domingo, 27 de agosto de 2017

"La Capilla Peligrosa"


Os juro por la sagrada efigie de Kristen Wiig que existe un podcast de misterio, con decenas de miles de escuchas cada semana y presentado por un par de pizpiretas mozas, que comienza todas sus emisiones con un "¡¡Hola, misteriosos!!". A continuación leen en cada programa un par de folios que aportan una versión edulcorada y maniquea de los temas más trasnochados de la Historia del Jodido Misterio De Los Cojones (las pirámides de Egipto, las apariciones de Fátima, las caras de Bélmez, las líneas de Nazca, la bruja piruja, el cojo manteka), sobre una base de insufrible muzak nueva era, dulcificándolos como si se tratase de cuentos infantiles para débiles mentales. No encuentro qué podcast era aquel (tampoco es que lo esté buscando desesperadamente), pero aquellos dos minutos que aguanté fueron absolutamente enervantes. La deriva que ha tomado el "periodismo paranormal" desde el ascenso al Olimpo de Iker Jiménez, con la globalización del podcasting en la era del déficit de atención, ha permitido que florezcan como setas este tipo de podcast basura "amables" y simplones por todas partes, y la información sobre misterio se ha vuelto "cuqui". Imagina a Leticia Sabater en patines y Aless Gibaja haciendo globos azules de chicle, juntos, contando en Ivoox la historia de Albert Fish como si fuese una fábula de Samaniego.

YouTube se ha convertido en un Valdemingómez virtual donde la conspiranoia campa a sus anchas, y cientos de miles de millones de docenas de postadolescentes juegan a los cazafantasmas y al periodismo intenso desde su cuarto, soñando con emular a su ídolo el de la frente tocha, iluminándonos a los grises oficinistas rasos sobre la comuna de reptilianos que se oculta en la Antártida, sobre mensajes satánicos en las canciones de Melendi o sobre que el Isis son los padres. Aún está por analizar socioculturalmente el impacto que tendrá sobre el homo sapiens en las generaciones venideras semejante arsenal de soplapolleces, desinformación, hiperstición y fantasías. Los medios de comunicación tradicionales se llevan las manos a la cabeza porque elRubius dice palabrostias y caza Pokémones; pero el día que descubran que toda una generación está siendo criada por influencers que creen en Nibiru o en la Tierra Plana, o por personajazos tan borderline y tan extremadamente manipuladores como Dross Rotzank, será demasiado tarde.

Pero a lo que iba es a que, a menor escala, el miedito y los marcianitos también se han hecho fuertes en el mundo del podcast. De hecho, para quien no lo sepa, la plataforma Ivoox hace tiempo que vio este filón, y si los podcast más escuchados son siempre los de misterio, es porque ellos mismos los promocionan y sacan tajada. Como bien sabemos todos, en España nadie, pero nadie, está haciendo dinero con sus podcast, salvo los propios de Ivoox, que además en la letra pequeña de su contrato dejan muy claro que todo lo que subas a su web lo pueden reutilizar como quieran, meter publicidad de la que solo ellos se benefician, etc. Y continuamente te están animando a que sigas la cuenta titulada precisamente "Misterios", que es donde ellos mismos regurgitan programas mierdosos con nombres pomposos como La cuarta esfera, Informe enigma, El séptimo patatús, La puerta secreta o Misterios en viernes (cuatro de los anteriores títulos son reales), que tienen un mínimo de 20.000 escuchas a las pocas horas. Es en sí mismo un misterio todo esto, ¿quién en su sano juicio escucha podcast como el que decía yo antes, semejante montón de mierda? ¿Por qué La Gente ha abrazado de esa manera la exposición a tanta mierda cumbayá?

Hace tiempo que quería, empero, recomendar algunos de los (pocos, poquísimos) podcasts de este tipo que yo sigo con cierta frecuencia, cuando no con pasión desenfrenada, en mi propia rutina de prejubilado que no quiere trabajar para dedicarme a verlo todo y leerlo todo y escucharlo todo y estar permanentemente desinformado de manera compulsiva como si me fuese a dar un ictus en cualquier momento. Acabo de darme cuenta de que estoy suscrito a unos 80 podcasts, qué barbaridad... La mayoría son programas de música, y otros cuantos son programas mainstream de los que escucha todo el mundo porque te partes. Hay muy, muy, muy poco contenido verdaderamente interesante en cuanto a actualidad cultural hecha en español. Pero en cuanto a esto del misterio, hay al menos unos pocos que creo que puedo recomendar sin abochornarnos todos, que se salen de ese maniqueo runrún de siempre.

Vale, reconozco que también escucho en la intimidad el nuevo programita doméstico de Iker, aunque como oyente veterano de Milenio 3 en esta nueva etapa casi siempre es un poco turras, buenista y se pasa casi todo el programa justificándose a sí mismo. Al menos su señora no sale siempre, y eso me gusta. Iker me parece una persona extraordinaria, quijotesco y único, yo le defenderé siempre en cualquier conversación. A su amigo Javier Sierra tampoco le he dejado de escuchar nunca, ahora en píldoras semanales en RNE desde hace un par de años. Pero el que era el auténtico alma de Milenio 3, uno de mis comentaristas y personas favoritas, el pope de la Conspiración en España (con permiso de Mike Ibáñez; pero es que éste está desaparecido), era Santiago Camacho. No se puede ser más majo. Hace cuatro meses, decidió empezar nueva aventura en solitario, con un programita casero estupendo, que en realidad es de lo más escuchado y todo el mundo lo conocerá a estas alturas, que se titula Días extraños y lo cuelga todos los domingos a eso del mediodía. No sigo a más lumbreras y famosillos del magufismo (sí, seguro que los hay mejores, pero a mí que esto me parece un simple entretenimiento y La Verdad me la pela, con Iker y su cuadrilla me basta), ni más programas-contenedor de estos. Bueno, a veces me he enganchado a otros programas decentes de Terra Incógnita, La rueda del misterios o Al filo de la realidad... pero es que me lío entre unos y otros con esos nombrecitos, ya no me acuerdo cuál era el bueno

Debe haber por ahí otros podcasts sobre conspiraciones, y hay algunos que hacen mucho ruido y tienen mucha audiencia, pero que a mí no me dicen nada. Hace poco descubrí, a través del propio Santi, Clave 45, que consiste en dos horas de un señor cabreado ciscándose en la Matrix. Yo me le imagino como una especie de lonely gunman como los de Expediente X, con un sombrero de papel de plata, pero al menos es bastante más sensato y comedido, en su área, que Luis Carlos Campos o que José Alfonso Hernando, que cada vez más parecen estar esperando la llegada de trece millones de naves. Pero sobre todo, me enganché hace unos meses muchísimo a un podcast alucinante, que descubrí por casualidad, que se llama Nuevo DesOrden Mundial. La rama dura de la conspiranoia, en este caso cada programa (mensual) dura fácilmente cuatro horas, porque además de la inspirada rajada de ese presentador con tanto flow (infinitamente mejor, en mi opinión, cuando no está el otro rapero haciéndole los coritos todo el rato), en cada programa cuelan montones de audios de YouTube, documentales y canciones fantásticas, y va saltando de temas vertiginosamente. Tengo muchas ganas de que vuelva con la nueva temporada, porque me alegraba la semana. Puro discordianismo, un batiburrillo de teorías chifladas, política y economía extremas, ingeniería social, post-verdad, radioguerrilla y hip-hop. El problema es que están tan hasta las trancas metidos en el mundo de la conspiración, que han acabado creyendo que la tierra es plana, y toda esa morralla tan desesperante y tan idiota...

Pero si hoy me he levantado de la cama para escribir esto en mi blog, con la esperanza de que usted, Lector Improbable, lo descubra, es para recomendar La Capilla Peligrosa, mi podcast favorito ahora. "La capilla peligrosa" es un concepto que me encanta, un concepto importantísimo acuñado por Robert Anton Wilson para referirse a ese "punto de no retorno" en el que se sumerge todo el que decide investigar a fondo y de forma obsesiva los temas paranormales, extraños o conspiracionales; ese lugar de la mente, ese momento en el que, de pronto, algo hace "clic" dentro de tu cabeza, empiezas a atar cabos, a ver sombras, a mirar de otra manera a ese señor de traje negro con el que te cruzas por las mañanas en el paso de cebra; ese momento en el que algunos se dan cuenta de que su fecha de nacimiento coincide con algún accidente de avión del que no nos han contado todo, o descubres que con los nombres de demasiados miembros del Gobierno se puede formar el mismo anagrama, o que si escuchas determinados discos al revés... o que empiezas a ver el número 23 por todas partes... o que tu prima la del pueblo es Illuminati perdida... En fin, Robert Anton Wilson era un genio, y comenzó a hablar de estas cosas hacia 1975, él ya hablaba muy clarito de los túneles de realidad, de la dañiña conspiración de los estúpidos o de la risa contenida que nos tienen que dar los poderes en la sombra, con muchísimo sentido del humor y con muchísima cabeza, recomendando cierta equidistancia, cierto desapego, cierta sensación de "¿y qué más coño dará?". El Discordianismo es la respuesta. Pero en fin, que RAW lo explica mucho mejor, y es importantísimo leerle. Y si podemos leer a RAW los hispanohablantes es gracias a Guillermo Mazzucchelli, alias "Mazzu", gran Papa Discordiano, uno de los mayores expertos en RAW y a la sazón traductor de las principales obras y artículos de RAW al castellano, ¡por amor al arte, sin esperar nada a cambio! y responsable del mejor blog discordiano de todos los tiempos, La Manzana Dorada. Gracias a Eris y a Mazzu he podido leer miles de páginas del Evangelio de RAW, y muchas otras cosas escritas por él mismo. Y es que resulta que Mazzu no es un flipado más de la Conspiración, ni un Niño-Rata, ni un cuñao que ha visto demasiadas veces la trilogía de "Matrix" y se le ha atragantado, sino un auténtico erudito y un ensayista fantástico y transversal, con una capacidad de síntesis y un léxico portentosos. Y encima, ahora conocemos también su voz, ya que hace unos pocos meses decidió, también, lanzarse al podcasting. La Capilla Peligrosa es un nuevo lugar de peregrinaje, una fábrica de sabiduría discordiana y un indispensable dispensador de catmas. Mazzu se pone solo ante el peligro, y en cada entrega va desarrollando un tema diferente, siempre con los preceptos de RAW, de Jung, de Vallée, de McKenna o de Bucky Fuller por delante y en torno a la Conspiración con mayúsculas, lo importante. Demasiado crudo, pero intensísimo y directo a las encías. Como decía, estaba en la cama, después de un día muy cansado, a punto de quedarme placidamente dormido soñando con estar en mi cama a punto de dormirme, cuando su 4º discurso, su nuevo capítulo del podcast, centrado en «las Meme wars, la Guerra Memética, el Tecnopaganismo y el Ciberocultismo, la Hiperstición, el Culto de Kek y su relación con el Discordianismo, Sincromisticismo y Conspiranoia» me estaba dejando tan turulato y dándome tantas bofetadas que me he levantado a ver si las paredes de mi casa todavía estaban ahí o qué, y he tenido que escribir esto para volver a quedarme traspuesto, o al menos intentarlo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Mr. Pickles (2013-)


Esta semana he descubierto y devorado esta serie de 21 episodios cortitos de [adult swim], una salvajada de animación protagonizada por un perrito satánico e hijo de puta, y su relación con la familia que lo acoge, los Goodman. Si todavía queda alguien que asocia los dibujos animados con lo infantil, este es uno de esos ejemplos con los que golpearle en la cabezota: más o menos, para entendernos, es como Lassie dirigido por Charles Manson.


El Señor Pepinillos es el collier del pequeño Tommy Goodman, un nene de 6 años que camina a duras penas ayudado de unas prótesis de hierro. Su relación es tan dulce y tierna como la de cualquier crío con su mascota, y Pickles protege a su amo ante cualquier agresión o peligro. De hecho, Tommy es la única persona a la que obedece, y quien evita que Pickles se pase las 24 horas del día mordiendo, mutilando y destripando a gente, generalmente para arrastrar sus cuerpos moribundos al inframundo que se esconde bajo su caseta del jardín, donde somete a cientos de seres humanos a todo tipo de torturas y sangrientos sacrificios rituales. Pickles es la mismísima encarnación de Belzebú, una bestia que ataca a todo lo que se mueve, asesino de masas y líder del extraño culto sectario satanista que transcurre bajo la aldea de Old Town.


Los demás miembros de la familia Goodman son el padre Stanley, la madre Beverly y el abuelo Henry. Stanley trabaja en una bizarra empresa de telemarketing, que ofrece artículos idiotas como escafandras rellenas de aperitivos salados o ventanas falsas. Es un padre de familia amargado y con tendencias autodestructivas, pero por lo demás cumple su rol correctamente. Por su parte, Beverly es dulce y comprensiva, la clásica madre media de la ficción americana. Apenas sucumbe a arrebatos de ira homicida. Sus características principales son sus gigantescas tetas (el bulto de los pezones marcados en su bamboleante camiseta fue uno de los pocos cambios destacables entre el episodio piloto y el resto de la serie), y el ser la candorosa víctima de los constantes frotes del perrito de la casa. ¡Y le dobla Brooke Shields! El Abuelo, padre de ella, cumple un papel destacado, ya que es la única persona del pueblo que sabe que el perro es un asesino psicópata reincidente, pero nadie le cree pensando que chochea. A menudo, la estructura de la serie se basa en este juego recurrente: algún ser miserable llega a Old Town (una banda de mafiosos, unos asesinos en serie huidos de prisión, un Bigfoot, una asociación de pederastas...), y mientras el torpe del Sheriff da palos de ciego, es el astuto perrito el que soluciona los casos (entre grotescos baños de sangre) y solo el abuelo conoce su macabro secreto, que intenta denunciar inútilmente.


Sheriff, un manflorita en patines tarugo e incapaz, es otro secundario fijo entre la fauna local de Old Town, repleta de infraseres, inadaptados y personajes con todo tipo de malformaciones severas. En la línea de lo que sucede en South Park (Colorado), o en la aldea de "2000 maniacos", en Old Town abundan los mutilados, los obesos mórbidos, los enanos y los mutilados de guerra. Hay por ahí una banda de Hell's Angels en sedgway, un cuarteto de punkies con cresta y tachuelas que cantan delicadas melodías duduá a capela, viejos terminales, brujas pirujas, hillbillies tarados amantes de las armas, rameras, políticos corruptos y peña de lo más raro posible, tanto como los argumentos de esta serie extrema y repleta de gore, sexo, decadencia y destrucción. Los episodios son autoconclusivos, pero todo termina teniendo una razón de ser hasta desembocar en cada season finale, y hasta el personaje más pequeño acaba volviendo a aparecer en algún momento.


La obsesión por resultar más transgresoras y decir más palabrotas que todas las anteriores, esa lacra que parece asolar a todas las series de animación para adultos, me suele producir rechazo; pero en este caso ese "satanismo cuqui" que lo impregna todo me resulta simpatiquísimo y me ha fascinado, en una línea extrema similar a los tebeos salvajes de Johnny Ryan o de Mike Diana. Otro de los referentes gráficos que me venían a la cabeza viendo esto, eran los tebeos enfermos e incorrectos de Electric Retard (los originales, de hace unos diez años). Y el humor más cafre de Mr. Show with Bob & David (los chistes racistas, la "distribución anatómica alternativa" de la gente, el dolor y la violencia de risa en general), es influencia confesa, ya que en Mr. Pickles ponen voces dos de los actores habituales de allí. Si uno presta mucha atención, por cierto, a los espídicos créditos finales, verá que también han colaborado, puntualmente, estrellas de la talla de John Waters, Rob Zombie, "Weird Al" Yankovic, Steve-O o Iggy Pop. El trasfondo death-metalero, la simbología satánica, las máscaras y uniformes, el "nazismo hecho pop", los secretos que poco a poco se van desvelando hacia los finales de temporada, la presencia continua del bosque y sus misterios o el uso de ciertos personajes me recordaba también a Metalocalypse o a las historietas de Black metal comix de Magius (donde la deuda contraída con South Park era también obvia). Mi episodio favorito (por poco), el de la leyenda del Hombre de Queso («cheeeese man...»); el capítulo entero dedicado a Astronaut Dolphin Detective, a mí me sobraba.


Los responsables de este alucinógeno se llaman Dave Stewart y Will Carsola, y llevan casi todo este siglo funcionando juntos bajo la firma DayByDay, como pareja creativa y cómica, aunque es la primera vez que lanzan un producto enteramente de animación. De los dos, el dibujante es Carsola, que al parecer viene del mundo del grafiti, claramente influenciado por el arte lowbrow, seguidor de la pauta marcada por Gilbert Shelton, Basil Wolverton o Kim Deitch, aunque con ese macarrismo naïf del citado Johnny Ryan. Antes de entrar a escribir en el programa-contenedor experimental de [adult swim] TripTank, hizo algunos cortos o webisodios de Funny or die presents... con Stewart, y dirigió dos mixtapes muy curiosos en los que combinaba escenas de skate y de arte urbano con animación, humor gamberro, vagabundos y death metal, "Teenagers from Marz" (2005) y "Teenagers from Uranus" (2006), entre otras tareas de edición de video (el ritmo de Mr. Pickles es tremendo). En su canal publican otras chorradas y algunos otros cortos de animación, como "The real story of Adam & Eve" y "Scumbags", por si os ha gustado tanto Mr. Pickles como a mí y ya se os ha acabado. Hace más de un año que anunciaron la tercera temporada, y quedan muchos cabos sueltos (y piernas, y cabezas) que recomponer.


martes, 8 de agosto de 2017

Club de Amigo del Disco (Nueva columna semanal)


Me gustan mucho, MUCHO los discos de vinilo. Ya está. Sin fliparme. No llevo barbas ni tatuajes, ni tengo las paredes alicatadas de módulos de almacenamiento Kallax, y soy un férreo practicante de la acumulación indiscriminada de .mp3, de escuchar mixes de Youtube o cualquier otro formato; me importa la música por encima del formato y todo me vale, mi programa de radio es prueba de ello, o mi actividad de DJ Symbiótico amateur y escéptico en cuatro bares del barrio, siempre con el portátil y el disco duro de Dani DeFreeze a cuestas. El coleccionismo de discos es una afición cara, y el purismo me la suda. Pero me fascina de una manera infantil y tosca, además del objeto en sí, el ritual del vinilo: eso tan extraño que se hacía antes, de pinchar un disco y escucharlo entero, una cara y luego la otra, y el cariño con el que hay que tratarlo. Me enseñaron a cogerlos hace muchos años, hubo una época que pasé en un bar en cuya cabina casi solo había vinilos (una colección impresionante) y disfrutaba mucho yo solo allí con ellos en las primeras horas de la tarde. Y echaba también muchísimo de menos las tardes de sábado visitando tiendas, seleccionando perlas de las montañas de basura en La Metralleta o Killer's (en tiempos, yo solía patearme sobre las de la calle Salud y Tres Cruces, aunque en la que era verdaderamente habitual de joven era FM, al lado de Crisis Comics, que en paz descansen todas ellas), volviendo a casa tan contento con una carpeta o, si me había vuelto loco, con 4, además de los tebeos de superhéroes del mes. En la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión me llegué a gastar 150€ una vez en ¡dos discos! (un doble directo pirata de Zappa y el primero de Geronimo Black), que aún conservo, aunque cuando hice mi segunda y última mudanza decidí vender casi todos, porque mi tocadiscos llevaba meses roto. También tuve un tocadiscos artesano, único en el mundo, que fabricó un amigo mío manitas aficionado a comprar trastos rotos y reconstruirlos, que por mera afición había hecho en su casa tres tocadiscos, y me regaló uno. Era mi posesión más preciada. Es una obra maestra, que ahora cría polvo encima de un armario a la espera de tiempos mejores:


Porque también se me jodió un día hace un par de años, y había desechado la idea de volver a coleccionar vinilos. Lo que pasa es que mi padre (a la sazón profesor de música, entre otras materias) me ha regalado su equipo de música. Desde que nací, había en casa un equipo estéreo impresionante, un mueble de esos de madera recia con cuatro pletinas y altavoces como furgonetas, y ese rincón de la biblioteca de papá era mi lugar favorito de la casa. De hecho, yo era el único que lo usaba. Tuve mi propia colección de LPs, aunque siempre fui más practicamente de la casete grabada (también tiré mis casetes a la basura, en cinco bolsas de basura, hace mucho), el CD casero y sobre todo la radio musical. De pronto, después de perseguirlo durante años y años, mis padres decidieron regalarme el equipo de música entero. La semana pasada lo estuvimos trayendo a casa, y por fin lo he montado todo y funciona a la perfección. Y claro, me ha vuelto a picar el bicho del vinilo.

Para no volverme loco, que a mí me quema mucho el dinero, he decidido hacer una columna semanal en este blog, a la derecha, y tratar de escuchar un disco a la semana. Mi idea es, por ejemplo, ir a tiendas de segunda mano y pillar un LP barato que me llame la atención y cuyo contenido desconozca por completo. Máximo, 10 euros a la semana, porque si no me voy a gastar un dineral, se me va a ir la cabeza con todas las tiendas que hay ahora en el barrio. Los gargantuescos altavoces de madera del equipo están apuntando hacia el sillón de orejas. Quiero recuperar ese ritual de pinchar un disco y escucharlo entero atentamente. Se vale ir al retrete, tender la ropa o leer algo ligero en el proceso, pero el objetivo único es descubrir cosas nuevas, escuchar los discos que me compre. A ver qué ofrecen los cajones de las tiendas, la lotería de la segunda mano. Mi impulso inicial es comprarme todos los discos que más me han gustado en la vida, reunir la colección perfecta, e incluso llenar la casa de singles de la música que suelo pinchar en .mp3, pero eso es una locura. Bueno, a ver qué pasa. Todo esto ha coincidido con mi 39º cumpleaños, porque ayer fue mi cumpleaños, por fin tenía el tinglado montado, y después de probarlo con mis viejos discos de Pink Floyd, Zappa, uno de Mancini y algunas cosas de las que mi padre metió en el lote (básicamente, folclore español y varios palmos de música clásica, que quiero ir explorando también, me servirán para las semanas que no tenga novedades), voy a inaugurar la columna de mi propio, privado y limitado Club de Amigo del Disco Semanal con mi regalo de cumpleaños de ayer, el regalo que me hicieron los Cejakas, el último LP que sacaron los Neanderthals, que vienen a tocar en octubre con SCOTS y ya tengo la entrada. Supongo que tendré este blog tan abandonado como siempre, pero si recupero más o menos la estabilidad (también comencé nuevo trabajo esta semana, el 5º del año, creo) la columna de la derecha irá cambiando.