Biyernes, Hulyo 31, 2015

"Ant-Man" (Peyton Reed, 2005)

Vengo de ver "Ant-Man", pero no voy a comentar mucho de la película. Me ha parecido perfecta, he disfrutado a muchos niveles distintos, me he reído, me he emocionado y he salido muy feliz. Lo que está haciendo Marvel Studios con esta maraña audiovisual de historias entrecruzadas repletas de guiños, detalles, insuperables efectos especiales (al menos a mí me satisfacen), con ese tono tan correcto que han encontrado, esa fidelidad a la Marvel y al Marvel Zombie de siempre sin olvidarse de las nuevas generaciones, la selección musical, los actores... Es como un sueño hecho realidad para quienes llevamos toda la vida inmersos en ese Universo. No hay precedentes. Nunca había pasado esto, y habrá gente que no lo valore, pero a mí me pone los pelos de punta cada nuevo estreno, siento como si de alguna manera me reencontrara con los personajes a los que he adorado desde que tengo uso de razón, pero ahora son ellos los me hablan a mí. Y no puedo ser objetivo. Lo están haciendo muy bien. Hoy además tenía un día muy sensible, porque he tenido varios golpes de mala suerte seguidos estos días, las cosas me van peor que nunca y, para variar, no ha sido culpa mía, sino que la vida da estos reveses. He ido a verla con un amigo con el que ya intercambiaba tebeos de Marvel con 10 años, y al que veo muy poco, y nos hemos estado poniendo al día, y siempre es un placer y un desafío intelectual charlar con él de todo tipo de cosas interesantes, es la persona más inteligente, más sensata y de las más agradables que he conocido, y encima ha pagado él.

SESIONES SYMBIÓTICAS DE LIBERACIÓN

Huwebes, Hulyo 30, 2015

John Zorn - "The Song Project live at Le Poisson Rouge" (2015) / Erik Friedlander - Nighthawks (2014) / Klezmerson - Book of angels, vol. 24: Amon (2015)

El eterno adolescente John Zorn cumplió 60 hace dos años, y cada vez parece más joven... Inquieto, con el espíritu punk y rebelde intacto desde sus primeros años en Naked City o God Is My Copilot, este gurú de la música judía y elefante del jazz mundial no se toma ningún descanso. En lo que va de año, si no se me escapa algo, ha publicado al menos 12 discos a su nombre. Entre ellos, "Pellucidar", el delicado regreso de The Dreamers tras su extraño disco navideño de 2011 (reseñado aquí); "Simulacrum", una nueva incursión experimental en el caos y el post-hardcore; o la grabación oficial, por primera vez, de The Song Project, es decir, la adaptación del cancionero de Zorn para un instrumento no demasiado explorado por él: la voz humana. "The Song Project live at Le Poisson Rouge" es otro de mis discos favoritos de lo que va de año, un concierto bellísimo en el que el bruto de Mike Patton (Faith No More, Mr. Bungle, Fantômas, Mondo Cane...), el cantautor folk Jesse Harris y la delicada intérprete argentina Sofia Rei se repartieron distintos momentos del repertorio de toda la trayectoria de Zorn, formando una colección extraña y emocionante, intercalando jazzcore (Flying blind o Burn con Patton desgañitándose) con dulces melodías hebreas del repertorio de Bar Kokhba o Masada. Mi favorita, Perfect crime, que es la versión vocal de Dalquiel, segundo corte de "Lucifer", uno de mi discos favoritos de todos los tiempos (lo reseñé hace casi cuatro años aquí).

[Sin querer pasarme con la crítica sentimental (aunque es de lo que va este blog en definitiva), tengo que decir que las primeras escuchas del cancionero de Masada para The Song Project (en las actuaciones disponibles en la red desde hace dos o tres años, precisamente desde los fastos del 60º aniversario de Zorn), con Patton, Rei o el otro tipo poniendo voz a esas melodías que tantas veces había escuchado, me sorprendieron muchísimo, ya que yo mismo, en cierta ocasión (...me da vergüenza, pero es que tengo que contar esto...) compuse una letra para uno de los temas de Zorn que más me obsesionan, Mahshav (hay muchas versiones, pero la que me pone los pelos de punta y he escuchado millones de veces es ésta, para piano y clarinete), que hablaba sobre un tipo al que su vecino le cae fatal, pero que se ve obligado a ir a su casa para ver los partidos de fútbol en el Canal+. En la ducha yo la cantaba con esa letra.].

Erik Friedlander era precisamente el chelista del sexteto Bar Kokhba, esa super banda increíble e irrepetible. Además de ser un músico portentoso, un superdotado, es un tío que me cae especialmente bien (aunque, obviamente, no le conozco de nada) porque hace algunos años empezó a colgar un podcast semanal en su web oficial, en el que se grababa a sí mismo ensayando o improvisando. Lo colgaba todos los sábados por la mañana, llegó a hacer 88 ejercicios semanales, y es una pena que haya desaparecido, por/que era muy entrañable. Pero a lo que iba es a que a finales de 2014 publicó otro de mis discos favoritos del entorno Zorn de los últimos meses, cómo no para el sello Tzadik: "Nighthawks", acompañado por Doug Wamble a la guitarra, Michael Sarin a la batería y el contrabajista de Bar Kokhba (y Mr. Bungle, Melvins, Fantômas, etc.), otro de mis músicos fetiche, Trevor Dunn. En este trío de cuerda + percusión, "Nighthawks" es un precioso ejercicio de soft jazz contemporáneo que también quería recomendar en este terceto de hoy, porque no he parado de escucharlo todo lo que va de año.

Y para acabar este menú de "álbumes del inabarcable entorno de John Zorn que me han gustado mucho estos meses", no quiero olvidarme del episodio 24 de la serie "Book of angels", es decir, de la colección abierta de adaptaciones del cancionero de Masada para ser interpretadas libremente por otros músicos. En este caso, el turno le llegó a la banda Klezmerson, un supergrupo de klezmer (claro) de México D.F. que magnifica las sencillas melodías judías compuestas por Zorn al estirarlas, llenarlas de instrumentos (violines, vientos, cuerdas, palmas, percusión de todo tipo) y convertirlas en una fiesta gitana que roza en algunos momentos la algarabía de Goran Bregovic o Gogol Bordello.

The Giraffes - I hear music (2015)

The Presidents Of The USA fue una de las bandas más frescas e interesantes de los 90. Con ese sonido tan característico de sus "bajitarras" modificadas, su sano cachonedo y la particular voz de Chris Ballew, conseguían un sonido único y nos dejaron algunos de los grandes himnos de la década. Por aquel entonces, en alguna revista que no recuerdo leí una vez un artículo sobre las bandas paralelas de mi ídolo Chris Ballew, un montón de grupos y colaboraciones extrañas que nunca logré escuchar y discos que no encontraba en ninguna tienda. Con los años, por fin pude repasar la discografía de Caspar Babypants (y Caspar & Mollusk), el grupo de rock infantil que todavía sigue en activo (me encantan lo discos que los rockeros hacen para niños, como los de They Might Be Giants o el "Alphabutt" de Kimya Dawson, un manual de comportamiento para bebés hipsters), el curioso disco de risa de The Tycoons o su inencontrable colaboración con Mark Sandman (Morphine), que en paz descanse, entre los cientos de proyectos del inquieto Chris. Pero en aquella revista (creo que fue un Ruta 66), a Ballew le preguntaban por su banda The Giraffes, y él aseguraba algo así como que no tenía nada que ver, que era un grupo formado únicamente por marionetas de peluche. Y claro, me llamó mucho la atención... Por fin, hace algunas semanas publicaron su tercer álbum, este "I hear music", nada menos que 33 temazos que suenan a unos PUSA analógicos, calmos y con algunos arreglos de piano, violín y clarinete sobre la omnipresente guitarra acústica. Tan ecléctico, impredecible y raro como siempre (por cierto, en el último disco de PUSA, "Kudos to you!" Ballew chapurreaba en castellano, en Rooftops in Spain, probablemente el tema más bizarro y wtf de su discografía, a archivar muy cerca del Spanish bombs de los Clash o del In the ghetto del Príncipe Gitano...), infantil y saltimbanqui en la línea de Caspar Babypants, "I hear music" es mucho menos enérgico y da descanso a los riffs de guitarra tan habituales en PUSA, cosa que se agradece mucho. Un juguete musical divertido, desenfadado y para todas las edades y para cualquier hora del día.

Pokey LaFarge - Something in the water (2015)

El carismático Pokey LaFarge, la fulgurante nueva estrella del western-swing, además de interpretar la música de raíces nortemericana más fresca y divertida del momento (algunos medios llegan a hablar del "síndrome de Pokey LaFarge", que es lo que nos ha sobrevenido a algunos), es un tío muy prolífico, que a pesar de sus colaboraciones, sus cositas con The South City Three y sus largas giras, no falta a su cita anual con el estudio. Aún no me sé de memoria "Something in the water", y le faltan himnos como Central time, pero es un muestrario de maravillas a la altura, con medios tiempos exóticos como Cairo, Illinois o Goodbye Barcelona (¡LaFarge desde el No-Coast norteamericano introduciendo palmas y giros flamencos!), baladas vaqueras (When did you leave Heaven, Far away) y sus habituales epinicios hillbilly rompepiernas que no pueden faltar en ninguna buena barbacoa (Actin' a fool, Underground, All night long, Something in the water) o en una travesía por el Mississipi (Knockin' the dust off the rust belt tonight). Una preciosidad de disco en el que cada vez tiene más protagonismo el quinteto de virtuosos que le acompaña, en detrimento de la crudeza acústica de entregas anteriores. Me acabo de enterar de que en octubre vuelve a Madrid.

The Swing Ninjas - "Do ya Hallelujah?" (2015)

Los años 90 fueron la gran década del revival de la música de baile norteamericana de comienzos de siglo XX. Big bands como Squirrel Nut Zippers, Big Bad Voodoo Daddy, Cherry Poppin' Daddies, Royal Crown Revue, Hot Club Of Cowtown, Cigar Store Indians... devolvieron el esplendor de las salas de fiestas de los locos años 20 a las emisoras de radio y las discotecas mas atinadas. El mundo (al menos mi mundo) se llenó otra vez de charlestón y lindy hop a ritmo de foxtrot, swing, ritmos frenéticos, vientos y coristas a lo garçon. Pero bien entrado el siglo XXI (y con permiso de White Ghost Shivers o Asylum Street Spankers, dos de mis debilidades contemporáneas de quienes ya he hablado en este blog), hacía tiempo que no surgía una banda revisionista del jazz norteamericano añejo tan interesante como esta, que casi consiguen que deje de soñar con el regreso de Squirrel Nut Zippers. Y tenían que venir de Brighton, UK... Tienen al menos tres discos y un EP, pero es este "Do ya Hallelujah" el que mejor suena y el que contiene menos estándars y más material propio, donde lo dan todo como banda de hasta 9 miembros. Salad days es uno de los últimos llenapistas incorporados a mis propias pinchadas.

P.D.: Aprovecho para citar otras bandas de neoswing y revivalismo folk norteamericanas que he descubierto estos días y estoy escuchando bastante, pero no creo que les dedique post. Anotad: Gentlemen & Gangsters (Suecia; maravillosos, sacaron su primer disco hace dos meses), The Hot Sardines (Brooklyn; neoswing puro), Glenn Crytzer's Savoy Seven (NYC; un poco más sosos, rollo Dixieland), The Two Man Gentlemen Band (L.A.; a estos creo que ya les mencioné en lo mejor del año pasado, y hacen un western swing divertidísimo), The Bailsmen (Brooklyn; magnífico gypsy swing callejero) o Jazz Gitano Ensemble (Buenos Aires; entre Reinhardt y Buscaglione) o Caravan Palace (París; electro-swing de calidad y una fiesta en directo), nuevas adicciones personales a añadir a las docenas de bandas de las que hablo siempre por aquí.

P.D.2: Post nº 700 de este blog.

Miyerkules, Hulyo 29, 2015

Faith No More - 2015 - Sol Invictus

Cuando yo era adolescente, en mi entorno Faith No More era un grupo que molaba mucho, era muy aceptado en todos los corrillos. Llevaban sus camisetas (yo tenía hasta un pantalón corto negro de FNM que me compré en Discoplay, para la hora de gimnasia) tanto los obstinados lectores de la Kerrang! como el público más indie, los grunges, los freaks, y hasta alguna animadora y el quarterback de mi clase. Quiero decir que a unos les flipaban los punteos de Martin o Spruance (y luego del freak Dean Menta), a otros la voz cavernosa y terrorífica de Patton, a otros la imagen viscosa, más desenfadada y pop de su merchandising, en contraste con la oscuridad y el Mal que vendían los grupos de metal estándar. Muchos fans de Faith No More llegaron a ellos a partir de Metallica o Dream Theater, y otros desde el funk-metal saltimbanqui y colrista de Red Hot Chili Peppers, Primus o Ugly Kid Joe, pero también gustaban a los fans de Sonic Youth o de Nirvana; eran bien vistos por los fans del hip-hop y los del punk. Tenían ese aura, ese rollo colorista que les hacía interesantes, digeribles y reivindicables (incluso al margen de su música), y todo esto era muy importante en el patio de mi colegio. FNM eran una banda enorme, entre mis compañeros de patio vendieron más camisetas que Butragueño.

Pero yo siempre fui mucho más fan de Mr. Bungle, el proyecto paralelo de Patton, Trey Spruance, Trevor Dunn y compañía. Recuerdo la primera vez que escuché a Mr. Bungle, en casa de un vecino, como quien atesora el recuerdo del primer bofetón que te dan en la cara. Cuando era adolescente, una de las cosas que más tiempo libre me ocupaba era ir a casa de mis amigos a escuchar música (yo no era de los del fútbol, no). Uno de los compañeros de clase de mi vecino, era un tipo legendario, mitológico, a quien no llegué a conocer nunca, cuyo padre se dedicaba a algo relacionado con la distribución musical, y que gran parte del año se lo pasaba yendo a conciertos y festivales (incluso salió retratado, por casualidad, en una de las fotos del libreto del DVD de "Woodstock '94"). Sin él saberlo, actuó de dealer musical para todos mis amigos aficionados a la música del barrio, y muchísimos casettes eran grabaciones de segunda o tercera mano de su colección doméstica (que según cuenta la leyenda, era como un par de secciones de Madrid Rock, con anaqueles y todo, en su habitación). Pasé muchas horas en casa de mi vecino, o él en la mía, descubriendo nuevas ramificaciones del rock, y pronto pasamos de Korn, Primus o Faith No More a Mr. Bungle, Secret Chiefs 3, Melvins y a indagar por caminos secundarios tortuosos y resbaladizos que nos llevaron a descubrir a Sun Ra, Frank Zappa o John Zorn a una edad muy temprana. Los discos antiguos de Faith No More dejaron de sonar en mi casa enseguida (y por cierto, que yo siempre fui más fan de "King for a day... fool for a lifetime" o "Album of the year" que de "Angel dust" o "The real thing"), pero todo lo que toca Mike Patton despierta mi curiosidad. Y por supuesto, un nuevo disco de Faith No More después de más de 15 años, era un acontecimiento que esperaba con ganas.

Por desgracia, las primeras escuchas me dejaron frío, y me olvidé de él enseguida. Creo que es porque la primera canción es probablemente la más sosa. Pero después de darle otra oportunidad, estos días "Sol invictus" se está postulando bien, y ando entusiasmado. Sin grandes hits, ni falta que hace, pero rebosante de lo que Faith No More mejor saben hacer. Ese metal "alternativo" e inclasificable, que va construyendo una colección de canciones absolutamente diferentes entre sí, pero conformando un conglomerado compacto. Uno de esos pocos casos en los que el dichoso retorno de todas las bandas que alguna vez existieron, está justificado. El adelanto Motherfucker probablemente fue demasiado descabellado y wtf. Aquello no representaba a este conjunto de ideas y mensajes, que el bagaje de estos músicos y ese increíble front-man y máquina de ruidos humana que es Mike Patton, ya mayores, ha sabido llenar de sorpresas. El conjunto, en una primera escucha, me recordaron demasiado a Tomahawk, el proyecto paralelo de Patton con el que menos conecté, pero deteniéndome más ahora por fin encontré ese crisol de locura, ausencia de vergüenza y prejuicios envueltos en metal que rodea a esta gente, y ahí está la frescura, la creatividad sin frenos, la valentía de Mr. Bungle o Fantômas, en cortes como Black Friday, en los susurros y ambiente morriconiano de Matador, en la psychedelia del final de Cone of shame o en la bizarra Rise of the fall (trash metal con castañuelas), pero sin dejar de ser puro FNM en ningún momento. Ahora sabemos que hemos encontrado el resto de piezas del puzzle en el que encajaba Motherfucker, lo hemos entendido todo. Además, lo explica la portada, nos lo está diciendo ese joven Superhero. Esto es una maravilla.

Martes, Hulyo 28, 2015

"Dr. Forrest's Cheeze Factory" compilations (2008)

Corren malos tiempos para la Blogosfera. Qué palabra tan fea, y tan poco utilizada últimamente; tan demodé como "chachi", o "peluco", o "demodé". Un medio tan fresco y novedoso como era la llamada "Internet 2.0", en el que cientos de miles de personas nos lanzamos como locos a abrirnos una casilla el el "ciberespacio" para desnudarnos ante el resto, satisfacer la necesidad de expresarnos, compartir curiosidades e inquietudes, en unos pocos años se ha devaluado y mercantilizado hasta el punto de casi haberse extinguido, devorado por las redes sociales y la batalla por el posicionamiento. Parece que ya no tiene sentido que existan los foros especializados, habiendo redes sociales; y que ya nadie en su sano juicio lee blogs, porque todo el mundo leemos los mismos artículos, esos que circulan por el puñado de medios de comunicación oficiales que se imponen en las redes sociales. A veces tengo la sensación de que el año 2008 fue un fecundo vergel cultural que perteneció a otro siglo, al Renacimiento o al art nouveau, y que Twitter neutralizó y desactivó toda esa libertad de expresión, toda esa ingenua y fecunda explosión creativa y altruista. La mayoría de los blogs que tengo en el reader han muerto o están gravemente heridos. Y mirar el contador de visitas de mis blogs ahora, en su pico de audiencia más impresionante, y compararlo con las visitas de cualquier día soso de hace solo 5 años, es escalofriante. No sé cómo será la realidad económica y humana detrás de todo esto, pero veo a muchos de esos blogueros de entonces colaborando en algunas de estas revistas culturales para supervivientes que se llevan ahora; y probablemente le paguen más a un idiota por poner un # en su Twitter. Y en cuanto al resto, supongo que simplemente fueron vencidos por el desánimo o la progresiva pérdida de interés propia y ajena.

En cualquier caso, venía esto a cuento de que hace unos pocos años había, literalmente, decenas de miles de blogs de descargas alegales de discos, sitios increíbles en los que se intercambiaban rarezas inencontrables y fuera del mercado, entre particulares. Ese maravilloso concepto de blog de rock, muy especializado, con posts recomendando discos ajenos a la actualidad y con su correspondiente link de descarga, hace unos años estaba muy extendido y yo seguía montañas de ellos que a día de hoy han sido abandonados. Paradójicamente, uno de los mejores y más prolíficos, Twilightzone!, sigue muy activo (de hecho, su correspondiente rincón de comments se ha transformado en el último año en una catarata adicional de links), y en su columna de la derecha se listan algunos supervivientes más. Pero por el camino se quedaron docenas de mis blogs favoritos que conformaban mi rutina diaria; sobre todo los que se hacían desde España, que no debe quedar ni uno solo: ya no solo blogs de .mp3 (que también tiene sentido que muchos hayan desaparecido al endurecerse las leyes de copyright y el acoso contra el pequeño bloguero, en favor de las grandes plataformas que sí hacen negocio con ello, como pasa siempre; y también por el Spotify, claro), sino blogs en general, de gente en su casa escribiendo cosas públicamente en Blogger o Wordpress por el placer de hacerlo.

A mí uno de los blogs que más me fascinaban, y que estaba especialmente activo en aquel remoto y lejano 2008, era Dr. Forrest's Cheeze Factory. En este enlace queda su esqueleto, con su diseño clásico pero eliminados todos sus posts que contenían descargas. Su url original era esta. No sé si alguien se acuerda, pero era un blog muy divertido y en constante actualización, dedicado a la música extraña, marginal y de cachondeo, la outsider music y los músicos bizarros y diferentes. Manteniendo vivos la llama y el espíritu de personajes como el Dr. Demento, ofrecía cada día la posibilidad de escuchar o descargar curiosidades musicales imposibles de encontrar, intercalados en una incesante cascada de mini-posts con gifs animados y chorradas. Y de vez en cuando armaba sus propios discos recopilatorios temáticos llenos de canciones increíblemente extrañas, con aportaciones propias y de la audiencia. Aquellas colecciones eran mis artefactos favoritos. Discos rebosantes de canciones dedicadas a la luna, al espacio exterior, al plátano, a los monos, a los robots, a los agentes secretos, a los nativo-americanos o a los mexicanos, por un lado, y también otra serie de discos con docenas de versiones exóticas de una misma canción. Era la combinación de gags visuales, recetas de queso, ripeos inencontrables de 45's bizarros y recopilaciones lo que hacía de éste un blog único. Había y hay otros blogs dedicados a la música marginal (Bloggio oddio, The world's worst records, Die or DIY?, Music for Maniacs, Mr. Weird and wacky, Donteattheyellowsnow, Glorify the turd, Mutant sounds...), pero éste era el más loco, incorrecto y divertido, y en el que descubrí a músicos realmente extremos.

Como yo soy como la hormiguita de la fábula, y estoy todo el día escuchando, indexando y organizando mis libros, discos y tebeos, y también las rodajas de música digital, el otro día me encontré, dispersas en varios sitios, unas cuantas de aquellas recopilaciones. No son todas, pero sí unas cuantas. Concretamente, 28, sí, veintiocho, 28 recopilatorios de Dr. Forrest's Cheeze Factory, que localicé ayer, que he dejado subiendo esta noche, y que he decidido (aunque esto no es un blog de descargas como los hoy homenajeados) poner en circulación de nuevo ahora mismo, por si hubiera alguien interesado, o que llegue aquí en el futuro buscando fábricas de queso, sexo con mapaches o música rara. Ojo, que algún archivo es MUY grande. Están todos en esta carpeta de Megaupload:

28 recopilatorios de .mp3 del desaparecido blog "Dr Forrests Cheeze Factory"

Huwebes, Hulyo 23, 2015

Mondo Brutto en la revista El Jueves (1999-2003)

Bien saben quienes me conocen que soy gran fan del Mondo Brutto; e incluso muchos sólo me conocen como "el que escaneó los Mondo Brutto", por aquellos escaneos de los 20 primeros números que hice hace bastante tiempo, que levantaron tantas pasiones como odio (los volví a subir aquí recientemente, porque me lo siguen pidiendo de vez en cuando al privado; algunos, y otras cosas que no son mías, circulan por eMule). Tesoro del underground nacional, reader's digest de lo bizarro y lo adiabolado, el fanzine MB sacó su número 43 hace unos días, continuando una larga aunque intermitente y mutante carrera que se inició en 1993, y sigue siendo una publicación interesantísima y única. El miércoles 2 de junio de 1999 (más o menos), los autores de MB comenzaron a colaborar en la revista El Jueves, con una columna semanal de texto con su inconfundible tono y estilo, y que trataba los habituales temas atemporales que interesan y caracterizan a los responsables de la publicación: la cultura popular, los fenómenos de masas más risibles, la televisón más rancia, lo bizarro y lo oscuro. Su colaboración duró casi 4 años, y calculo que publicaron alrededor de 185 entregas. Fue la época en la que yo compraba El Jueves más asiduamente, y de hecho arrancaba y guardaba mis secciones favoritas, como hacen las abuelas con los cupones y las esquelas. Años después, también escaneé bastantes de estas páginas, pero no todas. En el CRG (Comics Release Group, el gran imperio de la digitalización y conservación desinteresada de tebeos español) hay bastantes seguidores de El Jueves, y aunque parece increíble se puede encontrar casi toda la colección de El Jueves, o una enorme parte de ella. Y el año pasado, el miembro del CRG DIFyCUL se dedicó a hacer separatas de algunos autores, los más minoritarios, en una iniciativa a la que llamaron "Los Inéditos de El Viernes". Tomos recopilatorios digitales dedicados a honrar la memoria de grandes olvidados de la revista como Jvlivs, Guille, Mónica y Bea, Germán Meni, Carlös, Palomo, el trabajo que hicieron allí en exclusiva (probablemente nunca más reeditado) de maestros como Raf, El Perich, Forges o Gallego y Rey, y hasta compilaciones de secciones que no he leído jamás como "Galería de Piropos" o "Recortes de la prensa seria". Y uno de esos "retapados" contenía casi 100 páginas de Mondo Brutto. Con una portada (la de arriba) y dos páginas de introducción ad hoc (donde hasta me mencionan, ya que muchas de esas páginas las escaneé yo mismo, y es que en el CRG son así de atentos y agradecidos). Yo soy un depredador silencioso del CRG de toda la vida, y en los últimos años he seguido ampliando ese tomo de recortes con los textos de Mondo Brutto, de los números atrasados que de vez en cuando alguien sigue añadiendo a la causa, y hasta la fecha he podido juntar más de 170 artículos; más de 170 páginas en un tomo que considero imprescindible para los fans de MB y de este tipo de lecturas curiosas, inteligentes, instructivas y graciosas. No sabemos exactamente cuántas fueron en total, y además no tengo la correlación entre todas las páginas y el número de El Jueves en el que fueron publicadas, por lo que no sé si algún día podré juntarlas todas. Pero los coleccionistas compulsivos no nos damos por vencidos, y de vez en cuando sigo añadiendo alguna que otra. Es uno de los archivos que tengo siempre en la memoria del tablet, y una lectura esporádica, y además de contarlo aquí en el blog éste, he actualizado el enlace de descarga, por si a algún visitante le interesa. Se puede descargar, en formato .cbr, AQUÍ.

Miyerkules, Hulyo 22, 2015

"Jurassic World" (Colin Trevorrow, 2015)

No entiendo muy bien las críticas negativas vertidas sobre esta película. Dos horas cómodamente sentado, disfrutando del aire acondicionado y viendo realistas monstruos y criptomonstruos gigantes, velocirraptores desatados, una jauría de pterodáctilos, un megalodón, una tía buena armada... Pues claro que es una chorrada, y que la historia se parece a "Parque Jurásico". Se trata de la reapertura del Parque Jurásico, y tiene que haber una fuga, un conflicto. Las principales críticas que he escuchado sobre esta actualización del mito de Spielberg se centran en cosas que ya sabíamos antes de ir a verla. Tal vez algún espectador más exigente esperaba ver a los dinosaurios discutiendo sobre Schopenhauer, un argumento complejísimo en forma de rayuela, un drama dionisíaco de proporciones épicas. Bastante tuvieron ya con cómo iba la Masa a estar todo el año comparando ésta con la original, y con sus propias dificultades para justificarse y homenajear a la primera, y a mí me gusta cómo lo hacen. "Parque Jurásico" me molestó bastante, es una de las películas más moñas que recuerdo haber visto, y "Jurassic World" me pareció más digna, más gamberra en ese sentido, y visualmente satisfactoria. Todo resulta demasiado frío y estereotipado como para identificarse con nadie, y que nadie te importe un carajo que sea devorado lo antes posible, y desconcierta el constante product placement. Y me gustó especialmente la elección del bobo entrañable de New girl como nuevo técnico freak.

Martes, Hulyo 21, 2015

"Holmes & Watson, Madrid days" (José Luis Garci, 2012)

Así como "Supernova" no me pareció tan mala como la pintan, y sí una tomadura de pelo autoconsciente y gamberra, por las mismas fechas (hace un par de meses) estuve viendo otro disparate anómalo de la filmografía española, a la que se vapuleó desde todos los ángulos posibles cuando se estrenó. Y en este caso estoy más de acuerdo, porque "Holmes & Watson, Madrid days" da bastante penita, y la acabas mirando de reojo, avergonzado, apretando el paso, como cuando vas por la calle y un heroinómano se te acerca para pedirte suelto. Probablemente todo se explica con una reunión apresurada en la cafetería del Congreso, en la que Gallardón, a cambio de todo el tráfico de influencias ejercido durante tantos años para mantener a Garci en las pantallas del ente público autonómico, a precio de platino, le dijo a Garci que quería tener su ficha en el IMDb, que tenía una sobrina muy aficionada al cine a la que le hacía ilusión y guardaba una barba de broma cogiendo polvo. Y a raíz de eso, y que a Garci le había molado la primera temporada de Sherlock de la BBC, es decir, del TeleMadrid británico [risas] al que tanto debe, y quería intentar imitarlo, escribieron ahí al momento un guión en una servilleta. Emulando a Alan Moore, decidieron crear su propia Liga de los Hombres Extraordinarios, en un trepidante pastiche steampunk que mezclara a Sherlock, Watson, Jack el Destripador, Benito Pérez Galdós, Isaac Albéniz, un torero bizarro y un flamenco, repleto de acción, romance y aventura a raudales. Una vez puestos en faena, la cosa resultó parecerse más a un episodio raro de El secreto de Puente Viejo con toques de matrimoniadas de José Luis Moreno, iluminado como un Estudio 1 de los setenta. Con fallos de ráccord, interiores de corchopán, barbas postizas que se mueven, actores desganados y que se nota mucho que les da cosica que les enfoquen, chistes localistas cuando se supone que hablan en inglés, chistes privados trasnochados como los que cuentan Garci y los colegas en su podcast Cowboys de medianoche, y un ritmo absolutamente inexistente. Da la sensación de que a partir del puñado de ideas que apuntaron Gallardón y Garci en la servilleta delante del tercer solisombra, se pusieron a rodar, y se dieron cuenta de que no había guión cuando ya casi se acababa el presupuesto y el alquiler de atrezzo cedido por el Museo de Cera. En su momento estuve viendo "Tiovivo C. 1950", otra película reciente de Garci, y allí quedaba claro que no había guión, ni ninguna necesidad artística de expresar absolutamente nada, sino únicamente obsesión por producir y hacer caja, y por repetir una y otra vez que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Aquella, tal como revelaba su título, solo era un carrusel de imágenes y cameos de gente famosa hablando, sin ton ni son, como una especie de cuadro en movimiento en honor a la nostalgia. Pues con ésta pasa exactamente lo mismo, salvo que no te avisan. No hay guión, no hay historia, y todo se reduce a señores trasnochados y petulantes hablando sobre cosas. De vez en cuando se menciona un asesinato, o a una suripanta o a un político bribón, pero estás deseando todo el rato a que uno de esos señores se quite la careta y todo haya sido un sketch surrealista de broma. Pero no. No llega ni a humor involuntario. Es como contemplar una partida de brisca a través de unas gafas tintadas. Una cosa fascinante.

"Supernova" (Juan Miñón, 1993) / "Minority report" (S. Spielberg, 2002) / "Lucy" (Luc Besson, 2014)

Como estoy empeñado en actualizar lo más posible el blog con cosas que he visto recientemente, propongo otra sesión continua que yo me hice en mi casa (pero a lo largo de dos días). Un "menú" como los del ScifiWorld (con admiración), ecléctico y liviano, con tres pelis de ciencia-ficción que aunque aparentemente no tienen nada en común, creo que sí les unen algunos elementos. Aunque solo sea el hecho de que las tres me parecieron bastante coñazo.

"Supernova", siempre será recordada, injustamente, como una de las películas más estrafalarias de toda la filmografía peninsular, y como un vehículo futurista y llamativo construido única y exclusivamente en torno a una mujer florero, la musa sexual Marta Sánchez. Y exactamente lo mismo sucede con las otras dos: dos películas de ciencia-ficción extraña, absurda e histriónica, que probablemente no serían tan bochornosas sin las caras bonitas que las decoran. "Lucy" parte de una estupidez magufa y ridícula, de una bobadeta de las que se cuentan los oficinistas a la hora del vending cuando se les acaba el tema del tiempo que hace, y que no tiene ningún tipo de rigor científico, ni nada que se le parezca: una chorrada en torno a la idea de una supermujer que desarrolla, mediante un accidente, la habilidad de utilizar el 100% de su cerebro, en lugar del 10% como hacemos los demás. Esto viene a ser, a mi entender, como hacer una película muy seria y circunspecta sobre un futuro brillante y lleno de gadgets y tiros en torno a lo de Ricky Martin, el perro y la tostada. Y el principal problema que tuve con "Minority report", fue la niña mona que pusieron ahí a enseñar los pechos, ese ridículo Tom Cruise haciendo aspavientos y poniendo caras raras, que instantáneamente pulveriza cualquier posibilidad de disfrute de una historia extraña pero valiente, que por otra parte no está tan mal, dentro de lo igualmente ridículo del planteamiento, con esos precognitivos flotando, los coches-supositorio, la gente llorando todo el rato... Me di cuenta enseguida, no recuerdo en qué momento fue exactamente, de que si la película hubiese tenido a cualquier otro actor un poco más interesante y menos paniaguado, me hubiera gustado. Porque está bastante bien construida, y en seguida el chascarrillo de la policía pre-crimen y los morlocks flotantes se diluye en una trama de suspense bastante maja.

Lejos de lo que se atribuye a "Supernova", se trata de una comedia muy consciente de la estupidez de su existencia, que obviamente busca homenajear más a Azcona que a "Star Wars". Me pareció entrever en ésta un pariente lejano de Plutón Verbenero, una peli de sano cachondeo, de naves con botijos, tricornios y bocatas de calamares, y creo que no está tan mal. Simplemente el guión es malo y peca de eso tan español de intentar hacerse el gracioso (sin éxito) por el miedo y los complejos a la hora de afrontar el cine de género. "Supernova" tiene escenas con Chus Lampreave y Gabino Diego, que imitan al Almodóvar joven con más gracia de la que tenía el propio Almodóvar. Y a Marta Sánchez se le ven un poco las tetas, que es lo que quería España. Tiene mi bendición. La estupidez de "Lucy" es de juzgado de guardia, y todo lo que sucede es bochornoso de principio a fin, y encima no hay tetas. Y si en la otra hubieran sustituido a Tom Cruise por Steve Buscemi, por Chus Lampreave o por un par de tetas, hubiera sido bastante más entretenida.

"La fiesta de despedida" (Tal Granit, Sharon Maymon, 2014)

Una amiga, que debía de estar extraordinariamente aburrida, me invitó al cine la semana de estreno de esta película hace unas cuantas semanas, cuando ya picaba el sol e ir al cine es una excusa para bañarse en el aire acondicionado, un auténtico viaje en el tiempo, pero el atmosférico. Estuvimos dudando de en cuál meternos, pero tenía que ser cine lo menos comercial posible, porque ella es así, y acabamos viendo esta comedia israelí sobre gente mayor que se cachondea, con mucha finura, de su pronto desenlace. O más bien, de cómo acelerar su desenlace. Una especie de "Club de los suicidas" de Dumas, pero con viejos que hablan raro. Probablemente no fuera yo su espectador más indicado, tal vez dentro de setenta años... Aunque es curiosa, simpática, amable, muchas risas la verdad es que no, y se me hizo un poco incómoda y espesa, por lo larga y timorata, y porque el tema del alzheimer me desagrada bastante. Y porque no pillé.

"Project Almanac" (Dean Israelite, 2014)

Una recomendación diáfana y (creo que) sin riesgo, de ciencia-ficción "doméstica", entretenida y sin pretensiones ni sofisticaciones, ni la carga intelectual que suele chafarme este tipo de aproximaciones verosímiles a los viajes en el tiempo. Creo que es mejor no saber nada de la película y que te vaya sorprendiendo sobre la marcha, pero como soy un bocazas, diré que cuenta cómo unos chavales aficionados a la ciencia y las maquinitas, nerdazos del MIT, descubren una vieja grabación de video al internarse en la buardilla de casa como unos goonies, que muestra el 8º cumpleaños del protagonista, grabado el mismo día que su padre falleció. Y en un par de fotogramas de la cinta, aparece el protagonista, con su edad actual, y con las mismas ropas que lleva puestas en ese momento. Un comienzo estupendo e inquietante, que acaba diluyéndose a ratos en absurdas paradojas y amoríos, pero llena de grandes momentos y terriblemente entretenida.

"Los mordiscos del alba" (Tonino Benacquista, 2001)

En mi afán por ponerme al día apresuradamente con el acuse de lecturas, me he acordado de esta novelita que leí hace algunos meses, que me entretuvo bastante y me duró un par de días. Narra la historia de un par de buscavidas y sinvergüenzas, alimañas de la noche que viven del desempleo y se dedican a colarse en las fiestas, en las discotecas y las inauguraciones, para beber gratis e inventarse un estatus social que no les corresponde. Noches de desenfreno parisinas que recuerdan a la peripecia urbana de "El odio (La haine)", o a esas películas norteamericanas de excesos y desventuras (valgan "Jo, qué noche" o "Todo en un día"), pero con la Torre Eiffel de fondo y un argumento de novela negra. Al cabo de media novela, el noir va dejando paso poco a poco a la trama paranormal que desvelaba el título. Sin ser una maravilla, sino un divertimento posmo, me gustó esta novelita, aunque me dejó bastante frío en contraste con los cuentos breves de Benacquista, a quien conocía por "La máquina de triturar niñas", un libro que me fascinó en su momento.

"Monstruos en el Oeste" (Curtis Garland, edición de Alberto López Aroca, 2015)

Igual que sucede con el ensayo hermano de éste, de casi idéntico formato, la última obra traída al mundo por Alberto López Aroca es un mamotreto de pulp absolutamente hermoso, confeccionado con un cuidado y un cariño apabullantes. Alberto andaba detrás de la idea, y empezó a lanzarla en preventa para algunos ansiosos aficionados a los bolsilibros. Y antes de darnos cuenta, lo teníamos en casa a precio reducido, y ya es una realidad al alcance de cualquiera. Las más de 600 páginas de "Monstruos en el Oeste", envueltas en la preciosa portada de Sergio Bleda, se abren con un ensayo impecable de Andrés Peláez Paz, sobre todo lo relacionado con el weird western internacional, desde los primeros seriales bizarros o los relatos de Lovecraft, pasando por las pocas películas del asunto hasta las novelas de Curtis Garland que nos ocupan. Porque el resto del libro reproduce nada más y nada menos que 7 novelas completas del Maestro Juan Gallardo Muñoz (alias Curtis Garland, alias Donald Curtis, alias Kent Davis). 7 bolsilibros, novelas de a duro de vaqueros de las se vendían en los kioskos españoles en décadas pretéritas. Garland es un icono para muchos de nosotros, los aficionados a esta literatura popular (en este blog le he mencionado un montón de veces), y algunos de los westerns paranormales aquí recopilados son absolutamente inencontrables (aunque yo ya tengo leída una...), y no serían jamás reeditadas y caerían en el olvido, de no ser por gente valiente y apasionada como López Aroca. El tomo es precioso, la edición no podría ser más cuidada, bonita y explicativa, y contiene lectura para muchas noches polvorientas. De todas las iniciativas que están consiguiendo volver a poner en circulación, con permiso de sus herederos, las fantásticas novelas de Garland (yo tengo "La tumba del vampiro" y los 4 tomos de novela policíaca de Akal, pero hay más), "Monstruos en el Oeste" es el más cuidado, el más original y el que se centra en el rincón literario más curioso y extraño del autor. Una maravilla.

"Sherlock Homes en España" (Alberto López Aroca, 2014)

Ya he traído a este blog un par de los productos nacidos del espíritu y del sello del entrañable Alberto Díaz Aroca, pero aún no había hecho referencia a una de las joyas de la corona. Su portada aquí encima pequeñita no hace justicia a la belleza de este tomo de ventitantos centímetros de alto y más de 600 páginas, que supura amor por el pulp por los seis costados. Hace ya unos cuantos meses que compré "Sherlock Holmes en España", un increíble y pormenorizado estudio alrededor de todo lo que tiene que ver con la relación entre España y la creación principal de Arthur Conan Doyle (y todos sus hijos apócrifos). Inabarcable, exhaustivo y sobre todo repleto de imágenes, el ensayo sirve tanto de libro de consulta esporádica, como de asombrosa y constructiva lectura. Probablemente Sherlock Holmes sea el personaje de ficción más manido y recurrente del siglo XX, y son miles y miles sus apariciones, recreaciones y reediciones en el imaginario patrio. Aunque Aroca, humildemente, considere este trabajo como una aproximación al mito, enfrentarse a él, para el más o menos profano, es una experiencia apabullante. Y no solo está repleto de datos y de deliciosas anécdotas, sino también de gruesa lectura de panfletos decimonónicos, o fruto de la propia cabeza del autor y editor, mitólogo creativo y apasionado del asunto.

"Tomorrowland: El mundo del mañana" (Brad Bird, 2015)

Me encantan estos subtítulos que les ponen en España al traducir los blockbuster: "Tomorrowland El mundo del mañana", parece un homenaje a Héctor del Mar y los nombres que les ponía de cachondeo a los luchadores de Pressing Catch, como "Terremoto Earthquake", "The Snake El Serpiente", "Roddy Piper El Gaitero"... En fin. Fui a ver esta película a los Ideal la semana de su estreno, y no recuerdo exactamente su argumento, pero salí entusiasmado. Tampoco sabía nada sobre ella, salvo que la había hecho Brad Bird, ese superhombre detrás de la primera animación de Los Simpsons, "El gigante de hierro", "Los Increíbles", el guión de "Nuestros maravillosos aliados"... y esto era suficiente garantía para mí. Me echaba un poco para atrás que fuese un largometraje del moralista emporio Disney, y que tuviera que ver también en ello el pesado (y aún más moralista) Damon Lindeloff, pero tenía muchas ganas de ver esto, fuese lo que fuese, en pantalla grande. Y fue una gozada. Un verdadero viaje en una montaña rusa, un hermoso homenaje a la infancia y a la ciencia-ficcón retro-futurista de los años 50. Aunque la cosa pase a la historia tan solo un spot largo y espectacular de una zona de Disneyland, y a pesar del extraño mensaje elitista y MK-Ultra que tira de espaldas, es una fábula preciosa y emocionante en la que no dejan de pasar cosas, con un montón de ideas brillantes, cgi absorbente y verosímil, y ese mismo halo de las películas de fantasía artesanal y entrañable de los ochenta que mi generación tiene en el inconsciente colectivo. Y luego está la niña, la fascinante androide que no me quité la cabeza en mis siguientes diez o doce pesadillas. Bravo.

"We steal secrets" (Alex Gibney, 2013) / "Deep web" (Alex Winter, 2015)

Sesión continua de tarde veraniega ociosa, sobre dos fenómenos confluyentes a los que nos ha llevado la batalla por la libertad en la Red. "We steal secrets: La historia de WikiLeaks" que está pasando estos días Canal+, cuenta la historia, minuciosamente y desde la periferia, de Julian Assange y Bradley Manning: el perseguido hacker obsesionado por la libertad de expresión y con darle de morros al establishment, y el confuso soldado, encarcelado de por vida, que supuestamente filtró toneladas de secretos militares a la plataforma creada por el hacker. Al margen de la apasionante y significativa historia en sí, la película no deja ningún lugar a dudas sobre lo ridículo de Assange, un tipo que hasta ahora yo creía que era un héroe por las libertades, y aquí se le caricaturiza y se le expone como un maníaco sexual obsesionado, paradójicamente, con sus propios secretos, que precisamente son los que dinamitaron Wikileaks.

La Deep web es como se conoce a la cripto-internet soterrada de la que tantas gilipolleces se dice; principalmente, en las mesas camillas para amas de casa se nos explica que todo lo que sabemos sobre Internet desde hace veinte años no es nada, y solo ocupa un 5% comparado con lo que se puede encontrar en esta especie de "internet para hackers": pedofilia, asesinatos en directo, volquetes de drogas y putas... La realidad es que, al margen del Buscador Oficial, el que está de lado del Sistema, hay un porcentaje inmenso de contenido no indexado, entre el que se encuentran, sin ir más lejos, los torrents y todo el P2P que la mayoría de nosotros usamos continuamente, foros en los que reina el anonimato, "intranets" de acceso restringido (algunas de ellas de uso gubernamental, y obviamente secretas)...; ¡lástima, no hay un 95% de películas snuff bajo la superficie, como se rumorea en las puertas de los institutos! Lo que sí se encuentra también en esas páginas outsiders, encriptadas y a las que solo se accede mediante programas imposibles de rastrear como Tor o las .onion, son espacios libres que pretenden esconderse del Sistema, que funcionan bajo la filosofía digital de la autogestión, la libertad de expresión, el libre mercado, la oposición a las leyes mordaza y a la mirada y el filtro del Gran Hermano que domeña las Redes Sociales. Y entre estas páginas han crecido, por supuesto, mercados en los que la gente intercambia libremente miles de cosas. Como decía D'Allessandro en el último Mondo Brutto (con otras palabras), páginas de venta encriptadas y que permiten el anonimato como Silk Road (en la que se centra el documental "Deep web"), son un interesante avance digital en el que se permite el libre comercio entre adultos. Por ejemplo (y éste es el quid del asunto), en Silk Road se comerciaba principalmente con drogas de diseño entre otras cosas (todo aquello que no sirviera para dañar a nadie, ni que tuviese que ver con menores de edad, dejaban muy claro sus principios), para uso lúdico, voluntario, privado y entre adultos, con garantías para el vendedor y el consumidor, en cualquier lugar del mundo, nunca antes vistas en lo referente por ejemplo a la pureza del producto, su no adulteración con polvos de talco o mierda de rata, la transparencia y volumen de información sobre lo que se consume, el ajuste de precios, la ausencia de mafias y de la violencia del narcotráfico en las transacciones... Todo virtudes y ventajas, entiendo yo, y eso que no soy consumidor. Por supuesto, en esta sociedad meapilas, con tantos intereses económicos que genera este asunto entre los poderosos, y con tantos agujeros legales, esta crudísima historia titulada "Deep web" nos cuenta cómo Ross Ulbricht, el joven hacker sospechoso de estar detrás del misterioso Dread Pirate Roberts (inspirado en el personaje de "La princesa prometida"), es perseguido impune e ilegalmente por las fuerzas de seguridad hasta dar con sus huesos en la cárcel para el resto de su vida, acusado de tráfico de drogas, obstrucción a la justicia, asesinato, conspiración, violación, estupro... Y todo lo que se les ocurrió. Otra de esas historias salvajes e injustas que nos cuentan este tipo de documentales de corte social. Todo muy interesante, todo muy a la última, con entrevistas a implicados, policías, hacktivistas, periodistas de Wired, amigos de la víctima, siluetas con voz distorsionada de ciber-camellos y mucha imagen de archivo. Todo esto está muy bien y yo estoy muy a favor de todo; de todo menos de los Bitcoins de las narices, que no se pueden poner en la vía al paso del tren para que los aplaste, ni sirven para comprar novelas de Curtis Garland en los mercados de pulgas.

"Red Army" (Gabe Polsky, 2014)

Narra la increíble historia de la estrella mundial Viacheslav Fetisov, y sus compañeros del equipo soviético de hockey sobre hielo. De cómo la maquinaria de propaganda de la CCCP y su sistema de trabajo estajanovista llevaron al equipo nacional a lo más alto de la élite deportiva mundial en los años setenta, derrotando repetidamente a Canadá y Estados Unidos. Una historia agridulce, ya que en los estertores del estalinismo, con la Guerra Fría y la Guerra de las Galaxias encima, con toda una sociedad oscilando entre la nostalgia y la Perestroika, los ídolos del deporte eran tratados como engranajes esclavos de la patria y de paso como moneda de cambio. Con la llegada de Gorbachov, los equipos de la NHL se rifaban a los jugadores rusos que les daban sopas con onda en las Olimpiadas, y se originó un verdadero via crucis de jugadores apátridas, depatriados, traidores y perseguidos. Fueron unos pocos años hasta que se normalizaron los canales de fichajes en la gran liga, que pillaron en medio de todo al icono Fetisov, que posa para el documental, que prácticamente narra, con una arrogancia y una chulería bastante graciosas. Una historia repleta de épica, política y conspiraciones que merece mucho la pena incluso para los que, como yo, no sabemos distinguir un stick de hockey de uno de esquí.

Btooom! (Madhouse, 2012)

El otro día me dio por ponerme un poco al día en lo que se cuece en la actualidad del anime, el universo de las series de dibujos animados japonesas; una forma de arte con su particular idiosincrasia, tan inmensa que puedes pasarte la vida viendo única y exclusivamente anime, renunciando por completo al resto de producción cinematográfica, televisiva, artística o musical. En Japón se emiten (a ojo) unas chorrocientas catorce seis series de animación cada semana, y desconocía por completo qué se estaba haciendo, aparte de Naruto, Dragon Ball Super, One Piece o Fairy Tail, que sí, es imposible no saber que existen si uno es un poco curioso y abierto al audiovisual. Decidí empezar a seguir unas cuantas páginas y blogs, me vi unas cuantas recomendaciones de lomejorde en Youtube, y añadí algunos ingredientes nuevos a mi menú. El anime tiene algunas características y temáticas inamovibles, es una forma de cultura amplísima pero hasta cierto punto constreñida en modo, ritmo y diseño, al menos para el no iniciado. Y es tan inabarcable, que lo único que pude hacer fue anotar unos cuantos nombres y verme unas cuantas series: es lo que tiene estar en paro (me he ido al paro por primera vez en la vida, a ver qué se siente). Estuve viendo School days, una "dramedia de relaciones sentimentales entre adolescentes de colegio mayor con giro inesperado" (seguro que este género tiene un nombre de una o dos sílabas), pero me cansé enseguida y me fui directo a ver el final. Me enganché bastante a Tokyo Ghoul (casi he acabado la primera temporada), una historia de acción y épica sobrenatural en los bajos fondos de la gran ciudad, que mezcla vampirismo, noir, cyberpunk y cripto-mitología (cada "ghoul" tiene sus poderes y sus cosicas, como los Caballeros del Zodíaco, los Pokémon y todas esas series coleccionables que tanto gustan), y que está bastante bien (aunque la estructura y la obsesión por las mega-peleas desorbitadas me cansa un poco). Higurashi no Naku Koro ni es una historia bastante interesante de gore y terror, pero parsimoniosa y con una técnica que no me termina de enganchar, la tengo parada pero volveré. Tengo un montón más de series apuntadas o listas para ver, y he empezado a seguir una serie de actualidad, a capítulo semanal: Gangsta, estéticamente muy atractiva (los créditos son una pasada que a Tarantino se le tienen que poner como pasas), una historia de yakuzas, prostitutas y ex-combatientes que a ver hacia dónde va; también estoy siguiendo Kangoku Gakuen, que acaba de empezar, una chorradilla espectacular sobre unos chavales encerrados en un colegio mayor para señoritas (un Porky's raro y contemporáneo con chinos dando voces y mujeres con tetas como cabezas de crío); un cosa que se llama Bikini Warriors, pura sicalíptica a base de posados de 3 minutos semanales; y Monster Musume no Iru Nichijou, un culebrón para niñas que me está volviendo loco, sobre un tío normal que va por la calle y de repente empiezan a cruzarse en su vida seres mitológicos femeninos de grandes tetas (una lamia, una arpía, un minotauro, etc.), que por una cuestión burocrática y de acuerdos inter-especies, se ve obligado a acoger en su casa. Una comedieta de situación costumbrista con argumentos que bien podría haber escrito Mariano Ozores, pero con bestezuelas semi-desnudas y unos dibujos y cosas fascinantes. Placeres culpables de sobremesa todos ellos, que no van a ningún lado, pero que son tan fáciles de ver...

Pero la que sí me enganchó de verdad y disfruté muchísimo, fue Btooom!, una serie que parte del fenómeno del hikikomori que está encerrado en su casa jugando a videojuegos multijugador online de matarse todo el rato (y que supongo que es su espectador ideal), que de pronto es transportado a un first-person shooting de la vida real, en el que tiene que sobrevivir (seguro que todo esto también se define con una palabra nipona de una o dos sílabas). Creo que en los últimos años han proliferado los animes de este tipo, que llevan a la realidad el rollo de estar enganchado a un juego de matarse online que tanto gusta a las nuevas generaciones. Esta está hecha por el estudio Madhouse, que debe ser bastante prestigioso ya que hasta yo, que no tengo ni puta idea de cultura japonesa, me he visto o me suenan bastantes de sus creaciones (Metropolis de Tezuka, Monster, Death Note, Ninja Scroll, Cardcaptor Sakura, Trigun, Hunter X Hunter...), o que intuyo que deben llevar un rollo bastante más "occidental" que la mayoría, que todo esto del anime tiene unos códigos y unas maneras bastante marcianas y localistas en general. Btooom! es un videojuego de estos de matarse a saco, en el que todas las armas son bombas. El protagonista se llama Ryōta Sakamoto, y como suele pasar en estos casos, y a pesar de su hikikomorismo y de ser un nerd sin amigos, es un apuesto joven de rasgos occidentalizados que es de los mejores del mundo en lo que hace (en este caso, jugar online). Sakamoto es una estrella del rock del Btooom!, que de pronto despierta en una isla desierta del Caribe sin recordar qué ha pasado. Pronto entenderá que en la isla habitan una serie de personajes misteriosos, que tienen que matarse unos a otros para sobrevivir, en un cruel reality en el que participan involuntariamente engañados por la compañía Tyrannos Japón, los creadores del videojuego. El anime entero dura solo unas 5 horas (si pasamos en ffw las largas secuencias de créditos de apertura y cierre), repartidas en 12 capítulos de 24 minutos, y es una extraordinaria película larga de acción repleta de misterio, conspiraciones y peleas en un recóndito paraje selvático que quita el hipo de bonito, y que cuenta además con un personaje principal frágil, rubiaca y de gigantescas y bamboleantes tetas (es lo que tiene el subgénero seinen, es decir, el destinado a pajeros de taytantos como yo). La estructura puede sonar un poco claustrofóbica y floja, ya que todo se reduce a tirarse bombazos e ir avanzando en el arcade, pero el resto de elementos (las relaciones personales, los misterios que rodean al pasado de cada personaje, la palpitante isla y sus secretos) lo hacen terriblemente adictivo e interesante. El último episodio me lo pasé casi entero de pie, muy emocionado, sin entender cómo podía ser que todo terminara tan rápido, cuando habían dejado tantos frentes abiertos y más argumentos sin cerrar que en la Patrulla-X de Claremont. Y es que resulta que el manga en el que se basa está siendo publicado actualmente (en España también), y se supone que habrá una segunda temporada, o alguna ova o algo qué aclare todo, porque el final está completamente abierto y en su punto álgido. Espero que lo haya, porque me quedé en ascuas.

Los Sims 4 (EA, 2014)

Ha pasado ya algún tiempo, el suficiente, como para rememorar mi superada adicción con orgullo, y confesar al mundo que, durante todo el mes de enero y parte de febrero, practicamente no hice otra cosa que jugar al Sims 4. Es más: a mi edad (nací en los setenta...), tengo que confesar que me enganché primero a un youtuber que jugaba al Sims 4, me enganché tanto que vi más de 30 horas de este chaval jugando a la consola, creando sus personajes de los Sims, hablando con ellos, diseñando su casa y llevándoles a comer, a trabajar y a mear... Más de treinta horas, señor juez, me pasé en unos pocos días mirando a todas horas los videos de este chaval jugando en su casa. Tenía el ordenador reparando, explotó un día y lo llevé al taller, y durante esos días descubrí alborozado que podía conectarme a internet desde una XBOX que tenía debajo de la tele, que hasta entonces bien podría haber sido de Lladró, que no la utilizaba practicamente para nada. Fueron diez días o así sin ordenador, días muy fríos, muy aburridos, y necesitaba asomarme a internet, a Youtube. Fue entonces cuando mi relación con Youtube cambió para siempre, al descubrir que podía ir pasando vídeos por mi pantallón gigante cómodamente desde mi sillón orejero, con el mando a distancia ergonómico. Prácticamente no hice otra cosa esos días: encendía la tele, y me conectaba a Youtube, para ponerme conciertos de fondo y episodios de series. Y poco a poco, fui sumergiéndome en el pantanoso terreno de las celebridades de Youtube. El contubernio de Youtube. Las superestrellas de Youtube. Ese mundo endogámico y extraño, del que había oído hablar tanto, pero que hasta el momento no me había interesado lo más mínimo. Hasta ese momento, aceptaba que los jóvenes cabezas de chorlito miraban a sus ídolos de Youtube hacer el canelo a todas horas, por ignorancia, porque no sabían lo que era la vida; no sabían lo que era jugar al marro o a las chapas toda la tarde. La brecha generacional y el desprecio hacia la generación siguiente, todo eso. No me cabía en la cabeza, como supongo que no le entrará a la cabeza a nadie de mi generación que los jóvenes de ahora, en lugar de estar haciendo puentes a los coches y pasándose porros en los recre, se pasen las horas muertas encerrados en su habitación jugando a MMORPGs o, más patético aún, mirando a otros jóvenes hacerlo. Al Carlos Boyero trasnochado que llevo dentro, no le cabía en la cabeza que la juventud perdiera el tiempo haciendo eso antes, y no me cabe mucho en la cabeza ahora que he salido del agujero... Pero, no sé por qué, me he acordado ahora de ese mes y pico que me pasé enredado en todo esto. Y en realidad, me alegro de haberme introducido un poco en ese mundo. De alguna manera siento que he chocado los cinco a todos esos millones de jóvenes que tienen por referentes a chavales que se graban en su casa haciendo el tonto, y descubrir de primera mano quiénes son los nuevos Beatles, los nuevos Elvis. Da un poco de pena todo esto, pero al mismo tiempo es un mundo hasta cierto punto interesante. Han pasado unos cuantos meses, y ahora entiendo que, si tienes una Smart TV, o te conectas a Youtube con una consola como fue mi caso, donde la aplicación te sugiere contenidos en lugar de tener que buscarlos, y te dejas llevar un poco por esas sugerencias, es absolutamente inevitable que la pantalla empiece a vomitar, uno tras otro y exclusivamente, la liturgia de estos youtubers. Yo hasta ahora, y en los anteriores 10 años, era dueño de los contenidos que veía en Youtube (básicamente, música, mixtapes extrañas, series y programas de la tele por cable abisal norteamericana, películas nigerianas...). Era un usuario casual de Youtube, jamás lo utilicé como un "canal" en el que pasarme horas mirando vídeos, y muchísimo menos vídeos amateur de gente inane más joven que yo. Pero una vez que me conecté desde la XBOX, todo eso cambió, y el maligno emporio de Google/Youtube decidió volcar sus contenidos en mí, me eligió a mí como una más de las víctimas pegadas a su red, para inculcarme sus mandamientos y venderme sus productos y sus ceremonias.

Como digo, en gran medida me alegro de haber conocido todo esto. No soy un casi-cuarentón cerril y nostálgico, ni un conspiranoico de esos que consideran que Pewdipie o El Rubius son tentáculos de los Illuminati. Y después de bastantes días sometido a la lluvia de sugerencias constantes y meticulosamente seleccionadas por Youtube/Spectra, y superado su influjo, he llegado a la conclusión de que no me interesa nada lo que los youtubers tienen que contar, o al menos no he conocido a ningún youtuber que tenga algo interesante para mí. Supongo que no soy su target. Puedo decir que conozco bastante a fondo el universo de El Rubius, y que me parece un chaval majo y sensato (el otro día me le crucé por la calle del Pez y estuve a esto de lanzarle un sostén), pero no me hace gracia ni me interesa lo que tiene que contar. Y el resto de las docenas de youtubers que fueron desfilando (y continúan haciéndolo cada vez que enciendo la app de Youtube en la XBOX) me parecen repelentes y estúpidos sin excepción. Al menos, aquellos youtubers españoles de los que se graban casi a diario a sí mismos diciendo cosas, ya sean graciosetes que comentan la Vida y participan en todos los memes de la semana, los que hablan de temas de misterio porque creen que pueden hacerlo mejor que Iker Jiménez, las pijas monísimas que tienen en la cam de su portátil a su mejor amiga, los pijos que quieren ser como Rafa Mora y el resto de lamentables lameluzos que he conocido, que son muchos (no quiero dar nombres). Con sus palabrotitas, su incorrección de secundaria, su ego del tamaño de Silicon Valley, su mensaje definitivamente vacío y manido. Me quedo con un par de chiflados cincuentones que hablan de conspiraciones inventadas, y con unos cuantos canales que, sin ningún tipo de apoyo ni medios técnicos, se esfuerzan en fabricar breves programas de entretenimiento cultural. Pero son muy, muy pocos. Lamentablemente, las posibilidades que pudiera haber en esta generación de veinteañeros aficionados al audiovisual, ha quedado drásticamente mermada por la sobre-exposición a la televión de entretenimiento que tenemos, basada en el meapilismo, la corrección política y la Cultura de la Transición, y no aspiran a mucho más que a tratar de imitar el insoportable buenrollismo de Zappeando, El club de la comedia y el humor plano de centro-izquierda del método PRISA. Una pena todo. Y encima, se copian unos a otros todo el rato, sin parar, como si fuesen a perder el tren del hype si en algún momento se les olvida homenajear la estupidez de moda de último segundo.

Como decía, de las horas de sometimiento herziano que sufrí contra mi voluntad, me pareció interesante la figura y el carisma de El Rubius, y terriblemente autoconsciente y honrada la manera de comunicar de Vegetta777. A los otros diez o doce nombres que me vienen a la cabeza ahora, de esos que salen siempre que miras "lo más visto" de Youtube en cualquier momento y a cualquier hora, les faltan una o dos milis y, personalmente, me repugnan bastante. Pero el fenómeno en sí lo respeto, y me parece estupendo, no quiero parecer tan cascarrabias; principalmente, es que no soy su target, y no me hacen gracia, nunca he entendido los memes, el rollito 4Chan, no juego a videojuegos, me asombra y me deja indiferente la necesidad que tiene la Masa, cuando participa en las redes sociales, de hacer el chascarrillo efímero, comunicarse entre sí como delfines, sigo siendo un inadaptado en internet y cada vez me voy sepultando y apagando más bajo sus doctrinas y formas. Internet ha terminado siendo, en buena medida, un ente que fagocita el librepensamiento, que incita a frivolizar, a reducirlo todo a su mínima expresión. Es un medio gigantesco, inabarcable, por supuesto; pero parece que la Internet Oficial, al menos el 50% de sus usuarios mundiales, se siente a gusto formando parte de ese Ente-Doctrina totalitario en que ha degenerado la sociedad de la información; o a lo mejor todo esto es fruto de mi propia condescendencia, mi "ay, estos jóvenes...".

En cualquier caso, todo esta reflexión es solo una excusa para confesar que me tiré una semana y pico enganchado a los vídeos que hacía Vegetta777 jugando al Sims 4. Ahí es nada. Y yo burlándome de los que se enganchan a Mujeres, hombres, bíceps y berzas, probablemente esto sea más irrisorio y penoso. Tenía muchas ganas de engancharme a algún videojuego, pero no me estimula nada de lo que veo por ahí. Crecí jugando a los juegos de Sierra, al Tetris, al Sim City, y no he evolucionado mucho más en ese camino. Me volvió loco el primer Los Sims, y descubrir, sin querer, que la franquicia se había convertido en semejante motor creativo y en un sandbox con casi infinitas posibilidades, me estaba llamando mucho. En cuanto tuve de vuelta mi ordenador reparado, con un gigantesco disco duro nuevo y vacío, lo primero que hice fue instalarme el Los Sims 4, crearme un personaje outsider, inadaptado, soñador, creativo, follarín (huelga decirlo), de piel azul y pelo verde; construirle una mansioncita inspirada en la arquitectura grotto, y una carrera de escritor bizarre de gran éxito. Se llamaba Chris Peterson, vivía en las afueras, junto al desierto, y su máxima aspiración era llenar la casa de minerales, fósiles, estatuillas extrañas, objetos fosforescentes y terrarios de cripto-insectos. De alguna manera, todo aquel coleccionismo compulsivo virtual satisfacía casi todas mis necesidades de la vida real. Poco a poco mi mansión se fue ampliando. No había en mi su casa una mesa de billar, desgraciadamente (un elemento imprescindible en todo hogar), pero sí jardines con gnomos, un rincón para pintar, un jacuzzi, una tele de tropecientas pulgadas, un pequeño gimnasio, juguetes, un microscopio nuclear, un cohete espacial. No recuerdo mucho más. En cuanto salió la tercera o cuarta ampliación e intenté instalarla de forma clandestina, algo se bloqueó, perdí las ingentes horas de partida y me dio pereza volver a empezar. Me dio un poco de pena no poder recuperar tampoco las fotos que hice de mi personaje yaciendo con incontables mozas en su cama con dosel de la cuarta planta, o cuidando a sus plantas carnívoras mutantes ante la puesta de sol, o de picnic en la montaña... Ojalá pudiera conservar los souvenirs, pero la verdad es que la fiebre del Sims 4 se me fue tan rápido como vino. Creo que en las últimas ampliaciones y actualizaciones se puede montar una boutique, apresar extraterrestres o ir a un spa, pero yo ya me he quedado fuera. Desperté de pronto un día cuando tuve que desinstalar el programa pirateado, y me descubrí con la piel naranja otra vez, fofisano y en mi piso de 40 metros cuadrados con forma de vagón de tren en la Malasaña profunda; sin zigópteros, sin cintas de correr, sin gnomos de jardín, sin hijas bastardas, sin mis propias novelas tiradas por la mansión, sin habilidades sociales adquiridas ni perseverancia en el fornicio.

Sabado, Hulyo 18, 2015