martes, 7 de febrero de 2017

"Zombi" (Joyce Carol Oates, 2003)


Otra lectura reciente fue otra novela de DeBolsillo de esa colección de lomo y contra naranjas llamada "21". Más o menos, fue la línea que sacaron entre los viejos y entrañables "bolsilibros" de Reservoir Books de los noventa cuando era Mondadori, y lo que es ahora Reservoir Books ya como Random House M. Me he leído montones de estos libros de lomo naranja muy entretenidos, que pocas veces (con sonadas excepciones) me decepcionan. Por cierto, que ayer mismo cambié de sitio mi pequeña colección de libros de lomo naranja de "21" de segunda mano, que ocupaban tres palmos (uno sin leer) en una balda de IKEA que ahora sirve de ménsula para mi muñeco corporativo de Conguitos de medio metro. Básicamente, "21" es novela norteamericana "salvaje", "juvenil" y "canalla" contemporánea, a veces escrita en España, pero que en general dio a conocer a autores como Palahniuk, Foster Wallace o Chabon (y antes, en su primera encarnación, a Steve Aylett, Aldo Nove o Iain Banks), antes de incorporarles a su línea "adulta".
En fin, el libro. Es la primera novela de Oates que leo, y es una auténtica salvajada. Incomodísima, mohosa, incorrecta, narra en primera persona, en forma de diario, la vida de un inadaptado de Nueva Inglaterra obsesionado con secuestrar a un muchacho y trepanarle el cerebro con algo puntiagudo, hacerle una lobotomía doméstica a lo burro para transformarle en su objeto sexual, su zombi paricular. Un tarado que deja a Henry y Otis a la altura cuqui de Aless Gibaja. Cuando leí los textos del hijo de puta de Elliot Rodger, recuerdo que fantaseaba con que sería una novela muy buena si no hubiese sido todo verdad; que molaría mucho como novela posmo, si aquel penoso loser no se hubiese llevado tantas vidas por delante. "Zombi" es exactamente eso, el dietario de un asesino en serie estratégicamente verosímil, un ejercicio brillante de meterse en la mente de un enfermo al que el siglo XXI le ha jodido mucho algo dentro de la cabeza.

"Homo Tenuis" (Francisco Jota-Pérez, 2016)


El fenómeno de SlenderMan es uno de los más interesantes de la Era Internet, y un arquetipo del que probablemente se siga hablando dentro de varios siglos. También es uno de los elementos más icónicos para explicar lo que, en la Filosofía moderna, se conoce como "hipersticiones": mitos intangibles y abiertamente ficticios, cuyo origen es perfectamente rastreable, pero que aún así generan un auténtico culto y son venerados y aceptados como genuinos e indiscutibles. El personaje de SlenderMan fue creado por un aficionado a lo paranormal y los fotomontajes, que hace menos de diez años colgó en un foro unas fotos abiertamente manipuladas, por hacer unas risas, y que ha ido generando una leyenda exorbitante, series, películas y pesadillas que miles de personas confirman, a la que se empieza a aceptar e incluso a rendir culto hasta niveles insospechados. La reacción más extrema fue cuando dos niñas de 12 años decidieron apuñalar 19 veces a una amiga suya en nombre de SlenderMan, asegurando que éste se lo había pedido. No fue la primera ni la única, pero sí la que dio la voz de alarma sobre algo que estaba traspasando los límites de la ficción. Y todo surgió de una foto en un foro. SlenderMan es un icono cuyos tentáculos se extienden lentamente por todas partes, y que sirve para reflexionar sobre muchos aspectos de esta sociedad enferma.
Había leído otras cosas de Francisco J-P, sin ir más lejos su interesante meta-ensayo "Polybius" o su texto para "Alcasseriana", que era de lo mejor del compendio. Y que su nuevo libro lo publicara GasMask, editorial a la que de cierta manera estoy aún unido y a cuyo responsable aprecio un montón, me hizo lanzarme a por él sin dudarlo. Estuve en la presentación del libro, en el sotanillo de El Molar, y fue una charla extraordinaria, de esas en las que tienes la sensación de estar en el lugar y el momento indicados. Sin embargo, la lectura de "Homo Tenuis", que abordé de inmediato y terminé hace ya unos meses, se me hizo bastante empinada en muchos pasajes. Yo que escribo y leo sobre todo ensayitos pop ligeros, de colorinchis y de poca profundidad, no estoy acostumbrado a leer Filosofía (carrera que, por cierto, abandoné, básicamente, para abrazar el kalimocho), y "Homo Tenuis" es un ensayo estrictamente filosófico, demasiado académico y complejo, que orbita en torno a SlenderMan (y aporta toda la información que busque el interesado en el asunto) pero que divaga en torno a conceptos posmodernos y abusa de frases de esas de quince páginas sin comas ni palabras de menos de ocho sílabas.

"10000 millones de naves" (Pablo Vergel, 2015)


Comienzo breve traca de lecturas de las últimas semanas, que está esto moribundo. Lo hago con un libro entretenidísimo de Pablo Vergel, ufonauta aficionado y hombre de bien a quien conozco desde tiempos del Focoforo, y que habíamos quedado para intercambiar material, y en el libro me metió un puñado de marcapáginas alegóricos obra de Salvador Larroca. "10000 millones de naves" es su primera novela, la publicó hace un par de años en una pequeña editorial, y está a punto de ser reeditada, corregida* y con nueva portada. Es una historia muy hermosa, primera que yo conozca centrada en el "costumbrismo ovni", en la vida de andar por casa de un investigador y articulista habitual en revistas del ramo, que se ve envuelto en un contubernio de adivinadores, naves espaciales y paramilitares soviéticos. A buen ritmo, y con un tono y una sensibilidad que recuerdan el estilo y los patéticos protagonistas de "Los millones" o "Platillos volantes", Paolo mezcla, ligeramente cambiados y ficcionados, algunos de los personajes y elementos legendarios de los aficionados a los temas paranormales de nuestra generación (Carlos Jesús, Enrique de Vicente, Jiménez del Oso, el periodismo rural de raza, unos jóvenes castores entusiastas del asunto que podrían ser los Iker Jiménez y Javier Sierra de hace veinte años, el espíritu de revistas como El Caso y Año Cero...) e inventa una historia muy simpática y amena con el periodista freak como protagonista. Muy recomendable.
Me leí la novela en un par de días, absorto, y por cierto buena parte de ella durante una tarde de tren bastante extraña y sugerente, que conté en mi diario cinematográfico.
*Esta primera edición, empero, pasará a la historia por el volumen de errores mecanográficos, de los que ya me había advertido el autor, y que habrán sido reparados para su definitiva edición de 2017.