cine. Ante su inminente boda, no tiene ni siquiera un padrino ni ningún varón a quien invitar, así que decide buscar un amigo, y es aquí donde la sandwichera de clichés y estereotipos de la comediarromántica norteamericana se pone en marcha, y asistimos al clásico cuento de chico conoce a amigo, chico se engancha de amigo, chica se interpone en relación entre amigos... ciscándose en esos mismos clichés y armando una comedieta bastante simpática, destacando el papel de Segel, que hace de ese amigo soltero, libre y solitario que también me suena tanto.

Dramáticas Aventuras Trimestrales Ilustradas, Especial recopilatorio nº 1


Hay un nuevo DATI en el mercado. Con este ejemplar, ya son 10 los que llevamos editados (7 números corrientes y 3 especiales). Esta vez, lo hicimos muy deprisa, en tiempo récord, en un apretón durante el fin de semana anterior al Graf, porque es un evento que nos gusta mucho, e iba a ser una pena ir allí sin ninguna novedad. Bueno, por mi parte llevé también el "Homer-Visión", que había funcionado muy bien en la venta a domicilio, pero todavía no lo había sacado a pasear (y unos pocos "Tania y el SLA", que prácticamente ya se han agotado, como todo lo anterior de mis fanzines). Como siempre, nuestro tenderete era un primor, con setecientas cosas de colorines ahí apretadas:


La idea era haber tenido listo el número 8 de la colección normal, pero a falta de una semana para el evento, quedaban demasiadas cosas por hacer. Así que en dos telefonazos decidimos sacar una recopilación de las páginas pertenecientes a la fotonovela de los números 1 a 6, y redondear el recopilatorio con un largo artículo introductorio explicando qué es todo esto. En realidad, en el artículo, que hice yo mismo, es una especie de "la historia oral del DATI", narrando cómo nuestro fanzine se publicó por primera vez en la era victoriana, como un panfleto modernista/victoriano, y cómo fue su desarrollo a lo largo de todo el siglo XX, sobreviviendo a dos guerras mundiales, una guerra civil, una dictadura y toda una serie de percances. Creo que quedó bastante gracioso, o al menos yo estoy muy contento con el texto (siempre siendo muy consciente de que esto es una bobada, un pasatiempo extraordinario). Por un precio muy ajustado, así, este nuevo lanzamiento de Dramáticas Aventuras Etc consta de 48 páginas de historieta, el texto introductorio (profusamente ilustrado), y alguna que otra página de complemento para cuadrar el montante, incluida una contraportada, que también hice yo, en la que por primera vez nos hacemos fuertes el equipo de fanzineros que solemos hacer piña en las convenciones para sacar nuestros papeles.


Yo ya me había leído una vez la fotonovela del tirón. Es un placer contemplar algunos fotomontajes, de enorme nivel, que hace Scari, y recordar el cachondeo que nos traíamos al hacer los guiones o idear personajes y situaciones. Y creo que el conjunto es una cosa muy digna; impresicindible para el fan de las fotonovelas de viajes en el espacio-tiempo, invasiones alienígenas y chimpancés armados. Pedidos aquí o aquí.

Miyerkules, Oktubre 21, 2015

Darth Vegas - "Darth Vegas" (2003) / "Brainwashing for dirty minds" (2012)

Otra banda que descubrí hace poco, y con la que estoy muy a tope. Mr. Bungle, el proyecto de Mike Patton de metal desconcertante, carnavalesco y chiflado, en el que cabía tanto el speed metal como el free jazz, Morricone, Zappa, Zorn, Mancini o el flamenco, fue una banda que me voló la cabeza cuando me empecé a sumergir en su mundo, a finales de los 90s. Sus fans tenemos demasiado asimilados sus tres discos y soñamos con su regreso tarde o temprano. Mientras tanto, tenemos que conformarnos con otros proyectos cercanos de Patton, alumnos aventajados como Mind Control Agency, Idiot Flesh, Diablo Swing Orchestra, a.P.A.t.T., Le Singe Blanc, Plankton Dada Wave, The Tango Saloon... Pero ningún otro grupo que conozca se ha acercado tanto al sonido y el espíritu de Mr. Bungle como esta banda de siete músicos de Sidney, liderada por Michael Lira, un auténtico spin-off que emula a sus ídolos de manera certera y entusiasta. El jazz entretenido y cartoonesco, el metal burlesque (¿bunglesque?), los ritmos sincopados, los cambios de género constantes en una misma canción, las voces impostadas, sonidos extraños, bandas sonoras de spagetti western y pelis de espías... Todo ese conglomerado de sonidos, sin abandonar el rock duro, es lo que presenta este grupo australiano, con estos dos discos alocados y entretenidísimos que no decepcionarán a ningún fan de Patton.

Klingon Klez - "Honey, would you be meshuga tonite?" (2005) / "Blue suede jews" (2006)

La música klezmer, el folklore de la etnia judía, en los últimos años se ha desarrollado y mezclado con todo tipo de géneros modernos (como el resto de la música tradicional de todos los rincones del mundo, por otra parte). En mi minúsculo programa de radio tengo intención de repasar muchos de estos fenómenos puntuales, adaptados al siglo XXI, y ya le dediqué un programa al sonido de la Diáspora recientemente, donde sobre todo me centré en mis cosas favoritas de cuanto controlo del sello Tzadik, y la encomiable labor de músicos como John Zorn para acercar estos sonidos a los jóvenes contemporáneos. Pero también me vino al pelo para pinchar un tema de Klingon Klezmer (o Klingon Klez), un grupo estupendo que tienen dos discos divertidísimos en los que, sin salirse de las armonías e instrumentación habituales en el género, incorporan elementos de ciencia-ficción, temas cantados en klingon (el lenguaje de la raza antropomorfa con "agallas" en la frente de la serie Star Trek), disfraces y cachondeo. En ambos discos, con sus atractivas portadas y libretos ilustrados con estética de comic-book, esta banda de Philadelphia liderada por Jack Kessler asegura traer su música desde un planeta lejano del futuro, y además de añadir arreglos contemporáneos y eléctricos a piezas tradicionales, componen sus propios temas, algunos de ellos cantados en la lengua de Worf (em Shab'hi, Baym Rebn, Zol shoin kumen, Mojo Shabbos... aunque podría ser hebreo o cualquier otro lenguaje que desconozco, y apenas recitan unas pocas palabras extrañas). Divertidos bailables de klezmer novelty con títulos como Return of the alien bar mitzvah tutor, When the fat Klingon sings, Klingon mating dance o Party at the end of the Universe hacen de ellos una banda única y divertidísima de folk exótico de ciencia-ficción.

Necro Nazis - "Jew" (2008)

Hace algún tiempo, documentándome para un texto, descubrí un ingragénero fascinante dentro de la música metal: el black metal acústico. Básicamente, fans del black metal (esa vertiente ruidosa y gutural del heavy metal, a menudo repleta de mensajes blasfemos, paganos, satánicos y/o anticristianos, que prácticamente es la música pop de países como Noruega) interpretando canciones salvajes, engolando la voz y emulando a las famosas bandas de black metal, pero empleando solo la voz, una guitarra acústica y percusión rudimentaria, generalmente hecha golpeándose las pantorrillas con las palmas de las manos. Puntualmente, algunas bandas añaden flautitas de punkie, armónica o golpean latas con objetos que tengan a mano; el intríngulis del asunto está en las voces guturales y la actitud. Las guitarras eléctricas, la cascada de sonido sinfónico como salida de mismisimo Infierno, el bajo machacante, el doble o triple bombo y las voces oscuras y satánicas hay que imaginárselas, están en la cabeza de los músicos, que lo que hacen es aporrear una guitarra y croar frases sin sentido. Es una disciplina ideal para que los amantes del black metal puedan disfrutar de su afición haciendo un corrillo en un parque ante unas litronas, o durante un fin de semana de acampada en la sierra, sin necesidad de ceder a otros géneros musicales ridículamente no satánicos. Lejos de parecer un experimento aleatorio, todo esto tiene unas reglas muy concretas, establecidas por una banda llamada Impaled Northern Moonforest en 2000, en su disco del mismo nombre. Aquel artefacto, hoy inencontrable, fue el experimento del líder de una auténtica banda de black metal de Boston, Anal Cunt, un tipo llamado Seth Putnam, politoxicómano e inquieto salvaje, que sentó las bases del asunto con aquel lanzamiento. En aquel disco se establecían todas las características del infragénero: las portadas deben ser cutres, infantiles, naïf, hechas a boli o con MS Paint a mano alzada, parodiando la simbología oscurantista habitual de las bandas serias; las canciones, como digo interpretadas con guitarra acústica, voz y percusión humana, deben ser cortísimas, rondando los 30 segundos; los títulos de las canciones deben parodiar el salvajismo blasfemo de los originales, exagerándolo y retorciéndolo hasta el ridículo; y todo debe estar rodeado de cierto misterio y anonimato (no se supo que detrás de este disco estaban Anal Cunt hasta tiempo después).

Y por supuesto, aquí había también mucha autoparodia y sano cachondeo. "Impaled Northern Moonforest" incluía cortes como Lustfully worshiping the inverted moongoat while skiing down the inverted necromountain of necrodeathmortem, Awaiting the frozen blasphemy of the Necroyeti's lusting necrobation upon the altar of Voxrfszzzisnzf, Gazing at the blasphemous moon while perched atop a very very very very very very very forsaken crest of the Northern mountain... Las canciones, sin embargo, consistían en bramidos indescifrables. A raíz de aquel lanzamiento se produjo, a mediados de la primera década del siglo, un boom de los discos de black metal acústico pergeñados por aficionados y profesionales parapetados en el anonimato, que seguían esas mismas directrices. Y surgieron montones de bandas nuevas, con nombres como Frostbitten Yeti Cock, Inverted Inverter, Grim Necro Corpses, Nocturnal Frost Fjørd, Nekro Vomit, Necrowizard Spell, Inverted Necromancer, Saftyricon, Grim Demons Of Frostbitten Forests Of Kohmo, Wolfvein, Aaron Burr, ÖRGH, Rgrarrgkhth, Foresta Insontina... Y docenas de discos o casetes con portadas churretosas, titulos como grimorios y una duración total de unos 10 minutos. Cuando yo descubrí esto, y empecé a escuchar estas cosas, quedé fascinado por el concepto, y a veces realmente te partes de risa con el asunto. El humor es naturalmente una pieza fundamental aquí: esas voces aguardentosas de las bandas originales, que en disco suenan tan tremebundas y apocalípticas, en versión suecada y de parque quedan ridículas y apocadas, como cuando uno canta en la ducha para sí; el afán por imitar black metal sinfónico queda desactivado pero se lo puede uno imaginar, cuando llegamos a los temas instrumentales (con lentos punteos que hay que suponer atronadores), y ahí está también parte de la gracia, o de lo que a mí me fascina, que es que el silencio debe ser incorporado mentalmente como ruido infernal; y entre los títulos también existen bromas comunes, como desearle la muerte constantemente a Dave Mustaine (supongo que por demasiado tiernito; fue aquel primer guitarra de Metallica al que echaron a patadas y, enfurruñado, se fue a fundar Megadeth; por ejemplo, en los temas God created Dave Mustaine and therefore he too is a faggot de Dodfrisor, o el álbum Dave Mustaine sounds like a vagina de Nyhetsvarsel), exagerar hasta la parodia las alusiones a necrosis múltiples y enfermedades mortales, cachondeo a costa de las tendencias sexuales de los monstruos y razas inventadas por Tolkien (llevado esto al paroxismo en discos como "Exorcizing the Gaylord of the Cock Rings", 2007, de Inverted Crossvortex), todo tipo de cosas puestas del revés (mucho más allá de las cruces) o barrabasadas surtidas acerca del Evangelio (Fuck you Jesus, Christians are gay and untrve, de Infected Necromancer, que podría pasar por himno de la Iglesia Bautista de Westboro)... y nacional-socialismo de risa. Entre las más conocidas bandas reales de black metal anticristiano noruego (Mayhem, Burzum y demás) además de todas esas leyendas sobre iglesias quemadas, sacrificios de bebés, vampirismo, asesinatos, mutilaciones, etc., era y es muy habitual la iconografía nazi, la exaltación de la raza aria, el supremacismo, etc., me temo que tomándoselo muy en serio, en la línea de su compatriota tarado Breivik. En el black metal acústico (que es un fenómeno sobre todo del Oeste de EEUU, aunque también hay bandas punteras del norte de Europa o de Brasil), esa apología del nazismo también se incorpora, de risa, como en el álbum destacado, que incluye canciones como la baladita The sound of me shitting down your jew mother's throat you stupid jew, Eating Jews for lunch o Jerry Seinfeild has a big nasty Jew nose (dan bastante más miedo las niñitas arias de Prussian Blue). En fin, todo muy divertido para escuchar en Navidad con la familia (un buen sitio por el que empezar, además de los 2 discos de Impaled Northern Moonforest, puede ser el recopilatorio "Invocations of Abazagorathic unholiday grimness", de 2007). Sinceramente, a mí me gusta más esto que el black metal normal, y muchísimo más que el insufrible metal electrónico, y mejor están los chavales por ahí tocando canciones mientras pinchan marshmallows en la hoguera que sacrificando vírgenes.

Miyerkules, Oktubre 7, 2015

Tom Maxwell - "Hot: My life in the Squirrel Nut Zippers (A memoir)" (2013)

Tom Maxwell fue el guitarrista de Squirrel Nut Zippers, una de las bandas de rock que más me gustan de todos los tiempos, si no la que más. Injustamente asociados a la escena neoswing que surgió a mediados de los 90s (con montones de grupos de revival de música "discotequera" de los años 20s y 30s, como Royal Crown Revue, The Brian Setzer Orchestra, Big Bad Voodoo Daddy, Cherry Poppin' Daddies, Cigar Store Indians, etc.), SNZ fueron en realidad mucho más allá de ese (maravilloso, por otra parte) fenómeno, y de aquel revival que recuperó la esencia del swing norteamericano y lo "tradujo" y adaptó para las nuevas generaciones, llenándolo de sobreproducción, vientos, coros, un sonido impecable y fresquísimas orquestas de jóvenes tatuados y engominados, que recogieron esos viejos temas de Cab Calloway, Glenn Miller, Benny Goodman, Duke Ellington, Louis Armstrong etc., que en los formatos originales ya sonaban apagados y crujientes. En esos mismos años 90s hubo una explosión de nostalgia musical, con otro buen puñado de bandas que se pusieron a armar como locos bandas actualizadoras del rockabilly (derivando en el psychobilly), el swing (surgiendo cosas tan horribles en su mayoría, en mi opinión, como el electroswing), la música lounge, el country... Pero no es justo calificar a SNZ como una más de estas (fantásticas, insisto) muchas bandas revisionistas. En primer lugar, porque en SNZ confluyeron un puñado de músicos de muy diferente educación musical, liderados por un Jimbo Mathus que es una auténtica enciclopedia del pre-war-blues, un redneck brillante y carismático que junto con su novia Katherine Wallen (artista outsider que resultó tener una voz deliciosa), el chalado vientista Ken Mosher, el virtuoso Don Raleigh de profundo arraigo jazzístico, Tom Maxwell, coleccionista de discos y musicólogo excepcional, o el aporte puntual de Andrew Bird (probablemente, mi artista favorito, que creo que no necesita presentación), Stacy Guess (ex Pressure Boys) o Chris P. Así, SNZ no eran ni mucho menos una banda de neoswing, sino un inclasificable carrusel de referencias retro, una coctelera en la que se cocinaron las enseñanzas de Django Reinhardt, Stephane Grappelli, Raymond Scott, Robert Johnson, Big Star, Tom Waits, Miles Davis, Stephen Foster, Fats Waller, Glenn Miller... a los que añadían ingredientes com el dixie, gipsy jazz, klezmer, vaudeville, blues, punk, lounge, mento, calypso...; y en segundo lugar, porque SNZ, a diferencia de la mayoría de los citados (y de esas toneladas de bandas de revival de todos los estados de la Unión que se alquilan para bodas y bautizos) no se limitaban a hacer versiones de aquellos viejos temas grabados en polvorientos discos de pizarra o pequeños vinilos sin portada, sino que componían la inmensa mayoría de sus temas, y fabricaron su propio sonido y su leyenda.

Al propio Tom Maxwell, en estas memorias que publicó hace poco (me encontré con ellas por casualidad en Book Depository, y aunque no suelo hacer compras online, esta vez me lancé de cabeza, y llegó a mi casa hace unas semanas), le cuesta clasificar qué es lo que querían hacer con SNZ cuando se fueron conociendo, en los bares de Chapel Hill (NC). Maxwell, por aquella época, definía ese limbo de géneros y sonidos de la primera mitad del siglo XX, simplemente, como "hot". En su extraordinario libro, que se ha convertido en uno de mis objetos favoritos (con esa portada suave e impermeable) narra los comienzos de SNZ, y el fuerte carácter de cada uno de sus miembros. Nos introduce en las primeras giras, la nerviosa grabación de sus primeras composiciones (Tom dice que su tema favorito de SNZ siempre fue Wash Jones... ¡igual que el mío! Que por cierto, ¿qué tiene esto de swing?) en estudios de grabación llenos de historia. Cómo la primera vez que se pusieron a improvisar, por ejemplo, estaban en casa de un amigo excéntrico que solo tenía en la cocina 1 sola cuchara, 1 tenedor, 1 plato... y para tocar la improvisada batería tuvieron que utilizar dos cepillos de dientes, lo único emparejado que encontraron por allí. El grupo se fue formando a partir de casualidades, y Tom entró en la banda con su amigo Stacy, el primer trompetista, que falleció de sobredosis de heroína justo cuando SNZ iniciaban su primera gira europea. Narra episodios como cuando Jimbo creyó ver un fantasma en un destartalado estudio de grabación en Chicago, y jugaron a la ouija para invocarlo. Cuenta montones de bromas que se hacían entre ellos, pequeños detalles sobre cada uno de aquellos jóvenes vintage, la historia de cómo mi ídolo Andrew Bird se les acercó después de un concierto en un pueblecito de Chicago, y dijo que soñaba con tocar en una banda como ésa. El libro está escrito con pasión y fluidez (el autor actualmente escribe en bastante prensa musical), y al mismo tiempo con cierto deje escéptico e incluso rencoroso. El libro es breve, pero lo estoy disfrutando lentamente, y en realidad aún no lo he acabado, ya que todo apunta a que la relación entre Maxwell y Mathus se oscurece y esto no tiene un final feliz. Y yo sueño a menudo con que SNZ vuelven a juntarse, graban montones de canciones nuevas, y aceptan la invitación de tocar durante el banquete de mi boda con la guitarrista de The Ladies. Pero recomiendo vivamente la lectura de estas memorias repletas de referencias musicales, tonos sepia y rincones analógicos de la América Profunda.

Miyerkules, Setyembre 30, 2015

REUNIÓN DE MAJORETTES

Soy de esas personas a las que les gusta más la radio que el audiovisual; aunque solo sea por mi poca paciencia y mis dificultades para estar sentado más de media hora mirando una pantalla, la música y la radio musical siempre han sido mi fuente favorita de entretenimiento doméstico. Fanático y un poco nostálgico de la Radio 3 de los 90s, idólatra de figuras del medio como José María Rey, Paco Pérez Bryan, Diego Manrique, Jesús Ordovás, "Cifu", Ramón Trecet, Los Hermanos Pizarro o Juan de Pablos, desde muy pequeñito me recuerdo pegado a un transistor, y continuamente comprando casetes en los que hacerme recopilaciones de las canciones del arradio. De pequeño yo hacía radio imaginaria desde mi casa, entrevistaba a mi hermano pequeño cuando yo tenía 12 años, y también grababa programas con mis primas cuando venían a casa. Recientemente, también he emitido muchas veces lo que escuchaba desde Grooveshark, 24 horas, e incluso en algún momento ¡tuve oyentes! Pero sin locución, claro, y desde mi casa para internet, y no es lo mismo. Recuerdo con mucho cariño la primera vez que escuché por la radio a muchísimos artistas en los primeros noventa, que de alguna manera me cambiaron la vida (Nirvana, Pavement, Fugazi, Extremoduro, Albert Plá, Rage Against The Machine, Violent Femmes, NoFX...), muchos festivales, muchísimas horas aprendiendo cosas con Pioneros, infinitas tardes entusiasmado con aquel magazine que se llamaba Déjate besar o mañanas con la etapa buena (post-"comechochos"-Motos) de No somos nadie, con los primeros programas-despertador musicales de la radio pública; recuerdo cómo me tragaba todas las tardes el Discópolis, esperando a esos momentos en los que a José Miguel López, solo dios sabe por qué, se olvidaba de sus músicas del mundo y radiaba completos conciertos de Green Day desde casas ocupadas o desgranaba extraños discos alemanes de versiones punk; de hecho, yo creo que podría recitar aún la parrilla de Radio 3 con sus correspondientes locutores, de mediados de los 90s; y gracias al fanzine Mondo Brutto, o a los libros que sacó La Máscara, pude saber muchas cosas interesantes sobre la vida real de los locutores; también idolatro a varios locutores de la WFMU, al Dr. Demento, incluso a muchos locutores de radio política o deportiva (que nunca me ha interesado demasiado; salvo los tiempos de La ventana cuando volvía del cole en esa misma época, que me lo pasaba pipa escuchándolo) solo por cómo admiro su profesión...; yo llamé varias veces a Radio 3 y salí en antena, concursando para que me enviaran a casa discos, libros y entradas. En una ocasión llamé al show Peligrosamente juntas, y Juan José Millás adivinó que estaba tirado en la cama de mis padres, y me dejó un poco loco; en los comienzos de Los conciertos de Radio 3 fui al menos 5 veces a los estudios de Prado del Rey con un colega (antes de la aséptica reforma, cuando aquello era más parecido a un colegio destartalado, y siempre insistimos para que nos hicieran una visita por las instalaciones. Me acuerdo de ver a varios técnicos echando la siesta por los pasillos, y me acuerdo de que pude saludar a algunos de esos locutores y les puse cara por primera vez (Julio Ruiz, Chema Rey, Pilar Arzak) antes de ver sus fotos, y les hacía mucho ilusión que los geeks de la radio se interesaran por sus cosas, en lugar de ir solo por los conciertos gratis; también fui bastantes veces a ver la emisión en directo de Gomaespuma o La jungla de José Antonio Abellán (en los tiempos del "Uka chaka..."). Cuando saqué mi fanzine de música rara, escribí a Radio 3 a ver si Javier Crudo me lo mencionaba y me los quitaba de encima, y en lugar de eso me pasó su teléfono y quedamos en hablar. Poco después grabamos un programa entero poniendo mi música. Me vinieron a buscar a casa y me devolvieron a la misma en un coche de empresa, pude estar un rato con los redactores, con Javier y con "Cifu", que hacía el programa previo. Con el tiempo, también he estado invitado en las instalaciones de la Ser en Alcalá de Henares varias veces, en Radio Carcoma, en Radio Círculo, en unos estudios en la Gran Vía y en una radio de Vallekas que no recuerdo los nombres... Y en Guadalajara tengo varios amigos que hacen o han hecho radio en una emisora que se llama Radio Arrebato, que funciona desde 1988 desde un instituto de esa ciudad. Tengo amigos allí, y he ido muchas veces, a pasar el día, a ver conciertos, a pinchar e incluso a hacerme cargo durante una temporada de un bar legendario de punk-rock que hay en el casco viejo, un pub de rock como los que había antes en Madrid, y que ya no quedan. Me obsesiona la radio, toda la magia que conlleva, la compañía que hace durante las 24 horas del día... Con la irrupción de internet, el podcasting y la increíble web de RNE en la que todo queda registrado y se puede descargar, mis rutinas radiofónicas han cambiado. Por alguna razón, ahora apenas escucho en directo (muchísimo) Radio Clásica a través de la tele, que la sintonizo pulsando un solo botón siempre que nada de la programación me atrapa, y la WFMU o la radio de Stephen King (que ahora no recuerdo el nombre) a través de sus app para el móvil. Siempre hay algo fascinante sonando ahí. Siempre pasan cosas fantásticas en la radio. El ritmo trepidante, la absoluta ausencia y rechazo de la imagen, la compañía que hace a oscuras, todo es maravilloso en este mundo de los transistores.

Y la semana pasada, sin habérmelo planteado, durante una nueva visita como invitado a Radio Arrebato, me propusieron, ¡en directo en antena!, ocupar yo mismo una franja horaria en la parrilla. Al principio me pareció que, aunque es el sueño de mi vida hacer radio (y mucha gente me dice que tengo "voz de radio"), ya surgiría la posibilidad en el futuro, que yo vivo en Madrid y que... y que... Qué coño, las oportunidades vienen por algo, y total tardo menos de una hora en llegar a la emisora. Los lunes por la noche tengo una nueva actividad extraescolar favorita, que consiste en coger un autobús que me lleve a la pecera de Radio Arrebato, ahí debajo del letrero de on air, y poner canciones. Llevo meses queriendo hacer un podcast, y con un amigo llevamos años pensando en ello (queríamos grabar desde un sótano de Malasaña al que teníamos acceso, ya no, hacer radio literaria y musical, imitando un poco a Rosa de Sanatorio, y entrevistar también a gente anónima o indigentes que nos cruzáramos por la calle), como hace ahora todo el mundo, que se compra un micrófono y se pone a improvisar sus chorradas... Me interesa mucho el mundo del podcast, y he escuchado docenas, y la mayoría me parecen una mierda espantosa. Coleguitas que se ponen a hablar de bobadas, creyéndose el centro del mundo porque tienen un micrófono de 100 euros y una wifi. De hecho, la radio pública también ha cambiado bastante, y algunos programas de Radio 3 sin ir más lejos no tendrían cabida en la exigente RNE de los 90s y 00s (y eso que en ningún momento estoy mencionando la radiofórmula...).

Ya no se hacen programas temáticos de radio musical salvo en Radio 3, ya no hay absolutamente nada más. Cero. Muchos locutores clásicos se han jubilado, y algunos de los nuevos tienen muchísimo nivel... pero algunos son muy lamentables (y no estoy pensando en el polémico Santiago Alcanda, al que yo respeto mucho). Yo quería hacer un podcast de música temática. Y la posibilidad de hacerlo en directo, desde una emisora profesional repleta de botoncitos y con sitio para tener invitados, 6 pletinas diferentes, micrófonos y auriculares profesionales, todo tan hermoso y con tanta historia alrededor, me ha motivado mucho y llevo varios días muy obsesionado con esto, con estar yo, de repente, al otro lado. Aunque no lo escuche nadie en directo, en estos tiempos que corren, y que su podcast tenga el mismo peso específico que cualquier otra puta mierda que hagan unos adolescentes, en realidad esto es bonito también. No sé si va a tener mucho futuro, y de hecho estoy sustituyendo a un programa de heavy metal cuyo responsable ha tenido un accidente grave después de 28 años en antena, y en cualquier momento esta aventura podría terminarse, y yo tendría que buscarme otro espacio en el que seguir con mi discurso, como un adolescente cualquiera; pero, de momento, estoy muy entusiasmado, y sueño con mi programa y duermo mal y me veo haciendo ejercicios bocales y hablando en alto tratando de eludir los latiguillos, casi hasta enfermar... Supongo que es cosa de la novedad, y de que haya sido tan repentino, tan inesperado, y que aquella emisora sea tan seria y repleta de gente tan maja. Y que Guadalajara tiene algo, también, que me fascina y me llama a volver cada dos meses como máximo a recorrer sus calles. Ahora iré una vez por semana, todos los lunes por la tarde, para hacer mi programa de 20.30 a 21.30, en directo, en soledad. Va a ser un invierno frío, porque en Guadalajara siempre hace casi 5 grados menos que en Madrid, y eso que en Madrid el invierno es jodido. Pero todo ello forma parte de la experiencia, y estoy haciendo un programa de radio, no un podcast desde mi casa contándole estupideces a mi primo y hablando de mí mismo todo el rato, como en los más exitosos y repugnantes podcasts españoles. Tengo un programa de radio, eso es así. El primero tuvo lugar este lunes, y a pesar de sus miles de fallos, estoy bastante contento, ya que lo preparé a contrarreloj, y después de escucharlo en su primera reemisión de madrugada, quedé muy contento, más por la selección musical que por mi intervención; tengo muchísimo que pulir, y quiero ir mejorando, siempre teniendo muy claro lo que quiero y lo que no quiero hacer. Ya tengo preparado (desde hace días, en realidad) el siguiente programa, estoy ultimando el siguiente y tengo anotaciones para los 15 siguientes. Esto me está resultando muy fácil, y me hace mucha ilusión pinchar canciones que probablemente no hayan sonado nunca en la radio española, y que a mí me entusiasman. El espíritu de Irwin Chusid, de Moncho Alpuente, de Frank Zappa, del Dr. Demento, de Ángel Álvarez, de Howard Stern, de Frasier Crane, de Doña Croqueta y de Encarna Sánchez se me han metido dentro, y espero que se me pase pronto esta enfermedad y este nerviosismo que me tienen engarrotado (todo el día desde hace una semana, salvo la segunda media hora que estuve ante el micro) y simplemente se convierta en una afición, que realice con toda la profesionalidad que pueda ir adquiriendo, y que a partir de ahora pueda decir que soy un radioaficionado, que me encanta. Ah, por si alguien lee esto, el programa es Reunión de Majorettes, y en ese blog que he creado y en su página de Facebook iré narrando qué pasa con todo esto. Ay, la magia del directo. Me hubiera gustado estar antes, pero me ha llegado ahora. No me interesan la payola ni los discos gratis, ni la audiencia, ni la fama; ni muchísimo menos, la tele o el cine, eso jamás me ha interesado para mí: es el rato en el estudio y la apabullante generación de ideas que me está asolando estos días lo que me reconforta. Ojalá me dure mucho tiempo esta sensación.

Huwebes, Setyembre 24, 2015

"A Weird Town story" (Jim Soler, 2011)

Me encontré por casualidad con este mediometraje de animación en stop-motion, creado por unos aficionados de los muñecos Playmobil. En el mundo de la animación amateur hecha con muñequitos, los brickfilms han conseguido auparse como un auténtico subgénero, y hace muchos años que me gusta mirar de vez en cuando piezas hechas con minifigs de LEGO, algunas llenas de imaginación y enormes dotes técnicas. Finalmente, la franquicia ha llenado el mercado de productos oficiales de animación con LEGO (con la extraordinaria "The LEGO movie" a la cabeza, y montones de largometrajes, escenas para videojuegos o experimentos como el capítulo especial de Los Simpsons, "Brick like me"), pero pasando por completo del asunto de la stop-motion, recreando enteramente sus creaciones por ordenador. Y en todo este asunto, la animación de Playmobil se ha quedado atrás; y eso que fueron los primeros en comercializar un pack para invitar a los niños a grabar sus aventuras en su cuarto. Y no sé qué andaba buscado el otro día, cuando me topé con esta extrañísima peli española de casi 50 minutos, en la que se mezcla tradicional stop-motion con animación por ordenador, con un resultado interesante, pero absolutamente extraño, bizarro, lisérgico. "A Weird Town story" es como un viaje de ácido dentro de la mente de un primo discapacitado de Tim Burton. Una cosa inenarrable. El doblaje es muy profesional, estupendo, y cuenta incluso con números musicales. La historia cuenta cómo un matrimonio y su hijo son desahuciados, y se ven obligados a buscar una casa nueva. La más barata la encuentran en una inmobiliaria. Una casa preciosa, pero demasiado barata, ya que está en el pueblo de Weird Town, y todos los inquilinos anteriores han huido de allí, porque... sus vecinos están locos. Se acerca la noche de Halloween, y los trastornados e infantiles habitantes de Weird Town están organizando una feria de monstruos, que será el momento crucial en el que los protagonistas deben decidir si se quedan allí o se marchan. Un coche-araña, una gigantesca monstrua robot, plastilina, efectos creados en Flash, bailecitos, muñecos trastornados que se arrastran sin mover las piernas, diálogos estáticos (el movimiento de las bocas se pinta sobre fotogramas inmóviles, en pausa)... todo es hipnóticamente raro, todo está inspirado enfermizamente en las películas de Tim Burton, y todo resulta increíblemente extraño. Asombroso.

Huwebes, Setyembre 17, 2015

"Homer-Visión (Las 1.001 películas que Homer Simpson vería antes de morir)" (Libritos Jenkins, 2015)


En los últimos días he estado ocupado viendo montones de cosas. Obsesionado con ese lenguaje audiovisual alternativo y sensacionalista que conforman las películas de recopilaciones de imágenes curiosas que de vez en cuando comento por aquí, y como fan de la serie de Los Simpsons (como ese "contenedor cultural" a través del cual explicar tantos fenómenos socio-culturales), decidí escribir un largo artículo que hilvana la historia del audiovisual alternativo, tratando de exponer una imagen global del fenómeno; y acabé juntando un fanzine de casi 70 páginas.



Un viaje que nos lleva desde alguno de los primeros cortometrajes de los comienzos del cine, a finales del XIX, que trataron de capturar fenómenos poco convencionales (el estilo de vida de las tribus en países en vías de desarrollo, ejecuciones de criminales, peleas de boxeo entre gatitos, la electrocución de un elefante, operaciones a corazón abierto, freaks de feria...), pasando por el boom del travelogue, las mondo movies, los collage films experimentales (que reflexionaban en torno a un lenguaje no narrativo desarrollado por los Surrealistas europeos, y el desprecio del Arte), y hasta llegar a las exhibiciones de atrocidades que se distribuían de forma semi-clandestina en la edad dorada del VHS, existe una historia soterrada del audiovisual, todavía más oculta y extrema que la que se cuenta en los numerosos (y necesarios) libros sobre "el cine más raro" y las cinematografías exóticas. Sin olvidarnos del papel que la televisión basura y la contemplación del vídeo efímero e insustancial de Youtube juega en todo esto.



¿Qué pinta Homer Simpson aquí? La televisión de Springfield, una vez más, sirve como ejemplo perfecto para explicar por qué a algunos nos interesa muchísimo más la película "Hombre golpeado por balón de fútbol", que el mayor éxito cinematográfico de Hollywood; los homers del mundo podemos pasarnos horas y horas mirando vídeos de demoliciones controladas de edificios, maratones de caídas en patinete, o ridículos programas de variedades sobre gente que se pelea o que se parece a sus mascotas; y los documentales amarillistas del fallecido Troy McClure son una cumbre del ephemeral film educacional breve de las décadas centrales del siglo XX, del que ya nadie se acuerda y que formó los cimientos de todo el audiovisual occidental.



"Homer-Visión" pretende ser un homenaje al tirarse horas mirando vídeos chorras de gatitos en Youtube a través de nuestro smart tv, una nueva forma de enfrentarse al audiovisual, en sustitución de la televisión y del cine, cuyo impacto aún no ha sido medido; también pretende juntar por primera vez en algún sitio montones de películas (no sé si llegamos a las 1.001 que promete, pero casi) que se encuentran en los márgenes de los márgenes del cine convencional: found footage, video-mixtapes, ephemeral films, cine mondo... Alguien tenía que hacer este trabajo, y Homer ha sido la inspiración definitiva.



El fanzine tiene 68 páginas ilustradas, incluye el ensayo principal, una entrevista al experto editor de Cinema Sewer Magazine (y co-autor de "Retard-O-Tron video mixtape"), un tebeo pirata de los Simpson, pin-ups exclusivos y un montón de reseñas relacionadas con todo esto de las películas de cápsulas de imágenes que alguien captó alguna vez y que se perdieron en el mar de los tiempos. Un trabajo apresurado e introductorio, que espero que interese tanto a los aficionados al cine extremo como a los coleccionistas de curiosidades de los Simpson.


Novedad de Libritos Jenkins para septiembre de 2015.

Te lo pongo en casa por 5€, gastos de envío incluidos, escribiendo a frunobulax04@gmail.com.

Huwebes, Agosto 27, 2015

"Eternal sunshine of the spotless mind" (Michel Gondry, 2004)

Una de las películas más extrañas y olvidadas de la filmografía de Jim Carrey es "El número 23". Mi recuerdo de esta peli es muy vago, así que tenía ganas de volver a verla, y más ahora que estoy cada vez más sumido en una aparentemente interminable espiral de conspiranoia y discordianismo. Encontré un e-Link que parecía decente, y lo puse a descargar. Tardó casi 4 días en llegar a mi bandeja de entrada, y esta sobremesa me dispuse a verla. A los pocos segundos, descubrí que me la habían colado. Algún desalmado bromista, en lugar de embutir dentro de la carcasa de "El número 23" una de porno gonzo entre transexuales enanos sin brazos, como está mandado, me había colado "Eternal hipster of the spotless hype", este gran éxito del cine increíblemente posmo.

Han pasado 11 años desde que la vi por primera vez, al parecer. A qué hostia va el tiempo. Cuando la vi estaba enamorado como una abubilla de Disney. De hecho, sigue siendo una de las películas favoritas de la mujer de la que por entonces estaba enamorado. Actualmente, estoy tratando de no sentir nada en ningún momento. Como un maestro asceta, duermo en una cama de clavos y tengo brasas candentes por la casa, por la que camino descalzo con la mente en blanco. He dejado mi trabajo, he dejado el alcohol, he dejado de salir de noche, he dejado de enamorarme, he dejado de drogarme y he empezando a llevar, más o menos, la misma rutina que llevan las personas de 90 años o los muertos. Y volver a ver esta sandez no me ha sentado muy bien. Esta tarde, mientras la veía, deseaba que Jim Carrey hubiera sido borrado de la película, y en su lugar estuviera siendo protagonizada por Ashton Kutcher, por el marica de Aída o por alguien así, bastante despreciable, porque quiero que mi recuerdo de mi relación con Jim Carrey permanezca intacto, como si esta mamarrachada, el equivalente cinematográfico a una tienda de cupcakes vintage en Malasaña, con una paleta de colores similar a la de una radiografía sobre una meada en la nieve, nunca hubiera existido.

Miyerkules, Agosto 26, 2015

"Recuérdame que te odie" (Álex de la Iglesia, 2014)

Resulta innecesario decir que Álex de la Iglesia es un tesoro cultural, el director de cine español más interesante, coherente y valiente. Álex hace alguna de las mejores películas de acción norteamericanas posibles, pero además las ambienta casi siempre en Madrid, al lado de mi casa, y no deja de lado los referentes de la España Negra y Mágica y la idiosincrasia carpetovetónica, lo cual se agradece y estimula doblemente. A mí me gusta, muchísimo, todo lo que ha hecho, incluidos sus productos más denostados, como Plutón BRB Nero, "Perdita Durango", "La chispa de la vida" o "Muertos de risa", todos estos me gustan una barbaridad (esta última concretamente está seguro en mi top-5 de cine español, a pesar de su mala crítica), de Álex de la Iglesia me gustan hasta los andares. En su día cayó en mis manos su primera novela, "Payasos en la lavadora", otra epopeya de acción, misterio, personajes caricaturescos, mensajes ocultos a la vista de todos y eslóganes poderosos, una "película" esta vez ambientada en un Aste Nagusia tremebundo y salvaje. Sin embargo, su nueva novela me ha dejado frío e indiferente. Es entretenida, está bien escrita y contiene suficientes elementos para atraparte, con una trama ambientada entre el Madrid canalla, el Madrid histórico de las bibliotecas arcanas y un Disneyland París de la mente cochambroso, con sus habituales personajes decadentes (en este caso, un editor freak inspirado en los titanes que sacaron adelante la industria del cómic underground español durante los 80s, una desaparecida estrella del tebeo de esa época en baja forma, prostitutas, agentes secretos, abogados terminales, borrachos), los habituales "objetos de poder" que eslabonan sus historias (en este caso, un llavero de Mickey Mouse mordisqueado, un grabado de Durero lleno de misterio, tebeos viejos y juegos de rol), la nostalgia de que adolece mi generación, persecuciones, peleas, intrigas... Una novela negra de hombres en plena crisis de la madurez, a medio camino entre las primeras novelas de Pérez-Reverte y la del Cruasán, que me decepcionó principalmente porque todo transcurre absolutamente como te lo esperas. Como una novela que ya has leído tres veces antes, y sabes exactamente cada una de las cosas que van a pasar. Y tan repleta de referencias y descripciones en los soliloquios del protagonista y narrador, casi como una colección de ensayos dentro de la novela, que interrumpen un poco la trama. Entretenida, sin más. La estuve leyendo durante dos mañanas ociosas sentado en una de las mesas de un parque palaciego al lado de la Almudena, mirando a las transeúntas, escuchando a los pájaros, enfrentándome al infernal agosto, en mi nuevo lugar feliz, y así se me hizo así más llevadera.

"Judge Dredd: The body shop" (Pieter J. Van Es, 1992) / "Judge Dredd: Superfiends" (Enol Junquera, 2014)

A estas alturas, resulta inconcebible que el riquísimo universo de ciencia-ficción generado por la revista 2000ad, con esos cientos de personajes interesantes y potentes, apenas se haya visto reflejado en el cine, tan acostumbrado al saqueo de la creatividad ajena. Es probable que sea mejor así, ya que generalmente (excepción hecha de buena parte de la explotación endogámica de Marvel Studios en los últimos años) las traslaciones del papel al cine decepcionan hasta al aficionado menos exigente. Sobre todo durante el siglo pasado, cuando adaptar un tebeo era sinónimo de destruir por completo la esencia del mismo, o bien (en el mejor de los casos) pergeñar una pieza de serie Z inocua y exótica. Hay muchísimos ejemplos de este tipo de adaptaciones en los 80s, 90s y 00s, varios cientos si escudriñamos detenidamente, y personalmente solo salvaría de la quema, de todo el audiovisual, los batmanes de Tim Burton, "Tank girl" (una debilidad personal), "La máscara", "Punisher: War zone", los "Spider-Man" de Sam Raimi (me emocioné como un preadolescente la primera vez que vi a Spidey volar sobre Manhattan y los defenderé siempre, de forma irracional y apelando a la sendibilidad) y los "Superman" de Christopher Reeve (que consiguieron algo similar en mi verdadera preadolescencia). Siempre digo que es en la animación donde se encuentran cosas más decentes, Spider-Man, X-Men, y Batman de 1992 (hasta la fecha, la culminación del asunto), o los largometrajes de "Gen13" y "G.I. Joe". Y poco más, a bote pronto. Casi habría que remontarse a los seriales de los 40s, 50s y 60s para encontrar verdadera pasión y entretenimiento pijamero supino.

Pero volviendo a 2000ad, resulta extraño que de tan voluminosa producción, apenas se haya adaptado un par de veces a su buque insignia, el Juez Dredd. En 1995 de forma mediocre (aunque creo que el guión era verdaderamente fiel a las historietas, y que el problema tampoco estaba en el papel de Stallone) y por fin en 2012 con una obra maestra. Para ver a Rogue Trooper en movimiento, por ejemplo, tenemos que acudir a la fanfiction o a las escenas cinemáticas de los videojuegos, donde encontramos adaptaciones decentes y estimulantes. Y en el caso de Dredd, hubo una películita hecha por aficionados, en 1992, que permanece del altar mental de todos los aficionados, por lo valiente y curiosa. Aunque, vista ahora, resulta tan salchichera y fallida como entrañable. Porque "Judge Dredd: The body shop" no fue solo un divertimento entusiasta amateur de unos fans, con poquísimos medios y producción (el traje de Dredd, sin ir más lejos, es uno de los peores cosplays posibles del personaje), sino de unos fans realmente jóvenes. El resultado es una aventurita desenfocada que recuerda a los primeros experimentos de la Troma. Sin embargo, otros fans decidieron el año pasado darle otra oportunidad al personaje en movimiento, esta vez, utilizando técnicas de animación. "Judge Dredd: Superfiends" fue una web-serie de 6 episodios, montada en una peliculita de media hora mucho más interesante para el aficionado medio. Aquí tenemos a un Dredd en estado puro, todo mandíbula y mala hostia, envuelto en una trama que conjuga elementos y personajes de todas sus historietas clásicas: asistimos a fragmentos de la historia de Rico Dredd (el hermano malo de Joe Dredd), del Juez Muerte, de los mutantes de la Tierra Maldita, de Fink Angel, la Juez Hershey o Mean Machine, todos juntos y revueltos en una historia novedosa y entretenida. Destaca el uso de animación artesanal en flash de los personajes, de diseño desgarbado y punk, mezclada con el asombro de la ejecución realista y 3-D de los fondos, que en algunas escenas quitan el hipo.

"Rock 'n roll nerd. The Tim Minchin story" (Rhian Skirving, 2008)

Desconocía por completo la figura de Tim Minchin, una de las grandes nuevas figuras de la comedia musical. Oriundo de Melbourne, este estupendo documental recogió en crudo y en directo cómo fue la transformación de esta frustrada y acomplejada estrella del glam que, mantenido por su chica de toda la vida, vive empeñado en triunfar en grandes estadios narrando su lamentable biografía a través de sus composiciones pop para piano de cachondeo. La crónica recoge exactamente el momento en el que decidió maquillarse, peinarse y perder algo de peso, en su empeño por transformar su imagen de apocado buen chaval de barrio en la de una auténtica estrella. Y pronto, un par de grandes actuaciones en su ciudad local, le abren las puertas del Fringe de Edimburgo y de ahí, en un par de semanas, le convierten en una de las grandes figuras mundiales de la música para interpretar en teatros y la comedia intelectual. Con una voz y un talento próximos al de Ben Folds, y unas armonías y poses muy deudoras del espíritu de Freddie Mercury, este pianista/cantautor bufo actualmente consolidado arrasa en todas sus actuaciones mundiales, y recoge premios por su trabajo o sus composiciones para bandas sonoras. No solo resulta interesante por conocer al personaje, sino por documentar oportunamente el auge del perfecto desconocido que lloriquea en casa porque nadie le entiende, a la primerísima línea de la (merecida) fama internacional.

Linggo, Agosto 23, 2015

Da Suisa (2013)

Como fanático obsesivo de los Simpson, con la intención de ampliar conocimientos, tal vez diversificar el discurso, no sé, por completismo patológico tal vez, decidí someterme a una de sus manifestaciones más perversas: la versión suecada por Venga Monjas hace algunos años, en forma de una webserie que llamaron Da Suisa. Yo me enteré por casualidad hace poco de que esto existía, y me había mantenido al margen, por higiene mental, porque las cosas que hacen Venga Monjas (que alguna vez vi sin querer al pinchar sobre algún enlace) me producen vergüenza ajena, y porque me caían muy mal. Vi en directo una vez a Miguel Noguera, y no me hizo gracia ni una sola palabra de lo que dijo, ni me interesa nada de lo que escribe o hace. No soy su público, y no pasa nada, cada uno por su lado, y todo está bien. La vida sigue. Pero ahora he visto aquí a Noguera actuando, o haciendo eso que sea que no hace en sus shows, y me ha dado un poco de pena. Todo esto me ha dado muy mal rollo, y me ha dejado mal sabor de boca. He estado pensando en la crisis de valores que nos asola, en el nivel educativo de este país, en la tasa de suicidios, en el daño que hicieron Philo Farnsworth, Baird, Tesla, Marconi y Lazarov a la sociedad. Creo que no voy a volver a ver jamás un episodio de los Simpson, ni un video de Youtube, ni voy a pinchar un enlace nunca jamás, porque no quiero volver a experimentar esta sensación tan dolorosa en mi estómago. Después de ver Da Suisa, solo tengo ganas de esconderme en mi habitación, y llorar. Supongo que el problema soy yo, que no contemporizo, me faltan referentes, juicio o madurez cultural para poder sublimar mis prejuicios y sumergirme abiertamente en el maravilloso mundo de diversión y carcajadas descontroladas que se esconde en algún lugar de esta Nueva Risa del siglo XXI que representan y defienden los Venga Monjas, este sofisticado post-humor para paladares exquisitos que, por el momento, sigue sin hacerme post-puta post-gracia, y sigue pareciéndome la exhibición de la post-incapacidad absoluta y falta de post-talento de unos tipos post-mediocres con necesidad de llamar la atención. Estos nuevos valores de la cultura del entretenimiento, que cuando escriben en ensayos colectivos que he leído, o participan en los sesudos reportajes sobre los límites del humor que emiten de vez en cuando en Canal+, presumen de haber absorbido y heredado años y años de sumisión a lo más selecto del sketch audiovisual mundial (SLA, Seinfeld, Faemino y Cansado, Monty Python, Peter Capusotto o Larry David son sus referentes), en algún momento decidieron que podrían triunfar en el mundo del humor porque eran los más chisposos de su escalera. Disfrazan de falta de medios y cutrerío su falta de imaginación, suplen su falta de ideas copiando tramas clásicos de los Simpson e imitando lastimosamente a La hora chanante (aquella primera anomalía del audiovisual humorístico español que demostró que sí se puede, y cuyos responsables sí han demostrado que tenían mucho talento y mucha gracia), este grupo de sujetos totalmente anodinos haciendo el ridículo y dándolo todo con tal de epatar, que les hagan casito y exhibir su falta de complejos (como una tronista analfabeta o un parado de larga duración concursando en el Gran Prix), confiando en que eso, y el tirón de la serie de Matt Groening, les garantice unos cuantos likes en Youtube y probablemente el salto al trabajo de sus sueños; y si eso falla, dicen "polla" muchas veces o se ríen entre dientes, demostrando lo bien que se lo pasan, lo enrollados, incorrectos, transgresores y subversivos que son. Es que pasan de todo, qué tíos. Igual que las estrellas del rock del siglo XX destruían sus instrumentos o se limitaban a sentarse en el escenario a pincharse heroína ante la audiencia, por pura attitude y genialidad, los Venga Monjas se pueden permitir hacer mierdas como castillos todo el tiempo... pero es porque quieren. Si Venga Monjas intentaran hacer humor de verdad, si decidieran dedicarse al pre-humor o al humor, harían obras maestras imperecederas, el mundo de la comedia y el cine español gozarían de un esplendor renacido, y ellos obtendrían el reconocimiento del público y montañas de dinero y de mujeres; pero no, ellos no quieren hacer eso, porque son fieles al underground al anti-humor y al post-humor alternativo. Y porque se deben a su público, esos doceañeros del Cono Sur que reparten likes cada vez que escuchan polla o follar o sida en un video cutre, que "es malo pero te ríes". Como bien explicaba el Maestro Irwin Chusid hace décadas, no se puede pretender ser un talento outsider, siendo auto-consciente de ser un outsider (ni mucho menos forzándolo, fingiéndolo por pura dejadez o discapacidad), ni careciendo por completo de genuina autenticidad. Me fascina el talento alternativo de mostrencos como Andy Kaufman, Bill Hicks, Richard Pryor o Lenny Bruce, que reventaron por los aires todo lo preconcebido de la comedia. Esa facción de la "Nueva Comedia Americana" abanderada por Judd Apatow, que tan mal ha asimilado a sus maestros, y cuya única vis cómica gira en torno a los chistes de pedos, pollas y porros, no me hace ni puta gracia; pero esas películas, al menos están bien hechas y cumplen su función espectacular. Y además, Apatow y todos los demás han demostrado ser capaces también de lo mejor, si se lo proponen. Está bien que existan para quien las necesite, a nosotros nos educaron "Porky's" y Benny Hill. Benny Hill, por cierto, ya agotó todos los chistes de fallos de ráccord y torpezas técnicas en los 70. Michel Gondry ya hizo una obra maestra del asunto de la parodia cutre, con un sentido del gusto y un respeto sublimes. Con talento. Los citados chanantes, Qué vida más triste o Malviviendo demostraron que hasta en España se puede hacer un producto decente y entretenido con tan solo una cámara barata y un colegui, siempre que haya una idea detrás. Me interesan el dadaísmo, el surrealismo, el humor absurdo, respeto la improv comedy, colecciono fotos de patos con paraguas. Pero hay cientos de miles de chavales grabándose con sus webcams haciendo el idiota en sus dormitorios, y jamás comprenderé por qué a nadie en su sano juicio, ni siquiera al nini adicto a la marihuana más recalcitrante, les puede interesar un carajo lo que estos odiosos Venga Monjas han venido a hacer. No ofenden a nadie (bueno, alguna escena me ha dado un poco de asco literal, si es que eso cuenta), no subvierten nada, no inventan nada, no tienen ninguna idea, ningún talento, ningún valor de ninguna clase, no son conscientes del desprecio que me producen (si lo estuvieran haciendo aposta, entonces serían genios; pero no es así, realmente se consideran cómicos). Sólo poseen cierta habilidad para el arribismo, para que la crítica de vanguardia haya decidido darles el beneficio de la duda, nadie sabe por qué, y supongo que buenos contactos; sí, eso lo explicaría todo. Porque sólo producen vergüenza ajena, ninguna otra cosa. He visto a niños de 8 años, en fuegos de campamento, recrear sketches de los Simpson con menos medios y muchísima más gracia, y respetándose a sí mismos y a sus familias. He visto improvisaciones a las cinco de la mañana, en un bus nocturno lleno de infraseres, infinitamente más imaginativas y profesionales. He visto vídeos de decapitaciones de periodistas occidentales en las noticias más entretenidas que lo que graban estos señores en sus casas tomando cervezas. Joder, si hasta entiendo que a la juventud le haga gracia El Rubius (creo que no es un problema generacional; porque además, me temo que estos sujetos y yo rondamos la misma edad). Pero creo que ya va siendo hora de que alguno de estos eruditos humoristas de última generación, que tanto reivindican su labor agitadora y reflexionan constantemente sobre la libertad y los límites del humor, empiecen a plantearse la necesidad de unos límites del humor por defecto; un post-humor que intente hacer reír a alguien más que a sí mismos, para variar, a ver si les sale. Una reflexión de ese tipo no estaría mal. En fin, que he visto los 14 episodios de Da Suisa seguidos, muy atento, con la actitud de un entomólogo, sin prejuicios, con muchas ganas de sintonizar con su historia, indagar en su mundo, chapotear en su ingenio... Bueno, vi hasta el 4 o así... Y sólo he sentido bochorno. Una sensación parecida a lo que sentí viendo a Ana Botella en su discurso defendiendo las olimpiadas de Madrid 2020. Bochorno absoluto. Lástima. Ojalá nada de esto hubiera pasado. Ojalá me hubiera atropellado un camión cuando salí esta mañana a comprar el pan. No quiero volver a ver nada en la tele ni en internet. No pienso volver a escribir en este blog ni a hacer nada hasta que se acabe toda esta sinrazón.

Miyerkules, Agosto 19, 2015

Robo-Hunter: Extras

Termino este largo repaso cronológico de la lectura de las oocc de Sam Slade: Robo-Hunter, a lo largo de su larga y guadianesca publicación en la revista británica de cómics de ciencia-ficción 2000ad. Un viaje que comenzó en el verano de 1978 con la aventura "Verdus" (que yo releí y reseñé aquí hace más de 4 años), con el equipo creativo de ensueño formado por John Wagner, Alan Grant y Ian Gibson, quienes mantuvieron muy alto el nivel y el espíritu del cazarrecompensas y detective Sam Slade hasta 1983, con un puñado de páginas extraordinarias que forman parte de lo más brillante del tebeo británico y un rincón muy importante en mi educación sentimental. Abandonado durante mucho tiempo, en una revista tan ecléctica y variada como 2000ad que ha dado a luz a cientos de personajes interesantes (con el Juez Dredd como buque insignia), y auténtico cenáculo de artistas de inmensa influencia en el medio (Alan Moore, Neil Gaiman, Grant Morrison, Garth Ennis, Brian Bolland, Frank Quitely, Mike McMahon, Alan Davis, Mark Millar, Simon Bisley, John McCrea, Kevin O'Neill, Bryan Talbot, Brett Ewins, Steve Dillon, Peter Milligan, Jamie Hewlett, Glenn Fabry, Dan Abnett, Charlie Adlard y tantos otros protagonistas de lo mejor del tebeo mundial, dieron sus primeros pasos en la revista, donde también dibujaron autores españoles como Alfonso Azpiri, José Casanovas, Ángel Unzueta, Jesús Redondo, José Ortiz y por supuesto Carlos Ezquerra, nada menos que el creador gráfico del Juez Dredd), fue resucitado en 1992 por el hoy famosísimo guionista Mark Millar, y protagonizó una tortuosa serie de episodios sueltos salteados durante los '90 y pimeros '00, hasta ser recuperado por sus creadores, Grant y Gibson, entre 2007 y 2015, tomando el relevo de sus aventuras la nieta del Samuel Slade original, Samantha Slade, en las que son hasta la fecha sus últimas apariciones en la revista.

Robo-Hunter se publicó en España por primera vez en 1985 en la editorial Zinco (a la vez que vieron la luz por primera vez aquí Dredd, Rogue Trooper, ABC Warriors, Strontium Dog o Slaine), y sus grapas las he atesorado a lo largo de mi vida. Posteriormente, se han publicado aquí arcos de la revista de enorme calidad, como algunas historias breves de Alan Moore en Future shocks, La balada de Halo Jones (Alan Moore y Ian Gibson), Harry 20 on the High Rock o D.R. and Quinch (de Moore y Alan Davis), y sobre todo muchísimas aventuras de Judge Dredd o Judge Anderson (por parte de editoriales como Norma o Kraken, principalmente). Pero había muchísimos episodios inéditos en España protagonizados por Robo-Hunter, todos los posteriores a 1983, que quería descubrir. Las historias que contaron Mark Millar y Peter Hogan en los 90s (con dibujos de José Casanovas, Ron Smith, Simon Jacob, Anthony Williams o Rian Hughes). Y la citada reconversión femenil del personaje a cargo de los autores originales, esta vez a todo color. Pero una vez repasadas todas estas 25 historietas seriadas en el blog, todavía me quedaban algunos cabos sueltos para poder decir que he leído todas las (aproximadamente 950) páginas existentes del personaje.

La revista 2000ad se publica en las islas británicas desde 1977, en pleno auge del punk, y goza de bastante buena salud actualmente, supongo que reforzada por el interés despertado por las películas de Dredd y el éxito masivo de sus autores en EEUU. Este miércoles (pasado mañana) verá la luz su número (o prog) 1944. Y además de la incalculable montaña de reediciones en formato álbum, también se publican paralelamente revistas de kiosko como la bimensual 2000ad Extreme, que reedita arcos completos, y la mensual Judge Dredd Megazine, que además de reediciones publican material nuevo, y además (sobre todo desde su 5ª encarnación en 2002) interesantes artículos, noticias, críticas de productos de actualidad ajenos a la casa y extensas y jugosas entrevistas con sus autores clásicos. Casualmente, de Robo-Hunter no se ha publicado nunca material nuevo fuera de la revista madre (salvo algún inencontrable fan-fiction en fanzines como Zarjaz, pero sí algunos interesantes trabajos de Gibson, por ejemplo, exclusivos para JD Megazine. Y sólo se han recopilado en álbumes las historias de los creadores originales (a pesar de la fama de Millar).

Pero donde sí hay bastante material inédito es en los números especiales de 2000ad. Históricamente, las revistas y los cómics de kiosko tienen un pequeño problema de distribución, ya que lo que nosotros, los lectores, entendemos por "publicación mensual", para los distribuidores, y los curritos que se dedican a llevar el material a las tiendas y kioskos, la periodicidad es semanal, y trabajan de lunes a viernes. Es decir, que un tebeo cualquiera, pongamos por caso mi querido The Amazing Spider-Man, no se publica realmente "una vez al mes", sino, por ejemplo, "el segundo martes de cada mes", que es como se contrata con los distribuidores. Esto hace que algunos meses tengan 5 martes, en lugar de solamente 4, y ya desde los años 60 a los editores norteamericanos se les ocurrió (aunque en realidad no sé si es un invento de Marvel y DC; probablemente no) crear los "eventos de quinta semana", que es la explicación real de la existencia de los "annuals", es decir, de los tebeos que se publican una vez al mes, para cubrir entregas en esos días que se salen del calendario normal cuadriculado de "4 semanas al mes". Del mismo modo, a lo largo de los años, la revista 2000ad ha contado con varios eventos anuales, números especiales únicos, que normalmente contienen material inédito. Han utilizado formatos como el "annual", pero también otras cabeceras y conceptos como el "yearbook", "Summer special", "Winter special", "Science-fiction special", "Action special" y también suplementos como revistas con calendarios, guías de publicación, revistas de pósters, etc. En 2000ad se publican estos especiales todavía hoy día, en 2015. Y de hecho, en 2014 y 2015 ha habido nuevos avistamientos de Sam Slade en la revista. En este tomo auto-confeccionado, tenía recogidas 12 historietas cortas de Robo-Hunter, y su agridulce pero siempre entretenida lectura también ha sido como cerrar una etapa personal.

"Hoagy's First Case". 2000AD Annual 1984 (6pp, color. Guión: Alan Grant como "Staccato"; Dibujo: Ian Gibson) La primera historieta corta de R-H publicada en la revista, en el annual de 1984, fue también la primera historieta de Grant y Gibson en color. Protagonizada por el torpe asistente robot Hoagy, es meramente un chiste que muestra cómo, en ausencia de Slade, el robot pretende resolver un caso de robo, y lo que hace es cooperar con el ladrón.

"Return of the Puppet Master". 2000AD Sci-Fi Special 1991. (8pp, color + artículo. G: Mark Millar; D: Simon Jacob) Para variar, la primera colaboración de Millar con el personaje, esta historieta breve de terror a lo Stephen King, con elementos de la cutre Full Moon de Charles Band, es bastante decente. No existe Hoagy ni Stogie, y carece del sentido del humor que caracterizaba a las historietas previas, pero como cuento de terror futurista es bastante simpático. A continuación del cómic, se incluía un artículo de 4 páginas a toda la trayectoria del personaje (escrito por Mike Butcher), que se abría con un titular en el que se saludaba a Millar como el nuevo encargado de Slade, y su intención de devolver a Robo-Hunter a las historietas iniciales del personaje, más serias y violentas (lo cual creo que no es del todo cierto, pero bueno...).

"Something for the Weekend, Sir?". 2000AD Sci-Fi Special 1992 (8pp, color. G: John Smith; D: Chris Weston) Los neófitos John Smith y Chris Weston se sacaron de la manga, para el especial sci-fi de 1992, una versión futurista y aún-más-salvaje del cuento de Sweeney Todd, protagonizado por nuestro querido cazarrobots. Cachondo, muy correcto y muy guay. Asistimos a una simple visita de Slade a la peluquería, donde está a punto de ser asesinado por el robo-barbero que nutre de carne humana al restaurante pijo de al lado.

"Killer Grannies". 2000AD Yearbook 1992 (9pp, blanco y negro. G: Mark Millar; D: Graham Higgins) En "Killer grannies", Mark Millar recupera, ¡holy Joe Smith!, el tono gamberro y paródico al asunto, cuando se convierte en la víctima de su propia abuelita, que intenta asesinarle una tarde que le lleva unas flores a casa. Resultará que un cirujano práctico está utilizando piezas de desguace un robot criminal para operar de la cadera a los ancianos de la ciudad, que están todos en modo berserker a machetazos con la gente, y solo los culebrones y la siesta de media tarde consiguen aplacar el ataque. Estupendo el dibujante invitado, creador del personaje de Zippy Couriers para 2000ad.

"The Succubus". 2000AD Yearbook 1993 (9pp, color. G: Mark Millar; D: Simon Jacob) Esta siguiente historieta de Millar, debido al chirrigueresco dibujo de Jacob, resulta un poco incomprensible, y parece que Millar insiste en sus guiones de violencia gratuita y un Slade que pasaba por allí, al hijo de un robot asesino mutante de madre robot y padre humano, que la lía en un complejo de ocio subacuático.

"Fax and Deductions". 2000AD Sci-Fi Special 1994 (8pp, color. G: Peter Hogan; D: Simon Jacob) Más comedido y caricaturesco, al año siguiente Jacob se pone al servicio de esta historieta bufa de Peter Hogan, un disparate en el que un robot gigantesco busca venganza contra Slade atacándole en su propia casa, un escenario modesto de novela negra que apenas habíamos visto durante su trayectoria. El gag final de la historia es el colofón, y me despertó una sonrisa, cuando Sam Slade, cansado de recibir casos de robots perdidos y desatados, encuentra una carta remitida por error, en la que le confunden con la banda de glam-rock setentera del mismo nombre, a la que le ofrecen reunirse previo contrato millonario. Lejos de destruirla, Slade decide aceptar, todo por la pasta, y le vemos al final travestido encima del escenario con sus sidekicks emulando a Slade.

"Slade Runner". 2000AD Yearbook 1994 (8pp, blanco y negro. G: Peter Hogan; D: Rian Hughes) Otra historieta-chiste sin mayor enjundia, en la que aparece una "rubia platino" en la oficina, pidiendo ayuda a Robo-Hunter en un caso de cuernos. Resultará que la amante de su marido es una humana vestida de robot, y el marido se descubre entonces como un robot disfrazado de humano, ambos buscando satisfacer sus filias. Parece que el dinero fácil estimula a Slade, dispuesto a convertirse en detective de faldas para los restos...

"War of the noses". 2000AD prog 1023 (8pp, color. G: Peter Hogan; D: Rian Hughes) Este es una historieta incluida en un ejemplar normal de 2000ad, pero la única que consta de un único episodio, y por tanto me la traje a este compendio, porque además su historia también es ajena a la continuidad habitual que estaban pergeñando entonces Hogan y Huges en las páginas de R-H. Esta vez, vemos a Hoagy como principal encargado del caso de la desaparición de robo-Stogie, el entrañable cigarro electrónico (por cierto, que ahora que lo pienso, Grant y Wagner se adelantaron 30 años en el invento).

"The Davinchy Code". 2000AD Annual 2005 (10pp, color. G: Alan Grant, D: Ian Gibson) Una última historieta a color de Samantha Slade, obra del equipo creativo original y responsables de su digna resurrección para el siglo XXI, como ya hemos visto en anteriores entregas. En "El Código Davinchy", Samantha se mete de cabeza a la fuerza cuando, asfixiada por las facturas, alquila una nueva oficina que está tirada de precio (porque aún tiene trozos del cavader de su antiguo ocupante, Davinchy, diseminados por todas partes para alegría de las robo-cucarachas). Sam pronto descubrirá también que unos matones le reclaman el millón de creds que les adeudaba, y conocerá a una antigua clienta de Davinchy que estaba investigando el caso de su robo-gato perdido, cuando perdió su robo-perro. La búsqueda del millón y del perro (que lleva a Samantha a un local de strip-tease lleno de las deliciosas chicas de Ian Gibson), por supuesto, acabará siendo lo mismo.

"The BØDJ Job". 2000AD Sci-Fi Special 2014 (8pp, blanco y negro. G: Alec Worley; D: Mark Simmons) Cuando parecía que Sam Slade: Robo-Hunter ya era gloriosa historia pasada del cómic británico, resulta que un nuevo equipo creativo recibió el visto bueno para recuperar sus aventuras para 2000ad. Concretamente, en los que son los, ahora sí, últimos avistamientos del personaje en la revista, en sendas historietas cortas para los "extra ciencia-ficción" de 2014 y 2015. Ni rastro de Samantha Slade. Alec Worley, una de las jóvenes promesas de 2000ad (escribe también arcos de Age of the Wolf, Dandridge y Judge Dredd) y el dibujante Mark Simmons (quien también ha dejado ver su talento en algunos Future shocks), homenajean continuamente las primeras historietas de Robo-Hunter. De hecho, ésta comienza cuando Sam Slade está perdido dentro de un enorme supermercado del mobiliario sueco llamado BØDJ, buscando a dos robots perdidos llamados "T.B. GROW-VR" y "E.N. GI8SVUN", en claro homenaje a los creadores originales de la saga en 1978. Breve y anecdótica, la historia se centra en el caos que se produce dentro del IKEA BØDJ cuando el edificio toma vida, adopta la forma de un AT-AT gigante y se dedica a transformar a todos los robots de la ciudad en muebles.

"Iron Sam". 2000AD Sci-Fi Special 2015 (8pp, blanco y negro. G:Alec Worley; D: Mark Simmons) "Iron Sam", la última historieta hasta la fecha (hay esperanza) de Robo-Hunter, es tan solo una fina parodia del superhéroe de Marvel Iron-Man, a través de la persona de Leonardo Sharp, Irn-Bro, un magnate de las tecnologías racista y alcohólico. La flota de armaduras voladoras robóticas a su servicio que tiene en su mansión, han desatado un caos climatológico a nivel global que finalmente resolverán Hoagy y Stogie, mientras que Sam Slade termina la historia flotano en el espacio dentro de una de esas armaduras, a merced de una figura que se parece bastante a la versión femenina de Thor.