jueves, 24 de diciembre de 2015

"Las claves esotéricas del III Reich" (José Lesta)


Continúo esta ráfaga de posts rápidos poniéndome al día con algunas lecturas recientes y olvidadas de 2015. Hace un par de meses, estaba yo sumido en una compulsiva (re)lectura de la obra de RAW. Tengo en el tablet todo el Evangelio discordiano con sus evangelios apócrifos discordianos, el bhagavad-gita discordiano, el libro del mormón discordiano y el corán discordiano, gracias a un blog de no creérselo que está traduciendo por amor al arte toda la obra de RAW y alrededores, que nadie se ha atrevido nunca a publicar en formato noble en España. Pero, en realidad, solo he leído el "Principia discordia" y la primera parte de la "Trilogía ¡Illuminatus!". Pero no es momento de hablar de esto, no hasta que realmente sea un converso completo al discordianismo y empiece a ver al revés. Pero sí recuerdo que por ese mismo tiempo me llevé de una mierdulería otro libro de la Colección Iker Jiménez, que tengo muchos, éste de aquí arriba, y leerlo fue la única actividad que hice en todo el día. Estos ladrillitos de divulgación pop me gustan mucho, aunque me gustarían aún más si los vendiera un vagabundo al fondo de un callejón en formato fotocopias grapadas, pero tienen su aquél. Y yo en realidad de nazismo sé muy poco, y menos aún de nazismo de risa, paranormal, conspirulero y sensacionalista. Como digo, fue un día muy entretenido, alucinando con cómo Hitler y sus amigos recorrían el mundo en plan Willy Fog buscando la Atlántida, Lemuria, Oz, Nibiru, el Cetro de Al-Khaddib, la Dragonlance, mjolnires, el tercer cuerno de María Estuardo, esqueletos de venusiano, oop-arts bizarros y la fuente de la eterna juventud. Tan divertido como un episodio de Agentes de S.H.I.E.L.D. zurrándole a Hydra en otra dimensión.

"La pesca de la trucha en América" (Richard Brautigan)


En este Nuevo Orden en el que estoy inmerso, por cuestiones que no vienen al caso, mi rutina de los lunes consiste en darme largos paseos recorriendo el barrio de Salamanca. Y descubrí que allí han abierto una sucursal de Libros Libres (que ahora se llama Tuuu Librería), esa no-tienda gestionada por una ONG en la que te puedes llevar libros por la voluntad y que, lo siento por el gremio, a mí me ha sulibeyado. Siempre que paso por allí encuentro algo interesante, y en una de esas tardes de lunes contemplativas encontré ¡3! nuevos ejemplares de la colección ochentera Star Books, que son unos de mis objetos-fetiche más buscados, y una copia de éste "La pesca de la trucha en América" de Brautigan. Le tengo mucha, muchísima manía a Blackie Books, no me gustan nada sus ediciones, ni la pátina de hipsterismo hedonista con que envuelven todo lo que tocan, ya lo he dicho alguna que otra vez. Pero bueno, por ese precio, le di una oportunidad, y me entretuvo bastante esta recopilación de narraciones obsesivas, lisérgicas y ultra-hippies, lanzadas desde la orilla en una botella vacía de whisky. Desde el epicentro de a Contracultura norteamericana, el tal Brautigan se hizo muy famoso con esta especie de prosa poética, samizdat post-industrial a medio camino entre un Bukowski de picnic y un Eroféiev recién llegado de la Guerra de Vietnam.

"Cómo ser grosero e influir a los demás" (Lenny Bruce, 2015)


Otra lectura refrescante y edificante de estas últimas semanas del año, una recopilación de textos semi-autobiográficos de Lenny Bruce para Playboy, que ha editado Malpaso. Tantos años después, su prosa sigue resultando picante y compleja, aunque demasiado cargada de sexo y guarrerías consuetudinarias (claro). Además, recuerdo que me influyó mucho durante su lectura, y lo sigue haciendo, cómo fue la presentación del libro, a la que acudí. Magnífico el trabajo de los encargados de la misma, 3 primeras espadas del humor madrileño "de izquierdas" contemporáneo, y todo muy bien, hasta que llegó el turno de preguntas, y aquello se transformó en un sainete extraño e incómodo, que prefiero ni rememorar. Lenny Bruce fue un genio, del que apenas tenía algunas nociones, y me temo que el espacio que debería ocupar en mi corazón está ocupado por Bill Hicks, pero este libro es un hito importante para todo fan de la comedia estandupera (como dicen en México, ¡argh!) norteamericana.

"Sangre americana" (Benjamin Marra, 2015)


Sucumbí yo también a la fiebre Benjamin Marra, autor del delicioso tomo "Sangre americana", que recopila algunos de sus tebeos de grapa. Marra es un tío interesantísimo, un tipo obsesionado con la Historia, la formación académica y los tebeos malos. Su concepto del cómic está a las antípodas del de gente como Chris Ware o, yo qué sé, Moebius, y para él el tebeo es una cosa de usar y tirar, un divertimento efímero que debe estar repleto de divertimento, sexo y violencia gratuita. Marra copa un género tebeístico inédito, y vendría a ser al medio lo que Andy Sidaris o Joseph Zito eran al cine. En sus historietas, que a ratos parecen dibujadas por un Howard Chaykin veinteañero y escritas por un Quentin Tarantino de ácido, mezcla aventuras de gangsta-rappers armados en el Los Angeles de los primeros 90s, con fábulas de espada y brujería y rayos láser y tanques y tetas, o salvajadas de sectas terroristas racistas con tetas. La edición, así como la pasión que pone Autsaider Comics en todo lo que hace, son maravillosas.

"Atlantis ataca" (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)


He actualizado muy poco este blog últimamente, porque mi relación con el ordenador se ha ceñido a preparar programas de radio y sesiones musicales, a intentar terminar los 3 ó 4 larguísimos documentos que tengo empezados, o bien a preparar el Apocalipsis. Por no hablar de que Netflix. Y además, sigo inmerso en la relectura de TODOS los tebeos de Spider-Man que jamás ha publicado la editorial Marvel. Me estoy adentrando lentamente en los años 90s, ya he llegado a la etapa de David Michelinie y Todd McFarlane en Amazing, y con 20 años más descubro que ese primer y jovencísimo McFarlane pre-Image dibuja horriblemente mal. Mucho espectáculo, mucha tela de araña entrelazada y sorprendentes composiciones góticas, pero las caras que dibuja dan un poco de asco, y en algunas perspectivas le sale Spider-Man con unas cachas que parecen las de Vicente Belda, o en otras Mary Jane tiene unas piernecitas como las de un ruiseñor herido. Los primeros planos de perfiles que hace McFarlane revuelven el estómago, y su obsesión por las capas churiguerescas de los malos y los cuerpos caricaturescos resulta vergonzoso. Aprendió muy deprisa, eso sí, y pronto todo deja paso a simple espectacularidad y lo molón, pero con las ganas que tenía de alcanzar esta etapa, ahora me da repeluco. Además, mientras tanto en las otras dos colecciones, Web of y Spectacular, estoy redescubriendo algunos momentos gloriosos, con unos Peter David/Alex Saviuk y Gerry Conway/Sal Buscema absolutamente pletóricos, y unas tramas y diálogos soberbios de los que Michelinie está a años luz (que también me está pareciendo muy flojito; sin duda sus textos eran ideales para mi yo de 13 años). Sabía que pasaría esto, y estoy asombrado asumiendo ahora que ese fenómeno que me marcó tanto a comienzos de los 90, con el aterrizaje de dibujantes brillantes y refrescantes que nos atraparon a los jóvenes excitables (Lee, McFarlane, Portaccio, Liefeld, etc.), soterró el magnífico trabajo de la generación anterior, que estaba en su máximo esplendor. Me estoy reconciliando con artistas a los que menospreciaba, como Ron Lim, Jim Fern, Mike Zeck, etc. Y también me hace mucha gracia contemplar los primeros pasitos de Mark Bagley, un artista que siempre me ha entusiasmado (New Warriors o Thunderbolts forman parte de mi Olimpo personal) y me ha parecido correctísimo, un más que digno heredero de la Marvel clásica de los 60s y 70s. Sin ruido, sin estridencias, el chaval dibujaba exactamente igual en 1988 que en 2015. Me chifla.

Aparte de algunos fill-ins o annuals, para poco a poco irse apoderando del personaje en el futuro, Mark Bagley se calza 84 páginas, serializadas en todos los annuals de 1989, que conforman la historia de "La Saga de la Corona Serpiente". Conocía perfectamente esta historia, y la ideificación de la corona con el SLA, pero nunca había leído estos complementos completos. Con guiones de Peter Sanderson, el fricazo que se hizo él solo todas las fichas de personajes de Marvel y DC en los 80s y 90s, la Saga de la Corona Serpiente es un homenaje y puesta a punto de todo el Universo Marvel, con guiños a la obra de Lovecraft o Robert E. Howard, a la pre-Marvel de Namor y los dioses asgardianos y a la Marvel más hippie y cósmica de los 60s/70s, en la que incluso fusiona el mundo de Conan con el de sus superhéroes. Una epopeya fantástica que ni siquiera conocía. Por lo demás, sí que recordaba algunos momentos de ¡Atlantis ataca!, como las peleas de los mutantes contra esa deliciosa colección de hombres-serpiente de todo tipo, drogas-serpiente, edificaciones-serpiente, etc.

Justo antes de ¡AA! también me tocó releer la saga de "La guerra de la Evolución", que también tenía enfangada en la memoria. Todo aquello de los lemurianos, los hombres-topo, los Desviantes, los Nuevos Dioses... También disfruté, con la boca abierta todo el rato, de "La última cacería de Kraven", una Obra Maestra de la era del nacimiento de la novelagráfica moderna y lo sellos indies. Y en breve me enfrento, otra vez, con Inferno. Las sagas modestas pero grandilocuentes de los 80s que conformaron el "Marvel way of life". Aquellas guerras tierra-mar, superficie-intratierra, cielo-infierno, etc., que plagaron el MU de dioses, seres extraños, razas y mitología épica, construidas con esmero y dedicación por guionistas y dibujantes que eran grandísimos y yo despreciaba, en la prórroga previa a convertirse en pasto de fan-favorites que lo llenaron todo de rayitas, dientes, rifles futuristas gigantescos y testosterona. Y estoy disfrutando mucho con todas estas niñerías de colorines para niños, desde una perspectiva adulta.

"Mr. Mercedes", Stephen King (2015)


Una de mis últimas lecturas del año 2015 ha sido una decepción considerable. Stephen King estira y estira una historia simple y absolutamente predecible, sobre un policía jubilado que investiga por su cuenta uno de los casos sin resolver que quedaron en la comisaría, en torno a un misterioso asesino de masas, que hace un par de años asesinó a 8 personas atropellándoles con un coche y dándose a la fuga. Alternando entre los quehaceres del policía y del chiflado delincuente, la historia apenas avanza mientras se nos presentan a los otros cuatro o cinco personajes que conforman la historia. Una página web de contactos, a través de la cual intercambian información, y bastante palabrería informática, y la historia de amor del protagonista con la acaudalada heredera de una de las víctimas, llevan el peso del parsimonioso desarrollo. Lo único que me sacó del tedio y me hizo sobrecoger y alimentar mis pesadillas, es el episodio en el que nos cuenta el pasado de Mr. Mercedes, todo lo que sucedió con su hermanito pequeño y cómo su desgracia va dando forma a la relación platónica del asesino con su madre. Por lo demás, es como un capitulito de una serie procedimental alargado y bastante desaprovechado.

viernes, 11 de diciembre de 2015