Lunes, Enero 2, 2017

Occultic;Nine (2016)


Los dos últimos días de 2016 y el primero de 2017 los pasé viendo a ratos este animé reciente (se estrenó en octubre y su último capítulo se emitió en Japón el día de Navidad). En un par de sitios lo vi recomendado como una de las mejores series de animación japonesas del año que acaba de extinguirse, y su temática, su estética y el hecho de tratarse de una obra completa, me animaron a echar un vistazo, que terminó por engancharme. Esta primera temporada (no tengo ni idea de si tendrá continuidad) es un animé estándar de 12 episodios; es decir, que se puede ver en un atracón como si fuese una peli de 4 horas y pico. Aunque difícilmente podría ser trasladada a una ova más breve, ya que no tiene nada de paja, y escupe ideas a un ritmo frenético, no hay planos paisajísticos ni contemplativos, no sobra nada, salen motones de personajes parloteantes, durante estas cuatro horas se va añadiendo información cada vez más compleja y enrevesada, no hay ni tres segundos seguidos sin personajes hablando y hablando, y si pestañeas, te pierdes. Es una auténtica locura que mezcla docenas de conceptos habituales en el mundo de lo sobrenatural: conspiraciones, rituales, sectas, Nuevo Orden Mundial, control mental, fantasmas (yūrei), suicidios en masa... Todo ello bien atado en una trama disparatada y en constante crecimiento, con un montón de giros argumentales (alguno un poco decepcionante) y donde todas las piezas van encajando poco a poco.

Estamos ante una historia protagonizada por un joven llamado Yuta Gamon, un bloguero aficionado a los temas paranormales, que lleva una página amateur llamada Descontrol, y se hace llamar a sí mismo "el dios de los ninis"; un simpático alegato conformista millennial. Suele actualizar su blog desde un bar llamado BlooMoon, regentado por un mariquita de risa (Izumi), y pronto se hace amigo de una lolita tontorrona de pechos gigantescos (Narusawa Ryoka, a quien pronto apodará "Ryotas", imagino, en referencia a sus enormes ryotas), que será la primera colaboradora del grupo Descontrol. También vamos conociendo poco a poco a los otros personajes que girarán en torno a esta, insisto, enrevesada y compleja historia: el menudo detective Syun Moritsuka; la idol televisiva con visiones premonitorias, Miyuu Aikawa, que se reúne con Yuta porque lo dicta el destino; una redactora de la importante revista de temática paranormal MuMu (¿un guiño al discordianismo y a Robert Anton Wilson?), llamada Touko Sumikaze; una especie de adivinadora misteriosa, obsesionada con su hermano muerto, llamada Aria Kurenaino, que posee su propia mascota-demonio alado; la dibujante Ririka Nisizono, autora de un misterioso dōjinshi (fanzine de manga autoeditado) que parece estar narrando dramáticos acontecimientos venideros con detalles que no conocen ni siquiera las autoridades; Sarai Hashigami, el brillante hijo de un científico asesinado; o Asuna Kisaki, una agente del FBI también con poderes precognitivos.


Básicamente, estos son los nueve (más bien doce) protagonistas recurrentes aficionados al ocultismo que dan nombre a este culebrón a la velocidad de la luz que se desarrolla en el barrio de Kichijoji, en Tokyo. Todos ellos, huelga decirlo, son jovencísimos millennials occidentalizados, de ojos grandes y aspecto reconocible y fácilmente transformables en muñeco de PVC. Aunque sin grandes estridencias, sin pelos de colores ni extensiones imposibles: todo es bastante sobrio estéticamente. Lo más llamativo es el abrigo bicolor de Gamon y las tetas como calabazas de Ryotas. O la vestimenta estereotipada del detective Moritsuka, que al parecer viste un cosplay inspirado en un detective muy famoso del manga (no sé cuál, aunque se lo dicen todos y él lo niega). La tetona y el camarero mariquita son dos de los pocos desahogos cómicos de la serie... aunque solo en la primera mitad, porque todos van a terminar siendo algo muy diferente a lo previsto. La serie está repleta de pequeños detalles (juegos con la numerología y la simbología, como si tuviéramos que descifrar nosotros mismos ciertas cosas, jugando a lo mismo que los protagonistas), con unos fondos y una animación preciosos, una música que excepcionalmente no me resultó irritante, ningún argumento innecesario (todo es importante para la trama) y algunos efectos de "cámara" sorprendentes, como elementos que aparecen borrosos en primer plano (esa escena en la que una araña, sin venir a cuento, juguetea con el objetivo de la cámara) o escenas en las que la imagen está torcida, en vertical, en diagonal o incluso dada la vuelta. No sé si esto es algo habitual en la animación japonesa (lo ignoro casi todo al respecto), pero me resultó muy curioso ese tratamiento, con planos muy breves vistos desde puntos de vista extraños (contrapicados, largos picados desde el cielo), brevísimos planos casi subliminales intercalados en las conversaciones o esos giros de "cámara" loquísimos de 90º o 180º. Visualmente es una delicia, destacando, insisto, un ritmo casi insoportable.

La trama tarda un par de episodios en explotar, y creo que es mejor no saber demasiado; pero tiene que ver con el asesinato del citado científico, con una llave dorada que escondía en forma de implante molar, y sobre todo con el misterioso suicidio de 256 ciudadanos, que una madrugada deciden sumergirse alegremente hacia el fondo del lago del idílico y pacífico Inokashira Park, uno de los lugares más apacibles de la ciudad, y morir ahogados. Poco a poco vamos descubriendo qué demonios está pasando. Aparece por ahí una especie de logia malvada, denominada Los 8 Dioses de la Fortuna (cuyo emblema son 6 serpientes formando un asterisco), algún mad doctor, fantasmas, resucitados, viajes en el tiempo, espectros que se comunican a través de una emisora de radio, y hasta una hija secreta de Nikola Tesla. Un disparate que funciona como un reloj, realmente entretenido y recomendable.

El del animé es un mundo que me resulta poderosamente atractivo, pero que me pilla muy de lejos. Sigo algunos blogs del asunto, y trato de leer cosas que me mantienen más o menos al día, pero veo muy pocos, y mucho menos que me enganchen hasta el final. Los últimos que vi enteros fueron una locura pseudo-erótica para adolescentes con personajes de fantasía mitológica llamada Monster Musume no Iru Nichijou, la primera temporada del gran éxito Kangoku Gakuen (Prison School), Highschool of the dead o Btooom! Creo que puedo recomendar todos ellos, aunque estoy seguro de que me estoy perdiendo cosas mucho más interesantes. Uno puede pasarse toda la vida viendo solo animación japonesa, renunciando al resto del audiovisual, la lectura y la música, y no va a encontrar tiempo de ver todo lo que le apetece, ni siquiera ciñéndose a sus géneros favoritos, tal es el volumen de producción del asunto. Y aunque parece algo inabarcable, lo cierto es que rebuscando entre algunos tops o siguiendo algún canal de Youtube especializado, y sobre todo gracias a la titánica labor de lugares como AnimeFLV, es un medio muy accesible. En general, pocos animes están destinados al cuarentón occidental, pero hay algo en esta subcultura que me subyuga, y como aficionado a Expediente-X y al contubernio judeo-masónico Occultic;Nine me ha dejado satisfecho. He comenzado el año 2017 viendo esto (bueno, al despertar con el cerebro lechoso en Año Nuevo me tragué una mediocre comediarromántica de Jennifer Aniston) y tengo ya preparadas un par de series más para los próximos días. Ayer 1 de enero, además, me regalaron un iPad de 3ª mano, y ya lo he llenado de tebeos. A ver si mantengo el ritmo en este blog, para variar.

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