domingo, 17 de mayo de 2015

"Sobrevivir al Paraíso. Secuelas permanentes (2000-2014)" (Jaime Gonzalo, 2015)

Jaime Gonzalo es el periodista musical que más me ha marcado y más admiro. El más íntegro, meticuloso y tenaz. También tenía la carpeta forrada de fotos de Diego Manrique, Eduardo Izquierdo, Paco Pérez Bryan, Rafa Cervera, Jesús Ordovás, Ignacio Juliá, Alfred Crespo, José María Rey, Xavi Sancho... Pero el Ruta 66 es el fanzine de kiosko más importante que se ha publicado jamás en España, una guía imprescindible, y desde joven he tenido esa sensación de que la música que no sale en el Ruta, a mí no me interesa. El criterio de Jaime, su trayectoria, sus libros (sobre todo su recientemente cerrada trilogía sobre la Contracultura, que nunca consigo acabar porque la tengo permanentemente prestada; ¡dichoso proselitismo!) y su actitud insobornable, le convierten en todo un héroe, un modelo, un paladín. Al margen de todo lo que hemos aprendido un par o tres de generaciones con sus textos sobre música, Jaime se prodigó ultimamente también como airado columnista de sociedad, en medios como Vice, Rockdelux, Cáñamo o el propio Ruta 66, donde lleva colaborando en lo que va de siglo. Y el misterioso Colectivo de Trabajadores Anónimos del Libro acaba de editar un libro pequeñito, formato Kansas, donde se apelotonan una cincuentena (a ojo) de esas columnas dispersas. En ellas el Gonzalo más anárquico, apátrida, cínico, descreído, impertinente y deslenguado se despacha a gusto cargando contra los responsables de ese devenir tan extraño que asola a los habitantes de la Barcelona post-92, transformada en parque temático para el turismo basura, y de esta España pre-Apocalipsis toda; además de recomendar algunos productos, desvelar curiosidades del profesional mil y una veces curtido en festivales y encuentros con endiosadas estrellas, y reflexionar ampliamente sobre la condición del crítico, del músico, del periodista, del padre y del amante de los discos palpables y del rock. Una lectura oscura pero interesantísima y fascinante, que me ha acompañado en grajeas durante esta semana.

Primos lejanos (1986-1993)

Pasé las últimas cuatro o cinco semanas inmerso en el universo de Primos lejanos, y por fin he visto la serie completa, en orden cronológico. Son 150 episodios en total, aunque hay 1 que sólo está en versión original y otro del que no encuentro ni rastro en la Red, que es de donde he ido descargando esto. De hecho, desaparecida alguna de esas enormes webs ilegales, delincuentes y lucrativas de intercambio de series en descarga directa, la única manera de conseguir copia de los capítulos, en glorioso ripeado de Canal + de los 90 o de la reposición en los primeros años de Cuatroº (ni siquiera en EEUU se han editado digitalmente más que la 1, 2 y 4, de las 8 totales), es en el viejo e infalible eMule. Pues a razón de entre 1 y 10 episodios diarios, he pasado unas cuantas semanas estupendas, volviendo una vez más al pequeño apartamento que comparten Larry Appleton y Balki Bartokomus en las afueras de Chicago.

Alejado de la mundanal cochambre, del dichoso hype, de las ruidosas series de acción modernas y de la pretendida incorrección del post-humor "inteligente" contemporáneo, me he refugiado en esta pequeña y humilde sitcom clásica de la que guardaba un grato recuerdo, para descubrir que el poso inequívocamente dulce que evocaba de aquellas tardes de adolescencia no era mera nostalgia, sino que efectivamente esta comedia sigue dejándome un sabor de boca agradable, hermoso, y me sigo riendo como entonces con muchos de sus elementos. Porque Primos lejanos es un icono de la televisión familiar norteamericana tierno, entrañable, honesto, simple, repleto de guiños a la edad de oro de la cultura popular, con un humor blanco y un mensaje terriblemente positivo. Diametralmente opuesto al humor negro que tanto gusta a las nuevas generaciones, que no entienden una serie sin bufa ironía, incorrección o palabras malsonantes, aquí estamos ante la comedia física y de slapstick de toda la vida, heredera de Abbott y Costello, Ozzie y Harriet, Mork y Mindy, I love Lucy, La familia Monsters o Luz de luna, en la que abundan las escenas coreografiadas, el ritmo teatral, los argumentos repetitivos, los running gags, las catchphrases... y también la sensiblería y la moralina de esa televisión añeja, pacata y responsable. Porque, efectivamente, PL es tan moralista, ortodoxa, paradigmática e infantil que se puede encontrar en ella prácticamente una fábula de Esopo por píldoras, un auténtico Evangelio apócrifo en el que Balki, el candoroso e inocente extranjero en busca del Sueño Americano, básicamente regurgita la figura de Jesucristo y nos la devuelve disfrazada de caricatura cosmopolita y jasp. Pero aunque siempre haya renegado de ese adoctrinamiento "MK-ultra" de la ficción norteamericana, tal y como están las cosas, con lo que ha llovido y a mi edad, resulta refrescante enfrentarse para variar a un producto tan diametralmente sano y reconfortante en medio del monopolio cultural que ejercen la zafiedad, lo malsonante, el afán por la incorrección, por epatar, por improvisar y por creerse más listo que nadie. Frente a la dictadura de los chistes de Falete y Jordi Hurtado constantes, el post-humor post-Seinfeld sin post-gracia y los nuevos modelos de conducta que suponen los tronistas analfabetos, los youtubers deslenguados y los monologuistas perspicaces, yo prefiero el baile de la alegría.

Consciente de la obvia simpleza, pacatería y adoctrinamiento moral, es importante aclarar que el mensaje de PL no atraganta, y la moraleja y las enseñanzas de Balki, desde mi punto de vista, no tienen nada que ver con otros productos similares de la época como Padres forzosos, Los problemas crecen, Bill Cosby o Cosas de casa, cuyos guiones parecen diseñados directamente por la Conferencia Episcopal. En aquella era anterior a la telerrealidad y a internet, los canales de televisión generalistas norteamericanos tenían aún cierta sensación de responsabilidad frente al espectador, algo totalmente desaparecido en favor del capital y de la rentable analfabetización que gobierna actualmente a los tiburones corporativos en esta merienda de negros que tenemos ahora. Pero la moraleja más habitual en PL (básicamente, respetar al prójimo y conformarse con las cosas bellas de la vida, por el mero hecho de disfrutar de ésta) dista mucho del maniqueo mensaje cristiano de aquellas otras series, en las que el miedo al pecado, al Infierno, a la droga, al Mal que puja por salirnos de dentro era casi el macguffin de todas las tramas, y el respeto a los valores tradiciones más conservadores: Familia, Patria, Dios y Dinero, su razón de ser y casi un personaje más. En este sentido, el mensaje positivo de PL está más cerca del de los Munster y, en el fondo, del de los Simpsons o Matrimonio con hijos: "disfrutar de la vida", por encima de "temer al pecado". Lo que más llama la atención en esta serie, por terminar con el aspecto evangelizante, es la eterna castidad de los protagonistas, que ya desde la segunda temporada tienen novia formal pero nunca hacen uso ni siquiera mención del fornicio hasta que llega el momento de procrear, que es el cénit de la serie. Aunque hasta eso lo convierten en un gag recurrente, y sabemos que Balki y Mary Anne no follan porque son como una pareja de novios de 10 años que se pasan todo el recreo cogidos de la mano, y Larry y Jennifer porque nunca tienen intimidad. Supongo que subvertir esto era algo demasiado salvaje para el prime time de la época, y la audiencia demasiado joven, y se lo perdono. Además, como digo, lo resuelven con guiños simpáticos para el espectador adulto. Y además, me molesta muchísimo más la moralina disfrazada de buen rollo de Friends o el catecismo envuelto en conspiranoia de Lost, que resultan insultantes.

Al margen de la trama de cada episodio, todos autoconclusivos (salvo los seis episodios dobles, "de continuará", que marcan los finales de temporada y/o acontecimientos importantes), vemos la evolución de los personajes como si se tratara de un serial. Al principio, aunque no lo aparentan, ambos tienen 24 años, y tienen un trabajo alimenticio, mal pagado y desagradable, en la tienda de segunda mano del Señor Twinkacetti. Pero ya desde el primer episodio Larry quiere ser periodista, y Balki convertirse en un verdadero estadounidense, e iremos asistiendo al progreso de cada uno. En la segunda temporada, después de un par de episodios en los que intentan ligar en garitos de encuentros, conoceremos a sus respectivas novias, Jennifer y Mary Anne, que viven en el mismo edificio durante las primeras seis temporadas y media, y en la 7ª se mudan a un dúplex mucho más lujoso (y hermosamente decorado en un estilo mypiota-barroco muy sugerente)... compartiendo piso entre los cuatro. Vemos cómo sus características relaciones avanzan, cómo estrechan relaciones, superan alguna crisis, se comprometen, y finalmente se casan (en el season finale de la 6ª y 7ª temporada respectivamente) y tienen niños (en el series finale). Los guionistas saben que el aspecto sentimental es necesario, pero es bastante coñazo, y hay muchos episodios (los más divertidos) en los que las chicas no aparecen, o sólo testimonialmente. El grueso de la serie son las peripecias de Larry y Balki, y lo mejor los enredos y disparates en los que les sumergen la ambición, la mentalidad práctica y los "consejos vendo y pa' mí no tengo" de Larry. Especialmente memorables son los episodios como el del concurso de tv "Arriésgalo todo", cuando ganan el premio al "cliente un millón" del supermercado, el finde en la montaña, el día en las carreras, el tesoro escondido en el apartamento, las clases de conducir, el episodio en el futuro, el episodio de acción rodado en exteriores, el de los babastiki, el episodio en blanco y negro en el que homenajean a Laurel y Hardy, el que van a la fiesta de gala, el que está ambientado en los años cincuenta, el que trabajan en la cafetería, el genial viaje de Larry a Mypos, en el que se hacen dibujantes de la tira cómica de Dimitri la oveja, el de la subasta, el doble episodio en el que se quedan encerrados en el sótano (que me recordó bastante al episodio del cometa de los Simpsons)... Y las bodas, bautizos y comuniones son más tostón. Muchos de estos argumentos probablemente fueron tomados de otras series previas (de esas que nunca se emitieron durante la dictadura española, en la que la cultura extranjera y extranjerizante no estaba permitida), pero la mayoría se usaron por primera vez en ésta y se han explotado multitud de veces. También es reseñable la consciencia que tienen los personajes de formar parte de una serie, y las menciones a otras series (las clásicas citadas, la afición de Balki por la tele de la época) u homenajes a series en emisión como Luz de luna o Corrupción en Miami. Sus últimas temporadas coincidieron de hecho con el fenómeno de los Simpsons, y hay un episodio en el que Larry reconoce que a los jóvenes de ahora le gustan los modelos agresivos y gamberros como Bart Simpson... Hablando de PL y otras series, es bastante conocido el hecho de que Cosas de casa, la insufrible y racista (más racista que Sensación de vivir, más racista que Cops, más racista que El príncipe de Bel-Air...) serie protagonizada por Steve Urkel (que, además, al principio de la serie no salía, sino que todo se centraba en la familia de negros más aburrida posible), es una especie de spin-off de PL, en el que nos nos cuentan cómo es la vida de la ascensorista del Chicago Chronicle, el personaje de Harriette Winslow. De hecho, en un episodio de la temporada 4 asistimos a un verdadero crossover, cuando el propio marido, el policía Carl Winslow (Reginald VelJohnson, también conocido por su papel de policía negro en La jungla de cristal 1 y 2) se lleva de patrulla a Larry y Balki. Pero es curioso que, mientras que Harriette es el único personaje negro que sale en PL (salvo un par de extras en el episodio en que donan a la mascota a otra familia o en la parodia de 12 hombres sin piedad), en Cosas de casa ocurre todo lo contrario, y solo hay personajes blancos de extras e interpretando a tipos tontos y mezquinos; sin embargo, ambas series comparten gran parte del staff técnico (con el titán Joel Zwick a la cabeza, famoso por dirigir "Mi gran boda griega", que se hizo él solo 99 episodios de PL y 32 de la de Urkel, además de cientos y cientos de episodios de otras series, de Webster a Padres forzosos; ¡de los 21 pilotos que dirigió, 21 se convirtieron en exitosas telecomedias semanales!), e incluso Mark Linn-Baker (Larry Appleton) dirigió un par de episodios de Cosas de casa y apareció en otro. Otro detalle curioso es que el Señor Twinkacetti, el dueño de la tienda de muebles de segunda mano, interpreta también al dueño de la tienda de relojes en la que trabaja Peg, en uno de los primeros episodios de Matrimonio con hijos, cerrando el círculo de las telecomedias ambientadas en Chicago (el actor Tony Sabella también participó en Salvados por la campana, en Seinfeld —en el episodio 3x13, es el hombre que va desnudo en el metro— y hasta en Canción triste de Hill Street). Padres forzosos sucede en California, y en ella apareció Webster una vez, quien también salió en Malcolm & Eddie, y algunos protagonistas de Padres forzosos aparecieron en un episodio de Vivir con Mr. Cooper dirigidos Joel Zwick, quien también es responsable del grueso de la horripilante serie actual de Disney Channel Riley y el mundo (Girl meets world) que continúa las aventuras de Ben Savage en la noventera Yo y el mundo (Boy meets world), hermano pequeño de Fred Savage, protagonista de Aquellos maravillosos años... Y en fin, que el mundo de la telecomedia norteamericana es un organismo endogámico en el que podemos sumergirnos e ir cruzándolo de serie en serie sin tocar el suelo, hasta los mil y un cameos autorreferenciales que encontramos en series como Friends, Seinfeld, Frasier o Cómo conocí a vuestra madre, que tanto se nutre de Freaks & geeks o recupera personajes olvidados como el maravilloso Chris Peterson...

Primos lejanos es injustamente confundida con la espantosa Padres forzosos y relacionada a la fuerza con la deplorable Cosas de casa, pero como estamos viendo, es una pequeña joya atemporal que tiene que ver más con Luz de luna, Sigue soñando o Matrimonio con hijos. Su público no es el mismo que ve Antena 3, ese infra-canal abisal que es como el Canal 7 pero con los Simpsons (serie que, encima, históricamente ha destruido y despreciado), y aquí sólo pudimos disfrutarla en Canal +, vehículo en el que solo transitaron las series buenas de los noventa, las que no estaban hechas para todos los paladares. Es innegable que los gags más conocidos, inolvidables y fagocitados por la cultura popular: el baile de la alegría, el "pues calaro que sí, no seas eridículo", el "¡pero cómo puedo ser tan ingenioso!" y los diálogos manipuladores y condescendientes de Larry ("Balaki, Balaki, Balaki...", "¿Cuántos coches de segunda mano has comprado tú en América? ¿Eh? ¿Cuántos?"), son lo que más se recuerda de la serie, pero recién vistos los 150 episodios (menos uno) puedo concluir que nunca se quemaron, fueron suficientemente dosificados como para incluso echarlos de menos, y que el leitmotiv de la serie no era tan sencillo y estúpido como para limitarse a eso. Me atrevo a decir que la relación entre Appleton y Bartokomus es tan completa y sólida, o más, como la de "Maddie" Hayes y David Addison, como la de Félix Unger y Óscar Madison o la de Walter White y Jesse Pinkman, e iba mucho más allá que la reiteración y antagonismo entre el Gordo y el Flaco o el payaso triste y el payaso tonto; y los recodos a los que les llevaban sus características personalidades (egoísta y altruista; sabelotodo y aprendelotodo; rural y urbanita; ambicioso y conformista; etc.) enfrentados a cada situación concreta, ya fuera la inauguración de una galería de arte, un atraco o la ingestión de una raíz alucinógena mypiota, resultaban brillantes e intransferibles. Por supuesto, la serie tiene altibajos, y solo un tercio de la serie es diáfanamente hilarante y sorprendente, pero todos ellos terriblemente honestos y nunca cayeron en la sensiblería, el drama fácil o el aburrimiento. Pero el desgaste es lógico, y quizá un par de temporadas menos les hubieran sentado mejor, aunque odie este tipo de frases que dice la Gente en estos tiempos

El doblaje. Mucho se puede decir del doblaje, el maravilloso, impresionante trabajo de los actores españoles que doblaron la serie, con Miguel Ayones al frente de la dirección (que también doblaba, con tantísima gracia y tantos matices, al personaje de Appleton, y es la voz habitual de Bryan Cranston precisamente). Todo el mundo se acuerda de la voz de Bronson Pinchot, el actor que interpretaba al visitante de Mypos Balki Bartokomus, y que efectivamente también se encargó de la voz de Apu Nahasapeemapetilon durante las primeras temporadas. En la versión original, la voz de Bronson Pinchot no tiene ni mucho menos tanta gracia ni tantos matices, ni expresa tanto cachondeo. Pero yo creo que es la voz de Appleton, dubitativa, cómica, ridícula hasta el exceso cuando el personaje sobreactúa, lo que dota de tantísima fuerza a la serie, y el trabajo en la dirección y traducción de chistes intraducibles, de forma tan magistral, lo que hace que esta serie se disfrute tanto en castellano. Igualmente, creo que es Mark Linn-Baker, el actor detrás de Larry Appleton, quien lleva todo el peso cómico y todo el poderío físico de las escenas más memorables, pese a que quien resalta es el exótico extranjero, sus frases hechas o esos recordados episodios en los que interpreta a su doppelganger occidentalizado a su mamá de Mypos o a Elvis Presley. Qué voy a decir a estas alturas sobre cómo ha cambiado el doblaje en España... Además esto es algo muy objetivo, y respeto a quien siga prefiriendo ver las series en español, la pizza con frutas calientes o dormir sobre clavos, cada uno es libre. Pero creo que es en estas series de televisión de los ochenta y noventa donde el doblaje nacional alcanzó sus cima más alta. Y además, aunque no lo pone en la ficha de eldoblaje.com, el propio Carlos Revilla, el mismísimo Homer Simpson español que en paz descanse, también puso la voz a un puñado de secundarios. Primos lejanos también comparte con los Simpsons otros pesos pesados de nuestro doblaje como Pedro Sempson, Eva Díez, Luis Marín o Javier Franquelo.

En definitiva, con la de series que hay para ver, y con esa máxima ridícula que dice que "se hace mejor televisión que nunca", no creo que a nadie en su sano juicio se le ocurra reivindicar esta serie, pero yo la tengo en un pedestal, es uno de mis productos favoritos de siempre, nunca me canso de hablar de sus bondades, y por fin me he dado el atracón que merecía para disfrutarla en la intimidad, cronológica y tranquilamente, en uno de esos ejercicios de soledad reconfortantes que sólo la tele añeja y las tardes ociosas nos proporcionan. Ahí os quedáis con vuestros maratones de 24, de Dexter, de The walking dead y Juego de tronos, que a mí no me interesan, y volveré de vez en cuando a ese pequeño apartamento de soltero, al Ritz Discount, al sótano del Crónicol y a ese Mypos de la mente del que me gustaría no salir nunca.

viernes, 15 de mayo de 2015

Edificio España (Víctor Moreno, 2014)

Actualmente es fácil acceder a este documental, que estuvo más de un año su distribución vetada por el Banco Santander, propietario del Edificio España, bajo amenazas. Al Edificio España, inaugurado en 1953 y abandonado en 2006 (como toda la Plaza de España y casi todo el centro de Madrid, por otra parte), actualmente se dice que lo han comprado los chinos, y que en un futuro inmediato se reinaugurará como un lugar maravilloso de tecnología punta, con casinos y furcias. Pero desde 2006 se proyectó en su interior una reforma integral, con la idea del Santander de hacer allí unos pisos de mega-lujo. Este documental experimental se limita a ofrecer las crudas grabaciones de su autor en el edificio entre 2007 y 2009, y sencillamente asistimos al trabajo de un puñado de obreros, bedeles e ingenieros. Con algunos ratos entretenidos, como ese portero que visita la planta 13+1 donde se supone que habita un fantasma (quizá ahora haya dos, mientras Emilio Botín espera en el Limbo su entrada a la zona más profunda del Séptimo Infierno), y cuenta algunas anécdotas. O la visita de un antiguo inquilino que recuerda sus años en el edificio. Pero el documental no tiene narrador, ni imágenes de archivo, ni declaraciones editadas ni absolutamente ninguna parafernalia: todo es un montaje crudo de gente con casco haciendo sus cosas un día cualquiera mientras se está desmantelando el edificio y dejando diáfanas todas sus plantas. Apenas se nos ofrece información, ni se atisba apenas cómo sería la vida dentro del hotel, los áticos, las oficinas, las viviendas, el restaurante o las historias que tuvieran lugar allí: eso es trabajo para otra cinta. Esto es acaso sicalíptica para jubilados y amantes de los lugares abandonados.

Ciutat morta (Xavier Artigas, Xapo Ortega, 2013)

Curiosos tiempos vivimos en España, sepultados por el volumen de información que parece estar demostrando, ¡oh, sorpresa!, que nuestros gobernantes son unos sinvergüenzas, y que la derecha sigue en un franquismo de la mente en el que todo les pertenece, su profesión es repartir la pobreza y quedarse lo demás, y que estos ultracuerpos reciben mordidas desde que salen de sus vainas y legislan pensando única y exclusivamente en los empresarios y banqueros que les mantienen. Y aquí no pasa nada. Más que una casta o una clase política, esta gente son una verdadera familia biológica de subhumanoides enfermos, chupasangres que respiran y se alimentan de lo que se suponía de todos. Después de 30 años de aguntar este expolio, sus partidas de pádel y sus colecciones de porsches, la gente nos cansamos, salimos a la calle y nos cambian las leyes, acojonados, como un orondo cazador de elefantes que pone una mosquitera en su cama con dosel para que no le molesten los insectos. Aquí al que se mueve le pegan de hostias, que para eso tienen a sus simios adoctrinados; no todos, pero sí una cierta subespecie dentro de esa minoritaria fracción que ostenta el Poder, que van por la calle con armas, protegen a la Familia encerrando a los que protestan dentro de un sistema burocrático podrido y al margen de la ley. Simios igual de podridos, supersticiosos, a los que les han contado mentiras toda su vida, y creen servir a una Patria, creo, o a un mapa, o a una selección de fútbol o algo así. En esta historia, además, los protagonistas ni siquiera protestaron, simplemente pasaban por allí, que es lo que pone los pelos de punta: que somos todos los que no llevamos traje y corbata y pasamos por la calle los sospechosos y susceptibles de ser hinchados a hostias. A los cinco o seis chavales de esta fábula se les aisló durante años, se les torturó, se les practicaron palizas sistemáticas, se les inventaron cargos y antecedentes penales, se manipularon pruebas, se interpretaron jucios-circo, una llegó a quitarse la vida en mitad de toda esta sinrazón, y la espiral no cesó hasta que se descubrió, de rebote y por casualidad, que esos torturadores eran de verdad torturadores en serie, y no mossos d'esquadra molientes. "Ciutat morta" se centra en este micro-organismo dentro del marasmo de personas que intentamos salir adelante y no nos dejan, uno de los más salvajes e injustos. Narra lo que pasó con las personas afectadas por el Caso 4-F, unos chavales (Patricia, Rodrigo, Ricardo, Álex, Juan) destruidos por esa Familia de enfermos a los que les regalaron el juguete del Poder y no hay quien se lo quite, y sus torturadores profesionales a sueldo. Esos que les dices algo y te llaman "etarra", o "venezolano" (que debe ser algo malo, porque se ve que en Venezuela además de misses y cirujanos prácticos, hay injusticias sociales... ¡menudo país!) mientras siguen chupando.

jueves, 14 de mayo de 2015

"Ruta 66" (Sergi Cervera, 2010)

Hace unas cuantas semanas, estuve viendo videos y documentales sobre la Ruta 66, la arteria interestatal que unía EEUU de este a oeste antes del desarrollo de las superautopistas, y que hoy en día está abandonada y convertida en un recorrido turístico. Y además, a lo grande. Por lo visto en algunos videos, los americanos saben muy quien lo que se hacen, y algunos tramos de la que sería el equivalente a las comarcales españolas, que aquí han supuesto la decadencia y práctica (o efectiva) desaparición de docenas de aldeas y regiones enteras, allí es un verdadero museo del espectáculo, con el asfalto bien pulido, las señales vintage brillando al sol como si fueran de adamántium aceitado, los Paul Bunyan y los Muffler Men gigantes que parecen recién construídos... Y sobre todo, cientos de restaurantes y gasolineras-mall al servicio del constante fluir de visitantes.

Estuve viendo, decía, cosas que la gente cuelga en sus periplos. Me tragué casi entero, abochornado, el viaje de un youtuber extremadamente "alegre" que se hacía fotos a sí mismo cada 20 minutos y leía alguna cosilla de la Wikipedia sobre el trayecto, y también algún documental profesional. Y, de pronto, llegué a esta película, que en realidad también tuvo su origen en forma de videoblog, y posteriormente fue colgado en su versión completa. Narra la historia de dos hermanos catalanes, que han decidido pasar juntos las vacaciones recorriendo la vieja Route 66, después de muchísimos años sin pasar tiempo juntos. Todo tiene ese aura del nuevo cine low cost que tan poca gracia me hace, y ambos personajes son tan insufribles y sobreactúan tanto como se espera de todo buen youtuber, ídolos de adolescentes con un ego tan colosal que se ve desde el espacio exterior. El protagonista se ha ido de viaje a costa de la empresa, una revista que le paga por hacer fotos, y decide invitar a su hermana para ver si liman asperezas. Todo empieza bastante mal, porque el cielo está nublado y amenaza tormenta, y parece que no hay demasiadas fotos que hacer. Todo es muy verosímil, y pronto empiezan a suceder las típicas conversaciones entre hermanos, todo ello grabado por la cámara que llevan para documentar el viaje en su casilla de Youtube. Y todo es chiripitifláutico cuando los hemanos se dirigen a su audiencia de la red, pero empieza a resultar cáustico cuando vemos lo que sucede detrás de la cámara... Me sorprendió y me entretuvo mucho esta peli que pillé de casualidad, sobre todo porque piqué el anzuelo totalmente, y yo pensaba que los que estaban ahí diciendo cosas a la cámara eran verdaderos youtubers, y no actores profesionales. Si alguien lee esto, cosa no demasiado probable, le animo a que no lo haya leído y que si quiere ver esta película se enfrente a ella pensando que es un video casero. Fin del espóiler.

miércoles, 13 de mayo de 2015

"Pos eso" (Sam, 2015)

Sam Ortí (con permiso de Pablo Llorens) es el gran destacado del stop-motion patrio, uno de esos maestros del cine artesano que se fabrica modelando muñecos de plastilina foto a foto. Autor de piezas de fanta-terror cañí tan hermosas como "Vicenta", "Herminia", "The Werepig" o "El ataque de los kritters asesinos", fichado por los estudios Aardman, mago del audiovisual de relojero. El gran público sigue ignorando este filón que tenemos, a la espera de la próxima comedieta imbécil de triángulo amoroso con famosas, mientras que estos incombustibles talentos no cejan en su empeño por maravillarnos con su prestidigitación, originalidad y talento. Por fin este año Sam nos ha regalado su primer largo, una historia que mezcla terror gótico, gore, cachondeo y lo más infame de la sociedad española: toreros, folclóricas y analfabetos de mesa camilla. La trama básicamente narra un "El exorcista" en la España Profunda, con gran rendición también a la atmósfera de esa irrepetible joya que fue "El día de la Bestia", además de montones de guiños, en forma casi de sketches que hacen avanzar la historia, a todos los clásicos del terror y la ciencia-ficción que caben en hora y pico. En "Pos eso" podemos disfrutar del trabajo póstumo de dos monstruos de la interpretación como fueron Mariví Bilbao y Álex Angulo (repitiendo éste en su papel de cura urbano supersticioso y dispuesto a dejarse llevar por el Maligno, del clásico de Álex de la Iglesia), además de las voces de otras estrellas del cine español más decente; cada plano es una pieza de orfebrería, en el que detenemos mentalmente la acción para cotillear en los detalles de los dioramas, y fascinarnos ante la brujería de la plastelina en movimiento (pena del abuso de cgi que rechina un poco en un par de escenas); secuencias de sexo, sangre, violencia, humor negro y un devastador mensaje contra la estupidez de los medios de comunicación van armando este maravilloso y entretenidísimo juguete viviente que ya está vendimiando premios en festivales extranjeros, mientras que sólo ha conseguido apoyo para estrenarse en un par de salas pequeñas en cada capital de provincia. Yo fui al tercero de los cuatro únicos pases en el Pequeño Cine Estudio, y sólo éramos dos en la sala. Pese a las concesiones del guión al populismo torrentesco y algunos toques poco sofisticados y burdos a la busca, supongo, de audiencia mundana, el conjunto es tan sorprendente, brillante e incorrecto que nace con el estigma de obra de culto, a la espera del éxito millonario que tamaño despliegue de ingenio merece.

martes, 12 de mayo de 2015

Audra Mae & The Almighty Sound - 2012 - Audra Mae & The Almighty Sound

Descubrí hace unos meses este tremendo disco de soul y r&b, de una jovencita de Oklahoma City con voz a medio camino de la de Florence + The Machine y una oronda negra cantante de góspel. Al parecer descendiente de Judy Garland, tiene ya una sorprendente carrera en solitario en lo que va de década. Es sobre todo conocida por una (sosa) reinterpretación de Forever Young para el score de Sons of Anarchy, y por haber compuesto el único tema nuevo del superventas disco de debut de la chiflada Susan Boyle. Sus discos en solitario se componen de delicadas baladas vaqueras, en la línea de Adele o a Amy Winehouse (su versión de Here I go again de Whitesnake, en mi opinión, engalana el original), pero es acompañada de The Forest Rangers, The All-American Rejects y sobre todo de estos The Almighty Sound, cuando a Audra se le mete dentro el espíritu de Janis Joplin y nos devuelve tremendos llenapistas como The real thing, Smokin' the boys o Little red wagon.

lunes, 11 de mayo de 2015

"Los Simpson y la historia" (Rubén Galán Torres, 2014)

A mí que tengo un toc que me impele a querer saberlo todo sobre los Simpsons y catalogarlo, me pones delante un libro como este, hecho con tanta pasión y candor, y me deshago en elogios. En una librería en el ala oeste de mi simpsonteca, entre los ponchos piratas con dibujos de "Brat Sinson" y la máquina de petacos oficial de la franquicia, y aparte de todos los productos de papel tintado oficiales, tengo otros entusiastas ensayos bastante conocidos, como "El Evangelio según los Simpson" (divertidísimo), "Aprendiendo economía con los Simpson", "Los Simpson y la Filosofía" (éste lo tengo solo en inglés, porque le tengo un poco de tirria a Blackie Books), "Los Simpsons y las matemáticas", "La ciencia de Los Simpson: El Universo con forma de rosquilla (Guía no autorizada)", "La empresa según Homer Simpson" o "El grindcore ochentero en los Simpson". Un domingo entré en la tienda de tebeos de abajo, y después de una hora ya andaba nervioso porque no me gusta irme con las manos vacías y dinero crujiente en el bolsillo, cuando me encontré con este bonito ensayo underground. Rosita y con una portada más fea que ir al súper a esconder cuchillas de afeitar dentro de potitos, se trata del trabajo de un afable veinteañero profesor de secundaria gallego, que como tantos otros educadores se dio cuenta de que proyectar ciertos episodios de la serie es una manera perfecta de introducir y enfrentar a los chavales a determinados temas, y que además se partan. Aquello de enseñar deleitando. Montones de aspectos de la Historia Universal han sido tratados en ese contenedor socio-cultural llamado Los Simpson, y de entre todos los capítulos y asuntos posibles el autor ha querido reunir aquí su trabajo respecto a 9 de los más peculiares. Porque no vamos a sumergernos en el fabuloso mundo de Bizancio, de la desamortización de Mendizábal o la guerra de los cien años, no: en sus 9 capítulos, Rubén nos va a hablar de las brujas de Salem, la Masonería, la pena de muerte, las sectas destructivas, la manipulación en los medios de comunicación... Sólo le faltaba un capítulo sobre ninjas de fuego y un VHS con varias horas de demoliciones controladas de regalo, para que esta fuera la mejor compra de mi vida. No, en serio, aunque no lo parezca, en la pequeña medida en que el autor se lo propuso, al mismo tiempo que recordamos los disparates de Homer y compañía, el simpático ensayo repasa unos cuantos asuntos muy interesantes, con una honestidad y unas ganas desbordantes. Y el librito es ya una de las joyas de mi colección, y ya lo quisiera tener Matt Groening.

"Jack el caza gigantes" (Bryan Singer, 2013)

Me remonto a las Navidades pasadas (y ya mayea), porque me ha venido a la cabeza esta peli que echaron en el Plus a principio de año, una de las pocas ocasiones en que coincide que me siento a los mandos del sofá para pillar una entera y le saco utilidad al dichoso decodificador... Mira que no me doy de baja por seguir la NBA, y me saldría más barato viajar a ver los partidos a pie de cancha. Como sea, empecé viendo esta revisión del clásico del folclor literario norteamericano "Jack y las habichuelas mágicas", uno de los menos explotados en el audiovisual, tal vez por el rollo de los efectos especiales. Estos, en manos del curtido Bryan Singer, parecen pan comido y el ejército de feísimos, repugnantes gigantes (incluído, como en el cuento original, un maravilloso bicéfalo, que es una de mis bestias favoritas de todo el bestiario y tampoco se vé mucho) es asombroso y verosímil, y el tallo gigante parece oler, y las cabriolas y los sonidos de la guerra, y todo, es tremendo y absorbente. Ewan McGregor está fantástico haciendo de inocente pero bizarro chavalín ya con canas en los huevos, y la adaptación es una verdadera maravilla. Sólo el hecho de no haber adaptado esto a una trilogía de nueve horas para la fauna bakala de multisalas de extrarradio, explica que esto no haya pasado a la historia como la cinta de aventuras más entretenida y redonda de lo que va de siglo, muy superior a la media de esa colección de fábulas clásicas cicladas que se estrenan cada dos por tres.

The angriest man in Brooklyn (Phil Alden Robinson, 2013)

Todavía estremece pensar que Robin Williams se quitara la vida. Un tío rico, muy querido, un auténtico tesoro norteamericano rebosante de talento, y que además es uno de esos pocos casos de actor de fama universal que ha conseguido no encasillarse ni convertirse en una parodia de sí mismo, pese a su destreza para la comedia física. Aunque no hiciera ascos a su par de blockbusters por lustro, creo que supo mantener con mucha clase el equilibrio entre el artista arriesgado y el caricato modelado por Hollywood. Y deja a sus espaldas un montón de películas de culto, clásicos incontestables y historias extrañas, incómodas y arriesgadas. Pero para incómoda, esta extraña comedia negra a la que acudí, lo reconozco, solo por el morbo, y que me dejó bastante frío y con el ceño fruncido, que cuenta una aventura urbana terrible que reflexiona sobre el epílogo de la vida y la negación de lo que dejamos atrás, con sketches muy agridulces y hasta brotes de screwball de por medio, y bastante fallida.

Muñecos del destino (Serie, 2012)

A este blog siempre le pasa que marcha a trompicones: lo actualizo mucho un par de días, y luego lo olvido durante semanas. Pero trato de paliar mi indolencia y falta de disciplina haciendo anotaciones de cosas que me han llamado la atención, para cuando me encuentro ocioso y solo y me apetece retomarlo; como ahora mismo, que he despertado de un viaje astral sobre el sofá como los de Little Nemo, me ha arremetido el spleen y necesito pensar en trivialidades. Por ejemplo, traigo esto, esto tan raro que vi hace algunos meses, cuando descubrí que mi vieja XBOX de 3ª mano se conecta al router, y puedo hacer zapping por Youtube en mi tele gigante del salón (Roxy C, la llamo). No sé cómo llegué a Muñecos del destino, pero me voló la cabeza y me mesmerizó hasta deglutir sus 8 episodios. Por su extraño ritmo, su extraña idiosincrasia y su extrañísimo humor. Se trata de una parodia de los clásicos culebrones sudamericanos, esa imagen especular exorbitada del estilo de vida de los famosos cuyas peripecias se dilatan durante años y años en las sobremesas de los canales públicos de todo el mundo. La parodia en Muñecos del destino enfatiza en la cantidad de cosas horripilantes y desorbitadas que pasan en las soap-operas habituales, para mantener el cliffhanger y el lagrimal de las amas de casa atareado todos los días de todas las semanas de todos los meses de cientos de años que duran estas cosas: en pocos episodios (intuyo que) a esos/as apuestos/as venezolanos/as de las teleseries del Cono Sur les han violado seis veces, operado a corazón abierto, embestido de frente con otro Testarossa, puesto los cuernos y contraatacado con otro/a cantante melódico/suripanta según corresponda, cambiado de sexo y embargado el rancho, sin que tú en tu casa hayas siquiera acabado de zurcir un babero para el sobrino nuevo ni lavado los platos. Pues en Muñecos del destino se mofan de eso, pero de una manera muy sutil y respetuosa, casi casi como si todo fuese en serio. Hay accidentes, chuflos y giros de guión constantes, pero a un ritmo pausado y narrado con un humor que o es demasiado blandito, o para que rían esas mismas amas de casa, o yo no lo he entendido bien por los modismos argentinos. Pero todo esto, toda la serie, está protagonizada por marionetas de tela. Surrealistas muñecos sin rasgos faciales (apenas un bulto y unos smarties por nariz y ojos), simples y grotescamente manejados con varillas, que soportan más estoicamente el drama y los largos primerísimos planos que sus versiones de acción real (y que ahora que lo pienso, el bótox también les ha anulado las facciones) y cuyas evoluciones en la pantalla, no exentas de violencia y situaciones adultas, me fascinaron y sofronizaron toda una tarde lluviosa. Lo del ritmo y la falta de risotadas no es en absoluto una crítica negativa. En manos de cualquier guionista español armado de su sandwichera-de-guiones, se hubiera transformado en un histriónico carrusel de gritos e imitaciones de Muchachada Nuí del todo insufrible, y así tal y como fue concebido esto, tan parsimonioso y extraño como un episodio de Planeta Imaginario o un show de marionetas polaco de los ochenta solo para adultos y extraterrestres. Y que además te ríes, que sí, pero yo creo que más bajo la influencia.

Mind Control Agency - 2009 - Cerebral circus

Gastados los surcos y el tracking de todos los discos y directos de Mr. Bungle, una de las bandas que más me interesaron desde siempre, echaba de menos más material de este tipo, tan difícil de definir. Esa experimental mezcla sin complejos de air metal, funk, jazz, silencios incómodos, Morricone, Zorn, Zappa, world music, estructuras extrañas con cambios bruscos de género en cada canción, vaudeville, gritos y susurros, he creído encontrarla en esta banda de la que apenas existe información, que aparecen disfrazados en el interior de un libreto casi sin créditos y que remite a una casilla en MySpace que ya no existe. No cabe duda de que esta gente, sean quienes sean, le deben mucho a Patton, Dunn, Spruance y los otros. Sobre todo, a los Mr. Bungle de los primeros EPs y de "Disco Volante". Muy bien todo.