Linggo, Agosto 25, 2013

The Rocketman Project #01

Salió a la venta el primer número de este nuevo proyecto, bien bonito ya desde la portada (aunque tampoco es que sea de lo más original del mundo), que espero que dure muchos años y que trata de rendir homenaje a las distopías steampunk, los inventos victorianos, las ucronías y la mitología creativa, a través de un puñado de relatos e historietas estupendas y de una profesionalidad y un buen gusto sorprendentes (para el nivel medio de lo que se encuentra uno en la zona de fanzines de las tiendas especializadas). El resultado es muy profesional, muy entretenido, visualmente goloso y variado.

Klingonz - Blurb (1990)

Como ya dije unos posts más atrás, me estoy poniendo al día con el blog, que lo tenía desamparado; así que ahora que me pongo a reseñar este disco se me ha pasado la fiebre por el psychobilly que me contagió hace unas semanas. Rescaté del olvido unos cuantos discos de psychobilly-terror-cartoon-pachanga de este tipo, repletos de llenapistas y que resultan bastante divertidos. Sobre todo hace gracia comprobar cómo, con el tiempo, estos americanos cachondos y otras bandas afines (Frantic Flintstones, The Quake, Demented Are Go!, Frenzy...) que retorcieron y llevaron al extremo el espíritu pureta del rock sureño blanco de los cincuenta, con esos contrabajos pintarrajeados y esos tupés de dibujo animado, han envejecido tan raro y huelen tan fuerte en lo estético (ojito a la portada de "Blurb" sin ir más lejos), aunque musicalmente siguen sonando de puta madre (sobre todo si no prestamos atención a las letras). El tarro de las esencias ya sabemos que más o menos lo destaparon los influyentes Cramps (con una gran ayuda de los Misfits y sobre todo los Stray Cats), pero sus postulados se trabajaron más en Europa, donde surgieron a comienzos de los ochenta bandas como los Meteors, verdaderos exponentes del psychobilly puro y duro. En unos cuantos años, la gracieta evolucionó hacia rincones insospechados (difuminándose y fornicando lo hillbilly con lo punk, con la electrónica, con el cine de terror, con el burlesque, con los Teleñecos...) y aunque surgieron de todo esto unas cuantas bandas interesantes como Reverend Horton Heat, Batmobile, King Kurt, etc., a comienzos de los noventa la escena se había apayasado lo suficiente como para que surgieran los inconfundibles Klingonz. Los Klingonz hacían un rockabilly a toda hostia, con triple bombo, contrabajos raídos, coros de borrachos de fondo, gritos de ultratumba y risas de monstruo, letras sobre Star Trek, versiones psicóticas de Berry, Elvis, los Dead Kennedys o la sintonía de Barrio Sésamo. Todo esto lo hacían disfrazados de payasos de Mikolor, con zapatones y maquillaje. Una risa. Y con esos tupés exagerados que llevan ahora los latin kings por la calle... en eso fueron visionarios.

The Kongsmen - On campus (2010)

Divertidísimo el LP de los Kongsmen, un homenaje al garage ignoto de los sesenta y a los maravillosos monicacos que nadie debería pasar por alto. A pesar de la portada, del sonido mono (obvio) y del aspecto en general de todo esto, The Kongsmen no solo no tienen nada que ver con The Kingsmen (todo es una coincidencia), sino que Nat King Kong, Chango Reinhardt, Paul McCaco, Ape Turner, Chimp Krupa y Thelonius Monkey son de Barcelona, y este disco de sonido crudo y disparatado se grabó hace apenas unos meses. "On campus" es un pasatiempo retro de garage primitivo, instintivo y peludo, que transforma clásicos sesenteros en un fiestera celebración de la monería, transformados asimismo en clásicos instantáneos. Como Monkeyshine, Doin' the ape, Chimpanzee ride, Chimpanzee, The gorilla o The zoo. Son mi banda favorita después de Lancelot Link & The Evolution Revolution.

Stephen King - Riding the bullet: montado en la bala (2000)

No sabía (aunque lo suponía) que había una edición de "Riding the bullet" en "solitario", y en papel, en castellano. Ésta fue la famosa novela breve que Stephen King publicó exclusivamente en formato electrónico, antes de la explosión pirata, y que cuenta la leyenda que se la descargó previo pago más gente de la que en realidad hay en el mundo. La historia está muy bien, se lee en un ratín y narra el viaje a dedo de un chaval, cuando le recoge un conductor que parece que lleva la cabeza mal cosida al cuerpo. Un relato inspirado en mil y una leyendas urbanas disuasorias, bien reconducido al universo post-gótico de King.

Huwebes, Agosto 22, 2013

Lunes, Agosto 19, 2013

Jon Wayne - Texas funeral (1985)

Otro disco que me acompaña estos días, también íntimamente ligado con los sonidos de la América white trash y el afán por contemporizarlos. Descubrí este "Texas funeral" (título que refiere a un entierro en vida, al estilo de "Buried" o "Kill Bill vol. 2") en una reseña de uno de los primeros números de Ruta 66 (me he propuesto [re]leerme la colección completa de ésta la mejor revista musical española de la historia), y después de varias escuchas me resulta increíble que esto se hiciera en 1985. El misterioso cuarteto liderado por Jon Wayne, que al parecer ocultaba en el anonimato a habituales músicos de sesión, pergeñaron en este disco (que se editó en precioso vinilo bicolor a juego con la portada) un cóctel de cowpunk y country-blues sucio vanguardista, con instrumentación eléctrica, que escuchándolo con perspectiva se acerca bastante a lo que mucho tiempo después hacen Jon Spencer (con la Blues Explosion o con Heavy Trash), Jack White (que no en vano, descubro ahora, que reeditó este disco en 2007 en su sello Third Man Records), Bob Log III (solo o con Doo Rag) o Reverend Horton Heat. Psychobilly marciano, ritmos cortantes, instrumentos crudos, sonido mono, letras de cachondeo y balbuceos, atmósferas extrañas, el disco remite a la banda sonora de un western sobrenatural rodado por Ed wood, recreada por un hijo bastardo de Willy Nelson y The Residents.

The Pine Box Boys - Stab! (2007)

Hace poco descubrí a esta banda de San Francisco, que me tienen absolutamente enamorado. Me chifla la música contemporánea que se mira en el folk tradicional blanco norteamericano; la música que más escucho habitualmente revolotea siempre en torno a ese concepto, a esas raíces (Dylan, Southern Culture On The Skids, Squirrel Nut Zippers, Calexico, Robert Crumb, Andrew Bird's Bowl Of Fire, Reverend Horton Heat, hillbilly, cowpunk, alt country, psychobilly y otras cosas en cursiva). The Pine Box Boys ponen el dedo exactamente en la llaga, y llevan ya cuatro o cinco discos, que estoy escuchando estos días obsesivamente. No es fácil seguirles la pista, porque no tienen entrada en Wikipedia, y su web está caída; solo queda su FB, donde reconocen que el espíritu inicial del concepto consistía en rendir homenaje (como Tom Waits o Nick Cave) a las viejas murder ballads sureñas, al country trash y a "la miseria, los zombis y en general todo tipo de formas de caos sin remordimientos". Hay por ahí quien dice que son como la versión vaquera de los Misfits. Supongo que algo de eso hay, si atendemos a la temática de sus canciones. Pero la actitud (y la puesta en escena, claro) no tienen mucho que ver. TPBB tienen muchísimos cortes de folk energético, bluegrass desatado, son una extraordinaria banda contemporánea de divulgación del bluegrass (por cierto, que entre estos y Hayseed Dixie deberían pegarle una paliza a los lloricas de Mumford & Sons, los U2 del revival folclórico), pero su pièce de résistance son sus baladas sobre muertos revividos, asesinos en serie, ajustes de cuentas, aparecidos, borrachos pendencieros e hijos de puta de la pradera. Su hábitat natural, y donde a mí me fascinan, son esos medios tiempos sobrecogedores, arropados con banjo, mandolina, fiddle (sé que uso más anglicismos que Fernandisco, pero es que las palabras fídula o vihuela suenan bastante medievales aquí) y hasta esas tiernas tablas de lavar o jarras tan propias de maravillosos paletos racistas. The Pine Box Boys hacen música para que los zombis bailen en línea al estilo de "Siete novias para siete hermanos", o para animar las peleas en esos bares de carretera del Cinturón de la Biblia con el escenario enrejado... pero también unas baladas country que me ponen los pelos de punta. Me quedo especialmente con dos de sus discos, "Arkansas killing time" (2005), y "Stab!" (2007). Y sobre todo con un tema, Will you remember me? (el quinto de "Stab!") que me tiene fascinado, y además muy intrigado, porque es la primera vez que escucho una balada country (con armadura de gospel) en la que se utiliza ese efecto de canto difónico (vulgo "salmo gutural de los monjes tibetanos"); no tenía ni idea de que el canto difónico estuviera ligado de alguna manera con el folk rural norteamericano, ni siquiera que fuera una práctica dentro del yodeling (donde se estila más el falsete, el irrintzi). De hecho, como solo he escuchado ese efecto tan impresionante en esta canción (en las versiones accesibles en directo no lo hacen), tengo mis dudas de que se trate de un efecto digital, de un didgeridoo (que tampoco tiene absolutamente nada que ver con los Apalaches) o algún rollo coral, un fraseo armónico a la armónica (valga la rebuznancia) o qué sé yo. Como sea, Will you remember me? me teletransporta y me sublima.

Agradecería cualquier opinión en los comentarios. Y así de paso salgo de dudas sobre algo que pienso de vez en cuando: ¿este blog lo lee alguien?

Huwebes, Agosto 15, 2013

"Intraliminal (Ejercicios exudatorios para virofóbicas)" (José Luis Moreno-Ruiz, 1994)

Hace algunos meses, saqué de la biblioteca la magnífica novela "La isla mágica (Un viaje al corazón del vudú)" de William Seabrook (animado por algo que leí en el 2000 Maníacos 42). Como siempre digo, y es verdad, soy un lector muy mediocre, aunque apasionado y obsesivo; así que no me lo terminé, no me dio tiempo a acabarlo antes de tener que devolverlo, aunque me estaba entreteniendo mucho. Algún tiempo después, buscaba información sobre el aventurero bizarro Seabrook, y no sé qué guarrerías pondría en Google, que fui a parar a una entrada en el blog del traductor de aquel libro para Valdemar, José Luis Moreno-Ruiz. Me encuentro con este comentario de dicho traductor: «Traduzco por estos días (marzo de MMIII) The Magic Island, de William H. Seabrook, una cosa sobre Haití y el vudú, con alguna noticia interesante acerca de la ocupación norteamericana de la isla, de 1915 a 1925, más prórroga. Seabrook, al menos, no es un autor complicado y voy rápido, muchas páginas al día. La edición, para una de esas colecciones de libros de terror, esotéricos y paridas semejantes, que, me dicen los editores, tiene bastante buena venta. Por mí, la verdad, como si se la machacan quienes leen estas cosas; mientras no salpiquen… Trato de resolver si el libro es una mamonada, o si no lo es.». El resto del texto ahonda en el ligero desprecio hacia Seabrook y sus lectores, y aporta información muy jugosa que ha encontrado sobre el autor. No tiene desperdicio.

La lectura de este post fue mi primer contacto con Moreno-Ruiz. Recuerdo que aquella tarde pasé un buen montón de horas leyendo fragmentos de su sorprendente blog, los Contradiarios Moreno-Ruiz, mesmerizado con cada una de sus entradas, con sus reflexiones y sus palmetazos en la mesa. Esa misma tarde, descubrí que JLM-R tuvo un programa en Radio 3 durante casi una década, que no comprendo por qué no me sonaba de nada, pese a que tengo casetes con programas grabados de la emisoria desde los 15 años, y más de media vida me la he pasado pegado al transistor, en ese dial (yo creo que en su momento, en realidad, no me hubiese gustado mucho). M-R conducía el programa Rosa de sanatorio, que por lo que he podido escuchar o leer, en contadísimos restos del naufragio que hay por ahí, era un "espacio de culto", en el que el conductor leía fragmentos literarios y pinchaba la mejor música posible (Morphine, Violent Femmes, Tom Waits...), a veces bastante mamado, estableciendo un ambiente bohemio (con perdón), etéreo (por éter), íntimo y erudito. Descubrí también que, además de las montañas de libros que ha traducido (Joseph Conrad, Jack London, G. K. Chesterton, Herman Melville, Robert Louis Stevenson, pone en la Wikipedia gallega), tiene más de una docena de libros propios. Lo que escribe en su blog (al que me he hecho asiduo, eso sí, alejado del sistema de comentarios), ese cóctel de reflexiones a-poéticas o airadas, bofetadas a los simios gobernantes, videos de patinadoras en minifalda y las deportistas femeninas que estén muy buenas en general, fotos de jovencitas frotándose el parrús, recomendaciones musicales, etc., me embelesa, así que enseguida me quedé con su nombre (a pesar de los apellidos tan comunes, la regla mnemotécnica es sencilla: basta acordarse del ventrílocuo gilipollas y mafioso), dispuesto a tratar de hacerme con sus obras publicadas, de una manera u otra.

Pues el martes o el miércoles pasado me acerqué a Ábaco, mi librería favorita, sin ninguna prisa, para pillar algo y sentarme en un parque, y en la zona de autores españoles contemporáneos me encontré con "Intraliminal (Ejercicios exudatorios para virofóbicas)", y lo despaché enseguida. Primero, tomando sidras en una terraza al lado de Olavide, y luego en el sillón de casa. Y ahora sí que soy fan de JLM-R.

"Intraliminal" aglutina un montón de cuentos y reflexiones breves o superbreves, algo muy parecido precisamente a su blog (sin chochos ni youtubes, claro), aunque lleve publicando estas cosas mucho antes de que existieran los blogs. A José Luis le pirran los tecnicismos, la jerga científica y psiquiátrica, la catacresis, las esdrújulas, la anástrofe, la cinepimastia, la moxibustión, la anfibología, la paranesis, los chochos sudorosos, los pedos vaginales. Y se cisca en la necedad, en las feministas radicales (sobre todo si son feas, gordas y sufren de envidia del pene), en las putas columnistas de El País (feas siempre, además) y en la hipocresía. A mí, que entre novelita y novelita de Stephen King o Clark Carrados me leo un tebeo de Spider-Man o un Usagi Yojimbo, me costó enfrentarme a la elevada e ilustrada prosa del gran Moreno-Ruiz, y a sus historias surrealistas, absurdas y cínicas. Pero me ha dejado con unas ganas locas de seguir buceando entre sus letras, tan bien puestas todas, tan sonoras, tan cabronas. Cuánta razón tiene siempre, qué canallita, qué risas me he echado con sus rebotes y qué descubrimiento. Sus libros no son fáciles de encontrar (por internet no compro), pero ya tengo localizados dos en una tienda de Madrid, voy a buscar, coleccionar y atesorar los libros de José Luis, con la misma pasión que pongo con los de R.L. Stine.

Martes, Agosto 13, 2013

Terror en las aguas ("Shock waves", Ken Wiederhorn, 1977)

Recupero esta joya del terror de bajo presupuesto, del director de "A house in the hills" o "La divertida noche de los zombies" entre otras, Ken Wiederhorn, un olvidado del horror ochentero. Ésta es más conocida como la de los nazis subacuáticos. En algún momento de la II Guerra Mundial, un experimento nazi transformó a una facción de las SS en Die Toten Korps, el Escuadrón de la Muerte, un grupo de soldados entrenados y genéticamente alterados para pelear y defenderse hasta la muerte sin necesidad de armas. Los Aliados nunca consiguieron localizar a estos salvajes, una vez terminada la guerra, y nunca se supo de ellos hasta que un pequeño (y cutrísimo) crucero de placer encalla junto a una indeterminada isla del Pacífico, después de colisionar con lo que parece un barco fantasma. En dicha isla comenzarán a producirse las muertes de la tripulación y los 4 pasajeros, de manos de un grupo de arios uniformados que parecen los primos creciditos de los chicos de "El pueblo de los malditos". Impresionante Peter Cushing como el único habitante de la isla, en el hotel abandonado, y que parece saber mucho sobre los nazis subacuáticos.

Linggo, Agosto 11, 2013

Hell comes to Frogtown (Donald G. Jackson, R.J. Kizer, 1988)

Esta película, que apareció una buena mañana en mi carpeta de descargas, es una maravilla. Un hito absoluto del cine fantástico de los ochenta. Se ha impuesto a mi siesta del domingo, y me ha entretenido muchísimo. Es una cosa increíble, con un argumento que entusiasmaría a Mariano Ozores: estamos en un futuro post-apocalíptico, en el que hay demasiadas mujeres y poquísimos hombres, y la radiación nucelar ha convertido a buena parte de la población en ránidos mutantes que sobreviven en las zonas desérticas. Un grupo de estos batracioides ha secuestrado a seis mozas muy monas sin frase, así que el Gobierno Provisional trama un plan para liberarlas: una avanzadilla de féminas militares (dos: una de ellas la blonde beach bimbo Sandahl Bergman) secuestran a su vez a un sujeto más o menos guapo y fornido (interpretado por la superestrella del Pressing Catch, Roddy Piper El Gaitero), llamado Sam Hell, para que salve al harén esclavizado por los hombres-sapo, y de paso que ayude a perpetuar la especie humana, porque Roddy Piper El Gaitero es uno de los especímenes más varoniles, fecundos, pichabrava y dotados de la Tierra. Montados en una furgoneta Chevrolet Panel rosita de 1950, las dos guerreras y el luchador se dirigen a través del desierto hacia Frogtown, para liberar a las esclavas. Por el camino, ambas se pelearán por la potencia sexual de El Gaitero, y le podrán a prueba repetidas veces quitándose ropa o tratando de montarle, haciendo gala de su entrenamiento militar en artes seductoras. Además, para que no escape, El Gaitero lleva un arnés propiedad del Gobierno Provisional, instalado a modo de fardapitos, que está controlado desde los pendientes de la rubia soldada, y que explota si se aleja demasiado; como en "Perseguido" (1987) o en "Peligrosamente unidos" (1991), pero en la pelvis. La primera parte de la película es un ciber-western-entremés picante, con escenas simpatiquísimas como cuando se cruzan con una de las esclavas, que ha escapado de Frogtown, y la sargento rubia, muerta de celos y desnudándose para ponerle a tono, obliga a El Gaitero a abarraganarse con ella para levantarle el ánimo. Por fin llegamos a Frogtown, y vemos por primera vez a los seres transmutados en hombres-batracio, que molan muchísimo, con unas magníficas máscaras viscosas de goma, en la línea de otras joyas de la época como "Howard the Duck" (1986) o "Las tortugas ninja" (1987), "Street trash" (1987), etc. Allí nos encontramos con un viejo amigo de El Gaitero, un cazarrecompensas muy guay interpretado por ¡Rory Calhoun!, con prostitutas batracio y forajidos anfibios. El héroe de acción de la película, el luchador amigo de los niños, es un desastre absoluto y creo que solo pega un puñetacito en toda la historia. Si llega a haber patadas voladoras y cojinetes, esta sería ya mi película favorita. Y la trama no es precisamente complicada, pero todo resulta muy gracioso y apasionante. Salen tetas, tipos con máscaras de sapo, fallos de raccord, homenajes gualtrapas a "El planeta de los simios" y a La rana aventurera de Bruguera (bueno casi), motosierras, peleas a espada, estrellas de lucha libre, efectos especiales malísimos y frases fanfarronas todo el rato. Buenísima.

Sorority babes in the slimeball bowl-o-rama (David DeCoteau, 1988)

De vez en cuando me apetece recuperar alguna película ochentera de scream queens, esos clásicos de serie Z de Wynorski, Olen Ray o DeCoteau con Linnea Quigley, Brinke Stevens, Michelle Bauer y compañía. Esta mañana de domingo era ideal, y no recordaba casi nada del argumento de "Sorority babes" ("Chicas de fraternidad en la bolera"). Esta es una de las dos únicas películas en la que salen además las tres juntas (la otra es "Nightmare sisters"; aunque recientemente se ha editado, en directo-a-torrent, "Cougar cult" con todo un desfile de scream queens ya mayorcitas, que no me atrevo a ver). El argumento es clásico: tres inadaptados nerds universitarios se aburren y deciden ir a espiar el rito iniciático de dos nuevos miembros de una fraternidad femenina (la Stevens y la Bauer), de manos de tres hermanas ya tullidas (comandadas por la difunta jamona Robin Stille). Mientras cotillean por la ventana, les pillan y la jefa de la fraternidad les castiga a acompañar a las iniciadas a robar un trofeo de la bolera a medianoche. Allí se encontrarán con la macarra de la Quigley, que está robando la recaudación de las máquinas de marcianitos. Roban el trofeo, pero éste se cae al suelo, se rompe y sale una especie de critter-leprechaun-Lockheed que les concede un deseo a cada uno. Pero todo resultará ser una trampa, y se arma la gorda en la bolera a medianoche, con montones de tetas, rayos y sangre salpicándolo todo.

Basauri Vice (TV series, 2012)

Es loable el nuevo intento de [adult swim] España de crear una "industria" de animación adulta en nuestro país, pero los resultados son bastante flojetes, a juzgar por lo poco que he visto. Venga Monjas o Miguel Noguera nunca me han hecho (post-)gracia, y supongo que no sería fácil llegar a un acuerdo con los Chanantes para emitir sus cosas. Lo que hacía PutoCrío sí que me parecía muy majo, pero de esta última y frustrada hornada, solo me ha gustado Basauri Vice, que no es sino una versión remozada de la divertidísima Qué vida más triste; sin webcam, con escenas más largas y un personaje nuevo (el mad doctor malo), e inspirada en la parodia espídica de las series policíacas (del [adult swim] americano) Eagleheart, esa obra maestra chiquitita de Chris Elliot. Así, BV es nuestro Eagleheart de andar por casa, y está muy gracioso.

Lluvia de albóndigas (Phil Lord, Chris Miller, 2009)

El otro día hablaba de mis problemas con el cine de animación moderno, tan aséptico, tan perfecto, tan rematadamente hermoso que parece imposible que tras la fachada se escondan películas mierdosas para niños estúpidos. Sin embargo, con "Cloudy with a chance of meatballs" estaba sobre aviso, me habían advertido que "Cloudy with a chance of meatballs" es de las buenas, de las que molan de verdad y que pasarán a la historia. Y efectivamente, "Cloudy with a chance of meatballs" es una gozada, una maravilla que me hizo reír, patalear y sobrecoger, a lo loco, todo el rato. La historia transcurre en un gris y mohíno pueblo de pescadores en mitad de una isla remota en el Pacífico, donde habita un joven soñador que aspira a gran científico, y que pretende aportar al pueblo algo de color gracias a su talento nerd, ponerlo en el mapa. El niño ha crecido fracaso tras fracaso, y su sufrido y enviudado papi no consigue ponerle en cintura, para que deje de fantasear con crear una máquina que traiga prosperidad al pueblo. El vil alcalde, por su parte, decide organizar un parque temático para atraer a los turistas, precisamente el mismo día que el joven inventor tiene éxito en su tarea de fabricar una máquina que convierte el agua (lo único que les sobra en la región) en comida. La cosa se irá de madre y se convertirá en la noticia más importante del mundo, al tiempo que la historia se transforma en una terrible película de catástrofes llevada al extremo. Una barbaridad preciosa, imprescindible.

Highschool of the dead (TV series, 2010)

No recuerdo cómo descubrí la existencia de esta serie de anime. Sé que existió primero un manga, y que también se produjo una película, probablemente tamizando los 12 episodios de la serie, que son lo que yo he visto. Es muy sencillo resumir de qué va esto: media docena de adolescentes se ven en mitad de una invasión zombie, y tienen que avanzar hasta ponerse a salvo. Los principales personajes son seis: dos chicos (un guaperas misterioso y un friqui fanegas, basicamente con el que nos indentificamos los espectadores) y cuatro chicas en uniforme de colegiala (la valiente de tetas grandes, la geek de tetas enormes, la princesita de tetas gordísimas y la ATS tontita de tetas monstruosamente inmensas), y el protagonismo se va intercambiando al tiempo que la trama nos lleva de un sitio a otro y otros tipos no zombificados van apareciendo. Pero la trama no es demasiado importante. Aunque engancha, aquí todo consiste básicamente en peleas, tiroteos, chorretones de sangre y primerísimos planos de braguitas y pechos bamboleantes. La combinación tetas, violencia, zombies y rockandroll hacen de esto un pasatiempo ligero, refrescante y atractivo que se devora en una tarde de domingo.

Return of the living dead part 2 (Ken Wiederhorn, 1988)

La segunda parte de "Return of the living dead", todavía ochentera, todavía se puede ver. Aunque pierde lustre sin Linnea Quigley, sin los punkies, sin el impresionante y humeante cementerio de corcho, sin desnudos y sin todo lo que sucede en la importantísima e irrepetible primera entrega. Repiten un par de actores (Thom Mathews y James Karen, muy bueno el guiño que le hacen a la primera), pero por lo demás el reparto es nuevo, el director es nuevo, y la historia no se continúa, sino que se narra qué fue del paradero de otra tanda de los barriles del ejército, en otro lugar y en otro momento. Los protagonistas principales son chavales, y eso mola. Los zombies son más idiotas y más lentos, y en general también los demás personajes son más caricaturescos y todo un poco más payaso (de hecho, aquí a esto se le llamó "La divertida noche de los zombies"), mientras que en la primera parte el humor y el slapstick era más sutil. Pero esta continuación no desmerece en absoluto y es una digna sucesora de la saga. Eso sí, la tercera la quité.

The haunting of Whaley House (Jose Prendes, 2012)

Tras la promesa de una nueva e innecesaria peli de casa encantada con postadolescentes atrapados dentro, no solo se esconde una cosa aburridísima que ni da miedo ni tiene gracia ni nada, sino que por no tener no tiene nada. Ni ambientación, ni efectos especiales ni nada. Casi toda la película se reduce a los protas discutiendo a voces en la casa y jugando a mover un vaso por el suelo con la punta de los dedos.

Biyernes, Agosto 9, 2013

"El retrato de Rose Madder" (Stephen King, 1995)

"Rose Madder" es una de las novelas menos conocidas de King (basicamente, porque no hay película; aunque imdb anuncia un posible proyecto), y también algo farragosa de leer; y por lo que el autor cuenta, también fue dura de escribir. De hecho, yo reconozco que no entré en calor hasta pasada la mitad de la historia, casi cuando llevaba 300 páginas fue cuando esta historia empezó a agarrarme y a sacudirme de arriba a abajo. El desarrollo es lento y minucioso; los detalles de la vida de Rosie la Maltratada casi podría pasar por un cuento de Carlos de Santander... pero el desenlace es de lo mejor que he leído a King y el juego metalingüístico que arma SK cuando es el policía quien lleva el peso protagonista (los capítulos en cursiva son otra historia) es impresionante. Es una novela que merece muchísimo que tengamos paciencia y fe en ella, porque lo que se está cociendo revienta de una forma apabullante.

A grandes rasgos, cuenta cómo una mujer maltratada, tras 14 años de penosa convivencia con un violento policía, decide huir con lo puesto y empezar una nueva vida a cientos de kilómetros. Por supuesto, el astuto policía se entera y decide ir a por ella. Esto lo sabemos desde que leemos la sinopsis trasera. Enseguida sabremos, también, que la protagonista, Rosie, empeña su anillo de casada y se compra un extraño cuadro en el que aparece retratada una mujer que también parece llamarse Rose: "Rose Madder" está escrito a mano en la parte trasera de este extraño lienzo sin firma. Rosie se apoyará en el cuadro para superar sus complejos, huir de su pasado, elegir a una nueva persona importante en su vida y reflejarse en una nueva mujer idealizada.

"Rose Madder" es un juego de palabras intraducible: por un lado alude a un color: el tono rosado-garnaza del vestido de la Rose del cuadro; al mismo tiempo, "madder" significa "más loco". La novela está llena de simbología, y a medida que va avanzando la lectura se convierte en una especie de poliédrico cuadro en el que el estado mental de la protagonista, y sobre todo el tránsito del policía cabrón vejador a un auténtico monstruo descarnado (que irremediablemente nos remite al DeNiro de "Taxi driver" o al Nicholson de "El resplandor" cuando nuestra mente busca imágenes visuales), la psicología volátil de dos personajes difíciles, se va plasmando sobre el lienzo. Aunque uno tarda en darse cuenta, "El retrato de Rose Madder" es una historia terrorífica, en la que SK acude al monstruo más horrible y oscuro que sale en nuestras pesadillas: el ser humano. Una auténtica gozada, asfixiante, ampulosa y muy delicada.

Por cierto, me fascina descubrir, a posteriori, en la Wiki, las conexiones entre esta novela y el ciclo de "La torre oscura", y que SK tira de personajes que ya aparecieron en "Misery", "It (Eso)" o "Desesperación".

Deuca Tuco #20

Sigo pillando casi siempre el fanzine del Escúter Club Segovia. Parece que la colaboración de Galactus fue efímera (una pena), aunque en este número ha calado más que nunca el espíritu y el modus operandi de Mondo Brutto. Pero si lo reseño aquí es porque me ha gustado especialmente un artículo, estupendo: la primera parte de un grueso ensayo sobre películas norteamericanas de gran éxito que se rodaron parcialmente en tierras segovianas. Un estudio muy majo y ameno. El resto, bien también. Sobre todo los asuntos musicales. Paso por encima de lo artículos sobre motos y monster pedals porque me da mucha envidia.

"El comedor de coños" (Rafael Fernández "Ezcritor", 2013)

Es curioso cómo nos engancha a algunos lo underground, los productos incómodos y en las antípodas de lo comercial. Una vez más, la nueva de Ezcritor, tercera y última parte de los diarios secretos de Sigmundo Fernández, lo devoré en tres días, incapaz de soltarlo ni alejarme un palmo de las páginas allá donde fuera. En "El comedor de coños" tenemos más de lo mismo, nuevas aventuras porno del inadaptado, enamoradizo y pesaroso follarín de Sig, a veces torpe y quijotesco a lo Larry Laffer o Ignatius Reilly, a veces profundo y tremebundo como un pasaje de Henry Miller o Chukri. Lo mejor de "El comedor de coños" es que fue enteramente concebido como libro, por lo que todo lo repetitivo y autorreferencial que había en el tochazo "Diarios secretos..." se pierde, y además encontramos algo bastante parecido a una estructura. El estilo y la ortografía están más cuidados, y también las descripciones de los demás personajes. Eché en falta (el caso es quejarse) algo más del caos que había antes en la cabeza de Sigmundo en sus primeras andanzas, pero en general este nuevo escalón en la literatura de Ezcritor es imprescindible para el fan.

Hago acuse de lectura también del primer relato que dio a conocer al autor, que puso a disposición de nosotros hace algún tiempo, y que lo tenía por el tablet. Es un cuentito de tres páginas, sin mayor enjundia, narrado en primera persona, como dice el título ("Relato sincero de una pared enamorada"), y que no anda lejos de la impotencia y la discapacidad sentimental del alter ego Sigmundo en futuras entregas.

Jug face (Chad Crawford Kinkle, 2013)

Lo mejor de esta moderna película de terror, es que dura poco más de una hora. Solo esto hizo que consiguiera tragármela entera. Quiero decir que tenía la duración justa: esa hora y algo fue suficiente, alargar más esta historia habría sido un suplicio, porque la cosa no iba a ningún lado. La acción transcurre enteramente en una comuna redneck, un puñado de paletos supersticiosos que viven alejados de la civilización, y cuyo devenir gira en torno a un pozo encantado, habitado por unos espíritus que reclaman el sacrificio periódico de algún miembro de la comunidad. De alguna manera, el tonto del pueblo esculpe en trance el rostro de algún vecino de la aldea, y éste debe ser entregado al pozo. A cambio, el pozo sana a los rednecks, que no creen en la medicina convencional. Así lleva siendo durante generaciones, y todo se va a la mierda cuando la protagonista pone en duda la autoridad del pozo, y reniega de su poder. Incesto, espíritus, un pelín de gore y bosque misterioso por doquier son los elementos de esta olvidable historia. La chica, eso sí, bien maja.

El regreso de los muertos vivientes (Dan O'Bannon, 1985)

Dan O'Bannon, qepd, es una leyenda del cine de género. Escritor y maestro tras los efectos especiales de clásicos como "Dark star", "Star wars", "Alien, el octavo pasajero" o "Desafío total", y autor completo de "Return of the living dead", esta joya absoluta, obra maestra del terror gamberro de los ochenta. Como homenaje al clásico de George A. Romero, O'Bannon se inventó esta historia actualizada, que explicaba de dónde venían aquellos zombies en blanco y negro, y cómo décadas después la historia se repite, en un pequeño pueblo residencial estadounidense. Todos los personajes son maravillosos, los efectos especiales dignísimos y graciosísimos, la ambientación espectacular, el guión es un despiporre y todo se resuelve de la mejor manera posible. Y encima, ahí tenemos a Linnea Quigley de punk, todo el tiempo en pelotas. Una auténtica gozada para ver un sábado por la noche de otoño, delante de unas pizzas, unas birras y en buena compañía. El cine se inventó para esto.

Scooby Doo! Adventures: Mystery map (2013)

Todos sabemos que Scooby Doo es un producto obsoleto, creado para los impresionables niños de los ochenta. Un público poco exigente, acostumbrado a argumentos (y fondos) repetitivos, villanos estereotípicos, caricaturescos, aventuras repletas de fantasía plana, simplona y maniquea. Pero es que la última entrega larga de Scooby y compañía (un mediometraje en realidad) para la tele americana, está hecha con ¡muppets!, con monísimas marionetas. Solo por este detalle, tenía ganas de ver esto, que efectivamente, a pesar de la simpática propuesta inicial, la promesa de tesoros, piratas y fantasmas y los muñequines, me acabó aburriendo bastante, por lo infantil y estático de todo esto. Y es que, encima, no había pensado en lo poco sexy que estaría Velma de felpa.

Trabajo basura (Mike Judge, 1999)

Mike Judge es un tesoro de la comedia norteamericana. Como manda la leyenda, participó en algún sketch del SNL antes de dedicarse a la animación, primero en Liquid Television y luego como creador absoluto de Beavis & Butthead, un icono de la televisión, del rock y de la juventud de los noventa. Años después trató de repetir la hazaña con la subestimada King of the hill, una serie recomendadísima que me tragué entera hace años. Un retrato costumbrista de la sociedad media norteamericana, ácido y delicioso. The Goode family me pareció más floja y estridente, demasiado contemporizadora. Entre medias, ha dirigido tres películas de acción real, de las cuales hasta ahora solo había visto la fundamental "Idiocracia", una pieza de ciencia-ficción distópica que todo el mundo con dos dedos de frente debería ver, porque al final va a resultar más visionaria que las cositas de Nostradamus.

"Trabajo basura" es una fantástica comedia de situación, que parte de la premisa de un oficinista gris harto de todo, que tras visitar a un hipnotista que le deja a medias, se convierte en un hedonista, alguien que pasa de todo y decide prescindir de todas las obligaciones y estúpidos convencionalismos del embrutecedor trabajo de oficina. Una sátira sobresaliente sobre el absurdo mundo del oficinista, sobre la mediocridad y la estupidez del ciudadano medio, que flojea en sus últimas escenas pero que aún así salpica. Olvidarse de Žižek y estad más pendientes de la obra de Judge, que es el puto amo.

The Lancelot Link secret chimp (TV series, 1970)

Creía que ya había reseñado esto alguna vez, pero parece que no. Y reivindicar esta vieja serie norteamericana es imprescindible, nunca será suficientemente bien ponderada, porque estamos ante una de las cimas de la televisión mundial. Una impresionante obra maestra del humor para todos los públicos, rodada en 1970, que consta de 18 episodios dobles (dos aventuras breves cada uno), en los que sus protagonistas, una agencia de detectives, lo mismo se ven envueltos en casos en el Far West que en la Conchinchina. La organización A.P.E., en constante lucha contra los villanos de C.H.U.M.P., recurren a todo tipo de disfraces y artimañas en su lucha por la justicia y la libertad. Un hito televisivo, inspirado en series de éxito como el Superagente 86 o The girl from U.N.C.L.E., pero protagonizada enteramente por chimpancés (salvo por la exclusiva, creo, aparición de un humano en traje de gorila). Una serie kitch como pocas, con lo mejor de la tele de los setenta, y en la que encima todo el rato salen monitos disfrazados, haciendo cosas graciosas y doblados (de forma escacharrante) por humanos. Una joya que me pongo de vez en cuando en las resacas, o de fondo cuando pincho en algún sitio.

Le magasin des suicidés (Patrice Leconte, 2012)

Esta película la vi también hace mucho tiempo, así que apenas recuerdo su excelente estética, una animación grotesca y feísta emparentada con el tebeo underground, y también con otras piezas de la animación reciente como la obra maestra en stop-motion "Mary & Max" y el obvio antecedente también franchute "Les triplettes de Belleville". El planteamiento era grandioso, sencillo y poderosísimo: en mitad de esta dictadura capitalista y su consiguiente crisis mundial, una familia parisina ha montado un polémico negocio, que proporciona todo lo necesario para quitarse la vida: horcas, pistolas, venenos. La citada familia se aprovecha de la desgracia ajena, vive de la desgracia y adora todo lo oscuro, lo decadente, lo extravagante y monstruoso. Sin parodiar ni fusilar el universo burtoniano, el apego por lo retorcido y bizarro rodea a estos tipos, hasta que tienen un tercer retoño, que resulta que es alegre y tiene ganas de vivir. La primera mitad de la historia es maravillosa, los golpes de humor negro y las canciones resultan perfectas y la ambientación una gloria. Pero poco a poco esto se va disneyzando más allá de lo sospechado. A pesar de eso, una peli bien recomendable.

Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994)

Tengo la horrible manía, a veces, de subir a este blog las carátulas de lo que veo y escucho en situaciones en las que no me apetece nada escribir sobre ello. Dejo el post con la carátula para no olvidarme, y ponerlo al día en otro momento. En este caso, hace más de 20 días que abrí este post (y los siguientes) y ha permanecido en espera de que superase mi indolencia. Prometo no hacerlo más en lo sucesivo, porque la idea de hacer esto era verter opiniones espontáneas, arrebatadas y casi sobre la marcha. Y en muchas ocasiones, sencillamente se me olvida lo visto o leído.

En este caso, además, juraría que ya había hecho la crítica. O a lo mejor lo confundo con la reseña de "Verano de corrupción", el libro en el que viene incluído el cuento Rita Hayworth y la redención de Shawshank, en el que se basa esta película, que yo había cometido el error de no haber visto hasta ahora. Qué puedo decir, todo el mundo ha visto esta joya, un peliculón que, todavía en este momento, está en el puesto número 1 de la lista de las mejores 250 películas según las votaciones de los usuarios de IMDB (por encima de padrinos, tarantinos y otras zarandajas). Efectivamente, es una película perfecta, emocionante, terriblemente humana, sobre un Norteamericano Bueno injustamente condenado a cadena perpetua, lo impresionante que resulta lo que hace y cómo pasa a la historia. Muy fiel al relato original, con un reparto extraordinario, no tengo excusas para que se me hubiera pasado verla. Supongo que es lo que pasa cuando algo te lo repiten mucho y se le ofrece tratamiento de icono, que es como si ya lo hubieras visto, y no me había puesto hasta ahora. Una historia fascinante (en mi top 5 de Stephen King) y una versión cinematográfica que, contra todo pronóstico, no desmerece en absoluto.

2000 Maníacos #44: Especial Zorroneo

El maravilloso Mañacos regresó con un especial para el Festival Erótico de Barcelona, lo que significa que sus autores se han vuelto completamente locos y que ¡¡este año van a sacar dos!! A ver si se van a herniar... Es un especial de principio a fin dedicado al cine erótico. Todo sobre el cine español clasificado "S", lo mejor del cine X de los setenta hasta el triple XXX actual, pornochanchadas, pelis de ficheras, video nasties y pinku eigas. Un repaso fabuloso e imprescindible, con una catarata de reseñas cronológicas que nace en los años 20 y culmina con las últimas pornoparodias. Se recupera una entrevista a Ron Jeremy, al que le da mucha pena que haya fallecido el porno por culpa de internet; y también se entrevista a Pilar Alcón y al cartelista clásico y leyenda viva Macario Gómez. Proto-exploitación, burlesque, mondo, zoofilia, eurocinema picante, bizarre... todo tiene cabida, apretado, precioso y muy bien explicada como siempre en estas 84 páginas, por primera vez todas en color.

Biyernes, Agosto 2, 2013