lunes, 20 de marzo de 2017

Old Man Logan v2, v3 / Lobezna 1-6


Hola. He venido para hablaros de estos tebeos que he leído. Esta semana ha sido, qué cosas, bastante dura. Mi vida ha dado otro imprevisto giro shyamalaniano, y he tenido que volver a buscar trabajo; de forma puntual, necesitaba ingresos urgentes. Acudí a mi faceta de mercenario, y se me llenó la semana y el puente de minijobs, lo que me ha dado mucha rabia porque no he tenido tiempo de hacer esta semana mi formidable, soberbio programa de radio musical, pero por otro lado he juntado el jodido dinero. Pero ha sido muy cansado. Entré y salí de casa muchas veces cada día durante toda la semana, a menudo regresaba con dolor de pies y de cabeza, arrastrándome como un guiñapo humano. Hoy, por fin, tenía un rato libre, pero me he despertado de un estornudo gigante. Me dejé una ventana abierta en otra habitación, y he cogido frío. No recuerdo haberme despertado antes con mi propio estornudo. Antes de acostarme, me arrodillé junto a la cama y le pedí a Dios Misericordioso que me dejase dormir 8 ó 14 horas seguidas, para un día que por fin no necesitaba despertador. Bajé a las persianas hasta hacer temblar el edificio, apagué todos los artefactos electrónicos, y después de mucho esfuerzo conseguí dormirme a eso de las tres de la mañana. El esturnudo me ha despertado a las 7, y en estas ocasiones ya no puedo volver a conciliar el sueño, es inútil, así que seguí leyendo. Porque en estos días de tanta labor (en honor a la verdad, alguna terraza de bar también he catado), al menos, al llegar a casa, ahí están mis tebeos. Mis colecciones de tebeos, y el tablet. Esta mañana caminaba como un playmóbil, como un compás, debía tener tal pinta de derrotado, de exconvicto recién aterrizado de Gaza, que he ido al bar a tomar un café y me ha cedido el sitio una anciana. Pero decía, en todos los ratos que tenía libre, he leído tebeos y he escuchado música, y eso me vale.
Me he estado poniendo al día con Lobezno, que me tenía un poco confuso en los últimos años. Leo y colecciono material de Lobezno desde pequeñito, desde que se escindió por primera vez, tengo en una billy unos seis palmos de tebeos de grapa de Lobezno. En su colección particular, las alegrías y el disfrute que me dieron en su día Claremont, David, Davis, Hama, Silvestri, Buscema, Byrne, Kubert, Aaron, Garney, Tieri, Romita hijo, Chen, Rucka, Robertson y compañía, es incalculable. Pero me bajé del carro más o menos cuando llegó Mark Millar, ese al que tanto elogian los entendidos, y que yo sigo sin entender a qué tanto entendido lo elogia. Quizá duré un poco más, pero más o menos por ahí fui perdiendo el interés. Pocos volúmenes más se han añadido a mi billy, aunque más o menos he seguido atento a sus evoluciones (y contándolo aquí) en solitario, Origins 2 o al frente de la Escuela Xavier en formato digital. Ahora que lo pienso, lo he leído casi todo. Pero el largo tostón de sus estertores, muerte y todo el rollo de los múltiples Lobeznos, que también leí y olvidé puntualmente, me fue incomodando poco a poco. Y la pasión generalizada hacia el Old Man Logan de Millar me sigue mosqueando, a mí me pareció una historia normalita, insulsa y sobre todo innecesaria. Esa destructiva manía de subirse al carro del elogio por el elogio que practica la gente, para no quedarse fuera y quedar bien... OML no está ni entre mis 20 historias de Lobezno favoritas. Pero en fin, está claro que vende. En los últimos tiempos han retomado al Viejo Hombre Carcayú y se lo han traído a la continuidad normal, a la Tierra Primordial, para sustituir al difunto de siempre, lo cual me parece fenomenal, no tengo problema con eso. A tope con la ruptura absoluta con lo establecido en Marvel. Seguro que se siguen contando historias estupendas, sigue siendo el mismo Logan, en la Patrulla-X será lo de siempre: es solo que sus historias en solitario me aburren sobremanera. Primero lo rescataron dentro de la simpática distopía multisalas que fue Secret Wars III, llevándose de nuevo a Logan a ese futuro postapocalíptico de vaqueros y dientes, por unos pocos episodios; y ahora continúa en la cabecera principal el Viejales como protagonista de su propio western polvoriento e irrelevante. El western en el cómic dejó de interesarme tras hincharme a las Super Joyas de Bruguera que recreaban historias de Karl May. No sé si será muy original o qué dirán Los Entendidos sobre la obsesión de Bendis, Lemire y Sorrentino por emular a Leone o a Eastwood, pero a mí no me aporta nada de nada. Y Andrea Sorrentino es vistoso, pero me aburre muchísimo, es como mirar un portafolio de radiografías.
Ah, sí: en la edición española de la cabecera regular de Lobezno, la que fue renombrada a Lobeznos y ahora reconvertida en Old Man Logan, intercalaron tres números especiales entre una y otra encarnación, recopilando material inédito de los últimos años del personaje (de hecho, en un artículo de Julián Eme, recopilaba otras historias cortas de complemento que siguen sin ver la luz en España), concretamente de unos one-shots con ocasión del 40º aniversario del personaje. Conste que me gustaron mucho también estos especiales, historietas cortas (14 en total) basadas en distintas épocas de Lobezno, pequeños bocados "perdidos" recreados por jóvenes artistas y guionistas. Ya fueran aventuritas derivadas del Arma-X original, carreras por las Adirondacks poco antes de conocer a los Hewlett y unirse a Alpha Flight, la entrañable y emotiva visita anual a la tumba de Mariko que nos cuelan de vez en cuando, una escapada de la mansión Xavier a tomar cervezas y apalear barbudos, una batallita en la II Guerra Mundial... De todo. A destacar, por mi parte, el trabajo artístico de unos tales Stephen Segovia o Joao Lemos, y el maravilloso episodio dibujado por el salvaje Rafa Garrés.
Como digo, no es que eche de menos a Logan. De hecho, aparte de la colección de OML se han sacado de la manga otra, All-New Wolverine, que está protagonizado por una Lobezna. Y estoy entusiasmado. Muy a favor. De momento solo he leído el primer tomo (nºs 1-6), y ya he visto que a partir del 7 USA ya no están David López y David Navarrot dibujando, pero seguiré pendiente. El desarrollo del personaje de X-23 me lo he perdido bastante. Pero básicamente es un clon de Logan que surgió en los dibujos animados de X-Men Evolution, que viene a ser un Lobezno con vulva (que no te engañen), poco más o menos, a priori. Creada en un laboratorio, con un pasado de malos tratos y prostitución forzosa, se le han hinchado los ovarios y se ha calzado un traje homenaje a Herb Trimpe (qepd), y es a partir de ahora cuando tenemos al genuino Lobezno (ya digo que no he seguido mucho las ya dilatadas aventuras de X-23, ni leí NYX, Lobeznos no recuerdo ni haberla terminado...). Y el guionista Tom Taylor, junto al dibujo de López y Navarrot (que no son exactamente dibujante y guionista, sino un delicioso tándem que se complementa a cuatro manos) nos la enfrenta a sus propios enemigos derivados del laboratorio de clonación (que no es otro que una división genética-nazi de Alchemax, la empresa que en 2099 fabricó al Spiderman Miguel O'Hara y que poco a poco estamos viendo nacer en la Tierra-616 a partir de las cenizas de Horizon Labs/Parker Industries, en un ejercicio de coherencia interna que me gusta mucho), a la vez que nos remite continuamente a la relación de Logan con sus viejos aliados, como Hulk, el Doctor Extraño o La Avispa, pero pasada por el nuevo tamiz. Porque Laura Kinney no es el amoral, insensible, berserker Logan al que tantas veces hemos visto salirse de madre, sino que lucha continuamente por controlar su salvajismo interior e imponer el sentido común. Me encanta este personaje, su lucha psicológica, su papel en el Viejo Universo, la responsabilidad que ha asumido. Me encanta que no sea lo mismo de siempre, pero que huele parecido; como fan de Lobezno de siempre, no solo no me molesta el Nuevo Orden, sino que lo apruebo absolutamente. Me encanta que no la pongan de uñas a las primeras de cambio contra una Dientesa de Sablesa, una Cybera o un Lord Deathstrike, ni que exploten los viejos clichés de Lobezno en ningún momento, al menos hasta ahora. Me encanta el diseño del personaje, del uniforme, de la máscara, de los nuevos personajes. Me encanta que Laura no tenga un cuerpo explosivo intercambiable, una cinturita de avispa y unas tetas monstruosas debajo del pijama, sino el infinito respeto al personaje, las curvas, los movimientos con que la han dibujado los Davides. Me encanta lo que están haciendo. Esta viñeta significa TANTAS cosas:

miércoles, 1 de marzo de 2017

Los Simpson™: Springfield

Hoy he tenido el día libre. En realidad, tengo casi todos los días libres; bueno, según se mire.. tengo una serie de obligaciones que algunas semanas me ocupan montones de horas apelotonadas unas con otras, y no tengo tiempo para mí, y entonces anhelo tener días como éste, pero mi condición actual de (casi-)cuarentón prejubilado, sin salario pero sin pensión ni ayuda económica alguna ni nada de nada, hace que en cuanto tengo un día libre sin traer dinero a casa, me agobie muchísimo y no pare de pensar que no voy a juntar para las facturas. Así ando. Como sea, no ha sido un día que haya disfrutado demasiado. Estoy malo, y es una mierda estar malo. Escribo esto estornudando a cada rato [jesús], envuelto en una manta. He salido a dar un paseo hacia [jesús] Atocha, a hacer cuentas de los fanzines en una librería, y así traer algo de dinero a casa, pero me he resfriado más aún. Cruzando la Gran Vía venía gente en manga corta en mi dirección, y yo tenía la sensación de estar atravesando los bosques del Yukón con una piel de oso, cegado por la ventisca, a la búsqueda de un refugio. Me han asaltado un montón de recuerdos raros durante el paseo. Me estaba acordando, por ejemplo, de un señor que vivía en mi edificio cuando era pequeño, creo que se llamaba Rubén, no estoy seguro ahora mismo; pongamos que era Rubén. Tenía un nombre de chico joven, pero era un señor bastante mayor, aunque no anciano, calvo, fornido, con la nariz prominente y la piel curtida, que caminaba encorvado y decía frases hechas con voz de monstruo [achúss]. No le estoy describiendo bien, para nada, es que estoy malo... Era un señor viejito y calvo, pero que de tanto currar (era fontanero, creo) estaba hecho un toro, y de hecho cada vez que nos veía a mi hermano y a mí o a los otros niños del bloque nos daba una hostia cariñosa en la espalda que casi nos tiraba al suelo de bruces. Y muchas veces, desde muy pequeños, nos decía, a nosotros y a nuestros padres, que nos pasáramos por su casa una tarde, que nos iba a dar unos caramelos. Aquel señor, Rubén, no, Valentín creo que era (¿o era Salvador?), vivía en la misma escalera que nosotros en casa, pero nosotros en el segundo y él en el último piso, el décimo. Como en una esquina aislada y lejana, como en un rincón de un torreón medieval misterioso, o así me lo imaginaba yo. Su apartamento era una réplica exacta del nuestro; pero mientras que nosotros éramos 5 personas conviviendo, o 7 en Navidad cuando venían las abuelas, él vivía solo. Efectivamente, finalmente subimos a su casa una vez. Y tengo un recuerdo muy marcado de la casa de aquel hombre. O mejor dicho, de su salón, porque no pasamos de allí, pero eso, que una de esas veces que nos decía en el portal que fuésemos a verle a casa, al final subimos. Debía ser un sábado por la tarde, porque el hombre (¿Sergio? ¿María Luisa? [Aaaachús]) estaba en mitad de su enorme sofá familiar en calzones, casi a oscuras, mirando el partido de fútbol. Aunque delante de nuestros padres siempre era simpatiquísimo, y sonreía de oreja a oreja, cuando fuimos a verle y le interrumpimos la tele y la cerveza no se volvió precisamente loco, pero sí que nos dijo que pasáramos un poco, y nos ofreció unas cocacolas y unas chuches. O no sé qué. O creo que directamente nos echó de allí a voces, en realidad era un tío amargado y solitario tipo Moe, que solo saludaba a los niños delante de sus padres, pero cuando nos pillaba a solas haciendo el gamberro por las escaleras nos insultaba a voces. Y otras veces de pronto nos regalaba una bandera gigante del Real Madrid o nos daba unos chicles, cuando íbamos con nuestros padres. No sé por qué me he acordado muchas veces de aquella escena, de ese señor mayor que vivía solo en un enorme piso familiar, mirando la tele a oscuras en gayumbos. Algo se despertó en mi interior aquel día, y aquel tipo se convirtió en mi héroe. Supe en ese instante que yo quería vivir solo, y ver en la tele lo que me diera la gana, en calzoncillos, quedarme en casa los sábados por la tarde casi a oscuras. Con los años, Diego, digo Antonio, falleció, y una vez me aclaró mi padre que no era soltero, sino que había enviudado hacía algunos años. Y que también tuvo hijos, pero que se fueron hacía mucho. Pero en mi recuerdo, siempre será el ideal del solterón solitario que, por decisión propia, decide pasar de todo y vivir en el piso más alto y aislado del edificio, viendo la tele en penumbra. Realmente me he convertido en ese señor, aunque tenga 30 años menos, y llevo 17 años ya siendo ese señor. Me ha venido a la cabeza, porque estaba leyendo un relato de Stephen King, que suele tirar de ese tipo de arquetipos, viudos solitarios que tienen una rutina muy televisiva y huraña. Y porque estaba deseando llegar a casa y envolverme en el sofá para ver la tele. El fútbol, o el béisbol como miraba el protagonista del cuento de King, me da muchísimo asco, pero me voy a poner ahora a ver alguna película o algún episodio de una vieja serie, ahí en mi lugar feliz. Estoy exagerando un poco, porque he tenido un mal día y porque estoy febril. De hecho, también me he acordado ahora, según venía, de un hilo del Focoforo donde escribía hace algunos años muy a menudo, que se titulaba "Por favor, postée aquí borracho o drogado", en el que contaba muchas cosas personales cuando llegaba de trabajar a las tantas de la madrugada totalmente mamado, y donde también me daba por escribir cuando estaba enfermo, porque estar enfermo también es un estado alterado de conciencia, y eso es lo que me está pasando ahora, que estoy desvariando. He pasado por un montón de tiendas del centro, mirando escaparates, paseando despacito, destemplado, con las manos en el bolsillo y tiritando. Notando cómo me sube la fiebre por los brazos y las piernas. Tengo que hacer cosas en realidad, pero no tengo fuerzas, es horrible estar malo cuando uno no tiene edad ya para que le cuide su madre, le meta en la cama y le traiga manzanillas. He llamado a mi madre para decirle que estaba malo, necesitaba ser reconfortado, dar penita, llorar, pero ella solo quería saber si encuentro trabajo, claro. Le he dicho que no se preocupe, que aún no. Mi madre me regaló el pasado 1 de enero un iPad. Fue mi gran regalo de Navidad y Año Nuevo. Vino un poco envenenado, porque la pantalla táctil estaba hecha un cisco y al final me he gastado 70 euros en arreglarla, pero no es mal precio por un iPad. Lo utilizo bastante, he recuperado mi sana costumbre de leer tebeos de Spiderman por las noches antes de dormir, repaso ahí el correo y las noticias, y sobre todo paso muchas horas muertas con el jueguecito de los Simpson, el de darle con el dedo en la pantalla como un subnormal todo el rato. Es la cosa más estúpida que me ha pasado en la vida, engancharme a estas alturas a un juego freemium de estos, pero es que son los Simpson... Es exactamente la misma mierda que la granja virtual ésa del Facebook, o que estar enganchado al Candy Crush como un infraser o un cani, pero son mis Simpson, me entretiene y así el tiempo pasa más rápido. Y al fin y al cabo, hace mucho que el mundo se fue a la mierda para mí, he perdido toda esperanza [achís, jesús], y pasarme el resto de mis días encerrado en este ático tenebroso en calzones perdiendo el tiempo con una pantalla era mi sueño de infancia, y lo he logrado. Soy mi héroe. No le pido nada más a la vida. En este momento llevo 83.324 minutos jugando a este juego, y voy por el nivel 52. Me siento tan imbécil como una vicepresidenta del Congreso, pero es mi secreto, no hago daño a nadie, no es como si invitase a mi casa a niños para darles caramelos y poseer sus cerebros para siempre.

Amazing Spider-Man vol. 4 (2015-) (...continuando con la lectura de TODO Spider-Man)

Desde hace unas semanas, estoy al día con la actualidad de Spider-Man, a ritmo de los tomos de Panini. Bueno, en realidad no me he puesto todavía con La conspiración del Clon, la nueva vuelta de tuerca de Dan Slott al dichoso asunto que monopolizó la cabecera en los 90s. Esperaré a reunir todos los tomos, y mientras tanto he retomado la lectura precisamente en aquellos tiempos, donde lo había dejado, con la despedida de McFarlane y Larsen y la llegada de Mark Bagley. Pero ya vendré con ello.
En los últimos tiempos no dejo de escuchar frases de desprecio hacia Slott, sobre todo en un par de podcasts de actualidad de tebeos que, no sé a santo de qué, escucho casi siempre, y disfrutan poniéndole a caldo, dando por hecho que lo que está haciendo es vergonzoso, hablando con un asco monumental del Spidey moderno (por cierto, esos mismos podcasts coinciden en que Chris Bachalo ya no dibuja bien, y me dan ganas de agarrarles de las solapas y meterles la cabeza bajo la ducha unas horas). Parece que esa es la tendencia, pero yo soy de los que defienden su trabajo y lo disfrutan. Y me interesa muchísimo hacia dónde nos llevará esta evolución del personaje, esta especie de playboy internacional multimillonario, cuya suerte Parker ha cambiado, por fin, y es que ya estaba bien. Estoy seguro de que muchos otros lectores veteranos del personaje, montones de veces, se habrán preguntado cómo es posible que un genio científico de la talla de Peter Parker no conseguía evolucionar de profesorcillo o reportero gráfico o parado moliente, y empezaba a ganar un poco de dinero, o se hacía famoso... Era casi necesario, y yo lo quería ver. Y Slott nos lo ha ido contando muy bien, lentamente, desde su primer día en Horizon Labs. Tras los sucesos de Secret Wars III (que yo me enteré a medias), todas las series nos sitúan 8 meses en el futuro, y no se ha explicado cómo Parker Industries se ha convertido en el Apple del UM que es ahora, pero a mí me está molando mucho todo esto, y el papel que están jugando Anna María Marconi, Felicia o Harry Osborn, me gusta y me parece bien todo, spider-buggy, Cerebro Viviente y gacheto-cosas incluidos. Me parece interesante, y a ver cuánto dura. Lo que menos me interesa, y miedo me da (aunque confío en Slott), son sus ganas de resucitar a Octavius, que había tenido una muerte digna y chachi.
Ahora bien: odio profundamente a Giuseppe Camuncoli, el dibujante estrella de Amazing. Hay por ahí millennials que me consta que celebraron la partida de Humberto Ramos, y nadie parece decir nada sobre Camuncoli, ese dibujante horripilante, insulso, que dibuja fatal los cuerpos y que hace todas las caras iguales... con esos hoyuelos y rayitas en todas las narices y carrillos, que parece que todos los personajes van disfrazados o pertenecen a alguna tribu extraña...


...y con esas desproporciones tan salvajes, esa manera de dibujar tan horriblemente mal, que ha convertido el regreso de toda una Mary Jane Watson en una parodia, en una burla, en una especie de bolo, un tentetieso cabezón, y me ha dado muchísimas ganas de llorar y de romperlo todo...


Una pena. Puto subnormal de dibujante, qué asco de persona. Ojalá se muera. En fin. El sistema de publicación de Panini me encanta, con los increíbles artículos bizarros de arqueología Marvel del grandioso Miguel G. Saavedra o los necesarios textos de apoyo de Julián Eme (el tebeíto ese del tal Víctor Gómez, que debe ser el sobrino de un ejecutivo, tampoco molesta, se ignora y listo), e intercalando algunos meses miniseries ajenas. "Don Divino" (Molina / Bianchi) era una chorrada, que llevaba a Spidey a enfrentarse a una especie de Café Quijano mágicos en Nueva Orleans, pero me encanta que vayan a ir trayendo, por arcos, la nueva serie Spider-Man / Masacre, que es una maravilla, divertidísima, un regalo para los sentidos, que ha vuelto a juntar a los míticos Joe Kelly y Ed McGuinness, que tantas alegrías nos dieron con la primera serie regular de Masacre. Es un disparate, a ratos parece que cojan ideas de Pafman. Y el McGuinness hip-hopero de sus comienzos ha evolucionado a un trazo mucho más clásico y contenido, pero que quita el sentido.


También estoy al día con la otra cole de Spider-Man, la del Spider-Man Negro, Miles Morales (me temo que se va a quedar con ese estigma, le va a perseguir para siempre que no sea ario y que provenga de la línea no canónica), y Bendis sigue tan en forma como siempre. A base de leerle se le coge el truco, de alguna manera es algo repetitivo en sus planteamientos, pero todo lo que hace es delicioso y sus diálogos son fascinantes. La dibujante (también italiana) Sara Pichelli es absolutamente brillante, lo mejor de la nueva Marvel, y también fantástico su sustituto puntual, Nico León. Nada que objetar. Una gozada. Especialmente las escenas menos espectaculares y sin acción, o el rollo chibi manga de las fantasías de MM. Es una delicia, aunque está un poco enfangada la trama al pillarle de lleno la dichosa Civil War II nada más empezar.


No sé si se va a publicar en España (leí por ahí que sí) la serie Spidey, pero me haría con ella también como loco. Recuperan la hermosa tradición de narrar aventuras sencillas del personaje para lectores adolescentes, ¡y hasta resucitan el rótulo de la cabecera de Spidey Super Stories! El dibujante de los tres primeros, Nick Bradshaw, al que conocía de Wolverine & The X-Men, le daba un toque fantástico, y los siguientes no decepcionan.


A tope con todo.