Martes, Marso 24, 2015

Tus muertos favoritos nº 1

Recomiendo vivamente este fanzine que acaba de salir, una preciosidad auspiciada por la gente de La Fonoteca que homenajea los viejos álbumes de cromos con un toque incorrecto, dedicado a muertos insignes, principalmente, del mundo de la música. El fanzine es en realidad un álbum, en el que hay que ir pegando los cromos que vienen aparte; en un blíster, se incluye la colección completa (supongo; porque si no me voy a Rastro la semana que viene a cambiar repes), y de regalo añaden también tres pegatinas, un póster/ouija a juego y una chapita sorpresa (a mí me salió Joey Ramone), todo el oscuro y bonito pack por solo 12 euros. Con un estilo cruento y cachondo, en el álbum se hagiografía al protagonista de cada cromo, y además de coleccionar y fardar podemos aprender sobre nuestros muertos favoritos, desde Frank Zappa a la perrita Laika pasando por Poch, Divine, Juan Antonio Canta o Bon Scott.

Granja de malditos (Col. Selección Terror, nº 510; Ralph Barby, 1982)

En plena edad de oro del slasher, con los primeros cadáveres dejados por Jason Voorhes aún calientes, el maestro de terror “de a duro” celtibérico Ralph Barby entregó esta estupenda historia sobre un campamento en mitad de la nada, un loco suelto y armado, y un montón de chavales correteando por su vida. En este caso, el campamento (la “granja” del título) es un rehab rodeado de inabarcable desierto en algún lugar indeterminado del sur de EEUU. Acuden allí niños bien, enganchados al “pico”, que gracias a la terapia de Charles Manson (“no el que liquidó a Sharon Tate“, nos aclaran, sino otro) y a su propia interacción, logran superar cada verano la adicción a la necia droga. Ronald y Margaret Evans no pueden más, y han decidido llevar allí a su drogadizo hijo Alex, a ver si se le pasa la tontería. Pero nada más llegar Alex comienzan a rodar cabezas: un escurridizo tipo vestido de azulgrana, con un capuchón, un hacha y un enorme e insaciable perro llamado Cervero (sic), está eliminando uno tras otro a los internos, con nocturnidad y alevosía, en un frenesí de violencia lisérgica. Resultará que uno de los chicos ha sido poseído por el espíritu de un matarife del siglo XIV llamado Sampson, que no piensa dejar yonki con cabeza.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

IBLIS (Col. El Encapuchado, 2ª época, nº 1; Guillermo López Hipkiss, 1953)

Uno de los hitos pulp de la novela popular española de mediados de siglo, fue la colección de El Encapuchado. Creado en 1943 por Guillermo López Hipkiss, y ambientadas sus historias en la ciudad de Baltimore, siempre estuvo a la sombra del gran éxito del momento, el inmortal El Coyote de J. Mallorquí, si bien llegó a tener dos colecciones de novelas, y hasta 80 entregas en total. El Encapuchado es en realidad un millonario fortachón (Milton Drake) que trabaja anónimamente para defender la ley por las noches a su manera, al más puro estilo de Batman o The Spirit, sus referentes más obvios. A su lado está siempre La Antorcha (su esposa Mavis Donovan), y ambos desfacen entuertos para desesperación del comisario Oliver Grimm, incapaz de echarles el guante y adivinar sus identidades reales. “IBLIS”, la primera de su segunda etapa (1953), estaba claramente dirigida a los fans de la primera racha del personaje, y Hipkiss no se detiene en presentaciones y abusa de referencias a aventuras pasadas. En esta ocasión, nos cuentan que IBLIS, una sociedad misteriosa de adoradores de Satán, está cometiendo asesinatos en la ciudad, y solo Milton y Mavis pueden descubrir su guarida y darles para el pelo.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

La maldición del vampiro plateado (Col. Selección Terror, nº 113; Curtis Garland, 1975)

Curtis Garland, en mi opinión, se pone demasiado tremendo y épico en esta novela gótica sobre sendos coleccionistas de antigüedades que compiten por las mismas piezas: una terrorífica máscara de plata, y un sarcófago también de plata que supuestamente contiene los restos del Conde Drácula. Los dos apoderados son Basil Bannister y Josuah Silverstein. El primero es un aventurero, que ya en 1880 había conseguido eliminar al Vampiro por excelencia de un estacazo en el corazón, encerrarlo en el sarcófago y enterrarlo, construyendo a su alrededor toda una finca para imposibilitar el renacer de Drácula y su consiguiente maldición sobre la humanidad. Pero el ansia viva de Silverstein por ampliar su colección le lleva a contratar a dos famosos profanadores de tumbas (Burke y Hare), para que roben el sarcófago. Una vez en su poder, y juntos el sarcófago y la máscara, Silverstein se los lleva en su gigantesca embarcación protegida por lanceros bengalíes hasta la India, donde por un error de la tripulación, Drácula vuelve a la vida por enésima vez en la colonia británica de los elefantes y los taparrabos, y la maldición se desata de forma violenta y exótica, con mucho Krishna y olor a pachuli de por medio.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

Con el Demonio no se juega (Col. Selección Terror, nº 61; Joseph Berna, 1995)

He vuelto a picar.

Sí.

Otra vez.

He vuelto a picar como un piojo.

Otra novelita del “rey del punto y aparte”.

Es una bobadeta entretenida picantona con chistes muy malos y frases de 3 palabras.

Va de una escritora que en su libro se mofa de Satán: “¡A Satán le gusta el whisky!”.

Y Satán se venga.

Clava su tridente en su culo y le escarifica una cruz invertida entre los omoplatos.

Ajá.

Está muy buena, y un periodista que la iba a entrevistar la salva in extremis.

Y se enamora de paso de su sirvienta.

Y se lo montan. Satán vuelve, cachas, fluorescente, un rabo peludo y su tridente.

Eso es.

Y al final resulta que era un señor disfrazado.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

Indiana James: El diente de perro (Col. Grandes Aventuras, nº 2; vvaa, 1985)

Genial, divertidísima 2ª entrega de las aventuras del cazador de tesoros al que la gente confunde con la odiosa medianía hollywoodiense Harriford Jones. La historia comienza donde la dejamos. Harto de la cochambre de su hotel hong-konés, Indiana se enrola en un petrolero lleno de buscavidas. Uno de ellos, Kurt Olsson, pierde al póker con Indiana su posesión más preciada: un colgante con un diente de perro; pero el muy bandido, a la altura de Bombay, le roba a Indiana el collar y de paso todas sus posesiones. Tras recuperar lo suyo, Indy conoce a Kobra, una joven que trabaja bailando desnuda encima de un inmenso tigre llamado Killer. Ésta le cuenta para qué sirve el misterioso collar: una reunión secreta tiene lugar en unas horas en La Meca, donde cientos de portadores de collares como ése están siendo contratados para formar una guerrilla que derroque un gobierno del norte de África. El instigador de la revuelta es un ex-nazi que viste de punta en blanco y lleva un halcón vivo en cada hombro, amaestrados para matar. Pero la revuelta africana es una tapadera para que varios capos huyan repatriados, exportando de paso toneladas de heroína. Indiana descubre el pastel, aplaca la revuelta y aterriza en pleno festival de Cannes.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

Sexo para las bestias (Col. ColtSex, nº 1; Derek Brook, 1978)

Un grupo de forajidos sexuales acecha en el desierto de Texas. Su líder se llama Bannion, y viaja acompañado por Oliver, negraco fornido y con un “bicho” de palmo y medio, y tres blancos llamados Alsop, Crable y Cochrane. El grupo lo completa una india de 17 años a la que llaman Fox (Zorra), secuestrada de una aldea apache, que les sirve de desahogo sexual y de esclava en las tareas domésticas. Y también Foxie, su hijo mestizo recién nacido, cuya paternidad discuten continuamente los canallas. Su última fechoría la cometen en la próspera localidad de Lamesa, desmantelando el General Merchandises, violando en masa a la tendera Jane Weldon y llevándose de paso a Helen Robbins, una hermosa joven hija de un adinerado ranchero, a la que utilizarán como juguete sexual hasta que papá Robbins les pague todo lo que tiene. Así se las gasta la troupe de Bannion. Pero hete aquí que Jim Hubbard, ayudante y amante de la Weldon, decide hacer justicia e iniciar una cruel venganza a través de las montañas, armado con un rifle de precisión de largo alcance. Una salvajada sin frenos, que abrió una colección ignota (y sin continuación) de bolsilibros españoles de western-erotrash para deleite del fan de Peckimpah o Russ Meyer.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

Rancho Drácula (Col. Kansas, nº 115; Silver Kane, 1960)

A finales de los 50s, el Maestro Francisco González Ledesma se atrevió a mezclar el misterio sobrenatural de la Vieja Europa con el popular género de pistoleros del Lejano Oeste. La novela tenía en vilo a varios cazatesoros, que por hemos podido gozarla gracias al blog BolsiLibros, y su digitalización a petición del autor. Se trata de una novelita de casi 250 páginas, que en realidad, tengo que decirlo, decepcionaría al aficionado raso a los chupasangres, ya que los sustos y el folklore transilvano escasean; sin embargo, como western de entretenimiento es una delicia, la prosa de Kane es apasionada, y la acción trepidante. Todo gira en torno a la adquisición del auténtico ataúd del Conde Drácula por parte de un acaudalado terrateniente, que colecciona objetos curiosos en su rancho en mitad del desierto de Nevada. No hay un protagonista claro en la historia, sino una sucesión de encontronazos entre forajidos y cazarrecompensas, que nos lleva de Carson City a Little Sun y al Rancho Diamond, donde tiene lugar el cénit. Hay por ahí un desgraciado disfrazado de vampiro y un aficionado a los desmodontinae, mucho tiroteo, extraordinarias punchlines e imágenes dignas de Leone, pero poca agua bendita.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

Drácula en el Oeste (Col. Caravana, nº 38; Donald Curtis, 2001)

A veces miro en la sección de mierdilibros (con todo el cariño) del Oeste en los tenderetes para pasar el rato, aunque intuyo que no sabré valorar el género, en cualquier disciplina, hasta la senectud. Pero el título de esta novelita (publicada en 2001, cuando probablemente “Rancho Drácula” ya adquiría categoría de mito), me llamó la atención; y efectivamente, Juan Gallardo Muñoz / Donald Curtis narra aquí un prodigio de historia ambientada en el Lejano Oeste donde se amalgaman el horror paranormal y el clásico drama de pistoleros. El legendario lonesome cowboy Drury Reno arriba a Carrizo, TX, en busca del asesino de su padre. Y justo después de una trifulca en el saloon, se tiene que medir el lomo con el misterioso conde transilvano Silas Sterling, que trafica con pesados ataúdes y por las noches se transforma alternativamente en hombre-lobo o vampiro. Mientras, un espectáculo circense de payasos vaqueros asesinos a sueldo, y un carromato de zíngaros vendiendo ungüentos, acaban de llegar a la ciudad. Entre tanto forajido armado, tanto escalofrío y con un sheriff Miller tan pusilánime, alguien tendrá que poner orden y ligarse a la guapa. Una singular obra maestra del western paranormal ibérico de kiosko.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2011)

La máquina sexual (Col. Sexy Star, nº 10; Tom Kalper, 1979)

Desde que la espichó el chiquitín del bigote, los quioscos españoles, como sabemos, se fueron llenando tímidamente, poco a poco, de literatura erótica de todo tipo. Las novelitas “de a duro” de este género, escritas con seudónimos nuevos por los mismos de siempre, son un pastiche de romanticismo, intriga y humor (en realidad, como las de todos los demás géneros) salpicado de ardientes pero recatados revolcones. Otro patrón destacable en todas ellas, es que sus mujeres protagonistas eran chicas liberadas, jóvenes, que hacían enloquecer al macho, y sin complejos a la hora de irse a la cama con el primer mindundi. En el caso que nos ocupa, Carrie Norton es directamente una señorita puta que ejerce en una zona exclusiva y sofisticada de Nueva York. Pero tiene tan mala suerte, que viene a enamorarse de un mozo que también ejerce de puto, de nombre Robert Bikini. Ambos se dan placer mutuamente sin cobrarse, y pronto se confiesan su mutuo amor, así como su oscura profesión. Por el camino, Carrie se enamorará de otro galán, el intelectual y sensible artista Lloyd Ward, que aunque es muy guapo y atento, resultará demasiado materialista para Carrie, que se jubilará, podrida de pasta, a los 21 años, y montará un sex-shop junto a Bob.

(Publicada originalmente en Microcritic en febrero de 2011)

Tras las huellas de Drácula (Col. R.O. Terror, nº 4; Chester Meredith, 1980)

Chester Meredith es el alias de Stanis Mulas, autor de pulp de terror italiano. Un trepidante viaje al corazón de Transilvania. Un profesor de Historia y experto en vampiros, llamado casualmente Chester Meredith. Un grupo de apoderados afines a la Universidad de Des Moines, Iowa, que invierten un dineral en la expedición, que tiene como objetivo real localizar la verdadera tumba de Drácula y acabar con su vida definitivamente, puesto que Vlad Tepès sigue atemorizando a la población 500 años después de su muerte. Acompañan a Meredith dos de sus ayudantes, una hermosa rubia hija de uno de los financieros y un joven estudiante. El rumano Florian Radescu, otra eminencia en vampirismo, iba a encabezar las investigaciones, pero aparece empalado justo el día anterior a la partida. Una vez en Rumanía, su nuevo guía será Rora Kormenji, ex-ayudante y ex-amante de Radescu. La historia está muy bien documentada, y repleta de detalles sobre la verdadera historia de Drácula. El ambiente que crea el autor es sorprendente, misterioso y envolvente. Aunque durante toda la historia asistimos a un hexágono amoroso, empalagoso y pretendidamente erótico, que entorpece bastante la trama, es todo bastante entretenido. Leedla, doy mi permiso.

(Publicada originalmente en Microcritic en febrero de 2011)

Marcaje al hombre (Col. Doble Juego, nº 86; Frank Caudett, 1983)

En el mundo de los bolsilibros bizarros hubo lugar para la ficción futbolística, ese género marginal y grimoso al que apenas se ha prestado atención con acierto más allá de Eduardo Galeano o Nick Hornby (con permiso de Eric Castel y Curro Córner). En la colección Doble Juego hubo al menos un ejemplar dedicado al fútbol, o mejor dicho al “soccer”; esa manía de Bruguera de dar gato por liebre llevó a Frank Caudett (el barcelonés Francisco Caudet) a idear un thriller ambientado en la absurda liga norteamericana de este deporte, lleno de explicaciones sobre su idiosincrasia yanqui y de locuciones balompédicas (el horror) de todo tipo. Contra todo pronóstico, la historia es bastante entretenida: West Stevens, exitoso entrenador del Chelsea, es contratado por un millonario para ponerse al frente de un nuevo equipo creado para hacer sombra al New York Cosmos: los Empire Football York, liderados por los arietes Giorgio Antonutti y el vascuence Chus Novoa. El Empire parece invencible, hasta que dos de sus estrellas reciben una misteriosa llamada amenazante, para que pierdan el choque contra el Manic Montreal. Antonutti rechaza la oferta, marca un golazo y cae fulminado en el campo. Intriga, acción, amor, árbitro comprao y partido regalao.

(Publicada originalmente en Microcritic en enero de 2011)

El enviado de Bongo (Col. Espacio, nº 694; Joseph Berna, 1983)

Antes de nada, echad un vistazo a este recorte de la revista El Víbora (nº 191, año 1995), donde Hernán Migoya reivindicaba la labor de Joseph Berna como escritor bizarro. Pues bien, ahí tenéis un ejemplo diáfano de la prosa de Joseph Berna. Estoy totalmente de acuerdo con Migoya en la falta de reconocimiento, así como su condición de autor “delirante”. Pero delirante, en mi humilde opinión, en plan mal. Porque ese estilo veloz de Berna, esos chistecitos uno tras otro, esa fluidez machista de coña marinera inherente al inconfundible “Rey del Punto y Aparte”, a mí me ponen enfermo. Me había prometido a mí mismo no acercarme a otra novela de Berna (lo hice después de leer por ejemplo ésta), y si lo volví a intentar fue sólo, lo confieso, porque en el título se mencionaba al Planeta Bongo, y la casualidad, como gran fan de los tebeos de los Simpson, me hizo gracia. Pero espero no caer una tercera vez. Porque, al menos cuando toca la ciencia-ficción, la prosa de Berna me resulta irritante y soporífera. Como una película de Esteso sin Pajares, en trajes de papel Albal. Como un monologuista triste. Una parodia. Ésta va de marcianos de Bongo que se hacen pasar por personas para ligar terráqueas en una playa de 2098, y poco más. Yo no le pillo la gracia.

(Publicada originalmente en Microcritic en enero de 2011)

La espantosa muñeca (Col. Selección Terror, nº 38; Curtis Garland, 1993)

Radiante ilustración de Salvador Fabá, que abre una estupenda novelucha tardía de Curtis Garland (de 1993, anteayer practicamente) de terror clásico. París, 1928. Un viejo edificio en Montmartre aloja a una comunidad de vecinos ancianos que comienzan a morir uno tras otro misteriosamente. Peter McCoy, joven estudiante de arte de origen escocés, acaba de llegar al edificio, y pronto comienza a asistir a horribles y truculentos sucesos, que tienen como protagonista a una niña que se pasea por los pasillos portando un muñeco ensangrentado. Debajo de Peter vive monsieur Pholien, un ventrílocuo retirado, que acaba de perder, precisamente, a su muñeca Clo-Clo. Meanwhile, Peter se lo monta a dos bandas con sendas veinteañeras en ciernes, Pascale Barray, quien tiene visiones premonitorias sobre muñecos de ventrílocuo asesinos y huérfanas desaparecidas, y Mireille Descamp, a la sazón vecina del 2º derecha. Asistimos a una serie de asesinatos, apariciones, gritos en la noche y cafelitos amorosos en Pigalle para desestresar. No salen fabulosos bicéfalos como en la portada, pero sí ventrílocuos locatis, gendarmes sospechosos, niñitas asesinas en serie y ecos a “El retrato de Dorian Gray”.

(Publicada originalmente en Microcritic en enero de 2011)

Los seres pensantes (Col. La Conquista del Espacio, nº 209; Marcus Sidereo, 1974)

Lo que más me ha gustado de esta novelita es la maravillosa portada (pulsando se amplía, como siempre), firmada por Salvador Fabá (que me recuerda mucho, sobre todo en ilustraciones como ésta, al recientemente fallecido Maestro Fernando Fernández; ¿serán la misma persona? Ojalá alguien me lo aclare alguna vez). No me he cansado de mirar esa portada, que de hecho ha desviado bastante mi atención del contenido. La historia en sí, escrita por Marcus Sidereo (Enrique Sánchez Pascual, también conocido como Law Space, Alan Comet o Alex Simmons; uno de los grandes) se me ha atragantado un poco. Una fabulita de “anticipación política”, ambientada en un futuro en el que la tecnología ha avanzado tanto que las personas no hacen ni el huevo, todo está construido y automatizado de manera que no tengamos que mover un dedo en todo el día, ni mucho menos reflexionar ni cuestionar el por qué de las cosas. Salvo por un puñado de personas que sí que piensan, que se enfrentan al gobierno y que quieren cambiar las cosas. Una guerra silenciosa comandada por Dyna y Lory, seres pensantes, contra todo un planeta de gandules. Pero una guerra sin acción, ni pasión, ni ritmo, ni demasiado estimulante. Pero qué portadón.

(Publicada originalmente en Microcritic en diciembre de 2010)

Alguien pintó el mal (Col. Terror, nº 425; Ralph Barby, 1981)

Formidable novelita de Ralph Barby (seudónimo común del matrimonio formado por Rafael Barberán y Ángels Gimeno). Un caserón decimonónico construido en una isla en medio de un río, sobre unas catacumbas prehistóricas, sirve de catalizador para todo tipo de fenómenos paranormales. El juez Cunning, espiritista aficionado, lleva años empeñado en llegar hasta el fondo de múltiples asesinatos que resolvió de mala manera en el pasado, y que tienen en común la presencia cercana de un misterioso cuadro que representa a un señor con traje y sombrero de copa. Ha comprado dicho cuadro en una subasta, y también ha extraído de su tumba el sarcófago con los restos de Nataly Norton, la última víctima de tan macabros sucesos. A la isla se desplaza el juez junto con Dorothy Ambross, una médium chiflada, que ha salido del sanatorio para vagabundos All Saints Hospital con permiso de la enfermera Laura Berner, protagonista de la historia junto con Aldo Wassermann, heredero de la mansión, quien en principio ofrece el lugar para las sesiones de espiritismo; pero el asunto devendrá en drama cuando los sucesos extraños (objetos voladores, muertos parlantes, posesiones rituales…) comiencen a tener lugar en el caserón, en medio de una tremenda tormenta.

(Publicada originalmente en Microcritic en diciembre de 2010)

¡Ranko! (Col. Grandes Aventuras, nº 47; vvaa, 1988)

El Presidente de los EEUU está secuestrado en un búnker secreto, oculto en una inmensa propiedad secreta repleta de soldados secretos armados hasta los dientes. Está siendo torturado por el comandante del ejército Nehemiah Siodmak, un traidor a la patria con planes de conquista mundial. Jerry Ranko se infiltra silbando entre las miríadas de soldados, llega hasta donde está el Presi en pelotas, ensangrentado y colgando del techo, elimina a todos sus captores y escapa con el Líder del Mundo Libre al hombro. A Ranko le da igual que el cadáver de Siodmak no haya sido encontrado, porque por fin es viernes y empienza su fin de semana… Pues no, porque resulta que en el emirato de Kumán, en pleno Golfo Pérsico, acaban de ser secuestrados ahora 3 científicos rusos y 3 americanos, para llevar a la fuerza el macabro plan de fabricar docenas de barriles de un combustible nuevo al que unos llaman “gas” y otros “vodka”, un éter capaz de envenenar a todo un país con solo una gota. Ranko viajará a Kumán disfrazado de vendedor de alfombras, conocerá a la despampanante soldado nudista Vania Dubronski, y juntos desbaratarán el megalómano plan de, quién si no, el fugado Siodmak. Otro hit palomitero de Andy Sidaris Michael Bay Curtis Garland.

(Publicada originalmente en Microcritic en diciembre de 2010)

Indiana James: Hong-Kong rock (Col. Grandes Aventuras, nº 1; vvaa, 1985)

El ejemplar no viene numerado, y sólo he encontrado un listado fiable, así que sólo es la lógica lo que me dice que se trata de la primera entrega de Indiana James; lo mismo pasa con la autoría, que sólo se la atribuyo a Curtis Garland por intuición y por las pocas pistas que he hallado aquí y allá. Al comienzo de la novela tenemos a Indy aburrido porque todo el mundo le compara con el dichoso personaje de Hollywood, y nos aclaran que sólo es la casualidad lo que hace que ambos sean trepidantes aventureros internacionales, y que tengan un apodo similar y un apellido americano tan común. La acción comienza en el metro de NY, cuando Indy asiste al secuestro de su vieja amiga la telépata Honey Campbell por parte del malvado agente de la CIA Sandy Grey, quien está compinchado con un orondo hongkonés con poderes telekinéticos conocido como “Big Wave”. Ambos tienen un plan de destrucción mundial que consiste en el secuestro de un puñado de telépatas con poderes, que serán sacrificados en las catacumbas de un templo exponiendo sus poderes al máximo para provocar un cataclismo sísmico. Indy desbaratará los planes viajando a Hong Kong, y ayudado de su joven sidekick asiático, que no se llama Tapón sino ¡Wanna Do!

(Publicada originalmente en Microcritic en diciembre de 2010)

Lobos contra lobos (Col. Terror, nº 571; Clark Carrados, 1984)

San Francisco. Una bonita mañana, Jammy Long está en pleno trámite de casamiento con Audrey Hatterly, pero en el último momento entra en pánico, huye de allí cagando melodías y se refugia en el apartamento de su amigo el periodista Bucky Callahan, en Los Angeles. Y de pronto, se ve arrastrado a la acción: confundido con Callahan, Jammy es secuestrado a la fuerza y despierta en una misteriosa mansión, junto a 6 desconocidos, que asisten contra su voluntad a la lectura del testamento de un tal Howard K. Marawnee, que incluye una herencia de lo más curiosa: se entregará medio millón de dólares al último superviviente de entre los presentes; aquel de los 7 desconocidos que de muerte al resto y entregue a la viuda Marawnee el dedo índice de los demás, será el beneficiario. Una vendetta póstuma de Marawnee contra sus más grandes enemigos en vida… Con la salvedad de Jammy, que está en un lugar donde no le corresponde. Su prometida le ha seguido desde San Francisco a escondidas, y de pronto ambos se ven inmersos en el misterio, y en la carrera. Una sucesión de dedos índice ensangrentados y de cabezas arrancadas, un bodycount que no cuadra y un asesino que no es lo que parece. Otro estupendo clarkcarrados.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Los niños diabólicos (Col. Terror, nº 567; Curtis Garland, 1984)

Otra entretenida y correcta novela de escalofríos del maestro Curtis Garland. En este caso nos vamos a Nottingham, concretamente a la mansión Loomish Hill, un enorme caserón que hace las veces de orfanato privado gracias a la caridad de Sir Clifford Prowse, un anciano que falleció en extrañas circunstancias. Concretamente, en la mansión habitan once niños y niñas pequeños, desamparados, bonitos y sonrosados, pero que se comportan como perfectos hijos de perra: golpean a los adultos, les empujan escaleras abajo, y echan pestes de los crucifijos. Todo esto lo irá descubriendo poco a poco Vera Munro, la nueva profesora de los peques, que llega una tarde al lugar como sustituta de la última preceptora desaparecida, una vez más, en extrañas circunstancias, la Sra. Swift. También de once extraños navajazos muere el jardinero, el ama de llaves y finalmente Doris Beswick, actual encargada del lugar. Una horrible tormenta deja aislados a los niños y los pocos supervivientes, entre ellos Vera, que con ayuda de Ken Wilcox (un guapo millonario que pasaba por ahí casualmente) llegará al fondo del tétrico y satánico asunto de la posesión múltiple de los a ratos encantadores críos.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Las formas sexuales (Col. Época; Joachim Natzcher, 1975)

A juzgar por el depósito legal, este librito apareció en los quioscos el mismo año de 1975, nada más diñarla el enano de Ferrol: probablemente uno de los primeros artefactos en papel repletos de tetas que se podían adquirir al sur de Perpignan. El librito viene firmado por un tal Joachim Natzcher, eminente sexólogo alemán; pero que el nombre del traductor sea Joaquín Muñoz Galán me hace sospechar que aquí no había traducción, ni sexólogo, ni alemán, ni nada. La lectura nos sacará de dudas. Cito la contra: “Las formas sexuales es uno de los libros más documentados que se han escrito sobre las relaciones amorosas, describiéndose, con gran detalle científico, cómo se comporta el hombre y la mujer frente al amor, y su forma de practicarlo en los diferentes países del mundo”. En definitiva, un montón de letras picantes sobre guarrerías por orden de culturas y razas, como excusa para que, cada 10 páginas, cuelen una foto a todo color de una nórdica en porretas. Y sin sostén dibujado a boli, como en la portada; si acaso alguna braga, por si acaso. Si viérais las fotos, os faltaría tiempo para ponerlas en vuestros tumblrs. Como en la microcrítica anterior, esto es más o menos lo mismo que “Mondo Freudo” pero por escrito.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Investigaciones sobre 10 mujeres de lujo (Col. Trapecio, nº 2; Benito Manocchia, 1977)

Abro con este ejemplar la veda del “libro del destape” o “novela mondo“. En este caso nos salimos del bolsilibro clásico de Bruguera, Astri, Valenciana, etc. más usual, pero no de la literatura popular de quiosco. Ya veremos, si surge, otras novelas de los formatos habituales, dedicadas al destape y al erotismo, que también hubo unas cuantas series bastante majas. Pero este ejemplar en concreto me hace mucha gracia. Publicada en 1977 y escrita por el prestigioso (si nos fiamos de la biografía interior) periodista italiano Benito Manocchia, se trata de una curiosa apología de la prostitución, disfrazada de sesudo manual de uso para parejas enamoradas. Con la excusa de colar entre las páginas 10 fotos de voluptuosas mujeres desnudas, y calentar al lector varón de la época, el libro consiste en una serie de entrevistas a putas neoyorkinas de alto standing, como se le dice ahora. En realidad, por supuesto, el texto es lo de menos, y se trata probablemente de una burda novelización del día a día de felices profesionales del sexo al más puro estilo del Lib. El léxico catedrático, el afán instructor y la información pretendidamente útil, exactamente igual que en las películas mondo de la misma época, son pura paja, una excusa para… pura paja.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Robotismo (Col. La Conquista del Espacio, nº 293; Clark Carrados, 1973)

En el siglo XXIV, el eminente Doctor Rachid Tsur abandera una doctrina que promulga la robiónica, la incorporación de piezas robóticas en nuestros cuerpos que sustituyan algunos órganos, o que ayuden al hombre a prolongar su vida. En definitiva, que en el XXIV se lleva el… ¡ROBOTISMO! El Robotismo está de moda. La peñita se está pasando al Robotismo. Aunque hay un par de problemas con el Robotismo: por un lado, el carismo. Sólo aquellos que tienen acceso al multimillonismo se pueden permitir la conversión; y por otro, el malrollismo. Rachid resulta ser de un atroz sinvergoncismo, y no sólo convierte al Robotismo al voluntarismo adinerado, sino también al politismo y al poderismo, con total secretismo (¡y mediante hipnotismo!). Aquí es donde entra el factor hotelismo. En un hotel de Titán, una luna de Saturno, es donde se aplica el Robotismo, y el apuesto Justyn Witt, un valiente zoopsicólogo, con ayuda de su amada Evalee y su mascota el lobo Wolfie son los que asumirán el protagonismo, y tratarán de desmontar el entramado del hotelismo, y de todo el Robotismo, al descubrir que tras todo esto hay mucho domeñismo, elitismo y controldelmundismo (siempre pasa lo mismo). “Robotismo” y Clark Carrados son puro molismo.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Indiana James: Duende sobre aguas turbulentas (Col. Grandes Aventuras, nº 41; vvaa, 1987)

“Nueva York en verano es un infierno. El calor húmedo y pegajoso te entra por la boca, por los oídos, por las narices, por el…”. Así comienza (puntos suspensivos incluídos) este episodio de las aventuras de Indiana James, la franquicia alegal que se sacaron de la manga los de Astri en esta cole tan simpática que incluía otros personajes que ya hemos visto (como Ranko o Cocodrilo Dandi y otros que ya conoceremos). Copio el párrafo, aparte de por el chistecito (la novela está llena de chistecitos por todas partes) porque el comienzo de la aventura me gustó mucho, con una mañana calurosa y un Indiana tranquilamente en casa espiando a la vecina con unos prismáticos, que remite totalmente a la maravillosa y calurosa “La ventana indiscreta”. Pronto comenzará la acción e Indiana tendrá que salir huyendo, y para ello acepta un trabajo (?) como farista en una isla lejana, un faro que ha tenido sucesivos cuidadores que han salido escarmentados. Por lo visto el lugar está sometido a una maldición sobrenatural. Sin embargo, la cosa se desinfla durante toda la segunda parte, que consiste en una inacabable persecución en barca la primera noche de guardia, y un desenlace trampa que me ha dejado frío, helado, como esa brisa siberiana que te entra por el… ¡culo!

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Una flor para un vampiro (Col. Punto Rojo, nº 550; Ralph Barby, 1972)

Entre los cazadores de bolsilibros circulan varias leyendas que aportan un aura de romanticismo a esta afición: novelas escritas con seudónimo por importantes personalidades, novelas prohibidas, portadas que se mearon en la censura… Y una de las más interesantes, la de los crossovers bizarros. Encabezan la búsqueda noveluchas que casi nadie ha visto, que podríamos archivar en el género de western paranormal como “Rancho Drácula” o “El terror en la noche”. Este que hoy traigo sería un ejemplo menor, pero bastante interesante: una historia policíaca con vampiros. Y es un pasote. La historia transcurre en San Francisco, cuando al apuesto boxeador aficionado J.C. le pide ayuda la policía para resolver una serie de asesinatos que están teniendo lugar en una comuna de sucios y drogotas hippies liderada por la misteriosa Sandra Rose, que rivalizan en violencia con los de la Familia Manson. Con ayuda de la sargento Abigail Bryan, J.C. descubrirá que la comuna forma parte de una organización de tráfico de drogas, y que las jóvenes asesinadas tienen en común una punzada en la yugular y la total ausencia de sangre. Un carrusel de drogas, persecuciones, violencia, orgías de hippies y vampiros que no son tales...

[No quería desvelar el misterio en la propia entrada, pero aclaro aquí que la novela no es un crossover sobrenatural realmente, sino que resultará que los viciosos émulos de Manson (que así son presentados varias veces, citando expresamente los asesinatos de Sharon Tate o LaBianca) se limitan a entregar a las víctimas al hijo de un apoderado llamado Vasky que vive en un castillo, de origen servio (en varias novelas de esta época he comprobado que escriben Serbia con “v”, e intuyo que no se trata de una errata sino cosas de la evolución del léxico periodístico), que tiene un hijo asqueroso, aquejado de porfiria y hematofagia. Ralph Barby es uno de los máximos exponentes de la novelita de terror, pero en este caso quiso que todo quedase muy verosímil y terrenal… pero la descripción del “vampiro” porfírico, que ata a sus víctimas y les extrae la sangre en un sótano, disfrazado con una capa negra, es bastante terrorífica.

Quiero destacar también el simpático tesón del autor a la hora de describir a los hippies, con su condición de enfermos, drogadictos, con olor a sudor reseco, tontos, con el pelo asqueroso, todo el día follando entre ellos, que le entregan el dinero de sus papás millonarios a la lideresa Sandra Rose sin dudarlo, marionetas sucias, pusilánimes y repugnantes que gracias a la policía podrán salir de su hippismo previa terapia. Muy gracioso todo.]

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

Miedo en el Oriente Express (Col. Terror, nº 583; Curtis Garland, 1984)

El protagonista de la novela es un periodista llamado Brian Jefford, que se embarca en un largo viaje a bordo del Oriente Express de la Wagon Lits, en el que pronto comienzan a suceder misterios y violentos asesinatos. Ya antes de embarcar es degollado uno de los pasajeros, y al poco rato de que el convoy parta hacia su destino, otro de los pasajeros (todos ellos burgueses, artistas como la cupletista Oriana Vetri e incluso un misterioso jeque árabe) encuentra la muerte con el cuello abierto de oreja a oreja, cuando descubre en el vagón de equipaje un extraño sarcófago abierto, del que parece haber escapado un fantasma. Toda la novelita, magníficamente narrada por el maestro Curtis Garland, eso sí, es muy intensa, llena de curiosas referencias a la alta alcurnia y a los países que atraviesa el tren, y ambientado en una idílica época victoriana. Muy simpático todo, hay fragmentos donde el más auténtico terror domina las páginas… Pero todo recuerda tanto, tantísimo a la novela de Agatha Christie en la que se inspira, y todavía más a la estupenda “Pánico en el transiberiano”, que es difícil que quien conozca éstas no quede un poco decepcionado porque todo va sucediendo tal y como lo recordabas.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

El tesoro de Hitler (Col. Tam-Tam, nº 34; Roland Mortimer, 1983)

Ronald Mortimer es uno de esos escritores que se prodigaron poco por los kioskos, pero que siempre son seña de calidad, si lo que busca uno es un rato entretenido. A mí me parece el hombre muy consciente de que se trata de mantener la atención y la tensión, y tanto en sus historias de terror como en las de guerra, o en el caso que nos ocupa, se agradece el ritmo siempre álgido, la sucesión de escenas sin paja, con perdón, y la tensión continuamente latente. En “El tesoro de Hitler”, nos narra cómo el aventurero valenciano Ricardo Martínez se entera, durante una cacería a sueldo en África, de dónde se encuentra exactamente el enorme tesoro escondido por los nazis bajo las aguas del Königssee, un extenso y oscuro lago de la zona de Bertchesgaden, Alemania. Ricardo viaja entonces a Alemania y se dispone a encontrar los lingotes de oro antes que nadie, pero resulta que al mismo tiempo aparece en escena la guapísima Diana Scofield, historiadora británica. Y una vez unidos intenciones y corazones, se cruzarán con la maléfica SION, siglas de una sociedad secreta israelí que también quiere apoderarse del tesoro sub-lacustre, para resarcirse del dolor impuesto por los nazis. Y ya está liada.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

En forma (Col. New Kids On The Block: Las Novelas, nº 3; S. McEvoy y L. Smith, 1991)

Probablemente, este es el bolsilibro más curioso (y estúpido) que haya caído en mis manos. Sí, es un bolsilibro al uso, del mismo tamaño que los de Estefanía mismamente; pero en este caso, con los pipiolos del pop de finales de los ochenta, los mismísimos NKOTB, como protagonistas. Se trató de una colección inverosímil, que venía de regalo con la edición española de la revista Smash Hits (en este caso, con el número 47), publicada por MC Ediciones en 1991. En esta colección nos encontramos con las fabulosas, alucinantes aventuras de los NKOTB, tan increíbles que sólo les podían pasar a ellos. Por ejemplo, en este episodio (que confieso no haber podido terminar de leer… aún) asistimos a la visita de los New Kids a Seattle, donde conocerán a un puñado de chicas monísimas, encontronazos con groupies y ciertos problemas de violencia en el gimnasio, entre concierto y concierto. Los autores son esos que pone en la portada, en este caso no se trata de seudónimos, sino que la edición es auténticamente autóctona. Y poco más. Una tontada curiosísima que me regaló mi amigo Juanfer el otro día.

(Publicada originalmente en Microcritic en octubre de 2010)

"Yo, Curtis Garland" (Curtis Garland, 2010)

Hago un alto en el camino en mi glosario de bolsilibros, para hacer acuse de la lectura de la fantástica autobiografía de uno de los papás del asunto, uno de los autores más prolíficos y más queridos de la historia del pulp español y las novelitas de kiosko. Amena, tierna, llena de emoción y nostalgia y a ratos apasionante, aunque con ese estilo directo, con las florituras justas y una prosa correctísima y diáfana como el refranero, la historia de Juan Gallardo Muñoz se inicia en 1929, y atraviesa una infancia de padres ausentes y criado por su abuelito entre Madrid y Barcelona, salpicada de recuerdos difusos pero impermeables de bombardeos, guerras y desbarajustes políticos, hasta desembocar en nuestros días, tristes para el autor (y todo lector), tanto por el zeitgeist (terrorismo, crisis integral… y debacle absoluto de esa literatura popular escrita con cariño que tantas bocas dio de comer), como por el marcadísimo fallecimiento de su esposa, Terenchi, tras 56 años de convivencia a tres bandas: Juan, Curtis y Teresa. Curtis Garland fue periodista cinematográfico precoz y actor de teatro, conoció a docenas de artistas, tuvo una hija, fue meridianamente feliz junto a su esposa. Y sobre todo escribió y escribe. Más de 2000 novelitas pop de toda clase. Escribió lo que no está escrito. Escribió lo que el resto hipamos.

(Publicada originalmente en Microcritic en junio de 2010)

La invasión de los mutantes (Col. La Conquista del Espacio, nº 404; Joseph Berna, 1978)

Buf... Flojito, flojito. Y eso que la cosa empieza bien: año 2007, y en la base lunar Newton, los astronautas Boris Rudakov (antigua URSS) y Ronald Thaxter (antiguos EEUU) están a punto de hacer el cambio de turno. Sobre la superficie de la Luna hay tres bases diferentes, desde las cuales astronautas del país unificado de la Tierra investigan y preparan la habitabilidad del satélite, y a la vez controlan nuestro mundo. Boris está a punto de volver a su apartamento selenita, cuando aparece caminando tan pancha una moza semi-desnuda, sin escafandra ni nada, que le seduce y se lo monta con él. Cuando llega Ronald, parece que va a tener lugar el mismo numerito, pero se niega y la otra reacciona entrando en batalla; resulta que es un alienígena del planeta Kedro, que se transmuta en cualquier persona, que viene de avanzadilla a eliminar a los terrícolas de la Luna para, a partir de ahí, invadir nuestro planeta. Pero Ronald es muy listo, y se hace con una aguja y va pinchando por ahí a la gente, para comprobar si su sangre es verde (lo que demuestra que son sapos alienígenas) o roja. Eso es todo. La acción transcurre enteramente en la luna de una base a otra. Ronald mata a todos los sapos, se liga a una astronautesa y hace un chiste penoso y machista cada dos páginas.

(Publicada originalmente en Microcritic en junio de 2010)

¡Ranko!: Contra los dioses del odio (Col. Grandes Aventuras, nº 51; Curtis Garland, 1988)

Jerry Ranko, one-man-army, una infalible masa muscular al servicio de USA, llega a tiempo para frustrar él solito el secuestro de un avión de la TWA. Se infiltra en mitad de una nube de humo y acaba con 8 terroristas aéreos entre bostezos, justo el día anterior a sus vacaciones. Pero entonces el Gobierno le comunica que, de vacaciones, nada: el presidente de la URSS y del gobierno chino han sido raptados por una misteriosa coalición maligna, y nadie sabe cómo ha sido. Ranko viaja a Singapur y se reencuentra con su viejo colega en Vietnam, Bruce Vincent, y tranquilamente, en un par de días, infiltrándose en los bajos fondos y gracias a la información de la reina del hampa Jade Blue, a quien hace el chirri pesicola, desmantelará una secta secreta llamada Los Dioses del Odio y abatirá a sus cientos de soldados fanáticos en pleno sacrificio ritual de los líderes mundiales al dios Kera, el Mono Asesino, justo antes de que se desencadene la IIIGM. Fumaderos de opio, mongoles con lanzacohetes, luchas de helicópteros, islas ocultas en el archipiélago indonesio, el Krakatoa redivivo, viejos camaradas convertidos en achivillanos… Nada de esto detiene a Ranko, que se desayuna ejércitos con el torso desnudo. Trepidante cima exploit del maestro Curtis Garland, todo parecido con John Rambo es pura coincidencia.

(Publicada originalmente en Microcritic en junio de 2010)

Simbad viajó a las estrellas (Col. Espacio, nº 268; Johnny Garland, 1962)

Como El Quijote, esta novelita no está escrita por el autor que la firma, Johnny Garland (ni por Curtis Garland ni por Juan Gallardo), sino por un morito: el mismísimo Simbad el marino relata su más fantástico viaje, a los turistas Ethel y Todd, durante sus vacaciones en Bagdad. Es 1995, y un viejo borracho amorrado en la barra de una anacrónica taberna asegura ser descendiente directo del mítico Simbad de Las mil y una noches, y haber regresado desde un lejanísimo y hermoso astro en la galaxia de Andrómeda, a través del tiempo y el espacio, llamado Algax. Simbad se embarcó en semejante hazaña cien años más tarde, cuando la Sociedad Mundial de Navegación Marítima y Espacial concede permiso al sabio hindú Ahmed Khan para embarcarse en la exploración de Andrómeda, y éste contrata a Simbad para acompañarle. Sin embargo, el ayudante Abdul Gamel quiere llevarse todos los honores, así que asesina a Ahmed y a punto está de hacer lo mismo con Simbad. Pero nuestro héroe le reduce, llega a Algax y se encuentra un planeta que, confirmando las ideas de Otto Struve, es muy similar a la Tierra y lo habitan seres humanos. Allí conocerá a la bella Myzar y la malvada Altair, y evitará, sentenciado en el circo de los centicornios, la victoria del villano Abdul.

(Publicada originalmente en Microcritic en junio de 2010)

Satán y su familia (Col. Terror, nº 536; Clark Carrados, 1983)

Estupenda novelita de terror-con-niño, ambientada en la América Profunda. El protagonista, Victor Valley, regresa a su ciudad natal de Varnton, para descubrir, por un lado, el terrible peligro que se cierne sobre ella cuando la presa del Golden River está a punto de reventar y llevarse todo por delante; y por otro lado, cuando conoce a la bella y casquivana Eunice Kelsey, a su supuesto hijo de 10 años Ritchie y a su supuesto esposo Haggarth. Un misterioso trío que habita en Cedar House (una mansión ruinosa y escalofriante, la viva imagen del Motel Bates, tal y como nos explica el autor en boca de los personajes, para crearnos la exacta imagen mental), y que será responsable de una sucesión de terribles asesinatos. El niño, revoltoso, agresivo y capaz de prever la muerte de los habitantes, el señor Haggarth y Eunice, resultarán ser unos feriantes malévolos, que efectivamente forman parte de la familia del mismísimo Satanás, y Victor irá descubriendo toda la trama, así como salvando las vidas de todos los habitantes de Varnton al anunciar, con la ayuda de la periodista Gladys Cooper, el inminente derrumbe de la presa. Clark Carrados nunca decepciona, y esta historia de suspense, con tintes paranormales, paletos muertos y prestidigitadores, me ha sabido a gloria.

(Publicada originalmente en Microcritic en junio de 2010)

Napo, el robot (Col. La Conquista del Espacio, nº 674; Joseph Lewis, 1983)

Tuve la sensación durante toda la lectura de que Joseph Lewis (José Luis Bragulat Hernández) era un seudónimo, en realidad, de Corín Tellado, de tan meloso, edulcorado, sentimental que resulta este relato. Por un lado, tenemos el conflicto de un astronauta, Peter Miller, cuya máxima aspiración es formar parte de una inminente expedición al planeta PT-1.001 , del que ha sido rechazado… por estar enamorado de una oficial llamada Mary Pinter. Toda la lectura está atestada de escenas de amor, de celos, de fornicio y de rotura, desde que Peter decide confesar su amor a Mary, para que ésta le ayude, a través de la cópula rápida, a desenamorarse y así ser aceptado en la expedición; una excusa de lo más peregrina para follar, que funciona perfectamente. Lo que pasa es que Peter no se desenamora. Por otro lado, tenemos a Napoleón, el fiel robot oficial de Peter. En esta época, los robots han sido programados, además de para servir al hombre (“Napo es, sencillamente, un robot, lo mismo que en el pasado los negros del sur de Estados Unidos no eran otra cosa que negros, por encima de cualquier otra consideración”, nos explican), para aplacar su estress, dejándose golpear y de hecho animando a sus amos a golpearles cada dos por tres. Veinte polvos después, Peter, Mary y Napo llegarán a PT-1.001, un planeta hostil que Napo, el robot-genio, llegará a gobernar.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

"Cocodrilo" Dandy: Las flores del mal (Col. Grandes Aventuras, nº 42; Curtis Garland, 1987)

A finales de los años ochenta, surgió un breve y simpático movimiento de hollywoodexploitation en el mundo de las novelitas españolas de kiosko, que no tiene desperdicio. Este ejemplar es prueba de ello: una novela apócrifa inspirada, sin acreditar en ningún momento, en personajes del cine de aventuras más comercial de la época. El mismísimo Curtis Garland firma esta historia, debo decir que bastante entretenida, protagonizada por Duncan “Cocodrilo” Dandi (no “Dandy”, como dice la portada), un cazador de lagartos gigantes de origen irlandés, putero y cínico, del que queda locamente enamorada la mega-estrella de Hollywood Rossanna Angeli (supongo que representada en la portada por ésa que se parece a Vicky Larraz). Rossanna está inmersa en el rodaje de una superproducción rodada por medio mundo, con peligrosas escenas de acción entre alimañas. No sin dificultad, logrará convencer a Dandi para que se una al staff como especialista en las escenas de acción. Una vez dentro, Duncan descubrirá que el rodaje sólo es una excusa para importar a USA todo tipo de drogas, escondidas en los arcones de atrezzo, desde los países exóticos; y además, que el productor y el ex-marido de Rossana conspiran para asesinarles, los muy malandrines.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Expedición al pasado (Col. Luchadores del Espacio, nº 217; P. Danger, 1962)

Efectivamente, se trata de una novelita de señores del Futuro que viajan a la Prehistoria. Haciendo honor a la portada (en realidad, al revés), se las verán con mamuses, y también conocerán a una tribu en taparrabos, pelearán con humanos asalvajados, les petará la máquina del tiempo y a punto estarán de quedarse encayados en tiempos remotos… Dicha máquina es una esfera que se desplaza en el tiempo en cuestión de segunos, y también en el espacio, unos pocos kilómetros. El viaje lo organiza un antropólogo llamado Franz Grueber, quien reúne al inventor de la famosa máquina (Henri Robertson), a una autoridad mundial en civilizaciones prehistóricas (Pierre Hoztst), a un aventurero de puntaría infalible (Rudolf Quaterman, homenaje explícito al de las Minas) y, sobre todo, a un joven guaperas, llamado Anton Barly, experto en descifrar lenguas muertas, que podría haber viajado solo, porque se lleva todo el peso protagónico y lo hace casi todo él (y de propina, se trae al presente a una sensual amazona). Está sorprendentemente bien escrita por un tal P. Danger, y se queda en una aventurita entretenida sin más, bastante predecible, además: viajan para investigar in situ la historia de una pistola de rayos láser fosilizada, que es de cajón que se la dejan ellos en ese mismo viaje temporal.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Hombre XXI (Col. Espacio, nº 357; Law Space, 1965)

Ríete tú del “Efecto 2000″: la madrugada del 31 de diciembre de 2000, justo en la medianoche, nació en París un niño aparentemente normal, que sin embargo, cuando tenía unos pocos segundos de vida, habló. Pidió que le fuera suministrado un complejo cóctel de vitaminas y proteínas, y negóse a ser examinado, o a dar cualquier tipo de explicación. “Pues soy un niño, ¿es que no lo ven?”, decía. Ahí estaban los periodistas del Paris Monde Albert Baraz y Nicolle Servais para dar fe, y corrieron en cuanto amaneció a contarlo en la redacción. Sin embargo, allí la noticia no sorprendía a nadie: el propio nieto del director del periódico había nacido parlante. En pocas días, toda la humanidad es consciente de que han nacido en Occidente 13.812 niños varones que hablan, caminan a las pocas horas y hacen muchas peticiones a los humanos. Principalmente, que sean juntados todos en una isla italiana llamada Pantelleria. Amenazando con destruirles a todos si no lo hacen, y ofreciendo a cambio la solución a los grandes males de la Tierra, como el cáncer o la guerra. El descubrimiento de un chimpancé que escribe, con una minúscula larva injertada en el cerebro (que resultará ser una neurona extraterrestre), demostrará que todos los niños comparten un solo cerebro, que maquina un plan de aniquilación mundial.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Contaminación (Col. Infinitum, nº 16; Lucky Marty, 1980)

Ignoro si ya en 1980 los mandamases y los medios de comunicación atormentaban tanto como ahora a los transeúntes, con el asunto de la contaminación, el cambio climático y demás pesadillas aburreovejas; pero esta novela de Lucky Marty (seudónimo utilizado indistintamente por Enrique Martínez Fariñas y por otros de sus asalariados) va por ahí. Sorprendentemente, esta historia, ambientada en 2145, envía un mensaje de precaución al lector acerca de los abusos del Hombre sobre el planeta. Un grupo internacional de científicos y altos cargos gubernamentales conjura entonces para solucionar el problema, proponiendo enviar a dos mil millones de habitantes a otros mundos, desarrollando la Teoría del Miedo, e implantando medidas como la eutanasia o la eliminación eugenésica de los tarados. Una conspiración urdida por el profesor Gunnar Bergman (propietario de un par de premios Nobel) y frustrada in extremis por el agente secreto Roy Brynner, que pone los pelos de punta de tanto que se parece todo esto a nuestros últimos 5 años; que sólo falta que Bergman hubiese rodado un documental sobre el tema y recibido también un Oscar, el muy hijo de la gran puta. En la página 100 de mi ejemplar de “Contaminación” había pegado un escalofriante moco seco, probablemente veintegenario. ¡Ups! Vamos a morir…

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Materia vital (Col. La Conquista del Espacio, nº 241; Clark Carrados, 1975)

Clark Carrados, otro de los nombres clásicos del bolsilibrismo. En realidad se trata también de Luis Gª Lecha. En esta correcta historia nos plantamos en un Futuro indeterminado, en el que el planeta Tierra está dominado por una férrea disciplina burocrática. El protagonista es un joven llamado Jeb Carr, un tipo corriente (aunque de gran inteligencia) que está harto de un mundo tan soso, y decide agarrarse un pedo enorme a vino y montar un número en mitad de una importante conferencia televisada. El Gobierno Superior decide entonces condenarle por escándalo público, y le destierran a un lejano planeta llamado Skivor, anclado en algo parecido a la Edad de Piedra humana, y habitado por dos razas (los sharmos y los dvadios) que se odian y se matan sin cesar. Resultará que en Skivor, gracias a un entrenamiento de supervivencia al que fue sometido (una clemencia que tuvo el tribunal), Jeb se convierte en todo un titán. Es capaz de construir todo tipo de máquinas rudimentarias, coger flechas al vuelo o pelear con una fuerza y resistencia indescriptibles. Un jefe, casi casi como Jack en Perdidos. Jeb conseguirá poner de acuerdo a todo el planeta, traer la paz y pillar con la tía más buena de ese mundo, entre otras cosas. El mcguffin de la historia es esa “materia vital” del título, el critio, un metal ultra-resistente por el que se matan en Skivor y que es muy codiciado en la Tierra.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

El misterioso "Bigfeet" (Col. Tam-Tam, nº 16; Alex Simmons, 1982)

Una de mis lecturas más estimulantes de los últimos tiempos; quizá potenciado su disfrute por haberme hecho compañía durante un plácido viaje en tren, con lo romántico que es leer en un tren en primavera. Alex Simmons (otro seudónimo de Enrique Sánchez Pascual) nunca decepcionaba. Cuenta la deliciosa historia de “niño conoce a Bigfoot” (en este caso, a Big Feet), un homínido pelirrojo de gran corazón (y que no usa ese gorro tan tonto que le han puesto en la portada) que, sin comerlo, tiene atemorizados a todos los habitantes de los bosques de Little Rock, desde que el pequeño Peter MacGregor y su abuela Margaret lo vieron por primera vez merodeando por su jardín. El avistamiento provoca el caos en los alrededores. El bosque, de la noche a la mañana, se convierte en un punto negro para el turismo; el guardabosques (Clyton, papá de Peter) es despedido fulminantemente por avivar la leyenda, porque los propietarios del bosque insisten en que se trata simplemente de osos salvajes; la población de Star City está dividida; la prensa se lo pasa pipa; algunos bribones se disfrazan de Big Feet para hacer fechorías… Los acontecimientos se desbocan cuando el pequeño Peter es secuestrado, presumiblemente, por una familia de bigfeets. Pobre Peter, que soñaba con tener amiguitos Pies Grandes, y el mundo, o bien no cree en su existencia, o bien quiere extinguirla…

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Terapia de shock (Col. Terror, nº 532; Frank Caudett, 1983)

Frank Caudett (Don Francisco Caudet) nos narra en esta novela tan seriota el viaje a la locura de Stuart Walden, heredero de la inmensa fortuna de Richard Walden, (acaudalado empresario que acaba de matarse en un accidente de tráfico), quien se le aparece en sueños. Su hermana, su amante y el resto de su familia (de Stuart) tratarán de aliviar sus visiones y su grotesco comportamiento, ingresándole en el Psychiatric Center Balchata-Foundation, donde se someterá a una terapia de shock que no parece precisamente que esté facilitando su curación, sino todo lo contrario: hombres ahorcados aparecen de la nada, gente extraña le anima a seguir hablando con su padre muerto, el bólido rojo que fue su ataúd rodante sigue intacto… Parece que existe una extraña conspiración alrededor de la familia, que pretende mantener la cabecita de Stuart aturdida y envulta en el velo de la locura. Visiones, pesadillas, gritos siniestros, fantasmas y montones de frases en mayúsculas nos revelan que algo se cuece en la mente de Stuart. O quizá todo se trate de una estrategia para quitarse de en medio al heredero. En cualquier caso, mucho miedito no se pasa, pero la prosa de Caudett es chispeante, y la cosa engancha.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Cartas del futuro (Col. Ciencia Ficción, nº 32; Curtis Garland, 1988)

Entretenidísima novelita de Curtis Garland, entregada a Astri durante el ocaso de los bolsilibros, en 1988. La historia tiene lugar en 1990, y da comienzo cuando un adinerado ejecutivo, de nombre Duncan Barnes, recibe una misteriosa carta de auxilio firmada por alguien llamado Zyra, con matasellos de 2390. Una carta que ha atravesado la cuarta dimensión, y viajado en el tiempo hasta su casa. Duncan mantiene una relación sentimental con un pibón que se llama Sue, y que acaba de ser seleccionada para el certamen europeo de Miss Busto ’90. Las tetas de la Sue tendrán un papel relevante al final de la historia, y a lo largo de toda ella se hace referencia a su tamaño y bamboleo, lo que le confiere el elemento erótico mínimo marca de la casa. Por lo demás, Barnes pesquisará acerca de tan misteriosa carta, y pronto incluso recibirá mensajes telepáticos. ¡Conversaciones telepáticas con seres que habitan 400 años en el futuro! Barnes contará con la ayuda del Gran Magnus, un anciano mentalista y taxidermista amigo de su difunto padre, y tras la intervención de la policía del tiempo venida del futuro, Duncan logrará conocer a Zyra y aliviar sus penares.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Alquimia 3000 (Col. La Conquista del Espacio, nº 56; Curtis Garland, 1971)

Vaya por delante que Curtis Garland (Juan Gallardo, que es este señor tan entrañable) es un semidiós, y debería ocupar todos los sillones de la Academia, incluídos números y signos de puntuación, tras toda una vida de dedicación destajista a la literatura inmediata. Pero esta novela, tengo que decir que me ha parecido flojita y se me ha hecho un poco cuesta arriba (sobre todo la segunda mitad). Narra cómo Gaar, el Desterrado, regresa a la Tierra tras 600 años de viaje estelar. Estamos en 3.029, una era post-apocalíptica en la que la Civilización Humana se ha reseteado. Se visten con pieles, manejan espadas, conviven con lagartos gigantes y anteponen su superstición a cualquier otra motivación. Hasta el punto de vivir atemorizados por unas deidades malvadas y la liturgia de monjes, magos y brujos (como ahora, vamos), hasta tienen por costumbre coserse la lengua al nacer. La alquimia y la magia dominan la sociedad, y así existen ciudades completamente de oro, unicornios voladores, mujeres-gato y guerreros con poderes. La épica y la retórica de la narración espesan un poco, y la continua lluvia de seres con nombres como Bruma, Nevlo, Luxura, Grott, Pantya o Ngorr. Espada y brujería post-nucelar, que más que a Camelot 3000 o He-Man, termina por recordar a Mi pequeño Pony.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Robopol (Col. Espacio, nº 343; Louis G. Milk, 1965)

La risa. Louis G. Milk (el seudónimo más habitual de Luis García Lecha) se inventó en 1965 varias aventuras de un investigador de la policía llamado Ferdy Kastell, ambientadas en un siglo XXIII plagado de edificios kilométricos, monoplazas voladores, armas fotónicas, robots y marcianos conviviendo en armonía. Kastell, como muchos de los ciudadanos del futuro, tiene un simpático autómata sirviente de aspecto humano (el narrador de la historia) de nombre RR-07-TS-401, familiarmente conocido como Rocky Robot. Un policía robot, un Robopol, incapaz (debido a las leyes de la robótica) de dañar a los seres humanos, y dotado de todo tipo de artilugios y detectores de pistas. Y que dice cosas como “Te lo juro por Edison” o “¡Tuercas y tornillos!” cuando hace algún descubrimiento. En esta primera entrega de la serie (tuvo continuación, como mínimo, en el número 358 de esta colección), se verá inmerso en un misterioso caso de asesinato con varios sospechosos, una herencia de por medio y una rubia platino fatal de la que se enamorará locamente. Extraterrestres con una pantalla al pecho, como los Teletubbies. Helidiscos, hipnopedias y copitas de Jerez. Humor, acción, romance, suspense, robotitos y marcianos para dar y tomar. Un entrañable abuelito de Robo-Hunter, de Bender y de Robocop.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Un placer a su alcance (Col. ¡Kiai!, nº 37; Ralph Barby, 1977)

“Un placer a su alcance” es el nuevo eslogan de la marca de cigarrillos Tiger. A punto de irse a la quiebra por las presiones de las asociaciones sanitarias, la Tiger ha vendido todas sus acciones a un siniestro chinorris llamado Kink Yoke. Para eludir las prohibiciones en los medios de comunicación habituales, Kink ha pergeñado una simpática campaña de pre-product placement que consiste en sacar a tres macizas a menearse delante de un tigre, en marquesinas, carteles y en todo tipo de acontecimientos en vivo. Parece que la campaña funciona, y la Tiger está creciendo como la espuma. Pero el protagonista de esta historia, el periodista y maestro en todas las artes marciales imaginables Moses Pacific Savage, es un apuesto pichabrava al que algo le huele mal en tan misterioso ardid de marketing: la masa se vuelve loca por fumar Tiger, y cuando lo hace se comporta como energúmena. Subiéndose a rings de lucha libre, pateando monstruosos sumotoris, saboteando entregas de alijos de droga en los muelles, mawashigeri tras mawashigeri (y por el camino, pasándose por la piedra al trío imagen de marca), Moses descubrirá el tinglado de mafiosos y traficantes que están detrás de la Tiger Tobacco Company. Vertiginosa aventura de ficción pulp como está mandado.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Masacre en el béisbol (Col. Doble Juego, nº 73; Adolf Quibus, 1983)

La colección semanal “Doble Juego” de bolsilibros Bruguera es la de concepto más esperpéntico: noveluchas de kiosko con temática deportiva, que incorporen acción, romance y suspense. Supongo que en la época (finales de los 70) los deportes tenían tirón dentro de la cultura popular, si no no se explican cosas como esto o los seriales de Roy of the Rovers en los Mortadelos. Y cosas peores que nos tragamos. Cada semana, una apasionante historia de 100 páginas, con argumento deportivo (boxeo, fútbol, baloncesto, ciclismo, esgrima…) y ambientada en los USA. En este caso, Adolf Quibus nos cuenta la historia de Mike Harper, comprometido y noble periodista de béisbol, dispuesto a denunciar a aquellos que están pudriendo este deporte. Todo empieza cuando en un partido de máxima rivalidad, una de las gradas se vence y se produce un terrible accidente mortal. Desde ese momento, Mike dedicará todos sus esfuerzos a desenmascarar la trama corrupta en su periódico, El Cronical (sic), y cada vez se interesará menos por los hound ronds (sic), dejará de lado a su chica Débora (sic) Six o a su amigo Kirc (sic), caerá en los infiernos de la botella y no cesará hasta llegar al fondo del asunto. Se lee en dos cagadas, y es un petardo. No pasa nada. Ésta la cambio en el economato por una de Corín Tellado.

(Publicada originalmente en Microcritic en mayo de 2010)

Lunes, Marso 23, 2015

"El resplandor" (Stephen King, 1977) / "Doctor sueño" (Stephen King, 2014)

Durante unos días de febrero, demasiados, estuve leyendo la novela "El resplandor", porque por fin salió "Doctor sueño" en rústica y quería disfrutarlas las dos seguidas. Y sucedió que "El resplandor" se me hizo complicadísima de leer, fue una experiencia tediosa y extraña. Es cierto y muy obvio que la novela es hermética, una introspección constante en los demonios propios del protagonista/autor, con muchos textos salidos de la botella y tal, y que el continuo tono reflexivo ralentiza la lectura, pero no es eso: a mí el King cáustico, parsimonioso, demagógico, redundante, me encanta. No es eso: es el hecho mismo de que exista la película. La extrañísima versión cinematográfica de Kubrick forma una parte muy grande de mi educación, y sus imágenes son tan poderosas y fascinantes (aunque ni siquiera sea una buena película), desde que la vi siendo muy joven, que me resultaba imposible siquiera leer de una forma comprensiva, porque viscosas simetrías, tonos pastel, personajes, tramas, sonidos y objetos que no tienen nada que ver con la novela se me imponían de una forma muy contundente. Lo que más disfrutaba fue todo aquello que no aparece en la película: los flashbacks o la acción fuera del Overlook. Porque todo lo que aparece es tan diferente y fue mostrado de manera tan poderosa por Kubrick, y lo he mirado tantas y tantas veces, que fue un ejercicio extraño. Al propio Stephen King no le queda más remedio que, humildemente, hablar de la película y explicar que "Doctor Sueño" es lo que él cree que pasó con Danny Torrance después de los terribles sucesos del Overlook. Y lo que pasó es todo muy guay. El mimoso Danny, dotado de un poder (que la película explica realmente mal), ha crecido y ha heredado la afición por el mamarse del padre, y estamos ante un personaje de nuevo repleto de bagajes, de confusión y contradicciones. Huyendo de sí mismo, se ha dado una nueva oportunidad tratando de superar la autocompasión y sus propios demonios como voluntario, ayudando a los ancianos de un pueblo perdido de Nueva Inglaterra a pasar a mejor vida. Por otro lado, el otro gran protagonista de la historia es una niña que posee un resplandor aún más salvaje que el de Torrance, y no le queda más remedio que hacer de su pupilo, tal y como le había augurado Dick Halloran (que en la película practicamente no existe) que haría algún día. Abra Rafaela Stone, que es la niña, posee tal cantidad de resplandor que súbitamente sus destellos llaman la atención de El Nudo Verdadero, una sociedad secreta de vampiros de la mente que recorren América en autocaravanas (para pasar tan desapercibidos como el Imserso estadounidense, fauna habitual en campings e hileras eternas de las autopistas comarcales) que se alimentan de dicho resplandor. Entre las desventuras y los recuerdos del adulto Daniel "Doctor Sueño" Torrance, el sufrimiento de la adolescente Abra en un papel que no le corresponde a ningún niño, y las peripecias del Nudo Verdadero, esa suerte de erráticos góticos desaparecedores de niños, la novela es entretenidísima, y la sesión continua desvela hasta qué punto han pasado 37 años de destreza y brillo en el invencible Stephen King.

"Birdman" (Alejandro G. Iñárritu, 2014)

Vi "Birdman" hace mucho tiempo, antes de los Oscars, antes de que Garci se irritara tanto con ella porque hubo un flim mudo estrenado en marzo de 1913 que ya trató sobre Broadway y es mejor, antes incluso de haber leído yo nada sobre ella; la vi tan pronto que pensaba, lo juro, que era una comedia inspirada en el maravilloso Harvey Birdman de Adult Swim. A nadie le interesa mi opinión (ni después de los Oscars ni nunca), y en este post solo entrarán tres adolescentes guatemaltecos buscando porno ornitológico, pero yo aluciné, aluciné tanto que pocos días después de verla ilegalmente me fui a los Ideal a verla otra vez con un colega, y eso es, en estos tiempos que corren, como darle ochocientas estrellas. Excepto los últimos quince segundos de película, que qué necesidad, disfruté muchísimo con todo lo que sucede y cómo sucede, con el set de batería flotante arremolinando todo el tiempo (la música incidental me fascinó como no me pasaba desde "Punch drunk love"), con que te lleven de la mano por bambalinas como a un niño y puedas mirarlo todo, por las destacadísimas interpretaciones, los absorbentes soliloquios, las cuencas de los ojos de Emma Stone, la caspa en los hombros y las entradas de Bruce Wayne, me lo creí todo y fui felizmente timado y engatusado, y ese es el tipo de historias filmadas que me gustan. Como a La Gente.

"Big hero 6" (Don Hall, Chris Williams, 2014)

Estamos tan acostumbrados al nivel que gasta el cine de animación comercial, que obras maestras como esta pasan desapercibidas. Mi generación yo creo que sí conserva bastante intacta la capacidad de asombro, y si además uno es fan de los tebeos de Marvel como yo, es imposible que no se contorsione de placer viendo ésta, una de las mejores películas de superhéroes de la historia. Con el hándicap de que ya existía "Los increíbles", "Big hero 6" es de necesidad una de las mejores películas de superhéroes coloridos y saltimbanquis que se pueden hacer; con la mira puesta en ese universo de superhéroes previo a la Civil War, al 11-S y a las bravuconadas de Grant Morrison, y lo justo de edulcorada para niños tontitos, esto es una golosina que si la estrenan cuando yo tengo 15 años no sabría ni quiénes son los Cazafantasmas o los Goonies.

"The skeleton twins" (Craig Johnson, 2014) / "This is where I leave you" (Shawn Leavy, 2014)

Despacho en un mismo post estas dos películas que vi seguidas una tarde de enero, según me chiva mi dietario, más que nada porque si no las voy a confundir y mezclaré elementos de una y otra, porque tengo fatal la memoria y a la doctora se le ha olvidado otra vez llevarme las pastillas; mira que siempre se lo recuerdo antes de la brisca.

"The skeleton twins" es un drama terrible, concebido, escrito, dirigido y rodado por alguien durante un domingo gris de resaca en un velatorio, que reflexiona sobre lo jodida que es la mediana edad, las cosas que no sabemos de nuestros seres más queridos y el suicidio. Kristen Wiig y Bill Hader son dos de mis personas favoritas de la tele, y aquí interpretan a dos hermanos gemelos que comparten trastorno bipolar además de genes y placenta. Con algún breve destello y momentos tragicómicos bastante entretenidos, lo mejor es que gracias a esto tan largo y monocromático a Kristen Wiig la han cincelado más minutos de su vida para la posteridad, y podemos mirarla en nuevas posturas y haciendo cosas diferentes, y ser un poco más felices.

"Ahí os quedáis" (como dice IMDb que se llama esto, que por lo visto se pudo estrenar en cines en España, y de hecho por lo visto aún existen los cines) comparte con la otra (y por eso se entremezclan en mi pastosa sesera) el drama de intimidad, el reencuentro terrible con familiares muy cercanos a los que no ves, grandes estrellas del SNL y más y más paletadas de crisis de la mediana edad. Claustrofóbica, exagerada y con escenas muy poco verosímiles, aquí gira todo en torno a una familia que se reúne un finde en el casoplón familiar para llorar al padre. Es decir, que esta, directamente, tiene lugar directamente en un velatorio. Da mucho gusto ver a Jason Bateman, Tina Fey y esa Jane Fonda con tetas de plástico, que trabajan muy bien.