Biyernes, Hunyo 3, 2016

"Dogs of war" (PES, 1998)


Se me ha ocurrido hacer un experimento para esta mañana, que tengo que hacer una cosa en el salón que no requiere demasiada concentración. Para ver a dónde lleva esto de la "nueva rutina audiovisual", me he puesto a ver videos de stop-motion en la app de YouTube de la tele, y a ver cuánto tarda en escupirme un video de un vlogger hijo de puta faltón o, peor aún, del show de los 40 patrocinado por Vodafone.
He empezado viendo las últimas creaciones del realizador británico que responde al nombre de PES (Adam Pesapane), autor de obras maestras del stop-motion muy conocidas como "Game over" (2006) o "Western spaghetti" (2008), y la cosa de momento va bien, y La Máquina me ha guiado por a la filmografía de PES, que había varios microcortos que no había visto, y es gloria bendita todo lo que hace este Švankmajer actualizado. Además de sus cortos particulares, en su web dice que lleva más de 60 anuncios comerciales para empresas muy conocidas. Algunos (para Honda, Lipton, Coinstar, Android, Orange, Citizen M o Bacardi) son una auténtica pasada, y experimenta con muy diferentes técnicas. Aparte de sus más conocidos, que siempre es un placer para los sentidos volver a verlos ("Submarine sandwich" de 2014, "Kaboom!" de 2009, "Fresh guacamole" de 2013...) Probablemente su pieza que más me ha sorprendido, entre las que no conocía, sea "Dogs of war" (1998), que juguetea con imágenes de archivo de guerra real.
Entre medias me ha saltado también algún corto casero de pixilation, con muy buenas intenciones y entusiasmo pero copiando vilmente, con medios medios y mediocre resultado, los cortos más famosos de PES, como "The cake is a lie" (zinc2zinc2, 2016), de una señora haciendo un trampantojo en su cocina con material de pretecnología, o "The Moose, the Sausage and the Lobster" (Francine87, 2010) o el paupérrimo "Movie cooking" (Mikayla D, 20112), y es que PES da muchas ganas de copiarle. De hecho, se ha generado hasta algún spoof, como "Fresh guacamole 2" (2013) de Jason Leal. "Teddy has an operation" (Zefrank1, 2013) y su parodia "Doug has an operation" (Bubblegum Bandit, 2016) exploran algunoas ideas de PES pero sin la magia del stop-mo, sobre la autopsia de ositos de peluche rellenos de macabros objetos pop.
Por alguna razón, me han empezado a saltar cortometrajes de animación creados en Minecraft, o recreados en algún programa de animación rudimentario. A quien le pongan estos muñecajos pixelados hackeados y animados con doblaje y efectos, que no es mi caso, supongo que le harán gracia alguno de estos cientos de cortos parodiando varias franquicias (Power Rangers, Angry Birds, Bob Esponja, ¡¿Puppet Master!?...) que hay por ahí, pero yo perdí el interés a los pocos minutos y me hice un poco de trampa, saltando hacia un nuevo algoritmo de cola de reproducción.
Poco a poco la sesión se ha doblegado a la animación digital, con un corto muy majo de un tal Jang Moo Hyun llamado "Project alarm" (2009) y otro titulado "Jungle jail" (Stepaschka, 2008), comedieta sobre un tipo pequeñín que se hace fuerte en el patio de la cárcel gracias a un bichito que se encuentra. Siguiente. Cortometraje francés de influencia Pixar, brillante, titulado "Slimtime" (Bertrand Avril, Pierre Chomarat, David Dangin, Thea Matland, 2010). Parodia futurista en la que unas obesas se ejercitan y adelgazan en una especie de aséptica nave (¿espacial?), que recuerda a la segunda mitad de "Wall·E". "Paper Wars4" (Ed Skudder, 2015) parece hecho en Flash y es un poco pobretón también, pero me ha adentrado en animación amateur más artesanal, al cabo de una hora más o menos de experimento.
Los cortos de Pixar yo creo que ya los hemos visto todos, pero he vuelto a mirar atentamente "Partly cloudy" (Peter Sohn, 2009) y "For the birds" (Ralph Eggleston, 2001) porque así lo ha querido el destino. Seguidos de "Big Buck Bunny" (Sacha Goedegebure, 2008) del Instituto Blender, que no conocía y que es un bonito corto hecho con software libre que parece que lo hubiera hecho Pixar hace 20 años. "Sheep in the island" (RG-Animation Studios, 2007) consta de dos episodios de 10 minutos, y es otro ejemplo de animación 3D cuqui y con mucha pasión, divertido y original pero que flojea por culpa de lo que nos tiene acostumbrados Pixar a estas alturas. La oveja protagonista se conoce a un ornitorrinquito monstruoso en paraje exótico (que recuerda al de la premisa de partida de "Braindead"). Parece que RG-Animation Studios es una empresa koreana, y que hicieron una serie educativa que emitió TVE sobre un oso polar que hace deportes olímpicos. Muy decente.
Después de un par de horas me he echado a la calle y he dado por concluida la batería de videos aleatorios, que entraba en un bucle de animación demasiado infantil.

Miyerkules, Hunyo 1, 2016

"El maestro del Prado" (Javier Sierra, 2015)


Cuando salió esta novela me obsesioné un poco por leerla, a pesar de mis prejuicios hacia el mediático autor, que me cae muy simpático y siempre me han divertido sus batallitas radiofónicas como amigo de la adolescencia de Iker Jiménez, pero que temía que se quedara corto como émulo aún-más-mediocre de Dan Brown. Soy bastante fan de ir al Museo del Prado, a última hora, a recorrer las salas sin prisa de vez en cuando (muy de vez en cuando; habré ido 10 ó 12 veces), y me apetecía sumergirme en una ficción contemporánea en ese lugar de la mente que suponen los recovecos del Prado llenos de historia y de fantasmas simpáticos. Temía invertir mi dinero y arrepentirme, así que se lo pedía insistentemente a una allegada, empleada del Círculo de Lectores, a ver si le sobraba alguno o algo así... Y tanto insistí por lo visto, al no encontrarlo tampoco en el circuito de segunda mano, que al final me lo compró ella. Y me tuvo absorto en la historia durante algunas semanas el pasado invierno; con más visitas asiduas y a traición al museo, que es de lo que se trata. El estilo de Javier Sierra es absolutamente efectivo y correcto, sin demasiadas florituras. Y sorprendentemente, lejos de un ladrillo de explotación de la ficción histórica de mil y pico de páginas repletas de paja y disgresiones, es una novela breve, sucinta y muy entretenida. De hecho, es más o menos lo que buscaba: un ensayo sobre los símbolos y misterios de algunos cuadros del Prado, una visita guiada a la Pinacoteca, que Sierra elabora levemente novelizada (con la información ensayística puesta en boca de los pocos protagonistas), y además narrada de forma muy lineal y honesta, en primera persona por el escritor remontándose a su época de estudiante, mezclando biografía y fantasía. Una lectura intensa y absorbente, y además interactiva gracias a esta edición con encartes a color de montones de cuadros. No solo no es pesado o mediocre, sino que reconozco que se me hizo corto y me reconcilió con el escritor.

"Polybius" (Francisco Jota-Pérez, 2016)


La incansable editorial de fanzines Antipersona acaba de publicar su primer libro, en formato noble, con lomo. Un producto que abre una nueva brecha en su afán de autoeditar panfletos incómodos y polémicos de corte político-social. Además, han empezado a montar tenderete en el mercadillo del libro anarquista en donde los punkis de Tirso de Molina los domingos por la mañana, y allí fui hace algunas semanas a hacerme con su más reciente lanzamiento. Polybius fue un videojuego de recreativas misterioso sobre el que se ha vertido mucha leyenda. Su propia existencia siempre se ha puesto en entredicho, y probablemente es la leyenda número 1 en este campo. La escasa y repetitiva información que existe sobre el asunto hacía muy atractivo un ensayo completo y esclarecedor, pero en realidad lo que han cocinado estos fanzineros entusiastas es una novela. Un bolsilibro que mezcla no y sí ficción, intercalando la información objetiva con la prosa poética, avanzando en la trama de un protagonista post-adolescente gamer y trabajador social (que me recuerda poderosamente al de la novela "Subnormal" de Sergi Puertas) que se retuerce en su condición de peón industrial explotado y paranoico. Un curioso proyecto que confunde las tesis sobre el misterioso Polybius (la información, objetiva o novelizada, es abundante de todas maneras) con la fábula posmoderna y experimental, con mucha clase y de forma muy entretenida.

Jan - Superlópez 58-70 (2011-2015)


Me puse al día con los últimos Super Humor de Superlópez en un atracón hace unas semanas, para comprobar la buena salud del personaje y el talento inacabable de Jan. Ciertos días del año siento la necesidad de volver a refugiarme en Superlópez, revisar las historietas clásicas; y en este caso, caí en la cuenta de que tenía historietas nuevas por leer, que me compro los tomos cuando salen pero tenía pendientes los dos últimos. Veo que me había quedado un poco atrasado en las reseñas, y lo último que había comentado fue el decepcionante disparate no canónico de EDT. Como es bien sabido, justo cuando aquello tan odioso se estaba pergeñando, se anunció que en la serie original Jan y Efepé volvían a unir fuerzas, SuperLópez y el Supergrupo cabalgaban de nuevo, y había que olvidar cuanto antes el apócrifo "El Súperretorno".
En estos últimos años, la tónica en los tebeos de SuperLópez sigue siendo la misma: Jan intercala historietas costumbristas y folclóricas con asuntos más infantiles, en su cruzada por instruir deleitando, denunciar los males del siglo XXI y disuadir a los más jóvenes de los malos hábitos. A esto se van a ir añadiendo ahora, otra vez, de cuando en cuando, las historietas escritas por Efepé, que tratan de recuperar la aventura disparatada, brugueriana y sin moralina de aquellos tebeos que amamos. Y creo que el conjunto es totalmente fascinante; sobre todo, porque Jan sigue dibujando como los ángeles, sin dejar de experimentar en las composiciones de viñetas y el diseño de secundarios. Y sigue habiendo episodios de SuperLópez absolutamente maravillosos en lo que va de esta década.
Por ejemplo, en "Elecciones en Kaxim", al margen de las burlas a la situación política de este planeta tan feo llamado Tierra, regresa la fanta-ciencia-ficción pura y dura, con esos marcianitos verdes con narices cilíndricas en escenarios fantásticos que recuerdan a los mejores diseños de "Laszivia". En "El Abejón Rey" regresamos a Parchelona, donde Jan se desquita en torno al auge de los populismos y la protesta social, regurgitando una historia inspirada en una especie de villano sectario y exótico reciclado de... Rumasa. "Asesinato en el Toral Exprés" es ese otro tipo de historias costumbristas, localistas y agrestes, homenajeando a Agatha Christie y el whodunit y a la bonita costumbre del tren de época que atraviesa Toral de los Vados (León), en una preciosa historia pequeñita con los viejos villanos habituales. Otro homenaje "turístico" similar ejecuta en la siguiente aventura, "Asalto al museo", más serie negra con mafiosetes y Lady Araña en el entorno rural de Ripoll. "Los recorta planetas" se cisca con cierta dureza (y cameos de la realidad sociopolítica) en los recortes sociales y el saqueo, con una hipérbole llena de nuevos marcianos de diseño exquisito que andan recortándolo todo con máquinas y lenguajes inventados.
Por fin, la aventura nº 63 de SuperLópez, "Otra vez el Supergrupo", retomaba al Supergrupo y los guiones del Marvel Zombie F.P. Navarro, dándole a los fans exactamente lo que más nos gusta. Casi 40 años después, los lectores de Olé hemos crecido mucho, y enfrentarnos por primera vez a estas parodias superheroicas en clave Bruguera no es tan estimulante como entonces, pero en realidad todo sigue ahí: los chascarrillos, las bromas internas recurrente, el amor al medio... Las peleas del Supergrupo en bucle ahora parece que hacen resentirse el ritmo de la historia, pero no hay que olvidar que era el quid de la cuestión desde el principio, cuando éramos más impresionables y todo esto era fabulosamente nuevo. Y que historias de Efepé y Jan como "La caja de Pandora", "La semana más larga", "Los cabecicubos", etc., son las que nos enamoraron, y ahí el Supergrupo no era tan importante: sí los diálogos y los argumentos de Efepé, que le dan otra dimensión a estos tebeos. Es un placer freudiano volver a ver a El Bruto, Latas, el Capitán Hispania, El Mago y la Chica Increíble, y al mejor Jaime o al sempiterno Inspector Hólmez perdiendo las fotos de la cartera, pero Jan y Efepé siguen intentando atrapar lectores adolescentes (y eso es importantísimo) y los chistes dejan a medias al lector curtido. En realidad, sucede con todos los tebeos de SuperLópez, que los leemos porque es una delicia, pero los olvidamos al instante y no nos marcan como antes.
"El ladrón del tiempo" es otra fantástica aportación de Jan al mundo de la ciencia-ficción y los viajes en el tiempo. Un entrañable y divertidísimo homenaje al Doctor Who y "Terminator" lleno de fantasía y aciertos visuales. Otra aventura de distensión para la posteridad en la campiña. Sin embargo, con "El gran desahuciador" Jan recupera el discurso crítico y la parodia explícita y mascadita con alienígenas, en el enésimo intento extraterrestre por destruir nuestro planeta, esta vez, desde dentro, con gobernantes-ultracuerpos que en realidad son villanos del espacio exterior. Un entretenido (aunque un poco maniqueo y simple) entretenimiento que remite también a John Carpenter.
El Supergrupo y Efepé han vuelto para quedarse, y enseguida tenemos la nueva entrega de esta franquicia de parodias Marvel narizonas, en una historieta en la que se ahonda un poco en su pasado, y concretamente en la historia de Latas y de su planeta, donde se traslada la acción desde Parchelona para asistir a una especie de episodio de Futurama con elementos de crítica social. "La montaña de diamantes" es una historia cruda, sencillita y tintinesca, con SuperLópez viajando a África a enfrentarse a los Señores de la Guerra y la dureza de la explotación infantil. El realismo trágico y la denuncia social son el motor aquí. "Tres pizzas y un muerto" es otra historia estupenda, chiquitita y con "narrativa Scooby-Doo", donde Jan parodia un suceso real sobre tres mujeres supuestamente psicópatas que habitan una casita rural y esconden cadáveres, entremezclando este argumento con el de una pillería del grupo de mafiosos habituales. Otro divertido fin de semana turístico. Luego vuelve el Supergrupo, en "El Supergrupo contra los Demoledores", donde el asunto de la explotación inmobiliaria se mezclado con la diáfana y descacharrante parodia de superhéroes (unos malvados Ligones Justicieros fusilados directamente de los Más Grandes de DC).
Meses después del maratón, acabo de terminar de leer el último del más reciente Super Humor, "Mambrú se va a la guerra", otra paletada de Jan dentro de su maravilloso subgénero de "turismo folclórico mágico". Su reciente experimento con los capítulos breves con título (que exploró en "Tres pizzas y un muerto") estructura de nuevo la narración secuencial, en esta nueva historia de denuncia social un poco endeble sobre la captación de miembros occidentales para la Guerra Santa y el Isis.